viernes, 4 de septiembre de 2009

Begotten, pútrida y lasciva génesis de lo divino y lo humano


Título Original Begotten (1990)
Director: E.Elias Merhige
Guión: E. Elias Merhige
Actores: Brian Salzberg, Donna Dempsey, Stephen Charles Barry



El director americano E. Elias Merhige, 10 años antes de introducirse directamente en el cine convencional con la excelente e infravaloradísima La Sombra del Vampiro sorprendió a propios y extraños con esta, su ópera prima, una cinta experimental que causó bastante revuelo en su estreno allá por 1990.




Begotten no se puede valorar como un producto cinematográfico al uso, todo en él es tan atípico, inusual y cargante que Cabeza Borradora de David Lynch o Pi, Fe en el Caos de Darren Aronofsky parecen cintas comerciales a su lado. Merhige renuncia desde el inicio del film a la narración convencional, al color, a los diálogos (ausentes durante todo el metraje) y a dar explicación alguna sobre lo que nos está mostrando en pantalla que no es ni más ni menos que un cúmulo de escenas efectistas, grotescas, pornográficas, alegóroicas, expresionistas, con ramalazos de la Nouvelle Vague más pedante y dejándose influenciar por la estética biomecánica y pesadillesca de artistas como H.R Giger.




Begotten es la experiencia cinematográfica más extraña y paronóica jamás realizada, al menos de las que yo haya visto. Según su creador la misma es una visión alegórica de dios y la humanidad a través de los ojos de un esquizofrénico. El realizador con su sobreexpuesto blanco y negro, su afán por ser diferente y en ocasiones ofensivo triunfa en gran parte, visto el resultado de su obra, pero en verdad su trama no tiene sentido alguno y sólo unas pocas explicaciones se dan cuando los créditos finales toman forma delante del espectador. ¿Nos está vendiendo humo el director? posiblemente, pero con mucho estilo, todo hay que decirlo, y así da gusto gastarse uno el dinero en la tóxica supensión nacida de las cenizas.




No sabría decir si es una obra única en la historia del séptimo arte o uno de los timos más grandes jamás realizados, que confirma que cualquier gilipollas sin conocimientos de guión, dirección y producción puede hacer cine, pero como a otros muchos, su visionado no me dejó indiferente, con eso, por ahora, me doy por satisfecho.


2 comentarios:

  1. Creo que es la única película que me hizo sentir cómo me escocía el cerebro.

    No creo que la vuelva a ver.

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  2. Escocer el cerebro, eso suena erótico que te cagas.

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