sábado, 30 de mayo de 2020

Tyler Rake, salario para matar



Título Original Extraction (2020)
Director Sam Hargrave
Guión Joe Russo, basado en el cómic de Anthony Russo, Joe Russo, Ande Parks, Fernando León González
Reparto Chris Hemsworth, David Harbour, Golshifteh Farahani, Chris Jai Alex, Patrick Newall, Rayna Campbell, Derek Luke, Randeep Hooda, Marc Donato, Pankaj Tripathy, Geetanjali, Hays Wellford




Si hay algo que el estreno de la saga John Wick puso de moda en Hollywood, además de a un felizmente recuperado Keanu Reeves en plena forma a sus más de cincuenta años, es contratar los servicios de directores de segunda unidad o especialistas en escenas de riesgo para rodar películas de acción. Chad Stahelski y David Leitch fueron pioneros a este respecto, no sólo ya con la potente franquicia dedicada a “Baba Yaga”, sino también con otros largometrajes como Atomic Blonde o Deadpool 2 en los que se notaba la presencia de profesionales curtidos de primera mano a la hora de facturar secuencias espectaculares en las que tiroteos, persecuciones o peleas cuerpo a cuerpo copaban gran protagonismo. A estos dos cineastas se suma ahora Sam Hargrave que después de haberse visto implicado en las modalidades previamente apuntadas dentro de numerosas muestras dentro el cine de superhéroes tanto de Marvel como de DC e incluso en producciones ajenas al mundo de las viñetas como Warrior, la saga de Los Juegos del Hambre o El Contable debuta ahora detrás de las cámaras con un producto nacido en el seno de la plataforma de streaming Netflix, pero impulsado por los hermanos Anthony y Joe Russo con los que Hargrave ha colaborado en todos sus proyectos dentro del Marvel Studios. Lo más curioso con un caso como el de Tyler Rake, Extraction en su idioma original, es que con él no nos alejamos del mundo del cómic ya que contra todo pronóstico estamos hablando de la adaptación de una historia que en su origen nació en las viñetas, algo no sabido por muchos.




Tyler Rake está basada, muy libremente, en el cómic Ciudad publicado en 2014 por la editorial Oni Press con guión de Anthony Russo, Joe Russo y Ande Parks y dibujo del argentino Fernando León González. Los mismos hermanos Russo se ocupan de la producción de la película, como ya hicieron en el pasado 2019 con Manhattan Sin Salida (21, Bridges), que cuenta con guión de Joe y en su reparto con Chris Hemsworth como cabeza más reconocible, junto a David Harbour (Stranger Things, Hellboy) en un breve papel, dentro de un casting mayoritariamente hindú, algo lógico si tenemos en cuenta que la trama se desarrolla en Dhaka, Bangladés. Tyler Rake es un mercenario australiano que se vende al mejor postor en el mercado negro viéndose envuelto en el rescate del hijo adolescente de un importante capo de la mafia india que se encuentra en prisión. Este es el convencional punto de partida de la obra que nos recuerda a otras de un corte parecido como El Fuego de la Venganza (Man on Fire, 2004), una de las últimas obras del tristemente desaparecido Tony Scott con Denzel Washington como protagonista, un remake de la película francesa homónima rodada por Elie Chouraqui en 1987 con Scott Glenn en el papel principal y a su vez traslación a imágenes de una novela escrita por A.J. Quinnel.




La ópera prima en la dirección de Sam Hargrave está a la altura de las expectativas depositadas en ella si lo que esperábamos de su propuesta era una película con acción visceral, cruenta y seca protagonizando la mayor parte de su generoso metraje. En ese aspecto el director estadounidense cumple sobradamente a la hora de aprovechar hasta lo paroxista los holgados medios que Netflix ha puesto a su disposición para cumplir su cometido. De manera que al igual que sucediera con los ya citados David Leitch y Chad Stahelski al director de Tyler Rake se le notan los años de profesionalidad componiendo impresionantes pasajes en los que la violencia explota salpicando a la pantalla con metralla y hemoglobina. Sirva como ejemplo la escena más alabada y comentada del film, ese plano secuencia trucado centrado en la huida de los personajes de Chris Hemsworth y Rudhraksh Jaiswal en el que la cámara corre, vuela, se arrastra o ejecuta movimientos imposibles entrando y saliendo del coche de los protagonistas mediante varios cortes camuflados y notorios retoques digitales que ayudan, por un lado, a inyectar cuantiosas dosis de adrenalina al pasaje en concreto y por otro delatar la naturaleza algo artificiosa de lo que no deja de ser un alarde técnico tan innecesario como técnicamente epatante.




Esta es la tónica habitual en Tyler Rake, balas, explosiones y litros de sangre arrojados contra el espectador para mantener un ritmo endiablado impidiendo que en casi todo momento seamos conscientes de la endeblez del guión de Joe Russo, apenas un esbozo en el que no acontece nada que no sea una eterna huida por parte de los dos personajes principales y algunos de los secundarios. No vamos a afirmar que un largometraje como el de Sam Hargrave requiera un guión más elaborado, porque no lo necesita, pero es el mismo Joe Russo el que con su labor a la escritura ha demostrado no estar muy seguro de ello. Hay en Extraction una innecesaria inclinación por dar cierta profundidad tanto al personaje principal como a la relación paternofilial que surge entre él y su protegido. Todos estos pasajes en los que la obra trata de adentrarse en los traumas de Tyler y en cómo su conexión emocional con Ovi encuentra paralelismos con una persona de su pasado no sólo está acometida de manera bastante plana a lo largo del metraje, también aporta poco a una trama que en esos momentos calmados con prescindibles diálogos cercanos a la sensiblería está pidiendo a gritos más secuencias de acción demencialmente realizadas.




Es un hecho prácticamente contrastando que Chris Hemsworth es un actor con notables limitaciones interpretativas, pero su recorrido de casi diez años como el Dios del Trueno en el Universo Cinematográfico Marvel ha ido aportándole carisma, presencia y un sentido del humor que para algunos tornó en excesivo en piezas tan bien valoradas como Thor: Ragnarok. De manera paralela ha ido incursionando en otras producciones de acción como 12 Valientes (Nicolai Fuglsig, 2018), Blackhat (Michael Mann, 2016) o el remake de Amanecer Rojo (Dan Bradley, 2012) que le han servido para acometer su papel en Extraction, el más físico de toda su carrera. Como era de esperar el australiano aprovecha su corpulencia y excelente fisionomía para entregarse sin miramientos a la bacanal de golpes, disparos, mutilaciones y huesos rotos que le propone Sam Hargrave siendo él el epicentro de prácticamente todas las secuencias de acción del metraje recurriendo sólo en contadas ocasiones a especialistas en escenas de riesgo. El único miembro del reparto que le hace algo de sombra es el actor hindú Randeep Hooda, interpretando el rol de Saju, que acapara algunas de las que no están centradas en el actor de Thor: El Mundo Oscuro o Vengadores: Infinity War.




Tyler Rake no sólo se revela como uno de las producciones de acción más efectivas y entretenidas del actual catálogo de Netflix, también confirma la reciente tendencia de dejar en manos de verdaderos profesionales un tipo de cine necesitado de aquellos que empezaron delante de las cámaras jugándose la vida para facturarlo con altos niveles de calidad. No vamos a elogiar más de lo excesivo un proyecto en el que Anthony y Joe Russo han ideado un guión, basado en su propio cómic, repleto de lugares comunes, héroes duros y villanos de opereta, pero en lo referido a la factura técnica, en la que ya hemos incidido numerosas veces a lo largo de la entrada, todos los elogios que reciba la cinta de Sam Hargrave serán bien merecidos. Una nueva entrega de John Wick, la confirmación de la secuela de Atomic Blonde o la posibilidad de que David Leitch se encargue también de la futura Deadpool 3 no dejan de ser buenas noticias con respecto a que Hollywood siga esta buena racha a la que se suma Extraction y que seguramente Netflix seguirá explotando en un futuro próximo. Esperemos que cuando toda esta crisis sanitaria a nivel mundial pase puedan retomarse los rodajes de este tipo de producciones tan ligeras como disfrutables en las que, por otro lado, Corea del Sur o Indonesia van cientos de pasos por delante de un cine estadounidense que no deja de reflerjarse en dichos países para ejecutar thrillers como el que nos ocupa en esta entrada.




martes, 26 de mayo de 2020

Trangresión Continua Express 2020 - Abril III


Comanchería (David Mackenzie, 2016) - Mestizaje entre western, película de atracos y road movie de árida puesta en escena y guión crepuscular regado con personajes repletos de claroscuros y diálogos memorables. Chris Pine, Ben Foster, Jeff Bridges y Gil Birmingham descomunales.



El Declive (Patrice Laliberté, 2020) - Aunque el estado actual a nivel mundial da a su subtexto una nueva e interesante perspectiva no deja de ser un survival procedimiental de personajes ineficazmente perfilados y metraje escaso. Aprueban la factura técnica y parte del casting.



Rescate al Amanecer (Werner Herzog, 2006) - Cinta de supervivencia inspirada en hechos reales y localizada en la Guerra de Vietnam cuya notable dispersión narrativa contrasta con el talento de Werner Herzog al rodar en plena naturaleza y la implicación  desgarrada de sus actores.



La Trinchera Infinita (Jon Garaño, Aitor Arregi, José Mari Goenaga, 2019) - Desgarrador drama localizado en la contienda civil sustentado en una inteligente utilización de la ínfima localización en la que se desarrolla. Inconmensurables Antonio de la Torre y Belén Cuesta



El Autor (Manuel Martín Cuenca, 2017) - La literatura como excusa para desentrañar la naturaleza hipócrita, manipuladora, patética e irónica del ciudadano medio español/andaluz. Un descomunal Javier Gutiérrez encabeza un plantel actoral tocado por el don de la naturalidad.



Tras el Cristal (Agustí Villaronga, 1986) -  El debut en la dirección de Agustí Villaronga es un perverso cuento gótico sobre la relación enfermiza entre un ex nazi y el adolescente que le cuida. Interesante, aunque tosco, retrato de la naturaleza vírica y hereditaria del mal.




Legado en los Huesos (Fernando González Molina, 2019) - Segunda entrega de la "Trilogía del Baztán" que sigue todos los parámetros estéticos y narrativos de su predecesora, pero se pierde entre una trama en exceso rebuscada y demasiados tópicos adscritos al thriller policíaco.




lunes, 25 de mayo de 2020

Transgresión Continua Express 2020 - Abril II


Amenaza en la Sombra (Nicolas Roeg, 1973) - El cineasta británico Nicolas Roeg despliega un perturbador e intrincado puzzle psicológico mientras disecciona la pérdida, la culpa y la fatalidad en una Venecia pesadillesca y fantasmal. Colosales Donald Sutherland y Julie Christie.



La Oscura Noche del Espantapájaros (Frank De Felitta, 1981) - Clásico de las tv movies estadounidenses en clave de slasher. Rodada de manera impecable, carente de truculencia innecesaria o violencia explícita se crece gracias a su elegancia formal y magnífico casting.



Demons (Lamberto Bava, 1985) - Dario Argento y Lamberto Bava aunaron fuerzas para engendrar uno de los mayores éxitos internacionales del terror italiano de los 80. Sanguinolenta y pustulosa orgía demoníaca a ritmo de rock duro repleta de excesos e icónicos efectos de maquillaje.




Demons 2 (Lamberto Bava, 1986) - Aunque inferior a su predecesora esta secuela, con vocación de remake, mantiene un muy buen nivel de salvajismo, locura y diversión viscosa a manos del tándem Dario Argento/Lamberto Bava. Una vez más los FX de Sergio Stivaletti se roban la velada.



El Engendro del Diablo (Michele Soavi, 1989) - Lo que iba a ser Demons 3, a manos de Dario Argento y Michele Soavi, derivó en cuento de terror gótico con una notable primera mitad y una segunda caótica y demasiado inspirada en El Príncipe de las Tinieblas (John Carpenter, 1987)




Shadowed (David F. Sandberg, 2020) - Efectivo y potente cortometraje rodado por el cineasta sueco David F. Sandberg (¡Shazam!), con la ayuda de su esposa, Lotta Losten, durante la cuarentena, en su hogar y con medios caseros. Hijo predilecto de su film Nunca Apagues la Luz (2016)




Guns Akimbo (JasoN lei Howden, 2019) - Guns Akimbo hibrida Crank, Gamer y Hardcore Henry en un thriller de violencia hiperbólica influenciado por el mundo del videojuego en general y los shooters en particular. El resultado es frenética diversión vacua y descerebrada con unos geniales Daniel Radcliffe y Samara Weaving


miércoles, 20 de mayo de 2020

Transgresión Continua Express 2020 - Abril I



El Visitante (Richard Price, 2020) - Adaptación de la novela de Stephen King a modo de miniserie, The Outsider atesora monumentales hallazgos visuales y narrativos al hibridar el género policíaco con el terror. Minuciosamente elaborada, posee una puesta en escena superlativa, digna de estudio en escuelas de cine.



Baby Driver (Edgar Wright, 2017) - Estilizada película de atracos en la que acción, montaje, reparto y uso diegético de la banda sonora rinden al máximo. Más allá de su potente acabado o elegancia formal no ofrece otra cosa que ligero entretenimiento y escapismo fruicioso.



Howard: Un Nuevo Héroe (Willard Huyck, 1986) - Adaptación cinematográfica del personaje de Marvel producida por George Lucas. Un sonado fracaso en su época, hoy se ve con agrado gracias al reparto, los resueltos efectos especiales y el inusual bizarrismo formal de la propuesta.



Elektra (Rob Bowman, 2005) - Después de un prometedor prólogo Elektra deriva en una de las más despersonalizadas y anodinas traslaciones de un personaje de cómic al cine. Se salvan de la quema la fisicidad de Jennifer Garner, Terence Stamp y las escasas secuencias de acción.



Catwoman (Pitof, 2004) - Digna merecedora de su fama, se antoja imposible llevar a cabo un trabajo más nefasto de realización, montaje o diseño de efectos digitales que en Catwoman. Posiblemente el punto más bajo e insalubre de las adaptaciones de personajes de cómic al cine.




Contratiempo (Oriol Paulo, 2016) - Un guión repleto de trampas y efectismos lastra la buena labor técnica y artística. Su mayor fallo es pensar que el espectador no descubrirá el truco detrás de uno de sus personajes, sólo necesitado de luces de neón para ser más obvio.




Durante la Tormenta (Oriol Paulo, 2018) - Su sobredosis de referentes y roles secundarios desdibujados lastran el buen hacer en la dirección y un guión competente. El notorio casting da credibilidad a un desarrollo necesitado de más cohesión para conectar con el espectador.



Hogar (Álex y David Pastor, 2020) - Una elaborada puesta en escena y la contenida composición de Javier Gutiérrez dan empaque a un producto como Hogar. Por desgracia, pasado el ecuador del metraje, las situaciones inverosímiles y forzosas se suceden menoscabando en cierta manera la solidez del conjunto de la obra.




Mil Gritos Tiene la Noche (Juan Piquer Simón, 1982) - Opus magna del director español que mejor entendió el cine de explotación. Híbrido entre slasher americano y giallo italiano de sobria puesta en escena resquebrajada por arrebatos violentos y situaciones del todo inverosímiles



Sesión Salvaje (Julio César Sánchez, Paco Limón, 2020) - Sesión Salvaje es un imprescindible viaje al lado oculto del celuloide español. Un trayecto con paradas en el eurowestern, el fantaterror, la explotación, el cine quinqui o el destape de mano de aquellos que forjaron una manera de vivir y hacer ficción que nunca debe ser olvidada.




Tiger King (Eric Goode, Rebecca Chaiklin, 2020) - Debajo de la esperpéntica mezcla entre reality show y true crime que vertebra Tiger King subyace un brillante estudio antropológico sobre poder, ambición, crimen, traición y maltrato animal. Un documental impecable en todos sus aspectos, tan divertido como aterrador.



A los Gatos, Ni Tocarlos: Un Asesino en Internet (Mark Lewis, 2019) - Implacable miniserie documental con cuerpo de thriller, análisis sobre el enorme poder de internet y retrato psicológico de un enfermizo asesino. Atención al "verhoeveniano" giro final, verlo para creerlo.


lunes, 18 de mayo de 2020

El Regreso de la Cosa del Pantano, born on the Bayou



Título Original The Return of Swamp Thing (1989)
Director Jim Wynorski
Guión Neil Cuthbert, Grant Morris, basado en el cómic de Len Wein y Bernie Wrightson
Reparto Louis Jourdan, Heather Locklear, Sarah Douglas, Dick Durock, Joey Sagal, Ace Mask, Monique Gabrielle, RonReaco Lee, Daniel Emery Taylor, Ralph Pace, Timothy Birch, Alex Van 




Si el estreno de La Cosa del Pantano (Wes Craven 1982) impulsó la reinvención de los cómics del personaje homónimo el enorme éxito de la etapa escrita por Alan Moore seguramente fuera el catalizador para que en 1989 las productoras Lightyear Entertainment y Batfilm Productions, por aquel entonces propietarias de los derechos cinematográficos del pantanoso superhéroe creado por Len Wein y Bernie Wrightson, decidieran estrenar una secuela del film primigenio. Para esta segunda parte sus máximos responsables decidieron no sólo prescindir de casi todos los profesionales detrás de la anterior entrega, sino también acometer dicha continuación con un tono diametralmente opuesto al ofrecido por el director de El Sótano del Miedo (The People Under the Stairs) o Vuelo Nocturno (Red Eye). En esta ocasión se encargaron del guión Neil Cuthbert y Grant Morris, de la dirección un viejo conocido de la serie B como Jim Wynorski y en el reparto destacaban Heather Locklear, Sarah Douglas, Joey Sagal o Louis Jordan y Dick Durock, estos últimos repitiendo como el Doctor Anton Arcane y la Cosa del Pantano respectivamente. El 12 de mayo de 1989 The Return of Swamp Thing se estrenaba en cines no consiguiendo recaudar a nivel mundial mucho más de 270.000 dólares, un fracaso de crítica y público olvidado en la actualidad que, contra todo pronóstico, vamos a intentar revindicar, de algún modo, en la siguiente entrada.





“Un cruce entre La Tienda de los Horrores y El Increible Hulk con un ligero toque de Hairspray” rezaba una de las reseñas de El Regreso de La Cosa del Pantano utilizada en la promoción del largometraje. Dicha cita, más o menos atinada, dejaba claro que el tono de esta nueva propuesta cinematográfica centrada en el personaje de DC Comics, que años después pasaría a formar parte del catálogo de la línea Vertigo, tenía poco o nada que ver que la ideada por Wes Craven en la primera película estrenada en 1982. De esta manera se evidencia que los productores de la obra tenían la intencionalidad de diseñar un acercamiento a la Cosa del Pantano más dirigido a todos los públicos aunando acción, intriga y comedia. Por ello, desde el minuto uno, queda claro que los guionistas Neil Cuthbert y Grant Norris junto al director Jim Wynorski van a dejar de lado la fidelidad a las viñetas para construir una pieza ligera y alejada de cualquier lectura dramática en la que incluso se incluirán varias señas de identidad adheridas al celuloide dirigido a toda la familia.




La trama de The Return of Swamp Thing da inicio cuando Abigail Arcane (Heather Locklear) viaja a los pantanos de Florida tras la misteriosa muerte de su madre. Allí se encontrará con su padrastro, el resucitado Doctor Aton Arcane (Louis Jordan) que ayudado por la Doctora Lana Zurrell (Sarah Douglas) el Doctor Rochelle (Ace Mask) y Gunn (Joey Sagal), el líder táctico de su grupo de mercenarios, ha creado en su laboratorio un ejército de monstruosidades utilizando tanto a animales como a humanos a modo de conejillos de indias con el único fin de dar con una fórmula que le permita revertir los efectos del envejecimiento. Lo que el Doctor Arcane no sabe es que su hijastra intentará detener sus planes con la inestimable ayuda de Alec Holland, la Cosa del Pantano (Dick Durock), que sigue merodeando las inmediaciones de la localidad, mientras entre ambos da inicio una peculiar historia de amor. A Abigail y la Cosa del Pantano se suman otros personajes como Darryl (Daniel Emery Taylor) y Omar (RonReaco Lee) dos niños de la zona amantes de los cómics que intentando ayudar a los protagonistas les producirán más de un quebradero de cabeza.





Lo primero que llama la atención de El Regreso de la Cosa del Pantano con respecto a su predecesora en lo referido al apartado técnico es el notable salto cualitativo de los efectos de maquillaje. Lo decimos no sólo porque la caracterización del protagonista sea mucho más elaborada y se acerque más a las de los cómics que la ofrecida por Wes Craven y sus colaboradores en el film original de 1982, sino también por el diseño de todas las criaturas monstruosas y deformes que habitan el laboratorio del Doctor Anton Arcane. Aberraciones científicas en las que animales y humanos se fusionan como si hubieran sido cobayas del Doctor Seth Brundle del brillante remake que David Cronenberg realizó de La Mosca sólo tres años antes. Además del elaborado uso del maquillaje la feliz inclusión de animatrónicos añade una pátina de sadismo y crueldad a las aberraciones genéticas creadas por el equipo de expertos dirigido por el villano al que da vida Louis Jordan, heredera directo de la serie B y los films protagonizados por los clásicos mad doctors jugando a ser Dios.




Otro apartado en el que esta secuela supera a su predecesora es en el de las numerosas secuencias de acción. Ya recordamos en la reseña de la película de 1982 que a pesar del carácter voluntarioso de Wes Craven detrás de las cámaras las escenas de persecuciones, tiroteos o explosiones delataban el poco presupuesto invertido en el proyecto acentuándose exponencialmente en un clímax final de vergüenza ajena. En cambio, en esta continuación no sabemos si fue el mismo director, Jim Wynorski, el encargado de estos pasajes o si delegó responsabilidades en la segunda unidad, pero el resultado es mucho más dinámico, potente y elaborado que en la cinta dirigida por el autor de la saga Scream. Posiblemente también tengan algo que ver los veinte millones de dólares con los que contó esta segunda parte en contraposición a los paupérrimos dos millones de los que dispuso su predecesora, pero es ineludible que a nivel de puesta en escena y apartado visual la obra que nos ocupa es muy superior a la primera adaptación a la pantalla grande de las aventuras en viñetas de nuestro amigo Swampy, sin por ello destacar en manera alguna un acabado estético que tampoco es nada del otro mundo.




Hasta aquí llegan los elogios hacia El Regreso de La Cosa del Pantano, porque a nivel de tono y en lo referido a si es una adaptación fiel o coherente de los cómics el giro hacia lo cómico y digerible para todos los públicos convierte el film en un desastre sin pies ni cabeza que nada tiene que ver con el personaje de DC creado por Len Wein y Bernie Wrightson. La hibridación entre cinta de acción con pinceladas de terror y comedia no funciona en ningún momento, no sólo porque la combinación de las dos vertientes genéricas carece de armonía o un desarrollo orgánico, sino porque el humor que sobrevuela toda la obra es entre ineficaz y penoso. Desde la insulsa, y algo enfermiza, relación emocional que surge entre Abigail y la Cosa del Pantano, pasando por la despersonalización de este último que no para de lanzar chascarrillos casposos arrancando de una tacada el tono melancólico de la contrapartida en papel del personaje en las viñetas que Wes Craven supo extrapolar con fidelidad en su película y llegando a los dos insoportables niños introducidos a martillazos como innecesaria descarga cómica, otra más, todo es un fracaso a la hora de idear un producto para toda la familia que, lógicamente, fracasó a la hora de encontrar un tárget concreto que pudiera consumirlo como obra audiovisual.




Un protagonista haciendo chistes y levantando el pulgar mirando a cámara, monstruos que parecen salidos de una película de terror atómico de los 50, actores disfrutando al interpretar a personajes insulsos que no se creen en ningún momento, un humor que en ocasiones nos incita a echarnos las manos en la cabeza y un clímax final en el laboratorio a modo de homenaje al subgénero kaiju ejemplifican el espíritu de un producto tan vergonzoso como disfrutable. El Regreso de la Cosa del Pantano es un placer culpable con todas las de la ley, un proyecto que acierta allí donde fallaba su predecesora y que fracasa donde aquella cumplía con su trabajo. Tras ella la Cosa del Pantano no volvió nunca a la pantalla grande, pero sólo un año después de su estreno internacional continuó sus andanzas en una serie de televisión en imagen real emitida por la cadena USA Network que duró la friolera de tres temporadas y 72 episodios y otra de animación truncada a la quinta entrega por el escaso éxito de audiencia que consiguió. Puede que en un futuro hablemos de ambos productos para abarcar todas las adaptaciones audiovisuales de nuestro amigo Swampy, pero por ahora vamos a dejarlo dormir el sueño de los justos, el descanso es más que merecido.



jueves, 14 de mayo de 2020

La Cosa del Pantano (1982), la novia del monstruo


Título Original Swamp Thing (1982)
Director Wes Craven
Guión Wes Craven, basado en el cómic de Len Wein y Bernie Wrightson
Reparto Louis Jourdan, Adrienne Barbeau, Ray Wise, David Hess, Nicholas Worth, Don Knight, Al Ruban, Dick Durock, Ben Bates, Nannette Brown, Reggie Batts





Corrían los primeros años de la década de los 80 y el director Wes Craven (Cleveland, Ohio, 1939) se había convertido en la nueva promesa del cine de terror estadounidense gracias a sus dos primeras cintas, convertidas al poco tiempo de sus correspondientes estrenos en piezas de culto dentro del género. La Última Casa a la Izquierda (1972) y Las Colinas Tienen Ojos (1977) se alejaban de las horror movies góticas o sobrenaturales tan explotadas en los años 50 y 60 ofreciendo dos visiones áridas, cruentas y con estética cuasi documental de un terror rural y realista capaz de mirar directamente al espectador apelando a sus miedos más primarios y atávicos, como también lo hizo Tobe Hooper con la totémica La Matanza de Texas (1974). Ya en 1982 y después de la escasa repercusión de su tercer film, Bendición Mortal (1981), Wes Craven decidió, no sólo cambiar de género, sino adentrarse en el mundo de las prematuras adaptaciones cinematográficas de iconos del mundo del cómic cuyo mejor y más brillante exponente, Superman (1978), había llegado cuatro años antes con dirección de Richard Donner y Christopher Reeve, Margot Kidder, Gene Hackman, Glenn Ford o Marlon Brando en su reparto para marcar un antes y un después dentro del subgénero extrapolando al celuloide las aventuras del superhéroe creado por Jerry Siegel y Joel Shuster que hace poco cumplió la friolera de 82 años.





Aunque hemos mencionado el clásico protagonizado por Christopher Reeve para poner en contexto cuál era la vara de medir a finales de los 70 y principios de los 80 en cuanto a películas inspiradas en el mundo de las viñetas La Cosa del Pantano se encontraba, como proyecto cinematográfico, en las antípidas de aquella superproducción impulsada por Warner Bros. La película de Wes Craven era como todo su cine de por aquel entonces, una obra independiente realizada con muy pocos recursos, dos millones y medio de presupuesto, y distribuida en esta ocasión por Embassy Pictures. Dentro del reparto encontramos a Adrienne Barbeau, ya por aquel entonces un icono de primera categoría dentro del género fantástico y de terror gracias a sus colaboraciones con John Carpenter en 1997: Rescate en Nueva York y La Niebla, Ray Wise, a ocho años de convertirse en el padre de Laura Palmer en la inolvidable Twin Peaks, y otros secundarios como Louis Jourdan, Nicholas Worth, David Hess o Dick Durock dando vida a la Cosa del Pantano. De la dirección y el guión se encargó el mismo Wes Craven.




La trama sigue los pasos de la agente del gobierno Alice Cable (Adrienne Barbeau) llegando a la sabana de Georgia justo cuando el doctor Alec Holland (Ray Wise) y su hermana Linda (Nannette Brown) consiguen un notable avance en su proyecto supersecreto de bio-ingeniría centrado en crear una hibridación entre animal y planta con capacidades para sobrevivir en situaciones adversas. Desgraciadamente el grupo paramilitar del Doctor Anton Arcane (Louis Jordan), comandando por el despiadado Ferret (David Hess), irrumpe en el laboratorio de los Holland para robar la fórmula asesinando a Linda, haciendo caer a Alec sobre los productos químicos que él mismo había diseñado y volando por los aires el laboratorio y todo lo que en él se encontraba. Alice consigue huir de sus captores y poco después descubre que el supuestamente fallecido Alec Holland se ha convertido en una criatura sobrehumana, la Cosa del Pantano, cuya única intención desde ese mismo momento será buscar venganza contra Arcane y sus sádicos colaboradores.




No vamos a negar desde aquí lo evidente e irrefutable. La Cosa del Pantano es una película contrastadamente humilde en la que podemos encontrar mejores intenciones que resultados. Wes Craven es considerablemente fiel al origen que Len Wein y Bernie Wrightson dieron a Allec Holland en las viñetas y en el proceso consigue capturar en gran manera no sólo el contexto espaciotemporal en el que se movían los personajes del cómic y su microcosmos ficcional, sino la melancolía inherente al personaje principal en pasajes como en el que vuelve a su laboratorio una vez ha sido destruido por los hombres del Doctor Anton Arcane. A diferencia de otros profesionales que, con medios mucho más holgados a su disposición, han llevado cómics a la pantalla grande Craven trata de acercarse en gran medida a un material que él considera lo suficientemente bueno como para no mirarlo por encima del hombro creyéndose por encima del mismo. Desgraciadamente su voluntariosidad se ve menoscabada por la escasez presupuestaria, insuficiente para conseguir una adaptación a la altura de las circunstancias que hiciera verdadero honor al personaje y sus aventuras en papel.





Esto que mencionamos se deja notar principalmente en un apartado técnico y unas secuencias de acción en las que se evidencian esos pirrios dos millones de dólares de los que dispuso el creador de Pesadilla en Elm Street. Tiroteos, explosiones y persecuciones en vehículos de tierra o mar desfilan ante nosotros con la humildad que ofrece una película de corte independiente, por mucho que adapte las aventuras de un superhéroe de las viñetas a la gran pantalla. Wes Craven mantiene la compostura en este aspecto durante la mayor parte del metraje, con más mérito si cabe no teniendo experiencia previa en este tipo de producciones más entregadas al escapismo y el ritmo relativamente frenético. Pero por desgracia el clímax final desemboca en desastre, no sólo porque al querer el director abarcar una escala mayor en lo referido a la acción se notan todas las carencias del proyecto, sino también porque el disfraz del Doctor Anton Arcane una vez prueba la fórmula de los Holland parece salido de una de las más célebres películas de Ed Wood o alguna otra producción de serie B de los años 50 y 60 cuyo resultado en pantalla bordea el ridículo en no pocos momentos del cierre de la obra.




Como previamente hemos apuntado la primera adaptación cinematográfica de La Cosa del Pantano contó con más respeto y cariño por el personaje o las aventuras que protagonizó en papel durante sus primeros años que con verdaderas posibilidades para sacar adelante un producto que le hiciera verdadera justicia. A pesar de contar con un buen reparto y el mejor Alec Holland en imagen real hasta la fecha, interpretado por el gran Ray Wise (Twin Peaks), podemos considerar la cinta de Wes Craven una simpática mediocridad que a día de hoy se ve con simpatía y poco más. De hecho el mayor logro del film fue extracinematográfico ya que su estreno resucitó el interés por los cómics del personaje que tras ser relanzados por DC se adentraron unos pocos años después en su mejor etapa, la escrita por el Mago de Northampton. Pero cuidado, nuestro amigo Swampy todavía no había dicho su última palabra en la pantalla grande y siete años después volvió a asaltar las carteleras de medio mundo, pero con una perspectiva diametralmente diferente a la ofrecida por el añorado director de La Serpiente y el Arcoiris.


sábado, 11 de abril de 2020

La Cosa del Pantano: Temporada 1, naturaleza muerta



"Ha habido un cambio en el equilibrio de la luz y la oscuridad. Hay algo ahí afuera..."




La plataforma DC Universe no fue creada solamente para servir de contenedor de todos los productos audiovisuales previos inspirados en los personajes de la editorial estadounidense que le daba nombre. La intención de sus máximos responsables y de Warner Bros también fue diseñar producción propia para atraer el mayor número de suscriptores y fans posible. Series como Titans o su spin off, Doom Patrol, así lo atestiguan. A estos dos proyectos se sumó una ambiciosa adaptación de La Cosa del Pantano, Swamp Thing, el personaje creado en 1971 por Len Wein y Bernie Wrightson en las páginas del House of Secrets n.º 92, conociendo serie propia un años después y llegando a sus mayores cotas de calidad y fama cuando en 1984 Alan Moore se encargó de los guiones de la serie protagonizada por el  personaje regalándonos arcos superlativos como American Gothic o Lección de Anatomía y convirtiendo aquella etapa en un clásico del cómic moderno.




Antes de adentrarnos en esta serie protagonizada por el personaje de DC Comics debemos mencionar que no hablamos con ella de la primera traslación a imagen real del ser sobrenatural que una día soñó ser el científico Alec Holland. En 1982 Wes Craven acometió la primera adaptación en pantalla grande de Swamp Thing con resultados más bien pobres, aunque siendo notablemente fiel a lo narrado por Len Wein y Bernie Wrightson en la génesis del personaje. Siete años después, en 1989, se estrenó la secuela, El Regreso de la Cosa del Pantano, con dirección del desconocido Jim Wynorski, y resultados estrambóticos, pero paradójicamente superiores a los conseguidos por el autor de Pesadilla en Elm Street con la anterior entrega. Ya entre 1990 y 1993 se emitió la primera versión para la pequeña pantalla con una serie homónima de tres temporadas a la que se sumaría otra de animación de tan solo cinco episodios en 1991.




Volviendo a la actualidad y centrándonos en la serie de Swamp Thing los responsables de DC Universe contrataron a James Wan para ser el ideólogo en la sombra del producto. Exitoso director y productor de cine de terror con sagas como Saw, Insidious o The Conjuring (Expediente Warren) posiblemente fuera el descomunal éxito de Aquaman, film rodado por el cineasta australiano, el catalizador para que Warner Bros volviera a depositar su confianza en él para dar vida a otro personaje de la editorial DC. James Wan intervino creativamente en la creación de esta temporada mediante su productora Atomic Monster y delegando responsabilidades en su habitual colaborador Gary Dauberman (Annabelle, La Monja, It) y Mark Verheiden, veterano guionista de cómics, desde hace años implicado en el mundo de la ficción audiovisual. Ambos son los principales responsables y showrunners de la la serie.




Cuando ya se habían contratado los servicios de un varipinto reparto coral formado por Crystal Reed, Andy Bean, Maria Sten, Will Patton, Adrienne Barbeau, Henderson Wade, Jennifer Beals, Virginia Madsen, Derek Mears o Kevin Durand y los del director Len Wiseman (Underworld, Die Hard 4.0) para rodar los dos primeros episodios saltaba la noticia de la cancelación prematura del show por culpa de los altos impuestos que Carolina del Norte, estado donde se rodaba la serie, impuso a los productores y que estos no podían permitirse pagar. De esta manera los trece episodios de los que iba a constar esta primera temporada se vieron reducidos a diez ofreciendo un cierre del todo insatisfactorio. Una vez vista La Cosa del Pantano un servidor debe admitir, muy a su pesar, no pertenecer al grupo de aquellos que la echarán de menos.




Con las consabidas y esperadas licencias La Cosa del Pantano toma como referentes tramas y personajes, principalmente, de la primera etapa del personaje escrita por Len Wein y dibujada por Bernie Wrightson añadiendo algunos apuntes de la ya citada etapa de Alan Moore a los guiones con la inestimable ayuda de ilustradores como Stephen R. Bissette, Rick Veitch o el entintador John Totleben. El problema es que Gary Dauberman y Mark Verheiden parecieran no saber aprovechar el potente material original que tienen en sus manos y a la hora de extrapolarlo a la narrativa serializada en imagen real se centran en la vertiente más culebronesca, en el peor sentido de la palabra, para apuntalar las bases argumentales del proyecto en el que ambos se han implicado. De esta manera el producto se convierte e un claro ejemplo de lo que "pudo ser y no fue" que para colmo no podrá solucionarse en una segunda temporada.




Desde su misma concepción Swamp Thing centra su mayor interés en las relaciones interpersonales de un grupo de personajes causantes de poco o ningún interés de cara al espectador. Las intrigas personales y profesionales, las conspiraciones en la sombra, la aparición de un extraño virus que amenaza a la población están acometidas por los guionistas con un perfil bajo, como sacado de una serie procedimental con poco que ver con la esencia de los cómics en los que se inspira. Es cierto que hay un intento por definir roles potencialmente interesantes como los de Will Patton y Virginia Madsen, dando vida al matrimonio formado por Avery y Maria Sunderland, pero la escritura no pone precisamente fácil el trabajo a unos actores que en el caso de ella no puede sacar de donde no hay y en el de él pareciera tomárselo a broma con un terrible acento sureño y aspavientos variados . Esto se convierte en la tónica habitual con respecto a la fauna social de la localidad de Marais.




Otro de los fallos más notables de Swamp Thing tiene que ver con el tremebundo error de casting que supone el de sus dos intérpretes principales. Crystal Reed es una actriz muy límitada incapaz de, no sólo llevar sobre sus hombros todo el peso que recae sobre Abby Arcane, sino también inviable a la hora de transmitir los conocimientos implícitos en la personalidad de su rol o el conflicto emocional al que se enfrenta durante su cruzada. La situación no mejora con la elección de Andy Bean para caracterizar a Alec Holland, ya que el actor de It: Capítulo 2 carece de la personalidad, el carisma y la presencia necesarios para dar vida a una adecuada contrapartida en imagen real del superdotado y memorable científico. Como era de esperar la química entre Reed y Bean es inexistente y desde esa perspectiva la serie nace muerta desde el primer momento.




Pero no todo van a ser malas palabras por parte de un servidor para Swamp Thing. Gary Dauberman, Mark Verheiden, James Wan y el resto de colaboradores contratados por DC Universe para crear la serie aprovechan adecuadamente el presupuesto invertido en la misma. Todo lo relacionado con la Cosa del Pantano, su entorno y microcosmos está inteligentemente ejecutado desde un punto de vista técnico y adaptado con notable fidelidad de las viñetas del cómic. Diseño de producción, maquillaje y muy dignos efectos especiales, tanto prácticos como digitales, ofrecen la mejor cara del proyecto. A este respecto es justo mencionar que la caracterización de la Cosa del Pantano es la mejor ofrecida hasta el momento en producciones cinematográficas y televisivas siendo la trama centrada en su mímesis con la naturaleza de Marais la única interesante y digna de mención.




En la recta final de la temporada, cuando llegan los episodios nueve y diez, pareciera como si el producto remontara el vuelo y comenzara a suscitar interés, aunque, como acabamos de apuntar en el párrafo anterior, sólo sucede con la subtrama dedicada al personaje que da nombre a la serie. Swamp Thing se despide sin decir adiós y con una prometedora escena post créditos que, conociendo el futuro del programa, sabemos que queda en nada, al menos por el momento. Lamentablemente, y no es de mi agrado decirlo, no será un servidor de los que echen de menos la creación de Gary Dauberman y Mark Verheiden, ya que ha resultado ser una oportunidad desperdiciada en casi todos sus apartados. Algo muy triste si tenemos en cuenta que sus principales responsables tenían en su poder un personaje icónico del mundo del cómic que llegó a disfrutar de una larga etapa convertida con el paso del tiempo en todo un hito del cómic a nivel mundial.