martes, 18 de febrero de 2020

Transgresión Continua Express 2020 - Enero I




Negra Navidad (Glen Morgan, 2006) - Primer y más fiel remake de Black Christmas (Bob Clark, 1974) en el que la perversa morbidez de aquella se ve sustituida por una sordidez generalizada acentuada en las gráficas secuencias de asesinatos. Indispensable ver la versión unrated.



La Maldición (Nicolas Pesce, 2020) - Nueva reinvención estadounidense de The Grudge (Takashi Shimizu, 2004) tan entretenida y aceptable como propensa a recorrer uno por uno todos los tópicos del género. Se alternan efectivas secuencias de terror con otras más entregadas a la gratuidad y el tramposo golpe sonoro.



House (Nobuhiko Ôbayashi, 1977) - Delirio alucinógeno en el que tienen cabida el melodrama, la comedia surrealista, el terror o el cine de artes marciales. Elogio al collage visual psicotrónico y a la anarquía  argumental y narrativa. Cine libre y carente de todo prejuicio.



El Faro (Robert Eggers, 2019) - Como si F.W. Murnau adaptara un texto de H.P. Lovecraft inspirado este a su vez en un lienzo de Sascha Schneider Robert Eggers sumerge con The Lighthouse a unos descomunales Willem Dafoe y Robert Pattinson en un infierno marino que hiede a demencia, muerte y fluidos corporales.



Vacaciones en el Infierno (Adrian Grunberg, 2012) - Thriller carcelario y fronterizo estructurado como un western bastardo al que da empaque un Mel Gibson productor, co escritor y protagonista. Aunque flaquea en la recta final se ve con agrado e interés en todo momento.



Feliz Nochebuena (David Hess, 1980) - Única incursión en la dirección del actor David Hess (La Última Casa a la Izquierda). Prototípico slasher que plagia a Black Christmas y se adelanta con su desenlace al de Viernes 13. A reseñar la naturalidad de alguna de sus actrices.



Zombie Camp (Christopher Landon, 2015) - Simpático híbrido entre Zombieland (Ruben Fleischer, 2009) y Jóvenes Ocultos (Joel Schumacher, 1987) construido sobre un gamberrismo infantil no exento de ternura. A pesar de algunos momentos inspirados acaba creyéndose más graciosa de lo que realmente es.



Luna Maldita (Eric Red, 1996) - Humilde aproximación al mito de la licantropía deudora de films ochenteros afines como Aullidos (Joe Dante, 1981) o Miedo Azul (Daniel Attias, 1985). Con un sabio uso de los animatrónicos sólo flaquea en la penosa escena de la transformación lupina



Revenge (Coralie Fargeat, 2017) - Enclavada en el subgénero rape and revenge, pero planteada como un remake femenino de Acorralado (Ted Kotcheff, 1982), ofrece como interés la sordidez minimalista de su directora y la entrega sin paliativos de su actriz principal, Matilda Lutz.



Siniestra Oscuridad (Tom McLoughlin, 1982) - Hija predilecta de Phantasma (Don Coscarelli, 1979) o El Más Allá (Lucio Fulci, 1981) y madre de El Principe de las Tinieblas (John Carpenter, 1987) hace gala de un rácano desarrollo y un clímax por el que han pasado muy mal los años.


martes, 14 de enero de 2020

Star Wars Episodio IX: El Ascenso de Skywalker


Título Original Star Wars: Episode IX - The Rise of Skywalker (2019)
Director J.J. Abrams
Guión Chris Terrio, J.J. Abrams, Colin Trevorrow, Derek Connolly, basado en personajes creados por George Lucas
Reparto Daisy Ridley, Adam Driver, John Boyega, Oscar Isaac, Kelly Marie Tran, Joonas Suotamo, Domhnall Gleeson, Ian McDiarmid, Carrie Fisher, Anthony Daniels, Keri Russell, Billie Lourd, Lupita Nyong'o, Billy Dee Williams, Naomi Ackie, Richard E. Grant, Dominic Monaghan, Freddie Prinze Jr., Greg Grunberg, Jimmy Vee, Denis Lawson, Richard Bremmer, Amir El-Masry, Dave Chapman, Harrison Ford, Mark Hamill, Nasser Memarzia, Simon Paisley Day, Brian Herring, Philicia Saunders, Lin-Manuel Miranda, Jodie Comer, Billy Howle, Warwick Davis, Cailey Fleming, Ann Firbank, John Williams





Sólo tres años después de haber adquirido Lucasfilms por 4.000 millones de dólares Disney puso en funcionamiento una nueva trilogía que daría continuidad a la clásica ideada por George Lucas entre los años 70 y 80. Para iniciar tan complicada empresa, que hiciera olvidar el mal sabor de boca generalizado producido por las precuelas rodadas por el mismo Lucas, Kathleen Kennedy, presidenta de la productora desde 2012, solicitó los servicios del también productor, guionista y director J.J. Abrams, que venía de insuflar nueva vida a la otra franquicia galáctica, Star Trek. Con la ayuda de Lawrence Kasdan, viejo conocido de la saga, y Michael Arndt (Toy Story 3) el autor de Super 8 diseñó Star Wars Episodio VII: El Despertar de la Fuerza, un efectivo largometraje con muchos, puede que demasiados, puntos en común con Star Wars Episodio IV: Una Nueva Esperanza que a pesar de su conservadora conceptualidad funcionó a las mil maravillas arrasando en taquilla y agradando notablemente a la crítica.




Dos años más tarde, ya en 2017, Kathleen Kennedy y sus colaboradores dieron una vuelta de tuerca a la recién estrenada trilogía, como si quisieran acallar las voces de los que afirmaron que El Despertar de la Fuerza había sido más de lo mismo, y destituyeron a J.J. Abrams en favor de Rian Johnson, cineasta iniciado en el cine independiente con films como Brick y que poco antes había facturado una potente muestra de ciencia ficción titulada Looper protagonizada por Joseph Gordon Levitt y Bruce Willis. El autor de Puñales Por la Espalda (Knives Out) llegó para ofrecer una visión rompedora y controvertida no sólo de la nueva trilogía, sino también del lore adscrito a dicho microcosmos. Star Wars Epsodio VIII: Los Últimos Jedi se convirtió en una de las entregas más polémicas de la franquicia dividiendo al fandom entre furibundos detractores y apasionados seguidores.




Es más que probable que la polvareda levantada por el film escrito y dirigido por Rian Johnson fuera el catalizador de la recuperación de J.J. Abrams para cerrar la trilogía intentando contentar a aquellos que salieron airados de la proyección de Los Últimos Jedi y es ahí donde una propuesta como Star Wars Episodio IX El Ascenso de Skywalker comienza a edificarse sobre unos inadecuados cimientos a los que remitiremos un poco más tarde. J.J. Abrams volvía para ponerse a los mandos de la nave y al guión le acompañaba Chirs Terrio (Argo, Batman v. Superman: El Amanecer de a Justicia) sobre un argumento escrito por ellos mismos con la ayuda de Colin Trevorrow y Derek Connolly. En el reparto repetían los habituales Daisy Ridley, Adam Driver, Oscar Isaac, John Boyega, Joonas Suotamo o la fallecida Carrie Fisher, resucitada por obra y gracia del CGI.




Con Star Wars Episodio IX: El Ascenso de Skywalker sucede algo inaudito y es que el famoso y tradicional texto introductorio que contextualiza espaciotemporalmente el argumento de la película que vamos a ver ya da muestras de la inoperancia manifiesta del guión. La inexplicable, innecesaria e ilógica aparición de Palpatine no tiene ningún sentido y denota una alarmante intencionalidad por satisfacer a los fans molestos con el anterior film inyectándoles en vena inusitadas dosis de fanservice gratuito. Esta primera concesión de cara a la galería será la que bascule y vertebre la trama del largometraje con una reprobable y vergonzosa obsesión por contentar a todo el mundo, algo no sólo imposible de conseguir, sino un error garrafal que menoscaba cualquier posicionamiento de inquietud artística por parte de sus máximos responsables.




El ritmo vertiginoso, en el que no se da un respiro al espectador viéndose este asediado por escenas de acción a gran escala y pasajes dramáticos de notable trascendencia para los personajes principales, no consigue eludir que el guión esta construido a base de aleatoriedades casi insostenibles en las que una serie de McGuffins impulsan una trama que sale adelante por medio de la visceralidad y la conexión emocional con el espectador conocedor del microcosmos creado en su origen por George Lucas y no por una cohesión narrativa que ofrezca una solidez estructural al relato. Para un servidor es un hecho que el libreto de Star Wars Episodio IX: El Ascenso de Skywalker necesitaba una revisión a fondo antes de haberle dado el visto bueno y no sólo por las carencias mencionadas, sino también por la ya mencionada idea de satisfacer a todo el mundo, una entelequia inalcanzable en sí misma.




Casi todas las consecuencias resultantes del rupturismo y descreimiento adscritos a la mirada de Rian Johnson en Los Últimos Jedi son obviadas, revertidas o aceptadas de mala gana por parte de un J.J. Abrams, no sabemos si volviendo a las raíces de lo que iba a ser la trilogía cuando él se encargaba de ella o con la insidiosa idea de deshacer todo lo elaborado por aquel que ocupó su puesto detrás de las cámaras. Independientemente de si se trata de una u otra cosa El Ascenso de Skywalker apela de manera pueril y cuestionable a la nostalgia, a la referencia en sesión continua y a dar en bandeja de plata al fan todo aquello que echó en falta en el anterior episodio, abriendo así un peligroso camino dentro del cine comercial en el que en un futuro posiblemente se dé más importancia a lo que digan en redes sociales los seguidores de tal o cual producto antes que a lo planificado por productores, guionistas y directores.




Pero si hay un apartado en el que no se puede poner una sóla queja a Star Wars Episodio IX: El Ascenso de Skywalker en general y a J.J. Abrams en particular es en el técnico. La última entrega de La Guerra de las Galaxias es una space opera a escala descomunal con pasajes brillantes desde una perspectiva estilística y visual. En este aspecto el director de Misión Imposible 3 o Stark Trek: En La Oscuridad despliega todo su talento como artesano al servicio de Hollywood. Batallas intergalácticas con cientos de naves implicadas, persecuciones por tierra mar y aire o combates con sable láser perfectamente coreografiados. Podemos afirmar que esta mezcla de épica desencadenada y crepuscularidad de fin de ciclo están ahí para tapar las ya citadas carencias del guión, pero lo cierto es que se agradece que al menos en la realización Disney y Lucasfilm lo hayan dado todo.




En cuanto al trabajo de los actores es de recibo mencionar que J.J. Abrams y sus colaboradores son conscientes de que Rey y Kylo Ren son los dos roles capitales tanto de esta última entrega como de toda la trilogía y en ellos depositan todo el poso dramático y emocional. Por descontado Daisy Ridley y Adam Driver exprimen hasta el límite los últimos minutos de metraje que comparten juntos y la química que ya se vislumbraba en el Despertar de la Fuerza y se desarrollaba adecuadamente en Los Últimos Jedi encuentra en El Ascenso de os Skywalker una muy digna catarsis que sólo se ve ensombrecida por un mínimo detalle innecesario que cae en lo tópico y previsible. Para el que suscribe ambos intérpretes y personajes están entre lo mejor adscrito al universo Star Wars por bien tratados y perfilados aunque no se les ofrezca aquí la mejor de las conclusiones a ambos dos.




En lo referido a los secundarios volvemos sobre nuestros pasos para seguir hablando de la polémica con la toxicidad de cierto sector del fandom adherido a Star Wars. Partiendo de que a excepción de Kylo Ren y Rey todos los demás personajes han quedado reducidos a sidekicks llama la atención que tanto a Poe como a Finn les aparezcan interesas amorosos del sexo opuesto para acallar las voces que hablaban de una posible relación homosexual entre ambos. Más lejos se llega con el personaje de Rose Tico, de gran relevancia en Los Últimos Jedi y reducido aquí a dos escenas. Después de haber recibido Kelly Marie Tran amenazas de racistas y misóginos obligándola a abandonar sus redes sociales es un fallo monumental que Disney agache la cabeza y dé de lado a una actriz que hizo bien el trabajo que le fue encomendado. En esta caso trascendemos el tema sobre si un personaje nos gusta o no, porque nos referimos en la vida personal de una actriz a la que se agravió y a la que sus superiores deberían haber dado todo su apoyo.




Contrariamente a lo que pueda parecer por esta reseña disfruté notablemente con el visionado de Star Wars Episodio IX: El Ascenso de Skywalker. Pero siendo un moderado fan de la saga creada por George Lucas y un espectador con cierto nivel de objetividad y raciocinio no podía pasar por alto las carencias de un producto con tanta relevancia como el presente. A pesar de ello no fueron pocos los momentos en los que me emocioné viendo esta última entrega de La Guerra de las Galaxias, porque he conectado con varios de sus personajes y soy afín a bastante de lo planteado y desarrollado en esta nueva trilogía que estando a años luz de la clásica, como es lógico, también me parece muy superior, en cualquier aspecto, a la que nos narró las precuelas de este universo al que, para bien o para al, y aunque ahora parece que va a tomarse un descanso en pantalla grande, todavía le queda mucho por contarnos sobre aquello que sucedió hace mucho tiempo, en una galaxia muy, muy lejana.



miércoles, 8 de enero de 2020

Transgresión Continua Express 2019 - Diciembre II



Campeones (Javier Fesser, 2018) - La naturalidad de todo el reparto y la ternura típica de las producciones de Javier Fesser y Películas Pendleton hacen que Campeones funcione a pesar de algunos obstáculos como su convencionalismo y cierta tendencia hacia lo lacrimógeno.





Watchmen (Damon Lindelof, 2019) Abordado como un elseworld en el que Damon Lindelof imagina una secuela del cómic, Watchmen es un producto casi impecable en lo visual y narrativo con dos episodios, 6 y 8, entre lo mejor visto este 2019. Por desgracia no consigo conectar al 100% con su muy valiente propuesta.




Mujercitas (Greta Gerwig, 2019) - La versión de Mujercitas de Greta Gerwig abandona la zona de confort de otras adaptaciones de la novela de Louisa May Alcott haciendo uso de una inteligente narrativa, dando importancia a la metatextualidad con respecto a la palabra escrita y apoyándose en un soberbio reparto.




Cronos (Guillermo del Toro, 1993) - El debut de Guillermo del Toro es un oscuro cuento de hadas en el que colisionan el Luis Buñuel mexicano y el David Cronenberg neocárnico de sus primeros trabajos para reformular el mito del vampirismo. Impresionante trabajo de Federico Luppi.




Gallipoli (Peter Weir, 1981) -  Peter Weir rueda su Senderos de Gloria narrando la infame batalla de Gallipoli durante la Primera Guerra Mundial. Impecable en todos sus apartados y con un dúo actoral brillante me cuesta implicarme con la desgarradora historia de estos dos amigos.





Lords of Chaos (Jonas Åkerlund, 2018) - Recreación de los disparatados hechos relacionados con las bandas de black metal noruego Mayhem y Burzum. El sueco Jonas Åkerlund deja de lado su irritante estilo videoclipero y aborda la historia con una crudeza y distanciamiento encomiables.





Nación Salvaje (Sam Levinson, 2018) -Aunque reflexiona sobre temas interesantes como el feminismo, la misoginia, la hipocresía y el poder de las redes sociales en los Estados Unidos de Donald Trump a Sam Levinson le falta ironía para conjurar una verdadera sátira del hoy y el ahora.





Dragged Across Concrete (S. Craig Zahler, 2018) - Thriller policiaco con reminiscencias noir potenciado por una rocosa puesta en escena y un gran trabajo de Mel Gibson y Vince Vaughn. Su fallo, el habitual en los films de S. Craig Zahler, el innecesario exceso de metraje.





Pesadillas 2: Noche de Halloween (Ari Sandel, 2018) - Planteada como un mix entre The Monster Squad, Child's Play y Gremlins esta simpática secuela de Pesadillas (Rob Letterman, 2015) se mantiene fiel al espíritu de R.L. Stine ofreciendo diversión ligera para todos los públicos.



El Cliente (Joel Schumacher, 1994) - Rudimentario y procedimental thriller basado en la novela de John Grisham. A destacar el buen hacer de Joel Schumacher detrás de las cámaras y el solvente reparto encabezado por unos impecables Susan Sarandon y Tommy Lee Jones.

sábado, 4 de enero de 2020

Transgresión Continua Express 2019 - Diciembre I



Sheitan (Kim Chapiron, 2006) - Con dos actos en los que no sucede casi nada y un último que no está a la altura este sucedáneo cómico de La Matanza de Texas o Las Colinas Tienen Ojos, con un look visual a lo Jean-Pierre Jeunet, sólo tiene como interés a un desatado Vincent Cassel.




Brácula: Condemor II (Álvaro Sáenz de Heredia, 1997) - Más allá de cualquier lectura irónica el segundo film protagonizado por el cómico Chiquito de la Calzada es incluso peor que el anterior. Cine rancio y carpetovetónico que ni la icónica verborrea del protagonista puede salvar




Bitelchús (Tim Burton, 1988) - Consolidación del discurso de Tim Burton mediante una brillante propuesta todavía hoy genuina y fresca en la que la celebración de la diferencia o una estética en la que conviven lo gótico y el cartoon regalan al espectador una experiencia única.




Frozen II (Chris Buck, Jennifer Lee, 2019) - Continuista con respecto a la anterior entrega, a la que emula en casi todos los aspectos, Frozen II brilla en cuanto a animación y el carisma de sus personajes. Pero peca de simplista en lo argumental y de timidez a la hora de extender el microcosmos ficcional al que se adhiere.




Historia de Un Matrimonio (Noah Baumbach, 2019) - En un punto en el que confluyen John Cassavetes e Ingmar Bergman Historia de Un Matrimonio captura con su amor por los pequeños detalles los complejos vericuetos de las relaciones de pareja. Adam Driver y Scarlett Johansson ofrecen los mejores papeles de sus respectivas carreras.



Parásitos (Bong Joon-ho, 2019) - La pobreza como un olor indescifrable para el acomodado, la riqueza como una entelequia inalcanzable para el desfavorecido. Parásitos habla con cortante visceralidad sobre la diferencia de clases mezclando el thriller con la ópera bufa y la tragedia griega. Bong Joon-ho al 100%.




6 en la Sombra (Michael Bay, 2019) - Al desvanecerse los prometedores 20 minutos iniciales de 6 Underground  Michael Bay es incapaz de encontrar el equilibrio entre acción y comedia. Ni Ryan Reynolds o los guionistas Rhett Reese y Paul Wernick (Deadpool) pueden salvar el film de la mediocridad y el caos argumental.




La Boda de Mi Mejor Amiga (Paul Feig, 2011) - Acertada revisión del cine de despedidas de solteras y bodas en el que Kristen Wiig, Annie Mumolo y Paul Feig eluden molestos lugares comunes propios del subgénero mientras el reparto de magníficas actrices devora cada encuadre.




The Movies That Made Us (Brian Volk-Weiss, 2019) - The Movies That Made Us sigue los patrones estructurales y narrativos de su hermana mayor, The Toys That Made Us. El resultado es una acertada mirada entre mitificadora e irónica sobre clásicos cinematográficos de los 80 como Ghostbusters, Die Hard, Home Alone o Dirty Dancing.




La Llorona (Michael Chaves, 2019) - The Curse of La Llorona es el spin off menos estimable del "warrenverso" y una visión que despoja de casi todo su folklore a la protagonista. Destacable puesta en escena de Michael Chaves, muy por encima del proyecto, y la labor de Linda Cardellini, la única que se cree su papel.




3 From Hell (Rob Zombie, 2019) - Rob Zombie vuelve a la saga que le dio la fama con 3 From Hell. Acomodaticio ejercicio de redundancia facturado por un autor en horas bajas abordando una  tercera entrega de las correrías homicidas de los Firefly que debieron haber terminado a ritmo de Lynyrd Skynyrd en 2005.




Puñales Por la Espalda (Rian Johnson, 2019) - Con  Knives Out Rian Johnson construye un Cluedo viviente tocado por el don de la brillantez gracias a un guión igenioso al que no se le escapa un sólo detalle. Impecable reparto en el que destaca una Ana de Armas inmensa encontrando por fin su merecido hueco en Hollywod.


jueves, 2 de enero de 2020

Adiós



Título Original Adiós (2019)
Director Paco Cabezas
Guión Carmen Jiménez, José Rodríguez, Paco Cabezas
Reparto Mario Casas, Natalia de Molina, Ruth Díaz, Carlos Bardem, Vicente Romero, Mona Martínez, Pepa Aniorte, Sebastián Haro, Paulina Fenoy, Mauricio Morales, Pablo Gómez-Pando, Salva Reina





Seguramente el cineasta sevillano Paco Cabezas no sabía que su segundo largometraje, Carne de Neón, iba a suponer el prematuro punto de inflexión en su carrera. Aquella ruda y entrañable cinta protagonizada por Mario Casas, Ángela Molina, Macarena Gómez, Antonio de la Torre, Vicente Romero o Blanca Suárez, inspirada en el cortometraje homónimo rodado por el mismo director años antes, llamó la atención en el panorama internacional lo suficiente como para que el gran Nicolas Cage pusiera sus ojos en el máximo responsable del film para encargarse de la realización de uno de los muchos proyectos que el actor protagoniza al año. Tokarev destacaba entre el pozo de mediocridad y decadencia que suponían las últimas producciones del ganador del Oscar por Leaving Las Vegas gracias a la destacable labor de Cabezas detrás de las cámaras.




Dicho largometraje abrió a Cabezas las puertas de Hollywood y después de su segundo trabajo para la pantalla grande, Mr. Right, peculiar comedia romántica protagonizada por Sam Rockwell y Anna Kendrick, fueron la ficción televisiva y las plataformas digitales las que lo acogieron en su seno. Desde 2016 podemos encontrar al sevillano acreditado en labores de dirección en productos tan destacados como American Gods, Penny Dreadful, El Alienista, Deadly Class, Fear the Walking Dead o Dirk Gently, entre otros. Contra todo pronóstico moverse entre series de primera línea en la meca del cine mientras se ponen a su servicio actores de renombre como Ian McShane, Eva Green, Daniel Bruhl o Elijah Wood no es algo que a Cabezas se le haya subido a la cabeza, mostrándose siempre con los pies en la tierra y tan humilde o cercano como en sus inicios.




Es muy posible que sea esa sencillez la que incitó a Cabezas a abandonar momentaneamente su exitoso trayecto en Estados Unidos y aunar fuerzas con Enrique López Lavigne, artífice detrás de la productora Apache Films, para rodar su cuarto largo en España. Con Adiós Cabezas no sólo vuelve a su país de origen, sino también a su Sevilla natal localizando la trama en el famoso barrio de las 3000 Viviendas contando la historia de un matrimonio, interpretado por Mario Casas y Natalia de Molina, que el día de la comunión de su hija pequeña se ven implicados en un trágico hecho que supondrá el inicio de una serie de catastróficas desdichas en el que la violencia, el narcotráfico, la venganza y las fuerzas de la ley se verán implicadas convirtiendo la zona en un polvorín apunto de estallar.




Adiós es el proyecto más personal de Paco Cabezas. Un western con reminiscencias lorquianas en el que conviven Enrique Urbizu y Carlos Saura con Sergio Leone o Sam Packinpah. El sevillano apela a su puesta en escena habitual llena de vigor y crudeza mientras insufla al relato, escrito por él mismo junto a Carmen Jiménez y José Rodríguez, un lirismo vasculante entre el dolor y la fatalidad al compás de un flamenco arrancado de las entrañas. Los lazos sanguíneos y fraternales, la inevitabilidad de la tragedia y el desarraigo como señas de identidad de unos personajes llevados al extremo permiten a Paco Cabezas desplegar todas las posibilidades dramáticas ofrecidas por lo que en manos de un cineasta menos talentoso y entregado a la causa hubiera desembocado en la enésima cinta sobre un ex delincuente viéndose arrastrado de nuevo a los viejos hábitos por una vendetta personal.




Se nota que Cabezas conoce de primera mano el terreno en el que se mueve. Esas 3000 Viviendas en las que los ciudadanos tienen que convivir día a día con la violencia y el crimen es capturada por el objetivo de su cámara con un cortante y seco realismo a pie de calle, mostrando la cara oculta de esa Sevilla que poco tiene que ver con el folclore propio de la capital andaluza adherido a pasos de semana santa, casetas de feria o señoritos adinerados. En Adiós sólo quedan el orgullo y los estrictos códigos de honor de clanes manteniendo una exigua tregua apunto de saltar por los aires creando una atmósfera de continua amenaza que a un servidor no le es ajena por haber crecido, y seguir viviendo, en una ciudad en la que hechos como los mostrados en el film se suceden en algunas de las zonas más desfavorecidas donde el desamparo y la carestía sitúan la ilegalidad como uno de los pocos medios de supervivencia.




Si en Carne de Neón Cabezas demostró sobrada soltura para amalgamar secuencias de acción poderosas con un tono de comedia tierno y con corazón en Adiós hace lo propio, pero mejorando notablemente el resultado y en esta ocasión mezclando el tono de thriller policíaco y urbano con el drama. Mientras hace acto de presencia el enorme talento del sevillano para facturar pasajes en los que impera la violencia explícita no menos acertado es su medido y nada obvio retrato sobre el dolor y la pérdida dentro de un núcleo familiar. El in crescendo de intensidad dramática en el que se adentra Adiós en su último acto culmina con dos secuencias que están entre lo mejor visto en celuloide patrio este 2019 y son esa madre haciendo lo indecible por sus hijos, el clímax final en el edificio abandonado y el precioso epílogo que cierra la obra.




Hablar de Adiós es hacerlo de uno de los mejores y más compactos repartos que ha ofrecido el cine español en mucho tiempo. Hablar del reparto de Adiós es hacerlo del actor que lo encabeza y ese es Mario Casas. Todavía resuenan en este blog mis palabras de rechazo por esa aberración titulada 3 Metros Sobre el Cielo, película por la que siento un especial y genuino odio. Pero también dejé constancia en las reseñas de Grupo 7, Las Brujas de Zugarramurdi, Mi Gran Noche, El Bar o la citada Carne de Neón que el gallego es capaz de ofrecer trabajos meritorios alejados de los que le dieron popularidad. Casas ejecuta en Adiós el mejor papel de su carrera, una composición repleta de matices, fuerza y saber estar que eclosiona en el ya referenciado clímax final con algunos instantes que a un servidor le reconcilian definitivamente con el protagonista de La Mula o El Fotógrafo de Mauthausen.




A Mario Casas le da la réplica una de las mejores actrices jóvenes del momento, Natalia de Molina. Mi paisana linarense acomete con las tablas de una veterana de la interpretación un papel difícil, sobre el que recaen las escenas de calado dramático más destacadas de Adiós con la doble ganadora del Goya brillando en todo momento. A los dos actores principales se suman secundarios como Vicente Romero o Mauricio Morales dentro de la familia Santos y Carlos Bardem, Sebastián Haro o Ruth Diaz como los policías que investigan el caso que da inicio a la trama ofreciendo todos ellos una labor sobresaliente. Pero si hay un personaje que devora el encuadre cada vez que la cámara de Paco Cabezas repara en su presencia es Mona Martínez como María Santos, interpretando un papel desgarrador y fiero como arrancado de las páginas de Bodas de Sangre o La Casa de Bernarda Alba. Una hazaña lo de la actriz malagueña que corona un casting de lujo.




Adiós es la obra de madurez de un director que después de hacerse un nombre en el mundo del cortometraje debutó en el largo con un producto humilde como Aparecidos que en cierta manera ya aventuraba un futuro internacional en el que se movería entre su país y esos Estados Unidos que le recibieron con los brazos abiertos después de que Ricky decidiera regalarle un prostíbulo a Pura, su madre ex convicta. Aunque dentro de poco volveremos a verlo en Hollywood en el nuevo spin off de Penny Dreadful, así como escribiendo y dirigiendo su nueva película, A Cat in a Box, un servidor sólo puede tener palabras de agradecimiento para Paco Cabezas por haber vuelto a su tierra, que es también la mía, para demostrar que el éxito y el haberse convertido en un artesano dentro del epicentro del cine a nivel mundial no le ha hecho olvidar de donde viene y las que serán siempre sus raíces.