domingo, 23 de abril de 2017

Minúsculos: El Valle de las Hormigas Perdidas



Título Original Minuscule: La Vallée des Fourmis Perdues (2013)
Director Thomas Szabo y Hélène Giraud
Guión Thomas Szabo y Hélène Giraud





Minuscule: La Vie Privée des Insectes es una serie de televisión animada que lleva emitiendo el canal France 2 desde 2006 en el país vecino. El programa consta de episodios con personajes animados localizados en paisajes en imagen real de cinco minutos de duración cada uno con los que nos sumergimos en una fauna repleta de moscas, mariquitas, mariposas, saltamontes y demás insectos. En 2013, después de siete años de exitosa emisión, los creadores del show, Thomas Szabo y Hélène Giraud (hija del mítico ilustrador francés Jean Giraud "Moebius") dirigieron el primer largometraje basado en los personajes de dicho producto para el tubo catódico. Con dos años de retraso llegó a nuestras carteleras esta Minuscule: La Vallée des Fourmis Perdues cuya calidad en todos sus apartados nos confirma que la larga espera mereció totalmente la pena.




La ópera prima de Thomas Szabo y Hélène Giraud respeta totalmente la esencia, espíritu y tonalidad de contrastada ternura de su hermana televisiva pero acrecentando sus aptitudes narrativas gracias a un diseño de producción mayor y un metraje holgado con el que pueden jugar a placer con la vasta faunade insectos que tienen en su poder y con la que han ido coqueteando durante casi diez años. Gracias a esto Minúsculos: El Valle de las Hormigas Perdidas se convierte en una grata sorpresa para toda la familia que va más allá del cine de animación europeo o americano (sobre todo de este último) más ortodoxo tratando de volver a las raíces del género apelando a la influencia de los autores clásicos del género en el fondo para llenar su historia de referencialidad cinematográfica contemporánea en la forma.




Minúsculos: El Valle de las Hormigas Perdidas es Jacques Tati, es Charles Chaplin, es Buster Keaton, lo es en su construcción como muestra de cine mudo, de humor aparentemente blanco con cierta socarronería desvergonzada en el fondo y en su lirismo y elegancia. Pero también es Tim Burton, es Jean Pierre-Jeunet, es Peter Jackson, es Steven Spielberg, por su acabado plástico atípico, su naturaleza grandguiñolesca, su sentido de la épica y la aventura. Con todas estas referencias Szabo y Giraud tienen el caldo de cultivo ideal para narrar un relato de una sencillez y humildad desarmantes que contiene en su interior toda una odisea, una historia bigger than life en la que el personaje protagonista vive un sinfín de aventuras y desventuras que no dan respiro a un espectador infantil que no pierde la sonrisa en todo el metraje y consiguiendo la complicidad del adulto que ve un ejercicio de estilo lleno de pericia, hallazgos visuales y argumentales fortaleciendo un trabajo intachable en todos sus aspectos.




Esta mínima historia sobre una mariquita que tras perderse en el bosque acaba trabando amistad con unas hormigas negras que serán acosadas por las malvadas hormigas rojas con las que finalmente se enfrentarán en una batalla campal de proporciones "microscopicamente épicas" tiene un punto de partida que va desde E.T, de Steven Spielberg o Bailando con Lobos, de Kevin Costner a la inevitable Bichos, de John Lasseter, pero finalmente arando una parcela propia en la que cultivar unas constantes autorales personales e intransferibles con las que bordear en numerosas ocasiones la más pura brillantez. Los autores se hacen fuertes con el slapstick, el humor físico, el encanto de esas pequeñas criaturas que sólo por medio de expresiones faciales o lenguaje gestual transmiten más emociones, tanto dramáticas como cómicas, que cualquier elaborada línea de diálogo por muy bien construida que esté.




Con un tono de continua aventura sin fin que desemboca en una desternillante y desbordadamente épica batalla final inspirada en la saga cinematográfica de El Señor de los Anillos Thomas Szabo y Hélène Giraud consiguieron con esta adaptación a la gran pantalla de su exitoso producto catódico una pequeña obra maestra que encandilará a espectadores de todo tipo por su universalidad, humildad formal o argumental y "magia silente", aquella a la que también se aferró la británica factoría Aardman para dar forma a otra genialidad de la animación contemporánea, una vez más nacida en televisión, como es la maravillosa La Oveja Shaun: La Película. En lo referido a Minúsculos: El Valle de las Hormigas Perdidas hablamos de una pieza indispensable para todo aquel amante del cine de calidad con aroma clásico y sibaritas del celuloide animado que sepan saborear un buen plato elaborado con profesionalidad, elegancia y sencillez.


martes, 11 de abril de 2017

From Beyond: Re-Sonator, ladrones de mentes



Título Original From Beyond (1986)
Director Stuart Gordon
Guión Dennis Paoli, Brian Yuzna, Stuart Gordon
Actores Jeffrey Combs, Barbara Crampton, Ken Foree, Ted Sorel, Carolyn Purdy-Gordon, Bunny Summers, Bruce McGuire, Del Russel, Dale Wyatt, Karen Christenfeld





En el año 1985 el director Stuart Gordon, el productor Brian Yuzna y el guionista Dennis Paoli aunaron sus fuerzas para dar forma a Re-Animator una adaptación bastante apócrifa de Herbert West Reanimador, una serie de relatos cortos nacidos de la pluma del escritor norteamericano originario de Providence H.P. Lovecraft. El proyecto, auspiciado por la productora Empire Pictures, fue todo un éxito a pesar de su escueto presupuesto y humildes pretensiones, convirtiéndose en una de las películas adscritas al subgénero gore más exitosas de la década de los 80 y con el paso del tiempo llegando a ser considerada una obra de culto dentro del cine del cine de terror dando lugar a un par de secuelas (La Novia de Re-Animator y Beyond Re-Animator) que ayudaron a transformar la saga de este atípico "mad doctor" en una de las más queridas por el fandom aficionado a este estilo de celuloide.




Tras el éxito de Re-Animator, no exento de cierta controversia por su naturaleza extremadamente violenta y vitriólica, el mismo equipo técnico y varios de los actores principales del largometraje (Jeffrey Combs, que dio vida al inefable Doctor West y Barbara Crampton que interpretó a la atractiva universitaria Megan Halsey) volvieron a colaborar con Empire Pictures para adaptar otro texto de H.P. Lovecraft, posiblemente con la intención de conseguir una repercusión parecida a la del film de 1985. El resultado fue una traslación a imágenes del relato From Beyond también del autor de La Sobra Sobre Insmouth o En las Montañas de la Locura, una vez más con diferencias con respecto a la palabra escrita y con una carrera crítica y comercial mucho más discreta que la de su predecesora espiritual, pero con los suficientes hallazgos visuales y narrativos como para que hoy dediquemos esta entrada a reivindicar su valía como producto cinematográfico arriesgado y brutal.




From Beyond, que se conoció en España como Re-Sonator para aprovechar el tirón de Re-Animator, narra la investigación científica llevada a cabo por el Doctor Pretorius (Ted Sorel) y su colaborador, el Doctor Tillinghast (Jeffrey Combs) centrada en utilizar, por medio de una máquina llamada "The Resonator", la estimulación de la glandula pineal humana para abrir la mente a nuevas dimensiones paralelas a la nuestra. El experimento trae a nuestra realidad unas monstruosidades que asesinan a Pretorius, de modo que Tillinghast es acusado del crimen y posteriormente trasladado a un hospital psiquiátrico. Una vez allí la psiquiatra Katherine McMichaels (Barbara Crampton) creerá en la inocencia de su paciente y se unirá a este último y al agente de policía Buford 'Bubba' Brownleea (Ken Foree) para formar un equipo con el que volver a la casa donde los dos doctores realizaron su trabajo con el único fin de saber qué pasó alli y de dónde provienen las criaturas que ambos trajeron a nuestra realidad por medio de sus investigaciones.




Aunque la repercusión de From Beyond quedó lejos de la obtenida por Re-Animator  (algo que no evitó que ganará en el Festival de Sitges de 1986 los premios a mejores efectos especiales y banda sonora original) como obra cinematográfica debe ser destacada y recuperada por distintos motivos tanto estéticos como conceptuales. El primero y más importante es por ser un delirio de látex, efectos animatrónicos y maquillaje sólo comparable al llevado a cabo por el mismo Brian Yuzna, productor del film, en Society, su viscoso y lúbrico debut como director de largometrajes. Pero el trabajo de Stuart Gordon va mucho más allá, ya que la creación de las monstruosidades que pueblan la cinta que nos ocupa posiblemente sean las más retorcidas, excesivas y deliciosamente desagradables que dio el cine de género durante la década de los 80, llegando a superar al alienígena multiforme y adaptativo que Rob Botin creó para el remake de La Cosa que rodó en 1982 un John Carpenter al 100% de sus capacidades como narrador.




Las aberraciones inhumanas comandadas por el Doctor Petrorius e ideadas por unos enormes equipos de maquillaje y efectos especiales formado por técnicos tanto americanos como italianos (el film se rodó en el país europeo como sucedió con otras producciones de Empire Pictures de los 80) y entre los que comenzaban a despuntar unos jóvenes Robert Kurzman y Greg Nicotero parecen una hiperbolización grandguiñolesca y excesiva hasta lo prohibitivo de la "Nueva Carne" cronenbergiana y ya sólo por la presencia de esos monstruos deformes hasta lo delirante, inconcebibles en el actual cine del siglo XXI tan conservador y aséptico, y el uso casi cómico de colores pastel (el rosa y el azul) para exponerlos en pantalla deberián copar un puesto de  honor dentro del cine gore clásico y recibir el reconocimiento que merecen por la osadía formal y moral de aquellos que los concibieron sin pararse a pensar en sensibilidades, censuras o limitaciones presupuestarias a manos de los productores que se atrevieron a financiar su locura.




Pero no sólo de una interminable orgía gore vive From Beyond, tras su apariencia de delirio pulp y exploit anida la esencia gótica y mórbida de H.P. Lovecraft, aunque Gordon, Paoli y Yuzna convierten en explicitud y lascivia todo lo que en la palabra escrita del novelista de Providence era contención perversa y represión sexual. Uno de los mayores logros del director de Dagon: La Secta del Mar o Fortaleza Infernal es conseguir transmitir no sólo la atmósfera desasosegante relacionada con las bestias interdimensionales que aparecen en la nuestra gracias a la máquina "The Resonator" sino también las mutaciones físicas graduales que el Doctor Tillinghast experimenta en su físico tras convertirse en uno de los conejillos de indias del ya mencionado aparato consiguiendo extrapolar a la platea esa sensación de dolor agudo y punzante que sufre el protagonista y que se extiende de forma vírica al resto de personajes que pueblan la historia.




Aunque Jeffrey Combs y Barbara Crampton ya aparecían como actores principales en Re-Animator los roles que ejercieron en From Beyond poco tienen que ver con los que allí interpretaron. El Doctor Herbert West del film de 1985 es el polo opuesto del Thillinghast del film que nos ocupa, el primero fue abordado por el actor de Faust: La Vanganza Está en la Sangre desde la contención y la total ausencia de humor, lo que paradójicamente volvía mucho más cómica su labor, en cambio el segundo exige una entrega mucho más física, exagerada y sobreactuada y en ese sentido Combs, como pudimos ver en obras como Agárrame a Esos Fantasmas (The Frighteners), también es un maestro. Bárbara Crampton deja de lado el perfil de universitaria cándida pero sexy para dar vida a la segura y obsesiva Doctora McMichaels que revelará también su lado más lascivo en una ya mítica escena tomando el papel de dominatrix embutida en látex que ayudó a confirmar su fama de scream queen durante la segunda mitad de los años 80.




A la presencia de Jeffrey Combs y Barbara Crampton debemos sumar la de dos personajes clave en la trama de From Beyond aunque ambos se encuentren entre los secundarios del proyecto. Por un lado tenemos a un sádico y pervertido Ted Sorel que por desgracia no tiene los suficientes minutos como ser humano en pantalla para que el guión pueda desarrollar adecuadamente su personalidad cargada de brutalidad y parafilias sexuales enfermizas, pero que tras su "transformación" ofrece momentos para la estantería del recuerdo. Por otro lado contamos con la presencia de Ken Foree, un icono de la Serie B que ha intervenido en clásicos como Zombi (Dawn of the Dead), The Lords of Salem o La Matanza de Texas III y cuya fisicidad rotunda da solidez a su papel de rudo policía superado por los hechos sobrenaturales a los que se enfrenta junto a sus compañeros de fatigas.




From Beyond triunfa gracias a su mixtura de géneros (ecos que van desde las producciones de Roger Corman hasta las de la Hammer Films) naturaleza lacerante, afán por revolver el estómago del espectador (ese "alumbramiento" es una secuencia mítica que no se olvida fácilmente) e intención de seguir extendiendo en celuloide la palabra de H.P. Lovecraft aunque sea contradiciendo algunas de las señas de identidad del autor, algo que en un futuro volvería a hacer, pero en el mundo del arte secuencial, el guionista británico Alan Moore con obras como Neonomicon o Providence. Como bien hemos dicho el segundo largometraje en labores de dirección de Stuart Gordon no consiguió la fama que sí se labró, por méritos propios, el primero, pero poco a poco "Re-Sonator" va consiguiendo el título de obra de culto que lleva mereciendo desde hace años como ejemplo impecable de cine extremo, políticamente incorrecto y casi ofensivo.


lunes, 10 de abril de 2017

Especial Ghost in the Shell: Una Red Vasta e Infinita



Por muchos es sabido que durante el periodo que abarcó Mayo de 1989 y Noviembre de 1991 la editorial japonesa Kōdansha publicó el manga Ghost in the Shell, escrito y dibujado por el autor Masamune Shirow. Con dicha obra, adscrita al subgénero seinen, el autor de Appleseed consiguió un hito en el mundo del arte secuencial nipón gracias a una inteligente (y en ocasiones farragosa) mezcolanza de estética cyberpunk, metafísica, filosofía y existencialismo localizado en un futuro regido por corporaciones financieras y gobiernos corruptos interconectados por la red informática moldeando una historia que seguía los pasos de la Sección 9, un grupo antiterrorista dirigido por Daisuke Aramaki y comandado a pie de calle por la Mayor Motoko Kusanagi, una androide (la mayoría de ciudadanos de esta distopía están totalmente mecanizados o poseen partes artificiales en su organismo) experta en combate cuerpo a cuerpo que gracias a la intervención de un extraño pirata informático llamado “El Titiritero” conocerá una nueva visión de sí misma y su lugar en este mundo automatizado.




El éxito del manga fue descomunal y no tardó en aterrizar en países de todo el globo consiguiendo millones de fans que se enamoraron de las aventuras de Motoko Kusanagi y la Sección 9. Dicho triunfo permitió a Masamune Shirow dar una continuación a su historia hasta en dos ocasiones con Man Machine Interface y Human Error Processor 1.5, entregas también interesantes, pero alejadas de la potencia de la primera parte, que no hicieron más que extender el microcosmos de Ghost in the Shell. Pero el fandom sabe que la leyenda detrás de GITS creció hasta lo inabarcable cuando el cineasta japonés Mamoru Oshii puso sus ojos en las viñetas de Shirow. En el año 1995 el estreno de la adaptación para la pantalla grande de Ghost in the Shell supuso un antes y un después en el mundo del cine animado, coincidiendo con una de las épocas de más fervor por el género en nuestro país, y tomando el rol de punta de lanza de lo que con el tiempo se convertiría en un microcosmos audiovisual repleto de films, animes, ovas y culminando con la superproducción en imagen real rodada en Estados Unidos que vio la luz en España hace un semana.




En la siguiente entrada vamos a realizar un repaso por todas las adaptaciones audiovisuales de Ghost in the Shell, desde los dos largometrajes dirigidos por Mamoru Oshii, Ghost in the Shell y Ghost in the Shell 2: Innocence, pasando por las series u ovas como Ghost in the Shell: Stand Alone Complex o Ghost in the Shell: Arise y finalizando con una reseña de la película en imagen real norteamericana, Ghost in the Shell: El Alma de la Máquina, dirigida por Rupert Sanders (Blancanieves y la Leyenda del Cazador), escrita por William Wheeler (Ray Donovan) Ehren Krueger (Arlington Road, El Secreto de los Hermanos Grimm) Jamie Moss (Dueños de la Calle) y protagonizada por Scarlett Johanson (Los Vengadores: La Era de Ultrón, Capitán América: Soldado de Invierno), Michael Pitt (Boardwalk Empire, Soñadores), Takeshi Kitano (Hana-Bi: Flores de Fuego, Zatoichi) o Juliette Binoche (Cosmopolis, Godzilla) entre otros. De modo que id preparando vuestras conexiones a la red, poned a punto vuestros tachickomas y accionad vuestro camuflaje termo-óptico, ya que la red es vasta e infinita y el viaje comienza ya.


Ghost in the Shell (1995), ¿sueñan los androides con la omnisciencia?



Dirección Mamoru Oshii
Guión Kazunori Itô, basado en el manga de Masamune Shirow
Música Kenji Kawai
Fotografía Hisao Shirai
Duración 83 min
Productora Bandai Visual Company / Kodansha / Manga Video / Production I.G.
Nacionalidad Japón

En el año 1995 el director Mamoru Oshii se asoció con las productoras Production I.G, Bandai Visual, Manga Entertainment y la editorial Kodansha para estrenar Ghost in the Shell, la adaptación animada para la pantalla grande del manga homónimo escrito y dibujado un lustro antes por el aclamado autor Masamune Shirow. Con la ayuda del guionista Kazunori Itô que le ayudó a sintetizar el primer volumen del manga en un guión cinematográfico, depurar subtramas, cohesionar el mensaje que transmitían las viñetas reduciendo sus múltiples reflexiones a un todo coherente y efectivo y eliminando de una sola tacada el humor que en el papel unas veces funcionaba y otras no Mamoru Oshii creó una de las mejores películas de ciencia ficción del cine de los años 90, trascendiendo la parcela exclusiva de la animación para llegar a codearse, gracias a sus hallazgos visuales y narrativos, con cualquier muestra de celuloide en imagen real adscrito a dicho género. El éxito fue brutal, una vez más la animación japonesa atravesaba fronteras y dejaba alucinado a un occidente que miraba con envidia y admiración a unos autores capaces de crear verdaderas piezas magistrales superando sin demasiado esfuerzo a las grandes superproducciones norteamericanas y sus variantes europeas.




Ghost in the Shell fue a los 90 lo mismo que Akira de Katsuhiro Otomo a los 80, no sólo una película que sabía condensar en un ajustado metraje todo el ideario e idiosincrasia de un extenso manga, sino también una revolución cinematográfica gracias a su portentosa mezcla de poética mecanizada, acción potente, análisis de personalidades y realización virtuosa a la hora de llevar a imágenes en movimiento las correrías de la Sección 9 intentando dar caza al cyberterrorista “El Tirititero”, hacker que cambiará para siempre la existencia de la Mayor Motoko Kusanagi tras mantener una interconexión neuronal con ella. Secundarios brillantes como Batoo, Togusa o Aramaki, pasajes epatantes como el arranque, la persecución del basurero por parte de Kusanagi y Batou o la batalla del clímax final hacen de Ghost in the Shell una obra maestra incontestable, una producción mastodóntica con la que Mamoru Oshii no sólo supo estar a la altura del material nacido de los lápices de Masamune Shirow, sino que consiguió superarlo ampliamente en logros y repercusión.




Cabe comentar que en el año 2009 Oshii estrenó Ghost in th Shell 2.0, una burda maniobra comercial con la que añadió innecesarios y reprobables pasajes en 3D a la obra, sustituyendo con ellos algunos de los animados en 2D, y un nuevo coloreado que rompía en gran parte la inolvidable gelidez y melancolía de la obra original. Pero centrándonos en la película primigenia y su legado no podemos más que hablar de una de las muestras de género más influyentes en el género de ciencia ficción de los años 90, ya que hasta las mismas hermanas Lana Wachovski y Lilly Wachovski o el productor Joel Silver admitieron que el film de Mamoru Oshii fue una de las piezas de ficción que más influyó en Matrix, una de las cintas adscritas a la sci-fi cinematográfica más exitosas de lo que fueron las postrimerías del siglo XX y el arranque del XXI, tomando del proyecto nipón no pocas referencias a su resoluciones visuales, perfil de personajes y apunte narrativos. Hoy día Ghost in th Shell sigue siendo la mejor adaptación del manga de Masamune Shirow a imágenes gracias a una historia adelantada a su tiempo, a plantear dilemas universales arraigados en la mejor literatura sobre el tema (imposible no pensar en Isaac Asimov, Arthur C, Clarke o Philip K. Dick a lo largo del metraje) y a componer personajes que perduraron en el recuerdo tanto de fans de la animación japonesa como de espectadores neófitos que encontraron en ella un universo nuevo lleno de posibilidades.


Ghost in the Shell 2: Innocence (2004), yo, robot



Dirección Mamoru Oshii
Guión Mamoru Oshii, basado en el manga de Masamune Shirow
Música Kenji Kawai
Fotografía Miki Sakuma
Duración 99 min
Productora Studio Ghibli / Bandai Visual Co. Ltd. / Dentsu Inc.
Nacionalidad Japón

Casi una década tuvo que pasar para que Mamoru Oshii decidiera volver al universo cinematográfico de Ghost in th Shell que él mismo había ayudado a encumbrar tomando como base el manga de su compatriota Masamune Shirow. En esta ocasión Oshii también se ocupó del guión y su hazaña se antoja doble si tenemos en cuenta que en esta ocasión el cineasta no se basó en ningún manga para realizar su nueva producción, ya que declinó adaptar tanto Man Machine Interface como Human Error Processor 1.5, optando por crear una historia de su propia cosecha que respetara los preceptos planteados y desarrollados en la primera película de Ghost in the Shell de 1995. Una vez finalizado el proyecto este se estrenó en el año 2004 con el título Ghost in th Shell 2: Innocence al amparo de Production I.G, Bandai Visual, Denstsu Inc o el mítico Studio Ghibli de Hayao Miyazaki, y el resultado, sin llegar a los niveles de excelencia de su predecesora, sobrepasó todas las expectativas depositadas en la obra. Mamoru Oshii conseguía de nuevo deslumbrar a propios y extraños con su última criatura, pero en esta ocasión algunas pequeñas máculas ensuciaban un poco su labor como maestro de ceremonias.


Aunque es una continuación de Ghost in th Shell Mamoru Oshii afirmó tajántemente durante la época de su estreno que Ghost in the Shell 2: Innocence no era una secuela del film de 1995, al menos en el sentido más ortodoxo de la palabra. La reminiscencias a Blade Runner de la primera película se convierten en puro cine noir en Ghost in the Shell 2: Innocence en cuya trama seguimos los pasos de la Sección 9, dirigida a pie de calle por Batou desde que la Mayor Kusanagi desapareciera después de los hechos relacionados con “El Titiritero”, investigando un misterioso caso en el que varias personalidades importantes de la política han sido asesinadas por ginoides (robots sexuales con apariencia de geishas) y tomando como núcleo la vida privada y profesional del mismo Batou y su compañero Togusa. Oshii y sus colaboradores saben amalgamar los ecos de literatura negra con el ideario sobre los límites de la biomecánica y la posible toma de conciencia de la inteligencia artifical en una obra visualmente apabullante y escrita con aplomo. El guionista y director sabe alternar la grandilociencia (espectaculares escenas de lucha o persecuciones) con las íntimas (todos los pasajes de Batou con su perro acentúan una humanidad que sabemos no es tal dentro del mecanizado cuerpo del personaje) e ir más allá de los dilemas planteados con su primer film sin que el espectador se pierda en el proceso.




Por desgracia no todo son aciertos en un largometraje como Ghost in the Shell 2: Innocence ya que el apartado estilístico se resiente debido a la decisión por parte del cineasta y su equipo de colaboradores de abusar de unos artificiosos (y hoy hasta obsoletos) efectos digitales en 3D que chocan frontalmente con la elaborada animación en 2D, ofreciendo esta última algunos pasajes conceptual y narrativamente superiores a varios de los del primer film de 1995. Por desgracia este defecto del todo reprobable no debío ofrecer una mala respuesta si tenemos en cuenta que Oshii también lo usó, con ídénticos pobres resultados, en Ghost in the Shell 2.0, el ya mencionado reestreno del film primigenio. A pesar de estas carencias que merman el acabado artístico de la obra, pero no su potencia narrativa o su retrato de personajes (es imposible no adorar a personajes como Batou, Togusa o Ishikawa después de ver el film) Ghost in the Shell 2: Innocence se revela como una obra ejemplar, que cambiando en cierta manera su tono y tipo de narración con respecto a su hermana mayor supo respetar con fidelidad su espíritu e imaginario cerrando oficialmente, por ahora, la visión que Mamoru Oshii dio del manga de Masamune Shirow.


Ghost in th Shell: Stand Alone Complex (2002), Patrulla Especial Ghost




Género Policíaco, thriller, animación, ciencia ficción, cyberpunk, distopía
Creador Kenji Kamiyama
Director Kenji Kamiyama
Guión Kenji Kamiyama
Producción Production I.G.
Canal Sky PerfecTV!, Nippon Television
País Japón

Dos años antes de que Mamoru Oshii estrenara en pantalla grande Ghost in the Shell 2: Innocence las cabezas pensantes detrás de Production IG decidieron solicitar sus servicios como asesor para gestar lo que sería el primer anime serializado relacionado con la creación de Masamune Shirow. Emitido en las cadenas Sky PerfecTV! y Nippon Television de 2002 a 2005, con dos temporadas de 26 episodios cada una y un ova añadido a modo de colofón Ghost in th Shell: Stand Alone Complex se convirtió e una de las mejores producciones adscritas al universo Ghost in the Shell. El reputado guionista y director Kenji Kamiyama (Patlabor, Blood: The Last Vampire) se ocupó de dar forma a esta nueva versión por capítulos de las andanzas de la Mayor Motoko Kusanagi y sus compañeros de la Sección 9 que no compartía línea argumental con el film original de Mamoru Oshii y dejaba de lado (casi) todo el ideario metafísico del manga original para centrarse en tramas más adscritas a la acción o la intriga sin por ello dejar de respetar el material en viñetas y celuloide que forjó la leyenda de Ghost in the Shell.




Como hemos mencionado la serie se divide principalmente en dos temporadas con episodios unitarios pero que se vertebran por una trama central relacionada con el enemigo a derrotar. La primera tiene como villano a “El Hombre Que Ríe”, un ciberterrorista inspirado en el libro El Guardian Entre el Centeno, de J. D. Salinger, una especie de Anonymous que se dedica a dejar en evidencia a las altas esferas políticas y al que deberán dar caza los miembros de la Sección 9 cuando sus delitos tomen una mayor escala. En la segunda temporada (conocida también como S.A.C. 2nd GIG) la Sección 9 ha sido desmantelada, pero de manera clandestina seguirá funcionando bajo el mando de Daisuke Aramaki para enfrentarse al grupo terrorista “Los 11 Individuales” o a la situación problemática que se plantea tras la llegada de refugiados asiáticos y la respuestas del gobierno a dicha situación. Como bien hemos mencionado la serie abandona el tono más trascendente del manga o los filmas de Mamoru Oshii, pero aún así plantea reflexiones del todo interesantes sobre los límites definitorios del terrorismo (fuera y dentro del estado) o la inmigración con un Kenji Jaiyama que sabe diseccionar por medio de la ciencia ficción algunos de los problemas de nuestra sociedad actual siempre desde la inteligencia y sin sectarismo alguno a la hora de abordarlos.




Evidentemente la serialización por episodios nos permite ir conociendo a los personajes de Ghost in the Shell mejor que en cualquiera de las versiones para la pantalla grande. Stand Alone Complex dedica mucho tiempo a perfilar la personalidad de Kusanagi, Batou, Aramaki, Togusa, Ishikawa o Saito entre otros, llegando a dedicar capitulos completos a algunos de ellos (como el que se centra en el pasado de Batou) y siempre manteniendo el perfecto equilibrio entre acción, intriga y comedia gracias a la interacción personal de los protagonistas. Con respecto al humor en cada episodio final encontramos unos epílogos protagonizados por las tachikomas (una especie de tanques de combate inteligentes que acompañan a la Sección 9 en sus misiones) cuyo tono más ligero y escapista no siempre funciona ya que está totalmente desvinculado de las tramas principales. A modo de cierre para la serie en el año 2006 se estrenó en la televisión nipona una magnífica película llamada Ghost in the Shell: Solid State Society que vuelve a retratar a la Sección 9, aunque en esta ocasión con otro director, investigando un caso de terrorismo bacteriológico y dando cierre a la que es, después del film de 1995, la mejor versión animada que se ha realizado sobre el microcosmos nacido de la pluma de Masamune Shirow.

Ghost in the Shell: Arise (2015), regreso al futuro



Género Policíaco, thriller, animación, ciencia ficción, cyberpunk, distopía
Creador Kazuchika Kise
Director Kazuchika Kise
Guión Tow Ubukata, basado en el manga de Masamune Shirow
Producción Production I.G.
País Japón

Mientras Paramount Pictures y Dreamworks SKG se embarcaban en la misión llevar a buen puerto su adaptación a imagen real del manga de Masanune Shirow los mandamases de Production I.G decidieron ofrecer un nuevo proyecto de animación relacionado con el universo GIS. En el año 2015 se estrenaron cinco ovas que dieron forma a Ghost in the Shell: Arise una saga que contaba los orígenes tanto de la creación de la Sección 9 como de sus miembros. Con Kazuchica Kise (implicado en la animación de los dos primeros films sobre GITS de Mamoru Oshii) a la dirección y Tow Ubukata (Psycho-Pass) a los guiones esta precuela sucede cronológicamente antes de lo acontecido en el largometraje de 1995 y posee un nuevo diseño de personajes más o menos diferente al visto en los films de Oshii para la pantalla grande o en Ghost in th Shell: Alone Complex, el anime emitido por televisión de 2002 a 2005 del que ya hemos hablado. El resultado queda lejos de las películas y de la anterior serie para el tubo catódico, pero a pesar de todo mantiene un muy buen nivel a la hora de contarnos la génesis del grupo dirigido por Daisuke Aramaki, comandado por Motoko Kusanagi y los primeros casos en los que se vieron implicados.




Como es lógico al tratarse de una precuela, o en cierta manera casi un reboot, de Ghost in th Shell, y como ya hemos mencionado, en Arise el diseño de personajes es diferente al visto previamente en otras traslaciones de GITS a la pantalla grande o pequeña. Kusanagi, Bato, Aramaki o Togusa tienen aquí sus contrapartidas “rejuvenecidas” y aunque algunos de los personajes no tienen la presencia en pantalla de sus anteriores encarnaciones el nivel de producción, casi cinematográfico, de la propuesta y una animación en 2D brillante cubren los posibles defectos que en ese sentido pudiera tener la obra. La acción impera en las cinco entregas de la nueva franquicia y aunque todavía las tramas plantean dudas sobre los límites de la tecnología como los films de Mamoru Oshii y abordan temas sociales como el anime Ghost in th Shell: Stand Alone Complex posiblemente Arise sea la adaptación más de género del manga de Masamune Shirow, centrándose en la construcción de la Sección 9 y el enorme peso que en ella tendrá la futura Mayor Motoko Kusanagi a la que se irán uniendo el resto de miembros del equipo reclutados por Daisuke Aramaki con la misión de resolver casos de cyberterrorismo o corrupción corporativa y política.




Después del los ovas y un remontaje a modo de episodios para la televisión (algo que también se hizo con las dos temporadas de Stand Alone Complex) en el año 2016 se estrenó en cines de Japón y formato doméstico Ghost in the Shell: The Rising una película que no sólo continuaba los hechos acontecidos en el último de los cinco ovas de Arise sino que conectaba directamente de manera cronológica con los hechos que daban inicio a la película Ghost in the Shell de 1995. Esta serie de ovas se pueden considerar un excelente trabajo y un proyecto que extiende, más si cabe, el universo audiovisual relacionado con las viñetas que Masamune Shirow creó en 1989. A día de hoy Ghost in th Shell: Arise y su película secuela (de las que también nació un manga) son el último material animado de origen nipón nacido de la franquicia que ocupa esta entrada y su finalización nos lleva directamente a el presente año 2017 en el que las carteleras de todo el mundo han asistido a la llegada de la primera versión en imagen real de la Sección 9 y sus componentes, cinta a la que vamos a dedicar la siguiente reseña para dar cierre a este especial dedicado a Ghost in the Shell.


Ghost in the Shell: El Alma de la Máquina (2017), lost in translation




Dirección Rupert Sanders
Guión William Wheeler, Ehren Kruger y Jamie Moss basado en el manga de Masamune Shirow
Música Clint Mansell y Lorne Balfe
Fotografía Jess Hall
Reparto Scarlett Johansson, Michael Pitt, Juliette Binoche, Michael Wincott, Pilou Asbæk, Takeshi Kitano
Duración 107 min
Productora DreamWorks SKG / Grosvenor Park Productions / Seaside Entertainment
Nacionalidad Estados Unidos

Después de décadas de idas y venidas, bailes de directores, guionistas y actores que acababan abandodonado el proyecto finalmente Paramaount Pictures en asociación con DreamWorks SKG se pusieron manos a la obra para sacar adelante una adaptación en imagen real de Ghost in the Shell con un reparto que mezcla rostros occidentales y orientales, un guión escrito a seis manos y un director con sólo un largometraje en su haber y que para colmo es más conocido por sus líos de faldas en los rodajes que por su labor como profesional. El resultado es Ghost in the Shell: El Alma de la Máquina, una enorme superproducción al más puro estilo Hollywood protagonizada por actores reales para dar vida a la famosa Sección 9 nacida en las viñetas de Masamune Shirow y llevadas a lo más alto del medio audiovisual gracias a los largometrajes animados de Mamoru Oshii. El resultado para el que esto firma, que como habrá dejado claro en esta entrada es un fan de todo lo relacionado con el universo GITS, es el esperado, una versión occidentalizada de de casi todo el microcosmos audiovisual de Ghost in the Shell con aciertos y fallos, momentos potentes alternados con otros no del todo acertados, pero con un resultado bastante decente en cuanto a cumplir la difícil tarea de trasladar a la “realidad” una pieza clave dentro de la ciencia ficción que abarca distintos campos como el arte secuencial, el celuloide o la televisión, con una copiosa producción animada que en ninguno de sus casos baja del notable.




Llama la atención la coincidencia en cartelera de dos films como La Bella y la Bestia y Ghost in the Shell: El Alma de la Máquina. Ambos largometrajes están mayormente inspirados en la adaptación cinematográfica más icónica sobre una obra literaria y un cómic respectivamente, pero mientras el film de Bill Condon llega a convertirse casi por completo en un simple corta y pega de su contrapartida animada, las mentes detrás de la película dirigida por Rupert Sanders y protagonizada por Scarlett Johansson prefieren atraer ideas y conceptos de prácticamente todo el universo audiovisual y animado de Ghost in the Shell para crear un todo multireferencial, ciertamente tomando como base la cinta clásica de 1995, pero añadiendo no pocos detalles de sus continuaciones o precuelas en pantalla grande, televisión o formato doméstico. Por eso aunque la trama que estructura el núcleo central de la obra es prácticamente la del primer trabajo de Mamoru Oshii con el universo GITS la inclusión de las geishas cyborg dentro del arranque del film viene de Ghost in the Shell 2: Innocence, el diseño de producción se alimenta de todos los vistos hasta el momento en animación y el villano no deja de ser una versión del Hideo Kuze de la segunda temporada de Ghost in the Shell: Stand Alone Complex con apuntes de “El Hombre Que Ríe” de la primera y de “El Tirititero” de la ya citada película original.




En ese sentido tanto el director como los guionistas William Wheeler, Ehren Kruger y Jamie Moss dan muestras de haber hecho los deberes a la hora de conocer los entresijos conceptuales y narrativos de la obra original ya sea en papel o celuloide. El problema está en que a la hora de trasladarlo a un guión original comienzan a notarse los síntomas que delatan la naturaleza de producción creada bajo la influencia de Hollywood por concesiones que se hacen de cara a la platea. Uno de los mayores pecados de Ghost in th Shell: El Alma de la Máquina es ser desprejuiciadamente expositiva, ya que todo lo que en la obra de Mamoru Oshii era simbología, silencios que hablaban por sí solos, y una inclinación por no dar todo masticado al espectador para que este tratara de descifrar los secretos que atesoraba el largometraje animado de Ghost in th Shell aquí se convierten en un ejercicio de retoricismo agotador y repetitivo cuando vemos que todas aquellas ideas que Oshii dejaba a la libre imaginación del que visionaba su obra se convierten aquí en diálogos en modo explicativo espetados por los personajes con la intención de que a nadie se le escapen los dilemas metafísicos de la Mayor o su excepcionalidad como producto de la ingeniería mecánica. Aunque también es cierto que esta tara que convierte el guión del film casi en un “tutorial” es un peaje que se debe pagar si tenemos en cuenta que el espectador neófito (que puede ser de cualquier edad o procedencia) no conoce nada del universo previo de GITS y que al enfrentarse a este film como obra unitaria debe tener toda la información posible sobre él para entenderlo.




En cuanto al diseño de producción utilizado para trasladar esa nunca determinada ciudad que parece una mezcla entre Hong Kong y Tokyo encontramos luces y sombras. Por un lado cuando visionamos las localizaciones más a pie de calle se deja notar la arquitectura gélida y mastodóntica de los films de Mamoru Oshii, pero cuando la cámara de Rupert Sanders quiere mostrar a vista de pajaro la urbe donde tienen lugar los hechos acontecidos en el largometraje el exceso se hace con el encuadre con una amalgama de influencias que van desde el mismo manga de Masamune Shirow hasta Blade Runner (los gigantescos hologramas de geishas adheridas a los laterales de los rascacielos) que se mueve entre el esteticismo arriesgado bien entendido y la horterada pura y dura. Por suerte la estética cyberpunk que abarca vestuario, armamento, vehículos, uniformes y localizaciones interiores beben de la fuente original y aunque en ocasiones pequen de iluminación exagerada (el local de la yakuza en el que entran Batou y la Mayor) en líneas generales el equipo de dirección artística, efectos digitales, maquillaje y vestuario han hecho los deberes adecuadamente. Esto nos confirma que Ghost in the Shell: El Alma de la Máquina a un nivel puramente estético y visual se acerca más al colorido entorno retratado por Masamune Shirow en las viñetas que a la asepsia deudora de william Gibson que en no pocas ocasiones destilaba el primer film de Oshii y que encontró una réplica algo más íntima (sobre todo a la hora de sustituir colores fríos por otros de tonalidad más cálida) en el segundo.




Con respecto al reparto y más allá del famoso whitewashing (que el guión trata de solucionar con más o menos acierto cuando revela la incógnita más importante de la trama central) Scarlett Johansson hace un trabajo muy competente como al Mayor y si bien es cierto que al igual que sucede con su Viuda Negra somos conscientes de que había mejores candidatas la protagonista de Match Point se entrega en cuerpo y “espíritu” a la hora de ser convincente dando la vida a una máquina de experta en hacer su trabajo en el campo de batalla, pero con cierto poso de amargura y melancolía en su interior una vez se cuestiona su origen y naturaleza como androide. El muy competente Batou de Pilou Asbæk mantiene una considerable química con su partenaiere que en varios momentos nos recuerda a la que tuvieron ambos personajes en animación y el guión le regala algunos momentos memorables como su relación con los perros callejeros que nos remite a Ghost in the Shell 2: Innocence. Otro que sale beneficiado en el casting es Takeshi Kitano (conocido como Beat Takeshi cuando ejerce sólo como actor) consiguiendo algo inusual cuando un extranjero colabora en Estados Unidos, que sea Hollywood quien se adapte a su manera de trabajar y no lo contrario, ya que el director de Outrage o Aquiles y la Tortuga habla en su idioma, no tiene más diálogos que en cualquiera de sus films y hace que su propia personalidad se apodere del Daisuke Aramaki al que da vida. También Michael Pitt como Kuze y Juliette Binoche como la Doctora Ouelet hacen una muy buena labor con sus roles, él como ambiguo villano y ella como la creadora de la Mayor. Pero la peor parte se la llevan el resto de miembros de la Sección 9 totalmente descaracterizados y algunos de ellos con muy pocos minutos en pantalla y no más de un par de diálogos.




En resumidas cuentas Ghost in the Shell: El Alma de la Máquina no ofrece nada que no se esperara de ella, porque ciertamente ansiar con ella una adaptación totalmente fiel tanto del manga de Masamune Shirow como de las películas de Mamoru Oshii hubiera sido una futilidad. Por el contrario encontramos con un blockbuster entretenido, rematado de manera tan profesional como impersonal, con un reparto que hace adecuadamente su trabajo a la hora de ponerse delante del objetivo de la cámara y un guión que a pesar de las licencias que debe tomarse de cara a la galería trata de ser fiel a la idiosincrasia del material de partida en el que se basa. Sin ser nada del otro mundo, pero funcionando competentemente a la hora de dar a la platea lo que prometió desde su primer trailer, al que esto firma le parece injusto tanto el recibimiento de taquilla que ha obtenido el film a nivel general como los ataques que está recibiendo como producción cinematográfica cuando supera sin mucho esfuerzo a la media de taquillazos norteamericanos que nos asedian un fin de semana sí y otro también en nuestras carteleras. La recepción por parte del púiblco del largometraje de Rupert Sanders era importante de cara a Hollywood, ya que su triunfo podría haber abierto definitivamente las puertas a las adaptaciones cinematográficas occidentales de manga o anime. Para bien o mal no ha sido así en el debut de la cinta y sólo su recibimiento en China y otros países asiáticos nos confirmarán si volveremos a ver a la Sección 9 en pantalla grande y con actores de carne y hueso.


viernes, 31 de marzo de 2017

El Bar



Título Original El Bar (2017)
Director Álex de la Iglesia
Guión Jorge Guerricaechevarría y Álex de la Iglesia
Reparto Blanca Suárez,  Mario Casas,  Secun de la Rosa,  Carmen Machi,  Jaime Ordóñez, Terele Pávez,  Joaquín Climent,  Alejandro Awada,  Jordi Aguilar,  Diego Braguinsky, Mamen García




Sólo dos años después de aquel envenenado homenaje a la figura del cantante linarense Raphael, con la sana implicación de mi paisano en la producción, que supuso la simpática pero intrascendente Mi Gran Noche, el cineasta bilbaíno Álex de la Iglesia vuelve a ponerse detrás de la cámara para ofrecernos su último trabajo como productor, guionista y director. Con la colaboración de su habitual colaborador Jorge Guerricaechevarría (Cien Años de Perdón) y un reparto de caras habituales en su filmografía como Blanca Suárez (La Piel Que Habito), Mario Casas (Grupo 7), Carmen Machi (Ocho Apellidos Vascos), Jaime Ordóñez (Torrente 3: El Protector), Terele Pávez (Los Santos Inocentes) Joaquín Climent (Los Lunes al Sol) o Secun de la Rosa (No Controles) a los que debemos sumar un debutante en su universo cinematográfico como el argentino Alejandro Awada (Nueve Reinas), el antiguo presidente de la academia de cine español nos ofrece en esta ocasión El Bar, un proyecto pequeño y humilde que ha sido gestado con un más que notable secretismo para de este modo no salir a la luz su verdadera naturaleza cinematográfica, idea que podía arruinar parte del encanto de la obra. El largometraje inauguró con todos los honores el reciente Festival de Malaga y fue recibido con disparidad de opiniones por público y crítica, algo que viene siendo habitual cuando De la Iglesia estrena una de sus nuevas propuestas como autor.




El punto de partida de El Bar es de una sencillez desarmante y narra la reclusión forzosa de un grupo de variopintos personajes dentro del local que da nombre al largometraje tras ser testigos de cómo las dos últimas personas que han intentado abandonar el emplazamiento han sido asesinadas a sangre fría con un disparo en la cabeza. Con esta única localización el cineasta vasco quiere utilizar un amplio abanico de personalidades diferenciadas y poco fiables para mostrar al ser humano y las reacciones que este puede llevar a cabo cuando se enfrenta a situaciones extremas. Su tono brutal y grandguiñolesco, su afán por reincidir en un cine físico y cortante que hunde sus raíces en autores tan dispares como el primer Jean Pierre Jeunet que colaboraba con su antaño compañero Marc Caró o Roman Polanksi encuentra en El Bar el perfecto caldo de cultivo para dar rienda suelta a sus peculiares y personales señas de identidad como narrador de historias, pero por desgracia el conjunto incide en las mismas carencias de la mayoría de sus últimos trabajos.




El Bar se antoja a una mezcla entre un episodio de Dimensión Desconocida (Twilight Zone) y una muestra bufa y cafre de survival. La obra da sus primeros pasos como una comedia negra repleta de golpes humorísticos haciendo mofa con los distintos tipos de clientes de bar típicamente españoles (el alcohólico, el indigente, la ludopata, la pija totalmente desubicada) para después del golpe de efecto que desemboca toda la trama vaya tornando en una muestra de cine de terror físico que acaba sacando a la luz el lado más egoísta y salvaje del ser humano, amparándose en aquello que afirmó Thomas Hobbes sobre que “el hombre es un lobo para el hombre”, sobre todo cuando vemos que nuestro bienestar físico o psicológico es puesto en entredicho incitándonos a dejar caer la máscara de falsa sociabílidad para convertirnos en depredadores que no entienden de clases, géneros, o credos cuando nuestro único fin es la supervivencia personal anteponiéndola a la colectiva.




Después de varios proyectos en los que no trabajaron juntos Álex de la Iglesia y Jorge Guerricaechevarría comenzaron a colaborar juntos de nuevo en la escritura de los films del primero y eso se deja notar en cada nuevo proyecto del director de Las Brujas de Zugarramurdi. El guionista asturiano consigue domesticar el lado más caótico de su compañero y gracias a ello los últimos actos de los films de este último ya no se convierten en orgías de exceso que merman la coherencia narrativa del producto. El Bar muestra un desarrollo argumental sólido y potente, y hasta cuando los distintos cambios de tonalidad de la trama hacen acto de presencia en pantalla no se antojan caprichosos, artificales o impostados. El problema es que como venía sucediendo con otros trabajos de De la Iglesia, independientemente de si tenían o no a Guerricaechevarría al guión o no, tales como La Chispa de la Vida o Mi Gran Noche a El Bar, desde el punto de vista de la escritura, le falta algo de brillo para convertirse en un proyecto tan potente como la genial La Comunidad o la infravalorada Balada Triste de Trompeta.




Con El Bar también se cumple la ineludible tradición en el cine de Álex de la Iglesia de hacer sufrir hasta lo indecible físicamente a su reparto y en esta ocasión sus actores dan la talla más que nunca. Todo el reparto de la última cinta del autor de El Día de la Bestia realiza un trabajo de nota y cada uno de ellos parece nacido para dar vida a su rol, los mismos que en conjunto se mueven con inteligencia entre la caricatura y el exceso. Especial mención para la enorme Terele Pávez, un nunca suficientemente reivindicado Joaquín Climent, el argentino Alejandro Awada y sobre todo a al quinteto formado por Blanca Suárez, Carmen Machi, Secun de la Rosa, Jaime Ordóñez y Mario Casas que sustenta la trama sobre sus hombros entregados a escenas físicas muy complejas en realización y coreografía, especialmente si nos referimos a estos dos últimos que protagonizan algunos de los pasajes más brutales (esa primera escena con el desagüe) que haya rodado el autor de Perdita Durango en toda su carrera y que los resuelven con una soltura fuera de toda duda.




Álex de la Iglesia ofrece con El Bar una pieza meritoria, aprovechando hasta el extremo la localización que tiene a su disposición con una puesta en escena mutante y epidérmica que consigue transmitir las necesarias dosis de claustrofobia, angustia e incomodidad exigidas a un producto de esta naturaleza y en ese sentido poco le podemos reprochar a él, a su equipo técnico o a su magnífico casting de actores. Pero como viene sucediendo con sus últimas producciones a su más reciente creación le falta algo para llegar a ser la pieza ineludible en su filmografía que no acaba siendo, quedándose en una buena comedia negra con apuntes de thriller de intriga y terror que se ve con agrado gracias a su mezcolanza de géneros y tonalidades, pero cuyo recuerdo no perdurará tanto como el de otros largometrajes del bilbaíno que son clásicos modernos del cine de nuestro país. Con todo, siempre es de agradecer la llegada de un nuevo estreno de uno de nuestros autores más personales y divertidos, ya que al enfrentarnos a uno de sus trabajos de reciente factura sabemos que como mínimo valdrá la pena la inversión en la entrada de cine.



miércoles, 29 de marzo de 2017

La Bella y la Bestia (2017)



Título Original Beauty and the Beast (2017)
Director Bill Condon
Guión Stephen Chbosky, Evan Spiliotopoulos, basado en el film de Disney inspirado en la novela de Jeanne-Marie Leprince de Beaumont
Reparto Emma Watson,  Dan Stevens,  Luke Evans,  Kevin Kline,  Josh Gad, Emma Thompson, Ewan McGregor,  Ian McKellen,  Audra McDonald, Gugu Mbatha-Raw,  Stanley Tucci,  Hattie Morahan,  Adrian Schiller, Chris Andrew Mellon




Después de producciones como la correcta La Cenicienta a manos de Kenneth Branagh, la magnífica El Libro de la Selva rodada por Jon Favreau o la caprichosa versión alternativa de La Bella Durmiente pergueñada por Agelina Jolie en labores de protagonista y productora con Maléfica Disney vuelve con otro remake de uno de sus clásicos animados, este de factura relativamente reciente. En el año 1991 la factoría norteamericana estrenaba La Bella y la Bestia una adaptación de la novela homónima de la escritora francesa Jeanne-Marie Leprince de Beaumont en la que daba su versión del famoso cuento popular y que no tardaría en convertirse en uno de los largometrajes más aclamados de la casa donde habitan Mickey, Minnie, Donald o Daisy. Dirigida a cuatro manos por Gary Trousdale, y Kirk Wise y escrita por Linda Woolverton a partir del ya mencionado relato la versión animada de Beauty and the Beast consiguió un enorme y rotundo éxito que incluso le permitió entrar en la contienda de los Oscars de aquel año (el de la victoria de El Silencio de los Corderos, de Jonathan Demme con sus cinco galardones principales) con seis nominaciones a los premios de la academia y ganando dos, bien merecidos, a mejor banda sonora y canción original. Para sacar adelante dicha propuesta la productora propietaria de los derechos de Marvel ha contratado los servicios del cineasta Bill Condon (Dioses y Monstruos) los actores Emma Watson (la Saga Harry Potter) y Dan Stevenson (Downton Abbey) dando vida a la pareja protagonista y a secundarios como Kevin Kline (Un Pez Llamado Wanda), Luke Evans (High-Rise) Ewan McGregor (T2: Trainspotting), Ian McKellen (X-Men: Días del Futuro Pasado), Emma Thompson (Sentido y Sensibilidad) o Stanley Tucci (Capitán América: El Primer Vengador) entre otros para dar forma a unos equipos técnico y artístico de primera línea.





Aunque su recaudación en taquilla ha sido más que notable y la crítica no ha dado la espalda a su propuesta como producción cinematográfica nosotros ya hemos podido ver el largometraje de Bill Condon y por desgracia no podemos unirnos a los parabienes que sobre ella se han vertido desde su puesta de largo internacional. Vaya por delante que al igual que los otros films con los que Disney ha realizado versiones “live action” de sus clásicos animados con La Bella y la Bestia nos encontramos con una producción en la que no se ha escatimado en gastos, ya sea en su diseño de producción, utilización de efectos digitales (necesarios en este caso para captar el mundo fantástico en el que se mueven los personajes) o reparto de actores de renombre, pero es desde el punto de vista de la escritura donde el film del director de Mr Holmes encuentra sus más destacadas y reprobables debilidades, las mismas que pasaremos a comentar a continuación para argumentar nuestra opinión sobre el proyecto.




Cuando hablamos de que el guión es el mayor fallo de una película como La Bella y la Bestia no lo decimos porque este esté mal estructurado, pobremente desarrollado o inadecuadamente ejecutado, sino por el simple hecho de que si obviamos alguna subtrama nueva, ciertos secundarios inéditos o un par de canciones añadidas al enfrentarnos con film de Bill Condon nos encontramos con una copia desvergonzada e indecorosa de su contrapartida animada estrenada en 1991. Evidentemente el uso de las ya míticas canciones del largometraje original o el de los personajes era inevitable para que esta nueva producción en imagen real tomara entidad y pudiera acceder a su rol como producción Disney, pero el problema reside en que después del prólogo del origen de la maldición que convirtió en bestia al ególatra y superficial príncipe todo lo que encontramos en la cinta que nos ocupa es una copia, totalmente carente de originalidad, del proyecto dirigido por Gary Trousdale, y Kirk Wise hace veintiseis años.




Bill Condon y sus colaboradores llegan en ocasiones a emular con un descaro sonrojante planos (el de la Bestia rasgando con sus garras el retrato de su rostro cuando todavía era humano es la primera muestra de lo que va a ser la tónica de “copia y pega” a lo largo del metraje) calcados milimétricamente de la versión animada, transmitiendo el proyecto cinematográfico una alarmante desgana a la hora de dar una versión diferente o al menos variante en algún sentido de la cinta que todos conocemos. Desde que Bella interpreta su primera canción somos testigos de que los autores del film van a depositar su principal interés en tomar el camino más fácil para ir a lo seguro utilizando la cinta previa de principios de los 90 a modo de storyboard para ir moldeando la de 2017, esperando que la hoy tan manoseada nostalgia haga la mayor parte del trabajo a la hora de que el público reciba con aceptación la última propuesta salida de manos de la factoría Disney.




La película del director de El Quinto Poder es un caso diametralmente opuesto al de la ya citada versión de El Libro de la Selva de Jon Favreau. Mientras Condon recurre casi al “facsimil audiovisual” el realizador de Iron Man o Chef daba una visión distinta a la que pudimos ver en 1967 a la hora de adaptar la novela de Rudyard Kipling, con un tono más oscuro, pero sin eludir la candidez o el humor, sacrificando algunas de las canciones, aunque localizando magníficamente las que utilizaba en la narración, y todo ello respetando escrupulósamente el espíritu, no sólo de la base literaria en la que se inspiraba la película, sino también la imaginería e idiosincrasia de su contrapartida animada. En ese sentido desconcierta que siendo conocidos los buenos resultados conseguidos a nivel de crítica y público por esta nueva The Jungle Book Disney haya decidido abandonar toda aspiración artística en ese contexto a la hora de abordar en pleno 2017 una pieza como La Bella y la Bestia.




Ya si eludimos la naturaleza acomodaticia de La Bella y la Bestia podemos afirmar que nos encontramos con un producto competente y que se ve con agrado en casi todos sus apartados. Bill Condon se muestra voluntarioso y cumplidor detrás de la cámara, pero su labor la podría haber ejecutado con el mismo oficio cualquier otro artesano al servicio de Hollywood. Por otro lado mientras las canciones están representadas con efectividad por los actores, destacando unos magníficos Luke Evans y Josh Gad (que alguien contrate a este hombre para hacer un biopic de Meat Loaf, lo haría genial) en la piel de Gastón y Le Fou o unos divertídimos Ewan McGregor, Ian McKellen y Emma Thompson en las artificiales pieles de Lumiere, Din Don y la Señora Potts, son las coreografías las que no están a la altura de una producción como la que nos ocupa, muy mecánicas, poco espectaculares y sólo destacables en casos como el de “¡Qué Festín!” y en este en concreto más por el uso de los efectos digitales que por otro motivo.




La pareja protagonista interpretada por Emma Watson y Dan Stevens interactúan bien en pantalla y consiguen mostrarse convincentes como pareja a la hora de compartir encuadre. Ella transmite candor, sencillez y elegaqancia como Bella, pero se la ve hermética y cohibida en las secuncias de canto mostrando poca pasión a la hora de interpretar sus temas y él saca lo mejor de sí mismo cuando tiene la forma de Bestia, ofreciendo un porte y elegancia adecuado con su físico real y que en ocasiones recuerda al de su versión animada. Sin llegar a saltar las chispas en pantalla o destilar una química epatante ambos jóvenes intérpretes salen airosos de la no fácil empresa de dar vida a dos roles que están muy definidos en la mente de los espectadores por la versión cinematográfica animada de Disney, pero que han tenido no pocas versiones en pantalla grande o pequeña a manos de autores tan diversos como Jean Cocteau, Christophe Gans o George R.R. Martin.




Tan autocomplaciente como agradable, tan bien realizada como olvidable a las pocas horas de haber sido degustada, esta nueva versión de la novela de Jeanne-Marie Leprince nacida en el seno de Disney padece, en cierta manera, el mismo síntoma que T2: Trainspotting, de Danny Boyle, vivir intencionadamente a la sombra de otra obra previa y llegando a regodearse en su propia naturaleza de copia/variante de una producción mucho más grande y memorable. Con todo, La Bella y la Bestia versión 2017 se ve con agrado y no es una propuesta desdeñable a la hora de ser visionada en pantalla grande con toda la familia, ya que consigue transmitir algo de la magia y el encanto de su “hermana mayor”, pero su propia autoconsciencia como producto cinematográfico intrascendente y comercial le impide ser algo más, afección que esperemos no padezca también esa versión que el ya referenciado Jon Favreau está ideando de El Rey León al amparo de una Disney que mantiene buena salud en su producción animada, pero algunos achaques en la de imagen real.



lunes, 27 de marzo de 2017

Especial Buffy Cazavampiros, postales desde la Boca del Infierno



“En cada generación nace una Cazadora: una niña en todo el mundo, una elegida. Ella sola empuñará la fuerza y habilidad para luchar contra los vampiros, demonios, y las fuerzas de la oscuridad, para detener la propagación de su maldad y el aumento de sus números. Ella es la Cazadora”


El pasado día 10 de Marzo se cumplieron veinte años de la emisión del episodio piloto de una de las mejores series de tv de los años 90, Buffy Cazavampiros. Nacida antes del boom de la “Nueva Edad de Oro” de la televisión norteamericana impulsada mayormente por producciones de la HBO como Oz o Los Soprano y adscrita a los shows catódicos especialmente dirigidos a adolescentes la creación del guionista, productor, director y actor ocasional Joss Whedon (Los Vengadores, Firefly, Dollhouse) no tardó en demostrar que bajo su apariencia de serial juvenil repleto de vampiros, zombies, monstruos y demonios latía un verdadero corazón que encontraba su mayor fortaleza en un retrato de personajes interpretado por un grupo de actores nacidos para dar vida a sus alter egos y un equipo de guionistas que supieron ir más allá de la Serie B, las referencias vampíricas y el cine de artes marciales al que hacía referencia la serie cuando daba sus primeros pasos. A continuación vamos a dedicar una entrada a hablar de Buffy Cazavampiros, su trayecto catódico, añadiendo una lista con el perfil de los personajes más importantes, un Top con los siete mejores episodios de la serie (uno por temporada) y una reflexión final sobre el conjunto de la obra. Pero antes de adentrarnos en aquel día de Marzo de 1997, si queremos hablar del génesis de Buffy Cazavampiros, debemos retroceder cinco años antes de esa fecha, cuando las salas de cine de todo el mundo conocieron por primera vez a Buffy Summers, la Cazadora.


Buffy la Cazavampiros (1992) el origen en pantalla grande

Un por aquel entonces joven Joss Whedon, del que sólo se conocían colaboraciones como guionista en series de tv como Roseanne o Parenthood, veía cómo una historia nacida de su propia mente en la que una joven animadora de instituto llamda Buffy (Kristy Swanson) se convertía en “la Elegida”, una “Cazadora de vampiros” que bajo la tutela de su “Guardían” Merrick (Donald Sutherland) tenía que afrontar la misión de vencer a las fuerzas del mal comandadas por Lothos (Rutger Hauer) un vampiro que haría la vida imposible a nuestra protagonista y a su novio Pike (Luke Perry) era brutalmente adulterada, mutilada y descarecterizada hasta quedar reducida a una muy mediocre cinta para adolescentes que mezclaba con poco tino el cine de John Hughes con el de terror. Aunque hoy se la puede considerar, de alguna manera, una obra de culto y una cinta en la se vieron las caras jóvenes intérpretes que en un futuro más o menos inmediato se hicieron conocidos para el gran público (Hilary Swank, Ben Affleck, David Arquette) como producto de género era una estupidez que puso los pies en la tierra a un Joss Whedon que ya por entonces tuvo el primero de sus muchos encontronazos con los productores de sus trabajos.




Cuatro años después, cuando Buffy la Cazavampiros ya sólo parecía un sueño convertido en mal recuerdo, Joss Whedon dio un triple salto mortal sin red para vender a la cadena de televisión WB Television Network (conocida como The WB y propiedad de Warner Bros) la idea de llevar su película sobre cheerleaders y vampirismo al tubo catódico. Con la colaboración del matrimonio formado por Fran Rubel Kuzui y Kaz Kuzui (también implicados en el film primigenio de 1992) y tomando como base de operaciones su propia productora Mutante Enemy el director de Serenity consiguió sacar adelante el proyecto que le convertiría en uno de los autores de ficción más queridos y admirados por el fandom a nivel mundial. Como previamente hemos citado en 10 de Marzo de 1997 el mundo conoció a la mejor y más completa versión de Buffy Summers, a la que dio vida la por aquel entonces pujante estrella juvenil Sarah Michelle Gellar (Sé lo Que Hicisteis el Último Verano, Scream 2) acompañada por un variopinto grupo de secundarios entre los que podemos reconocer las caras de David Boreanaz (Bones), Alyson Hannigan (Cómo Conocí a Vuestra Madre), Anthony Stewart Head (Repo: The Genetic Opera) Nicholas Brendon (Coherence) entre otros y que dieron forma a uno de los repartos de personajes más entrañable y querido de la televisión reciente.


Buffy Cazavampiros (1997 – 2003) Welcome to Sunnydale, enjoy your stay!

Cuando el episodio piloto de Buffy The Vampire Slayer salió a la luz el 10 de Marzo de 1997 no fueron pocos los que vieron en esos primeros pasos algo muy parecido, puede que demasiado, a lo que ¿degustamos? cinco años antes en la pantalla grande. Joss Whedon volvía a contarnos la historia de una chica de instituto, habitante del ficticio pueblo de Sunnydale (lugar donde estaba localizada La Boca del Infierno, una puerta de acceso al averno), que descubría por la mediación de su “Guardían” o “Vigilante”, el entrenador físico y espiritual que la debería adiestrar, que su misión en la vida iba a ser luchar y derrotar a las fuerzas del mal por medio de sus dones especiales para el combate cuerpo a cuerpo y su astucia como líder nata. La equivalencia entre acción, comedia y pequeños apuntes de drama estaban mucho mejor ejecutados que en el film de 1992, pero esos primeros capítulos no iban más allá de desarrollar la trama central que haría enfrentarse a nuestra protagonista con “The Master”, el “vampiro jefe” (cuya estética recordaba profundamente a la de las distintas versiones de vista en cine de Nosferatu) con la ayuda de sus compañeros Willow, Xander, Cordelia, la intervención del misterioso Ángel y la supervisión de su ya mencionado Guardían, Giles. Por suerte Joss Whedon y su equipo de guionistas no tardaron demasiado en ofrecer las primeras muestras de que había algo más detrás de la historia de “La Cazadora”, ya que con el sexto episodio, The Pack, en el que tras la visita al zoo de Sunnydale Xander y otros alumnos del instituto comenzaban ofrecer comportamientos animales tras ser poseídos por el espíritu de unas hienas los espectadores pudieron ser testigos de que los personajes, su interacción mutua y los actos de los mismos serían los que marcarían el devenir de la serie.



Después de una primera temporada en la que Joss Whedon y sus colaboradores definieron la personalidad de los personajes (la tímida pero perspicaz Willow, el alocado pero comprometido Xander, la ególatra Cordelia, el sabio Giles) dieron a inicio a las primeras interacciones entre ellos (el romance entre Buffy y Ángel, que resultó ser un vampiro centenario) ofrecieron el tono al proyecto y pusieron varias semillas que darían su fruto en la segunda tanda de episodios. Esta nueva temporada en la que Ángel se convertía en el villano principal del núcleo narrativo de la trama sería la que confirmara que Buffy Cazavampiros no era una serie para adolescentes cualquiera y que sus creadores tenían aspiraciones mucho más concretas y terrenales en mente. El episodio diecisiete titulado Passion supone un fuerte puñetazo en la mesa por parte de los autores del show y el primero que tocó la fibra sensible de unos fans que veían cómo el amor de la protagonista se convertía en un ser desalmado capaz de cometer los actos de crueldad más aberrantes con la única intención de destruir psicológicamente a los que antes eran sus aliados. Desde este momento no hay marcha atrás, el director de Mucho Ruido y Pocas Nueces lo deja claro, ya que los vampiros, las escenas de acción, los monstruos deformes y la brujería son sólo excusas de género para contarnos la evolución de unos personajes que por muy adscritos que estén al terror, la comedia o la fantasía nos son cercanos, identificables y reconocibles.




En la tercera temporada, la más ceñida a la Serie B de las estrenadas hasta ese momento (el capítulo doble Graduation así lo atestigua con su “final boss” digno de la factoría Roger Corman) nuevos personajes se convierten en roles fijos como el lacónico y entrañable Oz de Seth Green, el desopilante Richard Wilkins (¿el alcalde más carismático de la historia de la televisión?) de Harry Groener y esa inolvidable Faith Lehane de Eliza Dushku que es una muestra quintaesencial de personaje genuinamente whedoniano. El rol de la protagonista de Dollhouse es una criatura llena de claroscuros, que se mueve peligrosamente entre el bien y el mal transmitiendo al espectador sentimientos contradictorios con respecto a sus actos y decisiones éticas y morales. La cuarta temporada supuso una importante transición en la serie, ya que David Boreanaz abandonaba el show para comenzar su propia aventura en solitario (el spin off Ángel que duró la friolera de cinco temporadas, alargando su vida más allá de la muerte de la serie que le dio origen) y su lugar lo ocupaba el Spike de un James Marsters que desde ese momento y hasta que acabara Buffy Cazavampiros en 2003 se convertiría en uno de los pilares más sólidos y uno de los “antihéroes” más recordados de la creación de Joss Whedon. También entró en escena Riley (Marc Blucas) el militar perteneciente a la organización secreta “Initiative” que se convirtió en la nueva pareja de Buffy una vez su historia con Ángel había llegado a su fin y por supuesto contamos con la presencia del cyborg Adam, que ejerció de villano principal (eso siempre que no contemos a la Doctora Maggie Walsh, verdadera instigadora de todo el caos que acontece en la temporada) y al que se enfrentaría Buffy en la season finale de la tanda de episodios.




Para la quinta temporada Ángel y Cordelia ya habían abandonado la serie (ambos formaban la pareja principal del ya citado spin off protagonizado por David Boreanaz) y el lugar de esta última en el corazón de Xander lo ocuparía la ex demonio Anya (Emma Caulfield), Riley daba su relación con Buffy por perdida para que Spike se convirtiera en el principal, y tóxico, reclamo sentimental de la protagonista, Dawn (Michelle Trachtenberg) marcaba con su presencia un antes y un después en la serie con un personaje al que acabamos cogiendo cariño con el tiempo (en sus primeros pasos era insoportable) y Clare Kramer bordaba uno de los mejores y más recordados villanos del programa, esa Glory que se movía con facilidad pasmosa entre lo infantil y lo salvaje dejando algunos momentos para el recuerdo con su paso por la creación de Joss Whedon. Con la sexta temporada Whedon deja un poco de lado su labor de showrunner (por aquel entonces estaba implicado en la producción de esa maravilla salida de su mano llamada Firefly, de modo que le perdonamos el pecado) y hace que gran parte del peso recaiga en su habitual colaboradora desde los primeros tiempos de la serie, Marti Noxon, que se hace con los mandos de la máquina. Para el que esto suscribe esta sexta tanda de episodios es la más endeble de todo el serial, si bien es cierto que contiene algunos episodios míticos (Once More With Feeling, mismamente), el acertado tono oscuro de la relación sadomasoquista de Buffy y Spike y el homenaje a La Saga del Fénix Oscuro de los X-Men de Chris Claremont y John Byrne con todo lo relacionado con Dark Willow y su adicción a la magia Noxon suponían un cúmulo de acierto también cometió varios errores que hicieron perder el norte a Buffy the Vampire Slayer hasta llegar a cierta descaracterización bastante molesta.




En la séptima y última temporada Buffy vuelve a ser la serie que fue, Joss Whedon regresa con las pilas cargadas para el Canto de Cisne de su criatura y decide retroceder a las raíces, marcarse un back to basics de manual que funciona a las mil maravillas. “The First” es el enemigo a abatir, Spike sufre un cambio radical cuando recupera su alma y se rúune con el grupo de protagonistas, tenemos la incorporación de varios personajes nuevos como el director del instituto Sunnydale Robin Wood (D.B. Woodside), las “cazadoras potenciales” y asistimos al regreso de secundarios clásicos como una reformada Faith que se unirá a Buffy y sus compañeros en la batalla final. Para el que esto firma la séptima temporada es la mejor de la serie, ya que en ella Whedon y su equipo condensan toda la iconicidad e imaginería que hizo grande a la serie desde sus inicios. En su proceso podemos ver algunos episodios sencillamente brillantes como Lies My Parents Told Me, Showtime, Dirty Girls con ese enorme y terrible Caleb al que da vida un intimidante Nathan Fillion, Selfless (centrado en Anya) o el metarreferencial Storyteller y todo culminando con ese episodio final llamado Chosen que confirma y cierra con broche de oro esta declaración de amor a la valentía y fuerza intrínseca en el género femenino al que Joss Whedon siempre ha retratado con justicia y equidad en sus obras de ficción.




Tras siete temporadas, seis años en antena, un baile importante de actores en su reparto por distintos motivos, un cambio de canal (la serie pasó a emitirse en la cadena UPN tras la quinta temporada) y muchos problemas afrontados por su creador Buffy Cazavampiros se convirtió en una serie de culto, un proyecto que iba mucho más allá de ser un producto para un determinado grupo de espectadores como sí lo fue, por poner un ejemplo de la misma temática y origen, Embrujadas (Charmed) y la demostración palpable de que desde la pequeña pantalla se podían contar historias “bigger than life” dentro de la ficción de género. Tras su desaparición de la parrilla televisiva mundial el eco de Sunnydale siguió resonando hasta llegar a la actualidad por medio de libros, videojuegos, figuras coleccionables, cómics dentro de la editorial Dark Horse y cientos de derivados más que han extendido a otros medios el microcosmos creado por el productor ejecutivo de Agentes de SHIELD y que nació como una decepción allá por 1992 cuando un joven veinteañero trataba de abrirse paso en un Hollywood que hasta cuando ha conseguido sus mayores logros siempre le ha sido esquivo por ir a contracorriente con tal de imprimir su propio sello lleno de cariño y calidez a creaciones como esta Buffy Cazavampiros que nos ocupa.


Los Personajes, la Scooby Gang y sus miembros

Todo fan de Buffy Cazavampiros en particular y de Joss Whedon en general sabe que una de sus mayores fortalezas es el retrato de personajes que realiza en cualquiera de sus obras de ficción. La serie protagonizada por la actriz de Crueles Intenciones o El Grito no es una excepción a esa regla y durante siente temporadas el guionista de Astonishing X-Men mantuvo de manera ferrea esa idea, la de crear los personajes más realistas posibles dentro de una obra de ficción perteneciente a géneros como el terror y la fantasía. A continuación vamos a ofrecer un breve perfil sobre los habitantes más importantes de Sunnydale (miembros de la Scooby Gang, apodo que tiene la pandilla de Buffy a modo de homenaje a la que formaban los protagonistas de la serie animada Scooby Doo) que desfilaron a lo largo de los seis años de emisión del programa y aunque hemos dejado fuera algunos que merecen mención (Wesley, Jonathan, Andrew, Darla, Drusilla) hemos tratado de centrarnos en los más relevantes e icónicos de los 144 episodios que duró la creación de Joss Whedon.


Buffy Anne Summers, animadora, adolescente y la elegida dentro de su generación para convertirse en la Cazadora, una luchadora que deberá enfrentarse a las fuerzas del mal que quieren someter a la humanidad desde la Boca del Infierno, situada en la ficticia ciudad californiana de Sunnydale. Inteligente, experta en artes marciales y los enfrentamientos cuerpo a cuerpo el personaje de una magnífica Sarah Michelle Gellar encuentra sus mayores virtudes cuando muestra la vulnerabilidad que yace bajo su armadura, una personalidad que ira evolucionando a lo largo de la serie y que nunca será la misma tras algunos acontecimientos trágicos como el fallecimiento de su madre, Joyce, su historia de amor frustrado con Ángel (viéndose obligada a asesinarlo en el último episodio de la segunda temporada) o su peligrosa relación de atracción sexual y violencia con Spike, su antiguo enemigo reconvertido en aliado y amante.


El de Willow Rosenberg es uno de los personajes más queridos y recordados de Buffy Cazavampiros. Esta tímida y cándida bruja que guarda en su interior una hechicera de poderes descomunales es mucho más que la mejor amiga y confidente de la protagonista, ya que al igual que aquella ve como su personalidad queda profundamente marcada tras dos relaciones sentimentales como las que comparte con el Licántropo Oz y la también bruja Tara tornando ambas en fallida la primera y tragedia la segunda. Con el rol interpretado por Amber Benson una entrañable Alysson Hannigan forma una de las parejas homosexuales más interesantes y cercanas que ha dado la televisión reciente. Es de mucho mérito conseguir dichas cotas de realismo dentro de un producto dirigido, supuestamente, al público adolescente, en una cadena televisiva en abierto y localizando su historia en un show de género fantástico y de terror. Su conversión en Dark Willow y posterior redención son algunos de los mejores apuntes narrativos en las dos últimas temporadas del programa.


El que esto suscribe debe admitir que siente una especial predilección por el personaje de Alexander Lavelle Harris al que da vida un inolvidable, y hoy malogrado por distinto tipo de problemas personales, Nicholas Brendon. El rol de Xander es el que sintetiza con más destreza la muestra quintaesencial de lo que es el “humor whedoniano”, virtud que el que estas líneas escribe ha admitido siempre ser la más poderosa del director de Serenity. Xander es un personaje cómico, verborreico y socarrón que se lleva a lo largo de las siete temporadas algunos de los pasajes cómicos más destacados de la serie. Sin dejar de tener su pátina de dramatismo, traumas y heridas psicológicas por su relación con Buffy, Cordelia o Anya, Xander nunca dejará de ser la vía de escape histriónica y ligera del programa, aunque algunos de los pasajes de más calado emocional en los que se ve implicado (su enfrentamiento con Dark Willow) se encuentran ente los mejores de la producción.


El Rupert Giles al que da vida el que es sin lugar a dudas el mejor actor del reparto de Buffy Cazavampiros, el británico Anthony Stewart Head, es el “Guardián” que deberá velar por el bienestar y desarrollar las potenciales habilidades de la Cazadora convirtiéndose desde bien pronto en esa figura paterna ausente en la vida de la hija de Joyce Summers. Con un pasado rebelde y problemático (en la serie descubriremos el origen de su apodo “Ripper”) imperfecto a la hora de ejercer su labor como vigilante o cuidador (será destituido de su puesto y su autoridad será puesta en entredicho por la misma Buffy en la última temporada) y capaz de sacrificar su propia alma con tal de conseguir un futuro mejor para su protegida (inolvidable cuando mata a Glory/Ben para que su alumna no tenga que ensuciarse las manos en el episodio The Gift) este actor curtido en el teatro y el musical (mítica su interpretación de Behind Blue Eyes de The Who guitarra en mano) ofrece el perfil de un secundario rico en matices y claroscuros, un antihéroe genuínamente whedoniano.


William “El Sanguinario” (apodo que consiguió no precisamente por su crueldad), también conocido como Spike, asesino de dos cazadoras, colaborador de la banda de Angelus (la versión sin alma de Ángel de la que hablaremos a continuación) e interpretado con fiereza y carisma por el actor norteamericano James Marsters. Spike debutó en la segunda temporada de la serie acompañado de su novia Drusilla, una demente vampiro interpretada por una enorme Juliet Landau (hija de Martin) y que gracias a la enorme aceptación que obtuvo por parte de la audiencia pasó de secundario ocasional a personaje fijo del reparto cuando en la cuarta temporada el grupo paramilitar secreto “La Iniciativa” implantó un chip en su cerebro que la causaba un insoportable dolor cuando intentaba atacar a seres humanos para alimentarse de su sangre. Su incorporación como rol de relevante dio lugar a una de las relaciones más interesantes del show, la que mantuvo en las tres últimas temporadas con Buffy en la que la pasión, el sexo salvaje (tanto como para derrumbar una casa en el episodio Crushed) el masoquismo y la dependencia sirvieron de interesante alegoría sobre la violencia de género y los romances tóxicos. Posiblemente el actor y personaje más admirado de la serie, en cierta manera el más torturado y por ello el más consecuente consigo mismo y sus actos.

Tras perder su estatus de demonio como Anyanka, Anya se convirtió en humana y pasó a formar parte de la banda de Buffy y del corazón de Xander tras la marcha de Cordelia de Sunnydale. El personaje de Emma Caulfield mantuvo una química brutal con el de Nicholas Brendon desde el primer momento, convirtiéndose la dupla en la pareja más divertida de la serie. Capitalista desproporcionada (su principal interés es hacer dinero) sin filtro alguno a la hora de dar su sincera opinión sobre cualquier tema por muy peliagudo o delicado que sea y con un miedo desaforado por los conejitos (en uno de los capítulos de Halloween se disfraza de uno porque afirma que ninguna criatura infunde más terror que esta en concreto) Anya se ganó el corazón de la audiencia y se reservó el protagonismo de algunos episodios brillantes como aquel Selfless de la séptima temporada en el que conocimos un poco más en profundidad su naturaleza demoníaca y pasado ejerciendo como tal.


El primer episodio de la quinta temporada de Buffy Cazavampiros (aquel paródico Buffy vs. Drácula) se cerraba con un último plano en el que la protagonista y una hermana pequeña llamada Dawn de la que no sabíamos nada hasta ese momento se encontraban e interactuaban como si tal cosa, dando a entender que siempre había formado parte de la vida de la Cazadora y su progenitora. Poco después descubrimos que el personaje de Michelle Trachtenberg es la corpoerización humana de una llave interdimensional, un cúmulo de energía cósmica, que busca la villana Glory. Dawn no tardó en convertirse en el personaje más odioso de la serie para los fans de la misma, sus actos infantiles, naturaleza rebuscada y tendencia a ser secuestrada y poner en peligro a sus allegados la convirtió en el punching ball del programa. Por suerte Trachtenberg fue creciendo como actriz y los guionistas le fueron dando cada vez más entidad y profundidad permitiéndole llegar a protagonizar momentos muy destacados en episodios tan míticos como Once More With Feeling o The Body.


Liam, convertido en Angelus tras transformarse en no muerto, fue el líder de un clan de sanguinarios vampiros que asoló Europa durante el siglo XVIII. Durante una de sus escabechinas Angelus fue maldecido por un clan gitano concediéndole un alma, obligándole por ello a ser torturado durante toda la eternidad por los asesinatos que cometió durante su vida delictiva y no permitiéndole conseguir la felicidad absoluta ya que de este modo acabaría perdiéndola. Esta excusa narrativa es la que convierte la relación sentimental del personaje de David Boreanaz y el de Sarah Michelle Gellar en la más interesante, relevante y trágica (por su imposibilidad de consumación) de toda la serie, desembocando en la reconversión del personaje en Ángelus durante la segunda temporada, asesinando a Jenny Calendar en el episodio Passion y siendo finalmente sacrificado por la propia Buffy. Aunque en la tercera temporada Ángel resucitó su vuelta a la serie duró poco, ya que al término de esta tanda de episodios el personaje se convirtió en protagonista de su propio serial catódico, aunque realizando algunas apariciones estelares en el programa señero en algunos capítulos concretos.


Joyce Summers, a la que puso voz y rostro Kristine Sutherland, se mudó a la ciudad de Sunnydale junto a su hija Buffy después de su divorcio. Allí ambas intentaron comenzar una nueva vida que se vio truncada en el mismo momento en el que su primogénita descubrió su naturaleza como luchadora contra las fuerzas del mal. Joyce es el personaje más mundano de la serie, durante varias temporadas no llegará a saber a qué se dedica su hija (aunque los métodos para que no descubriera el secreto bordeaban en ocasiones la insulsez desde el punto de vista narrativo) para más tarde serle revelado y aceptarlo del mismo modo que también lo hizo con Dawn a la hora de acogerla como segunda descendiente, aunque como previamente hemos mencionado no lo era. Junto a Giles es la otra piedra angular que da equilibrio a la atípica existencia de Buffy y su ayuda durante las no pocas crisis sentimentales de esta última serán de vital importancia para ella. Su muerte por causas naturales ejercerá de catalizador argumental del mejor episodio de toda la serie, The Body, en el que pararemos más adelante cuando hablemos del Top de mejores capítulos de la producción.


La engreida y altiva Cordelia Chase es una de las amigas más atípicas de Buffy y el primer interés amaroso de Xander en la serie, con el que mantuvo una interminable retahíla de ias y venidas sentimentales hasta que la relación terminó. El personaje de Charisma Carpenter y su carácter entre simplista y superficial, que hacía las delicias del respetable, se convirtió desde bien pronto en otro de los añadidos cómicos de la cosecha de Joss Whedon, y si bien no destiló con el de Nicholas Brendon la misma qúimica que este tuvo posteriormente con Emma Caulfield sí es cierto que compartió con él pasajes descacharrantes para la estantería del recuerdo. Cuando Cordelia comenzaba a madurar como persona abandonó a Xander y la serie para irse con Ángel/David Boreanaz al spin off homónimo tomando un rol completamente diferente que no dejaría de mutar a lo largo de las cinco temporadas que duró el serial del vampiro con alma.


La Tara Maclay de la actriz Amber Benson debutó con mal pie en Buffy Cazavampiros. Cuando la bruja que acabaría convirtiéndose en el amor más importante de la vida de Willow Rosenberg llegó a la serie parecía una chica torpe, tímida y balbuceante cuya malsana introspección llegaba a irritar a gran parte de la audiencia habitual. Poco a poco Tara fue mimetizándose más con sus compañeros, siendo protagonista de no pocos pasajes destacados en la serie (su intervención para intentar curar la adicción a la magia de Willow fue clave en dicha subtrama) y gracias a ello poco a poco consiguió ganarse el corazón de los fans que la vieron nacer como un secundario innecesario y abandonar la serie, de manera trágica, convertida en la mitad de una de las mejores parejas homosexuales de la televisión reciente.


Segunda debilidad para el abajo firmante. Oz, el licántropo guitarrista de rock, el silencioso y reflexivo primer amor de Willow en la serie a la que abandonó tras descubrir lo incontrolable de su naturaleza lupina (aunque su escarceo amoroso con otra de su misma especie a espaldas de su pareja también influyó para su marcha de Sunnydale) es uno de mis personajes favoritos porque detrás de su contrastado mutismo se encontraba una bestia descontrolada que durante los días de luna llena sembraba el caos allá por donde pasaba. Su interacción cómica con Xander, su inesperado humor socarrón y el simple hecho de que Seth Green es un actor que siempre cae en gracia fueron los alicientes perfectos para que Oz fuera recordado como uno de los secundarios más notables de la serie y su marcha de la misma, por diferencias creativas con Joss Whedon con respecto a su evolución, fue uno de los momentos más tristes de todo su recorrido, huyendo no sin marcarse un preciso tour de force con Alysson Hannigan antes de abandonar la nave a la que volvió en un memorable episodio de la quinta temporada (para la desgracia de la pobre Tara) y a modo de cameo en el mítico Restless que cerraba la cuarta temporada al que volveremos más tarde.


Tercera y última debilidad dentro de la lista y es que la Faith Lehane de una Eliza Dushku aporta mucho más que morbo y sexualidad a su Cazadora descarriada, ya que ella es la muestra más palpable de la inclinación por parte de Joss Whedon por retratar personajes tridimensionales que llegan a trascender el género al que están adscritos dentro de la ficción. Un asesinato involuntario será el detonante para que Faith tome el mal camino, aliándose con el alcalde Richard Wilkins y convirtiéndose en enemiga jurada de la banda de Buffy. En la séptima temporada (y algunos episodios de Ángel) Faith se redimirá y acabará uniendo fuerzas con la elegida y sus compañeros para luchar contra la amenaza que supone “El Primero” y adheriéndose definitivamente al lado del bien como aliada de sus antaño rivales. Como nota curiosa un servidor siempre afirmó que Eliza Dushku hubiera sido mejor Buffy que la misma Sarah Michelle Gellar, pero eso es algo que nunca sabremos.


Cuando Ángel abandonó la serie para volar en solitario los guionistas tardaron más bien poco en buscarle un nuevo interés sentimetal a Buffy. Riley Finn, el nuevo novio de la Cazadora, resultó ser un soldado que pertenecía a una organización paramilitar secreta llamada “La Iniciativa” cuya misión era capturar a todo tipo de monstruos o demonios para realizar con ellos experimentos en nombre del gobierno de Estados Unidos. Con un rostro tan impertérrito como el del mismo David Boreanaz el actor Marc Blucas se vio en la complicada tesitura de tener que sustituir a un personaje de tanto peso como el de Ángel, por suerte los guionistas se pusieron de su lado, consiguiendo desarrollar su personalidad, pasando de militar con fe ciega en sus superiores a un miembro más del grupo de Buffy concienciado con las malas artes de los altos mandos de la organización a la que pertenecía, y dando hondura a su perfil, pero nunca llegando a sentirse totalmente integrado como uno más de los miembros de la Scooby Gang y por efecto dominó como actor del mismo reparto de la serie.


Top 7 Mejores Episodios, los grandes éxitos de la Cazadora

Al igual que cualquier serie norteamericana de la televisión en abierto Buffy Cazavampiros pecaba de contener a lo largo de sus temporadas no pocos capítulos de relleno. De modo que cuando un espectador néofito decidía acercarse por primera vez al programa eligiendo un episodio al azar en ocasiones se encontraba con cosas como Beer Bad o Doublemeat Palace (el peor de toda la serie, con diferencia, por mucho homenaje a la factoría Troma que tuviera en su metraje) lo lógico era que huyera despavorido y confirmando, de manera equívoca, los prejuicios que siempre han acompañado a dicha producción, como su naturaleza para adolescentes y sus supuestas tramas intrascendentes. En cambio si aquel aventurero que decidía degustar el programa con un episodio aleatorio se encontraba con alguno de los escritos y dirigidos por Joss Whedon era raro que no acabara enamorándose de las aventuras de Buffy Summers. Aunque no todas las mejores muestras de calidad de Buffy The Vampire Slayer salían de la mano del autor de Fray sí es cierto que sus incursiones audiovisuales son las que mejor puesta en escena, construcción narrativa y dirección de actores tenían. A continuación vamos a incluir un Top 7, totalmente subjetivo, de los que al que esto firma le parecen los mejores capítulos de la serie elegidos por su calidad e importancia en el devenir de la misma y a los que sumaremos las necesarias menciones de honor que se han quedado fuera del ranking.


1×06 The Pack La primera llamada de atención por parte de Joss Whedon y su séquito con respecto a que bajo la piel de Buffy Cazavampiros yacía algo más que acción, humor y terror llegó con The Pack (La Jauría, en España), el sexto episodio de la primera temporada. La excusa narrativa en la que una visita al zoo de Sunnydale implica a Xander, y otros alumnos del Sunnydale High School, en una posesión grupal por parte del espíritu de unas hienas de origen sobrenatural sirve a los guionistas Matt Kiene y Joe Reinkemeyer o el director Bruce Seth Green para despertar el lado más primario y oculto del joven Harris, llegando incluso a intentar agredir a Buffy (recordemos que por aquel entonces el personaje de Nicholas Brendon se sentía atraído por el de Sarah Michelle Gellar) liberando así sus instintos animales más básicos y peligrosos. Este tema sobre la “bestialización” de la personalidad de algunos de los protagonistas del programa se convertiría en recurrente a lo largo de la serie.


2×17 Passion “La pasión es la fuente de nuestros mejores momentos, la alegría de vivir, la claridad del odio y el éxtasis del dolor. A veces duele más de lo que podemos soportar. Si pudiéramos vivir sin pasión tal vez encontraríamos algo de paz. Pero estaríamos vacíos. Habitaciones vacías, destartaladas y húmedas. Sin pasión estaríamos realmente muertos”. Este monólogo recitado por Angelus, la versión diabólica y sin alma de Ángel, supone el eje central de Pasión, el episodio que confirmó definitivamente las nada pueriles aspiraciones temáticas y conceptuales de Joss Whedon a la hora de ir construyendo su criatura catódica. La reconversión de Ángel en el villano de la velada que asesinaba a sangre fría a Jenny Calendar para destruir pscológicamente a su pareja, Giles (ningún fan de la serie puede olvidar a Anthony Stewart Head rompiendo el precinto policial de su casa en el último pasaje del capítulo) y por efecto dominó mermar las fuerzas de Buffy y compañía supuso un punto de inflexión en la segunda temporada. En este momento de la serie ya no había vuelta atrás, Buffy Cazavampiros abandonaba definitivamente sus aspiraciones genéricas y revelaba sus metas a largo plazo, ser un relato de personajes realistas con los que empatizar a niveles impensables en un producto televisivo de esta temática.


3×13 The Zeppo Todo el humor, toda la sorna, toda la autoparodia y la ironía propiamente whedoniana convergen en The Zeppo, el mejor episodio cómico de toda la serie que está centrado, como no podía ser menos, en el personaje de Xander. Mientras sus compañeros se enfrentan al enésimo advenimiento del Apocalipsis el alter ego televisivo de Nicholas Brendon se ve envuelto de manera paralela y en solitario en un enorome sinsentido de situaciones mundanas y terrenales que le impiden formar parte de la encarnizada batalla que están librando sus amigos. Con apuntes de guión tan brillantes como desopilantes y un afán por enaltecer la figura de los outisider, los perdedores, aquellos “mediocres” a los que bendecía Antonio Salieri en la obra maestra que supuso el Amadeus de Milos Forman y Peter Shaffer, Zepo puede considerarse uno de los puntos álgidos de Buffy Cazavampiros y la carta de amor hacia un personaje con el que más de un hombre nos hemos sentido identificado en algún momento de nuestra existencia.


4×10 Hush Silencio supuso el homenaje de Joss Whedon a Michael Ende y su célebre obra literaria Momo.La llegada de unos monstruos vestidos de etiqueta llamados “The Gentlemen” que se dedican a robar la voz a todos los habitantes de Sunnydale es la excusa argumental para que el autor de Firefly ejecute un memorable y tronchante episodio mudo en el que los personajes deben comunicarse por medio de gestos (Giles explicando en el salón de actos del instituto, y por medio de diapositivas, el plan para eliminar a las criaturas causantes de dicha situación no tiene precio) rindiendo un cariñoso homenaje al cine silente. Un episodio a todas luces superlativo que lo hubiera sido incluso más si hubiese prescindido durante todo el metraje de los dialógos. Con todo hablamos de uno de los capítulos más recordados de Buffy the Vampire Slayer y otro de sus picos más altos a la hora de amalgamar comedia y terror.


5×16 The Body Con El Cuerpo, el episodio número dieciséis de la quinta temporada, llegamos no sólo al mejor de toda la serie, sino también al, con mucha diferencia, más destacado ejercicio de realización audiovisual de la filmografía de Joss Whedon. Joyce Summers ha muerto repentinamente y el modo en el que todos los personajes de la serie asimilan tal hecho sirve al guionista y cineasta para realizar un análisis rico en matices y control del tempo narrativo acerca de cómo afrontamos los seres humanos la pérdida en el sentido más amplio de la palabra. La conceptualidad y la idea no se quedan ahí, porque Whedon quiere ir más allá y adentrarse en terrenos del metalenguaje, incidiendo en cómo un personaje como Buffy jamás podría tener una vida normal debido a su “misión” como guerrera (sin siquiera poder enterrar en paz a su progenitora) atravesando los límites de la ficción narrativa reflexionando sobre toerías metafísicas o filosóficas. Por el camino tenemos una realización técnica minimalista, exquisita, sutil, con una puesta en escena medida, concienzuda, juegos de espejos brillantes y un último plano de una mano intentando tocar un cuerpo inerte que cierra una de las muestras de calidad televisiva más grandes que dio el siglo pasado. Una obra maestra con todas las letras.


6×07 Once More With Feeling Aunque la sexta temporada me parezca la peor de Buffy Cazavampiros sería una afirmación necia negar que contiene algunos episodios remarcables, uno de ellos, el séptimo, es considerado por el grueso del fandom aficionado a las correrías del personaje el mejor de todo el trayecto del show. Hablo como no podía ser menos de Once More With Feeling, el célebre “ecapítulo musical” en el que todo el casting del programa bailaba y cantaba. Evidentemente estando detrás de la idea un Joss Whedon en labores de guionista, director, productor y compositor o letrista el invento no iba a quedar en un simple episodio con temas y coregorafías pegadizas. De modo que el creador de la serie puso la alfombra roja (es el único capítulo rodado en formato panorámico y estética cinematográfica) para que, de manera totalmente justificada en la trama, sus actores dieran el do de pecho con temas inolvidables como I Walk through the Fire, Rest in Peace, Standing o I’ll Never Tell que no sólo definían la situación actual de los protagonistas en el mismo momento en el que las interpretaban, sino que también permitía a la trama evolucionar marcando un punto de no retorno importante en el devenir de la serie. Dentro del un reparto inusualmente dotado para el canto (se perciben los retoques en el estudio en varios temas, no lo podemos negar) debemos destacar el enorme talento de unos Anthony Stewart Head y Amber Benson a los que se les notaban las tablas previas y un Hinton Battle superlativo como el villano Sweet. Otra joya catódica con la que Joss Whedon rompió esquemas y ofreció un puñado de composiciones que incluso se recopilaron en un disco que se vendió bastante bien en su época.


7×22 Chosen Un episodio llamado Chosen, sin artículo de ningún tipo delante, puso punto y final a la andadura catódica de Buffy Summers. Con esta última entrega escrita y dirigida, una vez más, por Joss Whedon se dieron la mano todas las señas de identidad que definieron Buffy Cazavampiros desde su arranque. La acción, el humor, el drama, las monstruosidades sobrenaturales, el amor, el odio, el sentimiento de comunidad y el trabajo en equipo para conseguir metas inalcanzables, todo el ideario del programa se condensó en estos poco más de cuarenta minutos que no hicieron más que confirmar el especial cariño que el autor pelirrojo siente por los personajes femeninos y su afán porque los mismos puedan ocupar puestos antaño sólo ejercidos por hombres. Mirando siempre al futuro, pero sin dejar de volver la cabeza hacia el pasado, la sonrisa en la boca de Buffy Summers nos despide de una obra que fue parte importante de la vida de aquellos que la seguimos religiosamente durante su emisión.

Evidentemente hay muchos más capítulos memorables en Buffy Cazavampiros y aunque he seguido estrictatamente la regla de seleccionar uno por temporada me veo en la obligación de mencionar otros que merecían también estar en el Top. Dentro de las menciones de honor tenemos las dos entregas de Becoming, que desembocan en el asesinato de Ángel por parte de Buffy, Amend en el que conocemos el origen vampírico del rol de David Boreanaz, el díptico formado por Graduation Day con la batalla final contra Richard Wilkins, Where The Wild Things Are y su trama central con Buffy y Riley manteniendo relaciones sexuales continuadas ajenos al horror que acontece a su alrededor, Restless, que supone uno de los mejores homenajes dentro de la ficción que se han hecho al universo de David Lynch (y con referencias divertidísimas a Apocalipsis Now con Xander ocupando el lugar del Capitán Willard de Martin Sheen) Fool For Love y sus flashbacks con Spike eliminando a dos Cazadoras de vampiros, The Gift, con la muerte de Buffy tras dar su vida después de vencer a Glory, Normal Again, en el que se dejaba vislumbrar que todos los hechos sobrenaturales acontecidos en Sunnydale eran producto de la imaginación de Buffy que se encontraba encerrada en una institución mental o Dirty Girls, posiblemente el episodio favorito de un servidor (escrito por el hoy muy cotizado Drew Goddard) con la presencia del brutal Caleb de Nathan Fillion y el combate en la bodega con el que destroza al grupo formado por Buffy, sus compañeros (la secuencia relacionada con Xander no se olvida fácilmente) y las cazadoras potenciales, podrían haber entrado con todo merecimiento en nuestro Top 7, pero hemos tratado de hacer criba, ya que de lo contrario nos habríamos encontrado una lista enorme de episodios recuperables y reivindicables.


Valoración personal y general

Como se habrá podido dilucidar a lo largo y ancho de este artículo siento un especial cariño por esta serie con la que Joss Whedon enamoró a todo tipo de espectadores, rompió tabúes hasta ese momento intocables en la televisión generalista americana dirigida a todos los públicos (homosexualidad, violencia de género, la pérdida de seres queridos) y todo sin hacer desaparecer el contexto de género en el que fue construyendo poco a poco un producto de culto cuya influencia sigue presente hoy día influenciando a otros shows televisivos y despertando recuerdos cariñosos por parte de todo su reparto este año en el que se ha cumplido el veinte aniversario de su nacimiento. Ya en el plano personal lo curioso es que Buffy he Vampire Slayer cambió mi vida en el sentido más amplio de la palabra, ya que debido a la afición que sentía por ella comencé a moverme por foros y webs relacionadas con la creación del autor de Los Vengadores: La Era de Ultrón y gracias a ello conocí a personas que han acabado siendo amigos indispensables en mi vida, compañeros con los que he compartido escapadas, quedadas, risas, llantos y altibajos dignos de la Scooby Gang formada por los personajes que poblaron la serie. Puede haberlas mejores, de más calidad o que hayan dejado incluso más huella dentro de la televisión contemporánea, pero ningún otro programa nacido en la pequeña pantalla me ha ofrecido tanto como aquel en el que Buffy Summers nos enseñó que no hay nada imposible con una pequeña ayuda de nuestros amigos.