martes, 14 de enero de 2020

Star Wars Episodio IX: El Ascenso de Skywalker


Título Original Star Wars: Episode IX - The Rise of Skywalker (2019)
Director J.J. Abrams
Guión Chris Terrio, J.J. Abrams, Colin Trevorrow, Derek Connolly, basado en personajes creados por George Lucas
Reparto Daisy Ridley, Adam Driver, John Boyega, Oscar Isaac, Kelly Marie Tran, Joonas Suotamo, Domhnall Gleeson, Ian McDiarmid, Carrie Fisher, Anthony Daniels, Keri Russell, Billie Lourd, Lupita Nyong'o, Billy Dee Williams, Naomi Ackie, Richard E. Grant, Dominic Monaghan, Freddie Prinze Jr., Greg Grunberg, Jimmy Vee, Denis Lawson, Richard Bremmer, Amir El-Masry, Dave Chapman, Harrison Ford, Mark Hamill, Nasser Memarzia, Simon Paisley Day, Brian Herring, Philicia Saunders, Lin-Manuel Miranda, Jodie Comer, Billy Howle, Warwick Davis, Cailey Fleming, Ann Firbank, John Williams





Sólo tres años después de haber adquirido Lucasfilms por 4.000 millones de dólares Disney puso en funcionamiento una nueva trilogía que daría continuidad a la clásica ideada por George Lucas entre los años 70 y 80. Para iniciar tan complicada empresa, que hiciera olvidar el mal sabor de boca generalizado producido por las precuelas rodadas por el mismo Lucas, Kathleen Kennedy, presidenta de la productora desde 2012, solicitó los servicios del también productor, guionista y director J.J. Abrams, que venía de insuflar nueva vida a la otra franquicia galáctica, Star Trek. Con la ayuda de Lawrence Kasdan, viejo conocido de la saga, y Michael Arndt (Toy Story 3) el autor de Super 8 diseñó Star Wars Episodio VII: El Despertar de la Fuerza, un efectivo largometraje con muchos, puede que demasiados, puntos en común con Star Wars Episodio IV: Una Nueva Esperanza que a pesar de su conservadora conceptualidad funcionó a las mil maravillas arrasando en taquilla y agradando notablemente a la crítica.




Dos años más tarde, ya en 2017, Kathleen Kennedy y sus colaboradores dieron una vuelta de tuerca a la recién estrenada trilogía, como si quisieran acallar las voces de los que afirmaron que El Despertar de la Fuerza había sido más de lo mismo, y destituyeron a J.J. Abrams en favor de Rian Johnson, cineasta iniciado en el cine independiente con films como Brick y que poco antes había facturado una potente muestra de ciencia ficción titulada Looper protagonizada por Joseph Gordon Levitt y Bruce Willis. El autor de Puñales Por la Espalda (Knives Out) llegó para ofrecer una visión rompedora y controvertida no sólo de la nueva trilogía, sino también del lore adscrito a dicho microcosmos. Star Wars Epsodio VIII: Los Últimos Jedi se convirtió en una de las entregas más polémicas de la franquicia dividiendo al fandom entre furibundos detractores y apasionados seguidores.




Es más que probable que la polvareda levantada por el film escrito y dirigido por Rian Johnson fuera el catalizador de la recuperación de J.J. Abrams para cerrar la trilogía intentando contentar a aquellos que salieron airados de la proyección de Los Últimos Jedi y es ahí donde una propuesta como Star Wars Episodio IX El Ascenso de Skywalker comienza a edificarse sobre unos inadecuados cimientos a los que remitiremos un poco más tarde. J.J. Abrams volvía para ponerse a los mandos de la nave y al guión le acompañaba Chirs Terrio (Argo, Batman v. Superman: El Amanecer de a Justicia) sobre un argumento escrito por ellos mismos con la ayuda de Colin Trevorrow y Derek Connolly. En el reparto repetían los habituales Daisy Ridley, Adam Driver, Oscar Isaac, John Boyega, Joonas Suotamo o la fallecida Carrie Fisher, resucitada por obra y gracia del CGI.




Con Star Wars Episodio IX: El Ascenso de Skywalker sucede algo inaudito y es que el famoso y tradicional texto introductorio que contextualiza espaciotemporalmente el argumento de la película que vamos a ver ya da muestras de la inoperancia manifiesta del guión. La inexplicable, innecesaria e ilógica aparición de Palpatine no tiene ningún sentido y denota una alarmante intencionalidad por satisfacer a los fans molestos con el anterior film inyectándoles en vena inusitadas dosis de fanservice gratuito. Esta primera concesión de cara a la galería será la que bascule y vertebre la trama del largometraje con una reprobable y vergonzosa obsesión por contentar a todo el mundo, algo no sólo imposible de conseguir, sino un error garrafal que menoscaba cualquier posicionamiento de inquietud artística por parte de sus máximos responsables.




El ritmo vertiginoso, en el que no se da un respiro al espectador viéndose este asediado por escenas de acción a gran escala y pasajes dramáticos de notable trascendencia para los personajes principales, no consigue eludir que el guión esta construido a base de aleatoriedades casi insostenibles en las que una serie de McGuffins impulsan una trama que sale adelante por medio de la visceralidad y la conexión emocional con el espectador conocedor del microcosmos creado en su origen por George Lucas y no por una cohesión narrativa que ofrezca una solidez estructural al relato. Para un servidor es un hecho que el libreto de Star Wars Episodio IX: El Ascenso de Skywalker necesitaba una revisión a fondo antes de haberle dado el visto bueno y no sólo por las carencias mencionadas, sino también por la ya mencionada idea de satisfacer a todo el mundo, una entelequia inalcanzable en sí misma.




Casi todas las consecuencias resultantes del rupturismo y descreimiento adscritos a la mirada de Rian Johnson en Los Últimos Jedi son obviadas, revertidas o aceptadas de mala gana por parte de un J.J. Abrams, no sabemos si volviendo a las raíces de lo que iba a ser la trilogía cuando él se encargaba de ella o con la insidiosa idea de deshacer todo lo elaborado por aquel que ocupó su puesto detrás de las cámaras. Independientemente de si se trata de una u otra cosa El Ascenso de Skywalker apela de manera pueril y cuestionable a la nostalgia, a la referencia en sesión continua y a dar en bandeja de plata al fan todo aquello que echó en falta en el anterior episodio, abriendo así un peligroso camino dentro del cine comercial en el que en un futuro posiblemente se dé más importancia a lo que digan en redes sociales los seguidores de tal o cual producto antes que a lo planificado por productores, guionistas y directores.




Pero si hay un apartado en el que no se puede poner una sóla queja a Star Wars Episodio IX: El Ascenso de Skywalker en general y a J.J. Abrams en particular es en el técnico. La última entrega de La Guerra de las Galaxias es una space opera a escala descomunal con pasajes brillantes desde una perspectiva estilística y visual. En este aspecto el director de Misión Imposible 3 o Stark Trek: En La Oscuridad despliega todo su talento como artesano al servicio de Hollywood. Batallas intergalácticas con cientos de naves implicadas, persecuciones por tierra mar y aire o combates con sable láser perfectamente coreografiados. Podemos afirmar que esta mezcla de épica desencadenada y crepuscularidad de fin de ciclo están ahí para tapar las ya citadas carencias del guión, pero lo cierto es que se agradece que al menos en la realización Disney y Lucasfilm lo hayan dado todo.




En cuanto al trabajo de los actores es de recibo mencionar que J.J. Abrams y sus colaboradores son conscientes de que Rey y Kylo Ren son los dos roles capitales tanto de esta última entrega como de toda la trilogía y en ellos depositan todo el poso dramático y emocional. Por descontado Daisy Ridley y Adam Driver exprimen hasta el límite los últimos minutos de metraje que comparten juntos y la química que ya se vislumbraba en el Despertar de la Fuerza y se desarrollaba adecuadamente en Los Últimos Jedi encuentra en El Ascenso de os Skywalker una muy digna catarsis que sólo se ve ensombrecida por un mínimo detalle innecesario que cae en lo tópico y previsible. Para el que suscribe ambos intérpretes y personajes están entre lo mejor adscrito al universo Star Wars por bien tratados y perfilados aunque no se les ofrezca aquí la mejor de las conclusiones a ambos dos.




En lo referido a los secundarios volvemos sobre nuestros pasos para seguir hablando de la polémica con la toxicidad de cierto sector del fandom adherido a Star Wars. Partiendo de que a excepción de Kylo Ren y Rey todos los demás personajes han quedado reducidos a sidekicks llama la atención que tanto a Poe como a Finn les aparezcan interesas amorosos del sexo opuesto para acallar las voces que hablaban de una posible relación homosexual entre ambos. Más lejos se llega con el personaje de Rose Tico, de gran relevancia en Los Últimos Jedi y reducido aquí a dos escenas. Después de haber recibido Kelly Marie Tran amenazas de racistas y misóginos obligándola a abandonar sus redes sociales es un fallo monumental que Disney agache la cabeza y dé de lado a una actriz que hizo bien el trabajo que le fue encomendado. En esta caso trascendemos el tema sobre si un personaje nos gusta o no, porque nos referimos en la vida personal de una actriz a la que se agravió y a la que sus superiores deberían haber dado todo su apoyo.




Contrariamente a lo que pueda parecer por esta reseña disfruté notablemente con el visionado de Star Wars Episodio IX: El Ascenso de Skywalker. Pero siendo un moderado fan de la saga creada por George Lucas y un espectador con cierto nivel de objetividad y raciocinio no podía pasar por alto las carencias de un producto con tanta relevancia como el presente. A pesar de ello no fueron pocos los momentos en los que me emocioné viendo esta última entrega de La Guerra de las Galaxias, porque he conectado con varios de sus personajes y soy afín a bastante de lo planteado y desarrollado en esta nueva trilogía que estando a años luz de la clásica, como es lógico, también me parece muy superior, en cualquier aspecto, a la que nos narró las precuelas de este universo al que, para bien o para al, y aunque ahora parece que va a tomarse un descanso en pantalla grande, todavía le queda mucho por contarnos sobre aquello que sucedió hace mucho tiempo, en una galaxia muy, muy lejana.



miércoles, 8 de enero de 2020

Transgresión Continua Express 2019 - Diciembre II



Campeones (Javier Fesser, 2018) - La naturalidad de todo el reparto y la ternura típica de las producciones de Javier Fesser y Películas Pendleton hacen que Campeones funcione a pesar de algunos obstáculos como su convencionalismo y cierta tendencia hacia lo lacrimógeno.





Watchmen (Damon Lindelof, 2019) Abordado como un elseworld en el que Damon Lindelof imagina una secuela del cómic, Watchmen es un producto casi impecable en lo visual y narrativo con dos episodios, 6 y 8, entre lo mejor visto este 2019. Por desgracia no consigo conectar al 100% con su muy valiente propuesta.




Mujercitas (Greta Gerwig, 2019) - La versión de Mujercitas de Greta Gerwig abandona la zona de confort de otras adaptaciones de la novela de Louisa May Alcott haciendo uso de una inteligente narrativa, dando importancia a la metatextualidad con respecto a la palabra escrita y apoyándose en un soberbio reparto.




Cronos (Guillermo del Toro, 1993) - El debut de Guillermo del Toro es un oscuro cuento de hadas en el que colisionan el Luis Buñuel mexicano y el David Cronenberg neocárnico de sus primeros trabajos para reformular el mito del vampirismo. Impresionante trabajo de Federico Luppi.




Gallipoli (Peter Weir, 1981) -  Peter Weir rueda su Senderos de Gloria narrando la infame batalla de Gallipoli durante la Primera Guerra Mundial. Impecable en todos sus apartados y con un dúo actoral brillante me cuesta implicarme con la desgarradora historia de estos dos amigos.





Lords of Chaos (Jonas Åkerlund, 2018) - Recreación de los disparatados hechos relacionados con las bandas de black metal noruego Mayhem y Burzum. El sueco Jonas Åkerlund deja de lado su irritante estilo videoclipero y aborda la historia con una crudeza y distanciamiento encomiables.





Nación Salvaje (Sam Levinson, 2018) -Aunque reflexiona sobre temas interesantes como el feminismo, la misoginia, la hipocresía y el poder de las redes sociales en los Estados Unidos de Donald Trump a Sam Levinson le falta ironía para conjurar una verdadera sátira del hoy y el ahora.





Dragged Across Concrete (S. Craig Zahler, 2018) - Thriller policiaco con reminiscencias noir potenciado por una rocosa puesta en escena y un gran trabajo de Mel Gibson y Vince Vaughn. Su fallo, el habitual en los films de S. Craig Zahler, el innecesario exceso de metraje.





Pesadillas 2: Noche de Halloween (Ari Sandel, 2018) - Planteada como un mix entre The Monster Squad, Child's Play y Gremlins esta simpática secuela de Pesadillas (Rob Letterman, 2015) se mantiene fiel al espíritu de R.L. Stine ofreciendo diversión ligera para todos los públicos.



El Cliente (Joel Schumacher, 1994) - Rudimentario y procedimental thriller basado en la novela de John Grisham. A destacar el buen hacer de Joel Schumacher detrás de las cámaras y el solvente reparto encabezado por unos impecables Susan Sarandon y Tommy Lee Jones.

sábado, 4 de enero de 2020

Transgresión Continua Express 2019 - Diciembre I



Sheitan (Kim Chapiron, 2006) - Con dos actos en los que no sucede casi nada y un último que no está a la altura este sucedáneo cómico de La Matanza de Texas o Las Colinas Tienen Ojos, con un look visual a lo Jean-Pierre Jeunet, sólo tiene como interés a un desatado Vincent Cassel.




Brácula: Condemor II (Álvaro Sáenz de Heredia, 1997) - Más allá de cualquier lectura irónica el segundo film protagonizado por el cómico Chiquito de la Calzada es incluso peor que el anterior. Cine rancio y carpetovetónico que ni la icónica verborrea del protagonista puede salvar




Bitelchús (Tim Burton, 1988) - Consolidación del discurso de Tim Burton mediante una brillante propuesta todavía hoy genuina y fresca en la que la celebración de la diferencia o una estética en la que conviven lo gótico y el cartoon regalan al espectador una experiencia única.




Frozen II (Chris Buck, Jennifer Lee, 2019) - Continuista con respecto a la anterior entrega, a la que emula en casi todos los aspectos, Frozen II brilla en cuanto a animación y el carisma de sus personajes. Pero peca de simplista en lo argumental y de timidez a la hora de extender el microcosmos ficcional al que se adhiere.




Historia de Un Matrimonio (Noah Baumbach, 2019) - En un punto en el que confluyen John Cassavetes e Ingmar Bergman Historia de Un Matrimonio captura con su amor por los pequeños detalles los complejos vericuetos de las relaciones de pareja. Adam Driver y Scarlett Johansson ofrecen los mejores papeles de sus respectivas carreras.



Parásitos (Bong Joon-ho, 2019) - La pobreza como un olor indescifrable para el acomodado, la riqueza como una entelequia inalcanzable para el desfavorecido. Parásitos habla con cortante visceralidad sobre la diferencia de clases mezclando el thriller con la ópera bufa y la tragedia griega. Bong Joon-ho al 100%.




6 en la Sombra (Michael Bay, 2019) - Al desvanecerse los prometedores 20 minutos iniciales de 6 Underground  Michael Bay es incapaz de encontrar el equilibrio entre acción y comedia. Ni Ryan Reynolds o los guionistas Rhett Reese y Paul Wernick (Deadpool) pueden salvar el film de la mediocridad y el caos argumental.




La Boda de Mi Mejor Amiga (Paul Feig, 2011) - Acertada revisión del cine de despedidas de solteras y bodas en el que Kristen Wiig, Annie Mumolo y Paul Feig eluden molestos lugares comunes propios del subgénero mientras el reparto de magníficas actrices devora cada encuadre.




The Movies That Made Us (Brian Volk-Weiss, 2019) - The Movies That Made Us sigue los patrones estructurales y narrativos de su hermana mayor, The Toys That Made Us. El resultado es una acertada mirada entre mitificadora e irónica sobre clásicos cinematográficos de los 80 como Ghostbusters, Die Hard, Home Alone o Dirty Dancing.




La Llorona (Michael Chaves, 2019) - The Curse of La Llorona es el spin off menos estimable del "warrenverso" y una visión que despoja de casi todo su folklore a la protagonista. Destacable puesta en escena de Michael Chaves, muy por encima del proyecto, y la labor de Linda Cardellini, la única que se cree su papel.




3 From Hell (Rob Zombie, 2019) - Rob Zombie vuelve a la saga que le dio la fama con 3 From Hell. Acomodaticio ejercicio de redundancia facturado por un autor en horas bajas abordando una  tercera entrega de las correrías homicidas de los Firefly que debieron haber terminado a ritmo de Lynyrd Skynyrd en 2005.




Puñales Por la Espalda (Rian Johnson, 2019) - Con  Knives Out Rian Johnson construye un Cluedo viviente tocado por el don de la brillantez gracias a un guión igenioso al que no se le escapa un sólo detalle. Impecable reparto en el que destaca una Ana de Armas inmensa encontrando por fin su merecido hueco en Hollywod.


jueves, 2 de enero de 2020

Adiós



Título Original Adiós (2019)
Director Paco Cabezas
Guión Carmen Jiménez, José Rodríguez, Paco Cabezas
Reparto Mario Casas, Natalia de Molina, Ruth Díaz, Carlos Bardem, Vicente Romero, Mona Martínez, Pepa Aniorte, Sebastián Haro, Paulina Fenoy, Mauricio Morales, Pablo Gómez-Pando, Salva Reina





Seguramente el cineasta sevillano Paco Cabezas no sabía que su segundo largometraje, Carne de Neón, iba a suponer el prematuro punto de inflexión en su carrera. Aquella ruda y entrañable cinta protagonizada por Mario Casas, Ángela Molina, Macarena Gómez, Antonio de la Torre, Vicente Romero o Blanca Suárez, inspirada en el cortometraje homónimo rodado por el mismo director años antes, llamó la atención en el panorama internacional lo suficiente como para que el gran Nicolas Cage pusiera sus ojos en el máximo responsable del film para encargarse de la realización de uno de los muchos proyectos que el actor protagoniza al año. Tokarev destacaba entre el pozo de mediocridad y decadencia que suponían las últimas producciones del ganador del Oscar por Leaving Las Vegas gracias a la destacable labor de Cabezas detrás de las cámaras.




Dicho largometraje abrió a Cabezas las puertas de Hollywood y después de su segundo trabajo para la pantalla grande, Mr. Right, peculiar comedia romántica protagonizada por Sam Rockwell y Anna Kendrick, fueron la ficción televisiva y las plataformas digitales las que lo acogieron en su seno. Desde 2016 podemos encontrar al sevillano acreditado en labores de dirección en productos tan destacados como American Gods, Penny Dreadful, El Alienista, Deadly Class, Fear the Walking Dead o Dirk Gently, entre otros. Contra todo pronóstico moverse entre series de primera línea en la meca del cine mientras se ponen a su servicio actores de renombre como Ian McShane, Eva Green, Daniel Bruhl o Elijah Wood no es algo que a Cabezas se le haya subido a la cabeza, mostrándose siempre con los pies en la tierra y tan humilde o cercano como en sus inicios.




Es muy posible que sea esa sencillez la que incitó a Cabezas a abandonar momentaneamente su exitoso trayecto en Estados Unidos y aunar fuerzas con Enrique López Lavigne, artífice detrás de la productora Apache Films, para rodar su cuarto largo en España. Con Adiós Cabezas no sólo vuelve a su país de origen, sino también a su Sevilla natal localizando la trama en el famoso barrio de las 3000 Viviendas contando la historia de un matrimonio, interpretado por Mario Casas y Natalia de Molina, que el día de la comunión de su hija pequeña se ven implicados en un trágico hecho que supondrá el inicio de una serie de catastróficas desdichas en el que la violencia, el narcotráfico, la venganza y las fuerzas de la ley se verán implicadas convirtiendo la zona en un polvorín apunto de estallar.




Adiós es el proyecto más personal de Paco Cabezas. Un western con reminiscencias lorquianas en el que conviven Enrique Urbizu y Carlos Saura con Sergio Leone o Sam Packinpah. El sevillano apela a su puesta en escena habitual llena de vigor y crudeza mientras insufla al relato, escrito por él mismo junto a Carmen Jiménez y José Rodríguez, un lirismo vasculante entre el dolor y la fatalidad al compás de un flamenco arrancado de las entrañas. Los lazos sanguíneos y fraternales, la inevitabilidad de la tragedia y el desarraigo como señas de identidad de unos personajes llevados al extremo permiten a Paco Cabezas desplegar todas las posibilidades dramáticas ofrecidas por lo que en manos de un cineasta menos talentoso y entregado a la causa hubiera desembocado en la enésima cinta sobre un ex delincuente viéndose arrastrado de nuevo a los viejos hábitos por una vendetta personal.




Se nota que Cabezas conoce de primera mano el terreno en el que se mueve. Esas 3000 Viviendas en las que los ciudadanos tienen que convivir día a día con la violencia y el crimen es capturada por el objetivo de su cámara con un cortante y seco realismo a pie de calle, mostrando la cara oculta de esa Sevilla que poco tiene que ver con el folclore propio de la capital andaluza adherido a pasos de semana santa, casetas de feria o señoritos adinerados. En Adiós sólo quedan el orgullo y los estrictos códigos de honor de clanes manteniendo una exigua tregua apunto de saltar por los aires creando una atmósfera de continua amenaza que a un servidor no le es ajena por haber crecido, y seguir viviendo, en una ciudad en la que hechos como los mostrados en el film se suceden en algunas de las zonas más desfavorecidas donde el desamparo y la carestía sitúan la ilegalidad como uno de los pocos medios de supervivencia.




Si en Carne de Neón Cabezas demostró sobrada soltura para amalgamar secuencias de acción poderosas con un tono de comedia tierno y con corazón en Adiós hace lo propio, pero mejorando notablemente el resultado y en esta ocasión mezclando el tono de thriller policíaco y urbano con el drama. Mientras hace acto de presencia el enorme talento del sevillano para facturar pasajes en los que impera la violencia explícita no menos acertado es su medido y nada obvio retrato sobre el dolor y la pérdida dentro de un núcleo familiar. El in crescendo de intensidad dramática en el que se adentra Adiós en su último acto culmina con dos secuencias que están entre lo mejor visto en celuloide patrio este 2019 y son esa madre haciendo lo indecible por sus hijos, el clímax final en el edificio abandonado y el precioso epílogo que cierra la obra.




Hablar de Adiós es hacerlo de uno de los mejores y más compactos repartos que ha ofrecido el cine español en mucho tiempo. Hablar del reparto de Adiós es hacerlo del actor que lo encabeza y ese es Mario Casas. Todavía resuenan en este blog mis palabras de rechazo por esa aberración titulada 3 Metros Sobre el Cielo, película por la que siento un especial y genuino odio. Pero también dejé constancia en las reseñas de Grupo 7, Las Brujas de Zugarramurdi, Mi Gran Noche, El Bar o la citada Carne de Neón que el gallego es capaz de ofrecer trabajos meritorios alejados de los que le dieron popularidad. Casas ejecuta en Adiós el mejor papel de su carrera, una composición repleta de matices, fuerza y saber estar que eclosiona en el ya referenciado clímax final con algunos instantes que a un servidor le reconcilian definitivamente con el protagonista de La Mula o El Fotógrafo de Mauthausen.




A Mario Casas le da la réplica una de las mejores actrices jóvenes del momento, Natalia de Molina. Mi paisana linarense acomete con las tablas de una veterana de la interpretación un papel difícil, sobre el que recaen las escenas de calado dramático más destacadas de Adiós con la doble ganadora del Goya brillando en todo momento. A los dos actores principales se suman secundarios como Vicente Romero o Mauricio Morales dentro de la familia Santos y Carlos Bardem, Sebastián Haro o Ruth Diaz como los policías que investigan el caso que da inicio a la trama ofreciendo todos ellos una labor sobresaliente. Pero si hay un personaje que devora el encuadre cada vez que la cámara de Paco Cabezas repara en su presencia es Mona Martínez como María Santos, interpretando un papel desgarrador y fiero como arrancado de las páginas de Bodas de Sangre o La Casa de Bernarda Alba. Una hazaña lo de la actriz malagueña que corona un casting de lujo.




Adiós es la obra de madurez de un director que después de hacerse un nombre en el mundo del cortometraje debutó en el largo con un producto humilde como Aparecidos que en cierta manera ya aventuraba un futuro internacional en el que se movería entre su país y esos Estados Unidos que le recibieron con los brazos abiertos después de que Ricky decidiera regalarle un prostíbulo a Pura, su madre ex convicta. Aunque dentro de poco volveremos a verlo en Hollywood en el nuevo spin off de Penny Dreadful, así como escribiendo y dirigiendo su nueva película, A Cat in a Box, un servidor sólo puede tener palabras de agradecimiento para Paco Cabezas por haber vuelto a su tierra, que es también la mía, para demostrar que el éxito y el haberse convertido en un artesano dentro del epicentro del cine a nivel mundial no le ha hecho olvidar de donde viene y las que serán siempre sus raíces.


martes, 31 de diciembre de 2019

Doctor Sueño



Título Original Doctor Sleep (2019)
Director Mike Flanagan
Guión Mike Flanagan, basado en la novela de Stephen King
Reparto Ewan McGregor, Rebecca Ferguson, Zahn McClarnon, Carl Lumbly, Alex Essoe, Bruce Greenwood, Jacob Tremblay, Catherine Parker, Robert Longstreet, Carel Struycken, Emily Alyn Lind, Selena Anduze, Jocelin Donahue, Chelsea Talmadge, Juan Gaspard, Kyliegh Curran, Deadra Moore, David Michael-Smith, Kevin Petruski Jr., Mistie Gibby, Met Clark





Aunque por aquel entonces ya era un artesano curtido dentro del género de terror con largometrajes como Hush, Oculus, Before I Wake o Ouija: Origin of Evil el año 2017 marcó un punto de inflexión en la carrera del productor, guionista y director estadounidense Mike Flanagan. Ese año estrena El Juego de Gerald, su primera colaboración con Netfilx y a su vez la primera adaptación de una novela de Stephen King en la que se sumergía. Aquella cinta protagonizada por Carla Gugino y Bruce Greenwood supuso el puente para que Flanagan ideara sólo un año después su opus magna, la brillante serie La Maldición de Hill House inspirada en la clásica novela de Shirley Jackson, también para Netflix que lo consolidaría como uno de los nombres más talentosos dentro del cine de género y abriría las puertas de otra traslación literaria nacida de la pluma del autor de Maine, en esta ocasión notablemente más ambiciosa.




Poco después de que las correrías dramáticas y sobrenaturales de la familia Crain se convirtieran en un éxito saltaba la noticia de que Mike Flanagan iba a realizar, en colaboración con Warner Bros, una versión cinematográfica de Doctor Sueño, la novela de 2013 con la que Stephen King daba continuación a los hechos acaecidos en El Resplandor, una de sus novelas más reconocidas y admiradas. De manera que, una vez más, la maquinaria hollywoodiense se puso en funcionamiento y actores como Ewan McGregor, Rebecca Ferguson, Zahn McClarnon, Carl Lumbly, Alex Essoe, Jacob Tremblay o los habituales en la filmografía del realizador, Carel Struycken y Bruce Greenwood, comenzaban a sumarse al extenso reparto del film mientras Flanagan se encargaba del guión, la dirección e incluso el montaje de la obra. Algo poco usual dentro del cine comercial norteamericano y que confirmaba la confianza de los productores en la labor del cineasta dándole una más que notable libertad creativa a la hora de acometer su rol de hombre orquesta.




Tres tramas que discurrirán paralelas, desde los 80 hasta inicios de la presente década, antes de converger en una sola conforman Doctor Sueño. La primera se centra en Danny Torrance (Ewan McGregor) después de vencer su alcoholismo y trabajando en la localidad de Frazier, New Hampshire, como celador de un Hospital de Cuidados Paliativos en el que ayuda a enfermos terminales a morir ayudado por los poderes que le confiere el Resplandor y ganándose así el apodo de Doctor Sueño. La segunda sigue los pasos de Abra Stone (Kyliegh Curran), una niña con el mismo don que Danny dando muestras desde su mismo nacimiento de cuán poderoso es en ella para asombro de su familia. La tercera toma como epicentro a Rosie the Hat (Rebecca Ferguson) y los miembros del “Nudo Verdadero”, un grupo de personas también poseedores del Resplandor que se dedican a matar, principalmente a niños, que al igual que ellos lo poseen para consumirlo como una especie de vapor una vez han torturado y asesinado a la víctima.




Con su versión de Doctor Sueño Mike Flanagan realiza un doble salto mortal sin red, no sabemos si por decisión propia o con la intención de dejar satisfechos a todo tipo de fans. Por un lado los dos primeros actos de su último largometraje conforman una fidelísima adaptación de la novela de Stephen King en los que algunos cambios con respecto a la misma no deslucen una extrapolación ejemplar del espíritu y el mensaje contenido en las páginas redactadas por el creador de Pennywise o Roland Deschain. Por otro en la recta final deja un poco de lado al novelista y centra sus energías en rendir tributo a la versión de El Resplandor de Stanley Kubrick rodada por este en 1980 y para ello utiliza la excusa de que el hotel Overlook sigue en pie, aunque en estado de abandono, para ejecutar en dicha localización el clímax final del film y con ello un homenaje sincero y mitificador a dicha obra maestra protagonizada por Jack Nicholson, Shelley Duvall y Danny Lloyd. Ese último acto deja de lado la fidelidad a la novela expuesta en los dos primeros y desemboca en un desenlace con poco que ver por el narrado por King en su novela de 2013.




A un nivel genérico y estructural Mike Flanagan lleva Doctor Sueño a su terreno, el de un terror que en la novela original sólo hacía acto de presencia tangencialmente dentro de lo que nunca dejaba de ser un drama con tintes sobrenaturales. El cineasta consigue construir notables secuencias de horror deudoras de la construcción audiovisual que tan buenos resultados le dio en La Maldición de Hill House, producto del que esta Doctor Sueño es una lógica y digna heredera dentro de la impronta de un autor que poco a poco va definiendo su voz y personalidad. Flanagan no sólo sabe capturar con su cámara las resoluciones estilísticas de la novela, también se embriaha del lirismo y la melancolía que aquella desprendía en sus pasajes más emocionales, los relacionados con la labor de Danny Torrance ejerciendo de Doctor Sueño, con un in crescendo dramático encontrando su culminación en el hotel Overlook durante los últimos compases de la obra. Pero a un nivel de puesta en escena el director sabe que está dando continuación a una película de Stanley Kubrick y si en la parte central del relato inyecta su propio sello el prólogo y la conclusión del film son herederos naturales de la mirada milimétrica y aséptica del responsable de El Beso del Asesino y Eyes Wide Shut alumbrando una pieza multiforme y mutante no poco ambiciosa en lo narrativo y formal.





A nivel de guión Mike Flanagan acomete con éxito la ardua tarea de conseguir que una cinta de 151 minutos de metraje se revele siempre entretenida gracias a un tempo medido con metrónomo y a un perfil de personajes perfectamente definido que sin llegar a poseer la profundidad psicológica destilada en la novela original nos resultan carismáticos y empáticos a distintos niveles. Argumentalmente ya hemos afirmado que las dos primeras horas son enfermizamente fieles al libro de King, pero esto no impide que se anulen personajes, se quite relevancia a otros importantes, se unifiquen varios en uno sólo o Flanagan asesine con una resolutividad heredera de la del mismo Kubrick en El Resplandor a un puñado que en las páginas sobrevivían en el desenlace de la historia. Pero como hemos mencionado Mike Flanagan sale airoso de la acometida ofreciendo un libreto sólido, metódico y con el don de dosificar adecuadamente los pasajes de terror o acción cuya única misión es enriquecer lo que realmente se revela como un drama, algo que ya llevó a cabo el realizador con la citada The Haunting of Hill House utilizando los resortes propios del género al que se adscribía para envolver un trabajo haciéndose fuerte al tomar como epicentro las emociones de los criaturas ficcionales que poblaban su microcosmos.




Otra seña de identidad de Mike Flanagan que cristalizó al 100% en su adaptación de la novela de Shirley Jackson para Netflix es su sobrado talento como director de actores. En Doctor Sueño también asistimos a su buena mano con un reparto que, es justo mencionarlo, sabe hacer su trabajo de manera harto profesional incluyendo unos secundarios perfectamente elegidos. Ewan McGregor es tan indentificable con algunos papeles icónicos de su carrera, como el Obi Wan Kenobi de Star Wars o el Mark Renton de las dos entregas de Trainspotting, que en ocasiones no es fácil asimilar su labor en otros roles por muy buen trabajo que el intérprete escocés lleve a cabo. Por suerte en Doctor Sueño sabe insuflar fuerza y vulnerabilidad a un Danny Torrance muy cercano al de la versión literaria. Pero a nivel de interpretación es Rebecca Ferguson la revelación de la película convirtiendo a Rosie the Hat no sólo en una villana memorable moviéndose entre la fascinación y la repulsa, sino también la mejor extrapolación de un personaje del relato de King al medio cinematográfico en el que se aunan el brillante tratamiento desde la escritura y la superlativa labor de la actriz británica a la hora de meterse en la perversa y atractiva piel de la líder del Nudo Verdadero. Dentro del triángulo de protagonistas el vértice más endeble es la joven Kyliegh Curran, esforzada como Abra Stone, pero necesitada de muchas tablas todavía para ofrecer su mejor perfil en pantalla.




En esta nueva etapa dorada de las adaptaciones de novelas de Stephen King en las que han vuelto a lo grande, tanto en pantallas cinematográficas como en las plataformas digitales de pago, después de años vagando sin rumbo fijo entre los estrenos directos al videoclub o las tv movies y en el que ya hemos podido disfrutar, o sufrir, producciones como las dos entregas de It, La Torre Oscura, 1922, la serie de La Niebla o la ya referenciada El Juego de Gerald esta Doctor Sueño destaca como una de las mejores muestras de dicho periodo. Un producto que consigue congraciar a los fans de la novela que adapta y a los de la versión cinematográfica de El Resplandor ofreciendo una película de terror que elude transitar los lugares comunes más afines a dicho género con inteligencia y profesionalidad. Desgraciadamente ni la destacable labor de Mike Flanagan con el guión y la dirección o la entrega del reparto han podido evitar que Doctor Sleep no haya rendido en la taquilla internacional lo esperado, denotando así su naturaleza de rara avis dentro del terror que cada vez ofrece productos más acomodaticios y de consumo rápido mientras da de lado a piezas tan estimables como la que nos ocupa, más propensa a exigir al espectador que ha reconfontarlo por medio del artificio y lo rudimentario.


sábado, 28 de diciembre de 2019

El Resplandor (1997)



Título Original Stephen King's The Shining (1997)
Director Mick Garris
Guión Stephen King, basado en su propia novela
Reparto Steven Weber, Rebecca De Mornay, Courtland Mead, Melvin Van Peebles, Wil Horneff, Elliott Gould, John Durbin, Stanley Anderson, Pat Hingle, Cynthia Garris, Mickey Giacomazzi, Tomas Herrera, Tim Perovich


En el año 1997 el escritor Stephen King y el director Mick Garris ya habían colaborado estrechamente en dos adaptaciones de los textos del autor de Rabia o La Larga Marcha. Primero lo hicieron con Sonámbulos, una novela inacabada de King convertida por él mismo en el guión original sobre el que se sustentó esta cinta de terror centrada en una madre (Alice Krige) y su hijo (Richard Krause) pertenecientes a una estirpe de criaturas con aspecto felino y practicantes de incesto que se alimentaban de la energía vital de los seres humanos, concretamente de la de Tanya (Mädchen Amick). Se trataba de una cinta violenta, alocada y anárquica repleta de cameos de iconos del cine fantástico y de terror (Mark Hammill, Clive Barker, Tobe Hooper, Joe Dante, John Landis) muy denostada en su época, pero con notable encanto. Después aunaron fuerzas en un proyecto mucho más ambicioso como fue llevar a formato televisivo una de las novelas más descomunales del autor de Maine. Apocalipsis (The Stand) conoció una muy digna y competente traslación audiovisual a modo de miniserie de cuatro episodios. Gary Sinise, Molly Ringawald, Ray Walston, Laura San Giacomo, Ruby Dee, Ossie Davis, Miguel Ferrer, Corin Nemec, Matt Frewer, Rob Lowe o un inolvidable Jamey Sheridan en la piel del diabólico Randall Flagg ofrecieron una fiel versión del extenso libro que, una vez más, King se ocupó de adaptar para la pequeña pantalla. De manera que para entonces la relación personal y profesional de ambos autores estaba más que afianzada.




El buen feeling entre la pareja y, sobre todo, lo contento que King quedó con la miniserie de Apocalipsis seguramente fueron los motivos por los que el novelista depositó en Garris la responsabilidad de dirigir otra miniserie para el medio televisivo, en esta ocasión una convertida en deuda pendiente para el marido de Tabitha King. El Resplandor, su famosa novela adaptada, de manera muy sui generis, por el gran Stanley Kubrick y tansformada en un clásico del cine de terror iba a conocer una nueva versión a manos de su propio creador con el respaldo de Warner Bros, poseedora de los derechos del célebre trabajo literario. Jack Nicholson, Shelley Duvall y Danny Lloyd iban a ser sustituidos por Steven Weber (Por Trece Razones) Rebecca de Mornay (Jessica Jones) y Courtlan Mead (Hellraiser 4) a los que sumarían Melvin Van Peebles, Elliot Gould, Pat Hingle, Stanley Anderson o John Durbin entre otros. De todos ellos el trabajo más complicado lo tenía Weber, ya que debía afrontar el desafío de interpretar a un personaje al que en su primera encarnación le dio vida un titán como Jack Nicholson, pero a eso volveremos un poco más tarde.




Uno de los primeros síntomas que convertían esta nueva versión de la famosa novela en una obra en la que King tenía todo el control creativo es que su nombre acompañaba al título de la miniserie. Stephen King’s The Shining se ceñía tanto a lo acontecido en el libro original que hasta el Overlook utilizado en su producción es el Hotel Stanley de Estes Park, Colorado, el auténtico edificio que inspiró a King a la hora de escribir la historia de la famila Torrance y cuya fachada es usada para los planos exteriores de esta nueva El Resplandor. Tomando como partida ese detalle de vital importancia King escribió un guión dividido en tres partes, porque ese era el número de episodios del que constaba la miniserie, en el que recuperaba todo aquello que Stanley Kubrick había desechado para su película de 1980 convirtiendo así esta nueva adaptación en un trabajo escrupulosamente fiel a la palabra escrita, con todo lo bueno y malo que ello implica. Una vez el libreto estaba listo Mick Garris, sus actores y el equipo técnico se pusieron manos a la obra con el rodaje.




La versión de 1997 de El Resplandor es un producto meritorio en no pocos aspectos y eso que fue gestado y estrenado poco antes de que series como Oz o Los Soprano, ambas de HBO y por tanto también de Warner Bros, dieran el pistoletazo de salida a lo que hoy se conoce como la Nueva Edad Dorada de la ficción televisiva estadounidense. Desde el minuto uno se percibe el dinero invertido por los productores para llevar a buen puerto el deseo de Stephen King de realizar la adaptación más fiel posible de su propia novela. Los tres episodios en los que se divide el proyecto suman unas cuatro horas de metraje que en ningún momento se hacen plomizas o aburridas y eso es gracia a la labor de un artesano curtido en mil batallas como Mick Garris. El creador de Masters of Horror nunca ha facturado grandes producciones cinematográficas o televisivas, de hecho en no pocas ocasiones ha bordeado una más que contrastada mediocridad. Pero, de la misma manera que Frank Darabont entiende perfectamente la letra del autor de Maine a la hora de llevarla a la pantalla grande, Garris hace lo propio cuando es el medio televisivo el receptor de dicho material literario.




El director de Piscosis IV: El Comienzo ejecuta una labor encomiable detrás de las cámaras construyendo una clásica historia de casas encantadas apelando acertádamente a los lugares comunes propios del subgénero. La naturaleza sobrenatural del Overlook y los espíritus que en él habitan van haciéndose presentes de manera gradual, con un tempo bien dosificado aunque en ocasiones el director abuse del recurso de mover objetos cuando los personajes han abandonado el encuadre. Garris apela a una puesta en escena elegante y unos movimientos de cámara bien insertados que acrecientan la sensación de amenaza latente en el edificio supuestamente deshabitado. De su labor técnica sólo podemos desacreditar algunos recursos visuales como las apariciones de Tony levitando, que más que aterrar incitan a la risa, o lo obsoletos que han quedado los efectos digitales, ya bastante pobres cuando se estrenó la miniserie, por suerte no muy abundantes a lo largo del metraje. Más allá de eso y teniendo en cuenta las limitaciones conceptuales y narrativas que la pequeña pantalla proporcionaba por aquel entonces a sus autores Garris cumple su cometido de manera harto profesional.




El guión de Stephen King no deja nada en el tintero con respecto a la novela. Aquí profundizamos adecuadamente en los problemas de alcoholismo de Jack Torrance, en su truncada carrera como escritor y los episodios de malos tratos que protagonizó en el pasado volviendo cuando el Overlook comienza a dominar su psique. La mala relación del protagonista con Stuart Ullman, que no quiere a un “borracho” cuidando de su valioso hotel, la importancia capital en la trama de la caldera averiada que finalmente hará explotar el edificio o la relevancia de un personaje como Horace Derwent, el pervertido dueño del hotel, son muchas de las señas de identidad de la novela original que King consideraba necesarias para llevar a cabo una fiel traslación de la misma. Como es lógico hablamos de un producto para la televisión en abierto y por mucho que su calificación moral la convierta en una miniserie dirigida al público adulto esa personalidad sórdida, visceral y enfermiza que rara vez es llevada al medio audiovisual cuando se adaptan los escritos de King tampoco hace acto de presencia aquí aunque Mick Garris no escatima violencia e incluso cierto sadismo a la hora de ejecutar los pasajes en los que Jack Torrance trata de asesinar a su familia.




En cuanto al reparto un servidor opina que Steven Weber compone un Jack Torrance ejemplar, no sólo más cercano al de la novela de King, sino también alejado radicalmente del interpretado por Jack Nicholson en 1980. Evidentemente sería de necios comparar las dotes interpretativas de ambos actores, porque el protagonista de Infiltrados (The Departed) devoraría impunemente a su oponente. Pero es un hecho que la composición de Weber sí muestra de manera clara y gradual la caída en la locura de un buen hombre superado por los acontecimientos y con la sombra del alcoholismo siempre sobrevolándole. Su inmersión en el papel es cada vez más intensa y cuando su personalidad finalmente deriva en un homicida cuya única intención es matar a su mujer y entregar su hijo a los espíritus del Overlook da lo mejor de sí mismo. Para el que suscribe Steven Weber es lo mejor de esta versión de El Resplandor y siempre he lamentado que a un profesional con tanto talento como él nunca le hayan ofrecido un papel protagonista con el que pudiera demostrar su valía. Como muchos otros actores que han interpretado a personajes nacidos de la literatura del autor de La Niebla Weber reincidió apareciendo en las adaptaciones de Desesperación, de nuevo bajo las órdenes de Mick Garris, y en un episodio de la serie de televisión inspirada en la recopilación de relatos Pesadillas y Alucinaciones.




Rebecca De Mornay da la réplica muy dignamente a Steven Weber componiendo una Wendy Torrance que también se acerca a la retratada por Stephen King en la novela original asumiendo un rol mucho más activo a la hora de defender la integridad física y psiológica de su hijo, Danny, frente a los arrebatos parricidas de su esposo. La nota negativa la pone el pequeño Courtland Mead, un repelente niño de voz irritante que a pesar de poner todo su esfuerzo por resultar creíble sólo transmite al espectador una terrible sensación de rechazo que casi nos hace desear su no supervivencia a la encrucijada familiar en la que se ve envuelto. Veteranos como Melvin Van Peebles, Elliot Gould o Pat Hingle o Stanley Anderson entre otros completan un reparto muy competente con caras conocidas del cine y la televisión. Como en otros producciones de Mick Garris, estén o no adaptadas de novelas de King, tenemos varios cameos entre los que podemos distinguir las caras de Sam Raimi, Frank Darabont, los mismos Garris y King o la inconfundible voz de Miguel Ferrer al que los fans irredentos de Twin Peaks siempre recordaremos como el inolvidable agente del FBI Albert Rosenfield.




Como era de esperar la vendetta personal de Stephen King contra Stanley Kubrick se resolvió con una clara victoria de este último, porque como dicta la lógica la versión del director de Senderos de Gloria o Barry Lyndon, a pesar de sus numerosas y molestas licencias con respecto al libro, está a años luz de la ideada por el escritor y su amigo Mick Garris. Con todo un servidor sigue recomendando encarecidamente esta más que competente miniserie de 1997 con la que podemos acercarnos a una perspectiva mucho más fiel a la fuente literaria original aunque su calidad como producto audiovisual no se adentre en ningún momento en los terrenos de lo excepcional y esté rematado con un innecesario y lacrimógeno epílogo. La colaboración entre Stephen King y Mick Garris continuó con nuevas traslaciones de sus textos al medio televisivo como más miniseries y tv movies tomando inspiración en trabajos del autor de Maine como Desesperación, Riding the Bullet o Un Saco de Huesos. Contra todo pronóstico esta no fue la última vez que el cine o la televisión recibieron la visita de algún miembro de la famulia Torrance. Porque en el presente 2019 Mike Flanagan se ocupó de adaptar a la pantalla grande Doctor Sueño, la secuela literaria de El Resplandor publicada por King seis años antes y de ella también hablaremos.