jueves 19 de noviembre de 2009

El Club de los 5, in John Hughes we trust


Director: John Hughes (1985)
Guión: John Hughes
Actores: Emilio Estévez, Judd Nelson, Ally Sheedy, Anthony Michael Hall, Molly Ringwald, Paul Gleason, John Kapelos





Ni de casualidad iba yo a a imaginar que me iba a gustar tanto esta supuestamente intrascendente comedia de culto dentro del cine americano de los años 80 salida de la mano del bueno de John Hughes, ese director que nos dejó el pasado 6 de Agosto sin que ni su puta madre se hiciera eco de ello.




El Club de los 5 (Breakfast Club) no sólo es una excelente cinta que va más allá del mero entretenimiento o del cine de corte estudiantil. Hughes a parte de entretener al respetable con diálogos ágiles, personajes estereotipados que más tarde se muestran más complejos de los que son y toques de humor excelentes, quiere de manera nada forzada dar un toque de atención sobre esa etapa una veces maravillosa y otras insoportable llamada adolescencia.




Es maravilloso cuando el espectador se da cuenta de que en los años 80, sin cromas, putos efectos digitales sobresaturados que convierten las películas en jodidos videojuegos y aparatosas escenas llenas de movimientos de cámara, sólo con 6 actores y dos decorados se podía crear una historia cojonudamenrte redonda. Dirigida con oficio, escrita con pericia e interpretada por un casting acertadísimo en estado de gracia.



Del reparto, la mayoría de ellos cayeron en el ostracismo pasados los 80, todos tienen algún momento grande en el metraje. Pero sobre todo se podría destacar a Ally Sheedy dando vida a Allison por lo bizarro de su personaje y un enorme Judd Nelson en el papel de su vida como Bender el malencarado tocacojones del grupo. El toque de veteranía lo ponía Paul Gleeson sublime también como el director Richard Vernon.




Gracias a las malas artes de cierta persona estoy descubriendo un cine que me repelía en cierta manera, el comercial de los 80 no adherido al terror y la fantasía. Para mí John Hughes era sinónimo de cursilería y baboseo almibarado (sí, no soporté 16 Velas y puede que hoy tampoco pudiera con ella) pero esta El Club de los 5 me ha sabido a gloria. The Breakfast Club huele a juego de mesa, a cinta de vídeo Beta, a pupitre, a infancia, a amistad, a nostalgia, a años 80 y sobre todo, a cuando el corazón aún no se había muerto porque todavía éramos adolescentes, para bien o para mal.



miércoles 18 de noviembre de 2009

Los Muertos Vivientes



Cuando Robert Kirkman creó la colección Los Muertos Vivientes (The Walking Dead) tenía la sana intención de coger la mitología zombie desarrollada por el cineasta George A. Romero y tomada como referencia por gente como Zack Snyder, Danny Boyle o nuestros paisanos Jaume Balagueró y Paco Plaza y llevarla más allá, convertirla en un serial, en algo más profundo y realista a pesar de estar repleto de seres en descomposición física.




La colección tiene un punto de partida muy parecido al de 28 Días Después, la excelente cinta de Danny Boyle. Rick Grimes es un policía que despierta en un hospital tras haber formado parte en un tiroteo en el que fue herido. Su misión será buscar a su mujer e hijo en un mundo casi sin habitantes y plagado de muertos vivientes en el que deberá sobrevivir a duras penas.




En el primer tomo de la colección el guionista Robert Kirkman nos ofrece una introducción a su obra, una especie de esclarecedora declaración de principios que el buen hombre hasta ahora ha cumplido a rajatabla. En la misma nos dice que Los muertos Vivientes no es (al menos de manera intencionada) un cómic de terror, es una obra de personajes, por eso el autor nos dice que su intención es que cuando ya estemos dentro de la colección y nos encontremos bastante adelantados en la trama miremos hacia atrás y el Rick Grames de los primeros números nos resulte irreconocible y a fe mía que tal propuesta la consiguío con creces.




Lo mejor de Los Muertos Vivientes, lo que la convierte en una de las mejores colecciones actuales, es que sus protagonistas son realistas hasta el extremo, Estas personas son tan cercanas que en ellos podemos ver a familiares, vecinos y amigos, sufren, padecen, tienen cambios de humor y se encuentran atrapados en una situación que no tienen manera de controlar




Por eso el devenir de la serie fluye con tanta naturalidad y por eso Kirkman está haciendo desde hace más de 5 años un excelente trabajo elaborando una historia que coge planteamientos esquemáticos del cine de zombies y les da una profundidad inusitada. Dando forma a un extenso relato de los más conseguidos y duros, durísimos que ha dado el cómic americano reciente, al que por su aparente sencillez y logrado acabado formal uno se queda inevitablemente enganchado.




El dibujo es una nota a parte dentro de la serie. Los primeros siete números están ilustrados por Tony Moore íntimo colaborador de Kirkman y buen amigo suyo, él creó el look de la colección e hizo un trabajo excelente. El problema es que abandonó su puesto y este fue tomado por el británico Charles Adlard cuyo estilo es diametralmente opuesto al detallista de Moore. Adlard, más tosco y oscuro, algo estático si se me apura, como dibujante siempre me ha parecido medicore (vease su trabajo en los cómics de Expediente X) y empezó con algo de torpeza en la colección. Pero desde hace bastante tiempo se ha hecho por completo con ella, nos ha regalado splash pages memorables y su lapiz ya es la seña de identidad visual de la serie.




A día de hoy la colección sigue su curso a muy buen nivel. El último tomo editado en España es el octavo, se titula Creados Para Sufrir y es una burrada de las que hacen época. Ha sido muy alabado, diciendo los entendidos que es la cumbre de esta obra, yo no diría tanto, algunos giros de guión son muy forzados y buscan el efectismo puro y duro, pero lo que sí es cierto es que al lector habitual lo deja con un mal cuerpo de cojones. Ahora sólo queda esperar a que Planeta se decida a editar el tomo número 9 titulado en Estados Unidos Here We Remain.




Los Muertos Vivientes
es el mejor trabajo en ficción que se ha hecho jamás sobre zombies, pero ojo, los mismos son una excusa narrativa de Kirkman para mostra el lado más oscuro y rastrero del ser humano, pero también su parte solidaria, amable y redentora. Una colección de lectura obligada no sólo para los amantes del género cinematográfico al que rinde homenaje, sino también para toda aquella persona que disfrute con una historia bien escrita repleta de personajes reales como la vida misma. Rick Grimes lo dice en un momento de la serie a sus amigos, Los Muertos Vivientes no son los zombies que los asedian, son ellos mismos como seres humanos condenados a vivir una existencia que poco tiene que ver con la vida que llevaban antes. Thomas Hobbes ya lo dijo una vez. El hombre es un lobo para el hombre y por suerte para el mundo del cómic, Robert Kirkman tal apreciación no la pasó por alto, la asimiló y la convirtió en arte.


martes 17 de noviembre de 2009

Crepúsculo, jóvenes ocultos... a dos metros bajo tierra



Director: Catherine Hardwicke (2008)
Guión: Melissa Rosenberg basado en el libro de Stephanie Meyer
Actores: Kristen Stewart, Robert Pattinson, Billy Burke, Peter Facinelli, Elizabeth Reaser, Nikki Reed, Ashley Greene, Jackson Rathbone, Kellan Lutz, Cam Gigandet





Mirad el trailer, joder, si lo dice todo. Está película es tan jodidamente mala que ni yo me esperaba que lo fuera tanto, su visionado es tan interminable y agónico que acabarla es de un mérito que sobrepasa lo humanamente aceptable. Dentro del cine comercial estadounidense reciente Crepúsculo está entre lo peor de lo peor.


Ahógalo por dios, que quedan otras tres películas


Twilight es un descarado mix de las novelas The Southern Vampire Mysteries de Charline Harris (adaptadas a imágenes en la mediocre serie True Blood), la cinta de Joel Schumacher a la que hago alusión en el título de mi entrada, Buffy, la cazavampiros, Ángel y joder, hasta el puto El Pequeño Vampiro de la alemana Angela Sommer-Bodenburg. Pero todo pasado por un filtro que mezcla High School Musical, Salvados por la Campana y Agujetas de Color de Rosa.


Busca lo más vital no más, lo que es necesidad nomás...


Vampiros con más años que el fuego que van al instituto, que andan a cámara lenta como si fueran encima de un monopatín y que se mueven como monos epilépticos, unos humanos más tontos que morderte un diente y con menos luces que un carrito del Alcampo, Una historia de amor tan insípida, puritana y aburrida que recibiría la bendición del mismísimo Escrivá de Balaguer si no estuviera ahora mismo ocupado mientras arde en el infierno.


No me mires así, que yo también me he asustao


Yo no dudo de que Kristen Stewart y Robert Pattison se enamoraran durante el rodaje, pero si es cierto en pantalla no se ve una puta mierda de tal hecho. En mi vida he visto una pareja de enamorados con menos quimica en cine. Ella con cara de no enterarse de una mierda y él con cara de... vamos, sin cara. En serio, que le ven las quinceañeras al Pattison, ¿el aire misterioso, la apariencia de chico vulnerable, que para ser inglés no tiene la cara como la parte de atrás de una nevera, que está tan pálido porque debe tener toda la sangre en la polla debido al calentón porque la pava que le gusta no le roza ni el pelo? porque yo no me lo explico.


¿Dónde están Dylan y Eric cuando se les necesita?


Catherin Hardwick que tiene en su haber un trabajo tan meritorio como Thirteen hace un ridículo mayúsculo con su dirección en Crepúsculo, pero claro, es que el guión que pusieron en sus manos no daba para más. No he leído ni una de las novelas de Stephanie meyer, pero ahora es que me niego a acercarme a ellas más de 100 metros. Qué diálogos tan jodidamente babosos, que poco arte para la hipérbole o la metáfora, que cantidad de mierda almibarada escupen estos dos protagonistas, qué ridículas las escenas del partido de beisbol (pobres Muse por dios), la de la casa de de Edward o la de la batalla final.


Me he dejado la billetera en el ataud, ¿hacemos un simpa o qué?


Ver Crepúsculo ha sido como meter la cabeza en el retrete de Trainspotting con la boca abierta y masticando durante dos horas. Algo debe ir muy mal en la juventud actual para que se sienta identificada con los protagonistas de semejante detritus fílmico. No me extraña que se pongan el flequillo en la puta cara para taparse los ojos o que quieran cortarse las venas, joder, yo he querido hacer tales cosas mientras veía la cinta que nos ocupa, lo que hubiera sido necesario con tal de no morir de aburrimiento y vergüenza ajena. Sí amigos, está basura copa telediarios, revistas de cine y programas monográficos enteros, pero claro, el verdadero cine de calidad sobre vampiros se ve relegado al olvido y sufre la indiferencia de las masas, pero esa por desgracia, sigue siendo otra historia.



lunes 16 de noviembre de 2009

Celda 211, palabra de Malamadre



Director: Daniel Monzón (2009)
Guión: Daniel Monzón y Jorge Gurricoechevarría basado en la novela de Francisco Pérez Gandul
Actores: Luis Tosar, Alberto Ammann, Antonio Resines, Carlos Bardem, Marta Etura, Vicente Romero, Manuel Morón, Manolo Solo, Fernando Soto, Luis Zahera





El carcelario, género muy poco tocado en nuestro cine, salvo algunas excepciones como los trabajos de Imanol Uribe o Eloy de la Iglesia en los 70 y 80. Las prisiones no tienen una verdadera y enraizada tradición cinematográfica en España, por eso esta Celda 211 se sitúa desde ya y sin mucha dificultad como la mejor representante de este tipo de cine dentro de nuestras fronteras.




Venga, directos al grano, Celda 211 es la mejor película española del año, rodada en nuestro idioma al menos. Una crudísima historia sobre un motín carcelario y todas las consecuencias consiguientes a tal hecho. Daniel Monzón y Jorge Gurricoechevarría (habitual colaborador de Alex de la Iglesia) forjan un thriller o drama carcelario tenso, comprometido, con un profundo calado político y social, arriesgándose al tomar decisiones argumentales polémicas que puede que no agraden a todo tipo de espectadores.




En España sabemos hacer cine de carácter comprometido, pero no siempre es consistente o peor, muchas veces es terriblemente aburrido. Maniqueismo, partidismo, revanchismo comprensible pero ya algo manido. Celda 211 critica muchas cosas que no funcionan en nuestro país, el sistema penitenciario, la corrupción de parte de las fuerzas y cuerpos del estado, las nefastas dotes negociadoras de nuestro gobierno (¿alguien ha dicho Alakrana?) sea cual sea, sin importar demasiado si es de izquierda o derecha y la importancia que tienen como moneda de cambio los prisioneros de la banda terrorista E.T.A.




Celda 211 es indudablemente una película de personajes. Algunos de ellos son estereotipos, pero es que las cárceles están llenos de ellos por mucho que nos cueste creerlo. El reparto es uno de los mejores que se han visto en el cine español reciente y sí, Luis Tosar tiene asegurados todos los premios habidos y por haber porque su Malamadre ya es parte de la historia del celuloide patrio. Pero no nos olvidemos de un Luis Zahera inmenso como Releches, paisanos míos como Vicente Romero, Jesús Carroza o Manolo Solo y un Antonio Resines esforzadísimo por intentar sacarle jugo al personaje más estereotipado y falsario de todo el film. Por último destacar para bien al debutante Alberto Ammann a la altura de la situación y para mal, muy mal el gran Manolo Morón, desubicado, artificioso e incluso con una dicción deficiente, parece mentira que este hombre sea el mismo que dio enormes lecciones de interpretación en cintas como El Bola, Plenilunio o La Noche de los Girasoles.




Pero a pesar de todo, la paradoja más grande de Celda 211 es que como film es un paso enorme, gigantesco, de Daniel Monzón como director, pero su realización en el apartado más técnico me parece mediocre. Su dirección de actores es colosal, pero a la hora de poner la cámara en su sitio, de rodar escenas de acción dentro o fuera de la prisión su trabajo se me antoja nefasto con un tufo a la nueva ola de tv movies españoles que echa para atrás.




A pesar de sus fallos, de reincidir en lugares comunes, de que todo lo relacionado con el personaje de Utrilla en el guión está forzadísmo, Celda 211 está destinada a marcar época en nuestro cine, o al menos dentro del subgénero al que se adscribe. Sé que le van a salir premios Goya por el culo y yo me alegraré por ello, porque este tipo de cintas se nos dan muy bien en España y a mí al menos me hacen sentir orgulloso de ser defensor de nuestro cine. Para terminar, como apunte decir que estoy en contra de la guerra sucia contra E.T.A la vía de la eliminación y el ojo por ojo sólo engendra más violencia y ponernos al nivel de ellos matando como cobardes me parece un acto tan deleznable que ni siquiera deberíamos imaginar el llevarlo a cabo y tampoco acepto esas presuntas torturas por parte de la Ertzaintza a los terroristas para sacarles información, pero joder, ¿qué queréis que os diga?, a pesar de estar realizada en off, como disfruté con la escena de la oreja, madre del cordero.



viernes 13 de noviembre de 2009

Danko, Calor Rojo, a hostias con el telón de acero



Director: Walter Hill (1988)
Guión: Walter Hill, Harry Kleiner y Troy Kennedy Martin
Actores: Arnold Schwarzenegger, James Belushi, Peter Boyle, Ed O'Ross, Laurence Fishburne, Gina Gershon, Richard Bright





En 1988 Walter hacía tiempo que había vendido el culo a Hollywood. Ya había rodado cosas tan vacuas e intracendetemente simpáticas como Límite 48 Horas o El Gran Despilfarro. Alejadas quedaban obras de culto como The Warriors o Forajidos de Leyenda y esta Danko, Calor Rojo, supuso lo que todos pensaban, Hill ya era una pieza más del cine comercial americano, aunque para hacer honor a la verdad hay que admitir que ni en su época más independiente llegó a ser un autor con personalidad propia o un discurso realmente profundo y con enjundia.




Danko, Calor Rojo es una mala buddy movie, un cúmulo de clichés sobre cine policiaco que en ocasiones es incluso ridículo. Pero también es, sin lugar a dudas, un film entretenidisímo, que ha envejecido mejor que otras cintas de Schwarzenegger como Commando, Ejecutor o esa horripilante adaptción que Paul Michale Glasser (el Starsky de Starsky y Hutch) hizo de la novela El Fugitivo de Stephen King, titulada Perseguido.




Esas sí dan vergüenza ajena, no esta simpática cinta de acción que sorprendentemente mantiene más de 20 años después de su estreno una envidiable entereza en las escenas de acción y en las de humor, en las que Hill y sus guionistas se despachan a gusto no sólo con los moscovitas sino también son sus propios compatriotas americanos con aguijonazos verbales llenos de sorna y acidez, sí, un poco chusca, pero efectiva al fin y al cabo.



La dirección de Hill como era de esperar es la de un artesano al servicio de los productores Mario Kassar y Andrew Vajna ( a los que el amigo Arnold les debe más que su fama, la vida), cumple tecnicamante más no se le pide. Del reparto Schwarzenegger hace de sí mismo y James Belushi se lleva el carisma socarrón y la empatía del público, pero yo destaco al gran Ed O'Ross como Viktor "Rosta" Rostavili, un versatil actor relagado a secundarios siempre de origen ruso y que se ganó mis simpatías interpretando al gruñón florista Nikolai en A Dos Metros Bajo Tierra la magistral serie de Alan Ball.



Decir Danko, Calor Rojo es invocar el cine de la Era Reagan. Vacío, reaccionario, maniqueo y violentamente gratuito, pero al igual que todas las producciones comerciales americanas de los 80, daba lo que prometía que no era ni más ni menos que sincero y ligero entretenimiento para las masas, a día de hoy pocos blockbusters pueden decir que cumplen esa a veces tan compleja como encomiable misión.


Destino Final 3, la muerte de vacaciones


Director: James Wong (2006)
Guión: James Wong y Glen Morgan
Actores: Mary Elizabeth Winstead, Ryan Merriman, Harris Allan, Alexz Johnson, Sam Easton, Kris Lemche, Texas Battle, Amanda Crew, Chelan Simmons, Crystal Lowe





Destino Final supuso un interesante y atractiva variante del cine de terror adolescente allá por el año 2000. Era curioso el planteamiento argumental de la muerte siguiendo a los jóvenes a los que había marcado para ser víctimas de un accidente, al que sobreviven gracias a la premonición de uno de los chicos, por todas partes del globo con la única misión de eliminarlos, llevándolos ineviatablemente al lugar que el título del film inidicaba.




En 2003 se rodó la secuela y con ella se perdía el factor sorpresa. Pero el film ganaba en mala baba, crueldad, humor negro, bellezas por metro cuadrado (Ali Later y A.J. Cook como protagonistas) y poseía uno de los más logrados, bestias y memorables inicios que se han visto en el cine de terror reciente, así como un final cojonudamente malicioso.




Esta tercera es mala con premeditación y alevosía, pero no mala en plan "Pobrecita la película que mala es" no, mala en plan... "¡¡Hija de puta la película qué mala es!!" como diría el gran Manu Sánchez. Personajes de encefalograma plano, diálogos que convierten en poesía los de Amarte Así Frijolito y un sinsentido narrativo tan lleno de forzadas imbecilidades que obligan al espectador a sonorjarse en más de una ocasión.




Eso sí, como toda entrega de esta saga, algunas escenas de muertes son memorables, pero esta vez son más bien pocas, con todo, mi acompañante y yo nos hemos reído a carcajadas con tres de ellas que por burras y violentamente gratuitas deben pasar a los anales, las mismas están muy bien ejecutadas e incluso se puede decir que el director James Wong (sí amigos, el de Dragon Ball Evolution) está resuelto detrás de la cámara, cumpliendo su misión de mostrar chorradas divertidamente exageradas en pantalla.




Destino Final 3 es una gilipollez fílmica creada para ser disfrutada como lo ha degustado yo, acompañado (de una manera u otra) comentándola y echándose unas risas, si no su visionado sería tan agónico como inviable. Ahora a ver que tal esa Destino Final 4 en 3D, que siendo yo tan masoquista y pintando tan jodidamente mal, la acabaré viendo tarde o temprano... si la muerte no me encuentra antes... y viendo el resultado de esta tercera parte... que sea lo antes posible.


jueves 12 de noviembre de 2009

El Hombre Lobo, de Paul Jenkins y Leonardo Manco



Hay colecciones de cómics que teniéndolo todo, no funcionan o no encuentran el público adecuado. En 1998 la Marvel empezó a editar una soberbia serie sobre El Hombre Lobo con guión del británico Paul Jenkins (Spiderman, Spawn) y dibujo del argentino Leonardo Manco (Hellblazer) que fue cancelada injustamente en su sexta entrega.




No era la primera vez que la Marvel recurría al personaje universal del Hombre Lobo para llevarlo a viñetas, es más, esta colección es un volumen 2. La primera nació en los años 70, cuando a la editorial le dio por crear cómics basados en personajes nacidos del cine y la literatura de terror así lo atestigua el sonoro éxito de la genial La Tumba de Drácula obra de Marv Wolfman y Gene Colan.




La colección escrita por Roy Thomas y Gerry Conway y dibujada por Mike Ploogh estaba protagonizada por Jack Russell, un niño bien que se pasaba la vida haciendo surf y ligando en playas paradisiacas de California que un día hereda la maldición que lo convierte en un licántropo tres noches de cada mes, las de luna llena evidentemente. La colección era excelente, fue un emblema dentro de los cómics de la década de los 70, alternaba terror con fantasía y por sus páginas destilaron gran número de pintorescos e interesantes secundarios.




En Marvel a finales del siglo XX sabían que el personaje tenía potencial, que el primer volumen de la serie fue un éxito y por ello decidieron resucitar a Jack Russell. Los autores fueron Paul Jenkins y Leonardo Manco y el trabajo resultante fue excelente. La labor de guionista y dibujante ya se tornaba soberbia desde ese número 1 que no sólo servía de unión entre las dos colecciones, sino que también presentaba al protagonista y su entorno.




A primera vista el primer número de este volumen 2 se diferenciaba de la primera colección por lo oscuro y tenebrista que era el dibujo de Leonardo Manco, recordando en mucho a su trabajo de los años 90 en la colección Hellstorm e incluso a algunos videoclips de Marilyn Manson como Tourniquet o Beautiful People. La labor del argentino con los pinceles era soberbia y muy descarnada, ochentera en su estética.




Por otro lado Paul Jenkins daba mucha profundidad a su guión, es cierto que sólo pudo desarrollar un arco argumental (que ocupaba desde el número 1 al 4) pero el mismo era sólido y muy interesante. Se daban la mano en el mismo, ocultismo, satanistas, maldiciones gitanas, la aparición del mismo Diablo (homenaje a la ya mencionada La Tumba de Drácula) o la feliz idea de que cada vez que Russell mutaba a lobo, despertaba el Infierno haciendo manifestarse criaturas multiformes que tanto se parecen a las creadas por H.P. Lovecraft como a las de Kentaro Miura en Berserk.




Por suerte los de Marvel no desisten y hace poco, e inteligentemente incluyéndola en MAX su sello para adultos, han editado otra miniserie de cuatro números sobre el personaje, escritos por Duane Swierczynski y dibujados por Mico Suayan, con los que me haré en cuanto lo editen en nuestro país sabe dios cuando, si lo hacen.




Sólo 6 números, los dos últimos daban inicio a una nueva era en la historia del personaje con un arco argumental que prometía mucho y unos secundarios cojonudos, pero ya se sabe, no todo lo bueno tiene cabida en un mundo tan competitivo como el del noveno arte. Yo a pesar de todo los tengo guardados como oro en paño y los releo con asiduidad. Porque son cómics de calidad que no tuvieron suerte, pero la merecían.