martes, 19 de septiembre de 2017

Juego de Tronos: Séptima Temporada, be quick or be dead



"Si no apartamos las enemistades y nos unimos, moriremos. Y no importará quién se siente en el Trono de Hierro"




Ya podemos hablar globalmente de la séptima temporada de Juego de Tronos y la segunda en la que sus showrunners, David Benioff y D.B. Weiss, no han tenido la prosa de George R.R. Martin como base para estructurar su material audiovisual. Si bien la sexta temporada demostró la competencia de los ideólogos de la serie a la hora de volar libres sin traicionar la esencia y el discurso del autor de la saga literaria Canción de Hielo y Fuego, también dejó en evidencia algunos agujeros de guión y altibajos de ritmo que denotaban la importancia y el peso de Martin a la hora de dar solidez a la narración del programa aunque no fuera de manera directa. Esas carencias argumentales (al menos en cuanto a los fallos narrativos) se han hecho más evidentes en esta séptima tanda episodios, la más corta y de mejor ritmo de todas las del show de HBO, pero también la más cuestionable en cuanto a su escritura y las licencias que esta se toma para que el espectáculo y las secuencias memorables, que las hay a puñados, tomen forma en pantalla.




Ya en la pasada temporada supimos que la llegada de los Caminantes Blancos comandados por el Rey de la Noche iba a suponer un punto de inflexión en Juego de Tronos de cara a que los distintos bandos enfrentados por años de traiciones, sangre y muerte se unieran para afrontar la mayor batalla de la historia de Poniente. Esta temporada se ha ocupado de ir colocando las fichas de ajedrez estratégicamente sobre el tablero para que esa alianza tome forma, pero el camino ha sido dificultoso y arduo a todos los niveles. Las intrigas palaciegas, los secretos susurrados en angostos pasillos de descomunales castillos y los “juegos de tronos” se han visto reducidos al mínimo exponente durante esta temporada y es algo que se ha criticado a los creadores de la serie, pero es lógico que durante este prólogo de lo que será la gran guerra el ritmo se acelere y la acción prime, ya conocemos a los personajes y sus aspiraciones, de modo que sólo queda que la estrategia y el ataque para dar empaque a la serie.




Primero me voy a centrar en los temas más controvertidos de la temporada, los mismos que se han convertido en la comidilla de las redes sociales. Por un lado se han criticado notablemente, y no sin motivo, las transiciones temporales del todo improbables que pueblan el metraje y aunque los creadores de la serie y el mismo George R.R. Martin las han defendido es indudable que las prisas por dejar todo preparado para la octava temporada han dado pie a estas incongruencias que se hacen notables en pantalla, con personajes con poderes cercanos a la ubicuidad u otros que corren a una velocidad que ni Flash o Quicksilver. Por otro lado el famoso y muy mencionado fanservice también ha sido puesto en tela de juicio, afirmando más de un fan de la rama dura de la serie, y los libros, que esta temporada está llena de concesiones de cara a la galería para satisfacer a los seguidores del producto. Esto es totalmente cierto, pero no lo es menos que ver a todos los personajes que se dan reunión en el último episodio en Desembarco del Rey, por poner sólo un ejemplo, es un regalo para los que llevamos siguiendo la historia de Poniente desde sus inicios.




Teniendo en cuenta todas estas cuestionables características que merman en cierto modo el conjunto de la producción el que esto firma no puede hacer otra cosa que admitir lo mucho que ha disfrutado de esta última temporada de Game of Thrones. La interacción de los personajes se ha antojado sobresaliente, las secuencias de batallas multitudinarias colosales y los pasajes para el recuerdo como el ataque suicida de Jaime contra Daenerys, la conversación entre Tyrion y Cersei, la revelación de la traición de esta última a la alianza, la batalla entre los Greyjoy (¡qué grande es Pilou Asbæk!) la última confesión de Olenna Tyrell cn respecto a la muerte de Joffrey, la muerte de Viserion a manos del Rey de la Muerte o la última secuencia de la temporada son desde ya algunos de los mejores momentos de la historia de la serie. Sí, es cierto que las prisas han hecho mella en esta tanda de episodios y que Benioff y Weiss se han bajado los pantalones para satisfacer a los fans, pero el que esto firma ha disfrutado igualmente del viaje a pesar de los baches y la conducción temeraria.

Lo Mejor – El encadenado continuo de pasajes para la estantería del recuerdo
Lo Peor – Las trampas de guión y la simplificación de la complejidad narrativa que siempre ha sido una de las señas de identidad más importantes de la serie
Los 3 Momentos de la Temporada – 1) Olenna Tyrell 2) Cersei y Tyrion 3) La muerte y resurrección de Viserion


jueves, 7 de septiembre de 2017

Verónica



Título Original Verónica (2017)
Director Paco Plaza
Guión Fernando Navarro y Paco Plaza
Reparto Sandra Escacena, Bruna González, Claudia Placer, Iván Chavero, Ana Torrent, Consuelo Trujillo, Sonia Almarcha, Maru Valdivielso, Leticia Dolera, Ángela Fabián, Carla Campra, Samuel Romero




Aunque conoció la fama en 2007 junto a su compañero y amigo Jaume Balagueró con la primera entrega de la saga [·REC] que idearon de forma conjunta el cineasta valenciano Paco Plaza ya tenía un considerable bagaje en el medio audiovisual cuando liberó a la Niñea Medeiros en plena ciudad de Barcelona junto al director de Darkness o Frágiles. En 1999 su cortometraje Abuelitos se hizo un nombre en los círculos independientes y su salto al largo tuvo lugar con la estimable El Segundo Nombre, la adaptación de una novela del escritor británico Ramsey Campbell (otro punto en común con Balagueró, que basó su debut detrás de las cámaras en otro libro del mismo autor con Los Sin Nombre) rodada en inglés, con vocación internacional y unos resultados bastante competentes. Más tarde, en 2004, y ya dentro del seno de la añorada Fantastic Factory rodó Romasanta: La Caza de la Bestia, una de las piezas más elaboradas y competentes de la entrañable productora impulsada por el productor Julio Fernández o el director Brian Yuzna y segunda versión (la primera la ofreció Pedro Olea en la muy remarcable El Bosque del Lobo) dentro nuestro celuloide de la historia de Manuel Blanco Romasanta, el llamado “Hombre Lobo de Allariz”. Más tarde colaboró en la antología Películas Para No Dormir con la divertida y negrísima Cuento de Navidad, pieza que tiene algunos puntos en común con la obra que nos ocupa en esta ocasión.




El proyecto de Verónica nació de la mente de Enrique López Lavigne, cabeza visible de la productora Apaches Entertainment y personalidad detrás de grandes éxitos de nuestro cine como Lo Imposible o Un Monstruo Viene a Verme cuando inspirándose en el famoso “Expediente Vallecas” (uno de los supuestos casos paranormales más famosos de España acaecido en 1991 y que, al igual que otros, acabó convirtiéndose en un circo) decidió colaborar de manera conjunta con Paco Plaza para sacar adelante un largometraje inspirado en dichos hechos basándose en un atestado policial que confirmaba la naturaleza sobrenatural de lo sucedido en aquel inmueble localizado en el famoso barrio madrileño. Verónica es el resultado de esa colaboración y con ella podemos hablar claramente de una de las mejores producciones patrias del 2017 y la obra de madurez de su creador ofreciendo pasajes memorables dentro de una pieza ejecutada con una profesionalidad intachable en todos sus apartados.




Verónica narra cómo después de interrumpir abrúptamente el contacto con lo que parece una entidad sobrenatural durante una sesión de tabla Ouija con dos compañeras de clase y coincidiendo con un eclipse solar la adolescente que da nombre al film comienza a experimentar sucesos paranormales dentro de la casa en la que vive con sus tres hermanos pequeños y en la que la figura materna casi siempre está ausente por problemas de trabajo. Los hechos inexplicables van en aumento y las crisis nerviosas de la chica comienzan a sucederse influyendo en el estado de ánimo de su familia, debido a que aparentemente durante la sesión de espiritismo Verónica liberó algo que no ha vuelto a su plano original y ahora la acompaña allá donde va. La protagonista piensa que dicho ser es el espíritu de su padre fallecido, pero la realidad resultará ser mucho más aterradora y la policía nacional de Vallecas será testigo de ello. Con este material, que finalmente se aleja en bastantes aspectos de los supuestos hechos reales, Paco Plaza elabora una pieza del todo estimable con la que no inventa nada, pero sí consigue un tour de force soberbio gracias al buen uso que hace de los lugares comunes de género.




De hecho el trabajo de Paco Plaza en Verónica se emparenta con el de James Wan en las sagas Insidious o The Conjuring: Expediente Warren en que ambos cineastas suplen la falta de originalidad de sus historias con un pulso narrativo, una creación de atmósferas y una dirección de actores de alto nivel. El valenciano construye un relato adherido a todas las señas de identidad del celuloide sobre poltergeists, casas endemoniadas o posesiones, pero su proyecto funciona al 100% de sus posibilidades porque su guión co escrito junto a Fernando Navarro y su excelente reparto consiguen que el contexto espaciotemporal se antoje brutalmente realista y cercano. El film recrea de manera soberbia el Vallecas de 1991 por medio de la decoración, el vestuario, los vehículos, pero en ningún momento se regodea en la nostalgia o da a esta más importancia de la necesaria y hace un uso tan inesperado como brillante del disco Senderos de Traición de Héroes del Silencio (un brutal éxito musical de la época que copa bastan protagonismo en la construcción conceptual de la obra) con temas como Maldito Duende y sobre todo Hechizo, que se convierte en un leit motiv dentro de la obra a la hora de expresar, por medio de su letra, el estado de ánimo y la psicología de la protagonista.




Paco Plaza acomete su labor con una pericia técnica asombrosa, con más mérito si cabe teniendo en cuenta que Verónica no es una gran superproducción dentro de nuestro cine. El director de [Rec]³: Génesis ejecuta algunas secuencias brillantes, dosificando trucajes visuales y movimientos de cámara dignos de ovación cerrada y gracias a su pulso para controlar los resortes narrativos de un género que conoce perfectamente o una dirección de fotografía impresionante a manos de un Pablo Rosso que se hace grande en los espacios pequeños consigue transmitir una atmósfera impía, peligrosa, diabólica, de una naturaleza epidérmica casi palpable que el espectador percibe como real y cercana. Todas las secuencias con apariciones de “entidades” que casi nunca se ven de manera explícita, el excelente uso de los efectos de sonido (esos gemidos que suenan cada vez que el vaso se desliza por el trablero Ouija en la escena desencadenante de todo, los inhumanas voces de los seres que supuestamente habitan el piso) y la enorme dirección de actores hacen que Paco Plaza realice con Verónica su mejor labor detrás de las cámaras hasta el momento.




Con respecto a la citada dirección de actores debemos hacer mención al excelente reparto elegido para dar vida a la familia protagonista de la obra. Sandra Escacena debuta en el mundo del cine teniendo que llevar sobre los hombros un personaje difícil, con una entrega física y psicológica muy exigente que ella aprovecha al máximo para ofrecer un recital interpretativo en el que su abrasiva mirada dice más que veinte líneas de diálogo. Le acompañan tres niños que se revelan como uno de los aciertos mayúsculos de Verónica, ya que junto a la protagonista (y la madre a la que da vida una excelente aunque demasiado dosificada Ana Torrent) Bruna González, Claudia Placer y sobre todo un adorable Iván Chavero como Antoñito (ese estrabismo, esa voz encantadora, esa manera de andar) son el anclaje terrenal no sólo de su hermana mayor en la ficción, sino también del mismo relato que vertebra la película. Su complicidad, las dosificadas escenas de humor (la multifacética Miss Madrid, los comentarios sobre la vecina) y la empatía que experimenta la platea cuando los ve en peligro en el clímax final del largometraje hacen el resto. Enorme trabajo de casting el de los responsables de la obra que se salda con un sobresaliente.




Moviéndose inteligéntemente dentro de la ambigüedad para plantear si todo lo que experimenta la protagonista es pura sugestión, extendida de manera vírica a sus hermanos, por ser asidua lectora de publicaciones sobre ocultismo o parapsicología o si realmente hay una presencia diabólica que la acecha (aunque esta dicotomía desaparece cuando Plaza en la recta final elige una de las dos teorías) añadiendo referencias a clásicos del género a modo de carta de amor (desde La Centinela hasta su propia [·REC] pasando por Al Final de la Escalera o Poltergeist) y regalando a los espectadores algunos de los momentos más intensos vividos en una sala cinematográfica en 2017 Verónica es una muestra más de la buena salud en la que se encuentra el fantaterror patrio gracias a artesanos como Jaume Balagueró (su nueva cinta Musa, ya está en postproducción) o el propio Paco Plaza que cogiendo como base una historia de muy dudosa veracidad ha conseguido dar forma al que es hasta ahora el punto más alto de su interesante filmografía, la misma que el que esto firma seguirá de cerca, como hasta ahora estaba haciendo, sobre todo si en un futuro nos depara piezas tan estimulantes como la que nos ocupa.



lunes, 4 de septiembre de 2017

Future Shock! The Story of 2000AD



Título Original Future Shock! The Story of 2000AD (2015)
Director Paul Goodwin
Guión Paul Goodwin




El 26 de febrero de 1977 supuso uno de los días más importantes de la historia del mundo del cómic reciente. Nacida a modo de revista mensual a manos de los guionistas y editores Pat Mills, John Wagner y Kevin Gosnell como cajón de sastre en el que los jóvenes autores británicos del arte secuencial pudieran dar rienda suelta a sus creaciones, casi siempre en un contexto de fantasía o ciencia ficción, 2000AD se convirtió pronto en la cuna de algunos de los nombres más importantes relacionados con el noveno arte de todos los tiempos como Alan Moore, Neil Gaiman, Grant Morrison o Mark Millar entre los guionistas y Brian Bolland, Carlos Ezquerra, Kevin O’Neill o Dave Gibbons dentro de los dibujantes. La publicación no tardó en convertirse en un reflejo dentro de la ficción de los cambios sociales y políticos que estaba experimentando Gran Bretaña por aquel entonces con historias y personajes asentados en la incorreción política, la contracultura y el espíritu contestatario contra un sistema corrupto e injusto.




Future Shock! The Story of 2000AD es el documental producido y dirigido por Paul Goodwin que narra todo el trayecto editorial de la mítica revista británica por boca de sus máximos responsables. Tomando a uno de sus creadores, Pat Mills, como eje central de la narración este trabajo abarca desde los inicios de la publicación hasta sus últimos años y para hablar de ella no sólo tenemos a los principales implicados en su creación como John Wagner, Carlos Ezquerra, Kevin O’Neill, Alan Grant o a los que ayudaron a impulsarla ya sean Andy Diggle, Peter Milligan, Neil Gaiman o Grant Morrison, sino también a artistas de otros medios como el cine en los casos de los directores Alex Garland y Nacho Vigalondo o el actor Karl Urban o la música representados por Scott Ian o Geoff Barrow, componentes de las bandas Anthrax y Portishead respectivamente. Con esta pequeña muestra del enorme desfile de artistas que dan su opinión, una banda sonora necesariamente punk a manos de Justin Greaves y unas animaciones brillantes diseñadas por Zebra Post y 3PS la labor de Paul Goodwin se antoja sencillamente ejemplar a la hora de abordar la estructura y desarrollo de Future Shock! The Story of 2000AD.




Tras algunas imágenes de archivo a modo de prólogo relacionadas con revueltas ciudadanas y nuevos movimientos culturales de la época la narración nos lleva directamente a unos años antes de la fundación de 2000AD con un Pat Mills que por aquel entonces colaboraba activamente en la revista Action, posiblemente el germen de la publicación que él mismo ayudaría a crear en 1977. En los primeros años de 2000AD sus autores hacen especial hincapié en que todo comenzó como un proyecto ideado por un grupo de amigos cansados de los lugares comunes por los que transitaba el cómic británico de los años 60 y 70 que se reunían en una habitación con un par de escritorios en los que comenzaron a dar vida a su criatura que crecería exponencialmente con el paso del tiempo. Desde bien pronto los impulsores de la revista encontraron la oposición de la censura debido al contenido abrasivo e iconoclasta de las historietas que se incluían en 2000AD, en este sentido curiosa es la anécdota en la que se menciona que uno de los censores que atacaba el contenido era un empleado de la industria del cine pornográfico británico.




Con la edad dorada de 2000AD llegaron los nombres de peso como Alan Moore, Neil Gaiman o Grant Morrison que dieron forma en la revista a obras como La Balada de Halo Jones, Future Shocks o Zenith marcando una etapa en la que la publicación británica alcanzó sus mayores cotas de calidad siempre manteniendo una línea editorial sustentada en un tono anarquista y visceral que, como se llega a comentar a lo largo del documental, influenció en muchos otros medios ajenos al arte secuencial como el movimiento punk que indudablemente se veía reflejado en las páginas de varias de las creaciones a manos de John Wagner, Pat Mills o Kevin O’Neill. Pero con la llegada de las grandes estrellas de 2000AD también comenzaron los problemas sobre todo cuando los autores comenzaron a solicitar sus derechos de autor con las reimpresiones del material en el que habían colaborado vivamente, de esta manera la marcha de algunos nombres clave (uno de los primeros en abandonar el barco fue Neil Gaiman) y la fuga de cerebros que tuvo lugar después de estos hechos no tardaron en crear problemas en el seno de la revista.




Porque dentro de la plana mayor de DC se encontraba una avispada editora llamada Karen Berger que era consciente del nivel de calidad y el potencial que los autores de 2000AD poseían por aquel entonces. Las declaraciones de la norteamericana acerca de guionistas como Alan Moore, Grant Morrison (curiosa la anécdota en la que narra que el mismo autor de Watchmen recomendó a Berger que contratara los servicios del escocés por considerarlo un tipo con mucho talento) o Neil Gaiman están llenas de elogios, siempre afirmando que durante los años 80 quería extrapolar relatos como los que se publicaban en 2000AD a Estados Unidos para que los lectores de su país pudieran disfrutar de ellos poniendo las primeras piedras de lo que en un futuro sería el sello Vertigo que la misma Berger afirma estar totalmente influenciado por la revista creada por Pat Mills y en el que tuvieron cabida muchos de los autores de la misma. Con los años 90 llega la decadencia coincidiendo con la etapa como editor de David Bishop y nuevas creaciones que en palabras de las viejas glorias de la publicación abordaban la sátira social y política de una manera más burda y menos subtextual dentro de géneros como la distopía y las aventuras medievales, desembocando todo en la compra de 2000AD por parte de Rebellion Developments y su etapa más reciente.




Pero el documental no sólo aborda todo el recorrido editorial de 2000AD, también hace paradas en algunas de sus publicaciones más conocidas y en sus personajes icónicos. Como es lógico Juez Dredd copa gran parte del metraje con declaraciones de sus dos creadores, John Wagner y Carlos Ezquerra, hablando de su génesis y evolución o de cómo es percibido de distinta manera por unos u otros lectores que ven en él tanto a un héroe como a un villano y haciendo una parada en las dos adaptaciones cinematográficas que hasta el momento se han rodado con Joe Dredd de protagonista, la de Sylvester Stallone con la que hay consenso con respecto a que fue un fracaso sin paliativos y la ideada por Alex Garland y Pete Travis con Karl Urban de protagonista que captaba con mucho más acierto la fiereza, que no el tono, de las historias en viñetas del personaje. En cambio más breves son los apartados dedicados a Némesis the Warlock, nacido de las mentes de Pat Mills y Kevin O’Neill, aunque con él se hacen reflexiones muy interesantes sobre religión y xenofobia, o Strontium Dog, la otra creación del tándem Wagner/Ezquerra que por desgracia sólo es mencionado de pasada.




Otra parte interesante es en la que se analiza la relación de la revista con el mundo del cine. Con respecto a Robocop se deja bien claro que es la adaptación no oficial más fiel hasta el momento de Juez Dredd, afirmando algún entrevistado que el holandés debería haber sido el director de la primera adaptación al cine del personaje, idea que un servidor secunda totalmente. También se menciona cómo un film de 1990 llamado Hardware era prácticamente un plagio de una creación de Kevin O’Neill para la revista y nuestro Nacho Vigalondo afirma que Chronocops, de Alan Moore y Dave Gibbons, fue una influencia directa a la hora de rodar su excelente ópera prima Los Cronocrímenes. Pero dentro de este apartado lo más interesante es escuchar a un tipo como Pat Mills, que no tiene pelos en la lengua, hablar de las ofertas que en su momento recibió para llevar a la pantalla grande varios de los personajes de 2000AD pero suavizando el tono sarcástico y anárquico que destilaban las viñetas, algo a lo que el guionista de Marshall Law se negó en redondo para que nadie adulterara la naturaleza virulenta y nihilista de su propia creación y así adaptarla a todo tipo de espectadores, como sucedió con la ya mencionada versión cinematográfica de Juez Dredd protagonizada por el actor de Rocky.




Aunque podía haber incidido más en temas que sólo analiza de manera superficial (interesantísimo ese intento por dar respuesta a la escasa presencia femenina en la revista a lo largo de los años con declaraciones de autoras como Leah Moore, Emma Beeby o Lauren Bekes) todo lo que podemos decir sobre Future Shock! The Story of 2000AD son alabanzas y parabienes por la valentía de Paul Goodwin a la hora de realizar un documental tan excelentemente ejecutado relacionado con una publicación mítica que necesitaba una pieza audiovisual que diseccionara su vida y milagros de manera tan concienzuda como en esta y que puede sumarse ya a otros documentales memorables de reciente factura como The Mindscape of Alan Moore, Grant Morrison: Talking With Gods, Warren Ellis: Captured Ghosts o The Image Revolution entre otros. Indispensable para los seguidores de 2000AD en particular, para los fans del mundo del cómic en general y todo aquel espectador neófito en lides del arte secuencial interesado en cómo se puede conseguir sacar adelante un producto subversivo e incómodo para las “mentes bienpensantes” dejando una profunda marca en la cultura popular de finales del siglo XX y un puñado de artistas que nos han regalado algunas de las mejores horas de ocio de nuestra vida como consumidores de tebeos.


miércoles, 30 de agosto de 2017

Valerian y la Ciudad de los Mil Planetas



Título Original Valerian and the City of Thousand Planets (2017)
Director Luc Besson
Guión Luc Besson Luc Besson basado en el bande dessinée de Pierre Christin, Jean-Claude Mézières, y Évelyne Tranlé
Reparto Dane DeHaan, Cara Delevingne, Clive Owen, Ethan Hawke, Rihanna, Herbie Hancock, Rutger Hauer, Kris Wu, Emilie Livingston, Aurelien Gaya




Adaptación a imagen real del célebre bande desinée Valerian: Agente Espacio-Temporal, que mantendría ese título hasta 2007 pasando a llamarse Valerian y Laureline, uno de los más longevos y famosos del cómic franco-belga ideado por el guionista Pierre Christin, el ilustrador Jean Claide Mézières y la colorista Évelyne Tranlé. Publicado por primera vez en el número 420 de la famosa revista Pilote el 9 de Noviembre de 1967 (y allí se vieron publicadas sus historietas hasta 1980) para más tarde pasar al formato álbum por mediación de la editorial Dargaud a partir de 1970 hoy Valerian y Laureline es todo un clásico de la historieta del país vecino y su vida editorial se extiende hasta los cuarenta años y más de una veintena de álbumes. Luc Besson acariciaba el proyecto de realizar una superproducción de las aventuras espaciales de tan peculiar pareja desde hace años y por mediación de su compañía Europa Corp (impulsora de sagas como Transporter, Taxi, Taken o Yamakasi y una de las productoras que más cine de acción rueda en el viejo continente para posteriormente exportarlo al extranjero) lo ha conseguido sin escatimar presupuesto, poniendo de por medio toda la maquinaria que tiene a su disposición para crear un universo riquísimo y vasto hasta el delirio y juntando un reparto internacional en el que podemos ver a Dane DeHaan (The Amazing Spider-Man 2: El Poder de Electro) Cara Delevingne (Escuadrón Suicida), Clive Owen (Hijos de los Hombres), Ethan Hawke (Gattaca) Rihanna (Battleship) o Rutger Hauer (Blade Runner) entre otros.




Valerian y la Ciudad de los Mil Planetas está inspirada en los álbumes Valerian y El Imperio de los Mil Planetas y El Embajador de las Sombras (ambos recopilados recientemente por Norma Editorial en un tomo, como nos recordó mi compañero Diego García Rouco con su excelente reseña) dos de los primeros publicados relacionados con el protagonista y su inseparable compañera, pero del primero prácticamente sólo toma parte del título y algunos apuntes puntuales y se basa casi en su totalidad en el argumento del segundo, aunque tomándose las consabidas licencias tanto narrativas como estéticas. En esta traslación a imágenes la princesa del pacífico planeta Mül, perteneciente a la raza pearl, manda antes de morir y ver cómo se extingue su civilización un mensaje psíquico treinta años en el futuro que es recibido por Valerian (Dane DeHaan) un Agente Espacial, que junto a su compañera Laureleine (Carla Delevingne), se ocupa de mantener el orden en los territorios humanos de la galaxia en el Siglo XXVIII. Desde ese mismo momento los dos personajes se verán envueltos en una enorme aventura que los llevará a Alpha, la Ciudad de los Mil Planetas, y a descubrir una enorme conspiración a nivel intergaláctico en la que están implicadas siniestras organizaciones que operan desde las sombras.




La última producción del director de El Profesional (León) o Juana de Arco muestra desde el minuto uno la total implicación de este con un proyecto en el que ha puesto todo su cariño y dinero, porque el despliegue técnico de Valerian y la Ciudad de los Mil Planetas es sencillamente abrumador, dando buena muestra de cómo el cineasta francés ha sabido invertir adecuadamente los millones que gana escribiendo y produciendo los films de acción genérica de su compañía Europa Corp. Besson es fiel a la estética del delicioso e imaginativo trazo de Jean Claide Mézières y lo extrapola con respeto desde un punto de vista conceptual, pero evidentemente luego lo hiperboliza todo por medio de unos CGI brutalmente compactados y ejecutados al más puro estilo Siglo XXI, dejando en pañales a los de blockbusters estadounidenses recientes como los de Wonder Woman o Spider-Man: Homecomimg. Sólo el prólogo con la presentación del planeta Mül y los pearl o todo el pasaje en el mercado (casi un cortometraje autocontenido dentro de la misma película) ya se revelan como muestras del poderío visual del que va a hacer gala el director de Malavita o Angel-A a lo largo del metraje para convertir su propuesta en un experiencia estilística de primer orden.




Por suerte todo el microcosmos creado por Besson a partir de la imaginación de Pierre Christin, Jean-Claude Mézières y Évelyne Tranlé tiene verdadera personalidad y forma parte del contexto de la historia sin devorarla mostrando una galaxia de proporciones infinitas habitada por un interminable bestiario de criaturas alienígenas que apelan a la multiculturalidad de la que hacía gala la obra original en viñetas y que aquí el director de Lucy ha tomado como suya. El problema de tener a mano una maquinaria tan mastodóntica reside en que a la hora de mostrar el universo que el francés ha creado como narrador (recordemos que escribe y dirige el proyecto en solitario) hace que tanto él como sus colaboradores tomen en ocasiones la decisión de lucir excesivamente tan epatante diseño de producción. Por eso a lo largo del metraje encontramos pasajes dedicados exclusivamente a hacer alarde del poderío visual que contiene un producto como Valerian y la Ciudad de los Mil Planetas con el recurso de continuos travellings digitales con la intención de que el espectador viaje a lo largo y ancho de las localizaciones del largometraje.




Aunque Valerian y la Ciudad de los Mil Planetas es una adaptación de los cómics en los que se basa como obra cinematográfica, por parte de Luc Besson parece un homenaje a todas aquellas piezas icónicas adscritas a la ciencia ficción, en distintos medios, que le influenciaron en su juventud, realizando así un interesante efecto retroactivo ya que muchas de estas piezas ya bebieron en origen de las historietas del mismo Valerian. Como es evidente viniendo del autor de El Quinto Elemento las referencias a Jean Giraud “Moebius” o Alejandro Jodorowsky se hacen notar, pero tampoco se eluden alusiones argumentales o visuales a piezas como Tron en los trajes espaciales con luces de neón de los protagonistas, Avatar con el diseño de los pearl muy similar al de los na’vi del film de James Cameron, Dune reflejada en las localizaciones desérticas de proporciones mastodónticas, sagas como Star Wars o Star Trek en las secuencias de batallas espaciales y hasta Mouline Rouge tiene cabida en la amalgama referencial del film gracias al pasaje en Paradise Alley centrado en Rihanna y su personaje. Todo el conjunto se convierte en una oda a géneros como la fantasía, la aventura o la space opera, e incluso el mundo del videojuego, pero sin que el guión pierda la compostura a la hora de ejecutar un relato de reminiscencias tan sencillas como clásicas y recordando que todo el origen viene de las manos de Christin, Méziéres, Tranlé y la obra secuencial primigenia.




Posiblemente la elección de los dos actores protagonistas para dar vida a Valerian y Laureline haya sido la más polémica por parte de Luc Besson y la misma tiene sus luces y sombras, indudablemente. Vaya por delante que quién venga buscando dos contrapartidas fieles a los personajes de los cómics va a llevarse una considerable decepción no sólo por la estética y el estilismo del vestuario que portan, sino también por su aspecto físico o personalidad adaptada al presente siglo. Mientras en los cómics Valerian parecía la voz más razonable y Laureline la despreocupada en esta ocasión se invierten los roles totalmente siendo un personaje más pendenciero el de él y profesional el de ella ella. No vamos a negarlo, Dane DeeHan es un considerable fallo de casting, el estadounidense ha demostrado su valía en otras ocasiones como con su papel en la recuperable Chronicle o hasta con un rol mudo en aquel capricho audiovisual por parte de la banda Metallica llamado Through the Never, pero está muy lejos, no sólo de ser el adulto y cabal Valerian que conocemos de las viñetas, sino también un rompecorazones intergaláctico. Por otro lado Cara Delevingne tampoco tiene mucho que ver con la Laureline de los cómics, pero en esta ocasión la actriz británica eclipsa totalmente con su carisma, simpatía y saber estar delante de la pantalla a su partenaire revelándose como la mejor elección de un reparto en el que vemos la cumplidoras caras de Clive Owen, Ethan Hawke, un Rutger Hauer en modo cameo y a la cantante Rihanna con un personaje con más peso del que parece en su innecesariamente aparatosa presentación.




El que esto firma no es un gran fan de Luc Besson más allá de su cuento de hadas contemporáneo protagonizado por Jean Renó, Natalie Portman y Gary Oldman, una de las películas de mi adolescencia, o el evocador biopic de la rivalidad entre los dos apneistas Jacques Mayol y Enzo Maiorca que desarrolló en El Gran Azul, el resto de sus films me parecen algo más que entretenimientos simplemente aceptables, por eso esta Valerian y la Ciudad de los Mil Planetas y su efectividad han sido toda una sorpresa. Como sucede también con las adaptaciones al celuloide de Marvel o DC el espectador debe enfrentarse al visionado sabiendo que no va a encontrar una traslación totalmente fiel de la obra de Christin, Méziéres y Tranlé a la pantalla grande, pero el director de Subway o la trilogía animada de Arthur ha puesto toda su profesionalidad como artesano y cariño como fan de la fantasía, la ciencia ficción y las aventuras para ejecutar una superproducción repleta de momentos memorables, secundarios animados inolvidables (¡el trío de Doghan Daguis!) una historia en contra de la intolerancia o el imperialismo necesaria en los tiempos que corren y todo presentando en un envoltorio vibrante e inabarcable que por desgracia ha sido recompensado con unos raquíticos resultados en taquilla, poniendo en duda el futuro de lo que pudo haber sido el inicio a una franquicia europea que poco tendría que envidiar a las de las traslaciones cinematográficas americanas relacionadas con el noveno arte.



jueves, 24 de agosto de 2017

El Rey Arturo: La Leyenda de Excalibur, los señores del acero



Título Original King Arthur: Legend of the Sword (2017)
Director Guy Ritchie
Guión Joby Harold, Lionel Wigram, David Dobkin, Guy Ritchie
Reparto Charlie Hunnam, Astrid Bergès-Frisbey, Jude Law, Djimon Hounsou, Eric Bana, Aidan Gillen, Freddie Fox, Craig McGinlay, Tom Wu, Kingsley Ben-Adir, Neil Maskell, Annabelle Wallis, David Beckham





El famoso mito artúrico ha sido abordado numerosas veces en el mundo del cine desde diferentes perspectivas y con variopintos resultados. Desde las seminales Los Caballeros del Rey Arturo (1953) o Camelot (1967) pasando por la versión Disney con la entañable Merlín el Encantador (1963), la gloriosa Excalibur (1981), la paródica Los Caballeros de la Mesa Cuadrada (1975), la comercialoide El Primer Caballero y llegando a variantes supuestamente más realistas como El Rey Arturo (2004) o incluso interesantes, pero poco exitosas, versiones para televisión como Camelot (2011) muchas han sido las adaptaciones que se han realizado de las aventuras del famoso monarca y sus aliados. De esta manera llegamos al presente 2017 y a El Rey Arturo: La Leyenda de Excalibur, dirigida, producida y co escrita por el cineasta británico Guy Ritchie que hace un par de años nos regaló una de sus mejores piezas con Operación U.N.C.L.E la elegante y efectiva actualización que hizo de la célebre serie The Man From U.N.C.L.E de la televisión estadounidense. La última propuesta del director de Lock & Stock, and Two Smoking Barrels tuvo un penoso estreno en la cartelera internacional y ese es el motivo por el que ha llegado a España con nada menos que cinco meses de retraso. Vista ya la obra podemos afirmar que Warner Bros podía haber lanzado el producto directo al mercado doméstico, porque por desgracia el resultado es poco menos que desastroso.




Seamos claros, los trailers no engañaban a nadie, y lo que los mismos mostraban era que Guy Ritchie no iba a amoldar su estilo al mito artúrico, sino que iba a tomar como base dicha leyenda para contar una de sus películas de pandilleros mafiosos, porque El Rey Arturo: La Leyenda de Excalibur es, más que otra cosa, una adaptación del celuloide sobre el mundo del hampa habitual de su autor en un contexto medieval adscrito al subgénero de espada y brujería y con unos resultados hipertróficos hasta lo doloroso que no llegan a experimentar cohesión alguna. Si en su obra inmediatamente anterior, la ya citada Operación U.N.C.L.E, fue el mismo Ritchie el que dejó de lado sus señas de identidad estilísticas y narrativas para adecuarse a un relato que solicitaba un tipo de realización más clásica y academicista en la cinta que nos ocupa ha dado rienda suelta de mala manera a todos sus vicios visuales y efectistas más desmesuradamente que nunca ofreciendo como resultado una pieza excesiva, ruidosa y repleta de vacuo artificio que por mucho que beba de los primeros trabajos de su autor nada del encanto o la simpática chulería de aquellos llega a destilar por culpa de su afán por aferrarse a una comercialidad pueril y peregrina.




Desde el arranque con su montaje espídico y acelerado mostrando la infancia del protagonista rodeado de ladrones, prostitutas y criminales la cinta remite indudablemente a piezas de Ritchie como Snatch: Cerdos y Diamantes o Rockanrolla, como previamente hemos citado, pero la puesta en escena del director se desdobla en otros subgéneros que amalgamados los unos con los otros desentonan considerablemente. El último trabajo del británico también es un videojuego, una muestra bastarda de la famosa saga Age of Empires, una pieza que agradará a muchos más gamers que a cinéfilos con un abuso de los CGI que llega a saturar a un espectador que en no pocas ocasiones será consciente de no estar viendo absolutamente nada real en pantalla. Esta sobredosis de pixeles desemboca en dos de las secuencias peor ejecutadas técnicamente de lo que llevamos de año. Si bien en el combate final unas pocas tomas correctas se dan la mano con las ineficaces, que son mayoría, el combate de Arturo al pie de la escalera con los soldados del Ejército Oscuro es una aberración visual, no sólo por lo terrible de su estética y el uso de unos efectos digitales infectos, sino también por el mal gusto de los implicados en el film a la hora de dejar dentro del metraje semejante engendro.




La tercera película que habita en El Rey Arturo: La Leyenda de Excalibur es la que peor parada sale en el reparto de esta mezcolanza de tonos y géneros. Por que sí, la mitología artútica, las criaturas de leyenda, la magia, las batallas multitudinarias y la “espada y brujería” anidan en el interior del largometraje de Guy Ritchie, pero cada vez que las mismas intentan asomar la cabeza estas son decapitadas impunemente. La cinta sobre hampones medievelas y la deudora del mundo del videojuego devoran y fagocitan impunemente a la obra épica que en ocasiones intenta ser la producción que nos ocupa, pero hasta en ese sentido el director de Revolver fracasa ya que después de cada “visión” o “aparición” que revelan el porvenir al protagonista este debería evolucionar, trascender como personaje y futuro monarca, pero en ningún momento deja de parecer un ladrón de poca monta que trata de eludir por todos los medios sus responsabilidades como portador de Excalibur y lider de su país. Pareciera ser que para el director y sus guionistas, entre ellos Lionel Wigram co escritor de las dos entregas que Ritchie realizó de Sherlock Holmes basadas en sus cómics, el núcleo argumental que da sentido a la obra y todo el legado que trae consigo fuera lo de menos dentro de esta producción.




El apartado artístico sería el más vistoso de la película con un desfile de caras guapas formado por Charlie Hunnam (Hijos de la Anarquía), Jude Law (El Gran Hotel Budapest), Astrid Bergès-Frisbey (Orígenes), Eric Bana (Hulk), Djimon Hounsou (Gladiator), Annabelle Wallis (Annabelle) o un par de habitantes de los Siete Reinos (Aidan Gillen y Michael McElhatton). El protagonista de Pacific Rim es una buena elección porque su Jax Teller de Sons of Anarchy no se diferencia mucho de este Arturo al que da vida, pero como traslación de la visión clásica que tenemos del personaje evidentemente es deficiente. Del resto del reparto Jude Law se esfuerza pero se nota completamente perdido en pantalla, Djimon Hounsou está como de pasada para cobrar el cheque, al igual que los actores que dan vida a Petyr Baelish “Meñique” y Roose Bolton que se encuentran en esta producción para no perder el tiempo entre temporada y temporada de Juego de Tronos. Sólo podríamos destacar mínimamente a un Eric Bana, dignísimo como el rey Uther, y a una misteriosa Astrid Bergès-Frisbey cuya magnética presencia no funciona del todo mal en pantalla. Por desgracia todo este casting se ve empequeñecido por el aparatoso diseño de producción del film y el pobre desarrollo de caracteres del guión.




La potencial saga cinematográfica a la que iba a dar inicio esta King Arthur: Legend of th Sword se ha visto abortada debido al notable fracaso en taquilla que ha sufrido a nivel internacional y en honor a la verdad la cinta no merecía ser un éxito. Lo cierto es que después de asistir a la sesión continua de incoherencias en fondo y forma a la que ha dado forma Guy Ritchie el que esto firma no puede verse apenado porque dicha empresa no salga adelante, ya que seguramente la secuela hubiera sido mucho más exagerada que esta primera entrega y eso ya sería indigerible. La última película del director de aquel clásico del cine de terror llamado Barridos Por la Marea (Swept Away) es un desastre que comienza de manera decente en su prólogo para ir desinflándose poco a poco en lo narrativo e hinchándose, por medio de anabolizantes, en lo visual hasta convertirse en uno de esos enormes elefantes que pueblan el metraje, seres descomunales en tamaño, pero torpes a la hora de moverse y ser efectivos en su cometido. Finalmente cuando el visionado de la película acaba mi mente se va directamente a Disney y el miedo que tiene que estar sintiendo la productora al ver lo deficiente que es el último trabajo de su director estrella para llevar a imagen real su clásico Aladdin. Esperemos que tengan a mano la lampara maravillosa y el genio dentro, por si necesitan los tres deseos.



martes, 22 de agosto de 2017

Alien Covenant, xenomorfea como puedas



Título Original Alien Covenant (2017)
Director Ridley Scott
Guión John Logan, Dante Harper, Jack Paglen, Michael Green, basado en personajes de Dan O'Bannon y Ronald Shushett
Reparto Michael Fassbender, Katherine Waterston, Billy Crudup, Demián Bichir, Danny McBride, Carmen Ejogo, Jussie Smollett, Amy Seimetz, Callie Hernandez, Benjamin Rigby, Alexander England, Uli Latukefu, Tess Haubrich, Guy Pearce, Noomi Rapace, James Franco





En el año 2011 saltaba la noticia en todos los medios relacionados con el mundo del séptimo arte. El veterano cineasta Ridley Scott decidía volver al universo que él ayudó a crear en 1979 con una precuela de aquella mítica Alien: El Octavo Pasajero con la que contaría el origen de los letales xenomorfos que protagonizaron dicho clásico de la ciencia ficción. Prometheus llegó a las carteleras de todo el mundo en 2012 y agradó a más bien poca gente por culpa de sus considerables fallos y su escasa inventiva conceptual y argumental. Para colmo esta nueva incursión de Scott en el ya extenso microcosmos de Alien fue el inicio de la gradual y lenta muerte de una probable quinta entrega de la franquicia que comenzó a desarrollar el cineasta sudafricano Neil Blomkamp (Distrito 9, Elysium, Chappie) y que el mismo autor de 1492: La Conquista del Paraíso dio por muerta y enterrada durante la promoción del largometraje que nos ocupa. El disgusto se antojó doble de cara a los fans de la creación ideada por Dan O'Bannon y Ronald Sushett con el estreno de Prometheus.




Cuando la mediocre acogida de Prometheus parecía confirmar que la potencial saga escondida detrás de su historia se veía prematuramente cercenada Ridley Scott se mantuvo en sus trece e hizo todo lo posible para sacar adelante una secuela tan o más innecesaria que su predecesora incluso antes de comenzar su génesis como producto cinematográfico. Evidentemente el director de El Reino de los Cielos o Black Rain, que es perro viejo, trató de arreglar las carencias que tenía el anterior film de la saga y para empezar con buen pie de cara a los fans y al marketing cambió el título de su film que pasó de Prometheus 2 a Alien Covenant, sin que la pieza dejara de ser una secuela de la cinta de 2012. Por otro lado Scott y sus productores prescindieron de Damon Lindelof y John Spaihts y el lugar de estos en la escritura lo ocuparon Michael Green y Jack Paglen, ideólogos de la historia, y John Logan y Dante Harper, responsables de adaptar esta a un guión cinematográfico.




Alien Covenant agradó algo más que Prometheus, tanto a crítica como público, por el simple hecho de que supo dar lo que se le pidió a aquella sin que supiera proporcionarlo, ni más ni menos. Un servidor no pudo verla en cine y lo ha hecho ahora en formato doméstico y el desastre es mucho mayor del esperado y eso que iba totalmente concienciado con respecto a ver una película mediocre, pero que lo llegara a ser tanto me ha cogido por sorpresa. La última producción de Ridley Scott es tan o más fallida que la entrega inmediatamente anterior de la franquicia y si elude algunos de los defectos de aquella (no todos, a ello volveremos más tarde) en el proceso cae en otros todavía más graves. A continuación pasaré a comentar y enumerar los motivos por los que Alien Covenant me parece una pieza muy olvidable e inconsistente y también lo que supone que el director de The Martian o American Gangster siga ensuciando el buen nombre de una saga que realmente no le pertenece en exclusividad por mucho que él siga pensando lo contrario.




La trama de Alien Covenant es prácticamente la misma de Prometheus, pero con algunas variantes. Los miembros de una tripulación espacial que viajan en la nave colonial que da título al largometraje, acompañados por un androide llamado Walter (Michael Fassbender) que vela por ellos, ven interrumpido su criosueño tras un accidente en el que mueren la mayoría de ellos. Los supervivientes comandados por el capitán Christopher Oram (Billy Crudup) y Daniels (Katherine Waterston), viuda de Jacob Branson (James Franco), anterior capitán de la embarcación fallecido en la colisión, llegan a un planeta desde que el que han  recibido una señal de radio de origen humano. Una vez allí deberán enfrentarse con los célebres xenomorfos de la saga y se encontrarán con David (Michael Fassbender) el androide de la Prometheus que siente una especial admiración por estos alienígenas a los que ayudará a sobrevivir por todos los medios.




La escasa imaginación del argumento que copia descaradamente, no sólo el ya citado de Prometheus, sino el de cualquier otra entrega de la franquicia, muestra rápidamente y de manera cristalina lo poco que Ridley Scott y sus colaboradores han trabajado el guión del proyecto. El cineasta británico lleva más de cuarenta años en el oficio, y debería saber que satisfacer a aquellos que criticaron en Prometheus la ausencia de los xenomorfos clásicos y un contexto espaciotemporal más deudor de la primera Alien dándoles lo que piden, pero olvidando por el camino dar solidez a la escritura, aboca todo el conjunto de la obra al fracaso. Porque sí, aquí tenemos la versión original de los monstruos de la saga y los mismos, aunque siendo recién nacidos, empiezan a matar y descuartizar a los tripulantes de la nave de turno desde bien pronto, y dentro de la Covenant tenemos persecuciones por pasillos laberínticos, gore a raudales y acción, pero todo está ejecutado en pantalla de la manera más rudimentaria e impersonal posible.




De poco nos sirve que Ridley Scott vuelva a demostrar que está en forma a la hora de ponerse detrás de la cámara, cuando vemos que Alien Covenant confirma una vez más esa ya antigua y asentada teoría que reza que el director de Los Duelistas queda reducido a un artesano con un potente look visual, y sólo a eso, cuando no tiene un libreto en el que sustentar su puesta en escena. Los personajes del largometraje no son ni un esbozo, son estereotipos manidos y repetidos hasta el hartazgo vistos mil veces, con mejor resultado, en anteriores entregas de la franquicia en particular y en el cine espacial o de terror en general. Mientras el mismo Scott con unas pocas pinceladas definía la personalidad de la tripulación de la Nostromo en el film primigenio o James Cameron hacía lo propio en Aliens con una secuencia tan sencilla y efectiva como la de Bishop (Lance Henricksen) jugando con el cuchillo y la mano de Hudson (Bill Paxton), en la cinta que nos ocupa ni diez páginas de diálogos consiguen dar profundidad a unos roles del todo inanes y nada empáticos.




Componentes de tripulación que por otro lado hacen que los más bien estúpidos miembros de la Prometheus parezcan superdotados en comparación. Es lógico y esperable que los personajes cometan errores para que la trama avance, los xenomorfos puedan entrar en escena y con ellos la acción y el terror que se hagan con la trama. Pero lo que no es tan evidente es que estos expertos en navegación espacial, terraformación o biología sean ten inexplicablemente ineptos a la hora de ejecutar adecuadamente sus labores profesionales o incapaces de tener el mínimo instinto de supervivencia metiéndose en no pocas ocasiones, casi literalmente, en la boca del lobo. El culmen de esta serie de despropósitos relacionados con los componentes de la Covenant llega con la escena en la que el Capitán Oram hace caso a David, el androdide que en la escena anterior ha demostrado admiración y cariño por los aliens, para mirar en uno de los huevos que incuban los famosos facehuggers que se adhieren a la cara de sus víctimas humanas para introducirles la cría de xenomorfo que crecerá y saldrá por la fuerza de su cuerpo.




La trama es paupérrima y los personajes planos, de modo que sólo nos queda disfrutar con las secuencias de violencia y vísceras con las que Ridley Scott riega la película y el excelente diseño de producción de la obra, que sólo se resiente cuando se dejan notar unos CGI que no han sido elaborados todo lo que debieran, algo que se percibe también con los aliens y sus movimientos supuestamente salvajes y viscerales que imponían mucho más en la tetralogía original cuando el uso de los efectos especiales era mucho menor (de hecho los generados por ordenador sólo se utilizaron en Alien³ y Alien Resurreción y en contadas secuencias) y los anomatrónicos copaban la mayor parte del metraje. Sangre, demembramientos, explosiones, escenas de lucha cuerpo a cuerpo tan innecesarias como inverosímiles (de hecho todo lo referido al doble papel de un entregado Michael Fassbender está muy mal llevado, tomemos como ejamplo las lecturas cómicas que se pueden sacar de las clases de flauta a cuatro manos) dan forma a un producto que en ocasiones más que una superproducción parece una inflada Serie B por su naturaleza involuntariamente exploit y pulp.




Alien Covenant fracasa como precuela del film original de 1979 por su carácter rudimentario y escasamente original, pero tampoco funciona como secuela de Prometheus porque hasta los peculiares planteamientos filosóficos y metafísicos de aquella se ven vampirizados aquí por el fuego de artificio, el desenfreno sin medida y personajes cuya integridad física nos importa más bien poco. Tanto esta obra como su predecesora de 2012 nos confirman que si Alien: El Octavo Pasajero es una obra maestra, no fue únicamente por Ridley Scott, sino porque este encontró en unos enormes profesionales como Dan O'Bannon, Ronald Sushett, Walter Hill, Jerry Goldsmith, H.R. Giger o Jean Giraud "Moebius" a los colaboradores perfectos para que, apelando al trabajo en equipo, y no a un soliloquio egocéntrico que haga salir a la luz sus no pocos defectos como narrador de historias, pudieran dar forma entre todos a la primera piedra de una saga que nunca debió dejar de ser una ecléctica y atractiva tetralogía para convertirse en el juguete de un cineasta caprichoso que hace años antepuso la hiperactividad profesional a las inquietudes artísticas.


viernes, 18 de agosto de 2017

Vampiros



Título Original John Carpenter's Vampires (1998)
Director John Carpenter
Guión Don Jakoby basado en la novela de John Steakley
Actores James Woods, Daniel Baldwin, Sheryl Lee, Thomas Ian Griffith, Maximilian Schell, Tim Guinee, Mark Boone Junior






La década de los 90 fue una etapa extraña para un cineasta como John Carpenter. Durante aquellos diez años su filmografía basculó entre productos descafeinados como Memorias del Un Hombre Invisible, competentes remakes como el de El Pueblo de los Malditos, secuelas de sus éxitos con naturaleza irónica y autoparódica como 2013: Rescate en L.A u obras maestras incomprendidas y defenestradas como En la Boca del Miedo (In the Mouth of Madness) que los años han ido revalorizando. Por suerte en 1998 el director de La Noche de Halloween o Starman despidió el siglo XX con la que para el que esto suscribe es su última gran obra y la que (viendo el discurrir que puede tomar su carrera después de la terrible The Ward) debería haber dado carpetazo a su filmografía como uno de los mejores autores de cine de género de la historia del séptimo arte. Hablo como no podía ser menos de Vampiros.




Basada, muy libremente, en la novela homónima de John Steakley Vampiros presenta a un atípico grupo de cazadores de no muertos comandado por el aguerrido Jack Crow (James Woods) y financiado por el mismísimo Vaticano gracias a la mediación de Cardenal Alba (Maximilam Schell). Mientras descansan después de una misión rutinaria en la que localizan un nido de "alimañas" (como ellos suelen llamarlas) a las que dan caza los miembros del equipo son asaltados en un motel por Valek (Thomas Ian Griffith) un vampiro centenario que busca la famosa "Cruz de Bérziers" que le puede conferir el don de caminar bajo el sol a plena luz del día. Jack Crow, su colaborador Tony Montoya (Daniel Baldwin) una prostituta llamada Katrina (Sheryl Lee), únicos supervivientes de la matanza, y el Padre Adam Guiteau (Tim Guinee) tratarán de detener a Valek para impedirle conseguir su misión que lo convertiría en el no muerto más peligroso sobre la faz de la tierra, pero no serán pocos los problemas que se encontrará para cumplir con su peligroso cometido.




Vampiros es lo más cerca que ha estado John Carpenter de su amado e idolatrado género western. Por muchos es conocida la pasión del director de Christine o Elvis por este tipo de cine, su cariño hacia obras de Howard Hawks adscritas a este celuloide como Río Bravo (de la que Asalto a la Comisaría del Distrito 13 era prácticamente un remake encubierto) y cómo ha influido en la mayoría de sus largometrajes como director, algo que podemos apreciar en 1997: Rescate en New York, La Cosa o ¡Están Vivos!, cintas adscritas al terror o la ciencia ficción, pero con personajes y resoluciones narrativas propias de los films del oeste. Pero en su antepenúltima obra para la gran pantalla el homenaje deja paso a un contexto árido, desértico, duro y adusto que está sacado directamente de la obra de autores como Sam Peckinpah, Samuel Fuller o exponentes del espagueti western como los dos Sergios, Corbucci y Leone, a lo que habría que sumar una banda sonora del mismo Carpenter que nos retrotrae a dicho tipo de celuloide.




Como era de esperar viniendo del director de El Príncipe de las Tinieblas los vampiros de su universo cinematográfico no iban a tener la imagen y el comportamiento clásico que el cine y la literatura ha ofrecido de estos a lo largo de los años, algo a lo que hace referencia directa el mismo Jack Crow con un discurso memorable al Padre Guiteau. Los chupasangre de la película que nos ocupa no reciben el nombre de "alimañas" gratuitamente, ya que son expuestos en pantalla como bestias descerebradas y ávidas de hemoglobina que no se convierten en murciélagos pero sí pueden saltar a alturas sobrehumanas y arrancar de un zarpazo una cabeza humana. Ante unas criaturas de este pelaje como es lógico el equipo de Crow debe hacer uso de un armamento a la altura de las circunstancias con todo tipo de artilugios y gadgets para eliminar a semejantes seres de naturaleza salvaje. Con dicha excusa Carpenter puede apelar en no pocas ocasiones al gore y la violencia explícita como la de la secuencia del motel (brutal ese Mark Boon Jr partido en dos) o el asalto a la ermita de los frailes.




Una vez tiene lugar la disolución forzosa del grupo la historia central se divide en dos tramas diferenciadas pero lógicamente complementarias. Una es la que se centra en Jack Crow y el Padre Guiteau que tratan de buscar, no sólo a Valek antes de que encuentre la Cruz de Bérziers, sino también a la persona que los traicionó para que este pudiera eliminar a la mayor parte del grupo de los cazadores de vampiros. La otra está protagonizada por Tony y Katrina y el dilema moral con el que se encuentra el primero debido a que la segunda fue mordida previamente por Valek y no tardará en convertirse en vampiro también. Situación esta que creará considerables tensiones entre el personaje de Daniel Baldwin y el de James Woods, amigos y colaboradores, sobre todo cuando el primero comience a sentirse atraido emocionalmente por la chica. Finalmente las dos subtramas volverán a converger en una sola para el enfrentamiento final con Valek y sus secuaces, alguno de ellos bastante inesperado.




Durante el trayecto el cineasta nos ofrece un proyecto que tiene su genuino e inconfundible sello en forma de una de sus películas más personales por muy adscrita que esté a cierta comercialidad hollywoodiense. Rudeza, virilidad, machismo, camaradería y todo regado con pólvora, sangre, terror y humor negro, un producto 100% hijo de su hacedor con el que recuperamos al Carpenter más bestia, sardónico y outsider. La estructura es la habitual en el cine del norteamericano con un protagonista rebelde, fuera de la ley y de cualquier norma establecida, que se enfrenta, en solitario o acompañado, a un sistema corrupto sin importar que este se ampare en fuerzas religiosas, políticas o sociales. En el proceso las secuencias de acción, los apuntes de suspense (cada incursión en un nido de vampiros está llevado un pulso narrativo envidiable) y la interacción entre personajes sencillos, pero con personalidades bien definidas van dando forma a una pieza ejemplar con su autor al máximo de sus capacidades profesionales.




El director de La Niebla o Dark Star da buena muestra de su veteranía y no estructura su puesta en escena por medio de una alocada sucesión de escenas espídicas condensadas con un montaje metanfetamínico aprovechando el tono virulento que permite la naturaleza cruda y descarnada de la propuesta. Carpenter encuadra con sabiduría, utiliza los movimientos de cámara sólo cuando el relato los demanda y en una pieza que en otras manos se hubiera adherido sin miramientos al efectismo más rudimentario y sensacionalista es capaz de utilizar un timing inusualmente mesurado (el uso de la edición por medio del encadenado de fundidos de imagen en las secuencias más destacadas del metraje) y unos zooms de tono añejo que dan al largometraje un look visual muy deudor del cine de género americano de los años 70. Todo ejecutado y compactado por la mano de un cineasta que eligió desde sus inicios dedicarse en cuerpo y alma al cine de terror cuando sus aptitudes como narrador de historias le hubieran permitido ser mucho más ambicioso cinematográficamente hablando.




Todo el discurso "carpenteriano" sobrevuela el metraje de principio a fin, pero el mismo cristaliza magistralmente en el Jack Crow al que da vida un superlativo James Woods en uno de los mejores trabajos de su carrera. El protagonista de Videodrome o El Corredor de la Muerte elude la sobreactuación de muchas de sus encarnaciones interpretativas de los 90 (lo recuerdo especialmente insoportable en El Especialista) y por medio de contención, sorna, altanería, macarrismo barriobajero y una verborrea descontrolada da vida a uno de los mejores personajes protagonistas de una película de John Carpenter desde las primeras colaboraciones de este con Kurt Russell. Especialmente memorables son las secuencias que comparte con el Padre Guiteau al que interpreta un Tim Guinee impecable que sabe darle la réplica de manera soberbia al protagonista de Salvador mostrándose en pantalla la interesante y divertida disparidad de caracteres al que dan forma como dúo como una versión perversa y bastarda del subgénero buddy movie.




Del resto del reparto cumplen su cometido sobradamente Daniel Baldwin como Tony Montoya y Sheryl Lee como Katrina. El primero demuestra ser el más talentoso (y desaprovechado por su propia culpa) de sus hermanos con un excelente trabajo que se ve complementado con la relación de amistad y código de honor que comparte con Jack Crow ejecutando un personaje cercano, lleno de debilidades y claroscuros. La actriz que dio vida al cadáver más famoso de la historia de la televisión no se queda atrás y acomete con profesionalidad un personaje que hubiera ganado mucho más con una mejor escritura por parte del guión de Don Jakoby, pero resuelve con soltura dar vida a una atípica vertiente de la clásica "damisela en apuros" que después muta en otra cosa completamente diferente. Finalmente Thomas Ian Griffith se revela como una excelente elección para dar vida al hierático e imponente Valek un villano tan visceral como atractivo que desde la masacre que perpetra contra la banda de Crow demuestra soltura para tomar el rol de pieza clave dentro de la galería de personajes del largometraje.




Aunque en su momento fue recibida con bastantes parabienes por suponer la vuelta del John Carpenter más clásico Vampiros fue tildada de simple entretenimiento cuando es mucho más que eso. El penúltimo largometraje del director de Golpe en la Pequeña China supuso la sublimación estilística y narrativa de una manera de entender y hacer cine que triunfó en los 70, marcó a toda una generación de espectadores y cineastas, pero por desgracia nunca volverá, al menos en su vertiente más pura. Este debió haber sido el Canto de Cisne de su autor, porque aunque un servidor es fan de la camorrista y rashomonica Fantasmas de Marte viendo lo poco prolífica que está siendo la etapa más reciente de su filmografía y los desastrosos resultados que ofreció la que es su última cinta para la pantalla grande las andanzas de Jack Crow y su panda de rednecks cazadores de vampiros hubieran sido el excelente y memorable punto y final a una de las carreras cinematográficas más estilmulantes y personales de la historia del cine de género estadounidense de los últimos cuarenta años.