jueves, 9 de junio de 2011

Alucarda, satanico pandemonium



Título Original: Alucarda (1977)
Director: Juan López Moctezuma
Guión: Alexis Arroyo, Tita Arroyo y Juan López Moctezuma basado en la novela de Sheridan le Fanu
Actores: Claudio Brook, David Silva, Tina Romero, Susana Kamini, Lili Garza, Tina French, Birgitta Sergerskog, Adriana Roel




Extraña, bizarra, interesante y bastante maltratada en algunos sectores tercera obra del director mexicano Juan López Moctezuma basada libremente en la novela Carmilla del escritor irlandés Sheridan le Fanou que ya fue adaptada al celuloide previamente en varias ocasiones, la más destacada a manos de Carl Theodor Dreyer con su mítica Vampyr . El film, con producción internacional y estrenado en 1977 se convirtió en una obra de culto, dentro del cine de terror azteca, que a día de hoy tiene tantos seguidores como detractores.




Una chica acaba de llegar a un extraño monasterio, allí estando interna conocerá a una misteriosa y fascinante muchacha llamada Alucarda con la que creará un atípico y peligroso vínculo, ya que la chica guarda un oscuro secreto, una maldición que recayó sobre ella desde su mismo nacimiento. Este punto de partida le sirve a Moctezuma para hilvanar un relato de tintes góticos y barrocos con trasfondo onírico que se mueve por distintos caminos y que plantea diferentes y ambiguas ideas dentro de su argumento central.




Moctezuma se mete en terrenos pantanosos para la época en el cine de su país. Tocando temas como la religión desde un punto de vista oscurantista y tenebroso (esos terribles cristos crucificados grabados en las rocas, esos hábitos de las monjas con sangrientos tonos rojizos, esas sesiones de fustigamiento dignas de un aquelarre salido de una de las pinturas negras de Goya) con una visión mórbida de la parafernialia eclsesiástica y por otro lado insuflando una delectación enfermiza acerca del satanismo con escenas lisérgicas que bordean la lascivia y la homosexualidad, dignas del Marqués de Sade (no por casualidad el personaje de la co protagonista se llama Justine).




A pesar de que la cinta es lo suficientemente extraña y atípica de por sí, es inevitable no pensar en la delectación por los rituales cristianos típicos del discurso buñueliano (la presencia del Claudio Brook acentúa esta teoría) y a la estética irreal de un Ken Rusell pasado por un filtro hispanizado y más terrenal, pero sobre al espectador le vienen a la memoria todas aquellas cintas sobre jóvenes confinadas en edificios de toda índole rematadas con memorable mediocridad por nuestro Jesús Franco. También es un hecho que la obra que nos ocupa tendría influencia, directa o no, en productos tan dispares (pero radicales en su fondo o forma) como Hellraiser de Clive Barker o La Posesión de Andrejz Zulawski.




Moctezuma aprovecha la escasez de medios para solapar con imaginación las carencias de la producción, haciendo un uso magnífico de los efectos de sonido (que dan una atmósfera diabólica a ciertas escenas) la entrega de su reparto, encabezado por un Tina Romero de mirada abrasadora, o los modestos pero certeros y muy brutos apuntes de inesperado gore que recrudecen el tono blasfemo de la historia que recorre todo el metraje hasta ese caótico final que desmerece un poco el conjunto pero que no lo debilita en demasía.




Alucarda es una atractiva y lacerante piedra afilada de color rojo y negro. Un producto ambiguo (¿es más retorcida la iglesia de Dios o la de Satán?) y provocativo para su época, que con el paso de los años recibe cada vez más reconocimiento. Es excesiva, epidérmica, oscura y con un tono de ensoñación bífida que hunde sus raíces en el lado más oscuro del folclore y la tradición autóctona azteca, siempre relacionada con la muerte, lo desconocido y lo extraño.



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