martes, 29 de septiembre de 2009

District 9, prawns go home



Director:
Neill Blomkamp (2009)
Guión: Neill Blomkamp & Terri Tatchell
Actores: Sharlto Copley, Jason Cope, David James, Vanessa Haywood, Mandla Gaduka, Kenneth Nkosi, Eugene Khumbanyiwa, Louis Minnaar, William Allen Young





Cuando creía que este 2009 empezaba su crepúsculo sin ningún sleeper, film que pasa desapercibidio antes de su estreno y que da el bombazo cuando nadie se lo espera, me encuentro con District 9, una obra cinematográfica tan edificante, consistente y concisa que a veces es difícil creer lo que el estupefacto espectador ve en pantalla durante sus 117 minutos de metraje. Originalidad señoras y señores, ese don tan escaso hoy día en el mundo del cine, es destilado de manera desmesurada en District 9. El surafricano Neill Blomkamp coge un argumento digno de uno de esos episodios de la serie Más Allá del Límite y lo convierte en una de las mejores y más adultas cintas sobre invasiones alienígenas vistas en mucho tiempo.




Pero claro, es que detrás de la historia de extraterrestres que nos cuenta el jovencísimo Neil Blomkamp se esconde una visceral y muy necesaria crítica al apartheid del sur del continente africano que se llevó a cabo durante el siglo pasado. Pocas veces una cinta adherida al género de ciencia ficción había portado un mensaje político y social tan notorio como ácido e irónico que nos hace inevitable pensar en el Paul Verhoeven de Robocop, Desafío Total y sobre todo el de la infravalorada Starship Troopers.




Más virtudes, sólo un nombre, Wikus Van De Merwe, el carisma anticarismático, el pobre desgraciado protagonista del film y víctima de mil y una perrerías. Van De Merwe es como un Michael Scott (protagonista de la versión americana de The Office) intentando sobrevivir en una cinta llena de langostas gigantes que se alimentan de comida de gato. Con su acento cerradísimo (bueno, el suyo y el de todo el reparto, dios santo, no pillaba ni dos palabras seguidas en inglés) su aire de torpeza lleno de divertidos apuntes como su manía de no salir ante cámara haciendo el ridículo (cosa harto difícil) o su obsesivo amor hacia su esposa el tipo llena la pantalla y se gana al espectador que experimenta hacia él sentimientos que van desde la compasión hasta el asco, pasando por la complicidad, la tristeza o la vergüenza ajena.




Aunque si hay algo que destacar en District 9 es la inusualmente profesional y resuelta dirección de Neill Blomkamp que desde el primer plano se muestra exultante con ese uso del falso documental que da un ritmo endiablado a la trama, pasando por su control técnico en las escenas de acción y su puesta en escena que hace que el espectador no se crea que el film sea una modesta coproducción entre Nueva Zelanda y Suráfrica. Mencionar también lo cruda que se vuelve la historia en su recta final y el tono dramático que toma todo el conjunto del film en su conclusión, dándole un verdadero poso narrativo al argumento o los dignísimos efectos especiales y de maquillaje, inusuales para una cinta tan modesta como la que nos ocupa.




Una dirección sobresaliente, un guión elaborado (con mala baba y compromiso social de caracter no adoctrinador) referencias que van desde el David Cronenberg de La Mosca hasta el Roland Joffé de Los Gritos del Silencio, acción y gore medidos con escuadra y cartabón y una producción de Peter Jackson en la que el director de la trilogía de El Señor de los Anillos, a parte de dinero, ha puesto poco de su estilo como director (alguna referencia a su pasión por los falsos documentales y poco más) cosa que se le agradece. Todas estas facultades que bordean lo genial hacen de District 9, no sólo la sorpresa cinematográfica del año, sino también uno de los mejores films de este 2009, una verdadera maravilla en su género, cine hecho para disfrutar y deslumbrar.


Punch-Drunk Love, bizarro amor naïf



Director: Paul Thomas Anderson (2002)
Guión: Paul Thomas Anderson
Actores: Adam Sandler, Emily Watson, Luis Guzman, Philip Seymour Hoffman, Mary Lynn Rajskub





Cuando Sidney, su primera película, pasó completamente desapercibida en su estreno, nadie llegó a pensar en aquel momento que Paul Thomas Anderson sería en un futuro uno de los directores más personales y geniales del Hollywood de los los útlimos 10 años. Tras su ópera prima llegaría la colosal Boogie Nights, biografía no oficial del actor John Holmes y certero retrato del mundo de la pornografía, una cinta llena de hallazgos, fuerza y veracidad que auguraban lo que su siguiente película, esa obra maestra titulada Magnolia, proclamaba con seguridad, que Paul Thomas Anderson estaba destinado a ser uno de los grandes dentro de su generación.




Tras el existoso estreno de Magnolia, Paul Thomas Anderson ya era uno de los autores más destacados de Estados Unidos, un director que encontrándose en la treintena ya podía presumir de ser uno de los pocos autores cinematográficos que tiene la última palabra en el montaje de sus films (ni Scorsese puede decir eso), por aquel entonces el realizador decidió embarcarse en la que hasta hoy es su única y poco ortodoxa comedia, Punch-Drunk Love, titulada en España Embriagado de Amor.




La cuarta película de Thomas Anderson es una peculiar y atípica historia de amor, una marcianada como se suele decir de manera equívoca y vulgar. Una cinta de un humor extraño, deliciosamente ingenuo en ocasiones y con bastante mala baba en puntuales situaciones, pero con una pasión por hacer deliciosa referencia desde a Jacques Tati hasta a los Coen, todo con un halo de extrañeza en la realización a lo David Lynch, referencia técnica que no reconocí la primera vez que vi el film, pero que ahora con su revisionado me ha quedado bastante clara.




Thomas Anderson una vez más lo deja claro, es un coloso con la dirección y en Punch-Drunk Love, una cinta peculiar en su forma pero no en su fondo, hace un uso sobrehumano de la cámara, con una utlización de la profundidad de campo, de los planos secuencia y del formato Scope que bordea lo magistral, puede que no tanto como en Magnolia, pero virtudes no le faltan a su trabajo como realizador.




Adam Sandler, ese hombre, ese escuerzo, ese cacho de carne con el que he de admitir que me he reído en algunas de sus películas como Un Papá Genial o Zohan, pero con el que también he pasado vergüenza ajena en otras como Little Nicky, está, por primera vez y sin que sirva de precedente, soberbio, genial, adorable y enternecedor en Punch-Drunk Love. En su papel se ven ecos de Chaplin, Keaton o el ya mencionado Tatí, su tranqulidad aparantemente impertérrita quebrada por sus arrebatos violentos, son demencialmente cómicos y crueles al mismo tiempo y su historia de amor con una dulcísima Emily Watson es creíble a pesar de lo extraño de la relación, dignos de mención los pirópos precoitales que ambos intercambian en la habitación del hotel hawaiano.




Cuando tenía todo a su favor, Thomas Anderson realizó un triple salto mortal sin red dando forma a Punch-Drunk Love, fue a contracorriente con un proyecto arriesgado, una rara avis en el cine americano dentro de las majors. Desde mi punto de vista el resultado fue de nota muy alta. Embriagado de Amor es posiblemente y a falta de ver Sidney, su film menos brillante, incluso la sobrevalorada pero casi siempre sólida There Will be Blood, film con roturas de guión graves, pero que por su bestial factura no deja de ser una gran película, es superior a ella, pero esto no quita méritos a esta excelente obra, necesaria en la carrera de su autor, un punto de inflexión muy a tener en cunta con respecto a su futuro como el cineasta clásico que algún día será.


lunes, 28 de septiembre de 2009

La Semilla del Diablo, y saldrá a engañar a las naciones, que están en los cuatro ángulos de la tierra



Director: Roman Polanski (1968)
Guión: Roman Polanski basado en la novela de Ira Levin
Actores: Mia Farrow, John Cassavetes, Ruth Gordon, Ralph Bellamy, Sydney Blackmer, Maurice Evans, Angela Dorian, Patsy Kelly, Elisha Cook





Aprovechando que su director es noticia por haber sido detenido en Suiza el pasado Sábado y que tenía una deuda pendiente con alguien, voy a comentar la más célebre y posiblemente mejor obra del francopolaco Roman Polanski, su debut en Hollywood y una de las cumbres del cine de terror de todos los tiempos, aunque esta última afirmación necesita ser matizada.Tras el impactante, pero demasiado esclarecedor, título de La Semilla del Diablo se esconde una de las mejores películas de género de todos los tiempos. Rosemary's Baby es la adaptación a imágenes que el director Roman Polanski realizó en 1968 de la célebre novela del escritor Ira Levin. Con ello el autor también conseguía dar forma a la segunda entrega de su trilogía de los apartamantos, la primera fue la soberbia y retorcida Repulsión y la última la excelente El Quimérico Inquilino.




La Semilla del Diablo es una de las producciones cinematográficas que arrastra tras de sí una de las leyendas más negras de la historia de Hollywood. Mucho se rumorea sobre si Anton Szandor Lavey, el Papa Negro, autor de La Biblia Satánica, intervino como asesor de Polanski en la cinta, de su rodaje en el supuestamente maldito edifico Dakota (el mismo en el que John Lennon fue asesinado por Mark Chapman) o de que Charles Manson y su Familia asesinaron a Sharon Tate la mujer del director, que se encontraba en estado de buena esperanza, porque habló demasiado en su film sobre satanismo. Aunque lo que es cierto es que el "lobby satánico" estaba indignado por haber sido retratado más como un grupo de jubilados entrometidos que como un verdadero culto que profetizaba el advenimiento del hijo de Lucifer.





Roman Polanski, después del gran Luis Buñuel, es con diferencia mi director europeo favorito, un hombre que no se acobarda con ningún género y que ha mostrado una mirada mórbida dentro del cine de terror. Ningún autor ha retratado el mal en un estado más depravado y enfermizo. Su dirección es aceradamente clásica, pero hace un uso magistral de la planificación de tomas y la utlización de la cámara en las escenas oníricas, la del barco es posiblemente la ensoñación filmada más lograda de la historia del cine, una cumbre de lo retorcido y lo obsceno, pero sin caer nunca en lo escandaloso o explícito, consiguiendo crear un notable malestar en el espectador.




No he mencionado por casualidad que adscribir Rosemary's Baby dentro del cine de terror no es del todo acertado, Sí, el film habla sobre temas indivisibles al género clásico, pero Polanski explora más el horror psicológico, llevándolo a cotas casi insoportables para el espectador, que mostrando escenas impactantes o efectistas. En este apartado destacar el perfecto y magistral uso del enfermizo y alarmante aspecto endeble y de muñeca de porcelana a punto de resquebrajarse que muestra una inmensa, en el mejor papel de su carrera, Mia Farrow durante su embarazo. El director de Cul de Sac explota esta situación de incomodidad y la protagonista de La Rosa Púrpura del Cairo va añadiendo matices físicos y psicológicos de controlada demencia a su papel.



John Cassavetes como Guy, unos inmensos Sidney Blackmer y Ruth Gordon como el matrimonio Castevet, y la inolvidable Patsy Kelly como la atolondrada Laurie-Louise, son algunos de los componentes de pintoresca vecindad que en años posteriores influiría en tantas otras producciones (La Comunidad de Alex de la Iglesia por poner un ejemplo) y que demuestran la destreza de Polanski para la dirección de actores. Por mucha ambiguedad que el fim destile con respecto a si todo o es causa de la paranoia y el miedo de la joven Rosemary por su inminente maternidad o de si en verdad todo es real y el año uno de la era de Satán ha llegado y a pesar de que esta obra maestra sea uno de los capitales que engrandece el género al que pertenece, al final, cuando el espectador ve ese desenlace inolvidable entre lo cruel y lo patético, sólo una cosa queda clara cuando se visiona en su totalidad La Semilla del Diablo, y es que la quinta película de Roman Polanksi es una inmensa oda al instinto maternal, sentimiento tan inmenso que ni si quiera el tacto frío y blasfemo del maligno puede adormecer o destruir en manera alguna.


sábado, 26 de septiembre de 2009

Quills, el divino marqués y su depravado legado



Director: Philip Kaufman (2000)
Guión: Doug Wright basado en su obra de teatro
Actores: Geoffrey Rush, Kate Winslet, Joaquin Phoenix, Michael Caine, Billie Whitelaw, Patrick Malahide, Amelia Warner, Jane Menelaus, Stephen Moyer, Tony Pritchard





El Marqués de Sade, Donatien Alphonse François era un noble que desde su mas tierna infancia desarrolló un depravado sentido de la ética y la moral obsesionado hasta los dias de su muerte con la perversión sexual y la herejía. Demostró su lascivo talento narrativo en obras como Justine, Filosofía en el Tocador o Los 120 dias de Sodoma (llevada al cine por Pasolini). Quills es la adaptación cinematógrafica de la obra de teatro de Doug Wright con guion del mismo autor y dirección de Philip Kaufman.




Kaufman, junto a James Ivory, el mas europeo de los directores norteamericanos, director de La Invasión de los Ultracuerpos excelente remake de la cinta de Don Siegel o la dadaptación al cine de la novela de Milán Kundera, La Insoportable Levedad del Ser crea con Quills una película que consigue homenajear a Sade un ser abominable y terrible pero lleno de inteligencia y vitalidad.




Ya desde el inicio con la voz en off de Sade diciendo proclamando "Querido lector voy a contarte un relato picante...", Kaufman nos muestra su puesta en escena, una película de época sucia y truculenta con la revolución francesa de fondo. Después del excelente prólogo nos introducimos en la institución de Charenton donde el Marqués de Sade se encuentra recluido pasando los días entre sus intentos de arrebatar la virginidad a la lavandera Madeleine y sus rencillas y conversaciones con el Abad Coulmier, director del centro, pero todo empeora cuando hace aparición el doctor interpretado por Michael Caine que tratará de domar al libertino Marqués utilizando metodos poco humanitarios.




A parte de la excelente ambientación y el guión de Wright debemos destacar el excelente reparto. La carnal Kate Winslet, un excelente Joaquin Phoenix entre la inocencia y la sexualidad desatada, Michael Caine genial como siempre pero esta vez realizando el papel mas desagradable de su carrera y una bellísima Amelia Warner.




Nota a parte para Geoffrey Rush. El verdadero marqués era un hombre de una gran obesidad, de manera que la figura escualida de Rush no era la mas adecuada para el papel, pero el actor australiano se mimetiza con maestria haciendo creíble desde su primera aparición la carcterización del noble francés. Mejor que nunca en este rol el ganador del Oscar por Shine, que consigue su mejor interpretación hasta la fecha, consiguiendo lo increible, llenar de carisma un personaje tan desgradable como este, haciendo que el espectador llegue a empatizar, en parte, con él, su trabajo le hizo merecedor de una nominación al premio de la cademia que le fue arrebatado injustamente por el simplemente correcto Russel Crowe de Gladiator.




Kaufman con brio y un ritmo excelente imprime una carga sexual omnipresente pero nunca excesiva y una acerada dirección de actores dando lugar a su mejor y mas lacerante obra. Poco conocida pero benerada incluso por los amantes de la obra de Sade, Quills es una obra maestra que auna, sexo, libertad y blasfemia a partes iguales siendo un fiel retrato de la Francia post revolucionaria y del falso puritanismo de la Europa del siglo XVIII.


Muerte Entre las Flores, los hermanos Coen y la revisión de un género


Director:
Joel Coen (1990)
Guión: Joel y Ethan Coen
Actores: John Turturro, Gabriel Byrne, Steve Buscemi, Albert Finney, Marcia Gay Harden, Mike Starr, Richard Woods, Jon Polito, J.E. Freeman




El tercer film de los hermanos Coen es una reinvención del cine de gangsters bebiendo de los films clásicos, pero dándole estos su toque personal. Joel y Ethan de una manera u otra empapan la mayoría de sus films con la novela negra de autores como James. M. Cain o Raymond Chandler obras como Fargo, El Gran Lebowski o El Hombre que Nunca Estuvo Allí así lo atestiguan, pero posiblemente Muerte Entre las Flores sea junto la última que he mencionado la que con más pureza se deja influenciar por estos autores.




No falta ningún elemento carcterístico del cine negro en esta Miller's Crossing. El protagonista lacónico y chulesco (más inteligente y definido que la mayoría de protagonistas del cine noir) que ante todo debe saber recibir con clase palizas y palizas durante todo el metraje, la femme fatale causa de casi todas las desgracias de la trama, el jefe que se las sabe todas y que sería capaz de joder todo su imperio por una mujer de la que está enamorado y los sicarios del mismo que disparan o por defecto golpean antes de preguntar.




Es por muchos sabidos que los Coen son dos de los mejores guionistas del cine actual, el de Muerte Entre las Flores funciona perfectamente, al igual que la dirección de Joel Coen, que seguramente será también de Ethan pero ya se sabe con la cosa esta de los créditos. Planos elaborados y secuencias cojonudas, con una omnipresencia, como no podía ser menos, de sombreros hojas otoñales y lirismo. En resumidas cuentas el acabado técnico del film así como la excepcional fotografía de Barry Sonnennfeld son intachables así como la inolvidable banda sonora de Carter Burwell.




Los actores todos soberbios. Gabriel Byrne impresionante, la determinación de su personaje es harto carismática, Albert Finney genial como el jefe de Byrne un perro viejo que se las conoce todas, Marcia Gay Harden muy en línea de chica del gángster con carácter un tanto dudoso y de los secundarios, Jon Polito, J. E. Freeman o Steve Buscemi, hay que destacar a John Turturro cuyo personaje viene a ser el McGuffin del film y uno de los más geniales y rastreros de la trama.




Sin lugar a dudas una de las cumbres de los hermanos Coen como autores cinematográficos. Muerte Entre las Flores es una obra maestra con todas las letras. Nada falla y nada sobra en esta puesta al día del cine de los bajos fondos, del submundo del hampa y los gansters. En resumidas cuentas, Miller's Crossing es la clase de película que Brian De Palma debería de haber revisionado unas cuantas veces antes de ponerse a hacer su considerablemente fallida La Dahlia Negra.


Saló o los 120 Días de Sodoma, arte y obscenidad




Título Original Saló o le 120 Giornate di Sodoma (1975)
Director Pier Paolo Pasolini 
Guión Pier Paolo Pasolini basado en la novela del Marques de Sade
Actores Paolo Bonacelli, Giorgio Cataldi, Umberto Paolo Quintavalle, Aldo Valletti, Caterina Boratto, Elsa De Giorgi, Sonia Saviange




La última obra del italiano Pier Paolo Pasolini es una de las películas más polémicas de la historia del cine. Un día leí en la famosa web Filmaffinity cómo algunos energumenos proclamaban que el realizador italiano mereció morir (realmente fue asesinado en la italiana playa de Ostia poco después del estreno del film) por haber hecho una cinta como esta. Hay que ser reaccionario para pensar que alguien debe perder la vida por mostrar imágenes que puedan impactar de mayor o menor manera a cierto tipo de espectadores.





Saló y los 120 Días de Sodoma es un film que adapta el libro del Marqués de Sade Los 120 días de Sodoma pero ambientándolo en la Italia fascista de 1944. Un grupo de burgueses de ultraderecha raptan a algunos jóvenes de un pueblo cercano para encerrarlos en una mansión y somerterlos allí a gran numero de actos de depravación sexual. El film en su esencia es una crítica al fascismo italiano de Mussolini y su doble moral, retratando a la extrema derecha de tal país como unos hombres dementes y obscenos capaces de realizar los más bestiales actos contra imberbes muchachos con tal de alcanzar un nivel de placer superior.





El problema es que el mensaje contestatario de Pasolini queda casi por completo sepultado por la innumerable gama de escenas grotescas que muestra en pantalla. Coprofagia, sodomizaciones varias tanto a hombres como a mujeres, escenas de tortura explícitas sin escatimar en detalles y demás actos que mal que nos pese, algunos hombres (y mujeres) son muy capaces de hacer, pero que se adueñan de todo el film y no dejan que el aturdido espectador piense en nada más que en las escenas de gran impacto que el director alterna durante todo el metraje anulando casi por completo la crítica política que el film trata de transmitir.




Pasolini buscaba indudablemente el escándalo y lo consiguió. No sé como de fiel es el film al escrito del Marqúes de Sade ya que no lo he leído, pero si aún hoy el film se hace duro de visionar, en 1975 su impacto debió ser de de una dimensión considerable. Hay hallazgos cinematográficos en el último trabajo del director de El Decamerón y un guión mesurado con excelentes diálogos, pero su sobredosis de sexo, sangre y heces lo hacen bordear peligrosamente la linea que separa el arte de la obscenidad.




Si bien es aceptable que la persona que visione el film dé su opinión sobre él, lo que me parece bestial e inhumano es justificar la muerte de una persona por hacer un film que guste o disguste, atraiga o cause rechazo, no deja a nadie indiferente. Eso sí, siempre desde mi opinión personal e intransferible esta cinta no es ni la aberración que algunos dicen, ni de lejos la obra maestra que suelen proclamar muchos entendidos del medio cinematográfico. Mi opinión es que los espectadores vean el largometraje y si quieren que lo juzguen a él y a su autor, pero en un plano profesional, con criterio y sin hacer apología alguna del asesinato.


viernes, 25 de septiembre de 2009

La Tumba de Drácula, el conde transilvano según la Marvel



En el año 1972 la casa de las ideas, la Marvel, decidió relanzar su sello, aprovechando el tirón de los cómics de la editorial EC, especializada en relatos fantásticos y de terror. Su colección estrella fue La Tumba de Drácula (The Tomb of Drácula), serie que se publicó durante 7 años ininterrumpidos, basada en el personaje creado por el irlandés Bram Stoker.




Los primeros seis números estaban escritos por el veterano Gerry Conway, Archie Goodwin, uno de los mejores editores de la historia del noveno arte y Gardner Fox. Los mismos son de una calidad fuera de lo común, bebían directamente del cine de terror de la Universal de los años 30 y de la obra literaria de Stoker. El dibujo recayó en manos de uno de los grandes, el inmenso Gene Colan, el veteranísimo dibujante consiguió con esta colección alcanzar las mayores cotas de genialidad como viñetista de toda su longeva carrera.




A partir del número siete, tomas las riendas y se hace fijo de la colección como narrador Marv Wolfman (Crisis en Tierras Infinitas, Robin), él mantiene en muchos aspectos el estilo impuesto en los primeros números, pero también introduce un matiz fantástico, casi superheróico, (estamos en la Marvel, no es tan raro ciertamente) con muchos ecos de la época crepuscular de la inconmensurable productora británica Hammer. Muchas veces el terror se suaviza para dar pie a la aventura pura y dura, Wolfman enriquece con mucha imaginación las aventuras del conde y las llena de suspense y giros de guión inusuales para la época.




Durante 70 números Wolfman y Colan narraron las andanzas del amigo Vlad Tepes mientras huía de un grupo de cazadores de vampiros encabezado por su descendiente Frank Drake, Rachel Van Helsing nieta de su clásico archienemigo Abraham y Quincy Harker, veterano cazador de no muertos hijo de los dos protagonistas humanos de la novela de Stoker, Johnathan y Mina Harker. Durante muchos de los números aparecieron secundarios destacados como Spiderman, el Hombre Lobo (en aquella época muy en boga gracias a la colección de Gerry Conway y Mike Ploog) Lilith la hija de Drácula, los X-Men, el Doctor Extraño e incluso en las páginas de la serie nació el célebre personaje de Blade, el cazavampiros, que era puro blackexploitation setentero, a día de hoy muy conocido por los films que ha protagonizado y que realmente tienen poco que ver con el rol que se ve en esta La Tumba de Drácula.




En el año 1979 la colección finalizó, Wolfman y Colan tiraron la casa por la ventana con un algo forzado y alargado final, pero que se revela como memorable por su sana intención de intentar humanizar a la bestia, al asesino, al príncipe de las tinieblas. Más tarde la colección volvió, unas veces con continuidad otras sin ella, en la revista Drácula Lives, con contenidos más variados y dirigida a lectores más adultos, las historias eran más crudas, violentas y se incluían desnudos femeninos que a Gene se le daban exquisitamente bien. En esta colección Wolfman y Colan volvieron a trabajar juntos, pero no siempre, unas veces el primero escribía relatos del conde para otros dibujantes y el segundo utilizaba sus pinceles para llevar a imágenes los guiones de otros autores, de esta publicación destacar de manera ajena a estos dos señores, la excelente adaptación, aunque inconclusa, que Roy Thomas y Dick Giordano hicieron de la novela de Stoker.




Dos veces más y bastantes años después, Colan y Wolfman retomaron las andanzas de Drácula. Primero en una miniserie de cuatro números editada en 1991, que retomaba la esencia de la colección pero que perdía consistencia en el dibujo de Colan debido a que Tom Palmer (excelente entintador habitual de la serie señera) dejó la labor a un poco inspirado Al Williamson. Por último y ya alejados del sello Marvel, el tándem de guionista y dibujante realizaron la miniserie La Maldición de Drácula para la editorial Dark Horse, con una estética distinta a la de la colección que nos ocupa (el conde parece más joven y viste de cuero) y un inusual y agradable retrato ácido de los políticos americanos.




La Tumba de Drácula ocupa un lugar privilegiado en mi estantería y la guardo como un tesoro, gracias a la reedición que Planeta de Agostini hizo en 18 tomos de todas y cada una de las historias sobre el personaje que se editaron y que tenían conexión con estos dos autores y la colección que crearon. Es un producto que ha envejecido magnificamente, que destila un sabor añejo entro lo oscuro y lo naïf que enamora desde el primer número, un trabajo inolvidable, un gran homenaje a el lado místico del sanguinario Vlad el Empalador, un clásico del noveno arte.


jueves, 24 de septiembre de 2009

Domino, cazadores de hombres en prime time


Director: Tony Scott (2005)
Guión: Richard Kelly
Actores: Keira Knightley, Mickey Rourke, Mena Suvari, Jacqueline Bisset, Lucy Liu, Christopher Walken, Edgar Ramirez, Delroy Lindo, Ian Ziering, Brian Austin Green





Debo admitir que el estilo cinematográfico de los hermanos Scott dejó de llamarme la atención hace muchos años. Se me antoja demencial que dos señores como Ridley y Tony, que llevan más de tres décadas haciendo cine y que están bien entrados en los 70 y 60 años respectivamente, muestren con cada uno de sus nuevos proyectos que no tienen más capacidad como narradores que la de un chaval de 20 años recién salido de la escuela de cine.




Tony Scott ha tenido durante su carrera más aciertos que su hermano mayor, pero claro, Ridley hizo seguidas Los Duelistas, Alien, el Ocatvo Pasajero y Blade Runner, con eso ya tiene un lugar privilegiado en la historia del cine. El menor de los hermanos en cambio no es tan ambicioso, por ello también menos arriesgado, y cuando ha metido la pata no ha sido de manera tan sonora como el realizador de La Teniente O'Neill o Black Hawk Derribado, además el tipo nos ha regalado algunas joyas como Amor a Quemarropa o entretenimientos de alto nivel como Enemigo Público, El Último Boy Scout o la reivindicable Fanático.




El problema es que si las ínfulas de esteta del amigo Tony siempre han sido algo vacuas y reiterativas, desde hace unos años ya son vomitivas. Más o menos desde Spy Game este hombre abusa de una manera pueril de todas las artimañas visuales y de montaje posibles, convirtiendo en jodidos videoclips todos sus films, desde la sobrevalorada El Fuego de la Venganza hasta esta Domino que nos ocupa. El problema con esta última surge conmigo, porque la misma es un resumen hiperbólico y sobreexpuesto de todos los clichés como realizador del director de El Ansia, pero por paradójico que parezca y contra todo pronóstico, me ha parecido muy entretenida e incluso bastante decente.




Domino
es un biopic de baratillo a ritmo de MTV, que sale principalmente a delante por el sensacionalista y divertido guión de Richard Kelly (Donnie Darko, Southland Tales) y por el interminable reparto de actores, encabezado por una Keira Knightley más atractiva que nunca (no aparece tan escualida como de costumbre) y no por llevar encima un arma, incomprensible parafilia sexual tipicamente americana que a mí me pone la líbido por los suelos, un Mickey Rourke entrañable y un Edgar Ramírez demente y carismático, con un desfile de secundarios como Christopher Walken, Jacqueline Bisset, Mena Suvari, Lucy Liu y unos geniales y autoparódicos Ian Ziering y Brian Austin Green memorables, haciendo de sí mismos y riéndose de lo que realmente son, dos actores mediocres que viven de las rentas de la serie de mierda que los lanzó a la fama.




Movimientos de cámara imposibles y rebuscados, zooms innecesarios, primerísimos planos de gafas con cristal de espejo, un abuso cromático del color amarillo en la fotografía, un montaje que parece haber sido llevado a cabo por Michael J . Fox, toda la mierda artificiosa, impostada y pretendidamente falsa de la que lleva haciendo gala Tony Scott como artesano está aquí a la máxima potencia, pero por primera vez y sin que sirva de precedente, no me molesta, la veo incluso, aunque sólo en ocasiones, justificada, por el tono de reality show que tiene el film y por lo poco creíble que es lo que se nos muestra en pantalla y eso que se supone que está basado en hechos reales... más o menos, como dice el cartel que inicia la cinta.




Domino tiene mucha gilipollez en sus dos horas de metraje, esa metáfora del pez muerto como perdida de la inocencia de la protagonista, la subtrama de las negras que lastra el guión, su pueril pero simpática crítica a la televisión sensacionalista (mucho mejor ataque a la misma fue el que Oliver Stone realizó en su genialmente desquiciada Asesinos Natos) y definitivamente el retrato que se hace de la protagonista la muestra directamente como una niñata caprichosa a la que le dio un pronto con el que dejó la pasarela para meterse a cazarecompensas, sin retratarla como una persona remarcable, carsimática o decente en modo alguno. Pero también hay partes memorables, como la escena burrísima del brazo con música de Tom Jones, todo la incorrección política que destila, su mala baba y el humor que veces está muy conseguido, todo gracias al guión de Richard Kelly y el Tony Scott más desfasado, pero también correcto, de los últimos años.