lunes, 21 de julio de 2014

Juego de Tronos: 4ª Temporada, a sangre y fuego



“Deseo confesar. Yo los salvé. Yo salvé esta ciudad y todas sus vidas sin valor. Debí dejar que Stannis los matara a todos. Soy culpable, padre. Eso era lo que querías escuchar. Soy culpable de un crimen más monstruoso aún. Soy culpable de ser enano. Se me ha juzgado por ello toda mi vida. Yo no maté a Joffrey, pero desearía haberlo matado. Ver morir a tu despiadado bastardo me dio más alivio que mil putas en la cama. Desearía ser el monstruo que ustedes creen que soy. Me gustaría tener veneno suficiente para todos ustedes. Gustosamente daría mi vida para ver como todos se lo tragan. No daré mi vida por el asesino de Joffrey”.
Tyrion Lannister




Desde que aquel 17 de abril de 2011 en el que David Benioff y D.B. Weiss estrenaron en HBO su versión catódica de la saga literaria Canción de Hielo y Fuego del escritor George R.R. Martin no éramos pocos los lectores y espectadores que esperábamos que dicha dupla llevara a imágenes la tercera y mejor entrega de la colección de novelas río nacida en el ya lejano año 1996 con Juego de Tronos. Durante la gestación de la tercera temporada de Game of Thrones (la serie de manera equívoca tomó el nombre del primer libro, eludiendo el mucho más poético y acertado de Song of Fire and Ice que bautiza toda la saga) sus productores afirmaron que debido a la larga extensión del libro numero tres, Tormenta de Espadas y que contenía en su interior más de 1.200 páginas su traslación a imágenes se dividiría en dos decenas de episodios. La tercera temporada de Juego de Tronos, la que extrapolaba a la pequeña pantalla la primera mitad del escrito publicado el año 2000 puede tildarse aún a día de hoy como la, posiblemente, mejor del serial catódico de la cadena por cable que tuvo su culmen con la inolvidable y cruenta Boda Roja, aquella escabechina de traición al lacónico ritmo de Las Lluvias de Castamere urdida por los Lannister, ejecutada por los Frey y en la que las víctimas eran los Stark.




A lo largo de este 2014 que acaba de rebasar su ecuador hemos podido disfrutar de la cuarta temporada de la serie en la que David Benioff, D.B. Weiss y sus colaboradores han trasladado a la pequeña pantalla la segunda, y más intensa, mitad de Tormenta de Espadas con un resultado de notable alto, aunque no sobresaliente por culpa de pequeñas máculas que pasaremos a comentar seguidamente y que impiden que la entrega número cuatro de Juego de Tronos sea una obra maestra de la televisión reciente, eso sí, quedándose a poco de serlo. Los que hemos leído el libro sabíamos que la Boda Roja era sólo el inicio de una serie de hechos impactantes en cadena que iban a marcar puntos tan importantes como irreversibles dentro de la serie (de la misma manera que también lo hicieron en la saga literaria) que harían que la matanza Stark en territorio Frey quedara más o menos olvidada debido al cariz de salvajismo y brutalidad de nuevas situaciones que en su mayoría marcarían puntos de no retorno para ciertos personajes y hasta los entornos en los que se movían. Por ello muchos afirmábamos que si los guionistas tenían el suficiente instinto para llevar a lo audiovisual lo que en lenguaje escrito era una genialidad lo resultante sería la, con diferencia, mejor temporada de la que ya es la obra catódica más vista de la historia de (casi)siempre intachable HBO.




Intrigas palaciegas, traiciones, familias enfrentadas, reyes sin trono, sexo, incesto, violencia y muerte, todas las características que han hecho grande la serie que traslada la palabra escrita de la saga de George R.R. Martin están aquí condensadas y atesoradas para ser entregadas al público en diez dosis de una hora de duración cada una. Gracias a un reparto elegido con escuadra y cartabón (uno de los más acertados, en líneas generales, de la historia de la televisión) y un equipo técnico intachable que cada vez tiene un mayor presupuesto para dar vida a los Siete Reinos y los habitantes que en ellos moran, David Benioff y D.B. Weiss siguen por el buen camino sacando oro en imágenes de relatos que son adaptados con la mayor fidelidad posible, algo que no pueden decir los creadores de esa The Walking Dead de AMC que cada vez parece desvincularse más de los cómics ideados por el guionista Robert Kirkman y los dibujantes Tony Moore y Charlie Adlard. Por suerte las dos cabezas pensantes detrás del programa saben que cuanto más se ciñan a lo que George R.R. Martin grabó a fuego en Tormenta de Espadas mejor resultado dará la temporada, casi siempre siendo fidedignos, pero dando su interpretación de la historia cuando pasa de un medio a otro.




Es cierto que se toman licencias con respecto a las páginas de la novela eludiendo pasajes como la importantísima conversación entre Jamie y Tyrion poco antes de que el primero libere al segundo de su condena o el estancamiento de toda la subtrama protagonizada por Danerys Targaryen que al llegar a Meereen pierde mucho empuje (algo que no sucedía, ni de lejos, en el libro) y que sólo coge algo de fuerza con el pasaje del destierro de Joran Mormonth (magníficamente llevado a imagen real), inventando otros como el enfrentamiento entre Brienne y Sandor Clegane “El Perro” ante la mirada de Pod y Arya e incluso narrando algunos que en las novelas tienen lugar mucho más adelante como todo lo que tiene que ver con las penurias sufridas por el trozo de carne inerte que queda de los restos de Theon Greyjoy. Aunque en cuanto a infidelidad se refiere el pasaje más polémico es el del peculiar bautismo al que los Caminantes Blancos someten a los niños recién nacidos que les son entregados en ofrenda y que no existe en la basa literaria, secuencia que enfadó a bastantes de los lectores de los libros por si HBO estuviera adelantando hechos que todavía George R.R. Martin no hubiera incluido en sus relatos. Dejaremos de lado la no inclusión del giro final de la última página de Tormenta de Espadas que hubiese sido un cierre magistral para la cuarta temporada y que habría dejado a los espectadores totalmente shockeados y sufriendo (mucho más) por la espera de un año para poder degustar la quinta temporada. Algo estarán tramando con tan importantísimo pasaje para el futuro de la serie.




Pero los aciertos son los que han imperado en esta temporada en la que tras unos episodios de introducción alzó el vuelo cuando tuvo lugar esa Boda Púrpura en la que el misterioso y brutal asesinato de Joffrey Baraethon (sí, ese que todos los espectadores disfrutamos hasta extremos que bordeaban lo orgásmico) tenía lugar delante de una concurrida audiencia en la que se encontraba toda su familia y la posterior acusación de asesinato hacia su tío Tyrion Lannister, hecho que vertebra toda la trama central de la cuarta entrega de la serie. A partir de la defunción del tiránico rey adolescente los hechos de capital importancia en el serial se suceden continuamente como el asesinato por parte de Petyr Baelish de la demente Lysa Tully, la aparición del carismático, y ya personaje de culto del programa, Oberyn Martell, alias la Víbora Roja que es el protagonista, junto a Gregor “La Montaña” Clegane, del clímax de la temporada en ese octavo episodio en el que el combate en el que ambos se implican da pie a una de las secuencias más brutales de, no sólo toda la serie, sino también de la saga literaria. Pero cuando parece que nada más importante va a tener lugar en el noveno episodio (el penúltimo de la temporada siempre es en el que el equipo de producción echa toda la carne en el asador, contratando una vez más para rodarlo al cineasta británico Neil Marshall, director de Dog Soldiers, Centurión o el piloto de la serie Constantine que adapta el cómic Hellblazer de la línea Vertigo de DC) tenemos la batalla en el Muro entre los salvajes comandados por Mance Rayder y la Guardia de la Noche con Jon Nieve como líder táctico en el que tiene lugar la muerte de Ygriette a manos del bastardo de Eddard Stark y la emboscada por parte de Stannis Baratheon y Ser Davos Seaworth, el Caballero de la Cebolla, que aunque está muy bien interpretada, pierde impacto con respecto a las páginas en papel. Por suerte David Benioff y D.B. Weiss no se saltan (casi) una coma de la recta final y se recrean con ese último episodio que narra los mejores momentos del cierre de Tormenta de Espadas. La húida de Tyrion Lannister gracias a su hermano Jaime, el brutal y doloroso asesinato de Shae a manos de un Tyrion que da el golpe de gracia eliminando a su padre Tywin con una ballesta mientras este hace aguas mayores en el excusado, una muerte indigna para un personaje indigno que no, no cagaba oro.




Sin intención de adelantar nada sobre las temporadas venideras (con rodajes en España, concretamente en Andalucía, como ya sabemos) sólo diremos que se avecinan tiempos de cambio y transición (el nada gratuito título del cuarto libro es Festín De Cuervos, que no da mucho lugar a la imaginación en ese sentido) y que aunque se tomen licencias con respecto a los libros David Benioff, D.B. Weiss y el mismo George R.R. Martin (muy implicado en la producción del programa, escribiendo también algunos episodios, adaptando sus propios escritos) están haciendo historia catódica con una de las mejores series que ha dado la televisión americana (que no tiene precisamente un nivel bajo en lo que a producción propia para la pequeña pantalla se refiere) en mucho tiempo. Echaremos de menos a magníficos actores como Charles Dance, Jack Gleeson o Pedro Pascal dando vida a uno de los villanos más sobrios y acerados jamás vistos, al demente más detestable del tubo catódico actual y a la revelación más carismática y reivindicable (y eso que no fueron pocas la voces que criticaron la elección del chileno para el papel, incluso antes de ponerse a rodar) de la temporada respectivamente, incluso añoraremos a la dulce Sibel Kekilli dando vida a Shae, personaje que han dulcificado con respecto a los libros incluyendo el despecho en su toma de decisiones con respecto a su futuro tras la acusación de asesinato de Tyrion o la brutalidad de Rory McCann como Sandor Clegane, ese Perro que se ha ganado poco a poco el favor del público. Pero nuevos roles nacidos de la pluma de George R.R. Martin están por llegar y siempre tenemos la buena labor de magníficos actores como Lena Heady, Nikolaj Coster-Waldau, Aidan Gillen (aunque este lleve tiempo entregándose un poco a cierto histrionismo con su trabajo), Maisie Williams, la belleza de Emilia Clarke, Natalia Dormer o Carice Van Houten, el buen hacer y la veteranía de Liam Cunningham o Stephen Dillane y como no, la presencia magnética y descomunal (quién lo diría) de ese pequeño gran actor llamado Peter Dinklage que si no se lleva este año el Emmy al mejor actor secundario es porque lo de Aaron Paul en la última temporada de Breaking Bad en general y el episodio final en particular no es de este mundo. Ya veremos que depara a Poniente en la quinta temporada.


miércoles, 16 de julio de 2014

Cuando el Celuliode es Infiel a las Viñetas



Debemos admitirlo aunque nos pese. Como seguidores del mundo del cómic la mayoría de nosotros disfrutamos lo indecible cuando se estrena la nueva adaptación cinematográfica de nuestro superhéroe favorito ya sea de DC, Marvel u otra editorial con cuyas historias nos hemos criado desde niños. Amamos el hecho de que un director capte el tono o la esencia de ese personaje empijamado con el que siempre nos hemos identificado. Caemos rendidos a los encantos de un actor que sabe embutirse el uniforme de nuestro mutante/dios/vigilante predilecto y sabe interpretarlo con dignidad y aplomo. Nos derretimos cuando un guionista decide llevar con fidelidad al libreto de una superproducción hollywoodiense el microcosmos de cualquiera de los justicieros que nos arroparon desde la infancia y las sagas más emblemáticas que forjaron sus leyendas dentro de la ficción.

Pero no es oro todo lo que reluce dentro del mundo de las adaptaciones cinematográficas de nuestros cómics favoritos, al menos para el fandom, que es una parte importante del grueso de espectadores que degusta el cine de superhéroes, pero por desgracia a veces no lo suficiente como para que sus voces sean escuchadas cuando algún productor decide cambiar drásticamente algún hecho, personaje o característica de una de esas traslaciones del noveno arte al séptimo. Porque es cierto que muchas veces los cambios son inevitables y nos hemos llegado a acostumbrar a ellos, pero en ocasiones una pequeña libertad creativa se convierte en un despropósito que no hace más que levantar ampollas entre los aficionados.

Sabemos que a un espectador que no ha leído en su vida un cómic de el Capitán América, Iron Man o Batman poco le importa que se tomen unas licencias que él, como consumidor neófito, ni sabe que han sido llevadas a cabo para su suerte o ignorancia. Pero nosotros, los que llevamos años pendientes de las publicaciones mensuales de DC, Marvel, Image o Dark Horse, sufrimos cuando vemos que de manera bastante gratuita Warner Bros, Sony, 20th Century Fox o la misma Marvel Studios deciden saltarse a la torera o adulterar hechos que en las viñetas son canónicos, que nosotros hemos aceptado como tales y que ellos también debieran porque son parte de nosotros mismos o al menos una parte destacada de nuestra infancia, adolescencia y en bastantes casos (como el de prácticamente todos los Zoneros) hasta adultez.

Con este artículo vamos a hacer un Top 10 (+1) de blasfemias cometidas en adaptaciones cinematográficas de personajes de cómics. Esas cagadas que no podemos dejar pasar por alto, esos despropósitos que como fans no podemos obviar por mucho que tratemos de entrecerrar los ojos mientras apretamos los dientes al contemplar tan dantesca decisión (unas veces estilística otras narrativa) en pantalla grande. Como es lógico es un ranking subjetivo ya que aunque hemos decidido elegir varias “herejías” muy representativas o que en su momento nos llamaran la atención nunca llueve a gusto de todos. Seguramente nos dejamos fuera bastantes otras y puede que varias de ellas muy importantes. Dentro de algunas del ranking anotamos otros casos parecidos que nos demuestran que en ocasiones los productores en vez de tomar buena nota y no tropezar dos veces con la misma piedra vuelven a caer en el mismo fallo entregándose a los sucios, pero adictivos, brazos de la reincidencia. En ese sentido en los comentarios podéis enumerar cuales echáis de menos y debatir qué grado de indignación llegaron a produciros. Por otro lado no vale decir que películas como Elektra, Green Lantern, Batman y Robin o Superman IV ya son blasfemias en sí como productos en su totalidad, que eso ya lo sabemos en mayor o menor medida. Sin más dilación pasamos a este inefable Top 10 sobre cómo fracasar a la hora de ser fiel con el material que se está extrapolando de un medio a otro. Preparad las palomitas o un buen refrigerio y el indignómetro freak, que vienen curvas.


1 Batman (1989) De Joe Chill a Jack Napier



Un matrimonio adinerado y su pequeño hijo, una salida del teatro, un callejón oscuro, un atracador, varios disparos, un collar de perlas desmoronándose en el pavimento, un niño que en ese momento pierde la inocencia arrodillado ante los cuerpos inertes de sus progenitores. Este es el nacimiento de tintes shakesperianos del Guardián de Gotham. El culpable de este bautismo de fuego, el artífice de que en ese mismo instante un infante Bruce Wayne decidiera que ninguno más de los ciudadanos de Gotham tenía por qué pasar por una tragedia como la suya fue un ladrón de poca monta llamado Joe Chill, con el que el hombre murciélago volvería a verse las caras en varias ocasiones en las viñetas. Pero alguna avispada cabeza pensante de Warner Bros decidió que ese “mindundi” no podía ser el asesino de los padres del protagonista del Batman que Tim Burton rodó en 1989 y que supuso un punto de inflexión en el mundo de las adaptaciones cinematográficas de cómics (como una década antes lo hizo el Superman de Richard Donner). De modo que si la productora se había gastado un dineral en contratar a Jack Nicholson para que diera vida al Joker, el mismo príncipe payaso del crimen en su juventud debería ser el verdugo de Thomas y Martha Wayne para que la cruzada del caballero oscuro se redujera a una simple vendetta personal más que a un trayecto vital para proteger a sus conciudadanos. La secuencia posiblemente sea la mejor de todo el film, y las más burtoniana en una película que veía el sello del cineasta diluirse bastante durante el metraje, pero para que hasta Sam Hamm (el mismo guionista de la película y de la famosa saga en viñetas titulada Justicia Ciega) se quitara el muerto de encima diciendo que este imperdonable cambio de personaje no fue idea suya algo debieron de hacer muy mal con respecto a la génesis en celuloide del personaje creado por Bob Kane y Bill Finger. Por desgracia esta decisión se convirtió en un recurso que en años posteriores tomarían los autores de otros films sobre superhéroes como Daredevil en el que Kingpin asesinaba a Jack Murdock, Spider-man 3 de Sam Raimi en la que vimos cómo el Hombre de Arena disparaba (por accidente) al tío Ben o cómo en vez de morir la mujer y los dos hijos de Frank Castle en El Castigador asistíamos a cómo toda su familia (madre, padre, primos, el vecino que pasaba por allí, el gorrilla que ayudaba a aparcar las lanchas) era eliminada por un grupo de mafiosos bronceados en un día de playa, aunque este no es el único motivo por el que la de Jonathan Hensleigh es la, hasta ahora, peor versión a imagen real que se ha hecho de Punisher, sí, incluso más que la protagonizada por Dolph Lungrend.


2 Juez Dredd (1995) Sin casco tú no eres la ley


Casi 20 años tardó Juez Dredd, el personaje creado por el guionista británico John Wagner (Una Historia Violenta, Robo-Hunter, Mean Machine) y el dibujante español Carlos Ezquerra (La Brigada de los Fusileros, War Stories, Bloody Mary) para la revista inglesa 2000 AD, en ser protagonista de una adaptación cinematográfica de sus distópicas aventuras. En 1995 se estrenó una superproducción hollywoodiense con Joe Dredd como núcleo central, con un presupuesto bastante generoso, un diseño de producción que dio lugar a una muy creíble Mega City 1 y hasta un vestuario a manos de Giorgio Armani que era rotúndamente fiel a los uniformes que los Jueces llevaban en los cómics. La cinta empieza con fuerza con un Juez Dredd deteniendo a un grupo de criminales que tienen secuestrado un edificio e imponiéndose como un inquebrantable brazo de la ley al que ningún asesino o ladrón se le resiste. Pero a los 10 minutos de película, justo cuando el prometedor prólgo termina, el hinchado ego de un Sylvester Stallone que hasta ese momento había dado bastante bien el pego como Joe Dredd decide quitarse el casco (algo que el personaje “nunca” hace en los cómics, ya que, según su creador John Wagner, el hecho de que no conozcamos su rostro universaliza su rol como representación física de la ley en toda su magnitud) y con dicho gesto termina la película protagonizada por el hermano de Rico Dredd y comienza otra más de policías violentos con Sylvester Stallone de protagonista con el simple añadido de que se enfrenta a personajes que son sosias de muchos de los villanos salidos de las páginas de 2000 AD. Por suerte Alex Garland (28 Días Después, La Playa) y Pete Travis (Omagh, En el Punto de Mira) en 2011 arreglaron el desaguisado del creador de la saga Los Mercenarios y ofrecieron un magnífica traslación de las correrías del rol con Dredd aunque por desgracia la taquilla (no así las ventas en mercado doméstico que son las que pueden ayudar a que la secuela sea todavía una posibilidad viable) no se pusiera del lado de un Karl Urban que clavó a nuestro juez favorito sin quitarse el casco en ningún momento del metraje.

3 Daredevil (2003) Wilson Fisk is my bro, bitch!



Mark Steven Johnson es el Ed Wood de las adaptaciones cinematográficas de cómics de la misma manera que el alemán Uwe Boll lo es de las de videojuegos. Un señor que ama el mundo de las viñetas y el cine pero que es un negado para hacer películas adecuadamente. En el año 2003 llevó a imágenes uno de esos secundarios de Marvel que no son muy conocidos fuera del fandom, pero que ha conocido etapas gloriosas o muy destacables en papel a manos de autores como Frank Miller, Ann Nocenti, Brian Michael Bendis o Kevin Smith. En 2003 el director de El Inolvidable Simon Birch (posiblemente la mejor película ¿superheróica? que ha realizado en toda su carrera, sí, mucho más que Ghost Rider) se encargó de llevar a imágenes las historietas del alter ego del abogado invidente Matt Murdock con Ben Affleck de protagonista. El resultado es una mediocridad que no hace honor al personaje, pero que transmite cierto encanto demodé por su aroma a serie B y unos villanos pasados de rosca como el Bullseye de Colin Farrell. Dentro de los enemigos de Dan Defensor (como se conoció al personaje en España gracias a nuestra entrañable censura) el posiblemente más destacado sea Kingpin, el alias de Wilson Fisk, uno de los capos mafiosos más importantes de New York. La polémica nació cuando el encargado de dar vida al antagonista de Daredevil fue el tristemente fallecido Michael Clarke Duncan (La Milla Verde, Sin City) que como todos sabemos era un actor de raza negra. Las críticas no se hicieron esperar, unos para proclamar que convertir a un jefe del hampa que en los cómics es blanco en una persona afroamericana estigmatizaba de manera xenófoba toda una raza. Otros proclamaban que convertir en negro a un personaje blanco contradecía lo visto en los cómics y era una concesión a la “corrección política” típicamente estadounidense. Huelga decir que el actor de Armageddon hizo un trabajo muy competente, pero las voces discordantes no dejaron nunca de oírse. Para unos fue una blasfemia, para otros todo un acierto, pero el hecho de que siga habiendo quejas cuando personajes del mundo del tebeo como Heimdall (Thor) o Perry White (El Hombre de Acero) son interpretados por actores negros como Idris Elba o Laurence Fishburne (enormes intérpretes, digan lo que digan) nos confirma que el debate sobre prejuicios, racismo o concesiones a la galería por culpa de supuestas presiones extracinematográficas sigue abierto.

4 Los Vengadores (2102) Oh Capitán, mi Capitán



Los Vengadores supuso la excelente culminación de la Fase 1 de Marvel Studios a manos de Joss Whedon en la que todos y cada uno de los componentes del grupo de superhéroes más poderoso del mundo tenía su momento de gloria individual respaldado por el buen hacer del cineasta pelirrojo. Pero con Steve Rogers eso no era suficiente, el guardián de las barras y estrellas, el primer vengador, merecía algo más que eso y negarlo es un craso error. El Capitán América en los cómics es el alma mater de los Vengadores, el líder táctico del grupo y eso no hay Tony Stark que lo cambie o ponga en duda con su carisma, ironía y chistes en sesión continua. Por desgracia poco de eso hay en el largometraje escrito y dirigido por el creador de Buffy Cazavampiros, Ángel, Dollhouse y Firefly aunque nuestro héroe de la Segunda Guerra Mundial sea importante para la historia y el libreto le regale una escena en la que ordena a cada uno de sus compañeros qué debe hacer en la batalla contra los chitauri en la ciudad de New York lo cierto es que Iron Man, Hulk o Loki devoran la personalidad del rol de Chris Evans que por desgracia no deja de ser un secundario más cuando debería ser, si no el personaje principal (como sucede en sus muy rescatables películas en solitario) sí uno de los de más peso e importancia en el argumento. Aunque no fue este el primer caso de un personaje con madera de líder que pierde esta capacidad cuando pasa de los cómics al cine y si no que se lo digan al Cíclope de James Marsden que estuvo casi de pasada en la primera trilogía sobre los X-Men siendo eliminado de la manera más indigna posible en X-Men 3: La Decisión Final dirigida por Brett Ratner.


5 Watchmen (2009) Colega ¿dónde está mi pulpo?


Cuando el cineasta norteamericano Zack Snyder tomó las riendas del complejo proyecto de llevar a imágenes Watchmen de Alan Moore y Dave Gibbons, el mejor cómic sobre héroes enmascarados de la historia del noveno arte, prometió ser todo lo fiel que pudiera (más bien hasta donde Warner Bros le permitiera, qué duda cabe) para no desvincularsde la esencia y estética de la obra. No es difícil encontrar en la red imágenes o grabaciones del proceso de rodaje del largometraje en las que el director de 300 o Amanecer de los Muertos revisa concienzudamente una copia del tebeo que era usada casi como un storyboard. Aunque el autor de Sucker Punch no pudo extrapolar toda la complejidad argumental y el trasfondo de su mensaje sociopolítico sí es cierto que se ciñó brutalmente a la obra en papel. Pero antes incluso del estreno, en pleno proceso de producción saltó la noticia de que en el clímax final se eliminaría la presencia del enorme pulpo utilizado por Ozymandias para provocar una enorme masacre en la ciudad de New York. En su lugar el guión haría que Adrian Veidt echara toda la culpa a los atentados a nivel global al mismo Doctor Manhattan, idea que indignó a muchos, agradó a varios y dejó indiferentes a otros cuantos. Lo cierto es que aunque puede que los motivos de los productores para eliminar al inolvidable octópodo estuvieran justificados (es un giro que en papel estéticamente queda bien y no desagrada al fan freak, pero a un espectador que no se acerca a un cómic desde que compraba de niño la revista Mortadelo puede que no lo recibiera con tanto júbilo) los fans del cómic lo echamos de menos en el largometraje y aunque Zack Snyder quiso homenajear por medio de un televisor encendido al episodio de La Dimensión Desconocida (The Twilight Zone) en el que Alan Moore se inspiró para la inclusión de dicha monstruosidad la cosa supo a más bien poco.

6 El Hombre de Acero (2013) Jonathan Kent y el Cuarto Reich


Seguimos con Zack Snyder para hablar de su polémica aproximación a la figura de Superman con la no muy lejana El Hombre de Acero, dirigida por el realizador de Ga’Hoole y escrita por David S. Goyer y Christopher Nolan. De la cinta se pueden decir tantas cosas buenas (ambientación, épica, un Henry Cavill magnífico, una Amy Adams adorable como Lois Lane, escenas de acción sobresalientes) como malas (ritmo atropellado, pasajes alargados en exceso, un afán por la destrucción desproporcionado y cierto tufo conservador en su mensaje) pero dentro de estas últimas destaca sobremanera la infiel caracterización que se hace de Jonathan Kent, el padre adoptivo de Superman. Parecía que la elección de Kevin Costner (el actor que dio vida al muy americano fiscal del distrito Jim Garrison de aquella obra maestra de Oliver Stone titulada JFK: Caso Abierto) era la acertada para dar vida al hombre que convirtió a Clark Kent en la clase de héroe que llevamos admirando desde hace décadas y que representa el lado más amable y luminoso del american way of life. Pero en el papel David S. Goyer y Christopher Nolan fracasaron a la hora de retratar la moral intachable del marido de Martha Kent. Ya lo vimos en uno de los trailers del film, pero no quisimos creerlo, pesando que alguna palabra posterior desdeciría aquella sentencia impropia del hombre que enseñó un inquebrantable sistema de valores a Kal-El. Cuando un adolescente Clark Kent decide utilizar sus increíbles poderes para salvar a sus compañeros atrapados en un autobús escolar hundiéndose en el mar Jonathan afirma a su vástago que no está seguro sobre si hubiera debido dejar morir a todos esos chicos con tal de no que no saliera a la luz su identidad secreta. Todos aquellos que llevamos años leyendo cómics de Superman sabemos cómo es Jontahan Ket, un hombre más americano que una tarde de domingo en el porche de un adosado tomando tarta de manzana y limonada que jamás pondría en peligro la vida de personajes inocentes por un motivo tan egoísta, aunque sea para proteger a su hijo. Es más, hasta la versión que interpretó John Schneider en la mediocre pero entretenida serie Smallville era más fiel a la esencia da este personaje que tenía un sentido del deber y del compromiso con su comunidad que poco tenía que ver con los brotes filonazis de la versión de El Hombre de Acero. Con esas enseñanzas luego es extraño que nos escandalicemos cuando el último hijo de Krypton acaba con la vida de Zod, herejía suprema que por otro lado tiene tantos precedentes (el Batman de Tim Burton volando la fábrica de Productos Químicos Axis con cientos de secuaces del Joker dentro, el Daredevil de Mark Steven Johnson dejando morir a un delincuente en la vía de un tren) que daría para otro artículo como este o incluso más extenso.


7 Spider-man 3 (2007) Simbiontea como puedas


¿Podríamos decir que toda Spider-man 3 en sí es una herejía como adaptación cinematográfica de un personaje de cómic?. Realmente no es para tanto, digan lo que digan. Hay una muy buena película del alter ego de Peter Parker en la última incursión de Sam Raimi en el universo del superhéroe creado por Stan Lee y Steve Ditko, el problema es que está sepultada entre Duendes Verdes con pintas de skaters, Eddies Brock sin carisma o personalidad, Mary Janes insufribles o un humor estúpido hasta límites insospechados. Y en este último punto es donde hallamos el mayor fallo de la película, en el uso de esa comicidad (que de por sí ya era bastante pueril y muy alejado del más agradecido de las dos entregas anteriores de la trilogía arácnida del director de la saga Evil Dead) cuando menos lo demanda la historia, que es nada más y nada menos que en el momento en el que Peter Parker se vuelve “malo” debido al influjo con el que el simbionte alienígena empieza a mermar su voluntad. Recordemos que allá por finales de los 80 cuando en los cómics aquel traje con vida que nuestro amistoso vecino había conseguido en las inolvidables Secret Wars empezó a apoderarse de él lo hacía balancearse por el skyline neoyorquino mientras estaba sonámbulo y produciéndole una terribles pesadillas. En la memorable serie animada de los años 90 los guionistas añadieron al simbionte la capacidad de convertir a Spider-man en un ser más violento que en un momento dado llega casi a acabar con la vida del Rhino. Pero las cabezas pensantes de Sony decidieron que esas elecciones eran poco arriesgadas, que en su tercera película protagonizada por el trepamuros Peter Parker debería volverse directamente imbécil gracias a la influencia psicológica del uniforme viviente que en el futuro se convertiría en Veneno. El resultado lo vimos en pantalla: flequillo a lo emo, andares de estúpido, bailecitos vergonzantes, aires de ligón de playa. En resumidas cuentas, uno de los pasajes más sonrojantes jamás vistos en una cinta inspirada en un personaje de cómic. Pero bueno, tampoco nos rasguemos las vestiduras, que Marc Webb no se puede decir que arreglara mucho las cosas con su primera The Amazing Spider-man entre peleas insulsas en el metro y grúas salvadoras de arañas humanas.


8 X-Men (2000) Paint it black


Se negaron en redondo, no sabemos si la idea fue de Richard Donner o su su esposa Lauren Shuler Donner, del mismo Bryan Singer o de sabe dios quién dentro de 20th Century Fox, pero aquello de llevar los coloridos uniformes de los X-Men a la pantalla grande dentro de su primera película oficial fue recibido con una rotunda negativa para indignación de más de un fan de los hijos del átomo. Ni los uniformes clásicos, ni los ideados por Jim Lee en los 90 para dar un aire más moderno a los personajes (que sí se utilizarían en entrañable serie animada de principios de los 90) ni ninguna de las variantes que durante años habían sido utilizadas para vestir a los mutantes tutelados por Charles Xavier fueron vistos en imagen real. La elección final fue el sobrio negro, para dar uniformidad a todo el grupo al más puro estilo militar. Realmente en el plano estético no quedaban mal en pantalla y algo bueno tuvieron que tener cuando el mismo Grant Morrison pidió a su amigo el titánico Frank Quitely que diseñara los de sus Nuevos X-Men fijándose en ellos (curiosamente, años más tarde, en un inesperado ejercicio de retroalimentación, Matthew Vaughn copió casi íntegramente los ideados por los autores de Flex Mentallo o WE3 para los protagonistas de X-Men: Primera Generación) pero a muchos fans nos molestó que los ideólogos de aquel recuperable film del año 2000 (punta del iceberg, junto a Blade de Stephen Norrington, de lo que es hoy la fiebre sobre el celuloide protagonizado por superhéroes) pensaran que porque los protagonistas de su producción llevaran los colores identificativos de las viñetas algún espectador poco avispado fuera a pensar que se estaba enfrentando a una película “infantil”. Aunque bueno, si ya el Batman de Tim Burton fue también totalmente embutido en negro eludiendo así Warner Bros vestir al hombre murciélago con los inolvidables tonos gris y azul de la etapa de Neal Adams pues lo de los X-Men no se muestra como ninguna novedad.


9 Los 4 Fantásticos y Silver Surfer (2007) Devorador de Mundos entre la niebla


Las dos películas que Tim Story realizó sobre Los 4 Fantásticos son la mediocridad hecha cine. Blockbusters de gran presupuesto venidos a menos, tanto como para parecer series B del montón. Los 4 Fantásticos y Los 4 Fantásticos y Silver Surfer son a las adaptaciones de personajes de Marvel al cine lo que las dos entregas de Cars a Pixar, productos inferiores pero que hacen las delicias de los pequeños. Dejando de lado el hecho de que nuestros hijos y sobrinos disfruten más de las correrías cinematográficas de Reed, Sue, Johnny y Ben que nosotros mismos debemos pararnos a enumerar las múltiples cagadas de estas, después de todo, inofensivas y entretenidas obras. El Doctor Muerte vírico, la Cosa de corchopán, el génesis de los personajes en el que se mete con calzador al ya mencionado Victor Von Doom o la simple elección de Jessica Alba que ni queriendo haría una Sue Storm menos creíble. Pero vamos a centrarnos en la secuela, aquella Fantastic Four: Rise of Silver Surfer que supera sin mucho esfuerzo a su predecesora y que nos ofrece a un magnífico Estela Plateada realizado con unos efectos digitales muy notables e interpretado por Doug Jones (Quarentine, Hellboy). Cuando parecía que la muy acertada visión que se estaba dando del heraldo de Galactus presagiaba que iba a impedir que el listón bajara demasiado dentro de una película que de por sí no es ninguna maravilla, todo se va al garete cuando hace acto de presencia el ya mencionado devorador de mundos. De nuevo parece ser que los jefazos de 20th Century Fox pensaron que un gigantón con una armadura morada y azul y un casco en forma de cafetera con asas iba a espantar a más de media platea. Por ello tomaron la “sabia” decisión de que nuestro idolatrado Galactus fuera tapado por una enorme nube de humo en la que poco de la silueta original del personaje podíamos vislumbrar. Después de años esperando a ver a uno de los personaje galácticos más memorables de la Casa de las Ideas en pantalla grande, el coitus interruptus se hizo inevitable y la indignación más que notable. Además aquello de que está, en cierta manera, inspirado en el Utimate Galactus de Warren Ellis no hace que el gancho de derecha directo a la mandíbula del que visiona sea menos doloroso. Con todo hay algún espectador por aquí al que le gustó esta visión tan peculiar del personaje, pero por miedo a poner en peligro su integridad física el mismo permanecerá en el anonimato.


10 Kick-Ass – Ni Dave Lezewski es un triunfador, ni Damon Macready un héroe


Matthew Vaughn y su colaboradora Jane Goldman son duchos en adaptar cómics a la pantalla grande. En 2010 decidieron hacerlo con Kick-Ass, célebre serie del guionista escocés Mark Millar y el dibujante John Romita jr que empezó a ser adaptada al celuloide antes de que se editara íntegramanete en viñetas como colección. El director de Layer Cake realizó una muy divertida y digna película con Kick-Ass, pero es cierto que realizó varios cambios tanto estilísticos (esa épica y aire cool que estaba totalmente ausente en el tebeo) como argumentales, casi todos perdonables como es lógico, excepto dos. Por un lado tenemos el cambio radical en el que Dave Lezewski acaba covirtiéndose en el novio de la chica de sus sueños, Katie Deuxma y consumando el acto sexual varias veces con ella, cuando en los cómics el protagonista no sólo no conseguía quedarse con la muchacha en concreto, sino que ella incluso incitaba a un tal Carl a que le diera una paliza al protagonista, enfatizando la historia que nuestro amigo Kick-Ass puede ser algo parecido a un héroe, pero Dave siempre será un pringado. Más grave es lo que se hace con el origen de Big Daddy que se confirma en pantalla que es un policía retirado que cuando ve como la mafia asesina a su esposa empieza una cruzada junto a su hija de 12 años para acabar con todo el submundo del hampa de su ciudad. En los cómics la historia sigue la misma senda, Big Daddy parece ser un policía que quiere vengar el brutal asesinato de su mujer con la ayuda de su hija, pero en un giro de guión finalmente descubrimos que era un contable amante de los cómics por cuya afición fue abandonado por su esposa. Tras ello decidió destruir la vida de su hija convirtiéndola en una sanguinaria maquina de matar arruinando su infancia y utilizándola como herramienta de “trabajo”. Eso se pierde totalmente en la película, de modo que al aire derrotista y de autocrítica con el fanboy como concepto que destila la colección se pierde a favor de una corrección política más accesible. Aunque no es el único caso de adaptación que trastoca el mensaje o subtexto del cómic que adapta, unos tales hermanos Andy Wachovski y Lana Wachovski hicieron de las suyas cuando decidieron realizar su (por otro lado muy compentente) versión en imagen real de V de Vendetta de Alan Moore y David Lloyd.


10 (+1) X-Men: Lobezno Orígenes (2008) – El Mercenario Bocazas se queda mudo



Dejamos para el epílogo uno de los casos más sangrantes y terribles, uno que hizo mucho daño dentro de una película que, para qué engañarnos, era una ofensa casi continua a los fans de Lobezno en particular o los X-Men en general. Hablamos como no podía ser menos de X-Men Orígenes: Lobezno. En la cinta de Gavin Hood, que fue vendida por su protagonista y productor Hugh Jackman como más independiente y por tanto menos encorsetada que la trilogía original de los X-Men, se tomaban muchas licencias con respecto a los cómics, demasiadas y algunas de ellas terribles. Cambiar al Victor Creed/Dientes de Sable de Tyler Mane por uno interpretado por Liv Schreiber era una metida de pata, por mucho que el actor de El Mensajero del Miedo hiciera con mucho aplomo su trabajo, pero lo de convertirlo en hermanastro de Logan ya era de sanatorio mental. También podríamos mencionar lo poco parecido que era el Gámbito de Taylor kitsch al de los cómics, lo mal caracterizado que estaba Kevin Durand como Mole, pero la palma se la llevaba el Masacre (Deadpool en su nombre original, como todos sabemos) al que ponía cuerpo y voz el canadiense Ryan Reynolds. Para empezar el Wade Wilson que vemos en pantalla poco tiene que ver con el que en viñetas contrajo cáncer y decidió participar como conejillo de indias para que experimentaran con él en al proyecto Arma X (Arma Plus si le preguntáramos a Grant Morrison) pero después de pasar por el bisturí del profesor Killebrew (algo que, evidentemente, también se pasan por el forro) el resultado es la antítesis de lo que guionistas como Fabian Nicieza, Mark Waid o Joe Kelly han plasmado con acierto en las muchas series limitadas y regulares del personaje. El Masacre de esta película de 2008 condensa en su interior los poderes de muchos mutantes (entre ellos los de Cíclope o el mismo Lobezno) algo que ya es de por sí un disparate, pero es que la decisión de “taparle la boca” al “mercenario bocazas”, un asesino a sueldo que vuelve literalmente locos a sus víctimas por culpa de su incontrolable verborrea no es ya una blasfemia, una herejía o un desastre, es directamente un insulto a los fans del tipo que se hizo pasar por Peter Parker en el pasado para asegurarse de que su amigo Comadreja no dejaba de ser un fracasado, tal y como era en el presente. Por todo ello tanta ilusión como miedo transmite esa película con el canadiense como protagonista que quiere sacar adelante el protagonista de Buried con los guionistas de Bienvenidos a Zombieland como ideólogos.



miércoles, 9 de julio de 2014

Tokarev, asesinato en 9mm



Título Original Tokarev (2014)
Director Paco Cabezas
Guión Jim Agnew, Sean Keller
Actores Nicolas Cage, Rachel Nichols, Peter Stormare, Max Ryan, Danny Glover, Judd Lormand, Max Fowler




El sevillano Paco Cabezas se dio a conocer con un simpático cortometraje llamado Carne de Neón protagonizado por Óscar Jaenada, Victoria Abril y Macarena Gómez entre otros actores, aunque previamente había compartido labores de realización con Jerónimo de los Santos en otro corto titulado Invasión Travesti que no es tan conocido como las andanzas de Ricky, el personaje interpretado por el protagonista de Camarón o la futura Cantinflas. Tras sacar adelante con mucho trabajo su ópera prima en el mundo del largo, Aparecidos, que mezclaba el terror con los casos de desapariciones de personas durante la dictadura argentina y escribir los guiones de la tan exitosa como vapuleada Spanish Movie de Javier Ruiz Caldera o Sexykiller de Miguel Martí (que espera remake estadounidense) decidió volver a Carne de Neón para convertir aquellos poco más de 15 minutos en su segundo trabajo detrás de las cámaras dentro del mundo del largometraje.




Aquella producción de 2011 en la que Óscar Jaenada y Victoria Abril eran sustituidos (paradójicamente con mucho acierto) por un muy competente Mario Casas y una inmensa Ángela Molina era una revisión española del cine del británico Guy Ritchie con apuntes de la impronta del norteamericano Quentin Tarantino, una película de tipos duros con corazón, magníficamente realizada, muy bien escrita y protagonizada por un excelente reparto que daba vida a una fauna repleta de entrañables travestis, prositutas, yonkis, camellos, mafiosos, inmigrantes o policías corruptos que formaban parte de un todo en el que se hacía un retrato poco complaciente de la Andalucía que no se ve en las postales de la Feria de Abril o el Camino del Rocio, aquella que también pudimos ver en la muy recuperable Grupo 7 de Alberto Rodríguez que también contaba en sus filas con Mario Casas y Antonio de la Torre, que hacía de secundario en la misma Carne de Neón.




Carne de Neón gustó mucho tanto aquí como fuera de nuestras fronteras. Pero poco se esperaría su director que una de las personas que se quedaría prendado con la historia de Ricky y el regalo en forma de prostibulo que ofreció a su madre Pura al salir de la cárcel iba a ser Nicolas Cage. El protagonista de Leaving Las Vegas o Hechizo de Luna se puso en contacto con el cineasta sevillano y le ofreció trabajar con él en su siguiente película titulada Tokarev (Rage en depende qué círculos) y basada en un guión escrito por Jim Agnew y Sean Keller, autores del libreto de la endeble Giallo, penúltima obra de un Dario Argento que después de muchos años sigue sin encontrarse a sí mismo. El resultado es una entretenida cinta que supera a la media de la morralla que está protagonizando el sobrino de Francis Ford Coppola en los últimos tiempos gracia a algunos apuntes de guión realizados con acierto, la labor más que decente de un digno reparto y sobre todo el oficio de un director que se revela como lo mejor de este simpático producto palomitero para pasar una entretenida tarde de verano en nuestro multicine más cercano con un buen aire acondicionado.




A nadie se le escapa que Nicolas Cage lleva años eligiendo papeles casi sin mirar los guiones que le ofrecen con tal de cobrar buenos sueldos que le permitan pagar las deudas que antaño contrajo por vivir por encima de sus posibilidades una existencia llena de colecciones de cómics y pelo artificial. Cierto es que ya no se implica como actor en obras de autor tan destacadas como Adaptation de Spike Jonze (el que sigue siendo el mejor papel de su carrera) Corazón Salvaje de David Lynch o Arizona Baby de Joel Coen e Ethan Coen o blockbusters tan rentables como Asesinato en 8 mm de Joel Schumacher, Con Air de Simon West, La Roca de Michael Bay o Cara a Cara de John Woo, pero eso no impide que sigamos admirándolo, aunque bien es cierto que desde otra perspectiva. Nicolas Kim Coppola, nuestro Nic, se ha convertido en una especie de estandarte del cine trash de serie B protagonizando placeres culpables como Furia Ciega (Drive Angry) de Patrick Lussier o Ghost Rider: Espíritu de Venganza de Mark Neveldine y Bryan Taylor o directamente basuras como Contrarreloj de, nuevamente, Simon West o el remake de Wicker Man a manos de un perdidísimo Neil LaBute y aunque de vez en cuando se meta en proyectos que tienen cierto nivel como Kick-Ass de Matthew Vaughn basado en el cómic de Mark Millar y John Romita Jr u otra revisión como la del Teniente Corrupto de Abel Ferrara a la que dio forma el germano Werner Herzog el protagonista de Next se ha convertido en una parodia de sí mismo, entrañable, sí, pero parodia al fin y al cabo.




Paco Cabezas ha llegado a la vida de Nicolas Cage para sacarlo (un poco al menos) de ese pozo de autoindulgencia artística en el que lleva tiempo sumergido y ofrecerle en bandeja de plata la cinta más digna que ha rodado el actor en mucho tiempo. Cierto es que el punto de partida de Tokarev no es ninguna novedad y no brilla precisamente por su originalidad, ya que la historia de un criminal retirado, con una nueva vida normal y corriente, que vuelve al redil cuando alguien comete el estúpido error de asesinar a su hija lo hemos visto cientos de veces, pero el guión tiene reservadas un par de vueltas de tuerca que convierten al film en una versión más reflexiva y oscura del cine de venganzas cultivado por actores como Clint Eastwood o Charles Bronson durante la década de los 70 y Sylvester Stallone o Arnold Schwazzenegger, entre otros, en los 80 y que tiene su reflejo actualmente en la saga Venganza (Taken) ideada por el francés Luc Besson y protagonizada por el irlandés Liam Neeson. Por otro lado el cineasta andaluz ha tenido el buen olfato de meterse en un producto lo suficientemente comercial como para tener cierto eco y no demasiado mastodóntico para que pueda trabajar con cierta tranquilidad gracias al respaldo del actor protagonista, con el que parece ser que ha trabado una buena amistad.




Tokarev es una película de tíos duros como el acero, mafiosos unidos por estrechos lazos afectivos, policías honrados, pólvora, virilidad y testosterona. Con reminiscencias al cine de Sam Peckinpah, Walter Hill o John Woo aroma a literatura pulp y una estética muchas veces deudora del mundo del cómic el producto ofrece suficientes alicientes para ser disfrutado con fruición siempre dentro de una humildad aposentada en que sus autores saben que están dando forma a una pieza de naturaleza púramente lúdica. Como es lógico la película que nos ocupa es una obra de encargo para que Paco Cabezas pueda abrirse como cineasta al mercado americano, pero ya siendo consciente de ello trata de tirar de oficio para ofrecer algo más que la última película menor de Nicolas Cage. Por suerte en más de un momento lo consigue gracias a una dirección técnica muy competente en la que las escenas de acción (tanto las de violencia física como las de tiroteos o persecuciones) están facturadas con el buen hacer de un realizador que ya ha dado en varias ocasiones muestras de conocer perfectamente los resortes del género policíaco y el thriller, con un ritmo frenético pero nunca atropellado y dando forma por medio de una firme puesta en escena a pasajes de poderosa impronta en cuanto a su estética y acabado formal, ayudada en esta ocasión por la magnífica dirección de fotografía de Adrzej Sekula, colaborador de Quentin Tarantino en Reservoir Dogs y Pulp Fiction, las, por otro lado, mejores películas del de Knoxville.




Paco Cabezas acierta en casi todos los apartados del largometraje, como por ejemplo en el artístico. A Nicolas Cage lo ata en corto y este se lo agradece realizando un trabajo bastante contenido que sólo se le va de las manos con su ya famosa tendencia a sobreactuar en un par de momentos contados. Algo parecido, pero con mejor suerte todavía, sucede con el sueco Peter Stormare, que en su secundario rol se muestra completamente sereno y creíble alejándose de la exageración que imprimió en trabajos como El Secreto de los Hermanos Grimm de Terry Gilliam, El Rostro de los Venganza de George A. Romero o Spun de Jonas Åkerlund y dando lo mejor de sí mismo como en otros roles más introspectivos como los de Reencarnación (Birth) de Jonathan Glazer o Bailar en la Oscuridad de Lars Von Trier. De Rachel Nichols sabe sacar el suficiente dramatismo como para que no parezca sólo un rostro bonito con curvas de infarto, a Max Ryan y Michael McGrady les encomienda los roles de tipos duros siempre al lado del protagonista al que tratan como a un hermano y se sirve de la veteranía del gran Danny Glover para dar vida a ese policía íntegro que tiene una atípica relación con el personaje principal del largometraje. Pero hasta del guión sabe sacar provecho con esos vuelcos (unos más inesperados que otros) que dan un giro de timón a la historia en la que se pone en duda el uso de una violencia que engendra más violencia, el libre uso de armas de fuego en Estados Unidos y añadiendo un mínimo de profundidad a los personajes (sobre todo al protagonista) desembocando todo en un final con reminiscencias a cierto cine oriental (imposible no pensar en Takeshi Kitano) y un cierre con plano secuencia en slow motion que confirma que Paco Cabezas no es un realizador mercenario del montón y que pone cariño y muchas ganas hasta a un producto tan modesto como el que nos ocupa.




No voy a engañar a nadie, Tokarev no es una gran película, es un entretenimiento veraniego sin pretensiones sobre policías y mafiosos que precisamente no aspira a más que eso y ahí encontramos uno de sus grandes aciertos. Como cinta no va a devolver a Nicolas Cage a la primera fila del cine comercial que actualmente se gesta en Hollywood, pero es una pieza sincera, que va de frente sin engañar a nadie ofreciendo a la platea lo que se espera de ella y un poco más. Aunque, como comentamos, su protagonista gracias a ella no va a resurgir de sus cenizas como el ave fénix sí es cierto que se puede confirmar como un trabajo que es un primer paso para salir de condescendencia autoimpuesta a la que él mismo se ha entregado. Pero sobre todo estamos hablando con esta producción de 2014 de la primera toma de contacto con el celuloide estadounidense de un director español al que la meca del cine, si tiene un mínimo de inteligencia, no dejará escapar. Que el sevillano ya este implicado en un thriller titulado Mr Right escrito por Max Landis (Chronicle) y protagonizado por el siempre soberbio Sam Rockwell (Confesiones de Una Mente Peligrosa, El Asesinato de Jesse James por el Cobarde Robert Ford) y la muy solvente Anna Kendrick (Up in the Air, Scott Pilgrim Contra el Mundo) o que el mismo Nicolas Cage se haya interesado por un guión salido de su puño y letra no puede ser mejor señal para el futuro de este director español que, como muchos otros compatriotas nuestros, ha tenido que irse al extranjero para ganarse el pan trabajando ¿A alguien le suena esa película?.



lunes, 30 de junio de 2014

Maléfica



Título Original Maleficent (2014)
Director Robert Stromberg
Guión Linda Woolverton basado en el cuento La Bella Durmiente y la adaptación de Walt Disney del mismo
Actores Angelina Jolie, Elle Fanning, Juno Temple, Sharlto Copley, Kenneth Cranham, Lesley Manville, Imelda Staunton, Miranda Richardson, Sam Riley, Peter Capaldi, Ella Purnell, Brenton Thwaites, Christian Wolf-La'Moy





La Disney decide recuperar a una de sus villanas animadas más recordadas para dar forma a su última producción en imagen real. Aquella Maléfica que hiciera caer en La Bella Durmiente una maldición que haría dormir a la protagonista por toda la eternidad cuando el día de sus decimosexto cumpleaños se pinchara con la aguja de una rueca si un beso de amor verdadero no la despertaba de su eterno letargo. Estrenada en 1959 y basada en el cuento de Charles Perrault la cinta es uno de los clásicos incontestables de la historia del cine animado y su malvada antagonista un personaje tan jugoso que raro es que hayan tardado mas de 40 años en darle un producto en el que sea la protagonista total.




Es la actriz Angelina Jolie la impulsora del proyecto implicándose la hija de John Voight como productora ejecutiva en la gestación de la película que realiza una nueva relectura (con sus fallos y aciertos) de la cinta dirigida por Clyde Geremoni aquel último año de la década de los 50. El resultado es una meritoria entrega de entretenimiento para toda la familia bien ejecutada tanto en el plano artístico como en el técnico que aunque consigue dar entidad y algo de profundidad psicológica (mínima, no estamos hablando de una pieza de Ingmar Bergman o Carl Theodor Dreyer) también traiciona la esencia de la misma cuando decide dar origen a su genuina "maldad" incluso llegando a justificarla para redimir al rol y volverlo políticamente correcto de cara al público en general y al infantil en particular.




La Maléfica del debutante Rober Stromberg fue un hada que se enamoró desde la niñez de Stefan que después de fingir ser el hombre de su vida le arrancó las alas para ofrecérselas al rey Henry que era un tiránico monarca. A partir de ahí Maléfica cambiará convirtiéndose en una mujer arisca y triste y en apariencia cruel y déspota y tras este cambio radical de psicología y estética llevará a cabo la maldición que hará que la adolescente Aurora caiga en un profundo sueño. Este giro da una nueva entidad a la historia y una lectura muy diferente a lo que en ella acontece, pero por el camino se traiciona mucho de la personalidad que hacía de Maléfica uno de esos personajes diabólicos a lo Disney que no se olvidan nunca.




Angelina Jolie a hablado de que la historia de Maléfica y todo lo referido a cómo le arrebatan sus alas de manera forzosa es una metáfora de una violación y lo cierto es que la idea está planteada en la trama y los paralelismos son bastante aceptables. Pero el problema es que cuando la maldición que deposita en Aurora es realizada por despecho todo el entramado se sustenta en que no estamos ante una auténtica villana sino ante en una mujer herida que no porta maldad en su esencia. De modo que aunque la protagonista toma el rol de "hada madrina" de Aurora y con ello se perfila su personalidad como verdadera madre y protectora de la niña, por el camino se desmitifica tanto su lugar en el relato como el cuento mismo que poco tiene que ver con el clásico que todos conocemos.




Ya en el plano cinematográfico la cinta es en el apartado técnico superior a la media de blockbusters que pueblan nuestras taquillas. Robert Stromberg acierta al alejarse de la vacuidad actual del cine comercial dejándose influenciar por el celuloide fantástico de los años 80. El diseño de producción y la dirección artística así como el onirismo de la mayoría de pasajes recuerda a la visualmente apabullante pero argumentalmente endeble Legend de Ridley Scott y las criaturas que pueblan las Ciénagas parecen salidas de la mano del tristemente desaparecido Jim Henson ofreciendo a los espectadores ecos tanto de Dentro del Laberinto como de Cristal Oscuro, clásicos de culto de aquella década que son un muy acertado referente para esta Maléfica.




Con una Angelina Jolie de sonrisa carismática en su salsa como reina de ceremonias, un Sharlto Copley que confirma su talento para dar vida a perturbados mentales, una delicada Elle Fanning como Aurora, un trío de hadas tan irritantes como entrañables (que dan el toque puramente Disney a la producción) a las que dan vida Juno Temple, Imelda Staunton y Lesley Manville y un memorable Diaval a manos de Sam Riley sumados a una realización técnica muy meritoria con algunas escenas de un precioso acabado plástico (sobre todo las relacionadas con los vuelos de Maléfica cuando posee sus alas, vease su primer beso) y varias deudas estilísticas con las sagas de Harry Potter, El Señor de los Anillos o Las Cronicas de Narnia por la inclusión de escenas de batalla bastante resultonas Maléfica cumple su cometido de entretener durante dos horas a un espectador que si no se para mucho a pensar que están desmitificando (unas veces con acertada sorna y otras con impúdica desvergüenza) a un personaje impagable del cine de animación por puro capricho económico saldrá bastante satisfecho de las multisalas de su localidad.



X-Men: Días del Futuro Pasado



Título Original X-Men: Days of Future Past (2014)
Director Bryan Singer
Guión Simon Kinberg, Matthew Vaughn y Jane Goldman
Actores Hugh Jackman, James McAvoy, Michael Fassbender, Jennifer Lawrence, Nicholas Hoult, Ian McKellen, Patrick Stewart, Ellen Page, Shawn Ashmore, Omar Sy, Peter Dinklage, Evan Peters, Halle Berry, Lucas Till, Daniel Cudmore, Booboo Stewart, Bingbing Fan, Adan Canto, Josh Helman, Larry Day, Amelia Giovanni, Gregg Lowe, Evan Jonigkeit, Mark Camacho, Laurence Belcher, Morgan Lily, Brian Cox, Famke Janssen, Anna Paquin, James Marsden, Kelsey Grammer, Brendan Pedder



Bryan Singer vuelve a lo grande a la franquicia a la que dio inicio en el año 2000 con la posiblemente mejor entrega de la saga cinematográfica de los X-Men. Tras el lavado de cara que se realizó en 2011 con aquella magnífica precuela titulada X-Men: Primera Generación que narraba el origen de la amistad/rivalidad del profesor Xavier y Magneto a modo de cinta de espías a lo James Bond con dirección del británico Matthew Vaughn (Kick-Ass, Stardust, Layer Cake) el cineasta de Sospechosos Habituales o Verano de Corrupción (Apt Pupil) vuelve a ponerse detrás de las cámaras para, esta vez, fusionar las primera trilogía desarrollada durante la década pasada con la ya mencionada protosecuela y así adaptar una de las sagas más míticas de las viñetas protagonizadas por la Patrulla X, de manera muy libre, como no puede ser menos.




En 1981 el guionista británico Chris Claremont y el dibujante canadiense John Byrne realizaron dos entregas para la colección Uncanny X-Men (los números 141 y 142 concretamente) que daban forma a una breve saga titulada Días del Futuro Pasado que supuso el punto álgido de la etapa de estos dos autores con los hijos del átomo, siempre junto a la no menos mítica La Saga de Fénix Oscura. Dicha historia estaba localizada en un futuro post apocalíptico en el que la mayoría de mutantes (e incluso gran parte del resto de superhéroes de la Casa de las ideas) habían sido eliminados por los letales centinelas. Sólo un pequeño grupo sobrevivió y entre sus filas se encontraban Lobezno, Kitty Pride, Tormenta, Coloso, Magneto o Frankilin Richards, el hijo de Reed y Sue Richards de Los 4 Fantásticos.




Para “cambiar el futuro” la Kitty Pride de aquel distópico 2013 viaja en el tiempo para encontrarse por medio de su “yo joven” con la Patrulla X e impedir con ellos que la Hermandad de Mutantes Diabólicos comandada por Mística atente contra el senador Robert Kelly, hecho que será el desencadenante de la ley antimutantes que acabará con la mayoría de los homo superiors. En sólo dos números Chris Claremont y John Byrne sentaron cátedra dentro del mundo del cómic superheróico con una historia adulta, oscura y de tono crepuscular cuya (por aquel entonces) atípica estructura narrativa enamoró a millones de lectores que a día de hoy la siguen considerando como uno de los mejores relatos protagonizados por los X-Men y todo ello en no más de 48 páginas.




Con esta base argumental (aunque con alguna deuda estilísitca de Bienvenidos al Mañana, la miniserie remake de DOTFP con la que Grant Morrison cerró su etapa en Nuevos X-Men que era una revisión de la de Claremont/Byrne) Bryan Singer y el guionista Simon Kinberg, basándose ambos en un argumento de Matthew Vaughn y Jane Goldman, que no se han desvinculado del todo de la hermandad mutante después de X-Men: Primera Generación, realizan una adaptación muy sui generis de la miniserie en viñetas, utilizadándola básicamente como excusa para amalgamar los dos universos de X-Men existentes dentro del séptimo arte y con ello poner fin a una etapa y dar continuidad a otra para que la franquicia cinematográfica siga viento en popa. El resultado es una superproducción magníficamente ejecutada que da acción, drama y cierto trasfondo social al espectador que sólo conoce en pantalla grande a los personajes nacidos de la mano de Stan Lee y Jack kirby y que sacia el apetito goloso del seguidor de las correrías en papel de los hijos del átomo. X-Men: Días del Futuro Pasado es uno de los puntos álgidos de la Patrulla X en imagen real y la mejor película comiquera de este 2014 que no ha sido precisamente decepcionante en cuanto a adaptaciones fílmicas inspiradas en tebeos estadounidenses.




La última película del director de Valkiria es una muestra cristalina de celuloide comercial bien entendido a la que poco se le puede reprochar como espectáculo cinematográfico más allá de las licencias que se toma (retro continuidad incluida, táctica muy utilizada en el mundo del cómic y si no que se lo digan a autores como Geoff Johns en DC o Brian Michael Bendis en Marvel) para obviar fallos de las entregas previas de la saga o excusas poco trabajadas en lo narrativo para que los viajes temporales, o el origen de los mismos, sirvan para solucionar problemas estructurales que permitan que el relato no pierda fuerza o cohesión. Bryan Singer se sale con la suya y consigue llevar a buen puerto tan complicada empresa con un oficio digno de elogio y una emoción impropia de su impersonal y en ocasiones gélida impronta.




En X-Men: Days of Future Past tenemos el tono de crepuscularidad formal de la primera trilogía (acentuada sobre todo en la infravalorada tercera entrega a manos de Brett Ratner) gestada en el pasado decenio amalgamado con la visión retro que Matthew Vaughn insufló a X-Men: First Class y hasta algunos apuntes de las mediocres cintas protagonizadas por Lobezno, ofreciendo sus creadores un mix cinematográfico que no deja de ser un canto de cisne u homenaje a todo el recorrido de los alumnos del profesor Charles Xavier en el mundo del cine. Sustentando todo este entramado en la sabia idea de juntar los repartos de los dos espacios temporales en uno solo para crear un producto que sólo en manos de un equipo técnico formado por auténticos ineptos podría haber fracasado en el cometido de gestar una muy buena película de acción y aventuras.




Desde el prólogo en el futuro (muy deudor del Terminator y Terminator 2: El Juicio Final de James Cameron) Bryan Singer tiene muy claro cómo debe dirigir la maquinaria de su proyecto. La inclusión de personajes como Kitty Pride, Sendero de Guerra, Bishop, Hombre de Hielo, Coloso, Mancha Solar o Link (con los poderes de esta última se juega con mucha pericia dando lugar a secuencias realizadas con una técnica envidiable) en este contexto distópico sirve para poner la primera piedra de este nuevo espacio temporal que debuta en la franquicia y en el que recuperamos a los Magneto, Xavier, Lobezno y Tormenta de la primera trilogía. Cambiando al viajero en el tiempo con respecto a los cómics (en aquellos era Kitty Pride la que volvía al pasado, aquí es Lobezno el que lleva acabo tal hazaña por mediación del ya mencionado personaje de Ellen Page) para dar ese protagonismo que siempre demanda Logan en los Films de los X-Men por ser el rol favorito de los espectadores.




En ese momento Logan viaja a 1973, poco antes de que Mística intenté asesinar a Bolivar Trask (como hemos comentado previamente, en los cómics ella y los miembros de la Hermandad de Mutantes Diabólicos querían atentar contra el senador Robert Kelly que tuvo presencia en las dos primeras entregas rodadas por Bryan Singer en 2000 y 2002) creador de los Centinelas, unas enormes máquinas de matar especializadas en eliminar homo superiors (mucho mejor en pantalla cuando son estéticamente más fieles a los cómics clásicos y no tanto cuando mimetizan los poderes de los X-Men en el futuro recordando demasiado al Destructor de Thor de Kenneth Branagh) que serán las que darán pie al holocausto mutante en el que perecerán muchos de los alumnos de Charles Xavier. En este sentido se antoja un poco tosca la manera en la que se deshacen de un plumazo de muchos de los secundarios de X-Men: Primera Generación, pero sólo por la escena de la lágrima de Mísitica/Trask ya merece la pena la licencia gratuita.




El director de Superman Returns sabe jugar con el contexto temporal de su film, mostrando unos primeros años 70 llenos de confusión y terror latente en Estados Unidos (la deuda con Watchmen de Alan moore y Dave Gibbons es clara, la presencia de Richard Nixon no es gratuita) que se contraponen al tono pulp de la anterior X-Men Frist Class. Si la cinta de Matthew Vaughn era puro James Bond, esta de Bryan Singer recuerda más en tono al cine político y conspiranóico de gente como Alan J. Pakula o Joh Frankenheimer (con un uso excelente de las falsas imágenes de archivo) adscribidiéndose también,  aunque en el género de la ciencia ficción, a ese tipo de obras contemporáneas que recrean los años 70 por medio de un revisiones de calado histórico, pero siempre mirando por que impere el tono thriller como pudimos ver en largometrajes como Munich de Steven Spielberg, R.A.F: Facción del Ejército Rojo de Uli Edel, el díptico Mesrine de Jean François Richet o Carlos de Oliver Assayas.




Del reparto poco  fallo se puede destacar ya que es uno de los más potentes que ha dado el cine reciente y todo un seguro de vida para que como conjunto ofrezcan un recital memorable con sus trabajos. La veteranía de Ian McKellen y Patrick Stewart es intachable y ellos son los gurús que mueven los hilos de la historia, Hugh Jackman vuelve a dar vida a un Logan sencillamente brutal que esta vez, aún siendo el núcleo central del discurrir de la trama, toma un rol secundario que confirma que no sólo en los cómics Lobezno es un personaje que gana mucho más siendo un papel no principal. Jennifer Lawrence consigue que con su Mística casi nos olvidemos de la de Rebeca Romjin, Nicholas Hoult se mete por fin al 100% en la azulada piel de Hank McCoy, Michael Fassbender sigue siendo un sobresaliente y carismático Magneto y Peter Dinklage está adecuadísimo como Bolivar Trask, aunque como villano podía haber tenido más entidad si se hubiera optado por afirmar que su obsesión con Raven Darkholme iba más allá de lo científico adentrándose en terrenos de una enfermiza atracción física.




Pero si en X-Men: Frist Class era el Magneto de Michael Fassbender el rey de la velada, en esta ocasión es el Charles Xavier de un impresionante James McAvoy el que destaca por encima de un reparto tan ecléctico como coral. Poco importa que tenga melena y barba o que se pase gran parte del metraje caminado, el actor de El Último Rey de Escocia o La Conspiración "es" el profesor Xavier y se echa sobre los hombros casi todo el poso dramático del largometraje con un personaje torturado y de vuelta de todo que ha dejado de creer en sus sistema de valores y aquellos principios propios que abogaban por una convivencia pacífica entre mutantes y humanos. Pasajes como su primera aparición en una decadente Escuela Para Jóvenes Talentos, en el que lee su porvenir por medio de Logan (dándole la réplica con una profesionalidad exquisita Hugh Jackman al protagonista de Trance en ese instante) o cuando dialoga con su yo del futuro le sirven a McAvoy para sobresalir como el núcleo central del relato gracias también a un Bryan Singer que se muestra por fin más cercano que nunca a sus criaturas y las inquietudes psicológicas que las torturan.




X-Men: Días del Futuro Pasado es una de las mejores producciones comerciales del 2014 y como hemos mencionado previamente el largometraje más logrado y remarcable basado en personajes de cómics de lo que llevamos de temporada. Superando con su buen hacer a otras piezas como 300: El Origen de Un Imperio, Capitán América: El Soldado de Invierno o The Amazing Spider-man 2: El Poder de Electro que eran en mayor o menor medida cintas que se movían entre lo meritorio o lo muy acertado Por eso esta última entrega de la Patrulla X por un lado es un regalo para los fans (tanto a los que siguen a los personajes sólo en imagen real como a los que nos hemos criado con sus historias en papel) y por otro una cinta muy competente más allá de lo puramente lúdico, así como un trabajo que pone fin a una etapa para abrir otra (esa "apocalíptica" escena post créditos abre muchas puertas) en la que asistiremos a un nuevo comienzo.




Por el camino perdonamos aristas sin limar por el simple hecho de disfrutar de pasajes poderosísimos como el del ya mencionado prólogo, la primera aparición de Lobezno en 1973, todas las intervenciones de Mística,  (su "conversación" con Charles en el aeropuerto) el momento de Magneto y el campo de fútbol, los dos intentos de atentado contra Bolivar Trask, un ligero pero acertado humor (la naturaleza mutante de JFK, la referencia casi imperceptible al caso Watergate con lo de la grabadora en el despacho oval de Richard Nixon, las salidas chulescas de Logan), ese final tan gratuito y autocomplaciente como acertado y hasta nostálgico o la escena de lucimiento para el Mercurio de Evan Peters (con sutil y freak referencia a que Magneto es su padre, como sucede en los cómics) que es un prodigio de técnica por parte de un Bryan Singer que, esta vez sí, con su última cinta ha llevado al límite una franquicia que parecía que no podía ir más allá y que si sigue a este nivel esperemos continúe ofreciéndonos productos como el que nos ocupa.