jueves, 27 de septiembre de 2012

Habemus Papam, aparta de mí este cáliz



Título Original Habemus Papam (2011)
Director Nanni Moretti
Guión Federica Pontremoli, Francesco Piccolo y Nanni Moretti
Actores Michel Piccoli, Nanni Moretti, Margherita Buy, Jerzy Stuhr, Renato Scarpa, Roberto Nobile, Franco Graziosi, Massimo Drobovic, Leonardo Della Bianca






Cuando allá por el 2010 empezó a correr como la pólvora la noticia de que el director italiano Nanni Moretti iba a realizar un largometraje sobre un supuesto Papa muchos esperaron de él (hombre siempre comprometido con la izquierda) un furibundo ataque al Vaticano que levantara una considerable polvareda entre defensores y detractores de la Santa Sede. Nada más alejado de la realidad, Habemus Papam es una simpática comedia que da una visión irónica y satírica de las altas instancias de la iglesia católica, pero en ningún momento se puede ver en su impronta revanchismo o verdadera inquina contra ella.




Tras la muerte de un papa, el conclave del Vaticano, tras varias elecciones sin éxito, por fin consigue dar con el nombre del que será el próximo Santo Padre, de modo que la fumata blanca aparece para regocijo de los devotos seguidores de la iglesia que se encuentran en la plaza de San Pedro recibendo jubilosos la noticia. El problema surge cuando el nuevo Sumo Pontífice sufre un ataque de ansiedad, por culpa del exceso de responsabilidad que supone su nuevo status, antes de salir al balcón para darse el tradicional baño de multitudes. El resto de obispos y cardenales de la Santa Sede intentarán convencer al nuevo Papa para que acepte su reciente e importante cargo




Habemus Papam es un agradable producto elegantemente abordado con el que Moretti da una visión socarrona y sardónica de la jerarquía de la iglesia católica. No es la primera vez que el director de La Habitación del Hijo aborda el tema de la religión, ya lo hizo con La Misa Ha Terminado en 1985. Pero si en aquella se centraba en las aventuras y desventuras de un sacerdote (el mismo Moretti como protagonista) aquí ha decidido analizar desde el humor las altas instancias de la Santa Sede. Aunque es cierto que hay dos mitades diferenciadas dentro de a última película del cineasta italiano y contrariamente a lo que algunos proclaman para mí las dos funcionan considerablemente bien.




En la primera mitad Moretti nos muetra, siempre desde el humor (esos arzobispos intenando copiarse en las votaciones del cónclave) los entresigos y parafernalia del Vaticano cuando realiza ese privado y misterioso ritual que es el de la elección del próximo Santo Padre .El director de Caro Diario se recrea en dicho acto con una exquisita delectación en todo momento acompañada de la comicidad (el cardenal que cae aparatósamente de bruces cuando están las luces apagadas) y el distanciamiento personal para siempre mirar con ironía pero nunca hacer verdadera sangre.




En la segunda parte cuando el nuevo Santo Padre realiza esa "búsqueda de sí mismo" que le indica finalmente el camino a seguir, nos encontramos con el tono más de comedia bufa y algo exagerada, pero muy en la tradición del humor cinematográfico italiano. Es inevitable pensar en Federico Fellini cuando vemos a esos obispos jugar a voleibol entre ellos de manera cómicamente competítiva o viendo a las monjas animarlos como chearleaders entregadas. Puede que esta parte del largometraje se antoje un poco más surrealista, al menos cuando Moretti retrata a los componentes de la Santa Sede, pero no deja de ser válido como argumento y regalándonos con él algunos momentos de humor bastante remarcables, como ese "falso Papa" paseando de arriba a abajo en sus aposentos.




Nanni Moretti es inteligente y muy sutil. Que no se arroje con mano de hierro contra la iglesia católica no significa que no resalte con elegancia los pensamientos y tradiciones herméticas de la institución eclesiástica. Gracias a su propio papel como psiquiatra "no creyente" vemos ese choque social y generacional y la distancia abismal que hay entre la iglesia católica y la gente de a pie, por culpa de un sistema de valores arcaico y en ocasiones cerril que se opone a cualquier tipo de idea de progreso o modernización. El rol secundario del cineasta es importante en la historia porque gracias a él no sólo podemos ser partícipes de momentos descacharrantes (esa Guardia Suiza que lo sigue a sol y sombra) sino también identificarnos con su posición en la historia y empatizar con su persona, por mucho que el guionista, actor y director caiga una vez más en un egocentrismo que lo muestra como una persona que se tiene a sí mismo en muy alta estima.




Pero Habemus Papam es sin lugar a dudas el actor francés Michel Piccoli. El mítico protagonista de Tamaño Natural sabe transmitir con convicción ese aire de bonachón miedoso y despistado por tener que enfrentarse a una situación que lo supera psicológicamente. Él es el centro de la historia y la misma recae sobre sí mismo y su excelente labor, siendo el protagonista y núcleo de pasajes tan interesantes como el inésperado grito de terror que da inicio a todo el entramado del film, el monólogo en el autobús, las conversaciones con los actores de teatro o cuando le da la réplica con los diálogos de la obra de teatro Antón Chejov al intérprete mentalmente inestable.




Habemus Papam es una simpática pieza que deja un muy buen sabor en la boca del espectador. Puede que su final de tono (simbólicamente) trágico choque un poco con el tono de comedia que tenía el resto de metraje, pero no deja de ser interesante que Nanni Moretti cierre así su último trabajo, con esas caras desencajadas por el miedo y la incertidumbre de un futuro incierto y peor aún, conociendo al Vaticano, por la imagen pública que darían con ese acto a su feligreses. Película altamente recomendada para creyentes y no creyentes con amplitud de miras que quieran pasar un rato entretenido y reflexivo con cine interesante, no el mejor, pero sí lo suficientemente bueno como para saciar al espectador inteligente.



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