jueves, 10 de septiembre de 2015

Joe, en tierra de hombres



Título Original Joe (2013)
Director David Gordon Green
Guión Gary Hawkins basado en la novela de Larry Brown
Actores Nicolas Cage, Tye Sheridan, Ronie Gene Blevins, Gary Poulter, Adriene Mishler, Brian Mays, Aj Wilson McPhaul, Sue Rock, Heather Kafka, Brenda Isaacs Booth




La carrera del cineasta David Gordon Green es muy parecida a la de su compatriota Richard Linklater. Ambos aceptan productos comerciales adscritos a los cánones más o menos preestablecidos en Hollywood para luego financiar proyectos más personales, íntimistas y enriquecedores en el plano artístico. De modo que si no es difícil ver su nombre como director en los créditos de largometrajes como Superfumados (Pineapple Express), El CanguroCaballeros, Princesas y Otras Bestias (Your Highness) seguramente sea para después financiar films más independientes y de autor como Prince AvalancheSeñor Manglehorn, la recién estrenada en el todavía en curso Festival de Venecia Our Brand Is Crisis o esta Joe que nos ocupa, con producción de 2013 y puesta de largo internacional también en el ya mencionado certamen italiano pero de hace dos años.




Pero si hay una personalidad importante que destacar en un proyecto como Joe es la de su protagonista, el tan mítico como inefable Nicolas Cage. En varias entradas hemos comentado que en los casi últimos diez años el sobrino de Francis Ford Coppola elige prácticamente cualquier guión que le ofrecen para pagar esas incontables deudas contraídas por "vivir por encima de sus posibilidades". Evidentemente por mucha basura en la que se involucre el protagonista de Cara a Cara o Con Air al ritmo de tres o cuatro películas al año por lógica alguna tiene que ser decente como en el caso de Tokarev de Paco Cabezas o bastante buena como la primera entrega de Kick-Ass, adaptación del cómic de Mark Millar y John Romita Jr a manos del británico Matthew Vaughn  o esta Joe que nos ocupa, que se revela, sin ser un dechado de originalidad y virtudes, como lo mejor que ha rodado Cage en los últimos cinco años, como mínimo.




Joe es una muestra prototípica de retrato intimo y desarraigado de la América profunda, una visión melancólica de esos Estados Unidos rurales anclados en el tiempo forjados con violencia, regados con alcohol e hijos de una pobreza económica enraizada en la tierra. La historia, basada en la novela homónima escrita por el novelista Larry Brown, sobre un adolescente con un padre borracho y maltratador que finalmente encuentra en un ex convicto que se dedica al oficio de "envenenar árboles" para una empresa maderera la figura paterna que nunca ha tenido creando con él unos vínculos afectivos desconocidos hasta ese momento para ambos le sirve al director David Gordon Green y al guionista Gary Hawkins para narrar una historia de perdedores y antihéroes alienados en continuo divagar existencial, una desesperanza que pasa de generación en generación y en la que habitan tanto seres justos y honrados como desalmados despreciables y egoistas.




Gordon Green recurre a un naturalismo en fondo y forma que permite a la cinta transmitir veracidad durante sus ajustados 117 minutos de metraje. Lo hace tanto por medio de la iluminación, sobre todo en exteriores, como con el uso de unos secundarios (sobre todo el equipo de trabajo comandado por Joe) que no son actores profesionales, unos protagonistas tocados por el don de la sinceradidad a la hora de abordar sus criaturas o unas localizaciones en la que los árboles cobran importancia capital en la historia. El director de George Washington o Snow Angels no inventa nada que no hayamos visto en clásicos como La Noche del Cazador o Matar a Un Ruiseñor o en obras contemporáneas como Take Shelter o Winter's Bone a la hora de hablar de aquellos parajes agrarios y alejados de las grandes urbes en los que se percibe una violencia latente y subterránea que poco a poco va enseñando sus fauces mostrándose siempre a punto de explotar de manera brutal, pero lo hace con mucho oficio y un magnífico control de los tiempos y los silencios.




Como bien hemos mencionado con anterioridad Nicolas Cage realiza uno de los mejores trabajos de su carrera en Joe. El actor de Adaptation o Leaving Las Vegas hace suyo este hombre justo, cercano, afectivo que trata de adormecer la bestia violenta que anida en su interior (magnífica metáfora la pelea de perros para simbolizar el salvajismo que trata de mantener encerrado en su psique) y que encontrará el hijo que nunca tuvo en Gary, al que da vida un contenido y magnífico Tye Sheridan que da la réplica de manera muy profesional al personaje protagonista convirtiéndose en un reflejo del mismo Joe (que el rol principal "mate árboles débiles para hacer crecer otros más fuertes" sintetiza de manera elegante su relación con el chico) con sus virtudes y defectos, convirtiéndose en su inmediato heredero, con todo lo bueno y malo que ello conlleva.




Pero cuando creemos que este dúo son los pilares sobre los que se sustenta la cinta de David Gordon Green aparece un tipo llamado Gary Poulter interpretando al padre de Gary, un señor que falleció poco después del rodaje del film (el mismo está dedicado a su memoria) y que nunca había participado previamente en obra cinematográfica y se marca el mejor padre borracho, maltratador, asesino y ladrón desde el David Strathaim de Eclipse Total (Dolores Claiborne), un total desconocido que lo hace tan jodidamente bien que en más de una ocasión transmite al espectador la sensación de que no es un actor y debido a ello pudiera estar interpretándose a sí mismo, un ser despreciable e instigador de una violencia vírica y contagiosa que sirve como representación física de todo lo cruel y visceral que hay en ese pueblo lacónico y mortecino.




Aunque no todo son parabienes para Joe, ya que su mayor fallo es un pecado, intencionado o no, que no se puede dejar pasar por alto. El mayor defecto es que en su puesta en escena, estructuración, contexto y más grave, personajes, parece una copia un poco descarada de Sling Blade (Al Otro Lado de la Vida) aquel film independiente de 1996 en el que Billy Bob Thronton ejerció de director, guionista (ganando gracias a su libreto el Oscar al mejor guión original aquel año) y protagonista que relataba la relación de un ex convicto deficiente con problemas para reinsertarse socialmente que inicia una relación de amistad con un chico (un por aquel entonces jovencito Lucas Black) cuya padrastro le propina palizas un día sí y otro también hasta que el personaje protagonista interviene debido a los lazos de afecto que ha estrechado con el muchacho. El parecido entre ambos films es en ocasiones sonrojante, pero el injusto olvido al que el tiempo a abocado a la ópera prima como director del actor de Un PLan Sencillo o Monster's Ball supongo que benefició a que esta Joe que nos ocupa no tuviera que enfrentarse a las odiosas comparaciones.




Por lo demás Joe es un meritorio largometraje con un reparto magnífico (aunque personajes como los de la madre y la hermana o el Willie- Russell de un interesante Ronnie Gene Blevins están desdibujados en los dos primeros casos y desprovechado en el tercero) un guión muy bien compactado y un trabajo de David Gordon Green detrás de las cámaras en el que se le nota mucho más cómodo que en las comedias de medio pelo que le ofrecen en el Hollywood más mainstream. Para la, cada vez más autdestructiva y autoparódica, carrera de Nicolas Cage supone una muestra de que debajo de la gestualidad desatada y la sobreactuación más recalcitrante todavía habita un actor que cuando recurre a la contención, la introspección y el naturalismo puede ofrecer trabajos tan meritorios como este. Ya veremos si futuros proyectos potencialmente interesantes en los que está involucrado como Snowden, de Oliver stone o Frank or Francis, de charlie Kaufman, le devuelven algo de ese crédito perdido en el interior de la fosa aséptica en la que las producciones de medio pelo (o peluquín en este caso) han convertido la última etapa de su filmografía.


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