sábado, 1 de marzo de 2014

La Montaña Sagrada, el alquimista, el ladrón, su mujer y otras cosas de meter



Título Original The Holy Mountain (1973)
Director Alejandro Jodorowsky
Guión Alejandro Jodorowsky
Actores Alejandro Jodorowsky, Horacio Salinas, Ramona Saunders, Juan Ferrara, Adriana Page, Burt Kleiner, Valerie Jodorowsky, Nicky Nichols, Richard Rutowsky, Luis Lomelí, Ana de Sade






Comentando algunas de sus películas he mencionado en este blog que el multifacético autor chileno Alejandro Jodorowsky (cine, teatro, cómics, libros) me cae en gracia. Varios de sus films, guiones para el mundo de las viñetas o libros me gustan y disfruto con sus aires de abuelo vitalista y pasado de rosca que destila en sus estrambóticas entrevistas. Ya de su faceta de psicomago paso más porque todo lo que plantea con ella me parece una patraña de campeonato. De su no muy extensa carrera como cineasta siempre ha destacado entre sus seguidores La Montaña Sagrada y un servidor con la intención de abarcar toda su obra como director decidió verla hace unos días. Lo que la película me transmitió en su primer visionado no puede alejarse mucho de los términos como indignación o vergüenza.




The Holy Mountain narra cómo un grupo de seres superiores procedentes de todos y cada uno de los planetas del sistema solar comandados por un alquimista (interpretado por el mismo guionista y director) emprenden un largo viaje a la Isla de Loto para subir la Montaña Sagrada que allí se encuentra y así conseguir la inmortalidad. En el largometraje se desarrollan todas las señas de identidad cinematográficas de Alejandro Jodorowsky al máximo exponente. Las influencias de Luis Buñuel y Federico Fellini, el uso del tarot como representación del presente y no como predicción del futuro, chamanismo, pureza siendo corrompida por la realidad, ambigüedad sexual, un viaje físico e interior a un estado mental del todo inalcanzable, fuerzas políticas y de la ley dictatoriales sometiendo al pueblo, así como una visión crítica de los fundamentalismos religiosos y el uso de iconos teológicos como productos de consumo.




El problema nace cuando el director de Santa Sangre decide exponer todo esto en pantalla de manera arbitraria, sin sentido, alejándose de cualquier tipo de lógica, en resumidas cuentas y hablando en plata: Como le sale de los cojones. Por mucho que (como bien reza Wikipedia) La Montaña Sagrada sea "el único largometraje de ficción cuyo argumento está basado en el eneagrama de la personalidad, ideado a partir del sufismo por Georges Gurdjieff, y desarrollado por el boliviano Óscar Ichazo y el chileno Claudio Naranjo" la sensación de que lo que Alejandro Jodorowsky se está marcando es una broma cósmica con la que reírse del espectador en plena cara nace cuando empieza la presentación de los seres superiores (pasaje que mencionaré más adelante porque es el que mata la película que en su primera media hora no pinta nada mal) y a partir de ahí hasta el infinito y más allá.




La concatenación de disparates se hace con el metraje desde su arranque. Pero como ya mencionado durante sus primeros 30 minutos hay cierto interés por las andanzas del personaje del Ladrón que es un émulo de Jesucristo. Durante esa parte de la historia la simbología propia de la impronta del chileno tiene cierta lógica (criticar todos los poderes fácticos de la sociedad) y su inteligente y esteticista puesta en escena regala pasajes de un extraño poder hipnótico (como el ritual que abre el film con las dos mujeres, la llegada del Ladrón a la torre donde habita el Alquimista o la peculiar recreación de la conquista de América) e imágenes incómodas, explícitas y en ocasiones hasta escatológicas, pero no muy alejadas de momentos que no hayamos visto en obras pretéritas del cineasta como El Topo (génesis y origen de la cinta que nos ocupa, pero muy superior y considerablemente más interesante que esta) o Fando y Lis.






Pero cuando el personaje del Ladrón ha sido adiestrado por el Alquimista y este último le enseña al primero la procedencia y el "oficio" de cada uno de los seres superiores la cinta se estanca brutalmente durante más de media hora y el poco ortodoxo desarrollo de la trama que venía realizando el director y guionista muere en vida. Un pasaje como este, que podía haber sido despachado en pocos minutos con el rol interpretado por Jodorowsky dando el nombre, el trabajo y el planeta de origen de cada uno de los actores secundarios, se convierte en un desfile de momentos estrambóticos, alargados y vacuamente surrealistas que si bien en ocasiones nos ofrecen interesantes disertaciones sobre materialismo, guerra (las armas diseñadas con la moda rockera o personalizadas para pertenecer a cada una de las religiones más importantes tiene su mérito por lo osado de su planteamiento y resolución estética) incomunicación o pedofilia situaciones como la de la máquina del amor que tras ser fecundada da a luz a otra máquina más pequeña que llora como un bebé incitan a la más sonrojante de las vergüenzas ajenas.




Todo aquel que lleve un tiempo leyéndome en este blog sabrá que no soy un espectador prejuicioso, ni una persona corta de miras y que en cambio sí puedo presumir de tener un gusto cinematográfico ecléctico siendo capaz de ver casi todo tipo de cine sea del pelaje que sea. Tampoco se me podría acusar de que con una película como La Montaña Sagrada "no me he enterado de nada" porque más o menos conozco el universo fílmico de Alejandro Jodorowsky. Es más, mientras escribo estas líneas estoy escuchando la magnífica banda sonora de la cinta para ponerme en situación. Incluso en un alarde de interés por quitarme el mal sabor de boca que me produjo hace unos días el primer visionado del largometraje hace poco lo revisioné con el audiocomentario del autor desgranándolo paso a paso para así comprender de primera mano y en la medida de lo posible cuales eran sus intenciones tanto artísticas como personales para llevarlo a cabo.




Es cierto que chileno explica casi plano por plano toda la película, que descifra la simbología interna del proyecto y que sabe dar respuesta a la mayoría de escenas surrealistas, herméticas, alegóricas o místicas que pueblan su tercera obra detrás de las cámaras ofreciendo así una lectura más coherente de las secuencias, pero sólo de manera aislada. Porque el problema principal es que el autor de El Incal no argumenta en ningún momento por qué mezcla todas esas influencias que tanto le apasionan en un sólo todo. No nos expone de manera clara qué tiene que tienen que ver los movimientos del ritual del té japonés que abren el film con el uso que da de los chacras en la escena en la que amputan el tumor del pasado del personaje del Ladrón o el porqué de la convivencia de momentos como en el que el excremento del ya mencionado personaje se convierte por medio de otra experiencia ritualística en oro con la presencia de los chamanes aztecas que pueblan la recta final del film que tiene lugar en la Isla de Loto.




Al espectador le queda la sensación de que Alejandro Jodorowsky pensó en todas las cosas que le gustan relacionadas con esoterismo, espritualidad, política, sexo o religión y las mezcló en una ininteligible (al menos en conjunto) macedonia de situaciones y acciones del todo inconexas que para colmo se van volviendo cada vez más plomizas y reiterativas. Cierto es que oyendo el audicomentario uno descubre muchas cosas sobre la gestación alocada de la película, como que los desconocidos actores eran fans de nuestro gurú particular que querían vivir una "experiencia espiritual" y que abordaron la recta final de la obra (rodada cronológicamente) puestos hasta el culo de hongos alucinógenos y dejándose llevar por lo que experimentaban gracias a los psicotrópicos o por otro lado la negativa de George Harrison (al igual que John Lennon devoto fan de la película El Topo) a interpretar el papel del Ladrón porque se le tenía que ver el ano en primer plano mientras la asistente del Alquimista se lo lavaba en una toma de pocos segundos.




Finalmente cuando el castigado y pobre espectador llega al clímax con el que culminan las larguísimas dos horas de metraje de la película Alejandro Jodorowsky le guarda una última bofetada en pleno rostro (que previamente en un momento dado se ría mirando directamente a la cámara no presagia nada bueno) que sirve de golpe de gracia para rematar nuestras esperanzas. Ese plano final con zoom, esa "ruptura de la cuarta pared" esa "metareferencia cinematográfica" es vendida por el co creador del Teatro Pánico como un cierre anticlimático y anticomercial totalmente buscado, apelando a que como cineasta no quiere terminar su película dándole al espectador lo que quiere como harían las típicas cintas comerciales americanas que tanto odia.




En cambio un servidor las dos veces que se ha metido entre pecho y espalda esa última declaración de principios tanto artísticos como existenciales no ha sentido otra cosa que no sea que el guionista de La Casta de los Metabarones me ha escupido en pleno rostro para después carcajaerse de mi persona y que al no tener ni puta idea de cómo acabar su obra ha decidido traicionarse a sí mismo, a lo que representa como autor y a todo lo que había planteado a lo largo del metraje para dar forma a una broma que sólo parece hacerle gracia a él. Y yo me he reído mucho con Jodorowsky en varias ocasiones, pero esta vez el chiste es malo de cojones. Que hasta los mismos actores se enfadaran con él por esa conclusión de la historia indica que un servidor no anda muy desencaminado a la hora de tildar ese pasaje en particular y la película en general de patraña brutal y sonrojante.




Según su creador The Holy Mountain fue creada como una experiencia sensorial, como una película que cambiara la mirada del espectador, que le hiciera vivir un viaje psicotrópico sin la necesidad de tomar sustancias estupefacientes y puede que con LSD mediante la obra se disfrute más, porque puedo afirmar que los dos gin tonics que llevaba un servidor en su cuerpo cuando la vio la primera vez no fueron suficientes para no caer en la desidia que transmite cuando su primer cuarto de metraje termina y empieza la hecatombe. En otro orden de cosas es curioso como un autor que incide tanto en esta obra sobre que hay que despojarse del ego para llegar a al realización personal sea, de manera paradójica, tan egocéntrico y tan amante del ombliguismo. Pero bueno, eso es algo que al que suscribe ni molesta, ni pilla de sorpresa, que ya sabemos de que pie cojea el padre de Brontis Jodorowsky.




Lo que no voy a negarle al amigo Alejandro es el mérito de convencer a Allen Klein (manager de los Beatles) para que pusiera dinero en este marcianada de proyecto, que sacara adelante la producción en México aún habiendo recibido amenazas de muerte (tanto él como su familia) hasta por parte del gobierno de aquel país y que haya engañado a sus seguidores más acérrimos para convencerlos de que la tilden como su obra cumbre como autor (Nicolas Winding Refn bebe los vientos por ella y Marilyn Manson ha homenajeado escenas de la misma en decenas de sus videoclips) y una cinta de culto del cine de los años 70. Mis pensamientos en cambio se mueven entre el enfado y la sorna porque este chileno pirado me la ha dado con queso con esta montaña que no está hecha de santidad precisamente, sino de ese excremento corporal del Ladrón que el Alquimista convierte en oro en uno de los ya mencionados momentos cumbre de la película.



3 comentarios:

  1. si me vi la pelicula y la considero una de las mas enfermas y surreales q alla visto, asta la idea de ese efecto del LSD te quita la idea de drogarte alguna vez, en si no es una mala peli pero creo q el mensaje muestra en si de forma muy negativas por no decir las cantiades de referencias chamanistas q la verdad uno queda sin entender por ejemplo, en el principio de la peli , cuando jodo esta con dos mujeres pelonas, q simboliza? o las victimas q sus tripas se salian flores, moras, pajaritos o esa grotesca "climax" final donde cada uno de los empresarios tenian imagenes ramdom de toros follando o atacados por leones q representan eso?

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  2. "tienes un monstruo en tu mente, libéralo, te ayudaremos [...] libérate de tus ilusiones."

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  3. Muy muy simbólica a nivel esotérico, reivindicativa del humanismo. Crudisima, velada solo por el entendimiento de cada cual.
    En su contexto, tiene mas de obsceno un anuncio actual de chapu, que el "exhibicionismo" en este film. No es una película de entretenimiento, si no de entendimiento, requiere estudio de las escenas, abordable desde unas bases adquiridas de distintas áreas del saber y en su multiplicidad de perspectivas culturales.

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