domingo, 21 de octubre de 2018

La Maldición de Hill House, night of dark shadows



"Estaba justo ahí y nadie me veía"




Después de hacerse un nombre dentro del género de terror, mayoritariamente bajo el amparo de la productora Blumhouse Productions, con proyectos como Oculus: El Espejo del Mal, Ouija: El Origen del Mal o Hush el guionista y cineasta estadounidense Mike Flanagan marcó un punto de inflexión en su carrera el pasado año cuando realizó una adaptación cinematográfica de la novela El Juego de Gerald, escrita por Stephen King y publicada en 1992. Con esta encomiable producción protagonizada por unos excelentes Carla Gugino y Bruce Greenwood Flanagan colaboraba por primera vez con la plataforma de streaming Netflix, encargada de distribuir el largometraje que, como suele suceder con la mayoría de sus largometrajes de producción propia, no conoció estreno en pantalla grande. Lo que nadie suponía es que dicho proyecto iba a ejercer como primera toma de contacto y testeo entre autor y compañía para colaborar juntos en uno mucho más ambicioso. Después de varios meses de publicidad el pasado día 12 de octubre pudimos visionar íntegramente la última creación de Mike Flanagan titulada La Maldición de Hill House, una serie de televisión de diez episodios a modo de nueva adaptación de la célebre novela de terror gótico de la escritora Shirley Jackson contando esta ya con otras traslaciones a imagen real en pantalla grande.




Si no tenemos en cuenta la interminable cantidad de sucedáneos, bastardizaciones u homenajes más o menos explícitos en forma de producciones cinematográficas o televisivas existen dos adaptaciones oficiales de la novela de Shirley Jackson, ambas englobadas dentro del medio cinematográfico. La primera de ellas titulada The Haunting (1963) la rodó el gran Robert Wise y la protagonizaron Julie Harris, Claire Bloom, Richard Johnson y Russ Tamblyn convirtiéndose con el tiempo en un clásico con todas las letras dentro del subgénero de casas encantadas. La segunda versión, prácticamente un remake de la del director de Ultimátum a la Tierra (The Day The Earth Stood Still), llegó en 1999 a manos del holandés Jan De Bont, con un reparto de caras conocidas formado por Liam Neeson, Lili Taylor, Catherine Zeta Jones u Owen Wilson y unos resultados tan pobres como repletos de artificio. Esta nueva revisión producida en su origen por Amblin Television y Paramount Television se aleja bastante del libro de la autora de La Lotería, pero la misión de Mike Flanagan ha sido mantener el espíritu de este a lo largo de las diez horas que componen la primera temporada y a fe mía que lo consigue.




Mike Flanagan ejerce como showrunner, director y co escritor, recibiendo en este apartado la ayuda puntual en algunos episodios de tres guionistas como Meredith Averill (The Good Wife), Charise Castro Smith (The Exorcist) y Elizabeth Ann Phang (The Strain). También se ha rodeado de un grupo de actores en el que sobresalen algunas caras reconocibles en varias de sus anteriores producciones cinematográficas. Carla Gugino (Sin City), Henry Thomas (Gangs of New York), Timothy Hutton (La Mitad Oscura), Elizabeth Reaser (Crepúsculo), Michiel Huisman (Juego de Tronos), Victoria Pedretti (Once Upon a Time in Hollywood) u Oliver Jackson-Cohen (El Enigma del Cuervo) entre otros componen el casting adulto. El reparto lo completan los cinco niños que dan vida a los protagonistas en su infancia formado por Lulu Wilson (Annabelle: Creation), McKenna Grace (Yo, Tonya), Violet McGraw (Ready Player One), Julian Hilliard (Never Goin’ Back) y Paxton Singleton (The Rookie). Con respecto a la labor de los actores nos detendremos brevemente más tarde porque su trabajo conjunto es una de las muchas virtudes y uno de los pilares maestros sobre el que se edifica una producción superlativa como la planteada por Mike Flanagan.




La Maldición de Hill House no sólo es una de las mejores producciones audiovisuales nacidas bajo el amparo de la famosa plataforma de streaming, también es uno de los mejores y más elaborados relatos de terror de los últimos años, precisamente por la intencionlidad por parte de su autor de ser algo más que eso. La nueva serie de Mike Flanagan sustenta su narración sobre dos líneas temporales, una acontecida en la actualidad y otra hace 25 años y en ambas acompañamos a la familia Crain, formada por un padre y cinco hijos, durante las dos etapas más importantes de su vida. La primera tiene lugar durante 1992 mientras los Crain pasan el verano en la mansión de Hill House a la espera de poder vender el edificio y siendo testigos allí de unos sucesos sobrenaturales desembocantes en un hecho traumático que marcará a todos los miembros de la familia. La segunda, localizada en el presente, también tiene como eje central un acontecimiento trágico que volverá a reunir a un grupo de hermanos a día de hoy teniendo que enfrentarse a unos fantasmas, de todo tipo, acompañándoles desde que pasaron aquella etapa estival en una casa maldita todavía con cuentas pendientes por saldar con todos ellos. En un alarde de talento por parte de los guionistas estas dos líneas temporales se subdividirán cada una de ellas en otras cuantas, por medio de flashbacks, dando forma a una construcción narrativa rica en matices y juegos de espejos.




Lo más interesante de una producción como La Maldición de Hill House, adscrita sin ningún tipo de tapujo al terror con Mike Flanagan demostrando ser un profundo conocedor del género, es que toda su vertiente sobrenatural es en todo momento una excusa narrativa a modo de catalizador dramático para hablarnos de la descomposición de un núcleo familiar incapaz de afrontar la pérdida de su matriarca tras los hechos acaecidos aquel verano. Desde entonces Steven, Shirley, Theodora, Luke y Nell han intentando, sin éxito, encarrilar una existencia rota desde que pusieron por primera vez los pies en Hill House, fracaso extensible a Hugh, padre del quinteto de hermanos todavía marcado por la traumática muerte de su esposa. Los fantasmas acechando en cada esquina, las voces susurrantes por los pasillos, las monstruosidades escondidas debajo de las camas, todo es una alegoría de los demonios internos de los Crain y en ese sentido no hay una sola aparición, secuencia de terror o susto exquisitamente ejecutado que no haya sido elaborado minuciosamente por Mike Flanagan con la intención de proporcionar profundidad psicológica a cada uno de los vástagos de Olivia Crain con la intención de convertirlos en verdaderos seres humanos, apelando así a la empatía de un espectador pronto enamorado de estas criaturas y su relato.




Mike Flanagan es un tipo inteligente y como guionista y director sabe que no es poner en peligro a sus personajes el mejor medio para llegar a la platea, sino ejecutar un perfil adecuado desde el punto de vista psicológico para hacerlos cercanos, terrenales y vulnerables. Todos y cada uno de los Crain poseen características capaces de convertirlos en criaturas tridimensionales con anhelos, debilidades, miedos e incertidumbres con los que identificarnos. En este sentido la galería de personajes de La Maldición de Hill House recuerda, salvando las notables distancias, a la de la magistral A Dos Metros Bajo Tierra (Six Feet Under), de Alan Ball, y no lo menciono sólo porque uno de los personajes sea el dueño de una empresa funeraria. Queda claro desde el primer momento el mayor interés por parte de Flanagan y sus guionistas por ahondar en la naturaleza humana y sus virtudes o miserias que por un simple afán a la hora de asustar al espectador con la naturaleza genérica de su propuesta. Para llevar a buen puerto dicha empresa el creador apela a su mano como director de actores y a la enorme labor de un reparto sencillamente espectacular del que me niego a destacar un sólo intérprete por encima de otro para encumbrar el apartado artístico del proyecto, llegando a ser tan superlativo que hasta los actores muy secundarios llegan a protagonizar pasajes brillantes, como ese largo monólogo en primer plano del personaje de Mr Dudley con el que Robert Longstreet luce sus enorme aptitudes dramáticas.




Pero si hay un apartado en el que un servidor ha quedado maravillado con respecto a La Maldición de Hill House es en el referido a la labor técnica de Mike Flanagan como maestro de ceremonias. Bien es cierto que en ocasiones previas había demostrado fogonazos de ingenio en algunos de sus largometrajes, pero el talento desplegado en esta producción no tiene parangón con nada de lo salido de su mano en el resto de su filmografía. Aunque su intención es elevar desde un punto de vista humanista el género de terror en ningún momento lo mira por encima del hombro, demostrando en todo momento su aprecio hacia el mismo. Imbuido por la atmósfera gótica de la novela de Shirley Jackson la obra de aventajados discípulos de esta, como Stephen King, y con referentes audiovisuales y formales a otras obras de culto dentro del subgénero de casas encantadas como Burnt Offerings (1976), El Resplandor (1980) o Al Final de la Escalera (1980) Mike Flanagan se hace fuerte a la hora de amalgamar secuencias aterradoras, sin caer en trucos baratos de barraca de feria o fuegos artificiales de segunda categoría, con pasajes de un dramatismo desgarrador. La cumbre de esta armónica convivencia formal y narrativa tiene lugar en el sexto capítulo acometido por Flanagan con cinco planos secuencia de una brillantez insobornable entre los que destacan, sobre todo, el primero (prodigio de interpretación, composición y transiciones espaciales) y el centrado en Hugh y su búsqueda de Olivia por todos los rincones de Hill House durante un apagón. Este sexto capítulo, titulado Two Storms, es desde ya un hito televisivo.




Una producción como La Maldición de Hill House supone un paso gigantesco en cuanto a la calidad de las series de producción propias adscritas a Netflix. Poner como principal responsable a Mike Flanagan para ejecutarla, dar la suficiente libertar creativa a este para llevarla a cabo y haberla estrenado en una fecha cercana a Halloween son un cúmulo de decisiones acertadas capaces de encumbrar una obra de ficción que desde hace unos días hace correr ríos de tinta, real y digital, al ser considera uno de los mejores relatos de terror en muchos años. Como si de una buena novela se tratara la primera temporada termina dejándonos la sensación de haber degustado un producto brillante en todos y cada uno de sus apartados postulándose como futuro clásico, mientras nos deja con algunas dudas. La primera, hacia dónde transitaría una posible nueva temporada, ahora mismo innecesaria, si tenemos en cuenta el excelente cierre de la inicial y la segunda relacionada con el futuro de Mike Flanagan, ya que después de haberse revelado como un artesano excepcional con su opus magna las ganas de ver su próxima adaptación de Doctor Sueño, secuela de El Resplandor publicada por Stephen King hace cinco años, han aumentado exponencialmente gracias a esta, la mejor serie de un 2018 encarrilando ya hacia su recta final.


jueves, 18 de octubre de 2018

Iron Fist: Segunda Temporada, el legado del dragón



"El Iron Fist no es un arma para ser guardada, sino utilizada"




Después de la segunda temporada de Luke Cage le tocaba a Danny Rand estrenar la continuación de sus aventuras serializadas para la plataforma de streaming Netflix. La primera temporada estrenada en 2017 transmitió a un servidor la indiferencia propia de un producto mediocre incapaz de hacerse grande con unas paupérrimas secuencias de lucha eclipsadas por la subtrama culebronesca de la familia Meachum, tampoco nada del otro mundo, despertando más interés que el personaje protagonista, interpretado con esfuerzo pero nulo carisma por el británico Finn Jones. El pasado 7 de septiembre la nueva tanda de episodios protagonizada por Puño de Hierro era liberada por Netflix, diez episodios contando con el habitual reparto formado por el ya citado actor de Juego de Tronos, Jessica Henwick, Tom Pelphery y Jessica Stroup a los que en esta ocasión se suman Simone Missick recuperando su papel de Misty Knight procedente de la serie centrada en el alter ego civil de Power Man y Alice Eve (Star Trek: En la Oscuridad) dando vida a una María Tifoidea en la que nos detendremos un poco más tarde. Una vez vista la decena de episodios la impresión es bastante más favorable que con los trece anteriores en varios aspectos, pero el resultado sigue sin alcanzar unos niveles de calidad estimables capaces de convertirla en una serie destacable en alguno de sus apartados.




Después de haber sido tildada como la peor serie de la colaboración entre Marvel Television, ABC Studios y Netflix parece que los responsables de la misma (con el nuevo showrunner, M. Raven Metzner, a la cabeza) han tomado nota de los errores de la primera temporada y han intentado subsanarlos, en ocasiones bordeando lo inesperado. El primero, no exento de gravedad, al que han dado solución ha sido el del número de episodios, pasando de los excesivos trece a unos diez más sensatos. Pudiera parecer que eliminar únicamente tres episodios no influyera demasiado con respecto a la duración de la temporada, pero ese trío de horas menos se agradece notablemente, no sólo por reducir de esta manera el relleno de la serie, sino por dar un ritmo mucho más dinámico al proyecto, convirtiéndose en una tanda de capítulos propensa a consumirse con bastante más ligereza si la comparamos con, por poner un ejemplo, la última entrega de Luke Cage cuyo desarrollo en ocasiones se hacia muy cuesta arriba. Por suerte esas diez entregas saben capitalizar la atención del espectador por medio de la acción sin olvidar las tramas secundarias centradas en los hermanos Meachum, roles todavía importantes en el programa, pero en esta ocasión con menos protagonismo




Otra de las asignaturas pendientes con respecto a Iron Fist, algo demencial si tenemos en cuenta la naturaleza tanto de la serie como del cómic en el que se inspira, era la de las desangeladas coreografías de lucha en los combates cuerpo a cuerpo, a años luz de las brillantes vistas en las dos temporadas de Daredevil, impropias de un show con las artes marciales como habilidad máxima de su protagonista. En esta nueva decena de horas centradas en el alter ego superheróico de Danny Rand por fin encontramos secuencias dinámicas a la altura de las consecuencias, con peleas bien encuadradas, sus adecuadas dosis de espectacularidad, unos actores notablemente implicados en su trabajo para no tener que recurrir excesivamente a los especialistas en escenas de riesgo y todo con una puesta en escena adecuada para que cada golpe o llave se vea con claridad cristalina en pantalla. Para dar empaque a dichos pasajes la implicación física de Finn Jones, Sacha Dhawan y sobre todo Jessica Henwick es encomiable demostrando los tres las horas de entrenamiento para lucir sus aptitudes físicas delante de la pantalla siendo, una vez más, la actriz británica de origen chino la más capacitada a la hora de protagonizar acción. En lo referido a esto nos vemos en la obligación de hacer una parada en el más radical cambio llevado acabo en esta nueva temporada de Iron Fist.




Contra todo pronóstico y aún a riesgo de ser una percepción a un nivel personal no necesariamente compartida por el resto de espectadores consumidores de esta segunda temporada de las aventuras de Danny Rand me da la impresión de que los guionistas de la serie han convertido al personaje principal en un “secundario importante” dentro de su propia serie. Pareciera como si la excusa narrativa de los rituales para transmitir los poderes del Iron Fist sirviera como justificación para quitar peso al rol de Finn Jones en favor del de Jessica Henwick, algo ya confirmado en los últimos episodios. Esta decisión podría deberse a un sano intento por dar más peso a los personajes femeninos de las series Marvel/Netflix (ahí tenemos también el peso de María Tifoidea, Misty Knight y Joy Meachum) con vistas a una posible futura serie protagonizada por mujeres, pero a un servidor le da la impresión de haber sido todo orquestado para dejar sutilmente al actor británico en un segundo plano por el desacierto de casting que supuso su elección para el papel a pesar de su, previamente citada, total implicación física a la hora de ejecutar adecuadamente su labor interpretativa, pero ofreciendo unos resultados insuficientes.




En lo referido a la escritura la mayor parte del peso de la trama que vehicula el desarrollo de la temporada recae en la rivalidad entre Danny Rando y Davos sustentada en una relación de complicidad y rechazo cuyo origen se remonta a la infancia de ambos cuando entrenaban para conseguir ser el nuevo Iron Fist en K’un-Lun. El problema es que los dos intérpretes elegidos para dar vida a la pareja de amigos y contrincantes es incapaz de conectar con los espectadores, algo en lo que incidiremos en el siguiente párrafo. Las subtramas centradas en los hermanos Meachum, cada uno de ellos protagonizando la suya propia, no tienen tanta relevancia como en la primera temporada, pero añaden los suficientes alicientes para mostrar la personalidad poliédrica y contradictoria de Joy y la vulnerabilidad de Ward. Gracias al adecuado devenir de acontecimientos y el competente ensamblamiento de los distintos arcos argumentales desarrollándose en paralelo el ritmo de la serie y la alternancia entre acción y pasajes más íntimos se revelan adecuados para no aburrir en ningún momento a un espectador a estas alturas ya acostumbrado a tener que aguantar metraje de más en las series producidas por el tándem Marvel/Netflix.




En cuanto a la labor interpretativa del reparto tenemos luces y sombras siempre dentro de un nivel simplemente aceptable desde una perspectiva global. Aunque Finn Jones sigue intentándolo a estas alturas es generalizada la opinión de que la suya fue una errónea elección de casting, más si cabe cuando la frescura, fuerza y carisma de Jessica Henwick eclipsan cualquier intento por capitalizar los encuadres compartidos por ambos. Jessica Stroup intenta abordar su criatura aplicándole muchos más matices que en anterioridad, consiguiéndolo en gran medida, mientras Tom Pelphrey no ve la necesidad de un esfuerzo excesivo por su parte para confirmarse como el mejor actor de todo el casting, algo ya vislumbrado en la primera temporada. Por desgracia las notas más discordantes las ponen Sacha Dhawan y Alice Eve. El primero por corporeizar la quinta esencia inexpresividad y el anticarisma demostrando que un buen físico no es nada sin unas mínimas aptitudes dramáticas y dando al traste de esta manera a su relación con Danny Rand, tampoco muy sobrado de personalidad, para conseguir una conexión adecuada entre ambos rivales. La segunda por poder hace más bien poco con el personaje puesto en sus manos por los guionistas. Nada de la letal y desdoblada María Tifoidea ideada por Ann Nocenti y John Romita Jr en las páginas de Daredevil, o de alguna de sus destacables encarnaciones posteriores en las viñetas, puede verse en este secundario cuyo única conexión con la Mary Walker original es el nombre y padecer desorden de identidad disociativo, ya que hasta su génesis se aleja totalmente de lo visto en los cómics.




Mientras escribo estas líneas llega a mí la noticia de la cancelación de la serie por parte de Netflix después de la pobre recepción de esta segunda y última temporada. Por un lado lamento la decisión ya que, aún estando lejos de la calidad de productos como Daredevil o Punisher (algo compartido con Luke Cage y Jessica Jones) por fin el programa parecía encontrar el camino adecuado para moldear su propia personalidad aunque fuera sacrificando el protagonismo de su personaje principal. Por otro comprendo que en una época como la nuestra con un amplio abanico de series puestas a nuestra disposición por canales de televisión o plataformas de streaming una serie como esta, titubeante en su primera tanda de episodios y todavía dubitativa en la segunda, no encuentre su lugar en la era de la inmediatez audiovisual y la alta competitividad dentro del medio audiovisual. A pesar de esta decisión por parte de Netflix parece haber intención por parte de Marvel Television de no finiquitar al personaje (algo extensible también a los secundarios) y hacer uso de él en un futuro próximo en alguna de sus otras series hermanas o esa Héroes de Alquiler esperada por muchos fans de tanto de Iron Fist como de Luke Cage. Por ahora todo queda en standby y nuestra próxima parada acontecerá el próximo 18 de octubre con el estreno de la esperada tercera temporada de las aventuras de Matt Murdock de la que también daremos buena cuenta por estos lares a la mayor brevedad posible.




lunes, 15 de octubre de 2018

Preacher: Tercera Temporada, family ties



"Escúchame; Algún día, pedazo de mierda. Somos todo lo que quedará en este lugar. Soy toda la familia que tienes."




Después de una decepcionante primera temporada a modo de “Año Cero” en 2016 y una segunda no del todo redonda, pero sí más eficiente y apegada a las viñetas, el pasado año la tercera entrega de Preacher, la serie de televisión diseñada por Sam Catlin, Seth Rogen y Evan Goldberg para la cadena por cable AMC inspirándose en el icónico cómic de Garth Ennis y Steve Dillon gestado en el seno del sello Vertigo de DC Cómics, terminó su emisión y tras ella nos vemos en posición de valorar esta última tanda de episodios inspirados en las aventuras mesiánicas y teológicas protagonizadas por Jesse Custer, Tulip O’Hare y Cassidy entre otros personajes. Sentimientos encontrados a la hora de hablar de los diez nuevos capítulos de Preacher, porque es ineludible que sus creadores mantienen la intencionalidad de acercarse cada vez más a los cómics, pero lo hacen de manera arbitraria y deslavazada, cometiendo en el proceso el fallo de desorientarse y no saber aprovechar el paso adelante que supuso la anterior temporada con respecto a la inicial sin desarrollar los logros que la irrupción de el Santo Grial en general y Her Starr en particular supusieron para la serie. Lo que aquí tenemos es otra decena de horas confirmando la naturaleza dubitativa, desaprovechada y de “quiero y no puedo” del show emitido por la casa de productos tan destacables como Mad Men, Breaking Bad o la reciente The Terror.




Una vez más la serie Preacher toma varios arcos argumentales importantes de los cómics como el localizado en Angelville con la familia de Jesse Custer, el relacionado con Les Enfants du Sang o el centrado en el Grial y la conservación de la sangre de Cristo y después de incluir algunas dosis de material propio Catlin, Rogen y Goldberg montan una temporada de diez episodios. El problema radica, como hemos comentado previamente, en que después de haber encarrilado, en cierta manera, el producto con una muy decente segunda temporada sabiendo amalgamar respeto y fidelidad por los cómics en los que se inspira y una personalidad propia como proyecto ficcional esta tercera desmonta gran parte de esas virtudes descompensando narrativamente el conjunto de la obra cuando separa a los tres protagonistas principales para que cada uno de ellos pueda protagonizar su propia subtrama. Llama la atención que esta decisión haya sido tomada en la primera temporada de la serie con sus tres actores principales tomando el rol de productores ejecutivos, como si diera la impresión de haber sido la mano de los protagonistas la responsable de la dispersión y la endeblez de la construcción argumental de la tanda de episodios para sus correspondientes lucimientos individuales. Algo, por otro lado, imposible de confirmar.




Prácticamente todo lo acontecido en Angelville con Gran’Ma L’Angelle, Jody o TC está bien llevado por el guión y la realización, tomando bastantes ideas acertadas de las viñetas y con la meritoria labor de un reparto en el que destaca una excelente Betty Buckley. También ofrece algunas dosis de interés, aunque llega a adentrarse un poco en una agotadora reiteración, la trama con el Grial, el Gran Padre D’Aronique o Humperdoo, así como la que compete a Tulip y su “revelación divina” donde Ruth Negga vuelve a demostrar ser la mejor actriz del casting. Pero el protagonizado por Cassidy con el culto vampírico de Les Enfants de Sang y sobre todo el del Santo de los Asesinos, Arsface y Hitler, metido con calzador de la manera más innecesaria posible, confirman el poco cuidado de los creadores de la serie a la hora de dar homogeneidad a la escritura de esta tercera temporada con una irregularidad entre unos arcos y otros demasiado perjudicial para el conjunto del producto. Esta deficiencia conceptual y estructural o el error garrafal de quitar protagonismo al Herr Starr de Rip Torrens, la revelación mayúscula de la anterior temporada, aquí, más allá de su presentación con el tiroteo en el templo budista y algún apunte cómico sacado directamente de las viñetas, alarmantemente desaprovechado son las más importantes carencias de esta última lista de capítulos.




Aunque encontramos episodios interesantes, nuevos personajes bien perfilados sumándose a los ya perfectamente establecidos interpretados por el trío protagonista y situaciones divertidas cada vez más propensas a la truculencia de las viñetas Preacher sigue estando a años luz de ser una buena adaptación del trabajo de Garth Ennis y el añorado Steve Dillon. Cuando parecía que Sam Catlin, Seth Rogen y Evan Goldberg habían encarrilado la máquina dándose cuenta del grave error de creerse más listos que el material en viñetas puesto a su disposición vuelven a dar pasos en falso y a desarmar lo construido el año pasado. El problema de encontrarnos todavía en esta situación en la tercera temporada de la serie no sólo repercute en la misma, incitándonos a no perder el tiempo con ella cuando tenemos al alcance de nuestro ratón o mando a distancia decenas de ellas muy superiores. Por desgracia también nos hace desconfiar de lo que vayan a hacer dos de sus showrunners, Goldberg y Rogen, con esa otra adaptación a imagen real de un cómic de Garth Ennis, The Boys más concretamente, producida por Amazon y con estreno para 2019. No ya por la, casi segura, ausencia de la violencia y sexo explícitos de las brutales correrías de Hughie y sus compañeros, sino también por la escaso apego demostrado por ambos autores hacia los cómics que trasladan al medio audiovisual.


sábado, 13 de octubre de 2018

Venom



Título Original Venom (2018)
Director Ruben Fleischer
Guión Scott Rosenberg, Jeff Pinkner, Kelly Marcel y Will Beall, basado en el cómic de David Michelinie y Todd McFarlane
Reparto Tom Hardy, Riz Ahmed, Michelle Williams, Jenny Slate, Woody Harrelson, Reid Scott, Michelle Lee, Scott Haze, Jared Bankens, Al-Jaleel Knox, Jock McKissic, Mac Brandt, Sope Aluko, Jane McNeill, Wayne Pére, Selena Anduze, Donald K. Overstreet, Christian Convery, Laura Distin, Sam Medina, Gail Gamble.




La primera aparición oficial de Venom en el mundo de la viñeta refiriéndonos siempre a la toma de contacto primigenia entre el simbionte alienígena, encontrado y utilizado previamente por Spider-Man a partir del número 8 de las míticas Secret Wars, y el periodista del Daily Globe, Eddie Brock, tuvo lugar en The Amazing Spider-Man #299 allá por mayo de 1988 bajo la tutela del guionista David Michelinie y el dibujante Todd McFarlane. Con el paso del tiempo Venom, o Veneno, fue convirtiéndose durante la primera mitad de los años 90 en uno de los villanos de Marvel Comics favoritos del fandom. En la editorial tomaron buena nota y encargaron al mismo Michelinie y al ilustrador Mark Bagley la responsabilidad de convertir al archienemigo de Peter Parker en un antihéroe obsesionado con “proteger a los inocentes”. Tras su poco ortodoxo trasvase al bando de los superhéroes Venom comenzó a protagonizar su propia cabecera formada en sus inicios por numerosas miniseries. El pistoletazo de salida lo daría Veneno: Protector Letal, arco argumental de seis números ideado por los dos autores encargados de la conversión al bien de Eddie Brock, sumámdose a ellos un Ron Lim tomando el relevo de Mark Bagley, incapaz de cumplir las fechas de entrega debido encontrarse por aquel entonces en su etapa más prolífica dentro de Marvel Comics abarcando varias series localizadas en el spiderverso. Tras ella llegaron el evento Matanza Máxima y por otro lado más miniseries en solitario como Pira Funeraria, La Locura, El Enemigo Interior, El Macero, Noches de Venganza, Guerra de Simbiontes… y ya adentrándonos en el nuevo milenio etapas de largo recorrido, nuevos huéspedes para el simbionte como Mac Gargan, Flash Thompson o Lee Price o variantes como Ultimate Venom, Venom 2099 o Anti Venom.




Si obviamos sus apariciones en las numerosas series animadas protagonizadas por Spider-Man la primera incursión en imagen real de Venom se produjo en Spider-Man 3. A pesar de la oposición del director, Sam Raimi, Sony se empeñó en incluir en la tercera entrega de la primera trilogía del trepamuros el traje alienígena de origen extrarrestre y su posterior conversión en Venom cuando toma contacto con Eddie Brock, en aquel largometraje interpretado por un muy inadecuado Topher Grace. Ya en lo referido a la película Venom esta toma como origen del personaje el mismo establecido en Spider-Man: The Animated Series, aquel que eludía todo lo acontecido en las Secret Wars y justificaba la llegada del simbionte extrarrestre por medio de una misión espacial en la que estaba implicado John Jameson, hijo del famoso director del Daily Bugle y futuro Man Wolf y Stargod. Tomando estos hechos como arranque y eludiendo cualquier referencia a Spider-Man Venom da sus primeros y titubeantes pasos estableciendo la tónica de lo que será el resto del largometraje. Por desgracia Venom está lejos de ser una buena película y como adaptación del personaje al medio audiovisual es en ocasiones hasta insultante, pero por suerte es un producto altamente entretenido y hasta disfrutable por su naturaleza alocada.




Para que nadie se lleve a engaño y todo el mundo tenga una idea más o menos clara de a lo que se va a enfrentar cuando decida verse las caras con um proyecto como Venom podemos confirmarlo como una amalgama entre Green Lantern (2011) y Ghost Rider: Espíritu de Veganza (2012), no precisamente dos obras maestras dentro del subgénero, más bien todo lo contrario. En cuanto a la estructura y parte de su desarrollo se emparenta con la adaptación cinematográfica de las correrías de Hal Jordan interpretada por Ryan Reynolds y en lo referido a tono y resolución formal es imposible quitarse de la cabeza la alocada secuela del Motorista Fantasma con un oligofrénico Nicolas Cage como protagonista. Este ese el nivel y no hay más, porque Venom es un disparate cinematográfico, una astracanada que no sabe cuando ponerse seria o reírse de sí misma, un proyecto despachado por parte de Sony de mala manera con la única intención de hacer dinero sin pararse a pensar si estaban facturando un producto de calidad y mucho menos mostrando un mínimo de interés por respetar la esencia del personaje, pisoteado impunemente a lo largo de gran parte del metraje para enfatizar una cuestionable, aunque no poco efectiva, comicidad.





Que Venom sea una película mediocre es algo que queda claro desde el mismo momento en el que tratamos de analizar con un mínimo de rigor su guión. Protagonista cobarde viéndose inmerso en una situación extrema cambiándole la vida, pareja sentimental sufrida y con un par de escenas para darle algo de relevancia, villano de opereta simplista y sádico sin un ápice de claroscuros y una trama sencilla carente de florituras narrativas para ser seguida con el mínimo uso neuronal por la platea. En lo referido a la fidelidad con respecto a las viñetas el desastre se antoja mayúsculo a la hora de hablar tanto del personaje del célebre periodista del Daily Globe como del traje alienígena con voluntad propia que se adhiere a su persona. Mientras Eddie Brock parece un quinceañero con pulsiones propias de esa edad y comportamientos insulsos en su vida personal el simbionte extraterrestre se comunica con su huésped con un lenguaje barrionajero que lo emparenta con un macarra del Bronx, pasándose así los guionistas de la obra la idiosincrasia primigenia de la relación establecida entre ambas mitades, convertidas en un sólo ser, por salve sea la parte con el único fin de hilvanar un chascarrillo detrás de otro, algo a lo que volveremos cuando hablemos de la labor de Tom Hardy como protagonista.




Ruben Fleischer aborda este material haciendo uso de los medios puestos a su disposición, grandes en cuanto a presupuesto y mínimos en lo referido a creatividad, aunque con el director de Gangster Squad tampoco estamos hablando de un David Fincher o un Paul Thomas Anderson, precisamente. El director cumple a la hora de llenar la pantalla de frenetismo y ruido, llegando en algún momento a saturar al espectador, pero consiguiendo no aburrir en ningún momento a este último sabiendo ejecutar con oficio su trabajo, más si cabe teniendo entre sus manos una historia bastante paupérrima sustentada en la acción continua, las secuencias de peleas, persecuciones, tiroteos y un uso continuo de unos CGI, en líneas generales, bastante dignos. La acumulación de secuencias dinámicas desfilando por la pantalla, la imponente presencia de los distintos simbiontes y referencias continuadas a los cómics extendiéndose hasta la primera de las dos escenas post créditos son los escasos alicientes a los que los fans de los cómics y los espectadores ocasionales podrán aferrarse para pasar un rato divertido con Venom, siempre que no decidan pararse mucho a pensar en la obra ni a desentrañar su interminable galería de carencias.




Un servidor siente una extraña mezcla de sentimientos a la hora de hablar de la labor de Tom Hardy como protagonista absoluto en Venom. Es ineludible que es uno de los periodistas menos creíbles, y más sexys, de la historia del cine, que su Eddie Brock infantil, a veces hasta estúpido, y exagerado poco o nada tiene que ver con el de los cómics, al menos de los primeros que protagonizó, y que su relación con el simbionte pierde todo su potencial cuando los guionistas deciden convertir a ambos en los compañeros de piso protagonistas de una sitcom. Pero mentiría si dijera que no he disfrutado viendo al protagonista de Bronson o Legend siendo poseído por Nicolas Cage y dando forma al más histriónico papel de su carrera, haciendo el ridículo de manera suicida al decidir entregarse a una sobreactuación insana llena de aspavientos, movimientos propios del slapstick o la comedia física mientras deja claro en todo momento habérselo pasado de vicio dando vida a semejante esperpento de personaje(s). Para que los aficionados a los cómics del archienemigo de Spider-Man creado por David Michelinie y Todd McFarlane me entiendan, lo visto en esta Venom no se aleja demasiado, en cuanto a cantidades industriales de herejía y falta de respeto, a lo que Shane Black hizo con el Mandarín/Trevor Slatery en Iron Man 3. Otro “villano”, todo hay que decirlo, capaz de arrancarme en su momento más de una carcajada por obra y gracia del gran Ben Kingsley.




En resumidas cuentas a esto se reduce una película como Venom y pedirle más en cualquier sentido es una exigencia tan ingenua como temeraria por parte del espectador. Sony no ha querido o sabido hacer una buena adaptación del personaje al medio cinematográfico entregándose a la ley del mínimo esfuerzo. Sus directivos cometieron un error garrafal a la hora de no negociar con Disney y Marvel Studios (como sí hicieron previamente en el caso de Spider-Man: Homecoming) para poder vincular al Eddie Brock cinematográfico con nuestro amistoso vecino adscrito al MCU, pero el resultado tampoco es el desastre mayúsculo aventurado por muchos, aunque sí una producción fallida, hipertrófica y notablemente ajena al espíritu de los cómics en los que se inspira. Mi consejo para disfrutarla mínimamente es verla sin prejuicios, dejando de lado el origen secuencial de su protagonista y asumiendo el hecho de estar viendo una pieza insulsa, intrascendente y algo estúpida. Habrá quien afirme que estos son muchos obstáculos para sortear por un producto como Venom y no seré yo quien les quite la razón, ni la persona que les obligue a tener que hacerlo, porque la recompensa no merece demasiado la pena.



viernes, 12 de octubre de 2018

Life, el séptimo pasajero



Título Original Life (2017)
Director Daniel Espinosa
Guión Rhett Reese y Paul Wernick
Reparto Jake Gyllenhaal, Rebecca Ferguson, Ryan Reynolds, Hiroyuki Sanada, Ariyon Bakare, Olga Dykhovichnaya.




Desde hace unos años el cine localizado en el espacio exterior y protagonizado por astronautas está conociendo un interesante resurgir dentro de Hollywood gracias a nuevas propuestas de distinto y variopinto pelaje. Moon, Gravity, Interestelar, Marte o la próxima First Man dan muestra de la buena salud de dicho subgénero. Una obra como Life podría pasar a engrosar la lista formada por los largometrajes ya mencionados, pero a diferencia de ellos se entrega a una narrativa más cercana la ciencia ficción terrorífica, como le pasaba a su coetanea The Cloverfield Paradox, controvertida tercera entrega de la franquicia ideada por J.J. Abrams, tomando como referente antes Alien: El Octavo Pasajero (1979) que 2001: Una Odisea del Espacio (1968). La producción que nos ocupa supone una extraña amalgama colaborativa entre profesionales delante y detrás de las cámaras. Para su dirección se contrataron los servicios del director sueco de origen chileno Daniel Espinosa (El Invitado), con respecto al guión sus responsables son Rhett Reese y Paul Wernick (Deadpool 1 y 2, Bienvenidos a Zombieland) y el reparto está formado por Jake Gyllenhaal (Brokeback Mountain), Rebecca Ferguson (Misión Iposible: Fall Out) y Ryan Reynolds (Buried), Hiroyuki Sanada (Lobezno Inmortal), Olga Dykhovichnaya (Weekend) o Ariyon Bakare (Rogue One: Una Historia de Star Wars). Recibida de manera tibia por la crítica y con algo más de entusiasmo por el público Life hubiera pasado al olvido a día de hoy si no fuera por la leyenda urbana creada a su alrededor y a la que volveremos un poco más tarde.




Life obedece a un intento por amalgamar dos de los productos previamente mencionados en una sola película. Por un lado la obra maestra de Ridley Scott con la presencia de una letal forma de vida extraterrestre con la misión de ir eliminando a todos los tripulantes de la estacióm espacial en la que tiene lugar la acción y por otro el celebrado film de Alfonso Cuarón asemejándose a él por medio de unas muy competentes secuencias técnicas. De hecho Life se refleja tanto en Gravity que Daniel Espinosa no duda en abrir su obra con un enorme y elaborado plano secuencia, muy inferior al ejecutado por el cineasta mexicano en su film, pero bastante destacable en varios aspectos. Ese arranque marcará el devenir de la puesta en escena por parte del sueco, demostrando una profesional encomiable a la hora de abordar un proyecto de unas dimensiones considerables si lo comparamos con sus trabajos anteriores y que él acomete por medio de un look visual y un control del tempo narrativo del todo competente consiguiendo transmitir la sensación de aislamiento experimentada por el grupo de personajes y la continua amenaza que supone la presencia de Calvin, la criatura alienígena que asedia y da caza a la tripulación de la Estación Espacial Internacional.




Del guión se ocupan Rhett Reese y Paul Wernick, los héroes detrás las dos entregas de Deadpool y Bienvenidos Zombieland (de la secuela de esta también se ocuparán próximamente) demostrando aquí saber adaptarse a historias más propensas a la seriedad y el dramatismo. La escritura de Life no inventa nada, transita lugares comunes reconocibles para cualquier fan del género y no depara casi ninguna sorpresa a la platea. Pero está planteada con decencia y un fluir argumental muy digno, sabiendo dosificar los pasajes de más tensión con los imperados por la calma y el devenir de acontecimientos responsables de impulsar la trama de cara su adecuado desarrollo. Si quisiéramos destacar un problema grave de escritura ese sería uno casi convertido en un mal endémico en este tipo de producciones propensas a dejar un tanto de lado el realismo y abrazar la sci-fi ligera, y es el más bien pobre perfil de los personajes principales. No podemos hablar de roles insulsos sólamente localizados en la trama para ejercer de carne de cañón de la criatura agresora, porque hay una intencionalidad de dar personalidad definida a cada uno de los astronautas, pero la mayoría de ellos quedan en simples esbozos cuyo único logro es humanizarlos para apelar a la empatía del espectador.




En lo referido al reparto tenemos a un grupo de actores haciendo con impoluta profesionalidad su trabajo teniendo que exprimir a fondo unos personajes que, como ya hemos apuntado, no se revelan precisamente como un dechado de tridimensionalidad psicológica. El sexteto de intérpretes se aferra a las ínfimas pinceladas añadidas por el guión para diseñar la personalidad de sus criaturas y todos consiguen protagonizar alguna escena memorable con altas dosis de dramatismo debido a la situación extrema en la que se ven implicados. Con todo son los dos protagonistas, Jake Gyllenhaal y Rebecca Ferguson, los que más provecho sacan a la hora de perfilar sus caracteres gracias a la relación sentimental mantenida por ambos, permitiéndoles esta interactuar en pasajes más íntimos transformándolos en individuos cercanos y reconocibles desde una perspectiva emocional. Con esto no afirmamos, ni mucho menos, que el resto del cast no haya hecho los deberes, ya que la osadía de Ryan Reynolds, la gelidez de Olga Dykhovichnaya, la austeridad de Hiroyuki Sanada y la determinación Ariyon Bakare confirman el buen hacer del equipo artístico de Life, entregado en todo momento a la causa aún sabiéndose parte de un producto tan ligero como intrascendente.





Life se deja ver con agrado, llega incluso a llamar la atención con alguno de sus pasajes, pero su nula originalidad y escasa pretensión la convierten en un producto tan fácil de digerir como olvidable. Curiosamente ya antes de su estreno comenzaron las especulaciones afirmando que todo había sido una atípica maniobra de marketing por parte de Sony para realizar un largometraje que sirviera de origen al futuro proyecto de adaptar el personaje de Venom a la pantalla grande con Tom Hardy de protagonista. Todo comenzó cuando en uno de los trailers de Life incluyeron una breve escena de Spider-Man 3, cinta que supuso el debut audiovisual del personaje. Los guionistas Rhett Reese y Paul Wernick, por aquel entonces encargados de escribir el guión de Venom (algo que no llegó a suceder), haciendo honor a su fama de cachondos mentales se tomaron a coña el asunto y no confirmaron ni desmintieron nada. Una vez vista Venom podemos confirmar que realmente no hay un vínculo con la producción que nos ocupa, pero a un servidor le gustó tanto la idea como para depositar mi fe ciega en ella. Por desgracia el tema de si Life es, o no, una precuela de Venom queda en segundo lugar una vez hemos podido degustar la última adaptación cinematográfica de un personaje nacido en el seno de la Casa de las Ideas.



domingo, 30 de septiembre de 2018

Hijos de la Anarquía, algo huele a podrido en Charming



“El anarquismo significa la liberación de la mente humana del dominio de la religión. La liberación del cuerpo humano de los dominios de la propiedad. La liberación de los grilletes y las restricciones gubernamentales. Significa un orden social basado en la libre agrupación de individuos.”


Del año 2002 al 2008 la cadena de televisión por cable FX Networks, propietaria de productos como American Horror Story, Nip & Tuck o The Americans, y filial de Twentieth Century Fox emitió la mejor serie de producción propia que jamás ha realizado, The Shield. Aquel programa creado por Shawn Ryan (The Unit, Miénteme) y protagonizado por Michael Chiklis (Los 4 Fantásticos) entre otros narraba las vivencias de los corruptos miembros de un grupo de asalto de la policía del ficticio distrito californiano de Farmington. Dicho show rodado con cámara al hombro y naturalismo cortante, con un ojo puesto en Sam Peckinpah otro en Walter Hill, e incluso en el veterano reality show Cops, suponía la cara oscura de otros seriales como Canción Triste de Hill Street o Policías de New York. Entre agentes manteniendo tratos con mafiosos y narcotráficantes, políticos arribistas dando permiso a detectives para actuar como gangsters y unos pocos hombres uniformados sin sobrepasar la delgada línea de la ilegalidad comenzó a destacar entre la nómina de guionistas y productores (así como ocasional actor secundario, inolvidable su Margos Dezerian) un señor llamado Kurt Sutter convirtiéndose en el hombre de confianza de Shawn Ryan y responsable de algunos de los mejores episodios del corrompido y violento trayecto vital de Vic Mackey y sus secuaces. Episodios como Dragonchasers, que encarrilaba el final de la soberbia primera temporada de la serie, Scar Tissue, de la segunda cuya trama del robo del tren del dinero ofrecía los mejores momentos del programa marcando el devenir de los personajes hasta los últimos capítulos de la producción televisiva, Judas Priest (títulos como este u otros tales como Slipknot o el ya mencionado Scar Tissue muestran el gusto de Kurt Sutter y sus colaboradores por el mundo del rock) Of Mice and Lem, en el que el personaje de Kenny Johnson se convertía en el núcleo central de la quinta entrega de episodios o Parricide, finiquitando la inolvidable séptima y última temporada su colaboración con The Shield dieron muestras de Sutter como profundo conocedor de ambientes suburbanos y el mundo de las bandas criminales, así como un vigoroso narrador que se hacía fuerte a la hora de abordar tramas de una contrastada visceralidad poniendo en situaciones extremas a sus personajes. Cuando en el año 2008 The Shield acabó su glorioso recorrido de seis años Kurt Sutter ya estaba preparado para abordar su primera creación propia y en solitario para la por aquel pujante Nueva Edad de Oro de la Televisión Americana.


Kurt Sutter, man of mayhem



Kurt Leon Sutter nace el 5 de mayo de 1964 en Rahway, New Jersey. Hijo de un trabajador de General Motors y una secretaria de la archidiócesis católicoromana de Newark es el pequeño de tres hijos, dos hermanas mayores y él mismo. A los 23 años se gradua en la Roselle Catholic High School y militó en la Livingstone College en el departamento de periodismo de la Universidad de Rutgers licenciándose en medios de comunicación. Tardaría bastantes años en destacar como guionista, productor, actor y director en la serie The Shield de Shawn Ryan, suponiendo su carta de presentación oficial de cara al gran público, y lo hizo en 2002, dos años después de mudarse a Los Ángeles y justo cuando la serie protagonizada por Michael Chiklis comenzó su andadura en la cadena FX Networks. Entre las paredes de aquella iglesia reconvertida en comisaría de Farmington en la que Vic Mackey y David Aceveda conspiraban contra el resto de sus compañeros Sutter se curtió como narrador para posteriormente dar vida al primer producto nacido exclusivamente de su propia mano.


Sin abandonar FX Networks propuso a los dueños de la cadena de pago una nueva serie de acción y drama localizada en el mundo de los motoristas ilegales basada en sus propias vivencias dentro de uno de estos clubs, inspirada en el Hamlet de William Shakespeare, y con reminiscencias claras tanto de su hermana mayor The Shield como de la inolvidable Los Soprano que ideó David Chase para el canal por cable HBO. El resultado fueron siete temporadas y más de un lustro de éxito catódico en el que Kurt Sutter, y unos equipos artístico y técnico a la altura dieron forma a una de las series más logradas de FX Network y una de las producciones televisivas más cohesionadas y personales de la pequeña pantalla. Un triunfo que superó la barrera de la emisión semanal en un canal de pago para extender su estética y parafernalia a otros campos como el del mundo del motor, el tatuaje, el graffiti o el rock, dejando una huella indeleble y duradera en la mente de todos aquellos espectadores que la disfrutaron a lo largo de los años. Tras ella Sutter ideó la serie centrada en la mitología artúrica Bastard Executioner, de escasa repercusión, y a día de hoy está inmerso en el spin off de SOA centrada en las banda latina de los Mayans de cuyo episodio piloto daremos nuestras primeras impresiones en esta misma entrada.


Hijos de la Anarquía, bienvenidos a Charming

La historia de Hijos de la Anarquía tiene lugar en una ciudad californiana de engañoso nombre llamada Charming. Allí seguimos las andanzas de Jackson “Jax” Teller (Charlie Hunnam) vicepresidente de un club de moteros delincuentes bautizado como Sons of Anarchy Motorcycle Redwood Original “SAMCRO” que su fallecido padre, John Teller, co fundó años atrás y del cual actualmente es presidente Clay Morrow (Ron Perlman) íntimo amigo de John y segundo esposo de Gemma Teller (Katey Seagal), madre de Jax y viuda del ya mencionado creador del club. En el primer episodio Jax descubrirá un diario de su padre en el que narró cómo los Sons of Anarchy se descarriaron por culpa de la criminalidad y cómo intentó cambiar esto sin éxito, perdiendo la vida en el proces en un accidente de carretera. Desde el mismo momento en el que Jax descubre el manuscrito de su padre comienza a desconfiar de Clay e incluso de su madre, Gemma, por ser ellos dos de los precursores de la decadencia moral de SAMCRO proponiéndose así como misión principal conseguir lo que su progenitor no pudo, alejar a sus compañeros del mal camino de la ilegalidad. Pero con lo que el joven motorista no cuenta es con el mismo club, capaz de ejercer como una entidad viviente con pocas intenciones de alejarse del asesinato, el tráfico de armas o drogas y la extorsión. Durante las siete temporadas ese será el núcleo central del serial, aunque viéndose en ocasiones relegado a un segundo plano en favor de otras tramas relacionados con los componentes de los Sons of Anarchy.




Alejándose de retratos críticos, aunque en cierta manera también dejándose influenciar por ellos, en primera persona como Los Ángeles del Infierno: Una Extraña y Terrible Saga, el libro en el que el periodista Hunter S. Thompson (Miedo y asco en Las Vegas, Los Diarios del Ron) narró la larga temporada en la que convivió con el famoso grupo de moteros estadounidenses retratándolos como un atajo de violentos, drogadictos, incultos y con filiaciones neonazis, Kurt Sutter en Hijos de la Anarquía se deja llevar por la mística asociada al mundo de hermandad y peculiar código de honor de los motoristas ilegales, diferenciándose más bien poco de la mafia norteamericana. Ya que en Hijos de la Anarquía al igual que hicieran Shawn Ryan y David Chase en las mencionadas The Shield o Los Soprano respectivamente Sutter, así como su equipo de guionistas y actores, se ocupan de insuflar carisma a sus criaturas para que al llegar a unos considerables niveles de empatía los veamos cometer crímenes propios de asesinos a sangre fría impidiéndonos indentificarnos al 100% con ellos por su naturaleza virulenta, incitándoles a cometer cualquier ilegalidad con el único fin de mantener el statu quo de su club, entidad abstracta que se convierte en el epicentro de sus propias vidas.




SAMCRO es un reflejo de la misma Charming. Una soleada ciudad de california mostrando en su exterior paisajes idílicos y ciudadanos modelo, pero en cuyo interior se llevan a cabo todo tipo de negocios turbios ejecutados por policías y políticos corruptos, grupos neonazis, distintos tipos de mafiosos negros, chinos, irlandeses, estos últimos vinculados directamente con el IRA original, y una amplia gama de clubs motociclistas aposentados en la ilegalidad. Dentro de los mismos tenemos los Grimm Bastards (negros) o los Mayans (latinos), pero sobresalen notablemente los Sons of Anarchy, la banda de motoristas más célebre nacida en California, fundada por John Teller y Piermont “Piney” Winston. SAMCRO extiende su influencia por toda Charming, ya que los Sons ejercen su influencia tanto en la policía como en la sanidad. Son una especie de termómetro de la ciudad al estar siempre implicados en el tráfico de drogas o armas y el asesinato. De esta manera Charming necesita a SAMCRO como Farmington necesitaba al Strike Team de Vic Mackey en The Shield, o lo que es lo mismo, un grupo de personas que haga el trabajo sucio para que la opinión pública crea tener todo bajo control aunque sólo sea, como previamente hemos comentado, en la superficie más visible de la localidad.




Porque el guionista de The Shield trabajó a conciencia para dar consistencia y un pasado a SAMCRO, afirmando que el de California es el episodio original del club teniendo sedes en distintas partes, no sólo ya de Estados Unidos, sino también de Europa, como es el caso de Irlanda, país al que viajarán los protagonistas en la tercera temporada siendo el núcleo del devenir narrativo de dicha tanda de episodios. SAMCRO es una enfermedad para los miembros que lo militan, un cáncer cuya naturaleza vírica arrasa con todo lo que se le pone por delante. Por el club sus componentes cometen crímenes de todo tipo, por él dejan de lado a familiares que en los mejores casos ven su vida reducida al mínimo exponente y en el peor de ellos llegan a ser asesinados por ajustes de cuentas o errores fatales. Esa entrega ciega, puramente estadounidense, por una comunidad corrupta, perjudicial, sin aportar absolutamente nada positivo al día a día de sus componentes, más allá del plano económico, es la que añade al programa un cariz de drama desgarrado, en el que volvemos a percibir la impronta de William Shakespeare encontrando su reflejo más cristalino en el inolvidable personaje de Opie Winston (Ryan Hurst), un rol que podría adscribirse sin mucha dificultad en la tragedia griega viendo poco a poco como ese club por el que daría a vida le arrebata todo, pagando un precio inabarcable por él hasta el último día de su existencia.




A lo largo del desarrollo de la serie asistiremos a una evolución gradual en la que la autodestrucción se irá apoderando de las andanzas de los Sons of Anarchy. Las dos primeras temporadas asientan las bases de la relación de desconfiaza de Jax con respecto a Clay y Gemma y marca los primeros pasos de su relación sentimental con Tara, además de profundizar en las relacionas de SAMCRO con las bandas rivales, la mafia local y sus encontronazos con las fuerzas de la ley. Después de la tercera, teniendo lugar casi en su totalidad en Irlanda y alejándose un poco de las raíces del producto, la cuarta es una vuelta a los orígenes convirtiendo gradualmente al personaje de Ron Perlman en el enemigo a batir, comenzando este a operar desde las sombras a las espaldas del club. La quinta, marcada a fuego por la muerte de Opie y por cómo este hecho cambia de manera visceral la personalidad de Jax, supondrá un punto de inflexión teniendo su culminación en la sexta donde el personaje de Clay desaparece y Gemma toma el rol de traidora ejerciéndolo hasta los últimos compases de la serie donde el principal villano de la historia será su propio protagonista. A los “enemigos internos” de SAMCRO debemos sumar la extensa galería de mercenarios, mafiosos, policías corruptos narcotraficantes y miembros de otros MC que convertirán los negocios ilegales y los métodos violentos de los SOA en un juego de niños.




En la séptima y última temporada Jax Teller tomará conciencia de la realidad y decidirá hacer limpieza en sus dos familias. Hamlet da paso al Rey Lear y como tal su misión principal será salvar el reino. Por un lado alejar a sus hijos del mundo de violencia y venganza en el que él se ha criado yendo en descontrolado aumento, por otro tratar de limpiar el nombre de SAMCRO y así conseguir lo que su padre, John Teller, no pudo, devolverle el buen nombre. Esta finalidad llega al protagonista como epifania en el mismo momento en el que asesina a su propia madre, Gemma, al descubrir que esta asesinó a su mujer, Tara. En ese mismo momento Jax es una persona muerta en vida, un fantasma errante cuya única misión consiste en solucionar el futuro de sus allegados y desaparecer voluntariamente de la ecuación porque él se ha convertido en el cáncer que está consumiendo el club fundado por su progenitor y por el que también fue asesinado. Los cuervos que abrían el primer plano del episodio piloto comiendo un trozo de pan en la carretera cierran la serie haciendo lo propio mientras un charco de sangre se acerca al trozo de alimento que antes de ser cubierto por esta funde el plano en negro y nos regala la inevitable cita de Hamlet que cierra el ciclo vital y televisivo de la serie.

Los personajes, grupo salvaje



En Hijos de la Anarquía Jax Teller es nuestro Príncipe Hamlet, el joven que influenciado por el espíritu, en este caso más bien el legado, de su padre se enfrentará a Clay (no su tío, pero sí el mejor amigo de su progenitor) “usurpador del trono” y actual esposo de Gemma, madre de Jackson. El joven impulsivo de golpear antes de preguntar con el transcurrir de los años dejará paso al maduro hombre dual, padre de familia y marido que tratará por todos los medios cumplir los preceptos morales de su padre, aunque el carácter parasitario de SAMCRO dará al traste con sus intenciones viéndose en las dos últimas temporadas sobrepasado por los acontecimientos trágicos y criminales vinculados al club, dejando llevarse finalmente a un camino de mentiras, negocios ilegales y asesinatos sin fin aparente. Por suerte en la recta final de la última tanda de episodios la sombra de John Teller vuelve a sobrevolar a Jax y este acaba convirtiéndose en un reflejo del co fundador de los Sons of Anarchy abrazando voluntariamente su mismo destino, no sin antes dejar a sus dos familias dispuestas y preparadas para empezar desde cero una nueva etapa. Aquel verde Charlie Hunnam, al que sólo conocíamos por papeles en Undeclared o la versión inglesa de Queer As Folk, destilando chulería de niñato macarra fue cogiendo con el tiempo unas tablas interpretativas ofreciendo en cada temporada momentos memorables para revelarse en las dos últimas como un magnífico actor curtido y versátil al que le espera una magnífica carrera si sabe elegir adecuadamente buenos papeles y rechazar sabiamente los inadecuados, aunque con respecto a esto último todos sabemos que el tipo es bastante inteligente.




El segundo pilar de la serie en cuanto a personajes vitales es el de Gemma Teller al que da vida una soberbia e intimidante Katey Sagal a la que recordamos por Matrimonio Con Hijos y poner la voz a Turanga Leela de Futurama en su versión original. Gemma es la conexión scorsesina de Hijos de la Anarquía, la mujer dura, de carácter incluso violento, que decidió no ser una “esposa de motorista” más volviéndose una persona de vital importancia para SAMCRO desde la época en la que era esposa de John Teller. Todos los miembros del club la respetan, admiran e incluso temen, una madre y esposa que por decidir años atrás no vivir a la sombra de ningún hombre se convierte en el alma de los Sons of Anarchy, aunque con el paso de los años veremos cómo su naturaleza impulsiva y de protección visceral hará mella en los negocios de su hijo y los socios de este. Si bien en la quinta temporada se convertirá en víctima después de ser traicionada y maltratada por su propio marido, el pasaje en el que Clay le propina una brutal paliza es uno de los más duros de la serie, a partir de la recta final tomará el rol de enemiga principal de los Sons of Anarchy al ser capaz de inventar falacias poniendo en peligro a los miembros del club con tal de ocultar que ella asesinó a Tara, su nuera, acto que en el penúltimo episodio del programa le costará la vida, arrebatándosela su propio hijo.




El protagonista de Hellboy y actor fetiche de Guillermo del Toro o Jean Pierre-Jeunet da vida al personaje más deudor de Sam peckinpah del programa, el rastrero y manipulador Clay Morrow interpretado por un pletórico Ron Perlman. El rey Clauido de nuestra historia es un Son of Anarchy de la vieja escuela, el miembro más veterano del club después Piney Winstone (William Lucking) así como mejor amigo del fallecido John Teller por un lado y el posible culpable de su muerte por otro. Clay comienza como un Pigmalion que debe curtir a Jax en lo que a dirigir SAMCRO se refiere, pero su inclinación por la ambición, la traición y la acumulación de poder le convirtieron en la némesis de su hijastro y enemigo jurado del club, aunque en sus últimos momentos tratará de hacer las paces con el mismo. Clay acabará con la vida de Pinney Winston y casi con la de Tara, pondrá de su lado a Juice para traicionar al club por medio de la manipulación, estará a punto de matar a su esposa y finalmente tratará de independizarse del club que el ayudó a poner en marcha. A finales de la sexta temporada será ejecutado por Jax delante del resto de miembros de SAMCRO.




Tara Knowles es el amor de la vida de Jax Teller. Una doctora que vuelve a Charming para recuperar a su antigua pareja y viéndose envuelta en la maraña de caos y muerte que arrastran los Sons of Anarchy. Aunque el personaje de Maggie Shif tiene una química intachable con el de Charlie Hunnam será con el rol de Gemma Teller con el que compartirá sus mejores momentos a lo largo de la serie. De mujer apocada y tímida a la sombra de su prometido Tara evolucionará, llevada por situaciones extremas, hasta convertirse en reflejo juvenil de la misma matriarca de los Teller con la que llegará a enfrentarse físicamente. En la sexta temporada se dará cuenta de no querer que sus hijos sean criados en el entorno violento y peligroso de SAMCRO y como una madre que cuida de sus cachorros hará lo necesario para salvar a su descendencia poniéndose incluso en contra de su marido Jax, algo que en su momento le granjeó la inmerecida enemistad de muchos de los fans del programa prefiriendo estos ponerse del lado del hijo de John Teller aunque con él estemos refiriéndonos a un mal hombre capaz de extorsionar, robar o matar con tal de imponer su ley. En el último episodio de la sexta temporada, uno de los mejores del show, morirá a manos de su suegra marcando esta última con dicho acto su propio destino y por efecto dominó el de su hijo.




Robert ‘Bobby’ Munson, también conocido como “Bobby Elvis” por sus imitaciones del rey del rock, es el hombre de confianza de Clay Morrow, su brazo derecho, el consigliere del personaje de Ron Perlman. Mark Boone Jr que ha trabajado a las órdenes de pesos pesados como Christopher Nolan (Memento, Batman Begins) o John Carpenter (Vampiros) da vida a otro Son curtido en mil batallas, un soldado fiel siempre acatando las órdenes del presidente de turno, capaz de enfangarse por el bien del club y mantenerse fiel al mismo hasta el último momento cuando su vida comienza a correr peligro. La traición de Clay a SAMCRO será un punto de inflexión para Bobby convirtiéndolo en un rol más reflexivo cuando los negocios ilegales en los que Jax y sus compañeros de hermandad tienen entre manos los sumergen en un círculo vicioso de muerte y traición. Su despedida de la serie será dura y trágica, pero le confirmará como uno de los más leales miembros del episodio californiano de los Sons of Anarchy.




Alex ‘Tig’ Trager es uno de los personajes que, a pesar de ser blanco de algunos de los momentos más trágicos de la serie (mató por error a la mujer de Opie en la primera temporada, los hombres del gangster Damon Pope quemaron viva a su hija delante de él en la quinta), se mostraba como una de las vías de escape cómicas de la serie gracias a su humor negro y sexualidad retorcida. El canadiense Kim Coates (El Último Boyscout, Silent Hill, Prison Break) supo sacar todo el partido a un rol imprevisible destilando una más que cosiderable química con Juice primero y Rat (Niko Nicotera) después con diálogos que Kurt Sutter y su séquito de guionistas le regalaban para su lucimiento. Él es el protagonista del primer tomo del cómic inspirado en la serie que lanzó BOOM! Studios, a los que volveremos más tarde, y uno de los personajes más queridos del programa gracias a su incorrección política y sadismo, ocultando estos a un hombre débil de corazón y herido por una vida llena de carencias afectivas y excesos.




Filip ‘Chibs’ Telford es la conexión europea con los Sons of Anarchy. Él como personaje es la excusa narrativa para incluir los tratos de tráfico de armas con el IRA y para que gran parte del grueso de la tercera temporada tenga lugar en Irlanda después del secuestro del hijo pequeño de Jax y Tara, aunque el origen del personaje, y el del actor que lo interpreta, sea escocés. El rol de Tommy Flanagan, al que hemos podido ver en superporducciones como Braveheart o Gladiator, acabará convirtiéndose en el lugarteniente de Jax cuando este tome los mandos de la presidencia de SAMCRO y el hombre que velará porque la última voluntad del hijo de John Teller se cumpla cuando él ya no esté. En la última temporada será el protagonista de una tan cumplidora como innecesaria historia sentimental que tendrá una resolución bastante digna. Junto a Tig y Happy será el único superviviente clásico del club que quedará en pie para encarrilarlo por el buen camino




Juan Carlos “Juice” Ortiz es uno de los miembros más jóvenes de SAMCRO y tan eficiente en algunos aspectos como volátil e impulsivo en otros. Tras asesinar en la cuarta temporada a Eric Miles, un componente de SAMCRO recién ascendido de novato a miembro ofcial, para que no delate sus asuntos sucios se adentrará en una espiral de traición, violencia y autodestrucción que lo llevará a la cárcel y a ser asesinado durante un motín en el penúltimo episodio de la serie por Ron Tully, miembro de una banda neonazi interpretado, de manera harto convincente, por el músico Marilyn Manson. El actor Theo Rossi, actualmente en la serie de Luke Cage dando vida a Hernan ‘Shades’ Alvarez, interpreta con aplomo un papel que pasará a convertirse en uno de los más odiosos de la serie, aunque durante la última temporada no se anroja difícil empatizar con él y la entereza con la que acepta su inminente muerte instigada por sus antaño compañeros de club.




Harry “Opie” Winston es posiblemente el personaje más querido y recordado de toda la serie. Hijo del co fundador de SAMCRO Piermont “Piney” Winston así como mejor amigo y brazo derecho de Jax Teller, con el que se crío desde que eran niños, Opie es el personaje que más sufrirá en el proceso de la serie, perdiendo a su mujer y a su padre por culpa de su relación con el club. Carismático, íntegro, leal y con más corazón que ninguno de sus compañeros el motero al que da vida desde las entrañas Ryan Hurst (Ladykillers, Bates Motel y próximamente en The Walking Dead) entrega su vida en la quinta temporada para salvar a sus compañeros y con ello cerrar un círculo de miseria y dolor que sintetiza perfectamente el ya mencionada carácter vírico de SAMCRO. La implicación del actor con su criatura fue tal y su amistad con Charlie Hunnam tan estrecha que para despedirse de la serie permitió que algunos de sus compañeros le afeitaran la barba de una manera bastante peculiar en un emotivo vídeo.




Piermont “Piney” Winston fundó codo con codo con su amigo John Teller los Sons of Anarchy y junto a su coetaneo Clay Morrow es el miembro de SAMCRO con más veteranía. Padre de Opie Winston, que heredó de él su implicación total y fidelidad al club, Piney ejerce durante su trayecto vital en la serie como la voz de la razón, el veterano consciente de que el MC al que ayudó a construir está transitando caminos inadecuados alejándose diametralmente del propósito por el que fue fundado en sus orígenes. Cuando comience a convertirse en un personaje incómodo para los intereses de Clay Morrow este último lo asesinará a sangre fría durante la curta temporada, despertando la ira de Opie al descubrir el hecho e intentando este matar al actual marido de Gemma Teller. Interpretado por el actor William Lucking su puesto lo ocupará en cierta manera Bobby Munson, curiosamente encontrando un destino muy parecido al suyo en la última temporada de la serie.



Wayne Unser es el corrupto y veterano jefe del Departamento de Policía de la ciudad Charming, puesto que ejercerá hasta el final de la tercera temporada de la serie cuando sea retirado del cargo. Enfermo de cáncer, divorciado y con dos hijas mantendrá relaciones ilegales con los Sons of Anarchy incluso después de abandonar su puesto de agente de la ley. Unser, al que pone voz ronca y físico peculiar Dayton Callie, seguirá colaborando con SAMCRO principalmente por siempre haber estado enamorado de Gemma Teller. Su muerte, la más injusta y reprobable de todo el programa, se producirá a manos de Jax en el penúltimo episodio de la serie poco antes de que este acabe con la vida de su propia madre por haber matado a la esposa y madre de hijos, Tara.



Nero Padilla es un proxeneta y líder de una banda mexicana llamada Byz Lats que regenta un prostíbulo llamado “Diosa” y también el padre de un niño severamente discapacitado que lucha por abandonar el mundo del crimen. Interpretado por el actor Jimmy Smits (Dexter, Policías de Nueva York) Nero aparecerá en Sons of Anarchy a partir de la quinta temporada convirtiéndose en la pareja de Gemma y un socio de confianza para SAMCRO. Cuando la matriarca de los Teller comience a traicionar a los socios de su hijo Nero se verá en la tesitura de elegir entre ser fiel a la mujer que ama o apelar a su integridad y honradez colaborando con Jax para no hundiar la vida de todos los miembros del club fundado por el antiguo marido de su actual pareja.




Los Mejores Momentos Momentos y su Música


Una serie como Hijos de la Anarquía almacena a lo largo de sus siete temporadas incontables momentos míticos que se quedaron grabados en la retina de sus espectadores, muchos de ellos relacionados con la muerte de personajes principales o secundarios caídos a lo largo de los episodios. Pero para salir un poco de la tónica habitual con el resto de programas televisivos de ficción que hemos reseñado en la web vamos a realizar este Top 5 de mejores situaciones de la serie centrándonos en una de sus más celebradas señas de identidad. Entre las muchas cosas que Kurt Sutter aprendió durante el periodo en el que colaboró en The Shiled se encuentra la especial destreza de Shawn Ryan y sus colaboradores para potenciar los pasajes más icónicos de su show por medio de una notable elección musical. De esta manera, aunque vamos a dejar fuera muchos “greatest hits” que extenderían excesivamente el apartado, en este listado vamos a mencionar aquellos grandes éxitos audiovisuales en los que una serie como Sons of Anarchy dio lo mejor de sí misma como producto, mereciendo estos ser resaltados.



2×10 Balm – A modo de advertencia para SAMCRO, Ethan Zoebelle (Adam Arkin), el líder de la banda supremacista blanca Liga de Nacionalistas Americanos (L.O.A.N) envía a su mercenario personal A.J. Weston (Henry Rollins) y un grupo de sus hombres a secuestrar y violar a Gemma Teller. Ella mantendrá en secreto la agresión, pero en la recta final de la segunda temporada, en el décimo episodio concretamente, y apoyada por Tara confesará tal hecho a Jax y Clay. En el mismo momento que comienza relatar su calvario Mary de la cantante Patty Griffin comienza a sonar. Los compases folk del tema dan una nueva dimensión de dramatismo a la secuencia que culmina cuando Jax se acerca a ella y besa sus manos para después apoyar las suyas en los hombros de Clay que corresponde estrechando las suyas, ejecutando así una de las últimas situaciones de verdadera complicidad entre ambos personajes en la serie.




4×14 To Be, Act 2 – Cuando la cuarta temporada llega a su culmen SAMCRO ha saldado cuentas con la mafia rusa, dentro y fuera de la cárcel, y Gemma comienza a temer que su hijo conozca los hechos que dieron pie a la muerte de su padre, John Teller. Mientras Jax es elegido como nuevo presidente de los Sons of Anarchy dicho pasaje es acompañado por la versión que el grupo The White Buffalo & the Forest Rangers hacen de House of Rising Sun, el mítico tema de los Animals, cuya letra es modificada para la ocasión con la intención de adaptarse a la ciudad de Charming, sustituyendo a la New Orleans original de la canción. En el último plano Tara apoya su brazo sobre Jax y la imagen se funde con otra del pasado en la que eran John Teller y Gemma los protagonistas, se cierra un ciclo y se abre el arduo reto de devolver la grandeza a SAMCRO.




5×04 Dorylus – La quinta temporada estuvo marcada irremediablemente por la repentina y bestial muerte de Opie Winston, emtregando su vida en la cárcel para salvar a sus compañeros y ser asesinado a manos de los hombres del mafioso Damon Pope (Harold Perrineau). Sólo un capitulo después se lleva a cabo el funeral del personaje más querido de la serie y miembro de los Sons of Anarchy que más dio por el club. Mientras sus compañeros, encabezados por Jax, le rinden tributo Greg Holden nos habla de un “niño perdido” que abandanó pronto hogar y familia para alejarse a miles de kilómetros. Uno de los pasajes más emotivos de la serie, que desde el punto de vista de un servidor hubiera mejorado un poco más si los Sons hubieran salido a la carretera a escoltar en caravana el coche fúnebre portador del hijo de Piney Winston.




7×12 Red Rose – Penúltimo episodio de la serie en el que Jax descubre que su madre, Gemma, asesinó a sangre fría a Tara, su mujer y madre de sus hijos. En una escena arrancada de las entrañas de la trilogía de El Padrino, el presidente de los Sons of Anarchy ejecuta friamente a la mujer que le dio la vida, mientras ella acepta pacíficamente un destino inevitable que marcó en el mismo momento en el que mató a la esposa de su único primogénito. Tras dicho acto, que sentencia de muerte al protagonista de la serie, Ed Sheeran interpreta una excelente versión del tema Make It Rain de la banda de rock alternativo y folk norirlandesa Foy Vance abriendo el camino para la recta final de la serie con la que Kurt Sutter despedirá las andanzas de los miembros de SAMCRO.




7×13 Papa’s Goods – Después de atar todos los cabos sueltos, dejar a su familia de SAMCRO dispuesta para empezar de cero volviendo a las raíces y alejar a sus hijos de una vida llena de violencia, venganza y extorsión este Rey Lear moderno decide abrazar su destino en plena carretera con la motocicleta de su padre, la brújula moral cuyas enseñanzas nunca debió abandonar. The White Buffalo & the Forest Rangers con Come Join the Murder, canción compuesta y escrita por el mismo Kurt Sutter, nos confirma lo inevitable. Jax Teller no es un buen hombre, es un asesino, traficante, ladrón y criminal y para que sus allegados puedan volver a empezar él debe desaparecer. Perseguido por la policía y con una sonrisa de satisfacción en la cara el hijo de John Teller se quita la vida estrellándose contra un camión que, en una última concesión a la referencialidad, está conducido por Michael Chiklis, el Vic Mackey de The Shield, la serie gracias a la que Kurt Sutter pudo hacer Sons of Anarchy, el mejor y más personal trabajo de toda su carrera.

Hijos de la Anarquía: Los Cómics



Guión Christopher Golden, Ed Brisson, Ryan Ferrier
Dibujo Damian Couceiro, Jesús Hervás, Matías Bergara, Paul Little, 
Edición España Norma Editorial (2014)
Contiene Sons of Anarchy (Boom! Studios) 
Formato Tomos rústica

Como previamente apuntábamos, y suele ocurrir con no pocas series televisivas cuando las editoriales de cómics consiguen las pertinentes licencias, Sons of Anarchy también ha conocido una adaptación al mundo del arte secuencial mediante la independiente Boom Studios!, casa que nos ha ofrecido traslaciones de otros iconos de la ficción filmada como El Planeta de los Simios, Cristal Oscuro, Golpe en la Pequeña China o Bill y Ted. Las correrías de los miembros de SAMCRO han copado protagonismo hasta el momento en dos colecciones, una homónima y otra titulada Sons of Anarchy: Redwood Original. La primera está siendo publicada actualmente por Norma Editorial habiendo llegado hasta el momento a los seis tomos. De la siguiente todavía no tenemos noticia, pero seguramente también verá la luz en nuestro país. Con un trío de guionistas curtido en cientos de combates como Christopher Golden, Ryan Ferrier y Ed Brisson y los lápices de Damian Coucerio, Paul Little, Jesús Hervás y Matías Bergara las desventuras del club de moteros más peligroso de la ciudad de Charming se han extendido saltando de un medio a otro con un notable éxito de ventas y el respaldo de los fans de la serie de Kurt Sutter viendo bien reflejados los actos delictivos de sus personajes preferidos en el papel.




Todas las historias narradas en los cómics protagonizados por los Sons of Anarchy tienen lugar en “periodo de entretemporadas” para poder ser adheridas a la continuidad de la serie de Kurt Sutter sin necesidad de adulterar la misma. Desde el primer tomo, centrado en el personaje de Alex ‘Tig’ Trager, la tónica habitual será depositar el peso de los relatos en uno o dos personajes viéndose el resto de miembros de SAMCRO movilizados por los hechos en los que estos se verán implicados. La mayor virtud de la colección de Boom Studios! es ser en casi todo momento fiel al producto televisivo tanto en la escritura y perfil psicológico de personajes como en la estética y traslación visual de los actores que dieron vida a la banda de motoristas en imagen real, conservando en todo momento la esencia del proyecto audiovisual apelando a la acción, el drama desgarrado, las traiciones, los pequeños apuntes de humor negro y la presencia del club de motociclistas como un personaje más que sobrevuela la vida de todos los criminales de Charming a modo de omnipresente Demiurgo .




Por desgracia no todo son parabienes para esta versión en viñetas de Hijos de la Anarquía. A pesar del conocimiento previo que muestran los guionistas de la idiosincrasia adscrita a la serie de televisión y al buen hacer de unos ilustradores, entre los que destaca un excelente Damian Couceiro haciendo suya la colección desde el prime número en el que colabora con sus lápices, casi ninguna de las historias que vertebran los seis primeros tomos editados en España, los que ha podido leer un servidor, llegan a capturar al 100% la fuerza y el impacto de los mejores momentos del show diseñado por Kurt Sutter. Tenemos arcos interesantes como el ya mencionado de Tig, el de Jax y Clay cumpliendo condena en Stockton, el del sobrino de Bobby o el dedicado a Opie Winston, suponiendo este un cálido homenaje al más querido de los personajes secundarios, pero algo falta en la colección para extrapolar con auténtica fidelidad la serie, algo que se deja notar más aún en el cuarto tomo construido sobre cuatro historias cortas ocasionalmente bordeantes en la puerilidad. Con todo hablamos de una colección, la que hasta ahora hemos podido leer en España, que satisfará casi con toda seguridad a los fans del programa de FX Networks.

Mayans M.C: Primeras Impresiones



Género Drama, Crimen, Policiaco, Motoristas
Creador Kurt Sutter
Dirección Guy Ferland, Kurt Sutter, Norberto Barba
Guion Elgin James, Kurt Sutter, Andrea Ciannavei, Debra Moore Muñoz, Sean Tretta
Reparto JD Pardo, Clayton Cardenas, Edward James Olmos, Sarah Bolger, Michael Irby, Carla Baratta, Antonio Jaramillo, Raoul Trujillo, Richard Cabral, Danny Pino, Emilio Rivera, Frankie Loyal, Vincent Vargas, Maurice Compte, Joseph Raymond Lucero, Gino Vento
Producción FX Productions / Fox 21 Television Studios
Canal FX Networks
País Estados Unidos


Después del enorme éxito que supuso Hijos de la Anarquía para FX Networks, el mayor de toda su historia, los jefazos del canal de televisión por cable encomendaron la misión a Kurt Sutter de mantener vivo dicho microcosmos una vez las siete temporadas de la serie original hubieran llegado a su inevitable final. El guionista, productor, actor y director decidió entonces abordar un spin off centrado en la banda de los Mayans, colaboradores y rivales de SAMCRO en el programa protagonizado por Charlie Hunnam, con bastante peso a lo largo del recorrido del mismo. Una vez FX Networks dio carta blanca a la propuesta Sutter se preparó para escribir y dirigir el episodio piloto de Mayans M.C, teniendo prácticamente todo el control sobre su propia creación. La noticia saltaba en julio de 2017 cuando el canal, insatisfecho con el resultado, no sólo obligó a regrabar todo el material y a cambiar algunos actores del reparto, también relevaron a Sutter de su puesto detrás de las cámaras, tomando su lugar el veterano Norberto Barba, y añadieron como co creador, y co guionista de ese primer episodio, a Elgin James. Aunque pudiera parecer grave los reshoots y cambios en el cast no son ajenos al universo de Sons of Anarchy. Todavía muchos recuerdan cómo el actor Scott Glenn (Training Day, Daredevil) grabó en los inicios de la serie señera bastante metraje dando vida Clay Morrow para más tarde ser sustituido por Ron Perlman. En cambio lo de relegar a Kurt Sutter de su puesto de importancia al frente del show seguramente no hizo nada de gracia al impulsivo guionista de la película Southpaw.




Después de los cambios exigidos por la cadena, con todo el material rodado habiendo recibido el visto bueno por parte de los inversores y Kurt Sutter haciendo promoción del show casi a regañadientes por sus perfiles de redes sociales Mayans M.C ya estaba preparada para su puesta de largo y el pasado día 4 del presente mes vio la luz el episodio piloto que vamos a pasar a desgranar en el presente apartado para comentar las impresiones que nos ha transmitido esta primera piedra sobre la que se construirá el célebre spin off “latino” de Sons of Anarchy. Evidentemente el visionado de un sólo capítulo sólo nos permite vislumbrar lo que en un futuro podrá ser el producto audiovisual en cuestión, pero sí nos sirve para degustar los primeros compases del proyecto y su intencionalidad. De esta manera nos encontramos con 65 minutos de metraje dedicados a presentar a los personajes y a localizar espaciotemporalmente la trama en la que estos se verán involucrados. Ezequiel “Ex” Reyes (J.D. Pardo) ejerce como novato en los Mayans de Santo Padre, episodio localizado en la frontera entre California y México. Como nuevo miembro del club se ve inmerso en el submundo de la extorsión, el narcotráfico y el asesinato a manos de sus compañeros y sus rivales, los componentes del cartel mexicano de Galindo. Poco a poco iremos conociendo a Ez y a sus colaborades y familiares, vislumbraremos retazos de su pasado y descubriremos las motivaciones que lo llevaron a formar parte de los Mayans.




Desde su mismo arranque Mayans M.C confirma lo que era un secreto a voces. FX Networks, Kurt Sutter y su equipo de directores y guionistas van a repetir, al menos durante el arranque de la serie, la fórmula que tan buenos resultados dio con Sons of Anarchy. En lo referido a puesta en escena y discurrir narrativo el episodio piloto de este spin off podría confundirse sin mucha dificultad con cualquiera del programa que le da origen, algo que habla tan mal como bien de la propuesta. Por un lado aquellos que esperaban “más de lo mismo” quedarán en cierta manera satisfechos, pero los que buscaran un producto que pudiera diferenciarse de su predecesor apelando a una personalidad propia seguramente quedaran algo decepcionados. Por descontado los responsables del material tratan de darle a Mayans M.C independencia conceptual y argumental apelando a inundar todo con la parafernalia mexicana propia de los miembros de dicho club y hasta la omnipresente banda sonora cambia el rock y el folk de las correrías de SAMCRO por rancheras y cumbias adscritas a la música latina. Pero desde una perspectiva estructural y visual estamos, indudablemente, ante una extensión, o copia, de lo que en su momento fue Hijos de la Anarquía como muestra de ficción televisiva.




En lo referido al reparto encontramos a un surtido grupo de secundarios veteranos como Edward James Olmos (Blade Runner), Michael Irby (True Detective), Danny Pino (The Shield), Antonio Jaramillo (Salvajes) o el indispensable Emilio Rivera (Hijos de la Anarquía) cubriendo las espaldas a J.D Pardo (Revolution) el actor principal que da vida a Ez y con él encontramos una de las carencias más destacables de este primer episodio. Al menos en este arranque de Mayans M.C el interprete de The Messengers no está ala altura de lo exigido para poner voz y físico a un rol que debería destilar carisma, tenacidad y fiereza abordado por él con laconismo e inexpresividad, poniendo así muy dificil al espectador empatizar con su personalidad y motivaciones. Podemos aferrarnos a ese par de hechos trágicos en su pasado como responsables de su actual perfil psicológico, pero por desgracia un servidor apela a las muy limitadas aptitudes dramáticas de J.D. Pardo, que palidecen incluso al ser comparadas con las del primerizo Charlie Hunnam de la temporada inicial de Sons of Anarchy, como catalizadoras de la insatisfactoria labor de un personaje principal que esperemos gane enteros a lo largo de los próximos nueve episodios, ya que en caso contrario se hará duro seguir un producto como Mayans M.C con un mínimo interés sin recurrir a las subtramas centradas en los roles de reparto, mucho más atractivos estos.




Como previamente hemos mencionado sería prematuro evaluar de manera apresurada esta primera temporada de Mayans M.C sólo con el visionado de su episodio piloto, pero desgraciadamente este queda lejos de transmitir el ritmo espídico y las buenas vibraciones del capítulo uno de su hermana mayor cuyo estreno cumple estos días una década. A pesar de un protagonista al que le falta mucho rodaje y la continua sensación de déjà vu narrativo un grupo de secundarios con mucho potencial, varias subtramas abiertas que pueden llegar a buen puerto y una peculiar mezcolanza entre el espíritu clásico de Sons of Anarchy y una pátina telenovelesca a la hora de abordar la interacción entre algunos de los secundarios nos dan esperanzas para confiar en un futuro próspero para la creación de un Kurt Sutter que a pesar de no haber tenido el control total del capítulo este destila su impronta por cada uno de los fotogramas, permitiéndose hasta incluir referencias directas a su anterior serie o regalarnos algún cameo con la intención de ponernos una sonrisa nostálgica en la boca. Por el momento la serie me suscita suficiente interés como para terminar la temporada y reseñarla en un futuro próximo por estos lares, ya veremos el resultado.

Valoración general

Aunque siempre vivió a la sombra de éxitos mucho mayores como Juego de Tronos, The Walking Dead o Breaking Bad Hijos de la Anarquía es una de las mejores series de los últimos diez años de la televisión americana. El primer proyecto catódico en solitario del multifacético Kurt Sutter consiquió acumular a lo largo de siete temporadas y seis años de emisión un numeroso y fiel ejército de fans que todavía hoy rinden tributo a l legado de SAMCRO y al trayecto físico y existencial vivido por Jax Teller y sus compañeros de fechorías en nombre del club que les dio, y posteriormente arrebató, todo lo que tenían. Un servidor cayó pronto rendido ante los encantos de esta revisión de Hamlet y el Rey Lear localizada en el mundo de los motoristas ilegales del estado de California, viéndome, durante la época de su emisión, en la obligación de recomendarla a familiares y allegados que no tardaron mucho en darme la razón cuando les hablaba de las bondades de una de las mejores producciones televisivas nacidas en la pasa década gracias a sus tramas adictivas, personajes inolvidables y análisis de cómo la mística alrededor del mundo del crimen puede atraernos hasta el punto de olvidar la idea de estar empatizando con un asesino. Por suerte Sutter y el mismo Jax nos lo dejan claro al cierre de Sons of Anarchy, al final del día los chicos malos pierden, aunque sólo sea en la ficticia ciudad de Charming.