lunes, 18 de enero de 2021

Bruja Escarla y Visión (Wandavision) Episodios 1 y 2: Primeras Impresiones


"Somos una pareja inusual"



Después de la despedida por todo lo alto de su Fase 3 con la titánica Vengadores: Endgame, Disney y Marvel Studios eran conscientes de lo afianzado que estaba ya su universo cinematográfico dentro del seno de Hollywood, convirtiendo en descomunales éxitos de taquilla, normalmente también recibidos con benevolencia por la prensa especializada, prácticamente todas sus producciones para la gran pantalla, incluso con personajes que antes de su debut en multisalas casi sólo eran conocidos por los aficionados a los cómics como Doctor Strange, Ant-Man, Black Panther o los Guardianes de la Galaxia. De manera que en la San Diego Cómic Con de 2019 dedicaron un panel, no sólo a todas las próximas producciones cinematográficas relacionadas con las contrapartidas en imagen real de los personajes de la Casa de las Ideas, sino también a las primeras series centradas en los mismos entre las que encontrábamos proyectos como Loki, Falcon & Winter Soldier, Hawkeye, What if…? o Blade y ya un año después otros como los futuros I’m Groot, Moon Knight, She-Hulk, Ms. Marvel o Secret Invasion entre otras.



De esa primera tanda de oficialización de proyectos destacaba notablemente la miniserie WandaVision, protagonizada por los personajes Bruja Escarlata/Wanda Maximof y Visión, que en películas como Vengadores: La Era de Ultrón, Capitán América. Civil War o Vengadores; Infinity War habían desarrollado una relación sentimental, aunque ella era una hechicera con inmensos poderes sobrenaturales y el un androide nacido de una IA diseñada por Tony Stark, que se vio brutalmente truncada cuando Thanos asesinó al rol de Paul Bettany ante la impotente mirada del de Elisabeth Olsen. Desarrollada para la plataforma de streaming por Jac Schaeffer, guionista de Timadoras Compulsivas o autora del argumento de la próxima Black Widow, cuenta en la dirección de los nueve episodios con Matt Shakman (Juego de Tronos, Mad Men, Fargo) y en el casting secundarios como Kathryn Hahn, Teyonah Parris, Emma Caulfield Ford, Debra Jo Rupp o Fred Melamed que acompañan a los ya referenciados Paul Bettany y Elisabeth Olsen.



El pasado viernes Disney + puso a disposición de sus suscriptores los dos primeros episodios de los que consta WandaVision y sólo con ver el primero podemos afirmar que no se parece a absolutamente nada de lo que hasta este momento hayamos degustar con el sello de Marvel Studios abriendo los títulos de crédito. Las promos nos hicieron pensar que podríamos encontrarnos ante una amalgama de la alabada serie Visión escrita por Tom King y dibujada por Gabriel Hernández Walta con pinceladas de Vengadores: Desunidos, el arco ideado por el guionista Brian Michael Bendis y el dibujante David Finch, y aunque algo de ello hay WandaVision, o Bruja Escarlata y Visión en España por problemas de derechos con la productora española del mismo nombre, es otra cosa muy distinta y, como ya hemos apuntado, bastante rupturista. Lógicamente y lo procuro recordar siempre que colaboro en una entrada en la que sólo hemos visionado los primeros compases de un proyecto de más envergadura, con estos dos capítulos no podemos hablar globalmente de la obra, pero sí de su conceptualidad, intencionalidad y hacia dónde creemos que quieren ir Jac Schaeffer y sus colaboradores.



El primer episodio de WandaVision es un homenaje, casi un facsimil audiovisual, a las sitcom estadounidenses de los 50 y 60 como Yo Amo a Lucy o Embrujada, con su humor blanco, chistes solapadamente machistas, situaciones disparatadas, estilo retro o secundarios cómicos y sarcásticos viviendo “divertidos malentendidos”. Pero estamos hablando de Bruja Escarlata y Visión y todos sabemos qué sucedió la última vez que se vieron, de manera que a lo largo de todo el episodio Jac Schaeffer y Matt Shakman van colocando pistas relacionadas con hechos previos acontecidos en el Universo Cinematográfico Marvel y pequeños pasajes en los que hay una ruptura de la irrealidad en los que los personajes comienzan a “comportarse de manera errática”, fugas metaficcionales que no desentonarían en obras de David Lynch como Mulholland Drive o Twin Peaks: The Return. Entre chascarrillos, humor naif y canciones de The Coasters algo oscuro subyace bajo la superficie, como en aquella Lumberton idílica de Terciopelo Azul (David Lynch, 1986) con jardines ocultos infestados de escarabajos.



El segundo mantiene las clásicas risas enlatadas y el blanco y negro, pero la puesta en escena abandona el encorsetamiento propio de las sitcom familiares cuya trama se desarrolla en pocas localizaciones, siendo la central la casa familiar, abundando secuencias en exteriores y demostrando sus máximos responsables que a pesar de mantener un tono y una temática la serie irá evolucionando poco a poco a en algo diferente, aunque todavía se mantengan homenajes a las comedias de los 60, esos títulos de crédito animados en homenaje a Embrujada, o las situaciones rocambolescas propias de estos productos reformuladas por los guionistas, como sustituir un posible caso de embriaguez en público por parte de Visión por un chicle que se queda atascado en su maquinaria y lo hace actuar de manera imprevisible durante el número de magia que comparte con Wanda. Entre guiños al UCM y homenajes a películas como Las Esposas de Stepford (Bryan Forbes, 1975) una vez más el espectador se percata de que algo inquietante anida debajo de esas imágenes idílicas que no son lo que aparentan, como nos confirma ese plano final que vuelve a reincidir en la naturaleza mutante de la que, casi con toda seguridad, va a hacer gala la serie.



Es tan de agradecer como osado que la primera serie estrenada por Disney + relacionada con el Universo Cinematográfico Marvel rompa el conservador y demasiado acomodaticio molde de sus producciones audiovisuales para la gran pantalla, por muy disfrutables que sean la mayoría de ellas. No queremos decir con esto que WandaVision vaya a revolucionar la ficción dentro de las plataformas de pago por visión en particular o el mundo de las series en general, nada más alejado de la realidad. Pero sñi propone algo original y fresco que adheriéndose a un microcosmos con unos códigos tan ferreos como los del género superheróico decida no sólo ir en una inesperada dirección, sino hacerlo homenajeando a las series clásicas televisivas de Estados Unidos y haciendo gala de un excelente reparto en el que brillan con luz propia unas Elisabeth Olsen y Paul Bettany que a simple vista sólo parecen estar rascando en la superficie psicológica de unos personajes que darán mucho más de sí en los siete episodios restantes de esta atractiva propuesta que esperemos se desarrolle y finalice transmitiendo las mismas buenas sensaciones que hemos experimentado con sus dos primeras entregas.


jueves, 14 de enero de 2021

Scanners, devoradores de mentes



Título Original Scanners (1981)
Director David Cronenberg
Guión David Cronenberg
Reparto Stephen Lack, Michael Ironside, Patrick McGoohan, Jennifer O'Neill, Lawrence Dane, Robert A. Silverman, Adam Ludwig




A principios de la década de los 80 el cineasta canadiense David Cronenberg venía de facturar su obra más personal, Cromosoma 3 (The Brood, 1979). Ejecutada como una alegoría del problemático divorcio en el que se vio inmerso con su ex mujer, Margaret Hindson, aquella historia centrada en las peligrosas terapias de "psicoplasmosis" con las que el Doctor Hal Raglan (Oliver Reed) proponía a sus pacientes a somatizar físicamente sus traumas mentales, convirtiéndose estos en deformes niños homicidas, supuso una obra de transición dentro de la filmografía del director de Ontario. Ya que con ella comenzaba a acometer sus proyectos dejando la fisicidad de sus criaturas en un segundo plano para que fueran sus perfiles psicológicos los que centraran la atención de un autor, por aquel entonces, experimentando una notable evolución en su discurso.




Acometiendo en 1981 su siguiente producción detrás de las cámaras Cronenberg confirmaba esta nueva perspectiva dentro de su impronta autoral, ya que Scanners tomaba como epicentro argumental precisamente los poderes mentales adquiridos por varios de sus personajes. Pero, al igual que sucedía con The Brood, el canadiense todavía daba vital importancia al "terror físico" en el que por aquel entonces era experto y al que volvería posteriormente en no pocas ocasiones hasta la llegada de la década de los 2000. Scanners contó en su reparto con Stephen Lack, Michael Ironside, Jennifer O'Neill, Lawrence Dane, Robert A. Silverman o Adam Ludwig entre otros intérpretes canadienses a los que se sumó Patrick McGoohan, veterano actor británico protagonista en la década de los 60 de El Prisionero, una de las series más icónicas de la historia de la televisión de Reino Unido.




Los scanners son 237 personas con poderes telepáticos que viven en la clandestinidad. La corporación ConSec, dedicada a la construcción de armamento y sistemas de seguridad, es atacada por Darryl Revok (Michael Ironside), considerado como el scanners más letal y peligroso que a su vez es la mente detrás de una organización secreta formada por personas con su mismo don. Dentro de ConSec el Doctor Paul Ruth (Patrick McGoohan) plantea a sus superiores adiestrar a un nuevo scanner llamado Cameron Vale (Stephen Lack) que tras vivir en la indigencia, sin ser conocedor de sus especiales aptitudes, es secuestrado y adiestrado para controlarlas adecuadamente. Los destinos de Vale y Revok están destinados a encontrarse en una batalla final que desvelará el secreto detrás del origen de estas personas con poderes sobrenaturales guardando un particular punto en común los unos con los otros.




Con Scanners David Cronenbeg se adentra de manera natural y ortodoxa en un cine más comercial La quinta incursión del canadiense en el largometraje es un thriller conspiranóico en el que tienen cabida escenas de acción impropias hasta ese momento dentro de su filmografía y no demasiado abundantes en el grueso de su obra posterior. Esta afirmación no busca en ningún momento menoscabar la integridad como autor del director de Rabia, pero sí es de recibo mencionar que, posiblemente, estemos ante una de las películas más accesibles de su primera etapa. Un poco alejado ya del "terror venéreo" de sus primeros films y habiendo tomado como campo de batalla la mente de sus personajes ya en su anterior obra, como previamente hemos apuntado, con Scanners Cronenberg factura un producto que acabó convirtiéndose en una pieza de culto.




Pero si bien es cierto que Scanners es una pieza menos hermética y más digerible para todo tipo de público es innegable que en lo referido a sus señas de identidad como narrador Cronenberg no hace una sola concesión, abordando de manera directa y explícita todos los temas que hasta ese momento habían cimentado su carrera y a los que volvería regularmente en años posteriores dándoles origen nominal en 1983 con Videodrome y la consolidación de la "Nueva Carne". Degradación física y moral de la sociedad occidental, empresas deshumanizadas conspirando desde las sombras, destrucción de la identidad del individuo por parte de corporaciones corruptas y personajes marginales experimentando un arco dramático que los hará evolucionar, o involucionar, una vez pongan fin al trayecto vital en el que se ven inmersos. 




Todo el imaginario cronenbergiano está presente en su máxima expresión en Scanners, sólo cambia el envoltorio y apartado estilístico a la hora de facturarlo. Con esto no damos a entender que el canadiense se entregue al fuego de artificio y el espectáculo vacuo, ya que hasta en las secuencias de tiroteos, persecuciones o explosiones el cineasta mantiene su conocida sobriedad en la puesta en escena, sin necesidad de entregarse  al efectismo gratuito. Fiel a sus principios la visceralidad implícita y explícita hace acto de presencia a lo largo de todo el metraje dejando grabados en la retina del espectador pasajes icónicos como el duelo final entre Vale y Revok o esa ya icónica explosión craneal durante la exhibición por parte del personaje de Michael Ironside que se ha convertido, con el paso de los años, en una de las secuencias gore más famosas de la historia del cine de género.




En cuanto al reparto los actores dan vida a estereotipos más o menos reconocibles alejados de una tridimensionalidad real que los haga cercanos de cara al espectador. Pero Cronenberg es lo suficientemente inteligente para que su guión nos permita empatizar con ellos y temer por su integridad física y psicológica. Hasta con el rol de Jennif O'Neill parecía querer alejarse en cierta manera de la fama de misógino que siempre le ha acompañado. Stephen Lack, que no es actor profesional sino artista y escultor, muetra su bisoñez en pantalla, pero acomete decentemente su labor protagonista, En las antípodas de Lack se encuentra Patrick McGoohan, por aquel entonces todo un viejo conocido de la interpretación que por medio de la contención es capaz de componer la dualidad moral del Doctor Paul Ruth, convirtiéndose en una de las piezas clave que ayudará a revelar el origen de los scanners y la procedencia de sus devastadores poderes mentales.




Pero en lo referido al casting de Scanners es obligatorio dedicar un apartado al Darryl Revok de un brutal Michael Ironside. Por aquel entonces se trataba de un actor canadiense poco conocido, pero su enorme labor dando vida al más letal de los scanners al servicio de David Cronenberg y su participación en la serie de culto V le abrieron las puertas de un Hollywood llegando a intervenir en producciones de comerciales como Desafío Total, Top Gun, Los Inomortales II: El Desafío, Starship Troopers o X-Men: Primera Generación y por qué no decirlo, tambien en muchas producciones de serie B bastante desechables. Su labor en Scanners es la más destacable del equipo artístico, con un rol tan visceral y amenazante que hasta cuando no hace acto de presencia en pantalla pareciera estar estar sobrevolando amenazadoramente al resto de personajes, tomando un rol cercano a la ubicuidad que marcaría a fuego su perfil de secundario de carácter explotado posteriormente a lo largo de su extensa carrera,




Scanners funcionó bien en taquilla, pero no tuvo secuelas hasta diez años después de su estreno. Vinculada a ella sólo por el título Scanners II: El Nuevo Orden (Christian Duguay, 1991) era una tardía continuación con factura de telefilm arrastrando los tics de la estética videoclipera de los 80 y sin aportar nada interesante a la franquicia mientras pisoteaba su recuerdo. Perpetrada por los mismos irresponsables de la anterior entrega Scanners III: El Poder de la Mente (Christian Duguay, 1992) era un subproducto anodino, incoherente y con un humor cercano a la insalubridad. El productor de los tres primeros films se encargó de otra entrega a modo de spin off, Scanners IV: Scanner Cop (Pierre David, 1994), enclavada en el género policíaco que a pesar de su rudimentaria factura era la continuación más digna de la obra original. Scanners V: Scanner Cop II (Steve Barnett, 1995) supuso la quinta entrega de Scanners, secuela del spin off iniciado con Scanner Cop y remake encubierto del film de 1981. Un correcto thriller policial con toques de ciencia ficción que cerraba una franquicia que nunca debió existir.




La quinta película de David Cronenberg no sólo se convirtió, como previamente hemos apuntado, en una pieza reverencial dentro del cine de ciencia ficción y un éxito que dio pie a secuelas, plagios y variaciones de distinto pelaje. También marcó un punto de inflexión en la carrera del cineasta de Ontario, pero uno muy peculiar en el que era capaz de alternar producciones más comerciales como la brillante adaptación que realizó en 1983 de La Zona Muerta, la no menos genial novela de Stephen King, con Videodrome uno de sus mayores suicidios artísticos con el que asentó las bases conceptuales de la Nueva Carne dando como resultado otra producción de culto dentro de los círculos del cine fantástico y de terror. Hoy que se cumplen 40 años del enfrentamiento mortal entre Cameron Vale y Darryl Revok nada mejor que rendir tributo a Scanners y a su máximo responsable, uno de los cineastas predilectos de Transgresión Continua, en esta entrada.
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miércoles, 13 de enero de 2021

Wonder Woman 1984


Título Original Wonder Woman 1984 (2020)
Director Patty Jenkins
Guión Geoff Johns, Jason Fuchs, Patty Jenkins, basado en los cómics de William Moulton Marston y H. G. Peter
Reparto Gal Gadot, Chris Pine, Kristen Wiig, Pedro Pascal, Robin Wright, Connie Nielsen, Gabriella Wilde, Natasha Rothwell, Ravi Patel, Penelope Kapudija, Kelvin Yu, Bern Collaco, Shane Attwooll, Lyon Beckwith, Kosha Engler, Constantine Gregory, Jamaal Burcher, Brittney Aleah, Peter Brooke, Vickie Warehime, Aykut Hilmi, John Gettier, Samantha Russell, Rodrig Andrisan, Jeff Moore, Bill Tomek, Kiesha Preston, Russell Barnett, Marisol Correa, Maggie Lovitt, Roger Tyler, Kristoffer Polaha, Rosanna Walls, Oakley Bull, Lynda Carter




En el año 2017 DC Entertainment y Warner Bros estrenaron la que podríamos considerar una de las películas más sólidas del DC Extended Universe, Wonder Woman. Con guión de Allan Heinberg, a partir de una historia escrita por él mismo junto a Zack Snyder y Jason Fuchs, dirección de Patty Jenkins y un reparto encabezado por una superlativa Gal Gadot que había nacido para interpretar al personaje creado en 1941 por William Moulton Marston y H. G. Peter. A pesar de alguna carencia relacionada con su aparatosa recta final, Wonder Woman resultó una impecable película de superhéroes localizada en un contexto bélico, la Primera Guerra Mundial, que sabía aunar un tono clásico con la visión contemporánea que tiene Hollywood de lo que debe ser un blockbuster. Su éxito fue tal que los mismos productores dieron al personaje más minutos en la posterior La Liga de Justicia, cuya producción comenzó mientras Wonder Woman arrasaba en taquillas de medio mundo con la crítica también muy a su favor.




Como era de esperar la confirmación de la secuela fue inmediata y en la misma volvería a contarse con Gal Gadot y Patty Jenkins que habían formado un dupla impecable como directora y actriz principal. Allan Heinberg no regresaría a ejercer como escritor, pero su lugar lo ocuparían la misma Patty Jenkins, Dave Callahan y Geoff Johns, uno de los guionistas más prolíficos de DC Comics y profundo conocedor de los personajes de la editorial, habiendo demostrado su valía escribiendo historias para los mejores de la misma, incluida Wonder Woman. En el reparto repetían Chris Pine, unas breves Connie Nielsen o Robin Wright y se sumaban como nuevos fichajes Kristen Wiig o Pedro Pascal entre otros. Después de retrasos por culpa de la pandemia Warner Bros toma la valiente decisión de estrenar la película en cines y a la vez en su plataforma HBO Max, llegando a España el pasado 18 de diciembre de 2020.




La trama está localizada en el año 1984 del título y sigue los pasos de Diana Prince (Gal Gadot) como antropológa en el Instituto Smithsonian de Washington, D.C. donde comienza a estrechar lazos con Barbara (Kristen Wiig) una apocada empleada que sufre abuso verbal por parte de sus superiores y compañeros de trabajo. Todo dará un giro inesperado cuando entre en acción el carismático y mediático empresario Maxwell Lord (Pedro Pascal) interesado por una pieza recién adquirida por los trabajadores del museo conocida como la Piedra de los Sueños, capaz de conceder cualquier deseo a quien matenga contacto con ella. La aparición del misterioso mineral permitirá a Diana cumplir el deseo de que Steve Trevor (Chris Pine) resucite y pueda volver a su lado, pero poco después nuestra protagonista, y el resto de personajes, descubrirán que todo aquello que piden a la piedra tiene también sus peligrosas consecuencias.




Aunque tenía todos los ingredientes, no sólo para ser una digna secuela de su predecesora, sino una de las cintas más potentes del DC Extended Universe es su misma conceptualidad la que mata a la película ya desde su planteamiento inicial. Utilizar la Piedra de los Sueños como un burdo MacGuffin que todo lo puede y permite, desde resucitar a los muertos hasta dar poderes a personas pasando por derrocar países enteros, y que a nivel argumental es utilizado como excusa para que los guionistas puedan llevar a cabo cualquier disparate sin sentido, destruye toda construcción narrativa lógica sobre la que se pueda sustentar la obra. Si a eso sumamos que una vez Maxwell Lord puede hacer uso expreso del don proporcionado por la piedra las reglas establecidas por el guión con respecto a la misma son de una maleabilidad y aleatoriedad sonrojante tomando como culmen, entre otros desatinos, la “posesión” del huésped de Steve Trevor, persona por la que nadie parece preocuparse aunque le hayan robado la vida, la hecatombe artística se antoja total.




Desde ese momento un servidor queda completamente fuera de un tipo de historia que posiblemente en los cómics funcione de alguna manera, a lo mejor en la ingenuidad propia de la silver age, pero que en una película de superhéroes en pleno siglo XXI no tiene pies ni cabeza. Resulta obsceno a que a otras producciones se les saque punta a cualquier mínima incongruencia narrativa o estructural y tanta gente haya pasado por alto con Wonder Woman 1984 que su guión es de una naturaleza caprichosa e infantiloide imposible de digerir ni un en un mundo tan flexible y dado a la fantasía como el del cine protagonizado por personajes de las viñetas. No se pueden establecer unos códigos que a los pocos minutos de metraje son volados por los aires en pos del impacto gratuito, el fanservice condescendiente y la incongruencia narrativa en sesión continua. Todo envuelto en una pátina de falso buenrollismo naif que haría dar arcadas al mismísimo Paulo Coelho.




El desastre es de tales dimensiones que ni una esforzada y espectacular Gal Gadot puede hacer algo por levantar el proyecto, ya que la acción en la película llega con cuentagotas, su relación romántica con el Steve Trevor de un pobre Chris Pine no se sostiene por ningún lado cayendo en todos los tópicos posibles y las decisiones rocambolescas del libreto eclipsan su labor protagonista. Kristen Wiig también hace lo que puede con un personaje cuyo arco ha sido robado impunemente del de Selina Kyle en Batman Vuelve (Tim Burton, 1992) y destilando un mensaje final de supuesto empoderamiento femenino bordeante en la vergüenza ajena. Sólo Pedro Pascal, que se rumorea se inspiró en Nicolas Cage o Donald Trump para su trabajo, dando vida a un histriónico Maxwell Lord se salva de la quema porque parece ser el único en no tomarse en serio un proyecto en el que disfruta dando vida a un villano que no desentonaría en cualquiera de las entregas de Austin Powers.




No es plato de gusto poner de vuelta y media una película de la que esperaba bastante teniendo en cuenta el resultado de su predecesora y lo bien que ha estado siempre Gal Gadot como la Princesa Guerrera de las Amazonas incluso en Batman v. Superman: El Amanecer de la Justicia y La Liga de la Justicia. Pero Wonder Woman 1984 es un sinsentido mayúsculo repleto de decisiones incongruentes que, en ocasiones, introducen el proyecto en los pantanosos terrenos de la comedia involuntaria y el aburrimiento somnoliento. Sigo sin dar crédito a que estando casi los mismos responsables de la primera Wonder Woman y el mismo Geoff Johns en el guión esta secuela se haya convertido en una nueva confirmación de que en DC Entertainment y Warner Bros andan completamente perdidos y sin saber que hacer con su microcosmos cinematográfico. Esperemos que las secuelas de Aquaman y ¡Shazam!, Escuadrón Suicida, Black Adam, The Batman o la idea de crear un Multiverso audiovisual encarrilen el DCEU, porque su futuro no puede resultar más incierto en este momento.


jueves, 10 de diciembre de 2020

Ópera Prima: De la Independencia al Blockbuster


 
Edición Nacional/España Applehead Team Creaciones
Autor Varios
Formato Rústica
Páginas 166 páginas
Precio 15,95€


Uno de los mayores atractivos de la editorial Applehead Team Creaciones, especializada en ensayos sobre cine y autores de género, es que su catálogo se subdivide en distinto tipo de colecciones. Noche de Lobos, La Generación del Videoclub, Actioner, Zapping o Made in Spain son algunas de ellas y cada una se centra en un tipo de cine diferente e incluso programas televisivos con los que abarcar el mayor espectro posible dentro del séptimo arte y la pequeña pantalla para atraer un gran número de potenciales lectores. La Colección Cineclub Applehead Team destaca por encima del resto en cuanto a que su contenido está formado por ensayos que se salen un poco de la temática de género que impera en la editorial originaria de Málaga. El Legado de Akira Kurosawa, El Fulgor Efímero o Al Caer La Noche forman parte de esta selección en la que también podemos encontrar el trabajo al que vamos a dedicar la siguiente entrada.

Ópera Prima: De la Independencia al Blockbuster es un ensayo coral, coordinado por Miguel Ángel Plana, que cuenta entre sus colaboradores con Carlos Díaz Maroto, Ángel Gómez Rivero, Jairo Sobrino Rubio, José Luis Salvador Estébenez, Jesús Parrado, Carlos Benítez Serrano y Montse Rovira. La temática de la obra, como su propio título ayuda a dilucidar, se trata del análisis del debut cinematográfico de una serie de importantes autores contemporáneos y un repaso a su posterior carrera ya dentro de los parámetros establecidos por Hollywood que es donde han recabado, con mayor o menor éxito, todos ellos. De esta manera el ensayo se centra en las primeras películas de nombres tan relevantes como Christopher Nolan, Darren Aronofsky, Nicolas Winding Refn o Gareth Edwards entre otros, a las que se suman las de otros profesionales, pasados y presentes, del medio cuya relevancia las hace merecedoras de mención por la importancia que adquirieron en su época o por cómo influenciaron en las de los directores previamente apuntados que copan el protagonismo en libro.

Uno de los alicientes más interesantes de Ópera Prima: De la Independencia al Blockbuster es su prólogo escrito por el cineasta español Miguel Ángel Vivas. El director sevillano tiene una de las carreras más peculiares del celuloide español ya que después de su ópera prima, Reflejos (2002), abandonó casi por completo la producción audiovisual dedicándose a impartir clases universitarias hasta que en 2010 estrenó su segunda largometraje, Secuestrados, un éxito internacional que en nuestro país pasó desapercibido y un servidor considera una de las mejores películas españolas de los últimos años. Tras ella a Vivas comenzaron a tantearle para rodar producciones internacionales y en un alarde de sinceridad que le honra habla de la decepción que supuso para él cómo un prometedor proyecto llamado Welcome to Harmony se convirtió en Extinción, una cinta sobre zombies que el autor casi no considera nacida de su impronta por culpa de los problemas que surgieron en su producción. Después de hablar de Inside, remake del clásico moderno del terror extremo fránces À l’intérieur, y dar apuntes de la que por aquel entonces iba a ser su próxima obra, la soberbia Tu Hijo (2018), Vivas afirma acometer cada nueva película como su “ópera prima”.

Una vez Miguel ángel Vivas nos habla de su propia experiencia en el prólogo encontramos una introducción a manos del coordinador Miguel Ángel Plana que asienta las bases de la intencionalidad del ensayo. A partir del Capítulo 1 en Ópera Prima: De la Independencia al Blockbuster se realiza un recorrido por óperas primas tan notorias como Following (1998), Pi, Fe en el Caos (1997), Moon (2009), Pusher (1996), Chronicle (2010) o Monsters (2012) entre otras. Cada uno de los apartados está dedicado, principalmente, a diseccionar dichos debuts en el campo de la dirección para a continuación acometer las obras posteriores de todos estos cineastas hasta su llegada, tarde o temprano, a la facturación de blockbusters. En este sentido el ensayo funciona casi al 100%, no sólo porque cada uno de los escritores mantiene cierta homogeneidad para que la labor coral quede bien compactada, sino también porque más allá de analizar estos primeros largometrajes también ahondan en la señas de identidad estilísticas y narrativas de sus responsables o si se da el caso de que las mismas cambiaran o fueran vampirizadas una vez comenzaron a formar parte de los engranajes de la meca del cine.

De esta manera los autores de Ópera Prima: De la Independencia al Blockbuster abordan casos en los que los autores no han tenido problema alguno a la hora de acomodar su impronta dentro del cine de gran presupuesto como es el de Christopher Nolan, otros en los que el resultado ha ido derivando en proyectos cada vez más irregulares alejados de la calidad de su primer film como le sucedió a Ducan Jones, aquellos directores que siguen luchando contra las majors para hacer prevalecer su personal voz por encima de la comercialidad en el caso de Darren Aronofsky e incluso los que después de su primera incursión detrás de las cámaras han ido transitando entre fracasos o proyectos frustrados en el que Josh Trank sería el máximo exponente. Todo una abanico de personalidades, con más o menos relevancia en el panorama cinematográfico contemporáneo, que desde sus prometedores inicios en el medio hasta su consagración o fracaso dentro del celuloide estadounidense ofrecen una perspectiva harto interesante del, en ocasiones, alto precio a pagar cuando la intención de un realizador es entrar en las grandes ligas del cine comercial a nivel mundial y no tienen la suficiente personalidad para conseguir que sus ideas se adapten con éxito a sus restrictivos estándares laborales.

Ahora paso a enumerar las que para mí son algunas de las carencias de Ópera Prima: De la Independencia al Blockbuster, que no son muchas ni de gravedad, pero sí dignas de mención. Se echa de menos algo que es una seña de identidad de los ensayos de Applehead Team Creaciones y que no es fácil convertir en una virtud en este tipo de trabajos como es la agradecídamente holgada extensión de sus productos. Aunque aborda de manera acertada y con información valiosa la temática expuesta por sus autores 165 páginas se quedan algo cortas a la hora de pormenorizar con más profundidad a estos cineastas y sus películas. También hubiera sido todo un acierto haber incluido en el grueso central del ensayo esas otras óperas primas, clásicas y contemporáneas, que se incluyen en el apéndice siendo comentadas de manera demasiado breve porque varias de ellas son de capital importancia dentro de la historia del cine. Por último se echan de menos los nombres de más mujeres directoras que hubieran encajado bastante bien por haber realizado un recorrido profesional similar al de sus coetáneos masculinos como son los casos de Patty Jenkins, Susanne Bier, Karyn Kusama, Jane Campion, Nicole Kassel o Kimberly Peirce entre otras. ¿Posibles protagonistas de un Volumen 2 o una reedición del presente? sólo el tiempo lo dirá.

A pesar de este perdonables fallos Ópera Prima: De la Independencia al Blockbuster es un ensayo tan interesante como valioso para asomarnos a las aventuras y desventuras de las carreras de algunos nombres muy a tener en cuenta dentro del séptimo arte del siglo XXI. Miguel Ángel Plana y sus colaboradores nos confirman que de los círculos del cine independiente al mundo de las superproducciones puede haber tanto un camino de rosas como un calvario infernal dependiendo del director que haga el recorrido, de aquellos que le permitan hacerlo y en ocasiones hasta de algo tan trivial y abstracto como la suerte. Una vez más la gente de Applehead Team Creaciones ofrece una propuesta de calidad que si bien no alcanza los niveles de perfección de otros de sus proyectos en papel sí se revela como lectura didáctica, amena y enriquecedora que deja con ganas de más. Podemos confirmar que esta primera toma de contacto con la colección Cineclub Applehead Team no será la última porque los otros tres ensayos incluidos en la misma se antojan a priori tan llamativos y apetecibles como este que nos ocupa en la presente entrada, no dejando de ser una lectura más que recomendada.




miércoles, 2 de diciembre de 2020

30 Monedas Temporada 1 Episodio 1 - Telarañas

 


"Esto no se arregla con rezos, padre"



En un año tan nefasto como el 2020 una de las pocas alegrías que hemos recibido ha sido la consolidación de la calidad dentro de las serie de producción española. Antidisturbios o La Unidad desde Movistar +, Veneno desde ATRESmedia Player Premium o Patria desde HBO han confirmado que en nuestro país se puede facturar ficción de altísimo nivel con poco que envidiar a la de otros países. Precisamente de HBO viene la serie que nos ocupa y que después de despertar alabanzas en festivales como los de Venecia, Sitges o el de Cine Fantástico de Bilbao con la proyección de su episodio piloto era esperada con muchas ganas para dar colofón a una temporada inmejorable en lo referido a series producidas y rodadas dentro de nuestras fronteras. 30 Monedas es el proyecto más ambicioso en el que se ha embarcado el cineasta Álex de la Iglesia (Bilbao, 1965) director clave del cine español contemporáneo con películas como Acción Mutante, El Día de la Bestia, La Comunidad, Balada Triste de Trompeta o Las Brujas de Zugarramurdi. Aunque ya había coqueteado con la televisión con aquella Plutón BRB Nero enclavada en la space opera alocada, lo que plantea en esta ocasión el bilbaino no sólo es mucho más ambicioso, sino que no tiene precedentes dentro de la televisión facturada en España, aunque estemos hablando de un proyecto desarrollado para una plataforma de streaming. Con la ayuda de su habitual colaborador a los guiones, Jorge Guerricaechevarría, y un reparto espectacular en el que encontramos a Eduard Fernández, Megan Montaner, Miguel Ángel Silvestre, Carmen Macho o Pepón Nieto entre otros, en Transgresión Continua ya hemos podido ver el episodio piloto de 30 Monedas, del cual ya dio su opinión nuestro compañero Sergio Fernández Atienza en su magnífica crónica del FANT 2020 en Zona Negativa, y nuestras expectativas se han visto totalmente rebasadas.



Las 30 monedas a las que hace referencia el título de la serie son las que Judas cobró por traicionar a Cristo y las mismas se convierten en el MacGuffin central de la historia planteada por parte de Álex de la Iglesia y Jorge Guerricaechevarría. Una de esas monedas aparece en la actualidad situada en el pequeño pueblo de Pedraza (Segovia) en el que la llegada del padre Vergara (Eduard Fernández), un sacerdote de hábitos poco saludables y aficionado al boxeo, parece haber dado inicio a una serie de sucesos sobrenaturales encabezados por una vaca dando a parir un bebé humano. La avispada veterinaria Elena (Megan Montaner) y Paco (Miguel Ángel Silvestre), el ingenuo alcalde de la localidad, siempre manipulado por su esposa, Merche (Macarena Gómez), pedirán ayuda al peculiar párroco para que arroje luz sobre los inexplicables hechos acaecidos en la zona. Un episodio traumático de su pasado relacionado con un exorcismo y el actual escepticismo del padre Vergara debido a una profunda crisis de fe harán que niegue todo lo ocurrido buscando una explicación lógica que no tenga nada que ver con lo ocultista o satánico. Finalmente el bebé, acogido por Carmen (Carmen Machi), otra veterinaria del pueblo, y su marido, Alonso (Antonio Durán), resultará no ser humano y su presencia hará que Vergara tenga que reconsiderar su opinión.



El cold opening en el que se asienta la puesta en escena, el despliegue de medios y el tono brutal de la propuesta o esos títulos de crédito centrados en el calvario de Cristo, con una estética 100% Zack Snyder, son muestra cristalina de la ambiciosa naturaleza detrás de un proyecto como 30 Monedas. En una semana frenética de promoción Álex de la Iglesia ha afirmado en varias entrevistas que con HBO ha conseguido algo inusual en su carrera, como que los productores, después de leer los guiones de la serie, le dijeran que fuera más ambicioso y planteara el trabajo a mayor escala, algo que el director de Crimen Ferpecto y Jorgue Guerricaechevarría se tomaron al pie de la letra. De manera que el primer episodio de 30 Monedas, titulado Telarañas, no sólo coloca las piezas en el tablero, sino que ya ofrece las primeras muestras de qué nos encontramos con la producción más descomunal y megalómana de su autor. El guionista y director deja claros sus referentes foráneos ya que es imposible no pensar en El Exorcista (Willam Friedkin, 1973), En la Boca del Miedo (In the Mouth of Madness, John Carpenter, 1994), Estoy Vivo (Larry Cohen, 1974), Xtro (Harry Bromley Davenport, 1983) o el terror cósmico de H.P Lovecraft, y por efecto dominó Dagon: La Secta del Mar (Stuart Gordon 2001), pero focaliza estas influencias en un contexto profundamente español con ecos de El Extraño Viaje (Fernando Fernán Gómez, 1963) y una deuda clara con el fantaterror facturado en nuestro país durante los años 70.




Álex de la Iglesia lo conocemos como un director con un look visual muy potente y que su puesta en escena es un in crescendo continuado yendo a más en todas sus producciones, acabando en ocasiones en cierta desmesura. Por suerte el perfil alto al que aspira 30 Monedas justifica en todo momento que su máximo responsable quiera ir más allá de lo establecido y el diseño de producción del que hace gala gracias a HBO ciertamente se lo permite. Hay momentos de puro delirio estilístico en el primer episodio de 30 Monedas y un clímax final que si a un servidor le hubieran dicho hace cinco años que iba a presenciar en una serie española no me lo hubiera creído. Dicho esto que nadie piense que Telarañas es una oda al caos narrativo y al impacto gratuito en pos de perturbar al espectador. Todo está plenamente justificado desde la escritura y siempre siendo conscientes de que lo aquí expuesto por los dos guionistas no es más que la primera nota de toda una sinfonía que abandonará próximamente tierras españolas para adentrarse en terreno extranjero, ya que la amenaza cuya simiente es plantada aquí alcanza cotas internacionales cuando De la Iglesia y Guerricaechevarría amplían el tablero de esta partida de rol audiovisual.




Otra de las señas de identidad más características de Álex de la Iglesia como director es lo brutalmente exigente que es, sobre todo en el plano físico, con sus actores protagonizando estos secuencias de acción a gran escala. Ciertamente que sea tan riguroso con los intérpretes desemboca en que estos den lo mejor de sí mismos, algo que está a la orden del día en su filmografía en general y en el primer episodio de 30 Monedas en particular. Dentro de los secundarios despliega naturalidad Megan Montaner como Elena, algo más titubeante se ve a Miguel Ángel Silvestre como el manipulable alcalde, aunque cumple con un rol que seguro irá a más a lo largo de la temporada, y Javier Bódalo sorprende dando vida a Antonio. Veteranos como Paco Tous, Pepón Nieto, Antonio Durán o una magnífica Macarena Gómez ya tienen poco que demostrar a estas alturas, aunque cumplen sobradamente su labor. Pero si hay que destacar a dos actores dentro del casting de este primer episodio eso son una aterradora Carmen Machi, a años luz de sos roles habituales, y sobre todo un Eduard Fernández que después de llevar años mostrando ser un titán, con el padre Vergara empieza a dar muestras de estar construyendo el mejor papel de su carrera, un antihéroe johncarpenteriano con sus raíces ancladas en el la literatura tremendista española.



Como siempre afirmo después de escribir sobre un producto que todavía no ha sido consumido en su totalidad, habrá que esperar a ver los otros siete episodios de 30 Monedas para evaluarla globalmente como proyecto audiovisual, pero sería de necios negar que lo visto en este primer capítulo no es lo suficientemente brillante como para empezar a hacerse ilusiones con lo que está por llegar. El último trabajo de Álex de la Iglesia no sólo aspira a ser el mejor de toda su carrera, título que sigue poseyendo El Día de la Bestia, sino que podría llegar a sentar un precedente dentro de las series rodadas en España en lo referido a crear propuestas de género ambiciosas y sin prejuicio alguno. Después de ver este mefistofélico viaje a al terror rural y el gótico autóctono con esa secuencia final en la iglesia a un servidor sólo le queda preguntarse qué nos depararán las próximas semanas si tenemos en cuenta que todos aquellos que ya han visto la temporada completa consideran cada nuevo episodio mejor que el anterior. Por nuestra parte sólo podemos experimentar “fervor religioso” por las siete horas restantes y más sabiendo que todavía no han hecho acto de presencia los personajes de Secun de la Rosa, Manuel Tallafé, Nuria Fernández, Greta Fernández, Cosimo Fusco o ese Manolo Solo que ya en las pocas imágenes de los trailers apunta a robaescenas nato. Vienen con alegría, señor…


lunes, 30 de noviembre de 2020

Transgresión Continua Express 2020 - Octubre III

Antidisturbios (Rodrigo Sorogoyen, Isabel Peña, 2020) - Sorogoyen y Peña siguen tomándole el pulso a la actualidad con una de las mejores ficciones del 2020. Inmersión, a pequeña y gran escala, en las cloacas del estado con nervio de thriller y un cuadro actoral espectacular.


Veneno (Javier Calvo, JavierAmbrossi, 2020) - La obra de madurez de Los Javis es un hito en el medio audiovisual patrio, no sólo por hacer justicia a una figura inabarcable como la de Cristina Ortiz, sino por las puertas que abre para visibilizar a las actrices transexuales.


Alguien Tiene Que Morir (Manolo Caro, 2020) - Miniserie a manos del creador de La Casa de las Flores sobre la represión y la intolerancia, dentro incluso de las clases adineradas, durante el apogeo del régimen franquista con un casting sobresaliente y una historia bien trazada.


El Fin de la Comedia: Temporada 1 (Ignatius Farray, Miguel Esteban, Raúl Navarro, 2014) - Compilación y síntesis del humor y la vida del cómico Ignatius Farray. Un biopic desprejuiciado, sincero y nada autocomplaciente sobre el patetismo y la inanidad.


El Fin de la Comedia: Temporada 2 (Ignatius Farray, Miguel Esteban, Raúl Navarro, 2017) -  Más incisiva y aguda, con una puesta en escena  elaborada y adentrándose en la metaficción, pule las aristas de la primera temporada y cuenta con gran un plantel de actores secundarios.


El Extraño (Na Hong-jin, 2016) - Del policíaco con apuntes de humor absurdo al terror puro de corte sobrenatural Na Hong-jin atrapa al espectador con una descarnada, excesiva y delirante fábula sobre el pecado, la consanguinidad y el mal que hacen los hombres.


Polytechnique (Denis Villeneuve, 2009) - En un crudo blanco y negro de tono documentalista Denis Villenueve retrata con meticuloso distanciamiento y sumo respeto la masacre misógina de la Universidad Politécnica de Montreal en 1989. 73 minutos de cine seco, cortante, necesario.


Incendies (Denis Villeneuve, 2010) - La película que situó a Denis Villeneuve en el panorama internacional es una durísima, pero nada sensacionalista, reflexión sobre la guerra, el fanatismo, la memoria o el perdón con una contención intachable y un desgarrador clímax final.


Slender Man (Sylvain White, 2018) - Excesivamente vapuleada en su estreno, no deja de ser una historia rudimentaria envuelta en una acertada atmósfera lo suficientemente competente como para aprovechar toda la iconografía detrás del famoso creepypasta.


La Mansión Ensangrentada (Jeffrey Obrow, Stephen Carpenter, 1982) - Mediocrísimo slasher de ritmo moroso y reparto desnortado del que sólo destacan algunas muertes y la banda sonora de un primerizo Christopher Young, que es un divertido plagio de las de El Resplandor y Viernes 13.


The Crucifixion (Xavier Gens, 2017) - Sustos de barraca de feria, exorcismos rodados con estética de videoclip y una Rumanía en la que todo el mundo habla un perfecto inglés. Poco más ofrece un producto tan rudimentario, plano y tópico como The Crucifixion.


El Asesino de la Isla (J.S. Cardone, 1981) - Austero slasher medianamente bien resuelto gracias a un correcto trabajo de escritura y puesta en escena. Su giro final, una sonrojante broma sin gracia, resta puntos al conjunto, pero el proyecto se deja ver con agrado.




Transgresión Continua Express 2020 - Octubre II

Rifkins Festival (Woody Allen, 2020) - Desde su estética de postal turística hasta su obvio homenaje a los maestros del cine europeo todo transmite una desgana y condescendencia que la convierte en una de las cintas más fallidas de Woody Allen. Del reparto sólo brilla Elena Anaya


Borat. Película Film Secuela (Jason Woliner, 2020) - Aunque se pierde el factor sorpresa de la primera película el humor de Sacha Baron Cohen sigue siendo lo suficientemente corrosivo e incómodo como para ocupar un lugar privilegiado en este año 2020. It's a very nice!



Rebecca (Ben Wheatley, 2020)
- Ni abstrayéndome con respecto al clásico de Hitchcock he disfrutado este impersonal remake puntualmente bordeante en el sonrojo. A Lily James y Armie Hammer les vienen enormes sus respectivos roles y del peculiar estilo de Ben Wheatley nada queda.


El Halloween de Hubie (Steven Brill, 2020) - Adam Sandler aseguró que si no ganaba el Oscar por Uncut Gems rodaría la peor película de su carrera. Esta muestra quintaesencial del humor estúpido, pueril y sin gracia de su máximo responsable confirma que es un hombre de palabra.


El Juicio de los 7 de Chicago (Aaron Sorkin, 2020) - Segunda incursión en la dirección de Aaron Sorkin, abordando el famoso proceso a los "Siete de Chicago", para facturar una ejemplar cinta judicial tan necesaria hoy como en 1968. Impecables guión y reparto actoral.


Las Buenas Maneras (Juliana Rojas, Marco Dutra, 2017) - Clasismo, homosexualidad, madurez y racismo son los temas que aborda esta melancólica y bellísima fábula sobre amor y maternidad. Una versión brasileña de Déjame Entrar que sustituye vampirismo por licantropía.


Secretary (Steven Shainberg, 2002) -  Atípica película romántica cuyo epicentro es una relación sadomasoquista. Alternando drama con humor negro realiza un interesante retrato psicológico de sus personajes interpretados por unos soberbios James Spader y Maggie Gyllenhaal.



Black Beach (Esteban Crespo, 2020) - Drama sociopolítico con apuntes de thriller en el que nada destaca en demasía, pero todo funciona adecuadamente. Magnífico reparto en el que cumplen sobradamente tanto protagonistas como secundarios.


Explota Explota (Nacho Álvarez, 2020) - Insólito remake naif de Showgirls y derivación cañí de Los Paraguas de Cherburgo. Musical de colores pastel a ritmo de Rafaella Carrá con unas divertidísimas Ingrid García-Jonsson y Verónica Echegui. Qué fantástica, fantástica esta fiesta.


Eso Que Tú Me Das (Jordi Évole, Ramón Lara, 2020) - Más que una carta de despedida del músico Pau Donés, una última reflexión sobre exprimir la vida hasta que no quede una gota de ella. Un trabajo tan humilde en lo formal como inabarcable en la vitalidad de su mensaje.


Por el Poder de Grayskull (Randall Lobb, Robert McCallum, 2017) - Completo, aunque excesivamente condescendiente, documental que abarca toda la historia de los famosos juguetes de Mattel desde los 80 hasta la actualidad. Cita indispensable para fans de los Masters del Universo.


Disclosure (Sam Feder, 2020) - Revelador y crudo documental sobre cómo se ha demonizado, ridiculizado y estigmatizado a las personas trans en Hollywood desde los mismos albores del cine estadounidense. Un proyecto necesario y didáctico a partes iguales.