miércoles, 15 de junio de 2011

Insidious, otra vuelta de tuerca




Título Original: Insidious (2010)
Director: James Wan
Guión: Leigh Whannell
Actores: Patrick Wilson, Rose Byrne, Ty Simpkins, Andrew Astor, Lin Shaye, Leigh Whannell, Angus Sampson, Barbara Hersey,




En el año 2004 el director australiano de origen malasio, James Wan, encontró el éxito cuando decidió pasar a largo un cortometraje realizado por él llamado Saw. La cinta supuso un interesante thriller tenso como un alambre sobre dos hombres encerrados en una habitación que deben acabar el uno con el otro para salir vivos de tan extrema situación. Tras ella llegó una interminable y prefabricada saga que desde su segunda entrega ya aburría hasta a las cabras, por su abuso del subrayado, el efectismo en la dirección y el montaje y el uso de un mensaje tan reaccionario como pueril.




Wan fue un tipo listo y tras la primera cinta sólo ejerció de productor, embolsándose un buen dineral por cada entrega. Más tarde coqueteó con el drama charlesbronsoniano de tufo filonazi en Sentencia de Muerte, pero también llamó la atención con una fallida pero interesante cinta llamada Deadly Silence. Un producto adherido al género de terror pero en las antípodas de la primera Saw. Se trataba de una obra que estaba rematada con cierto aplomo, con un sentido del suspense y el horror de tono ochentero que hacía presagiar que el cineasta australiano iba por el buen camino. Tras ver Insidious no me cabe duda de que James Wan ha dado por fin en el clavo y ha sorprendido a propios y extraños con su último largometraje.




Insidious consigue un logro que el 95% de las películas de terror actuales no llega ni a vislumbrar y no es nada más y nada menos que dar miedo. No hablamos de cagarnos en los pantalones al ver una imagen o secuencia (habrá incluso quién no se inmute la ver la cinta), pero sí de experimentar una considerable inquietud cuando ciertos pasajes del largometraje desfilan por delante de la pantalla con acierto, y por suerte y contra todo pronóstico no son pocos. Algunos de ellos tan sencillos como perfectamente rematados.




Desde el prólogo, que ya muestra la primera imagen que llama la atención, vemos una puesta en escena calmada, atmosférica, clásica y sosegada, llena de elegantes y tenebrosos travellings por las habitaciones del inmueble en el que viven los protagonistas, remitiéndonos todo desde a The Haunting de Robert Wise a La Leyenda de la Casa del Infierno de John Hough. Porque con Insidious, Wan nos va a contar (o eso parece al principio) la típica y tópica historia de casa encantada con espíritus que aterrorizan a familia recién llegada. Pero lo inusual es que haciendo un uso inteligente de todas las constantes y caminos mil veces transitados dentro de este tipo de celuliode, nos regala una muy buena película.




Con su última cinta Wan ha llegado a la acertada conclusión de que menos es más. Que no hay que hacer un uso estúpido y abusivo del sonido para asustar al público (aunque a veces caiga en la tentación). Que los movimientos alocados de cámara y el montaje sincopado no dejan que respiren los encuadres y que permitir que una toma fluya puede asustar más al espectador que sólo vislumbra una sombra, que al que le ponemos en primer plano la cara de la criatura o monstruo que acecha a los protagonistas.




Insidious también acierta en otro apartado, No fuerza ni malogra sus referencias fílmicas y las deja tomar forma de manera subliminal. Es más, la cinta bien podría ser sin problemas una actualización, aunque menos amable, de Poltergeist la cinta producida por Steven Spielberg y dirigida por Tobe Hooper, ya que la estructura argumental, el desarrollo de la trama y algunos apuntes (un hijo de la familia cómo víctima, una criatura extraterrenal que lo acecha, la peculiar medium, los parapsicólogos que son la sutil y nada chirriante aportación cómica al producto) son parecidos a los de aquel memorable largometraje de 1982.




También hay cierto regusto en el film por rememorar El Exorcista (un tenebroso ático, el aspecto casi tribal de la criatura) de William Friedkin o de traernos a la mente La Semilla del Diablo (el estrecho pasillo de saturado color rojo lleno de candelabros) de Roman Polanski e incluso se puede ver en la puesta en escena remalazos del Mario Bava de la inolvidable Las Tres Caras del Miedo. Eso por no mencionar la presencia de Barbara Hersey como secundaria, que es una referencia clara a otra magnífica obra de corte parecido a Insidious, la memorable El Ente de Sidney J. Furie . Pero como ya he comentado, todo tiene sentido, nada está forzado ni metido con calzador, Wan y su guionista no dudan en homenajear, pero siempre están más pendientes de dar a su producto solidez y profesionalidad en el plano cinematográfico.




Hay momentos muy logrados en Insidious. Escenas que se quedan grabadas en la retina y algunas de ellas hasta un servidor, curtido en mil batllas, las ha recibido con una sonrisa nerviosa (indispensable verla a solas y a oscuras o de noche). En la mayoría de estos pasajes no se ve nada o más bien poco. Un dibujo en un papel, un niño de espaldas a una pared, una sombra en una habitación, un reloj al fondo de un pasillo, una figura oscura junto a una cama. Con ellas siempre se insinúa pero acertando de lleno a la hora de asustar al respetable. Wan hace que lo mundano y hogareño torne de manera hasta naturalista en segmentos que dejan al espectador bastante sorprendido e incluso agradecido por pasar un mal rato.




Es cierto que en la recta final Wan pierde un poco el norte y muestra más de lo que debiera. Pero el daño ya está hecho. A esas alturas el espectador ha disfrutado soberanamente con una historia interesante y trabajada con inteligencia. Una cinta de terror que para colmo sirve como perfecto ejemplo alegórico de la desestructuración de una familia cuando uno de los miembros de la misma cae en desgracia. Esta vuelta a los orígenes devuelve las esperanzas a un servidor con respecto al género del terror sobrenatural, que aunque antaño ofreció grandes obras, a mí casi siempre me ha atraído menos que el terrenal, el que nace de la maldad que hacemos los hombres.



lunes, 13 de junio de 2011

88 Minutos, the time is running out... but I don't give a shit




Título Original: 88 Minutes (2007)
Director: Jon Avnet
Guión: Jon Avnet
Actores: Al Pacino, Alicia Witt, Leelee Sobiebski, Amy Brenneman, William Forsythe, Deborah Kara Unger, Ben McKenzie, Neal McDonough




Jon Avnet es un director mediocre que en alguna ocasión ha tenido la suerte de poner sus manos en proyectos que han destacado de alguna manera, Tomates Verdes Fritos es el ejemplo más claro y casi el único, pero no precisamente por su labor como cineasta. El tipo siempre ha sido bastante regulero (tirando a malo normalmente) pero lo que hace en la actualidad recibe el calificativo normalmente de disparate. 88 Minutos que rodó en 2007 con Al Pacino de protagonista es uno de ellos y bastante gordo, por cierto.




88 Minutos es un rutinario, aburrido y manido thriller que en ocasiones y sin quererlo desemboca en comedia involuntaria por muchos de los planteamientos (más bien estúpidos o ridículos) que expone en pantalla. Un producto obsoleto, copia de miles de copias, que nace tan muerto como anticuado y que anula de raíz cualquier tipo de empatía que el espectador pueda compartir con la historia o los personajes por lo antipático e irreal del conjunto al que dan forma.




Un psiquiatra forense del FBI que también ejerce de profesor universitario mandó unos años atrás a un supuesto asesino en serie de jovencitas al corredor de la muerte. En la víspera de la ejecución del acusado el protagonista recibe una llamada en su móvil en la que la voz de un desconocido le informa que le quedan 88 Minutos de vida. En ese momento toda la trama torna en una frenética busqueda del asesino que acabará, supuestamente, con la vida del bueno de Al Pacino, pero al espectador no sólo le importa una mierda lo que le pase al bueno de Al, es que a veces reza porque lo atrapen y acaben con él.




Cliché tras cliché, estereotipo tras estereotipo, falsos culpables, sospechosos que lo parecen pero no lo son. Plagios y múltiples referencias a otras cintas cortadas por el mismo patrón pero muy superiores como Copycat o El Silencio de los Corderos. Un guión tramposo, pueril y con más agujeros que el coche de Bonnie y Clyde. Un reparto desganado y anodino encabezado por un Al Pacino de tupé imposible a lo José Luis Rodríguez el Puma, traje cinco tallas más grande y unos aires de aburrimiento y de cansancio que el espectador percibe totalmente, véase la estúpida escena de la confesión en el taxi o la primera imagen que adjunto.




Lo único que salva un poco el producto de la humillación más total es la presencia de un reparto femenino lleno de actrices con cierto talento y bastante belleza como Leelee Sobiebski, Alicia Witt o una madura Deborah Kara Unger. Estas tres intérpretes dan forma a los dos mayores logros del producto. Uno, que llevan con decencia personajes horriblemente escritos y perfilados (pobre Sobiebski) y dos, que juntan en un producto tan horrible como este a una chica Kubrick, otra Lynch y por último una Cronenberg en el reparto.




También podríamos mencionar para bien a William Forsythe, el único personaje con dos dedos de luces a lo largo del metraje, para mal a Neal McDonough ese proyecto de actor que sólo sabe poner cara de chulería o asco (y ojo, no dudo que el hombre sea un encanto en su casa con su mujer y sus hijos, pero como intérprete deja muchísimo que desear) y en plan "está, pero como si no estuviera" a Ben McKenzie que sale tan poco rato en pantalla que no tiene tiempo ni para decir esta boca es mía. Aunque peor es lo de Stephen Moyer, protagonista de True Blood, que sale segundos contados y no tiene ni una línea de diálogo.




Esperpéntica como ella sola, con un final tan ridículo que incita tanto a el llanto como a la risa, con un uso estúpido de los teléfonos móviles, las altas tecnologías, las relaciones personales entre los personajes (ese Pacino de más de 70 años que se lleva de calle a todas las jovencitas que pasan por su lado, cual Papuchi Iglesias) realizando el proyecto una apología panfletaria y reaccionaria de la pena capital, los prejuicios y los testimonios judiciales de poca veracidad. Ideología ultraconservadora que según dicen se consolidaría y recrudecería en la siguiente cinta de Avnet, Asesinato Justo (Righteouss Kill) esa película que no he visto aún por el respeto que le tengo a las antaño geniales carreras de Al Pacino y Robert De Niro y a esa pequeña joya de los 90 a reivindicar que es Heat de Michael Mann.



jueves, 9 de junio de 2011

Alucarda, satanico pandemonium



Título Original: Alucarda (1977)
Director: Juan López Moctezuma
Guión: Alexis Arroyo, Tita Arroyo y Juan López Moctezuma basado en la novela de Sheridan le Fanu
Actores: Claudio Brook, David Silva, Tina Romero, Susana Kamini, Lili Garza, Tina French, Birgitta Sergerskog, Adriana Roel




Extraña, bizarra, interesante y bastante maltratada en algunos sectores tercera obra del director mexicano Juan López Moctezuma basada libremente en la novela Carmilla del escritor irlandés Sheridan le Fanou que ya fue adaptada al celuloide previamente en varias ocasiones, la más destacada a manos de Carl Theodor Dreyer con su mítica Vampyr . El film, con producción internacional y estrenado en 1977 se convirtió en una obra de culto, dentro del cine de terror azteca, que a día de hoy tiene tantos seguidores como detractores.




Una chica acaba de llegar a un extraño monasterio, allí estando interna conocerá a una misteriosa y fascinante muchacha llamada Alucarda con la que creará un atípico y peligroso vínculo, ya que la chica guarda un oscuro secreto, una maldición que recayó sobre ella desde su mismo nacimiento. Este punto de partida le sirve a Moctezuma para hilvanar un relato de tintes góticos y barrocos con trasfondo onírico que se mueve por distintos caminos y que plantea diferentes y ambiguas ideas dentro de su argumento central.




Moctezuma se mete en terrenos pantanosos para la época en el cine de su país. Tocando temas como la religión desde un punto de vista oscurantista y tenebroso (esos terribles cristos crucificados grabados en las rocas, esos hábitos de las monjas con sangrientos tonos rojizos, esas sesiones de fustigamiento dignas de un aquelarre salido de una de las pinturas negras de Goya) con una visión mórbida de la parafernialia eclsesiástica y por otro lado insuflando una delectación enfermiza acerca del satanismo con escenas lisérgicas que bordean la lascivia y la homosexualidad, dignas del Marqués de Sade (no por casualidad el personaje de la co protagonista se llama Justine).




A pesar de que la cinta es lo suficientemente extraña y atípica de por sí, es inevitable no pensar en la delectación por los rituales cristianos típicos del discurso buñueliano (la presencia del Claudio Brook acentúa esta teoría) y a la estética irreal de un Ken Rusell pasado por un filtro hispanizado y más terrenal, pero sobre al espectador le vienen a la memoria todas aquellas cintas sobre jóvenes confinadas en edificios de toda índole rematadas con memorable mediocridad por nuestro Jesús Franco. También es un hecho que la obra que nos ocupa tendría influencia, directa o no, en productos tan dispares (pero radicales en su fondo o forma) como Hellraiser de Clive Barker o La Posesión de Andrejz Zulawski.




Moctezuma aprovecha la escasez de medios para solapar con imaginación las carencias de la producción, haciendo un uso magnífico de los efectos de sonido (que dan una atmósfera diabólica a ciertas escenas) la entrega de su reparto, encabezado por un Tina Romero de mirada abrasadora, o los modestos pero certeros y muy brutos apuntes de inesperado gore que recrudecen el tono blasfemo de la historia que recorre todo el metraje hasta ese caótico final que desmerece un poco el conjunto pero que no lo debilita en demasía.




Alucarda es una atractiva y lacerante piedra afilada de color rojo y negro. Un producto ambiguo (¿es más retorcida la iglesia de Dios o la de Satán?) y provocativo para su época, que con el paso de los años recibe cada vez más reconocimiento. Es excesiva, epidérmica, oscura y con un tono de ensoñación bífida que hunde sus raíces en el lado más oscuro del folclore y la tradición autóctona azteca, siempre relacionada con la muerte, lo desconocido y lo extraño.



La Matanza de Texas IV: La Nueva Generación, old McDonald had a farm...




Título Original: The Texas Chainsaw Massacre IV, The Next Generation (1994)
Director: Kim Henkel
Guión: Kim Henkel
Actores: Renée Zellweger, Matthew McConaughey, Robert Jacks, Tonei Perensky, Joe Stevens, Lisa Marie Newmeyer, John Harrison, Tyler Cone




En 1974 La Matanza de Texas marcó un antes y un después en el cine de terror americano. Tobe Hooper llegó a la grandeza de dicho género por el camino de la imperfección y la fisicidad. Casi 10 años después él mismo realizaría una secuela que (supuestamente) buscaba dar una visión paródica e irónica de la primera cinta, La Matanza de Texas II supuso un egendro a distintos niveles que ensuciaba el buen nombre de su predecesora. En 1990 llegó la tercera parte, La Matanza de Texas III, Leatherface de Jeff Bur, poco ambiciosa y deslabazada repetición de las constantes de la primera entrega a la que respetaba tanto como temía. Pero cuando nada hacía pensar que la cosa podía empeorar en 1994 llegó la hecatombe.




Kim Henkel, el co guionista de la primera La Matanza de Texas decidió dirigir en 1994 una secuela más a espaldas de su amigo y compañero Tobe Hooper y con unos por aquel entonces aún desconocidos Matthew McConaughey y Renée Zellweger como protagonistas. El resultado no podía ser bueno de ninguna manera, pero claro, que fuera tan jodidamente desastroso no parecía posible, pero La Matanza de Texas 4, La Nueva Generación es lo peor de lo peor, tanto que supuso un punto de no retorno para la saga, que tocaba fondo como nunca lo había hecho.




Esta cuarta parte de La Matanza de Texas es tan rematadamente mala que hace que la horrible y desastrosa segunda parte parezca la primera. Henkel continúa (más o menos) la misma estructura que la primera y tercera parte, pero el resultado es tan horrible, penoso, inane y aburrido que al espectador le cuesta horrores acabar la película y depositar en ella un mínimo de atención para seguirla debidamente por culpa del cúmulo de insustancialidades y gilipolleces que pueblan el cortísimo metraje que paradójicamente se hace eterno.




Un grupo de chicos que salen de la fiesta de graduación del instituto dan a parar a la casa de un familia de rednecks pirados. Pero ojo, estos ni parecen matarifes, ni son caníbales. ni producen terror. Sólo son un grupo de personas imbéciles que dan más pena que miedo y que forman un núcleo familiar que no tiene pies ni cabeza y que deshonra el legado (ya de por sí bastante ultrajado en las dos anteriores entregas) de la familia de la cinta original de Tobe Hooper. Todos y cada uno de los estúpidos componentes de esta peculiar tribu dan vergüenza ajena.




Uno de ellos, el que parece el líder (el ¿interpretado? por McConaughey) es el conductor de la grúa del pueblo, tiene una pierna ortopédica hidráulica que se convierte en la protagonista de la velada debido a lo disparatado del uso que se hace de la misma (memorable la escena con el duelo de mandos a distancia que la controlan). Otro no para de citar a filósofos y escritores como Maquiavelo u Óscar Wilde ¿¿?? y la mujer es una estúpida que no sabe ni lo que quiere. Pero lo peor es lo que hacen con el pobre Cara de Cuero.




Si en la secuela ya el mismo Hooper lo convirtió en un salido que quería meter su sierra eléctrica en las partes pudendas de Caroline Williams, recuperando más tarde algo de su personalidad (pero no mucha) en la tercera parte, lo de esta cuarta entrega ya es de sanatorio mental. Leatherface acaba reducido a una especie de travesti, con un alarmante parecido a Rita Barberá, que sólo piensa en maquillarse y que únicamente sabe asustarse de sus víctimas ¿¿??, gritar y mover los brazos de manera desquiciada. Para colmo la mítica sierra eléctrica no la coge a penas y en la secuencia final (cuando se trata de emular el mismo cierre de la cinta original) el espectador pasa tanta vergüenza ajena que hasta aparta la mirada de la pantalla.




Una de las peores películas de supuesto terror que he visto en mi vida y una de las secuelas más infectas e innecesarias que he podido degustar en mi trayectoria como cinéfilo. Sólo se salva la escena del craneo aplastado poco a poco por la pierna hidráulica (rodado fuera de cámara y con un uso bastante acertado y desagradable de los efectos de sonido). Por lo demás el producto es tan infame y horriblemente pésimo que hay una escena durante le metraje final que es perfectamente esclarecedora para resumir la película con un total acierto.




En todas las entregas previas de la saga teníamos hacia el final la famosa escena en la que el abuelo golpeaba con un martillo a la chica protagonista como si la estuviera sacrificando cual gorrino en el matadero. En esta La Matanza de Texas IV, La Nueva Generación cuando todos se ponen a gritar como locos en el comedor (tanto los verdugos como las víctimas) y antes de que tal ritual tome forma, el yayo se levanta de la mesa y se va para no volver a salir en toda la película. Sobran las palabras. Lo próximo, hablar del remake y de la precuela del mismo, las únicas dignas herederas de la genial primera película, que por lo que un servidor ha visto ya nunca debió haber sido el germen de una saga tan estúpida y bochornosa.



lunes, 6 de junio de 2011

Creepshow 2, la seducción del inocente


Título Original: Creepshow 2 (1987)
Director: Michael Gornick
Guión: Stephen King y George A. Romero
Actores: George Kennedy, Dorothy Lamour, Lois Chiles, Tom Wright, Stephen King, Tom Savini, Frank Salsedo, Holt McCanally, David Holbrook, Don Harvey, Page Hannah, David Beecroft, Richard Parks, Chere Bryson, Joe Silver



Corría el año 1982 cuando el famoso novelista Stephen King (Carrie, El Resplandor) y el director de cine George A. Romero (La Noche de los Muertos Vivientes, Atracción Diabólica), amigos y colaboradores, aunaron fuerzas con el productor Richard P. Rubinstein para realizar un largometraje que homenajeara a los míticos y magníficos cómics para adultos de la extinta editorial EC, pero centrándose también en la colección de relatos de terror Creepy de la Warren. El resultado fue la muy recuperable cinta Creepshow, de cuyo guión se ocupó King y dirección el mismo Romero, una modesta y entrañable cinta que relataba cinco historias de horror que rendían cariñoso tributo a aquellos lejanos tebeos de los años 50.




Infidelidades, zombies, meteoritos del espacio exterior, legados malditos, insectos atacando en forma de plaga, mucha referencia al mundo de EC y una considerable fidelidad para con las viñetas. Todo sustentado en una estética de cómic, un guión divertido con mucho humor negro e incorreción política y un excelente reparto en el que reconocíamos los rostros de Viveca Lindfors, Hal Holbrook, Ed Harris, Leslie Nielsen, Ted Danson, Adrienne Barbeau, el mismo Stephen King como el inolvidable Jordy Berryl o E.G Marshall. Todos ellos pasándoselo en grande a  la hora de abordar sus caricaturescos y exagerados personajes.




La obra tuvo una muy buena acogida, de modo que cinco años después King, Romero y Rubinstein se pusieron manos a la obra con la secuela. Con los tres autores ejerciendo de productores, y el novelista de Maine ocupándose del guión, esta vez Romero delegó responsabilidades de realización en su colaborador Michael Gornick, que por un lado venía de despuntar al realizar algunos capítulos de la serie catódica Tales Form the Darkside y por otro era el habitual director de fotografía de muchas de las obras de autor de La Tierra de los Muertos Vivientes. El resultado fue una digna secuela a la altura de las circunstancias, que en algunos aspectos incluso llegaba a superar a la cinta original.




Esta vez las cinco historias se vieron a tres. La primera, El Viejo Jefe Cabeza de Madera, habla de una figura india de madera que cobra vida en una tienda de carretera regentada por un matrimonio. La segunda, La Balsa, trata sobre dos parejas que se dirigen a pasar un apacible día en el lago y allí una putrefacta mancha negra intentará devorarlos vivos. La tercera, El Autoestopista, narra cómo una mujer adúltera atropella a un vagabundo que estaba haciendo autoestop. Los tres segmentos se ven complementadas por un prólogo y epílogo, alternando ambos imagen real con animación, que relata una historia sobre un chico que lee los cómics de Creepshow, que le son proporcionados por el mismísimo Creep (interpretado por el maestro de los efectos especiales, Tom Savini) y que es acosado por tres matones de su barrio... por desgracia para ellos.




Todas las historias que dan forma a Creepshow 2 siguen, en la medida de lo posible, la senda abierta previamente por la primera parte y como es lógico, al igual que aquella, también sirven como fruicioso homenaje a los cómics en los que se inspiran. Puede que no tengan el tono más clásico y tebeístico que sí destilaban aquellas, siendo más hijas de su tiempo, pero se antojan muy competentes, están adecuadamente ensambladas y rodadas con mucha solvencia. Michael Gornik demuestra notable oficio detrás de la cámaras, sabe medir los tiempos y dosificar el terror, e incluso se permite el alarde de incluir algún plano brillante como el cenital de Sam atravesando la pared siendo arrastrado hacia la habitación contigua por la figura viviente en la primera historia o algunos muy elaborados de la mancha negra devorando humanos en la segunda. Un trabajo que Gornik resuelve con profesionalidad y un control de la narración digno de elogio.





Una vez más Stephen King y George A. Romero consiguieron dar forma a una agradecida y entrañablemente malsana oda a los cómics adscritos al género de terror en particular y al  noveno arte en general, pero con tono muy de los 80, más que su predecesora. Puede que globalmente no sea tan redonda como la anterior entrega (que en honor a la verdad, desde un punto de vista cinematográfico, tampoco era una genialidad, aunque su personalidad suplía dichas carencias), pero tenía la suficiente calidad y cariño por el material que rendía tributo como para ser recordada con aprecio y una sonrisa en la boca del espectador. También hay una Creepshow 3 rodada en 2006, sin King y Romero implicados en el proyecto, con fama de bastante penosa que tarde o temprano comentaré aquí, cuando tenga el dudoso gusto de visionarla.




Por último destacar que después de los créditos finales de Creepshow 2 nos encontramos un texto que fue un editorial de la revista Collers Magazine cuya fecha data de 1949 y en la que se defendía a un medio como el cómic ante las acusaciones que recibió, por culpa de ese inefable psiquiatra ávido de fama llamado Frederic Wertham, de ser la causa de la violencia juvenil en Estados Unidos a finales de  la década de los 40, dando pie al cierre de un sello tan mítico como EC y a la creación de aquel estúpido objeto censor llamado Comic Code que estuvo a punto de acabar con el mundo la historieta americana que no desapareció totalmente hasta Enero del presente año, cuando fue erradicado por fin de nuestras vidas y de la de nuestros personajes de ficción favoritos. Tanta paz lleva como descanso deja.



All Star Superman, what happens when the unstoppable force meets the immovable object?



Título Original: All Star Superman (2011)
Director: Sam Liu
Guión: Dwayne McDuffie basado en el cómic de Grant Morrison y Frank Quitely




Del año 2005 al 2008 el genial guionista escocés Grant Morrison y su paisano el no menos ilustre dibujante Frank Quitely crearon para el sello DC un elseworld de 12 entregas sobre el Hombre de Acero titulado All Star Superman. La historia por capítulos se convirtió en casi al instante en un clásico y una de las mejores (para algunos la mejor) historias que jamás se han escrito sobre Superman. La serie ganó dos premios Eisner, recibió el respaldo de una crítica rendida a sus pies y del fandom que casi en su totalidad se quitó el sombrero ante la evidente y enorme calidad del producto.




All Star Superman, que narraba la cuenta atrás para la supuesta muerte del personaje por medio de uno de los planes de su némesis Lex Luthor, condensaba en sus 12 capítulos toda la imaginería que ha definidio al personaje desde que fuera creado por Joe Shuster y Jerry Siegel en el año 1938. Morrison hacía un uso magistral de todo el universo del personaje uniendo en un conjunto sus virtudes y sus defectos, sus hazañas y derrotas, sus secundarios más realistas con los más fantásticos y daba lugar a un maravilloso canto de cisne lleno de luminosidad y hasta pureza conceptual y formal que emulaba en su trama central los doce trabajos de Hércules.




Tras el éxito editorial de la colección DC no tardó en dar la noticia sobre la adaptación a cine animado de tan memorable y exitosa saga. El pasado mes de Febrero se estrenaba la película en formato digital en Estados Unidos llegando a España poco después. Curiosamente las primeras críticas que leí sobre la cinta la ponían bastante mal, hablando de ella como de un cúmulo de escenas inconexas sin sentido que no hacían honor al personaje. Me llamó la atención que mucha de esa gente ni siquiera había leído el cómic y en ese sentido su decepción era hasta cierto punto comprensible.




Si no se ha leído el cómic la película no se ve igual, pero aún así es un producto de una calidad bastante considerable. El director Sam Liu y el tristemente fallecido guionista Dwayne McDuffie saben captar la esencia de la colección. Es cierto que eliminan algunos episodios, unos más importantes (Funeral en Smallville) y otros menos (Ser Bizarro o ¡La Guerra entre Superman y Olsen!) e incluso algún detalle magistral en la obra como la viñeta metareferencial a la creación del personaje como tal por sus autores. Pero tal hecho no quita cohesión al conjunto que funciona al 100% y como una máquina totalmente engrasada a la hora de mostrarse como un producto audiovisual de excelente calidad.




En la animación han seguido inteligentemente la estética establecida por la magnífica Batman: Under the Red Hood. En el producto han sido hasta cierto punto fieles a los trazos de Quitely (sobre todo en ese magnífico Lex Luthor calcado de las viñetas) pero la magia no se manifiesta de la misma manera que en las viñetas. Todo ese sense of wonder que respiran todas y cada una de las páginas de la colección está fiiltrada en la película, creando una gran obra, pero que no alcanza las cotas de genialidad del cómic y su final aún siendo tan épico como el de la colección, cambia un poco, ya que en el largometraje quieren redimir en cierta manera al personaje de Luthor, pasaje que no queda mal, pero que no era necesario.




En el excelente doblaje de voces tenemos a un muy correcto James Denton (Mujeres Desesperadas) como Superman/Clark Kent, a esa maravillosa venus llamada Cristina Hendricks (Mad Men, Firefly), que para colmo tiene una voz preciosa, como Lois Lane, a un Anthony Laplagia (Sin Rastro) que borda su caracterización como Lex Luhtor y al siempre ductil Alexis Denisof (Ángel, Cómo Conocí a Vuestra Madre) en el rol de Doctor Leo Quintum. Por último destacar la breve, pero importante, intervención de Frances Conroy (A Dos Metros Bajo Tierra) como Martha Kent.




Es muy difícil captar en imágenes (ni siquiera animadas, que podrían estar más cerca del mundo del noveno arte que las reales) la majestuosidad de uno de los mejores cómics de la década pasada como es All Star Superman de Grant Morrison y Frank Quitely. La división de cine animado de DC lo ha intentado y aún no consiguiéndolo completamente ha llegado a captar gran parte del mensaje, el alma y el corazón de una de las historias más grandes jamás contadas sobre el Hombre del Mañana, que no es poco. Ahora sólo queda esperar esa adaptación que viene sobre la mítica saga Batman: Año Uno, de Frank Miller y David Mazzucheli.