sábado, 31 de enero de 2015

Nightcrawler, straight out of hell, one of a kind, stalking his victim, don't look behind you



Título Original Nightcrawler (2014)
Director Dan Gilroy
Guión Dan Gilroy
Actores Jake Gyllenhaal, Bill Paxton, Rene Russo, Riz Ahmed, Kevin Rahm, Ann Cusack, Eric Lange, Anne McDaniels, Kathleen York, Michael Hyatt




Debut en la dirección del productor y guionista Dan Gilroy, conocido por ser hermano del también cineasta y libretista Tony Gilroy (la saga de Jason Bourne, Michael Clayton) y escribir o financiar films como Acero Puro, de Shawn Levy, Apostando al Límite, de D.J Caruso o aquella injustamente semidesconocida obra maestra llamada The Fall: El Sueño de Alexandria a manos del hindú Tarsem Singh. Después de muchos años ayudando a otros directores a sacar adelante sus proyectos y de vender sus propios guiones a ajenos el hermano menor de Tony Gilroy debuta por fin en la realización de largometrajes con Nightcrawler, su existosa carta de presentación detrás de las cámaras que ha llamado considerablemente la atención en Estados Unidos por varios motivos que trataremos de desgranar en la siguiente reseña. El guionista de Freejack: Sin Identidad escribe y dirige esta historia protagonizada por un Jake Gyllenhaal que debió confiar bastante en el proyecto desde su gestación si tenemos en cuenta que también ejerce como productor ejecutivo del mismo ateniéndonos a lo que rezan los, por otro lado, ya logrados títulos de crédito iniciales.




Un largometraje que ha recibido un considerable número de alabanzas y reconocimientos internacionales como la nominación al Óscar al Mejo Guión Original para el propio Dan Gilroy, candidatura que a algunos ha supuesto poca recompensa si tenemos en cuenta que se esperaba la presencia de un pletórico Jake Gyllenhaal en la categoría de Mejor Actor Principal. En un primer visionado Nightcrawler puede parecer, y de hecho es, un retrato brutal del periodismo criminalista estadounidense. Programas de televisión ávidos se sangre, violencia y muerte con los que disparar sus índices de audiencia impactando a los espectadores con material audiovisual lo más gráfico y explícito posible aunque para conseguir su fin tengan que pisotear los derechos más básicos de las víctimas a las que acosan con los objetivos de sus cámaras.




Pero este contexto de sensacionalismo periodístico y televisivo es sólo una excusa por parte de Dan Gilroy para retratar la figura de un parásito, uno de los ejemplares más bajos, rastreros y por el contrario inteligentes del hombre del siglo XXI. Lou Bloom es un ladrón, un timador apocado que da la impresión de padecer los síntomas del inefable Síndrome de Asperger y que es capaz de engañar, intimidar y hasta amenazar física o psicológicamente al prójimo sin levantar el tono de su voz. La delgadísima, casi la de insecto, presencia de un contenidísimo pero visceral Jake Gyllenhaal de mirada plácidamente psicótica hace el resto para dar forma al retrato de este estadounidense tipo, devorado por el deseo de éxito y reconocimiento, ese por el cual será capaz de cometer actos criminales que le ayuden a llevar a buen puerto tan difícil empresa, sin importar los medios empleados para ello. Un ratero venido a menos metido en trapicheos de medio pelo que ve el cielo abierto cuando descubre lo sencillo que es convertirse en un periodista freelance de sucesos criminales y sacar con ello sustanciosas sumas de dinero al vender el material audiovisual a las cadenas de televisión de la ciudad de Los Ángeles que saben cómo vender sus productos de cara a la audiencia. Un individuo que graba el sufrimiento ajeno para producir más del mismo de cara a las personas que ven dichos programas catódicos confirmándose como un ciudadano despreciable que disfruta con crear y capturar los peores momentos de la vida de sus semejantes.




En cuanto a la dirección, puesta en escena y tono Dan Gilroy parece querer crear un mestizaje entre Crash de David Cronenberg (soberbia cinta del cineasta canadiense nacida de la inolvidable novela homónima del escritor birtánico James G. Ballard) con esa delectación con la que rueda a las vehículos siniestrados y los cadáveres en plena carretera o las reacciones casi orgásmicas de una magnífica y sutilmente sensual Rene Russo (veterana actriz que es también la esposa del guionista y director de la obra que nos ocupa) al ver los truculentos vídeos grabados por el protagonista, y Drive de Nicholas Winding Refn, con esas nocturnas calles angelinas bañadas en luces de neón y laconismo formal o las persecuciones autmovilísticas que pueblan gran parte del metraje, imágenes todas ellas acariciadas por la inspirada partitura del compositor James Newton Howard. A Dan Gilroy se le nota el gusto por el cine de David Lynch o Michael Mann y trata de extrapolar dichas predilecciones cinematográficas a su impronta o discurso realizando un trabajo técnicamente perfecto sustentado en un guión bien ensamblado que incluso cuando decide entregase un poco a la caricatura y el exceso en su recta final no pierde veracidad aunque se vea todo el conjunto de la obra rodeado por un halo de extraño onirismo cuyo epicentro es el personaje principal que será nuestro antipático pero atrayente anfitrión.




Lo único que se le puede echar en cara al guionista de El Legado de Bourne es que la asepsia formal con la que aborda sus personajes, ese halito de nihilismo al que habría que sumar la escasa empatía con prácticamente todos los personajes (exceptuando el Rich de un muy cercano Riz Ahmed, todo un recital el de este actor al que hemos visto en Oro Negro, Camino a Guantánamo o Centurión y que se marca un soberbio tour de force con el protagonista de Donnie Darko) impide una implicación sólida entre emisor y receptor, director y espectador, aunque puede que el cineasta y escritor no buscara dicha relación de reciprocidad con la platea. Salvo esta pequeña mácula poco más se le puede achacar a un interesante y desolador proyecto como Nightcrawler, el terrible y sórdido retrato de un despojo humano que nos propone un guionista reconvertido en director al que convendrá seguir de cerca. Para no olvidar pasajes de una fuerza más que considerable como la narración por parte del personaje de Nina a los presentadores de informativos para amedrentar y quebrar la voluntad de unos espectadores que por este uso mediático del miedo apenas reparan en la violación de la privacidad a la que han sido sometidas las víctimas del asesinato en el adosado o los momentos en que este cronista del caos y la muerte comienza a implicarse demasiado en un trabajo tan execrable y podrido que sólo podría triunfar en una sociedad como la nuestra en la que realities shows e informativos sectarios son capaces de adormecer nuestra consciencias ofreciendo pan y circo, lo único que parece que necesitamos para seguir adelante en una existencia de vacío vital y e ideológico en pleno siglo XXI.


jueves, 29 de enero de 2015

Babadook



Título Original Babadook (2014)
Director Jennifer Kent
Guión Jennifer Kent
Actores Essie Davis, Noah Wiseman, Daniel Henshall, Hayley McElhinney, Barbara West, Ben Winspear, Tiffany Lyndall-Knight, Tim Purcell, Benjamin Winspear, Cathy Adamek, Carmel Johnson, Adam Morgan, Craig Behenna, Michael Gilmour, Michelle Nightingale, Stephen Sheehan




Babadook, supone el debut en la dirección de la cineasta australiana Jennifer Kent, que también se ocupa de la escritura del guión. Basada en un cortometraje de su propiedad llamado Monster y estrenado en 2005 el largometraje que nos ocupa ha supuesto uno de los sleepers más sonados del pasado año. Ganando varios premios internacionales, entre ellos el especial del jurado y el de mejor actriz del último festival de cine fantástico y de terror de Sitges, la obra ha sido alabada considerablemente por la crítica, aunque no tanto por el público. Hasta William Friedkin, director de El Exorcista, ha dicho de ella que es la película más aterradora que ha visto en su vida, declaraciones un tanto exageradas por su parte.




Porque una vez vista un servidor puede afirmar de manera más o menos rotunda que el resultado no es ni tanto, ni tan poco, ya que Babadook no es ni la obra maestra que se apresuraron a bautizar algunos ni el engendro insalvable que aseguraron otros cuantos. La película de Jennifer Kent está llena de meritorios hallazgos y aciertos que se ven ensombrecidos por su recta final en la que la máquina se desboca en algunos pasajes y sobre todo por la intención de la cineasta por hacer prevalecer el fondo de su propuesta sobre la forma de la misma, algo que se acentúa considerablemente en la ya mencionada media hora final del metraje de la cinta.




Vaya por delante que Babadook es un homenaje confeso al maestro del terror italiano Mario Bava y no sólo porque en un momento del metraje aparezca en la televisión de la casa donde se desarrolla la historia del film una de sus grandes obras maestras como es Las Tres Caras del Terror, sino porque la trama en la que la supuesta presencia del espíritu de un familiar muerto se hace fuerte en un inmueble habitado por dos personas evidencia de una manera bastante clara que la obra que nos ocupa es un tributo o revisión encubierta de la reivindicable, aunque algo dispersa, Shock, una de las últimas obras del ya mencionado autor de films como Semáforo Rojo o La Máscara del Demonio con Daria Nicolodi y John Steiner.




Esa puesta en escena, la atmósfera malsana casi palpable en la que la presencia de una criatura de reminiscencias infantiles y tribales amenaza a una madre y su pobre hijo que todavía no superan la muerte en accidente automovilístico del cabeza de familia seis años antes son los apartados en los que la ópera prima de Jennifer Kent se hace fuerte. Planos fijos que aventuran la presencia de una figura en segundo plano, un soberbio uso de los efectos de sonido (esa voz pronunciando el nombre del monstruo protagonista que se queda grabada en el oído y la mente) en las antípodas de esas producciones que los usan para dar gratuitos golpes de banda sonora con los que asustar a la platea y una delectación enfermiza con los decorados y la profundidad de campo son los que dan pie a que haya momentos en el film que lleguen a helar la sangre.




También sería de recibo destacar la enorme labor de los dos actores principales interpretados por Essie Davis y el debutante Noah Weiseman. Ella se entrega lo indecible para arrancarse de las entrañas una interpretación que resulta brillante en casi todo momento y sólo renqueando a la hora de abordarla cuando se ofrece un poco a la sobreactuación en el clímax final. Él nos hace pasar del rechazo que causa su supuestamente caprichoso comportamiento durante la primera hora de metraje a la complicidad y compasión cuando vamos descubriendo poco a poco su personalidad cándida y generosa con respecto a su progenitora. Ellos llevan casi todo el peso de la trama y su interacción física y psicológica apuntala con fuerza la estructura del relato.




Pero Jennifer Kent comete el pecado de apresurar un clímax final en el que se alternan los momentos ridículos con los que podrían considerarse los mejores de toda la película. Desde el momento en el que el personaje de Amelia "cambia" las escenas físicas llegan a mostrarse tan atropelladas como mal ejecutadas y mientras la presencia de Badabook como mórbida sombra que sobrevuela todas y cada una las habitaciones del hogar cada vez es más potente, los actos llevados a cabo por la protagonista son más cuestionables y en ocasiones estúpidos por mucho que hayan sido previamente profetizados de cara al espectador. Aunque toda esta acumulación de sinsentidos tiene un fin, noble y con muy buenas intenciones, pero con un resultado cuestionable.





Independientemente de sus referentes estilísticos y formales (desde Twin Peaks: Fuego Camina Conmigo, de David Lynch hasta Anticristo, de Lars Von Trier pasando por El Ente de Sidney J, Furie) Babadook es una metáfora de los estragos que la perdida de un ser querido puede producir en sus allegados. Por medio de la simbología Jennifer Kent quiere crear un paralelismo entre los efectos de una grave depresión (compartida por madre e hijo, pero de manera más visceral en la primera) y la temática sobrenatural de la obra, como si la presencia del mismo monstruo sea un representación retorcida y violenta del recuerdo del padre de la familia cuya muerte violenta se refleja en el rechazo que Amelia siente por su hijo Samuel, al que culpa del siniestro, y que está tan bien expuesta en los primeros compases de la obra. Pero esa intención porque todo el conjunto esté cargado e un tono alegórico que forme un todo es la que lastra el remate final que por mucho que simbolice que el recuerdo del padre de familia nunca abandonará a los protagonistas formalmente puede llegar incluso a indignar a distinto tipo de espectador.




Babadook es una obra con muy buenas intenciones y resultados tan meritorios como en cierta manera insuficientes. A Jennifer Kent le podemos aventurar un futuro prometedor como directora, narradora cinematográfica y creadora de atmósferas impías y desasogantes, pero como guionista tendrá que depurar algo más sus libretos para conseguir afianzar la cohesión de la que adolece una obra como su debut detrás de las cámaras. Como producto interesante para pasar un rato de incomodidad sustentada en algunas escenas que ciertamente hacen al espectador retorcerse en la butaca Babadook merece la pena e incluso su debilidad, querer anteponer su mensaje a su estética, puede ofrecernos pasajes interesantes y personajes identificables, pero como conjunto su irregularidad eclipsa bastantes de sus triunfos confirmándola como una buena entrega de género de terror pero una no del todo conseguida obra cinematográfica.



martes, 13 de enero de 2015

Musarañas



Título Original Musarañas (2014)
Director Juanfer Andrés y Esteban Roel
Guión Sofia Cuenca y Juanfer Andrés
Actores Macarena Gómez, Nadia de Santiago, Hugo Silva, Luis Tosar, Gracia Olayo, Lucía González, Carolina Bang, Silvia Alonso, Asier Etxeandia, Josean Pérez





El célebre cineasta bilbaino Álex de la Iglesia (El Día de la Bestia, Balada Triste de Trompeta) apadrina el debut en la dirección cinematográfica del dúo de realizadores Juanfer Andrés y Esteban Roel con Musarañas, la última gran película española de un 2014 que se ha confirmado como uno de los mejores años para el celuloide patrio con éxitos rotundos como el imparable fenómeno social de Ocho Apellidos Vascos de Emilio Martínez Lázaro, la intachable La Isla Mínima de Alberto Rodríguez, la complaciente pero muy entretenida y digna [REC·]⁴ de Jaume Balaguero y aquella El Niño a manos de Daniel Monzón que un servidor todavía no ha tenido el gusto de ver.




De esta producción se ha destacado sobre todo, y con motivo, la enorme labor de la actriz cordobesa Macarena Gómez que le ha valido varios premios internacionales y una nominación al Goya a la Mejor Actriz de la gala de los premios homónimos que se celebrará en el mes de Febrero. Cierto es que la intérprete de la exitosa serie La Que Se Avecina realiza el mejor papel de su carrera con su protagonista de Musarañas, pero sería injusto que no se nombraran otros muchos aciertos de la obra que como su cuidado guión, su milimétrica dirección o la labor de un escueto pero profesional grupo secundarios en estado de gracia que están a la altura de una superlativa actriz principal dándole la réplica de manera sobresaliente.




Como si de una mezcla entre la novela La Casa de Bernarda Alba de Federico García Lorca y aquella malditísima El Extraño Viaje dirigida por un Fernando Fernán Gómez pletórico detrás de la cámara y con bastantes apuntes de Misery de Stephen King , La Tía Tula de Miguel de Unamuno o la "trilogía del apartamento" de Roman Polanski, Musarañas localiza su historia en un indeterminado pueblo de provincias de la España de posguerra en el que dos hermanas viven juntas en la casa familiar después de la muerte da la madre y la supuesta marcha del padre. Entre las paredes de aquel hogar las dos muchachas dan forma a una relación tóxica regida por el severo y ultrareligioso carácter de la mayor de ellas que impone, a veces incluso por medio de la violencia, a la pequeña




La España de principios de los 50 que muestra Musarañas está condensada en el pequeño microcosmos que supone la casa en la que habitan las dos protagonistas, ya que el edificio en el que esta se encuentra es la única localización que tendremos a lo largo de todo el film, Un hogar en el que la ignorancia, el oscurantismo, los secretos escondidos entre las paredes y el miedo se dan la mano para retratar un país asilado del mundo, ténebre, hermético y lleno de esqueletos en los armarios. Este contexto le sirve a los cineastas y a su co guionista Sofía Cuenca para dar forma a un relato que tiene más de cinta de terror que de drama de la posguerra, con momentos apuntalados por una tensión que se pueden cortar con tijeras.




Aunque depositan gran parte de la responsabilidad del conjunto de la obra en los actores, Juanfer Andres y Esteban Roel saben crear una atmósfera seca y cortante en la que la claustrofobia se convierte en la reina de la velada. Ese edificio intimidante, hasta cuando la luz del sol entra por sus ventanas, tiene algo de maldito, como si el tiempo se hubiera detenido entre esas habitaciones y pasillos. La presencia de iconografía religiosa amenazante nos remite a Luis Buñuel (también es fácil pensar a lo largo del metraje en obras del de Calanda como Tristana o Viridiana) la aridez formal de algunos de los pasajes al Carlos Saura más doliente y el conjunto no deja de ser una puesta al día de obras capitales del cine de la transición española como Furtivos de José Luis Borau y su descarnada crudeza formal y conceptual.




Pero no neguemos que la actriz de Dagon: La Secta del Mar o Carne de Neón es la piedra angular sobre la que gira toda una obra como Musarañas. No sólo la composición de la intérprete cordobesa está llena de matices y contención, también es de un mérito mastodóntico que con su cuerpo menudo sea capaz de convencer a la platea de que puede ser una persona brutalmente intimidante tanto en el plano psicológico como en el físico. Con una labor que recuerda a trabajos de otras actrices expertas en retratar a personas de la España profunda como Lola Gaos o Terele Pávez, Macarena Gómez ofrece un recital impagable que no se entrega al exceso ni si quiera en la recta final del largometraje cuando el guión y los directores deciden exagerar un poco los hechos que acontecen en la media hora final del producto y que recuerda en parte al trazo de Álex de la Iglesia, como recordamos, productor del film.



Nadia de Santiago le da la réplica a la protagonista con su habitual profesionalidad. La joven actriz de Alatriste o Las 13 Rosas destila naturalidad por todos los poros de su piel y llena la pantalla con su mezcla de candidez y prematura sensualidad, siendo el receptor de esta ultima un Hugo Silva que mantiene muy bien la compostura con el papel más estereotipado de la obra, pero que el madrileño llena de verismo aunque pasa la mayor parte de su intervención en la película tumbado en una cama. Pero si hay un actor (y personaje) que le puede hablar de tú a tú al de Macarena Gómez es el del padre interpretado por un Luis Tosar haciendo lo habitual en él, devorar cada encuadre en el que participa confirmándose como uno de los mejores profesionales de la interpretación a nivel mundial.




Musarañas nos descubre a dos prometedores realizadores, muy capaces con la estructuración de la narración, meticulosos con la puesta en escena y excelentes con la dirección de unos actores a los que, por otro lado, pocas indicaciones les pueden dar para decirles cómo deben hacer un trabajo en el que son expertos confirmados. La ópera prima de Juanfer Andrés y Esteban Roel retrata una España que vivía de espaldas al progreso y el resto del mundo, una tierra regada en sangre de hermanos que se enfrentaron en una guerra fratricida y estúpida que dejó como legado unos hijos criados en el desarraigo y la austeridad más siniestra. Una obra que puede considerarse el soberbio y siniestro broche de oro final un año que ha confirmado que aquellos que dicen que aquí no se hace buen cine cada vez están más equivocados con sus apreciaciones.



jueves, 18 de diciembre de 2014

El Hobbit: La Batalla de los Cinco Ejércitos



Título Original The Hobbit: The Battle of the Five Armies (2014)
Director Peter Jackson
Guión Philippa Boyens, Peter Jackson, Fran Walsh, Guillermo del Toro basado en el libro de J.R.R. Tolkien
Actores Martin Freeman, Ian McKellen, Richard Armitage, Luke Evans, James Nesbitt, Aidan Turner, Evangeline Lilly, Ken Stott, Graham McTavish, Jed Brophy, Stephen Hunter, John Callen, Adam Brown, Dean O'Gorman, William Kircher, Peter Hambleton, Mark Hadlow, Cate Blanchett, Lee Pace, Orlando Bloom, Hugo Weaving, Billy Connolly, Christopher Lee, Stephen Fry, Ryan Gage, Ian Holm, Sylvester McCoy, Manu Bennett




El director neozelandes Peter Jackson pone con El Hobbit: La Batalla de los Cinco Ejércitos final a la segunda trilogía cinematográfica salida de su mano para trasladar la palabra del escritor J.R.R Tolkien a imagen real. La primera, que adaptaba las tres novelas que formaban El Señor de los Anillos, fueron un éxito arrollador de crítica y público que se llevó a casa 17 Oscars en total. Esta nueva saga de también tres entregas que abarcan la primera novela del autor del Silmarilion no ha sido recibida con tanta unanimidad por culpa de las malas decisiones que el cineasta de Mal Gusto tomó para extrapolarla a la pantalla grande, como alargar lo indecible pasajes que eran breves en el libro, inventarse otros protagonizados por personajes innecesarios o ser en cierta manera infiel tanto conceptualmente como en tono a aquellas poco más de 300 páginas.




Pero al igual que sucedía con El Hobbit: Un Viaje Inesperado y El Hobbit: La Desolación de Smaug Peter Jackson sabe qué teclas tiene que tocar para que nos derritamos como fans de la franquicia y así pasemos por alto el afán sacacuartos tanto de él mismo como de las cabezas pensantes de las distintas productoras (Warner Bros, Metro Goldwyn Mayer, New Line Cinema) que se encuentran detrás de la gestación de esta nueva serie de tres largometrajes. Por cada infidelidad, interminable pasaje o inservible relación interpersonal entre roles secundarios, nos regala momentos de mastodóntica épica, celuloide dinámico con muy buen gusto y unas batallas multitudinarias que se revelan como lo mejor de la velada




El Hobbit: La Batalla de los Cinco Ejércitos (la película anteriormente conocida con el título mucho menos impactante de El Hobbit: Partida y Regreso) sigue la tónica de su predecesora, o lo que es lo mismo, hiperbolizar todos los fallos y aciertos de la primera entrega estrenada el año 2012. La historia comienza justamente donde acababa la anterior cinta con un Samug desatado y enfurecido dispuesto a arrasar la Ciudad del Lago. Este prólogo soberbio, de lo mejor del film, parece que Peter Jackson quiere quitárselo pronto de en medio, privándonos de más minutos de metraje del enorme e intimidante dragón en pantalla, para pasar a un desarrollo de la trama en el que el autor de Braindead cae de nuevo y con más descaro que nunca en el mayor fallo que arrastra esta nueva trilogía cinematográfica relacionada con los personajes de J.R.R. Tolkien.




Después de ese brutal pasaje con Smaug como núcleo central de la historia el Peter Jackson más rastrero sale a la luz. Ese que con tal de satisfacer a los fans de la saga cinematográfica a la que él dio inicio hace doce años es capaz de adulterar de manera vergonzante el libro que está adaptando. El neozelandes lleva hasta el extremo su intención por alargar pasajes de manera innecesaria o por añadir otros que nunca tuvieron lugar en el libro de 1937 y con ello justifica la inclusión de personajes que poco o nada pintan en la película como Saruman, Galadriel, Elrond o el mismo Légolas, que a partir de la segunda cinta copa un protagonismo que Jackson y sus guionistas se han sacado de la manga y al que han puesto como complemento el rol de Tauriel que, una vez más, está metido con calzador y forma parte del en casi todos momentos insufrible romance con el enano Kili.




Antes de llegar a todo el caldo de cultivo que da pie a la batalla que da título al largometraje Jackson nos hace tragar morralla, pasajes de relleno que o bien se inventa él mismo o toma prestados de distintos escritos del universo tolkieniano, Como sucede en las dos anteriores entregas la cinta flaquea cuando se centra en esos añadidos caprichosos que sólo consiguen abultar innecesariamente un metraje que a todas luces podía haber sido mucho más efectivo sin tanta duración, aunque sería de necios afirmar que el film se hace aburrido, algo que no sucede en ninguno de los 144 minutos (es la película más corta de esta nueva trilogía) que dura el viaje. Y por otro lado el film ofrece lo mejor de sí mismo cuando adapta con una fidelidad encomiable las páginas que si dieron forma a la novela que sirve como base argumental de la obra cinematográfica.




Una vez más Peter Jackson amalgama el tono de aventura ligera de la novela El Hobbit con la epicidad extrema que insufló a la anterior trilogía cinematográfica, siendo así algo infiel (aunque no más de lo que lo fue con las dos entregas previas a esta) al tono de la primera novela de J.R.R. Tolkien. Esta mezcolanza no siempre se muestra compacta en pantalla y se revela en ocasiones bastante descompensada, pero el director de Criaturas Celestiales ya conoce el imaginario tolkieniano como la palma de su mano y sabe qué resortes debe tocar para que su film se revele como un canto de amor hacia la Tierra Media sustentado en las bases del mejor cine comercial que pueda ofrecernos el celulodie actual. El resultado deja considerablemente satisfecho a la mayoría de espectadores aún dejando notar varios fallos irritantes a lo largo del metraje.




Y algunos de ellos parecen indignos de la profesionalidad y las tablas que el cineasta neozelandes lleva a sus espaldas a estas alturas. Como la ya mencionada innecesaria historia de amor de Tauriel y Kili que desemboca en triángulo emocional con la presencia de un Légolas en modo pagafantas, el poco metraje de la mayoría de enanos que habían tenido momentos más destacados en los dos films previos, el peso que se da a secundarios estúpidos e intragables como el Alfrid de Ryan Algig (insoportable rol de relleno pretendidamente cómico y que no pasa de cliché andante) y el que se le resta al Bilbo Bolson de un esforzado Martin Freeman que si en Un Viaje Inesperado o La Desolación de Smaug parecía un secundario más, aquí es casi un personaje anecdótico si no contamos las puntuales escenas en las que cobra le importancia que merece y sí tenía en todo momento en el libro original.




Pero por otro lado, y como ya hemos aventurado previamente, Peter Jackson sabe lo que hace y en El Hobbit: La Batalla de los Cincon Ejércitos echa toda la carne en el asador. Gracias a su habitual puesta en escena y a su conocimiento del universo de la Tierra Media se permite rematar esta trilogía con algunos de los mejores pasajes de los tres largometrajes. Desde el ya mencionado prólogo con Smaug el Terrible copando todo el protagonismo junto al impagable Bardo de Luke Evans hasta el viaje a la locura de un sobresaliente (aunque algo desdibujado) Richard Armitage en la piel de Thorin Escudo de Roble o la recta final de la película con todo lo referido a la batalla de los cinco ejércitos y su previa gestación en la que el director ofrece algunos de los momentos más vibrantes, épicos y sólidos de toda su carrera con ese descomunal enfrentamiento entre enanos, orcos y elfos que no sólo es un dechado de técnica cinematográfica sino que también adapta con pericia inquebrantable dicha etapa de la novela original.




Con esta última entrega Peter Jackson pone punto ¿y final? a esa incursión en la obra literaria de J.R.R. Tolkien que tantas satisfacciones le ha dado. Evidentemente como trilogía queda muy lejos de la de El Señor de los Anillos y su vergonzoso alargamiento se debe únicamente a las intenciones económicas de su creador, qué paradójicamente se ve muy bien reflejado a sí mismo en el film con ese Thorin Escudo de Roble que se ve devorado por la avaricia por culpa del "mal del dragón" que hereda de Smaug. Pero al igual que sus predecesoras El Hobbit: La Batalla de los Cinco Ejércitos es heredera del mejor cine clásico de aventuras, una muestra del celulolide comercial del siglo XXI más disfrutable y competente, una obra que dignifica con su sola presencia las carteleras de todo el mundo. Porque como adaptación de la novela El Hobbit podemos cuestinarla desde varios puntos de vista, pero como pieza de evasión para todos los públicos pocas deficiencias podremos destacarle.



miércoles, 10 de diciembre de 2014

Mortadelo y Filemón Contra Jimmy el Cachondo



Título Original Mortadelo y Filemón Contra Jimmy el Cachondo (2014)
Director Javier Fesser
Guión Cristóbal Ruiz, Claro García y Javier Fesser basado en los cómics de Francisco Ibáñez





Una carrera en viñetas de más de 55 años de edad abalan a Mortadelo y Filemón, los personajes creados por Francisco Ibáñez entre las paredes de la mítica editorial española Bruguera. Adaptaciones a distintos países en los que el éxito de los tebeos es un hecho desde hace décadas y la traslación a distintos medios catódicos o cinematográficos tanto en animación (dos series de tv, la mítica de Estudios Vara de los 60 y la de BRB Internacional y Antena 3 en los 90) como imagen real han extendido el legado de estos dos entrañablemente torpes agentes secretos de la T.I.A (Técnicos de Investigación Aeroterráquea) que en pleno 2014 siguen dando guerra en viñetas aunque con sus años dorados bastante alejados en el tiempo.




En 2003 un Javier Fesser que venía de ejecutar una de las comedias más memorables, atípicas y entrañables del cine patrio contemporáneo con El Milagro de P. Tinto llevó a la pantalla grande la primera película de imagen real protagonizada por los personajes de Francisco Ibáñez con un más que considerable éxito. La Gran Aventura de Mortadelo y Filemón tenía muchos aciertos en su haber, como un casting (encabezado por un pletórico Benito Pocino que sencillamente "era" Mortadelo) elegido con escuadra y cartabón y una estética muy deudora de los cómics. Pero adolecía de un desarrollo y trasfondo que no conseguía captar la verdadera esencia de los tebeos cuyo devenir se estancaba cuando al quinto o sexto golpe de cachiporra o tapa de alcantarilla todo era entregarse a una agotadora redundancia, técnica y artísticamente brillante, pero agotadora al fin y al cabo.




Cinco años después el director Miguel Bardem (La Mujer Más Fea del Mundo, Noche de Reyes, Incautos) tomó el relevo de Javier Fesser y rodó la secuela Mortadelo y Filemón: Misión Salvar la Tierra, en el que repetía el mismo reparto, exceptuando el catalán Benito Pocino, que por diferencias con los productores abandonó el proyecto asumiendo su rol de Mortadelo el cómico Edu Soto. Un servidor nunca llegó a ver esta segunda parte, pero si es cierto que aunque funcionó bien en taquilla recibió ataques más o menos enconados tanto de la crítica como del público o los fans de los personajes, que la pusieron de vuelta y media en su época de estreno. Pero no sería esa la última traslación de las correrías de las más célebres creaciones de Francisco Ibáñez y eso nos lleva al actual 2014.




Unos años después del éxitoso paréntesis que supuso la realización de la intensa, valiente y polémica Camino, basada en los últimos días de vida de la canonizada niña Alexia Gonzalez-Barros cuya familia pertenecía a la institución religiosa Opus Dei, Javier Fesser decidió volver a los personajes que había llevado a imagen real en 2003 rodando así el tercer largometraje protagonizado por Mortadelo y Filemon. La novedad en esta ocasión es que el director madrileño tomó la sabia decisión de realizar esta nueva secuela en animación en 3D, localizando la historia en un formato  mucho más cercano y fiel a las viñetas primigenias en las que han ido desfilando los dos agentes secretos y sus secundarios desde hace casi 60 años.




Mortadelo y Filemón Contra Jimmy el Cachondo no sólo recupera al Javier Fesser más festivo y coherentemente alocado desde su ya lejana ópera prima, también es la adaptación (casi) perfecta de los personajes de Ibáñez a imagen real. Fesser ha tomado nota de los fallos de su primera incursión en el universo de los tebeos del autor de Pepe Gotera y Otilio o Chicha, Tato y Clodoveo y ha conseguido por fin llevar las viñetas a imagen en movimiento no sólo emulando fidedignamente la obra de Ibáñez en el plano estilístico, también trasladando gran parte del espíritu de la obra a la pantalla de cine  y con mucho más mérito si tenemos en cuenta que el guión escrito a seis manos no se refleja de manera directa en ninguna de las historietas clásicas o modernas de Mortadelo y Filemón, aunque toma de detalles de muchas de las más reconocibles para los lectores habituales.




La última obra de Javier Fesser es una fiesta cinematografica para todos los púbicos que se sumerge totalmente en los guiones y dibujos de Francisco Ibáñez desde ese arranque con el travelling a ras de suelo con el que seguimos el recorrido de la oronda Ofelia hasta la oficina del Super Intendente Vicente. En esos pocos segundos el director de Camino comienza a desplegar su puesta en escena incluyendo en cascada y sesión continua incontables referencias al universo de Mortadelo y Filemón y aunque la excesivamente alargada escena de arranque nos desconcierte de alguna manera en todo momento podemos ver a esos personajes que ya estaban ahí cuando muchos de nosotros todavía o habíamos nacido. Porque de manera inteligente Fesser no reniega de lo que ya hizo hace once años, pero sí lo depura para acercarlo más a su origen en papel.




Aquella estética slapstick de incontrolable imaginería visual de La Gran Aventura de Mortadelo y Filemón encuentra aquí la horma de su zapato con la animación en 3D. Personajes como los protagonistas, el Super, Ofelia, el profesor Bacterio, Rompetechos (aquí liberado de su estúpida filicion franquista del largometraje de 2003) o Irma son trasladados con un milimétrico respeto a la pantalla grande y sus correrías tienen lugar en edificios o calles llenas de colillas de cigarro, jocosos carteles publicitarios o secundarios de relleno tales como policías bigotudos, ciegos (con divertido perro lazarillo) caídos en desgracia, ancianas duras de oido, pero todo ello sin recurrir los guionistas y el director únicamente en la blanca violencia física a base de continuos golpes (aunque también apelan a ella, es su obligación) porque en esta ocasión Fesser ha sabido captar el tono de locura de las viñetas sin eludir su tono de disparate continuo previsible en lo argumental pero adictivo en lo conceptual.




Dentro de este espídico caos controlado, que recuerda al de  Las aventuras de Tintín: El Secreto del Unicornio de Steven Spielberg y Peter Jackson, Javier Fesser tiene tiempo también para marcar a fuego su sello autoral con incontables referencias no ya sólo a su primera incursión en el universo de los personajes de Ibáñez sino también a su ya mencionada ópera prima El Milagro de P. Tinto, sus descacharrantes cortometrajes Aquel Ritmillo o El Sedcleto de la Tlompeta o la serie online Javi y Lucy con el humor físico deudor de Tex Avery, la música española casposa de la primera mitad del siglo XX, el imperante tono naif o sus sempiternas bombonas de butano que tienen aquí también su momento de gloria durante el clímax final del largometraje.




Repasando los pasajes para el recuerdo tenemos toda la parodia del reality show Gen Hermano (con impagable referencia al Golpe de Estado del 23 de febrero de 1981) el arranque con homenaje a las buddie movies americanas (acierto mayúsculo el uso de la voz de Ramón Langa) todas y cada una de las visitas al piso que comparten los dos agentes secretos, los cambios de humor de aquellos a los que se les inyecta la fórmula inventada por el profesor Bacterio o el clímax final en el que la locura se vuelve desbordante pero nunca cansina o reiteraiva. Apunte muy positivo para el doblaje de los personajes encabezado por el de los dos protagonistas con la voz de un pletórico Karra Elejalde en la piel de Mortadelo y Janfri Topera (actor que curiosamente dio vida al profesor Bacterio en las dos versiones en imagen real) del sufrido Filemón,




En resumidas cuentas Mortadelo y Filemón Contra Jimmy el Cachondo es en el plano estético la posiblemente película animada en 3D más lograda de nuestro celuloide, una adaptación ejemplar de los personajes de Francisco Ibáñez y una obra cinematográfica que sin llegar a la excelencia (le restan algunos puntos fallos como el poco peso del personaje de Jimmy que es eclipsado, en todos los sentidos, por el impagable Tronchamulas o el a veces caótico devenir de su trama, seguramente buscado por los autores de la obra)  se revela como una de las producciones españolas más interesantes del 2014, una que pueden disfrutar tanto grandes como pequeños y sobre todo los que nos criamos con un tebeo de los agentes más aguerridos de la T.I.A en las manos gracias a las malas artes de padres, hermanos o kioskeros de confianza.


domingo, 30 de noviembre de 2014

Crítica de [·REC]⁴ y repaso a la saga vírica de Jaume Balagueró y Paco Plaza



Título Original [·REC]⁴ 2014
Director Jaume Balagueró
Guión Manu Díez y Jaume Balagueró
Actores Manuela Velasco, Héctor Colomé, Mariano Venancio, Críspulo Cabezas, Paco Manzanedo, Emilio Buale, Ismael Fritschi, María Alfonsa Rosso, Carlos Zabala, Khaled Kouka, Paco Obregón, Javier Laorden, Cristian Aquino


Cuarta y posiblemente definitiva entrega (al menos con sus principales artífices implicados en la gestación de los distintos largometrajes, como se dijo en su momento) de la saga [·REC] de la que no vamos a dar más apuntes en este apartado, ya que detrás de la crítica que nos ocupa hablaremos de ella en profundidad. Después de las dos primeras entregas rodadas a cuatro manos por Jaume Balagueró y Paco Plaza, estos realizadores y las cabezas pensantes de la productora española Filmax, con Julio Fernández a los mandos, decidieron realizar otras dos partes que serían rodadas por ambos cineastas, pero esta vez en solitario. Plaza gestaría [·REC]³: Génesis (que llegó a las carteleras en 2012) y Balagueró lo haría con [·REC]⁴ : Apocalipsis (subtítulo este último que ha perdido para su estreno o eso al menos parece por la ausencia del mismo en los carteles oficiales). Como comentamos, hace dos años pudimos ver la autoparódica, brutal y cómica cinta del autor valenciano y este 2014 lo hacemos con la última entrega a manos del director de Los Sin Nombre o Mientras Duermes.




[·REC]⁴ es la entrega más convencional de la saga, la más tradicional cinematográficamente hablando, ya que aquí el producto se aleja del todo del formato de falso documental en el que se sustentaron las dos primeras entregas y el prólogo de la tercera, tras el cual se eliminaba dicha técnica con mucha sorna metareferencial. Jaume Balagueró es totalmente fiel en esencia a la franquicia (como lo era también Paco Plaza con su película en solitario) pero a diferencia de su compañero de armas en [·REC]³: Génesis no arriesga practicamente nada y va a lo seguro. Pero esto no es óbice para afirmar que [·REC]⁴ es una mala película, ni siquiera fallida, porque el autor catalán respeta (casi) todos las teorías, especulaciones y resoluciones argumentales de la saga desde que diera sus primeros pasos en 2007.




[·REC]⁴ tiene lugar inmediatamente después de los hechos acaecidos en la segunda parte de la franquicia, lo último que allí vimos fue a la Niña Medeiros pasando el parásito vírico y demoniaco que contenía en su interior al personaje de Ángela Vidal, convirtiendo a la presentadora del programa Mientras Usted Duerme en la portadora de dicha criatura sobrenatural. Después de que un segundo grupo de los Geos (recordemos que los miembros del primero sufrieron un destino fatídico) la rescatara del infame bloque de edificios barcelonés esta y los miembros del grupo de asalto son aislados en un barco en cuarentena que también contiene en su interior a otros supuestos infectados por el virus. Este es el tablero de juego en el que Jaume Balagueró debe moverse y a fe del que suscribe que lo consigue con una pericia intachable. Aunque perdemos el formato mockumentary y el factor sorpresa del primer film, el director está a la altura en el plano técnico apelando a su estética nerviosa en la realización y a un ritmo frenético en el que los sustos habituales de la saga son sustituidos por pasajes de una tensión acerada y firme que mantiene al espectador siempre atento de lo que acontece en pantalla, ya sea para intentar dilucidar cuál será el fin de los personajes o para lograr montar el puzzle del que desde hace siete años sus creadores han ido ofreciéndonos piezas y que en esta ocasión es resuelto casi en su totalidad.




Aunque podríamos afirmar que [·REC]⁴ es la cinta más impersonal del Jaume Balagueró autor, sí es cierto que contiene en su interior referencias, homenajes e incluso parodias a muchos de los directores que influyeron en su propia impronta o que marcaron en cierta manera su vida como cinéfilo. Por ello es lógico volver a ver ecos del David cronenberg de Vinieron Dentro de… en el pasaje en el que podemos ver el movimiento del paráisto diabólico en el estómago del personaje de Ángela o más de un apunte directo al Peter Jackson de Braindead como esos monos infectados o la escena del motor de lancha descuartizando poseídos. Porque si bien esta cuarta entrega no posee el humor hilarante de su predecesora sí incluye algunos apuntes de sorna que, funcionando unas veces y otras no, consigue aligerar un poco la tensión de la historia por medio de ciertos momentos grandguiñolescos propios de la primera etapa del famoso realizador neozelandes.




Pero el tono imperante en la última cinta de Jaume Balagueró es el de un thriller de terror adscrito al subgénero de epdiemias y contagios con ambiente castrense y claustrofóbico, a lo Das Boot de Wolfgang Petersen, algunos apuntes metareferenciales (personajes de esta entrega viendo el vídeo que capturó los hechos acontecidos en el famoso bloque barcelonés, es decir, la primera película de 2007), aunque dejando demasiado de lado ese acertado tono teológico y satánico que habían introducido él y Paco Plaza en la segunda parte (y del que se mantenían bastantes apuntes en [·REC]³: Génesis), en el que un puñado de actores acometen un trabajo bastante profesional en líneas generales en el que destacan la siempre convincente Manuela Velasco, el veterano Héctor Colomé, el infravalorado y no muy prolífico Emilio Buale, la revelación de un Ismael Fritschi entrañable o un recuperado Críspulo Cabezas que se ha prodigado poco desde aquella lejana y memorable Barrio de Fernando León de Aranoa de 1998. Ellos son los que consiguen que los diálogos del guión de Balaguero suenen veraces, aunque en ocasiones pequen de estar repletos de tecnicísmos algo artificiosos, un libreto bien ensamblado pero al que se le pueden echar en cara alguna que otra pifia que incluso contradice la revelación final con respecto al parásito diabólico en forma de larva gigantesca.




Sería de necios negar que [·REC]⁴ no dofrece síntomas de agotamiento y desgaste en la saga o que intentar alargar más la vida de esta sería un error incuestionable. Pero también es cierto que Jaume Balagueró ha cerrado muy dignamente una serie de largometrajes que han marcado tendencia y un hito en el cine de terror patrio, siendo él como autor y en el mismo rol su amigo Paco Plaza tan consecuentes consigo mismos y la criatura a la que han dado forma como para no traicionarla nunca, aunque también arriesgando en el adictivo proceso, tratando de no ofrecer siempre lo mismo tanto a las fans de la franquicia como a los espectadores neófitos en lides víricas o luciferinas, regalando a la platea cuatro entregas que se mueven entre el cine de evasión más efectivo y la morbidez lacerante requerida para poner en escena dicha serie. La misma que nació en 2007 para expirar en este 2014 después de siete años de trayecto, la que ha enganchado a espectadores de todo el mundo y sobre todo la que vamos a analizar en el artículo que adjuntamos a continuación.

La saga [·REC], el legado de Tristana Medeiros


Como hemos comentado con anterioridad en este mismo artículo el pasado día 31 de octubre, en pleno Halloween, se estrenó la cuarta y parece ser que última entrega de la exitosa saga [·REC] producida por Filmax y escrita y dirigida por el tandem formado por el catalán Jaume Balagueró (Los Sin Nombre, Darkness, Frágiles, Mientras Duermes) y su amigo el valenciano Paco Plaza (El Segundo Nombre, Romasanta). Esta tercera secuela pone fin a una franquicia que nació con un rotundo éxito de crítica y público en 2007, que tuvo su continuación en 2009 y una precuela en 2012 en clave autoparódica que traicionaba (sólo en apariencia, como comentaremos a un poco después) el discurso estilístico y tonal que las dos primeras entregas rodadas al alimón por ambos realizadores (a diferencia de las tercera y cuarta, en la que se Plaza y Balagueró, respectivamente, se repartieron la butaca da director). [·REC] y sus continuaciones mostraron síntomas claros de que el cine de terror español vive una época de considerable bonanza ofreciendo productos contemporáneos que beben de preceptos clásicos tanto patrios como extranjeros. En el siguiente artículo vamos a hablar de las tres primeras películas, de sus remakes americanos, del cómic inspirado en su microcosmos, de los autores detrás de su gestación y trataremos de enumerar las muchas virtudes y pocas carencias que hacen de esta serie de largometrajes un fenómeno que ha dejado una huella considerablemente profunda en nuestro celuloide y la ficción terrorífica adscrita a esta época de espídico y, en ocasiones, vacuo posmodernismo filmado.


Jaume Balagueró y Paco Plaza, sospechosos habituales


Jaume Balagueró nació el 3 de noviembre de 1968 en Lleida, Cataluña. Desde bien niño se interesó por el el cine de terror y demás vertientes genéricas dentro del séptimo arte. Tras graduarse en Ciencias de la Comunicación y colaborar tanto en programas de radio como fanzines (entre ellos el famoso Zineshock) comenzó a hacerse un nombre como director con sus dos primeros cortometrajes Alicia y Días Sin Luz. Ambas piezas mostraban su predilección por la impronta de autores como David Cronenberg (Crash, La Mosca, Una Historia de Violencia), David Lynch (Cabeza Borradora, Carretera Perdida, Mullholland Drive) o Shinya Tsukamoto (la saga Tetsuo, Vital) y una morbidez insana y grotesca que vasculaba entre el postindustrialismo y el cyberpunk. Tan suicida era el tono de ambos cortos que el mismo director nunca ha podido extrapolarlo totalmente al mundo del largometraje, aunque en todas sus obras quedan resquicios y apuntes del mismo.

En 1999 su camino se cruzaría con el del también catalán Julio Fernández, dueño de la productora española Filmax, especializada en el género fantástico y de terror. Ambos idearon el debut en el largo del realizador con Los Sin Nombre, la adaptación de una novela del británico Ramsey Campbell protagonizada por Emma Villarasau, Karra Elejalde y Tristán Ulloa entre otros, que asentó las bases del discurso autoral de Jaume Balagueró (dirección efectista, cámara nerviosa, ambientes asépticos o neogóticos, una concepción pura del mal como abstracción indestructible y virica, predilección por inquietantes utensilios adscritos a la parafernalia médica, una visión negativa de las relaciones familiares o afectivas, oscurantista inconografía religiosa) y se convirtió al poco tiempo en una obra de culto dentro del cine español ganando gran cantidad de premios en distintos festivales. Tras ella llegó por un lado el alimenticio documental OT: La Película que seguía toda la gira de la primera entrega del exitoso reality show musical Operación Triunfo, obra en la que por primera vez coincidió detrás de las cámaras con su colaborador Paco Plaza, y por otro su debut internacional con Darkness, cinta ya adscrita a la Fantastic Factory que el mismo Julio Fernández y el director filipino Brian Yuzna (Society, La Novia de Re-Animator) crearon para realizar producciones españolas de género con aspiraciones globales, que quedó (salvo contadas excepciones) en un cajón de sastre en el que se gestaron todo tipo de entrañablemente mediocres cintas de Serie B, y que no sólo suponía una extensión del imaginario expuesto en su primer film, sino también un ejercicio cinematográfico que rendía tributo a obras como El Resplandor, La Semilla del Diablo o Al Final de la Escalera.

En 2005 Frágiles supuso la obra de madurez de Balagueró. Aquella cinta protagonizada por la norteamericana Calista Flockhart acompañada de Elena Anaya o Richard Roxburgh mostró a un director más contenido, menos dado al efectismo visual y la visceralidad en la realización, dejando reposar más lo planos y respirar los encuadres en una historia de fantasmas encomiable pero que no hacía pleno cuando el cineasta trataba de abordar por primera vez emociones humanas ajenas a su malsano discurso como autor. En el año 2006 volvió a coincidir con Filmax y su amigo Paco Plaza en la serie de films Películas Para No Dormir, con la que se homenajeba al mítico programa catódico Historias Para No Dormir ideado por Narciso Ibáñez Serrador y en el que colaboraron primeros nombres del celuloide de la península como Aléx de la Iglesia, Enrique Urbizu, Mateo Gil o el mismo Chicho Ibáñez Serrador. Balagueró rodó la tv movie Para Entrar a Vivir, simpática, desquiciada y envenenada obra protagonizada por Adriá Collado, Macarena Gómez o una brutal Nuria González en la que rendía uno de sus homenajes más claros y directos a ese Roman Polanski que ha influenciado su cine desde su ópera prima de 1999. Al año siguiente rodó la primera entrega de [·REC], en 2009 la secuela y ya en 2012 Mientras Duermes, su último film en solitario de naturaleza más personal protagonizado por Luis Tosar y Marta Etura en el que se condensa su impronta autoral en la esencia de la historia que narra, más que en su envoltiro, confirmando al 100% su ya consilidada madurez como cineasta que le depara un, todavía, prometedor futuro cuando cierre totalmente su vínculo con la serie de films sobre la reportera Ángela Vidal y la inhumana Niña Medeiros.



Paco Plaza nace en Valencia en el año 1973. Después de licenciarse en Ciencias de la Información y diplomarse en Dirección Cinematográfica rodó varios cortometrajes como Tropismos o Abuelitos. Su debut en el largo se lo financio la Filmax de Julio Fernández en el año 2002, su título fue El Segundo Nombre se rodó integramente en inglés, con vocación internacional y su origen literario nacía de una novela de Ramsey Campbell (primer punto en común con su futuro amigo y compañero Jaume Balagueró). Ese mismo año rodó OT: La Película, el documental con el que conoció al que en un futuro próximo sería su compañero de fatigas, el catalán Jaume Balagueró (otro punto en común con el director de Frágiles y aquí pararemos de numerarlos o nos quedaremos sin espacio en la entrada). Dos años después ya dentro de la Fantastic Factory estrenó Romasanta: La Caza de la Bestia, la visión que Plaza dio del caso de Manuel Blanco Romasanta, el Hombre Lobo de Allariz (que en 1970 abordó también Pedro Olea en El Bosque del Lobo, con un enorme José Luis López Vázquez como intérprete principal) film deudor de la Hammer Films británica protagonizado por Julian Sands y Elsa Pataky en el que destacaba el diseño de producción y el trabajo del mismo realizador.

En 2006 nos ofreció Cuento de Navidad, una de las mejores tv movies de la serie Películas Para No Dormir protagonizada por Ivana Vaquero, Maru Valdivielso y Elsa Pataky con un filtro ochentero que aunaba al Richard Donner de Los Goonies con el Joe Dante de Exploradores destilando un aroma a juego de mesa y bocadillo de mortadela que a un servidor hizo rememorar los años de su infancia. Al año siguiente se embarcó con Jaume Balagueró en la gestación de [·REC] y dos años después [·REC]². Tras ella, junto a su co director, y productores decidió alargar la saga con dos cintas más que tanto él como el autor de Para Entrar a Vivir realizarían en solitario. El resultado fue la traviesa y desvergonzada [·REC]³: Génesis que dio una visión nueva a la franquicia de virus, poseídos y protocolos NRBQ. Después de dirigir documentales musicales como Bunbury 3D para el ex cantante de la mítica banda zaragozana Héroes del Silencio o cortometrajes como Ultravioleta con Maribel Verdú y Carlos Villagrán se espera con ganas la adaptación que él mismo escribirá y dirigirá de Maldito Viernes, el cómic homónimo que guionizó en 2008 para la editorial EDT con dibujo de Joseph Diaz y el mito del vampirismo como núcleo central. Si nada se tuerce el largometraje verá la luz en un año 2015 en el que esperemos que este talentoso director encuentre su lugar dentro del cine de género internacional.


[·REC], la quimérica inquilina



El mockumentary existe en el mundo del cine desde hace décadas. La vergonzosa Holocausto Caníbal de Ruggero Deodato, la viscerlamente memorable Ocurrió Cerca de Su Casa de Rémy Belvaux, André Bonzel y Benoît Poelvoorde, la comedia mayúscula This is Spinal Tap de Rob Reiner, aquella El proyecto de la Bruja de Blair de Eduardo Sánchez y Daniel Myrick que revitalizó el género introduciéndolo en el cine más manistream con la gestación de piezas posteriores como la resultona Cloverfield de Matt Reeves o la magnífica Chronicle de Josh Trank, son todas muestras de lo que siempre se ha conocido como falso documental. Jaume Balagueró y Paco Plaza, dos de las promesas más sólidas del cine de terror en España, unieron fuerzas con la Filmax que les ofreció sus primeros trabajos en solitario detrás de las cámaras para realizar un largometraje conjunto de la vertiente found footage con el que iban a narrar, lo que en principio parecía, una infección vírica zombie en plena ciudad condal. Ambos directores ya eran amigos desde los tiempos de Fantastic Factory y previamente habían colaborado como dúo rodando otro documental de terror titulado OT: La Película, en 2002. El resultado fue [·REC], una cinta al más puro estilo del programa Callejeros en el que la visita de una reportera y su cámara a una estación de bomberos en Barcelona se convertía en una masacre en la que se veían implicados todos los miembros de un bloque de vecinos que eran contagiados por un virus que los convertía en muertos antropófagos. El origen de dicha enfermedad parecía tener su origen en el último piso abandonado del edificio.




La pelicula aunaba el tono herético de Jaume Balagueró y la visceralidad de Paco Plaza con una puesta en escena tan sencilla como rodar todo el film en formato televisivo (con el mismo director de fotografía, Pablo Rosso, como el actor que porta la cámara) apelando al naturalismo que un producto de esta naturaleza demanda. El ajustado metraje de poco mas de 75 minutos de duración era un chute de adrenalina que se disparaba justo cuando creíamos que la noche que la reportera Ángela Vidal y su compañero de trabajo iban a pasar en un parque de bomberos barcelonés apuntaba a ser un terrible aburrimiento. Con reminiscencias tanto a La Noche de los Muertos Vivientes de George A. Romero como a 28 Días Después de Danny Boyle pasando por una estética deudora de la ya mencionada cinta belga Ocurrió Cerca de Su Casa, [·REC] amalgamaba un apartado técnico impecable, frenético, que arañaba la epidermis del espectador con un reparto (en líneas generales) tan creibles como cercano comandado por una entregadísima Manuela Velasco que tras su paso por esta cinta se convirtió en una de las scream queens patrias más reconocibles, ganando con su labor en la cinta que nos ocupa el Goya a la mejor actriz revelación del año 2007 y uo guión (co escrito por el también cineasta Luiso Berdejo) tan sencillo como efectivo que acertaba al introducir algunos apuntes sociales que retrataban con mucho acierto los prejuicios del español de a pie con respecto a temas como la xenofobia o la incultura. El éxito fue descomunal, los premios internacionales no se hicieron esperar y Hollywood viedo el filón compró los derechos del largometraje para hacer su propia versión de la que hablaremos un poco más adelante. Ese triunfo en el que gran parte del público y la crítica se puso de acurdo dio pie a que los dos autores y Filmax se propusieran seriamente dar continuidad a la gallina de los huevos de oro que acababan de sacar del corral.


[·REC]², la semilla del diablo



En 2009 llegó la secuela, de nuevo con Jaume Balagueró y Paco Plaza como directores así como Filmax en la producción, comenzando justo donde terminó la primera entrega. Esta vez como espectadores seguíamos en el arranque del largometraje los pasos de un grupo de asalto de los Geos que se adentraban en el famoso bloque después de que el mismo fuera precintado por culpa del virus mortal que han contraído los habitantes de dicho inmueble. La primera mitad de la película es intachable, un tour de force por parte de los directores en el que por medio de influencias del mundo del videojuego como los shooters en primera persona nos adentramos una vez más y con mayor crudeza y nervio en ese infierno en la tierra en el que se ha convertido el edificio en el que habita la encarnación pura del mal. Porque en esta segunda parte los directores y su nuevo co guionista (Manu Diez) arriesgan todas sus cartas marcadas confirmando, aquello que se apuntó en la recta final del primer film con la visita al ultimo piso del bloque en el que habitaba la famosa Niña Medeiros, que lo que considerábamos muertos vivientes realmente son poseídos por una entidad diabólica cuyo influjo se transmite por medio de la toma de contacto con los fluidos corporales (saliva y sangre) de los afectados, dando así el film, y por efecto dominó la saga, un arriesgado giro de 180° en el que una historia de zombies acababa revelándose como una protagonizada por endemoniados y exorcistas.


Por desgracia lo que [·REC]² gana en brutalidad y fuerza lo pierde en cohesión con respecto a su predecesora. El fallo no es tan alarmante como se dijo en su momento (esta secuela fue injustamente maltratada en su estreno para el que suscribe) pero sí es cierto que mientras la ya mencionada primera mitad (la centrada en los Geos) es un ejercicio de cine imparable y avasallador la segunda pierde entereza y ralentiza considerablemente el ritmo de la narración cuando la historia protagonizada por el innecesario trío de insufribles adolescentes se hace con el núcleo de la segunda parte de la película. Sólo la presencia de un magnifico actor (no reconocido) como Juli Fàbregas y la aparición de una Manuela Velasco al más puro estilo Teniente Ripley (la recta final en más de un pasaje recuerda a la saga Alien, sobre todo por el nuevo rol de falsa heroína que parece tomar en esta ocasión la protagonista de la anterior entrega) consiguen encarrillar el clímax del relato llenándolo de sorpresas, humor negrísimo y apuntes que extienden o enriquecen el microcosmos creado por unos Jaume Balagueró y Paco Plaza que siguen sembrando sus distintas improntas (la inquietante parafernalia religiosa del primero y el bestialismo primario del segundo) para dar forma a una secuela que si bien no es tan compacta como su hermana mayor sí consigue superarla en sus apartados técnico o artístico regalando pasajes de alto voltaje y sustos de una efectividad más que probada que dejan la puerta abierta para la cuarta entrega, porque como todos sabemos la tercera parte de la saga supuso un punto y a parte en la misma.


[·REC]³: Génesis, la novia ensangrentada



Después del nuevo éxito económico que supuso [·REC]² Filmax decidió realizar dos nuevas secuelas para la saga, que en principio serían las ultimas de la misma. En esta ocasión en vez de rodar Paco Plaza y Jaume Balagueró al alimón los nuevos largometrajes, estos serían relizados por los dos cineastas de manera independiente. El director de Cuento de Navidad sería el primer encargado de debutar en solitario en la franquicia y lo hizo con [•REC]³: Génesis pieza que supondría una precuela de la cinta primigenia y que daría origen a la maldición de una Niña Medeiros por aquel entonces ya convertida en todo un icono del cine de terror internacional. Ciertamente y para enfado de muchos fans la película del autor valenciano no dio dichas respuestas, es más, abrió más incógnitas y como obra cinematográfica casi no era ni una protosecuela (sus hechos tienen lugar casi a la vez que la producción de 2007 que dio inicio a todo) pero como continuación del sello [·REC] supuso un punto de inflexión clave, un suicida puñetazo en la mesa que no sólo traicionó (ojo, únicamente en el plano formal, no en la esencia) los códigos que ya se habían establecido en las dos anteriores partes sino que con una inteligencia encomiable y temeraria llegaba a parodiarlas y reírse sanamente de ellas gracias al guión del mismo Paco Plaza y su colaborador Luis Berdejo, que sin atenuar el terror sí aumuentó el humor negro que comenzó a mostrar sus desprejuiciadas fauces en la primera secuela y que muerde, desgarra y amputa en todo su esplendor en la que nos ocupa.


Desde el arranque con esa simulación del dvd de un vídeo de boda Paco Plaza lo dejaba claro, [•REC]³: Génesis venía a volar por los aires muchas de las señas de identidad que forjaron el mito de la saga [•REC], pero sólo en la puesta en escena y el tono, ya que en su interior seguía esa amenaza vírica de reminiscencias impías que devoraba todo a su paso. En el prólogo del largomatraje el valenciano se despacha bien con las bodas tradicionalmente españolas, acentuando todo lo que en ellas hay de ridículo e impostado y rompiendo con la estética found footage de la franquicia cuando el personaje de un competente Roberto Álvarez rompe la cámara que hasta ese momento grababa los hechos. A partir de ese instante la tercera entrega de [•REC] se convierte en un recuperable y desprejuiciado festín de vísceras, sangre, humor negro (ese representante de la SGAE al que apodan Canon, el mítico director de vídeos de boda con ínfulas cinematográficas llamado Atún) y música hortera con una impagable Leticia Dolera de protagonista que tan pronto nos remitía a Planet Terror de Robert Rodríguez o Placido de Luis García Berlanga como al Sam Raimi de la saga Evil Dead o al Paul Verhoeven más brutal, al que remite ese tiroteo final que poco tiene que envidiarle al de Alex Murphy en Robocop. Paco Plaza saldó con nota alta un ejercicio suicida en varias aspectos que se reveló como una de las cintas patrias más disfrutables del año 2012.


Quarantine 1 y 2, la infección hace las Américas


Como previamente hemos apuntado, la carrera internacional de la primera [·REC] fue un triunfo más que considerable, viendo la luz en festivales como los de Sitges o Venecia y siendo premiada en varios de ellos. De modo que la maquinaria hollywoodiense, tras llevarla con éxito a aquellas tierras, decidió comprar los derechos de la misma para hacer su propia versión con el poco conocido director y guionista John Erick Dowdle (La Trampa del Mal, Así en la Tierra Como el Infierno) acompañado de su hermano Drew Dowdle en la escritura y la actriz Jennifer Carpenter (El Exorcismo de Emily Rose, Dexter) como protagonista. Quarantine fue la película resultante, su estreno se produjo en el año 2008 y sin barrer las taquillas supuso un estreno bastante bien recibido. Poco bueno podemos decir de este innecesario remake del largometraje de Jaume Balagueró y Paco Plaza y mucho reprobable se puede destacar de él, pero trataremos de no cebarnos demasiado, ya lo haremos más tarde cuando hablemos de la inconcebible secuela de la cinta que nos ocupa.

Quarantine ofreció más o menos lo que en su momento se esperaba de ella. Una descafeinada, burda, impersonal y distante mala copia de la primera [·REC]. La cinta de John Erick Dowdle era una desvergonzada fotocopia de la película de Jaume Balagueró y Paco Plaza, de la que fusilaba no sólo casi todos los planos, también el diseño de producción, el vestuario y hasta los cortes de pelo de los actores. Pero lo peor no era esa poca originalidad, su desgana, su inanidad o su tufo a prefabricado que poco o nada tenía que ver con la furia desatada con cámara al hombro del film primigenio, es que para colmo cuando en la trama sus creadores trataban de introducir pasajes de cosecha propia (el cámara golpeando a los infectados con su instrumento de trabajo, los perros contagiados con el virus) era cuando más se le notaban las costuras a este producto que falla a tantos niveles (Doug Jones no le llega a ni a la suela de los zapatos a Javier Botet como la Niña Medeiros, personaje que en este remake ni llegamos a saber de manera explícita quién o qué es y por otro lado el guión anula toda la sátira social revferida a los habitantes del bloque) que de él solo podemos destacar para bien la labor de una esforzada Jennifer Carpenter y que al copiar con descaro prácticamente todos los pasajes de la memorable obra original no podemos hablar con ella de una mala película, pero la cosa cambia si la abordamos como un remake, y en ese sentido es de los más deleznables jamás rodados.


Cuando parecía que la meca del cine norteamericano no podía caer más bajo con respecto a degradar el buen nombre de la saga [·REC] después de Quarantine, decidieron, tras el aceptable éxito de esta en las taquillas, abordar una inenarrable secuela. Pero contra todo pronóstico los productores que tenían los derechos de la franquicia decidieron, seguramente después de ingerir incontables cantidades de pellote, droga caníbal o lejía Conejo, alejarse totalmente de [·REC]² y hacer su propia segunda parte que, no sólo no tenía nada que ver con aquella producción española de 2009, sino que, para desconcierto de los cuatro gatos que la hemos sufrido al visionarla, la desvincularon al 100% de la primera Quarantine. Lo que en aquel 2011 salió de aquel proyecto es uno de los engendros más grandes que ha dado el cine reciente, un estreno directo al mercado doméstico con todas las de la ley que no puede recibier otro calificativo que no sea el de basura inmunda y aberrante.

Quarantine 2: Terminal, traducida estúpidamente en España como Cuarentena Terminal, fue escrita y dirigida por una criatura del mal llamada John Poge y protagonizada por una serie de terribles actores desconocidos, gracias al cielo. Aquella cosa hacía que una pelicula de Serie B pareciera de Serie Z, tenía un presupuesto irrisorio al que se le notaban todas las carencias técnicas (sólo tres soldados representando al ejército estadounidense, una rata infectada que nunca sale delante de la cámara porque no habría dinero con el que recrearla) y emanaba un tufo a película pseudo erótica (en ocasiones parecía un remake de Emmanuelle cambiando las escenas de sexo soft por las de ataques zombies no menos insípidas) sin erotismo que producía arcadas. Aquí no hay lugar para la Niña Medeiros, edificios infectados, zombies brutales que regurgitan hemoglobina o el formato falso documental, que se obvia totalmente y del que no queda ni rastro en la trama. Sólo nos quedan un grupo de personajes imbéciles que no llegan ni a estereotipos que primero en el interior de un avión y después en la terminal de un aeropuerto se enfrentan a unos babeantes señores con varices que tienen que ver con un infectado/poseido/no muerto lo mismo que una castaña con un panzer. Un servidor ha degustado mucho detritus cinematográfico a lo largo de mi vida como cinéfilo, pero lo que mis castigados ojos vieron durante los 86 interminables minutos que duró Quarantine 2 no tiene nombre.


[·REC]: Historias Inéditas, viñetas en cuarentena


Mientras hacía las Américas, con mucha más pena que gloria, la saga [·REC] se iba convirtiendo entrega a entrega en un fenómeno cinematográfico de culto en España, el país donde fue gestada, y cada uno de esos films era recibido con unos seguidores ansiosos esperando su dosis de virus, satanismo, gore y pólvora, asistiendo en tropel a las multisalas para degustarlos unas veces con fruición y otras con decepción. Por ello en 2012, al mismo tiempo que se estrenaba [·REC]³: Génesis, la editorial Glenat (por aquel entonces ya conocida como EDT, Editores de Tebeos) en asociación con Filmax y basándose en historias originales de Jaume Balagueró y Paco Plaza contrató al guionista Hernán Migoya y a un grupo de ilustradores internacionales para llevar a las viñetas estos cinco relatos cortos salidos de las perversas mentes que forjaron la famosa franquicia.

[·REC]: Historias Inéditas es una meritoria y simpática mezcolanza de distintos tipos de vertientes dentro del mundo del noveno arte. Por una parte la introducción a cada uno de los episodios a manos de una dicharachera Niña Medeiros es una referencia directa y muy cariñosa a revistas como Creepy o Tales From the Crypt, por otro las satíricas y muy ácidas portadas de tabloides nacionales parecen una variante envenenada de las que cierran cualquier entrega de los Mortadelo y Filemón de Francisco Ibáñez (esos titulos variantes como El Mando o La Períodica no dejan lugar a dudas de que la flema puramente española también campa a sus anchas en el producto) pero es dentro de las eclécticas historias que contiene el recopilatorio donde vemos más variedad tonal y artística en lo que a la serie se refiere.



Encerrados narra lo que le sucedió al trío de insoportables críos de [·REC]² una vez les perdimos (gracias al maligno) la pista. La profesional estética manga de la asiático-argentina Andrea Jen pone en funcionamiento el guión de Hernán Migoya y aunque permanecen constantes de aquella secuela de 2009 a la historia se le va las manos con el sexo y el lenguaje malsonante salido de las fauces del personaje de Tito. Tristana es, junto a El Experimento, la mejor historia de la colección. Un episodio mudo ilustrado por el argentino Feliciano G. Zecchin con un aroma a dibujo europeo en el que se nos narra el origen de la posesión de Tristana Medeiros, dando varias respuestas no aclaradas en los cuatro films. ¡Zoombi! cuenta lo sucedido cuando el veterinario que atendió a Max, el perro infectado de la primera película, visita un Zoo en el que llega a resucitar por culpa del virus hasta el cadáver del afamado gorila Copito de Nieve. A retratar esta mala baba omnipresente ayuda el visceral trazo del boliviano Álvaro Rubiola.

El Experimento, es posiblemente el mejor relato en cuanto a cohesión de guión y dibujo. En esta historia asistimos a toda la etapa de experimentación por parte del padre Albelda para exorcicar el cuerpo de la Niña Medeiros, utilizando en el proceso a niños pequeños como cobayas. La fuerza del guión de Hernán Migoya y el ferreo trazo de un Salvador Sanz deudor del mejor Paul Gulacy (Sang-Chi, Batman vs Depredador II) ofrecen viñetas impagables (la splash page que narra toda la subida del sacerdote por las escaleras del famoso inmueble barcelonés) que apuntalan lo mejor de la serie. Para cerrar tenemos El Desconocido, la única historia vinculada directamente con [·REC]³: Génesis y que nos revela cómo contrajo el virus el famoso tío Pepe Víctor que contagió toda la boda de Clara y Koldo. Con una labor del catalán Joan Marín que recuerda al Leonardo Manco que ilustraba historias de Harvey Pekar para el sello Vertigo y que cierra este divertido, irregular y cariñoso tributo en viñetas a la serie de films de Jaume Balagueró y Paco Plaza.

Valoración general

Como se habrá podido percibir en la entrada un servidor siente una especial predilección por la saga [·REC] y la labor que en ella han realizado durante siete largos años los directores Jaume Balagueró y Paco Plaza, por los que también profeso una más que considerable admiración. La que nos ocupa es una de las franquicias más rentables y seguidas del cine de terror patrio (o gestado por españoles) ese que se gestó durante la pasada década y que nos ofreció productos de muy buen nivel como Los Otros, de Alejandro Amenábar, El Espinazo del Diablo, de Guillermo del Toro, El Orfanato de J.A. Bayona o 28 Semanas Después de Juan Carlos Fresnadillo, recordándonos que aquellos Jesús Franco, Jordi Grau, Narciso Ibañez Serrador o Paul Naschy tienen unos dignos herederos que mirando siempre por lo contemporáneo no dejan de echar la vista atrás para saber de dónde viene y hacia donde va nuestro cine de género adscrito al fantaterror. Por suerte, los muchos aciertos de la serie de largometrajes que han rodado estos Quentin Tarantino y Robert Rodríguez patrios solapan los posibles fallos que no la elevan a la perfección, pero el camino recorrido ha merecido la pena. Hemos vibrado, carcajeado nerviosamente, saltado de la butaca, nos hemos reconciliado o decepcionado con las distintas entregas a las que no se puede calificar de acomodaticias o miméticas y mientras su sombra se crece a lo largo del panorama internacional con remakes, cómics o libros, como la novela de historias cortas [·REC]: Relatos Perdidos, el único material relacionado narrativamente con la franquicia que un servidor no ha podido comentar en esta entrada por no haber tenido el gusto de leerlo. En nuestra memoria colectiva queda aquella noche en la que una joven reportera y su cámara se adentraron en un bloque barcelonés cualquiera y con ello abrieron las puertas del infierno para suerte de los aficionados al buen cine de género hecho en este país, esta España en la que cierto sector del público mira por encima del hombro a un celuloide que no para de dar síntomas que demuestran que de mediocre tiene más bien poco, diga lo que diga el ministro de cultura o hacienda de turno.