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viernes, 2 de julio de 2021

Loki, tiempo y castigo



"Sé qué es este lugar, el circo de los Guardianes del Tiempo y veo que los payasos cumplen su rol a la perfección"




Después de la magnífica WandaVision y la muy irregular The Falcon And The Winter Soldier llega la tercera serie de producción propia de Marvel Studios bajo el amparo de la plataforma Disney +. Como todos sabemos esta nueva incursión en el Universo Cinematográfico Marvel está protagonizada por el carismático y ya icónico Loki del actor británico Tom Hiddleston al que ya vimos brillar en las tres entregas en solitario de Thor y en varias de las películas de Los Vengadores. Aquí el Dios de las Mentiras es el protagonista absoluto, pero como viene sucediendo en estos nuevos productos auspiciados por Kevin Feige para las pequeñas pantallas la naturaleza coral de los mismos se deja notar con la inclusión de nuevos personajes secundarios. Mientras Michael Waldron ejerce de creador y showrunner del proyecto todos los capítulos, seis en total, contarán con dirección de Kate Herron (Sex Education) y dentro de los intérpretes que acompañarán al actor de Kong: La Isla Calavera (2017) encontramos a Owen Wilson (Midnight in Paris), Gugu Mbatha-Raw (The Morning Show) o Wunmi Mosaku (Lovecraft Country) entre otros que se irán desvelando a lo largo de los próximos episodios.




La trama arranca durante el pasaje de Vengadores: Endgame en el que los personajes viajaban al año 2012, justo en el clímax final de la primera película del grupo de superhéroes dirigida por Joss Whedon, cuando Loki se apodera del teseracto y desaparece. A partir de ese momento nuestro protagonista se convierte en una “variante” y la Time Variance Authority (TVA), organización encargada del buen discurrir de la “Sagrada línea temporal”, va en su busca y captura. Una vez apresado las oficinas de la TVA son un continuo discurrir de referencias a series como Doctor Who y a películas de Terry Gilliam como Brazil (1985), Héroes del Tiempo (Time Bandits, 1981) o 12 Monos (1995) con las que comparte su predilección por la comedia absurda, el retrofutirismo, y lo barroco. En este contexto se localiza espaciotemporalmente dónde se encuentra el rol de Tom Hiddleston, se asientan las bases de la dinámica que mantendrá con el agente Mobius M. Mobius de un entrañable Owen Wilson y se hace un repaso al futuro alternativo, el real para nosotros como espectadores, para añadir bagaje dramático a la propuesta.




Aunque todo lo que expone a priori se antoja tan interesante como prometedor este primer episodio todavía no profundiza en sus planteamientos narrativos y audiovisuales como para que podamos hacernos una idea global de hacia dónde se encaminará su trama central. A fallos como un excesivo de expositivismo y demasiada cháchara en lugar de presentarnos el entorno de la TVA se anteponen aciertos como el tono entre cómico y dramático del proyecto, el carisma de un Tom Hiddleston en todo su apogeo, lo prometedor de su próxima interacción con el personaje de Owen Wilson, esas animaciones a lo Hannah-Barbera y que tras la naturaleza más procedimental de The Falcon And The Winter Soldier volvemos, en cierta manera, al terreno de lo imprevisible y elucubrativo con guiños y pistas, una vez más relacionadas con Mephisto, como las que desplegaron Jac Schaeffer y Matt Shakman en WandaVision. La semana que viene veremos con más claridad qué es lo que puede ofrecernos esta Loki que sin haber mostrado todas sus cartas ya promete más de una sorpresa.



Segundo episodio, titulado The Variant, en el que Loki comienza su interacción directa con el equipo de la AVT comandado por el agente Mobius de Owen Wilson. Continuista con respecto a la entrega anterior denota los mismos aciertos y carencias que aquella sin que se produzcan cambios sustanciales en su discurrir argumental hasta el cierre del capítulo que si se revela algo más prometedor. De nuevo el trabajo de guion peca de sobrexposición y si bien es cierto que es necesaria para contextualizar el núcleo del relato pasajes como el de la ensalada acaban volviéndose irritantes por excesivamente alargados en el tiempo y la ejecución de un humor bastante simplista. No eludiremos que en los cómic hemos visto al Dios del Engaño ejercer todo tipo de variopintos roles, pero el que por ahora representa en su serie es demasiado propenso a una comicidad no muy bien planteada reduciéndolo casi a un histrión al que sus enemigos de la AVT miran continuamente por encima del hombro.



Por suerte la dinámica entre Loki y Mobius funciona a muy buen rendimiento gracias al carisma de un Tom Hiddleston poseído por su personaje y a un Owen Wilson que personifica la bondad, la contención y una estimable infinita paciencia. El momento en el que Loki descubre la teoría de las catástrofes concerniente a la Variante con el consiguiente viaje a Pompeya la serie gana enteros y comienza a desplegar un abanico de oportunidades narrativas por ahora dando sus primeros pasos, pero que podrá depararnos más de una sorpresa siempre que Michael Waldron, Kate Herron y su equipo de colaboradores sepan sacarle partido, ya que la AVT ideada por el gran Walter Simonson y todo lo que relacionado con ella es lo suficientemente rico, no sólo para que Loki llegue a convertirse en un destacable producto de entretenimiento, sino que pulsando las teclas adecuadas puede llegar a extender de manera harto inteligente el Universo Cinematográfico Marvel y su conexión con ese multiverso que ya está a la vuelta de la esquina.




La sensación con este segundo episodio es muy parecida a la experimentada con en el primero la semana pasada. Nos encontramos con un proyecto con potencial, que se ve con agrado, contando con un grupo de personajes secundarios con posibilidades de destacar notablemente dentro de la cronología del UCM y un protagonista revelándose en todo momento como un maestro de ceremonias estimable, pero que debe ofrecer todavía su mejor perfil, el que vimos en varios de los largometrajes de Thor o Los Vengadores. La aparición de Lady Loki al cierre del episodio y la huida de Loki de Mobius, Hunter B-15 y el resto de componentes de la AVT aumenta el tamaño del tablero de juego y permitirá a partir de ahora añadir más piezas a la partida. Esperemos que el resultado sea satisfactorio y encarrile la serie a un ecuador lo suficientemente interesante como para mantener nuestra atención en una serie que por ahora no es demasiado reseñable.




Con el tercer episodio titulado Lamentis 1 llegamos al ecuador de una miniserie que por ahora, y no es plato de mi gusto admitirlo, no está cumpliendo las expectativas depositadas en ella, no pocas precisamente. El personaje de Sylvie entra de lleno en la ficción y este capítulo, dedicado enteramente a los primeros compases de su dinámica con Loki, está resuelto de una manera bastante pobre y rudimentaria. Es una pena que un actor tan carismático como Tom Hiddleston, el pilar maestro sobre el que se erige una ficción que no hace honor a su trabajo y versión del Dios del Engaño, y una intérprete tan resuelta como Sophia Di Martino tengan que desarrollar su química mutua con un primer episodio repleto de diálogos redundantes que no saben aprovechar el potencial de dos roles que podrían hacer saltar chispas cada vez que compartieran plano.




Mientras veía este tercer capítulo no podía evitar la sensación de estar asistiendo a una versión descafeinada o marca blanca de Firefly, la mítica y efímera serie en clave de space opera creada por Joss Whedon. Por efecto dominó se me antojaba inevitable elucubrar con qué podría haber hecho el autor de Buffy Cazavampiros o Los Vengadores con una serie como esta si no se hubiera enemistado con Marvel Studios por un lado y demostrado ser deleznable como persona por otro. Su timing para el humor, efectividad para ejecutar secuencias de acción y dirección de actores seguro que hubiera sacado mucho más partido a un proyecto como Loki. Después de lugares comunes, la habitual sobrexposición ya indivisible a la miniserie y la tibieza con la que está acometido el desarrollo sólo nos queda disfrutar del holgado diseño de producción y un potente falso plano secuencia final que esperemos apunte a una necesaria mejoría.




Por tercera vez volvemos a la casilla de salida, con ganas de que el potencial de un proyecto a priori tan prometedor esta Loki comience a desplegar de una vez por todas sus posibilidades narrativas, audiovisuales e interpretativas, esas que por ahora brillan por su ausencia . El problema es que se hace tarde, llegamos a la mitad del viaje y por ahora ni el trayecto ni las vistas están a la altura de lo esperado. The Falcon And The Winter Soldier nos demostró que no se puede arreglar en tres episodios un proyecto irregular que consta de sólo media docena de entregas. Esperemos que Loki al menos no caiga en las mismos fallos que su predecesora, como facturar un penúltimo episodio anticlimático que debería haberse revelado como el prólogo de un poderoso cierre final que no fue tal. Cada vez quedan menos esperanzas, pero intentaremos pensar en positivo hasta la próxima semana.



La semana pasada comentaba que por ahora Loki no levantaba el vuelo y no veíamos el momento para que encarrilara con su cuarto episodio lo que en cualquier circunstancia era una serie que en todo momento se dejaba ver con agrado, pero no destacaba en casi ningún aspecto. Destilando de esta manera una impersonalidad y desidia que en no pocas ocasiones se transmitían al decepcionado espectador, ávido este de que el Dios del Engaño y sus acompañantes comenzaran a embarcarse en aventuras que merecieran realmente la pena y nuestra atención. En la cuarta entrega, El Evento en el Nexo, esto por fin ha ocurrido con la miniserie, revelando gran parte de ese potencial que hasta ahora se encontraba aletargado para desgracia nuestra. La pregunta es ¿ha llegado tarde este necesario giro dentro del proyecto ideado por Michael Waldron y Kate Herron?


Después de idas y venidas, sobreexposición argumental o personajes con potencial no viendo sus perfiles lo suficientemente explotados como para captar nuestra atención, pasado el ecuador de Loki comienzan a acontecer situaciones interesantes, el dramatismo se refina para dar consistencia a las relaciones interpersonales de los protagonistas, grande Owen Wilson, y las sorpresas se suceden en cascada. Desde el primer momento los guionistas nos fueron dando pistas de que algo no andaba bien en la AVT y el encuentro con los Guardianes del Tiempo así lo confirma. Traiciones, acción, fantasía, ciencia ficción y los personajes de Loki y Sylvie por fin derrochando química y carisma como colaboradores. Todo lo que esperábamos desde el primer episodio llega cuando casi habíamos perdido la esperanza, pero a tiempo para que, si se mantiene el nivel en los dos capítulos restantes, no tengamos un recuerdo negativo del proyecto.



A todo lo mencionado y algún que otro pasaje emotivo relacionado con personajes secundarios debemos tener muy en cuenta esa escena post créditos que es síntoma inequívoco de que Marvel Studios como productora y el Universo Cinematográfico Marvel como microcosmos ficcional están abriendo gradualmente las puertas de ese Multiverso que, casi con seguridad, eclosionará en todo su esplendor durante la segunda entrega en solitario, aunque conociendo quien le acompañará hacer esta afirmación es casi un eufemismo, del Doctor Strange de Benedict Cumberbatch dirigida por el gran Sam Raimi. Cuatro nuevos Lokis abren una cantidad enorme de posibilidades para que la serie de Disney+ nos regale dos episodios finales que nos reconcilien al 100% con lo que apuntaba a ser una de las mejores series del UCM y que, por ahora, no pasa de proyecto correcto con algún despunte aislado de talento. Espero que en las dos próximas semanas me tenga que tragar mis palabras, una vez más.



Sentimientos encontrados con este episodio felizmente titulado Journey Into Miystery, la mítica cabecera que comenzó a publicar Atlas Cómics en los 50 y que en lo 60 pasó a formar parte de la Casa de las Ideas con algunas historias protagonizadas por Thor y el mismo Loki. Posiblemente nos encontremos con la mejor entrega de lo que llevamos de miniserie, manteniendo un acertado equilibrio entre espectacularidad y épica con pasajes más íntimos y emocionales. Desde el mismo arranque del capítulo con ese falso plano aéreo cargado de referencias visuales a capítulos previos, películas del UCM o los mismos cómics (¡Ese Thanoscoptero!) aventuran un episodio con muchas posibilidades de ganarse el favor, sobre todo, del aficionado a las viñetas. Evidentemente así acontece sobre todo por el desfile de distintos Lokis que hacen acto de presencia durante los 50 minutos de metraje y no sólo me refiero a los cuatro que pudimos ver en la muy comentada escena post créditos del cuarto episodio.



Guiños, versiones de Loki muy bien perfiladas como la del gran Richard E. Grant o desopilantes como la del Loki Alligator, la química entre Loki y Sylvie por fin tomando forma en pantalla, Owen Wilson como robaescenas cada vez que la cámara repara en su presencia (ojo a ese guiño a Toy Story con el coche) juegan a favor de un episodio con muy buenos momentos que encarrilan la serie hacia un clímax relativamente esperanzador. Pero en su contra tiene la profunda descaracterización en la que se está sumergiendo al protagonista. En honor a la verdad viendo la deriva que comenzó a tomar forma en Thor: Ragnarok que Loki haya evolucionado/involucionado en lo que es actualmente en esta serie no debería sorprendernos, pero su descontextualización psicológica y el excesivo blanqueamiento de su rol lo está convirtiendo un mindundi sin un ápice de malicia o astucia del que todo el mundo abusa sólo manteniéndose erguido por el carisma desbordante de un gran actor como Tom Hiddleston.



Tan poco me está convenciendo esta versión edulcorada de Loki que cuando apareció el divertidísimo y efímero President Loki, mucho más afín al visto en las primeras apariciones del villano en las películas de Marvel Studios, mi deseo era que matara al original y lo suplantara, con eso lo digo todo. Si el devenir de acontecimientos sigue así y la semana que viene la miniserie cierra con Loki como un buenazo del que todo el mundo se ríe y con una poco creíble minimización de sus poderes, algo de lo que lleva haciendo gala en toda la miniserie, mi decepción será notable. En cambio si en el último momento descubrimos que todo había sido un plan urdido por él mismo desde las sombras haciendo honor por fin a es título de Rey del Engaño que siempre le ha acompañado me quitaré el sombrero ante el ingenio y la maniobra de distracción diseñada por Michael Waldron y Kate Herron. Por ahora sólo queda cruzar los dedos, porque en poco menos de siete días saldremos de dudas con respecto a ello.



Sexto y último episodio de Loki, titulado For All Time, Always, que confirma todos mis temores con respecto a las teorías elucubradas a lo largo de las cinco semanas anteriores. Por el lado bueno Marvel Studios satisface en cierta manera a los amantes de las conspiraciones y confirma que detrás de todo está Kang, el Conquistador, aunque no se explicite que el personaje al que interpreta Jonathan Majors (Lovecraft Country) sea el que crearon Stan Lee y Jack Kirby en las páginas de Fantastic Four #19 allá por octubre de 1963. Por el lado malo, y aunque sólo ha sido la presentación del villano, el tratamiento del mismo no me convence demasiado a pesar del carisma, sobradamente demostrado en trabajos previos, del intérprete que le da vida y sobre todo la consolidación de que el Loki protagonista no estaba maquiavélicamente detrás de la AVT y todo el entramado al que está dio lugar a lo largo de la miniserie, oficializando esta versión descaracterizada e innecesariamente benévola del Dios del Engaño como la principal.



Para colmo nos encontramos con un capitulo brutalmente anticlimático con casi ningún pasaje para el recuerdo y sí muchos para el olvido. El culmen del despropósito es toda la larguísima y tediosa secuencia en la que Kang explica el Multiverso a los personajes de Loki y Sylvie. Llevábamos todas las semanas previas afirmando que la sobreexposición argumental es una de las mayores carencias de la serie, pues este pasaje en concreto exagera hasta la hipérbole este lastre con veinte minutos, casi medio episodio, de los personajes sentados en un despacho manteniendo una conversación cuyo único interés es lo planteado por el personaje de Jonathan Majors. El resto es un despropósito narrativo con una puesta en escena anodina, desganada y ausente de cualquier atisbo de inventiva (se repiten los mismos planos y movimientos de cámara hasta la nausea) que hunden casi por completo un episodio final que debería haber sido una space opera descontrolada y loquísima como al menos intentó ser la entrega inmediatamente anterior.



Mi sensación no es tanto de indignación como de decepción. Comprendo lo que han querido hacer desde Marvel Studios, ya que poco a poco están abriendo las puertas del Multiverso para adentrarse totalmente en él con películas como Spider-Man: No Way Home (Jon Watts, 2021) o Doctor Strange in the Multiverse of Madness (Sam Raimi, 2022) y Kang cobrará un papel importante en el mismo, posiblemente sustituyendo a Thanos como villano principal o sirviendo de adelanto a otro de más envergadura (¿Galactus?, ¿Mephisto?). El problema es que en el proceso hemos perdido al Loki que se había ganado buena fama dentro del Universo Cinematográfico Marvel y para colmo lo hemos hecho con una serie que prometía mucho en el papel y finalmente se ha revelado como una despersonalizada oportunidad perdida que sólo en contadas ocasiones ha salido del terreno de lo rudimentario y procedimental, más grave viniendo de un planteamiento inicial con tanto potencial como el de los viajes en el tiempo y las variantes. Esperemos que esa confirmada segunda temporada mejore la presente, no lo va a tener muy complicado.


miércoles, 14 de abril de 2021

The Falcon And The Winter Soldier, the stars and stripes forever

 


"Precisamos nuevos héroes. Que sean adecuados para estos tiempos. Los símbolos no son nada sin las mujeres y los hombres que les dan sentido"



Sin mucho tiempo para haber digerido el impacto producido por la sobresaliente WandaVision y todavía con la resaca de la epatante y mastodóntica La Liga de la Justicia de Zack Snyder Disney + y Marvel Studios vuelven con el primer episodio de The Falcon and the Winter Soldier, la serie protagonizada por los alter egos superheróicos de Sam Wilson y James Buchanan “Bucky” Barnes a los que dan vida los actores Anthony Mackie y Sebastian Stan respectivamente. De la escritura y desarrollo de la miniserie se encarga Malcom Spellman (Empire, Hip Hop Uncovered), con el respaldo de Derek Kolstad (John Wick), y de dirigir todos los episodios se responsabiliza la canadiense Kari Skogland (Marvel’s The Punisher, The Walking Dead). El resultado de este episodio piloto es más o menos el esperado sin distanciarse demasiado, por ahora, de lo expuesto en los trailers con poco más de 45 minutos que toman el rol de primera toma de contacto con los espectadores.



Aunque era algo fácil de vaticinar y todo el material promocional apuntaba claramente a ello The Falcon and the Winter Soldier sigue la estela conceptual, visual y narrativa de las dos películas del Capitán América rodadas por los hermanos Anthony y Joe Russo. Esa primera y potente secuencia de acción centrada en el personaje de Anthony Mackie ya nos retrotrae de manera explícita al tono de cine de espionaje high tech de la impresionante Capitán América: El Soldado de Invierno (2014) y la remarcable Capitán América: Civil War, (2016) algo que se confirma con el pasaje dedicado al pasado de Bucky Burns en forma de ensoñación por parte del personaje de Sebastian Stan. Pero, como es lógico, no sólo de este tipo de situaciones vive la serie de Disney + y Marvel Studios, ya que ambos protagonistas comienzan a interactuar con los personajes secundarios que componen su entorno más cercano y de ello surgen situaciones cayendo un poco más en los tópicos dramáticos propios de estas ficciones, siendo los de Falcon bastante más obvios que los de Winter Soldier, posiblemente también porque Stan es un actor bastante más resuelto y versátil que Mackie sabiendo exprimir el material que los guionistas ponen en sus manos.



Un servidor estaba seguro de que después de la originalidad y atípica naturaleza de WandaVision, The Falcon and the Winter Soldier iba a resultar un producto más convencional que, en cierta manera, nos supiera a poco, al menos en sus primeros compases. Pocas quejas por mi parte, ya que el guión de Malcolm Spellman es tan procedimental como efectivo, la realización de Kari Skogland evidencia sus años de directora curtida en series de primer nivel sin mucho que envidiar técnicamente a lo que hicieron los hermanos Russo en las ya citadas El Soldado de Invierno y Civil War, aunque seguramente, y al igual que aquellos, recurriendo mucho a la segunda unidad para rodar las secuencias más dinámicas; mientras los actores cumplen sobradamente con roles que ya conocen perfectamente por llevar interpretándolos durante años. Sólo me deja un poco frío lo estereotipado de algunas subtramas, principalmente la de la hermana de Sam Wilson, que espero no desemboquen en el manido discurso lacrimógeno puramente estadounidense. Ojalá que la llegada del U.S. Agent, Sharon Cater o Zemo y esa amenaza terrorista enmascarada den empaque al proyecto y me hagan tragarme mis palabras en este sentido.



The Star-Spangled Man se titula el segundo episodio de The Falcon And The Winter Soldier y en gran parte se dedica a presentar y desarrollar la personalidad de John Walker aka U.S.Agent, que aquí ocupa el rol del nuevo Capitán América como se nos mostró en el cierre de la primera entrega de la serie. Los conocedores del personaje en los cómics sabemos de qué pie cojea y lo que probablemente acabará haciendo conforme vayan pasando los capítulos, por eso es interesante que en el arranque de este se incida en su psicología, para lo que pueda llegar a convertirse en un potencial villano y enemigo de los protagonistas no caiga en estereotipos manidos, dándole un tratamiento con cierta profundidad. Aunque el casco le queda bastante mal una vez vemos en acción a Wyatt Russell este se apodera del personaje y, aunque a años luz de distancia, es inevitable ver en sus facciones y gestos los ecos del gran Kurt Russell, junto a Goldie Hawn progenitor del actor de la potente Overlord (Julius Avery, 2018) .



Más allá de eso The Falcon and The Winter Soldier sigue la senda abierta por New World Order mamando argumental y técnicamente de las dos producciones de los hermanos Anthony y Joe Russo con el Capitán América de Chris Evans. En ese sentido se mantiene un adecuado equilibrio entre la acción propia del cine de espionaje ejecutado con tanta eficacia como impersonalidad y un drama con muy buenas intenciones, pero no siempre acertado debido a su tendencia al trazo grueso, los lugares comunes y la casi total ausencia de sutilidad. Por un lado el tratamiento de las situaciones de racismo vividas por Sam Wilson son reconocibles y muy cercanas a la realidad, pero están abordadas de manera demasiado obvia y simplista desde el guión. Por otro es el mismo trabajo de los escritores el que fuerza en ocasiones pasajes que bordean la incredulidad ya que Wilson y Barnes deberían darse cuenta de que preservar el legado de amistad y compromiso hacia Steve Rogers puede desembocar en una situación perjudicial para ese país por el que supuestamente darían sus vidas, algo que casi con toda seguridad será el catalizador de lo que pueda llegar a hacer John Walker en próximos episodios.



Por suerte no son pocos los aciertos de The Falcon And The Winter Soldier que la hacen merecedora de nuestra atención, aunque por ahora no sea un producto excelso dentro de su género. Ya hemos podido ver a los protagonistas compartir plano y desarrollar dinámicas en las que el equilibrio entre el drama y la comedia está muy bien medido. Malcolm Spellman y su equipo de guionistas también aciertan a la hora de de no acometer las acciones e intenciones de los “Flag Smashers” desde el maniqueísmo propio de este tipo de producciones estadounidenses, no exponiéndolos en pantalla como un grupo de terroristas descerebrados a los que derrotar y sí como un equipo con una causa que ellos consideran justa y de la que sabremos más dentro de poco. The Star-Spangled Man cierra con Barnes y Wilson preparados para ir a hablar con el Zemo de Daniel Brühl, que si bien fue un villano a la altura en Capitán América: Civil War poco tenía, para un servidor, de su contrapartida en viñetas. Esperemos que su intervención en la serie de Disney + y Marvel Studios me haga cambiar de opinión.



Con Power Broker llegamos al ecuador de esta corta temporada y con él y la aparición del Barón Zemo de Daniel Brühl, del que no sabíamos nada desde la excelente Capitán América: Civil War, se marca un cierto punto de inflexión tonal en el proyecto. Seguimos dentro de los preceptos clásicos del thriller político para todos los públicos, por ello no podemos esperara tampoco una visión arriesgada o verdaderamente militante en un producto propiedad de Disney, pero parece como si el villano creado en las páginas de Captain America #168 (diciembre 1973) por el guionista Tony Isabella y el dibujante Sal Buscema diera un vuelco a la miniserie diseñada por Malcolm Spellman y Kari Skogland. Con este tercer episodio viajamos a Madripoor y The Falcon And The Winter Soldier deriva más que nunca a la buddy movie de tono más ligero y sumando apuntes cómicos con los personajes introduciéndose en un submundo criminal en el que ponen en peligro sus vidas. Que Derek Kolstad, guionista de la saga John Wick, esté detrás del guión del episodio no debería pillarnos por sorpresa.



Como ya apunté al hablar del segundo episodio esperaba que la aparición de Helmut Zemo reparara el fallo cometido con la versión de Daniel Brühl, que aun siendo un villano interesante y coherente con su propia idiosincrasia poco tenía que ver con su contrapartida en las viñetas. Pero en este episodio de The Falcon And The Winter Soldier no sólo no encuentro lo que buscaba, sino que asistimos a cómo el personaje interpretado por el actor de Malditos Bastardos se aleja incluso de lo visto en la ya citada Capitán América: Civil War ofreciendo un rol mucho más liviano, alejado del trasfondo trágico que lo caracterizaba, convirtiéndose casi en una descarga cómica o una especie de forzado sidekick que sólo recuerda al letal villano de las viñetas durante los pocos segundos en los que porta su famosa máscara y entra en acción. Esperemos que en el resto de episodios en los que haga acto de presencia suponga una amenaza para los protagonistas, porque por ahora sabemos que algo trama, pero parece más un “colega por conveniencia” que otra cosa.



Con respecto al guión y el desarrollo de acontecimientos en este capítulo se notan bastantes carencias o ciertas derivas que apuntan malas maneras en cuanto al argumento. Si el plan de Wilson y Barnes de sacar a Zemo de la cárcel porque tiene una pista ya era bastante cuestionable que dejen al barón hacer lo que le plazca, incluyendo cometer delitos y matar personas, sin que haya una sola represalia y fiándose al 100% de sus acciones no tiene pies ni cabeza. Por otro lado lo que puntualmente aporta Sharon Carter a la trama, porque parece que va a tener menos relevancia en la serie de la que aparentaba en un principio, podría haberse resuelto sin su incursión en el proyecto y la pobre excusa de su exilio durante siete años no se sostiene por ninguna parte sabiendo que Steve Rogers, aún en la clandestinidad, no paró de cumplir con su deber. A eso sumemos el primer trazo grueso para que se pierda la, hasta ahora, ambigüedad de los Flags Smashers o por lo menos la de Karli Morgenthau, la insulsa resolución de la llamada de teléfono de la hermana de Sam o la nada creíble escena del chupito con los intestinos de serpiente. Pobre trabajo de escritura por parte de Derek Kolstad en el que es el libreto más pobre de la serie.



Desgraciadamente este giro hacia una vertiente del thriller más dinámica y ligera que pudiera haber hecho ganar enteros al show no se salda con éxito por culpa de un guión inestable, incongruente y con notables carencias referidas a la lógica narrativa más básica. The Falcon And The Winter Soldier sigue siendo un entretenimiento meritorio y por el que merece la pena desperdiciar entre 45 y 50 minutos semanales, pero no está a la altura de lo esperado y por ahora más que una continuación estilística y argumental de sus principales referentes, Capitán América: El Soldado de Invierno y Capitán América: Civil War, pareciera un apéndice o epílogo de los mismos que trata de imitarlos con resultado bastante desigual. Esperemos que esos John Walker y Lemar Hoskins, bastante arrinconados en esta entrega, comiencen a tornar en roles más activos, porque la temporada entre en su segunda mitad y lo que hemos visto hasta el momento no se aleja demasiado de un proyecto cumplidor para pasar el rato que esperemos mejore y no marque el tono a seguir para las próximas series de Disney + y Marvel Studios.



Con respecto al decepcionante episodio anterior este The Whole World is Watching supone una notable subida de calidad revelándose como uno de los mejores, posiblemente el mejor, de lo que llevamos de The Falcon And The Winter Soldier. Sólo el arranque con el flashback en Wakanda en el que Sebastian Stan por fin puede mostrar lo buen actor que es ya supera a todo lo que hemos podido ver hasta el momento de la serie ideada por Disney + y Marvel Studios. Esa secuencia no sólo brilla por su carga framática, derivada por todo lo que sabemos con respecto al personaje desarrollado en Capitán América: El Soldado de Invierno y Capitán América: Civil War, sino por cómo perfila con elegancia y sutilidad la relación previa entre Bucky y Ayo para dar contexto a lo que sucederá después cuando las Dora Milaje entren en acción para dar caza a Helmut Zemo.



Se deja de lado el tono de buddy movie insuflado artificialmente al episodio 3, llegando a adentrarse en terrenos de una comedia totalmente fuera de lugar, y volvemos al espionaje internacional y conspiranoico propio de las ya apeladas incursiones cinematográficas de los hermanos Anthony y Joe Russo protagonizadas por el alter ego superheróico de Steve Rogers. Otro acierto es la vuelta a los claroscuros ideológicos y morales con respecto a los Flags Smashers en general y a Karli Morgenthau después del trazo grueso con el que se trató su subtrama en la entrega previa. Aquí volvemos a encontrar a un grupo de revolucionarios que luchan por una causa noble, pero cuyos métodos expeditivos ponen en entredicho su lucha, como bien hace saber a la líder del grupo un Sam Wilson compartiendo la importancia de la misión en la que se han embarcado, pero no los medios que usan para llevarla a cabo.



Pero en cuanto a definir la psicología de los personajes en esta ocasión debemos destacar al John Walker de un cada vez más creible Wyatt Russell. Después de haber sido arrinconado a un par de escenas poco trascendentes en Power Broker el nuevo Capitán América se apodera del metraje del cuarto episodio gracias a un adecuado desarrollo de su personalidad desembocando en la magnífica recta final con el nacimiento del detestable rol de los cómics al que todos amamos odiar. El hijo de Goldie Hawn y Kurt Russell está siendo el blanco del odio de aquellos que no saben diferenciar la ficción de la realidad, pero por suerte vivir alejado de las redes sociales, su buen humor y ser sabedor de que está haciendo un trabajo notable con esta versión del USAgent son suficientes para que el actor de la recuperable Cold in July (Jim Mickle, 2014) pueda sentirse orgulloso de su labor delante de las cámaras, como nos deja ver ese remarcable clímax final repleto de simbología.



Aunque la remontada de este episodio, el más oscuro de la temporada, insufla nueva vida al proyecto también deja en evidencia la irregular labor de construcción narrativa adherida al proyecto a manos de Malcolm Spellman y Derek Kolstad que, a pesar de todo, sigue arrastrando aquí carencias como situaciones inverosímiles, actos estúpidos por parte de algunos personajes y tópicos manoseados hasta la extenuación propios de la ficción audiovisual protagonizadas por superhéroes. Pero no perdamos la esperanza, ya que tenemos a unos protagonistas que lucen bien en pantalla, un villano en ciernes que puede llegar a ofrecernos buenos momentos más allá de esta serie y un Barón Zemo que, por fin, empieza a comportarse como tal. Sólo dos episodios quedan para que termine The Falcon And The Winter Soldier y aunque siempre se muestra como un producto agradable de ver y con no pocos aciertos finalmente parece no salir del encorsetamiento de su punto de partida, quedándose a años luz de una WandaVision a la que no le llega ni a la suela de los zapatos.



Lamentablemente después de The Whole World Is Watching con Truth se vuelven a confirmar las mayores carencias de un producto como The Falcon And The Winter Solider. El quinto episodio arranca justo donde acabó el anterior, manteniendo la tensión acumulada por los actos homicidas de John Walker y con una espectacular pelea en la que este se enfrenta a los dos protagonistas de la serie. Esa secuencia, magníficamente rodada por una Kari Skogland siempre a la altura que no hubiera desentonado en las películas de los hermanos Anthony y Joe Russo con el Capitán América, pareciera ser el arranque de dos últimos episodios con los que el show experimentara una escalada de fuerza narrativa que supusiera la antesala de un clímax los suficientemente potente para que los espectadores que no estaban del todo convencidos con lo visto hasta ahora, entre los que me incluyo, recuperaran el interés perdido para encarrilar un cierre que nos hiciera olvidar los numerosos fallos del proyecto impulsado por Malcolm Spellman y la ya citada directora de origen canadiense.



Por desgracia todo es un espejismo. Después del prometedor arranque y secuencias interesantes como la de la presentación de Madame Hydra (grande Julia Louis-Dreyfus) o la conversación con Isaiah Bradley el episodio vira hacia un tono ligero e insustancial que muestra, una vez más, las muchas carencias estructurales, conceptuales y narrativas de The Falcon And The Winter Soldier. El coutis interruptus que supone empezar por todo lo alto un capítulo que pareciera volver a los terrenos de las mejores películas protagonizadas por el alter ego de Steve Rogers para acabar desembocando en un melodrama paupérrimo con reminiscencias de ¡Qué Bello es Vivir! ((It’s a Wonderful Life, Frank Capra, 1946) en el que Bucky y Sam conversan de todo lo que está sucediendo con los Flags Smashers y Karli Morgenthau mientras arreglan el barco como si comentaran el partido de fútbol del fin de semana no tiene pies ni cabeza. ¿Por qué son tan abruptas y poco creíbles las transiciones espaciales y temporales en esta serie? ¿Por qué Sarah no pidió ayuda a los vecinos años antes de que lo hiciera su hermano si tenían una deuda con su familia? ¿Por qué los guionistas caen en los tópicos de la forzada relación romántica con hermano celoso? ¿Por qué esta trama innecesaria de colegueo cuando a estas alturas la miniserie debería estar funcionando a todo trapo para darnos un final espectacular?



Y podríamos seguir con las preguntas a decisiones sin sentido. ¿Por qué Sam Wilson es tan estúpido como para no darse cuenta de que el racismo rodea a la gente como él, también en la actualidad, si lleva viéndolo desde el primer episodio? ¿Por qué los guionistas son tan manipuladores y vagos como para utilizar el recurso de que los padres de Lemar Hoskins repitan una y otra vez que se sienten felices debido a que John mató al asesino de su hijo sólo para subrayar de mala manera el sentimiento de culpa de este? ¿Por qué volvemos al trazo grueso a la hora de retratar a una Karli Morgenthau que ahora, de repente, se considera una criminal que manipula armamento a la luz del día y disfruta sometiendo la mente de personas inocentes como una villana de opereta? ¿¿Por qué si le estaban dando tanta importancia a Zemo hacen que se vaya casi sin ninguna repercusión y por la puerta de atrás?? ¿¿Dónde está Sharon Carter???. Si en cuanto al apartado técnico no tengo queja y en lo referido al artístico hay luces y sombras a nivel de escritura esta serie es un caos casi insalvable.



Lo que podía haber sido el arranque de una recta final capaz de reconciliar The Falcon And The Winter Soldier con les espectadores dudosos o desencantados queda en un episodio que aprueba raspado sólo por la primera mitad de sus 61 minutos de metraje. La segunda es la enésima confirmación de que Malcolm Spellman, Derek Kolstad y el resto de guionistas no saben mantener el equilibrio entre los distintos tonos que quieten insuflar a un proyecto que al mostrar un mínimo síntoma de solidez compactando su desarrollo seguidamente sale por la tangente con una cantidad de inverosimilutudes y tópicos manidos hasta la extenuación capaces de crispar a la audiencia más calmada. Después del que la semana pasada había sido el mejor episodio de la miniserie nos encontramos el peor y de esta manera es imposible que Disney + y Marvel Studios puedan ofrecer a sus fans y suscriptores una ficción cohesionada, ya que va dando palos de ciego hacia un final que, visto lo visto, será una lotería en la que casi con toda seguridad nos va a tocar un boleto no premiado.



El último episodio de The Falcon And The Winter Soldier, titulado One World One People supone tanto un digno cierre para la serie como la confirmación de todas las carencias que hemos ido viendo a lo largo de sus seis entregas semanales. Después de que The Whole World is Watching se revelara como el mejor capítulo y seguidamente Truth como el peor, asistimos a a este clímax final que se salva de manera unitaria, pero no rescata la globalidad del proyecto de una más que contrastada irregularidad. Aunque no de manera tan acentuada, una vez más la estructura narrativa, el perfil de los personajes y el simplismo del mensaje que quieren transmitir Malcolm Spellman, Derek Kolstad y compañía muestran notorias flaquezas viéndose subsanadas en cierta manera porque la serie, por fin, apoya explícitamente su discurso sociopolítico en boca de Sam Wilson y aunque este peca de cierto paternalismo es muy de agradecer que un producto diseñado en el seno de una multinacional como Disney se muestre mínimamente contestatario a la hora de incluso reflexionar sobre la causa y los actos de los Flash Smashers en general y Karli Mornganthau en particular.



Pero seamos exactos. Si un episodio como One World One People funciona es porque el único apartado intachable de la serie, el técnico, aquí luce mejor que nunca. La directora Kari Skogland culmina una labor encomiable detrás de las cámaras sin mucho que envidiar a los hermanos Anthony y Joe Russo de los films del Capitán América. Como con aquellos, y todos los productos audiovisuales de Marvel Studios, seguramente la segunda unidad tenga mucho que decir para que los tiroteos, persecuciones, combates cuerpo a cuerpo, explosiones y secuencias aéreas se muestran efectivas en pantalla, pero aun así la canadiense ha demostrado ser una profesional conocedora de su trabajo y de cómo ejecutarlo con la presteza exigida. En lo referido a esto las alabanzas hacia los nunca suficientemente valorados especialistas de escenas de riesgo están más que justificadas ya que, en gran parte, son ellos los artífices de que los pasajes más dinámicos de la producción sean rotundos desde una perspectiva visual con más mérito teniendo que medir muy bien las dosis de violencia explícita en una serie dirigida a todos los públicos.



Para ser sinceros muchas cosas han jugado en contra de The Falcon And The Winter Solider, algo que ha quedado patente visto el resultado final. La primera de ellas es haber llegado después de la pequeña revolución que supuso dentro del UCM WandaVision, una serie arriesgada alejada del tono procedimental del proyecto que nos ocupa, en origen el que iba a ser la primera producción serializada de Disney + en colaboración con Marvel Studios, algo que hubiera jugado a su favor porque las comparaciones han sido inevitables. La segunda es la casi confirmación de que muchas de las carencias argumentales vienen porque se desechó una trama con un virus mortal después de confirmarse la actual pandemia que recorre casi la totalidad del planeta. Y la tercera que la bisoñez de Malcolm Spellman en este tipo de ficción se deja notar, cuando Disney + debería haber contratado, de nuevo, los servicios de Stephen McFeely y Christopher Markus, los guionistas de Soldado de Invierno o Civil War y a su vez los autores que habían perfilado inicialmente las personalidades de los Sam Wilson y James Buchanan “Bucky” Barnes cinematográficos.



El resultado lo hemos ido viendo semana a semana con una ficción casi siempre digna y entretenida, pero convertida en una montaña rusa con preocupantes subidas de y bajadas de calidad por culpa de libretos endebles, inconsistentes y repleto de lugares comunes que en pocas ocasiones sus artífices han sabido eludir o utilizar a su favor. El cuestionable tratamiento de villanos y antihéroes, la poco aprovechada química entre los dos protagonistas y notorios problemas de base a la hora de construir las distintas subtramas hacen de The Falcon And The Winter Soldier un paso en falso con respecto a la ambiciosa Fase 4 del Universo Cinematográfico Marvel que, como ya sabemos, hará interactuar largometrajes con series para la pequeña pantalla. A la espera quedamos de esa Loki que llegará el 11 de junio a la plataforma de pago por visión con Tom Hiddleston recuperando su carismático papel del Dios de las Mentiras con un tono que, según apuntan los trailers, poco tendrá que ver con la presente producción o la protagonizada por Elizabeth Olsen y Paul Bettany. Aquí estaremos una vez más para reseñar semanalmente un proyecto que, al menos en lo referente a un servidor, le haga reconciliarse al 100% con la enorme maquinaria ideada por Kevin Feige y sus colaboradores.




lunes, 18 de enero de 2021

Bruja Escarlata y Visión (Wandavision), together at last at twilight time


"¿Qué es la pena, sino amor perseverante"



Después de la despedida por todo lo alto de su Fase 3 con la titánica Vengadores: Endgame, Disney y Marvel Studios eran conscientes de lo afianzado que estaba ya su universo cinematográfico dentro del seno de Hollywood, convirtiendo en descomunales éxitos de taquilla, normalmente también recibidos con benevolencia por la prensa especializada, prácticamente todas sus producciones para la gran pantalla, incluso con personajes que antes de su debut en multisalas casi sólo eran conocidos por los aficionados a los cómics como Doctor Strange, Ant-Man, Black Panther o los Guardianes de la Galaxia. De manera que en la San Diego Cómic Con de 2019 dedicaron un panel, no sólo a todas las próximas producciones cinematográficas relacionadas con las contrapartidas en imagen real de los personajes de la Casa de las Ideas, sino también a las primeras series centradas en los mismos entre las que encontrábamos proyectos como Loki, Falcon & Winter Soldier, Hawkeye, What if…? o Blade y ya un año después otros como los futuros I’m Groot, Moon Knight, She-Hulk, Ms. Marvel o Secret Invasion entre otras.



De esa primera tanda de oficialización de proyectos destacaba notablemente la miniserie WandaVision, protagonizada por los personajes Bruja Escarlata/Wanda Maximof y Visión, que en películas como Vengadores: La Era de Ultrón, Capitán América. Civil War o Vengadores; Infinity War habían desarrollado una relación sentimental, aunque ella era una hechicera con inmensos poderes sobrenaturales y el un androide nacido de una IA diseñada por Tony Stark, que se vio brutalmente truncada cuando Thanos asesinó al rol de Paul Bettany ante la impotente mirada del de Elisabeth Olsen. Desarrollada para la plataforma de streaming por Jac Schaeffer, guionista de Timadoras Compulsivas o autora del argumento de la próxima Black Widow, cuenta en la dirección de los nueve episodios con Matt Shakman (Juego de Tronos, Mad Men, Fargo) y en el casting secundarios como Kathryn Hahn, Teyonah Parris, Emma Caulfield Ford, Debra Jo Rupp o Fred Melamed que acompañan a los ya referenciados Paul Bettany y Elisabeth Olsen.



El pasado viernes Disney + puso a disposición de sus suscriptores los dos primeros episodios de los que consta WandaVision y sólo con ver el primero podemos afirmar que no se parece a absolutamente nada de lo que hasta este momento hayamos degustar con el sello de Marvel Studios abriendo los títulos de crédito. Las promos nos hicieron pensar que podríamos encontrarnos ante una amalgama de la alabada serie Visión escrita por Tom King y dibujada por Gabriel Hernández Walta con pinceladas de Vengadores: Desunidos, el arco ideado por el guionista Brian Michael Bendis y el dibujante David Finch, y aunque algo de ello hay WandaVision, o Bruja Escarlata y Visión en España por problemas de derechos con la productora española del mismo nombre, es otra cosa muy distinta y, como ya hemos apuntado, bastante rupturista. Lógicamente y lo procuro recordar siempre que colaboro en una entrada en la que sólo hemos visionado los primeros compases de un proyecto de más envergadura, con estos dos capítulos no podemos hablar globalmente de la obra, pero sí de su conceptualidad, intencionalidad y hacia dónde creemos que quieren ir Jac Schaeffer y sus colaboradores.



El primer episodio de WandaVision es un homenaje, casi un facsimil audiovisual, a las sitcom estadounidenses de los 50 y 60 como Yo Amo a Lucy o Embrujada, con su humor blanco, chistes solapadamente machistas, situaciones disparatadas, estilo retro o secundarios cómicos y sarcásticos viviendo “divertidos malentendidos”. Pero estamos hablando de Bruja Escarlata y Visión y todos sabemos qué sucedió la última vez que se vieron, de manera que a lo largo de todo el episodio Jac Schaeffer y Matt Shakman van colocando pistas relacionadas con hechos previos acontecidos en el Universo Cinematográfico Marvel y pequeños pasajes en los que hay una ruptura de la irrealidad en los que los personajes comienzan a “comportarse de manera errática”, fugas metaficcionales que no desentonarían en obras de David Lynch como Mulholland Drive o Twin Peaks: The Return. Entre chascarrillos, humor naif y canciones de The Coasters algo oscuro subyace bajo la superficie, como en aquella Lumberton idílica de Terciopelo Azul (David Lynch, 1986) con jardines ocultos infestados de escarabajos.



El segundo mantiene las clásicas risas enlatadas y el blanco y negro, pero la puesta en escena abandona el encorsetamiento propio de las sitcom familiares cuya trama se desarrolla en pocas localizaciones, siendo la central la casa familiar, abundando secuencias en exteriores y demostrando sus máximos responsables que a pesar de mantener un tono y una temática la serie irá evolucionando poco a poco a en algo diferente, aunque todavía se mantengan homenajes a las comedias de los 60, esos títulos de crédito animados en homenaje a Embrujada, o las situaciones rocambolescas propias de estos productos reformuladas por los guionistas, como sustituir un posible caso de embriaguez en público por parte de Visión por un chicle que se queda atascado en su maquinaria y lo hace actuar de manera imprevisible durante el número de magia que comparte con Wanda. Entre guiños al UCM y homenajes a películas como Las Esposas de Stepford (Bryan Forbes, 1975) una vez más el espectador se percata de que algo inquietante anida debajo de esas imágenes idílicas que no son lo que aparentan, como nos confirma ese plano final que vuelve a reincidir en la naturaleza mutante de la que, casi con toda seguridad, va a hacer gala la serie.



Es tan de agradecer como osado que la primera serie estrenada por Disney + relacionada con el Universo Cinematográfico Marvel rompa el conservador y demasiado acomodaticio molde de sus producciones audiovisuales para la gran pantalla, por muy disfrutables que sean la mayoría de ellas. No queremos decir con esto que WandaVision vaya a revolucionar la ficción dentro de las plataformas de pago por visión en particular o el mundo de las series en general, nada más alejado de la realidad. Pero sñi propone algo original y fresco que adheriéndose a un microcosmos con unos códigos tan ferreos como los del género superheróico decida no sólo ir en una inesperada dirección, sino hacerlo homenajeando a las series clásicas televisivas de Estados Unidos y haciendo gala de un excelente reparto en el que brillan con luz propia unas Elisabeth Olsen y Paul Bettany que a simple vista sólo parecen estar rascando en la superficie psicológica de unos personajes que darán mucho más de sí en los siete episodios restantes de esta atractiva propuesta que esperemos se desarrolle y finalice transmitiendo las mismas buenas sensaciones que hemos experimentado con sus dos primeras entregas.



En el tercer episodio, titulado Now in Color, retomamos la trama justo donde acababa el segundo, el estupendo Don’t Touch the Dial, con Wanda repentinamente embarazada y pasando del blanco y negro al color. De esta manera seguimos sumergidos en el mundo del homenaje a las sitcom estadounidenses, pero esta vez abandonamos los 50 y 60 y nos adentramos en los 70. Las referencias a Yo Amo a Lucy o Embrujada dejan paso a Apartamento Para Tres (Three’s Companym 1977-1984) o La Tribu de los Brady (1969-1974) entre otras. No sabemos hacia dónde se encaminará el resto de la temporada, pero por ahora su construcción narrativa consiste en que cada episodio mantiene una evolución cronológica siempre relacionada con la antiguas comedias de situación televisivas, pero con los personajes viviendo la situación en tiempo real, siendo conscientes de que para ellos sólo están pasando unas pocas horas.



El capítulo, una vez más, lleno de referencias tanto al Universo Cinematográfico Marvel, esos anuncios publicitarios con productos marca Hydra, como con los guiños a las ya citadas series cómicas de la televisión setentera enriquecidos con pequeños detalles como que los efectos especiales utilizados para recrear los poderes telequinéticos de Wanda sean en su mayoría prácticos y con trucajes de cámara a la vieja usanza. Pero si hay algo a destacar en esta tercera entrega es la labor interpretativa de Elizabeth Olsen. No es ajeno al espectador avezado que la hermana de Mary Kate y Ashley es una excelente actriz, como ha demostrado en producciones como Wind River, Sorry For Your Loss u Old Boy, pero la pericia y fluidez con la que pasa en menos de quince minutos de la comedia más hilarante, bordeando el slapstick, al drama casi desgarrado y casi el terror después de esa nana y su reacción al comentario de Geraldine sólo confirman el enorme potencial interpretativo que posee y todavía no ha sido debidamente explotado.



El inesperado y prematuro nacimiento de los mellizos o la disrupción cada vez más pronunciada e inquietante de la ficción, atención a cómo cambia sutilmente la puesta en escena y el look visual cuando entran en escena los pasajes en los que la ¿realidad? profana el mundo color pastel de los personajes, comienzan a encarrilar la serie hacia un más que probable punto de inflexión conceptual y narrativo que la haga transitar o bien por caminos más rudimentarios o en el caso contrario adentrarse cada vez más en lo atípico y rupturista, algo que haría ganar muchos enteros más al proyecto como rara avis dentro de las producciones serializadas de Marvel Studios y con mayor mérito todavía siendo la primera de las varias que están por poblar el catálogo de Disney +. Quedamos a la espera de ese cuarto episodio que nos pondrá casi las puertas del ecuador de la obra y en el que nos adentraremos completamente en los añorados y tan de moda años 80 con sus cardados, hombreras y modelitos sport invadiendo las 625 líneas de millones de hogares estadounidenses.



Cuarto episodio, We Interrupt This Program, que rompe radicalmente con la propuesta establecida hasta el momento por el proyecto. La acción comienza justo cuando termina el “Lapso” que mediante el chasquido de Thanos portando el Guantelete del Infinito hizo desaparecer a la mitad del universo, siguiendo los pasos de Monica Rambeau volviendo a la realidad y reicorporándose a SWORD para más tarde volver a desaparecer. En la realidad paralela al universo ficticio en forma de sitcom mutante se confirman muchas de nuestras sospechas y para exponerlo las guionistas Jac Schaeffer y Cameron Squieres utilizan como recurso narrativo a la Darcy Lewis de una Kat Dennings felizmente recuperada para el Universo Cinematográfico Marvel. Un pueblo aislado de New Jersey, llamado Westview, es el punto neurálgico desde el que Wanda Maximoff está ejerciendo lo que parecer ser una poderosa cantidad de energía mediante la que ha creado el mundo alternativo que hasta ese momento habíamos experimentado con los tres primeros episodios.



De esta manera, y mediante el personaje de Lewis o sus colaboradores, vemos lo acontecido en las tres anteriores entregas desde el “otro lado de la pantalla” desvelándose que aquellas disrupciones repartidas por el metraje en las que el idílico “decorado” en el que habitan Wanda y Visión se veía interrumpido abruptamente se debía a los intentos por parte de SWORD y otras divisiones militares de recuperar a Rambeau y conocer cuál es la naturaleza de esa emisión de una comedia de situación que en el mundo real sólo puede verse adecuadamente con antiguos televisores con tubo de imagen. Una vez los agentes descubren la forma televisiva de esta forzada fantasía entra en escena la metaficción cuando descubrimos la personalidad real del “reparto” de actores a los que Wanda ha asignado los personajes secundarios de la que ahora es su vida autocontenida. Una alarde narrativo que da una dimesionalidad nueva a la propuesta de Marvel Studios haciéndola parecer un episodio de The Twilight Zone.



La puesta en escena de Matt Shakeman cada vez más cuidada y minuciosa, los medidos giros a golpe de guión de Schaeffer y su equipo de escritores que conectan cada vez más la miniserie con el UCM, la labor de todo el reparto o un clímax final con apuntes de terror y rematado por Voodoo Child de Jimi Hendrix suponen el el cierre perfecto para el que hasta ahora es el mejor episodio de WandaVision, hazaña más meritoria si cabe teniendo en cuenta el alto nivel de los anteriores. Varios de los implicados en su producción, entre ellos el mismo Paul Bettany, comentaron que este We Interrupt This Program iba a volarnos la cabeza y a fe de un servidor que lo consigue, no sólo con las revelaciones planteadas, también con un agradecido afán por el detalle y la alegoría sintetizado en esas paredes que Wanda “repara” como intentando curar una herida cuyo tamaño es cada vez mayor. A partir de ahora se presuponen algunos capítulos en los que volveremos a la construcción por medio de las sitcom, pero sabiendo ya lo que nos ha sido expuesto las ganas de que el devenir de acontecimientos se acelere no hacen más que aumentar exponencialmente.



Quinta entrega de la primera temporada de Wandavision, titulada On A Very Special Episode…, y nuevo punto y aparte, no ya dentro de la misma serie, sino de todo el Universo Cinematográfico Marvel debido a la inclusión de un personaje cuya presencia significa mucho más de lo que su simple rol de “estrella invitada” pueda dar a entender. Desde una perspectiva conceptual y narrativa esta nueva entrega amalgama las dos visiones que hasta este momento hemos tenido, la de las sitcoms planteada desde el arranque y la de la realidad fuera de Westview que fue expuesta en el cuarto episodio. De esta manera la nueva media hora del programa se permite dejar satisfechos a los amantes de ambas vertientes, pero sin simplificar la propuesta de Jac Schaffer, Matt Shakman y compañía, sino todo lo contrario, llenándola de nuevos matices y acentuando las virtudes de las que hasta ahora había hecho gala.



Llegamos a los años 80 y las referencias visuales y argumentales a productos de la comedia de situación de la época como la inevitable Padres Forzosos (Full House 1987-1995), Enredos de Familia (1982-1989) o Punky Brewster (1984-1988) no se hacen esperar. Pero en esta ocasión el episodio no sólo apela a las ya habituales “rupturas de la irrealidad”, sino que estas son tan pronunciadas como para que Wanda abandone su retiro y se enfrente a los agentes de SWORD, en una secuencia magistral, o para que Visión se de cuenta por primera vez estar siendo manipulado por su pareja llegando a encararse con ella en durante la “emisión del episodio” pervirtiendo los códigos de las sitcom como cuando aparecen los títulos de crédito, pero el personaje de Paul Bettany no quiere dar por zanjada la discusión o esa casi consumada pelea física que es interrumpida por el momento álgido que tiene lugar en el muy comentado clímax final, con esa aparición que descoloca a cualquier tipo de espectador.



Porque sí, como era de esperar la aparición del Quicksilver no de Aaron Taylor-Johnson, sino el de Evan Peters, iba a convertirse en la comidilla en redes sociales y, por qué no decirlo, el potente golpe de efecto que camufla algunas carencias de un capítulo que, después de todo, no baja del sobresaliente. La presencia del actor de X-Men: Días del Futuro Pasado, X-Men: Apocalipsis o X-Men: Fénix Oscura no sólo marca el punto de inicio de la inclusión de los mutantes de 20th Century Fox en la continuidad del UCM diseñada por Marvel Studios desde hace más de diez años, sino que también nos hace elucubrar sobre cuáles de sus antiguos compañeros de reparto aparecerán en lo que queda de serie y por efecto dominó en el futuro próximo del microcosmos ficcional apadrinado por Kevin Feige. La simiente del Multiverso acaba de ser plantada y ahora sólo nos queda esperar y teorizar sobre cómo los Hijos del Átomo se incorporarán al canon actual y cuán importante será la Doctor Strange in the Multiverse of Madness de Sam Raimi, con la presencia de Elizabeth Olsen confirmada, para construirlo.



Con la sexta entrega, All-New Halloween Spooktacular!, Wandavision se salta las sitcom de la década de los 90 y se va directamente a una del año 2000, pero heredera en lo visual y narrativo del decenio anterior. Desde aquí un servidor no puede más que aplaudir la decisión por parte de Jac Schaeffer y Matt Shakman de rendir tributo a una de las mejores series cómicas de los últimos 20 años. Como es lógico estoy hablando de Malcolm in the Middle (2000-2007) la serie de FOX creada por el canadiense Linwood Boomer que duró la friolera de siete temporadas convirtiéndose en una especie de equivalente en imagen real de Los Simpson. La producción protagonizada por Frankie Muniz, Bryan Cranston, Jane Kaczmarek, Justin Berfield, Erik Per Sullivan o Christopher Masterson entre otros destilaba un corrosivo retrato de la familia media estadounidense que en ocasiones era poco apto para ese público infantil al que supuestamente iba dirigido un show que acabó convirtiéndose en icónoco. Desgraciadamente la necesidad de que los acontecimientos de Wandavision avancen diluye y deja en un segundo plano el homenaje a tan insigne producto que todo el mundo debería ver al menos una vez en la vida.



Porque es ineludible que después del cameo sorpresa de la semana pasada el Pietro Maximoff de Evan Peters iba a dar mucho que hablar al incorporarse, al menos momentaneamente, al casting de la serie de Disney + y Marvel Studios y mediante los dialógos con su hermana va aportando datos y pistas que nos pueden orientar con respecto hacia donde se encaminarán los tres episodios restantes. Además de a Malcolm in the Middle el sexto capítulo también hace referencia a los especiales de Halloween tan habituales en las series de televisión estadounidense y la excusa del “truco o trato” sirve para que los guionistas jueguen con los límites físicos de Westview, haciendo transitar a los personajes por la zona de la ciudad en el que el influjo mental de Wanda es menos efectivo. Algo de esto podemos ver cuando Vision se embarca en la misión de salir de la zona de cuarentena para intentar dilucidar que está pasando en la pequeña localidad y acaba encontrándose con una Agnes confundida que experimenta un leve momento de lucidez dejando más desconcertado todavía al personaje de Paul Bettany, ya sí, definitivamente decidido a salir de su encarcelamiento.



El hecho de que el capítulo finalice con Wanda aumentando de tamaño el campo de energía con el que tiene sometida mentalmente a la población de Westview da la impresión de que hará a la trama volver a la casilla de salida, pero el que los personajes localizados al otro lado de la irrealidad ahora vayan a formar parte de la ficción creada por el rol de Elizabeth Olsen puede dar mucho juego de cara a construir nuevas situaciones dentro del “universo sitcom” que, si no me fallan los datos, se adentrará en breve en el formato falso documental propio de series como Modern Family o The Office. En el proceso me quedo con los homenajes/burlas a los trajes originales de los personajes en los cómics, algún golpe de humor que funciona aun quedándose a años luz del mucho más bruto de la serie a la que se hace referencia, y con un Paul Bettany ganándose aquí más minutos de metraje en solitario para su lucimiento, ya que en ese sentido su partenaire en pantalla le estaba ganando por goleada desde un punto de vista interpretativo. Muy buena entrega, con detalles interesantes y algunas revelaciones que nos dejan con ganas de mucho más.



Breaking the Fourth Wall se adentra en la década de los 2000 y utiliza el formato falso documental que tan famoso hicieron series cómicas como las longevas The Office (2005-2013) y Modern Family (2009-2020). Con Wanda hablando directamente a cámara, o lo que vendrían a ser sus entrevistadores, Jac Schaeffer y Matt Shakeman juguetean con los códigos de este tipo de productos usando la huída de Vision del hogar familiar como una de esas clásicas tramas en las que los problemas de pareja copan protagonismo un episodio sí y el otro también. En el proceso, y suponemos que después del uso desproporcionado de sus poderes para aumentar el tamaño de la zona del Hex localizado en Westivew, vemos al personaje de Elizabeth Olsen asistir a la descomposición gradual del microcosmos ficcional al que ha dado forma y que dentro de poco se resquebrajará definitivamente para disgusto del personaje principal.



La inclusión de Darcy Lewis en la zona controlada por Wanda tomando el rol de una escapista de circo, una pena haber desperidiciado la oportunidad de que interpretara a una sosias de su personaje en la sitcom 2 Broke Girls (2011-2017), sirve para interactuar con Vision dando pie así a situaciones disparatadas a modo de descarga cómica capaz de aligerar un poco el tono oscuro que a estas alturas está tomando la miniserie. Por otro lado Mónica Rambeau vuelve a entrar en el Hex, en una secuencia dinámica particularmente bien rodada por Matt Shakeman, y da las primeras muestras de sus poderes que se suman a la determinación propia de su perfil psicológico como secundaria deudora del de su madre en la ficción. El encontronazo compartido entre Rambeau y Wanda se suma a las ya abundantes señales que nos confirmaban a la Bruja Escarlata sólo como un peón controlado por alguien más desde las sombras que, desde el puto de vista de un servidor, no es esa supuesta villana que nos es revelada en el cierre del episodio.



Porque sí, este séptimo episodio confirma una de las teorías más extendidas por la red y es que el personaje de Agnes, pletórica Kathryn Hahn, resulta ser la identidad secreta de Agatha Harkness, la bruja nacida en las páginas de la colección señera de Los 4 Fantásticos, apunte este que nos puede dar alguna pista de quién o quiénes pudieran ser los componentes de ese cameo tan sorprendente que nos tienen preparado para el clímax final de la serie. Con respecto al descubrimiento de la identidad de Harkness a destacar la canción con la que se facilita la información al espectador, todo un delirio a lo The Munsters (1964-1966) con agradecidos apuntes de humor negro, como la mención al asesinato de Sparky, y casi todas las cartas puestas ya sobre la mesa. No todas porque un servidor sigue pensando que hay alguien más detrás de todo el entramado y cada vez estoy más convencido de que se trata de Mephisto. Un episodio divertido y de buen ritmo que, a pesar de todo, me ha resultado el menos redondo de la serie y del que, por otro lado, no hay que perderse la escena post créditos.




Previously On, el octavo episodio de la temporada, supone hasta el momento el mejor y más compacto de Wandavision. Cerrábamos el anterior capítulo descubriendo que Agatha Harkness se encontraba detrás de la personalidad de Agnes (Kathryn Hahn) y que era la supuesta villana del show que estaba controlando todo desde las sombras mientras fingía formar parte del universo de ficción creado por Wanda en Westview. Finalmente todo era una excusa para usar al personaje nacido en las páginas de Los 4 Fantásticos como vehículo narrativo para profundizar en la psique del personaje de Elizabeth Olsen y así descifrar qué le incitó a convertir la pequeña localidad de New Jersey en su particular plató de sitcom viviente. Tomando como inspiración Los Vengadores de la Costa Oeste: Vision Quest (John Byrne, 1989), el equipo de guionistas detrás de esta octava entrega nos llevan al pasado reciente y lejano de la Bruja Escarlata para hacernos testigos de primera mano de retazos de su vida que van desde su infancia en Sokovia, pasando por el inicio de su historia de amor con Vision hasta el momento en el que creó el Hex localizado en Westview.




En este penúltimo episodio se desvelan algunos de los misterios más importantes de Bruja Escarlata y Vision. Descubrimos que la idea de las sitcom viene porque Wanda y Pietro veían con sus padres (¿adoptivos?) dvds de series cómicas estadounidenses que a ella le apasionaban particularmente y que nunca abandonó como podemos descubrir por la bellísima secuencia en la que ella y Vision dan muestras de su prematuro amor viendo Malcolm in the Middle. Asistimos a cómo fue el hecho de encontrar el cuerpo descuartizado de Vision en las instalaciones de Sword el catalizador para que Wanda iniciara todo el entramado de la serie que nos ocupa huyendo de una realidad en la que no podía volver a reunirse con su enamorado despuntando a nivel dramático el pasaje en el solar de la casa en la que construirá su piadosa mentira mediante la Magia del Caos. Por último parece confirmarse que nadie intervino en la decisión de Wanda a la hora de crear el Hex y la irrealidad paralela en la que convive con Vision, pero un servidor está seguro de que hay algo más detrás y si no es mi continuamente defendido Mephisto, es incluso más probable que se trate de Innmortus aka Kang el Conquistador, que ya se encontraba detrás de la creación de Visión Blanco en Vision Quest.




La aparición en la escena post créditos de Vision Blanco y el hecho de que el Director Tyler Hayward esté al mando de la operación contra Wanda habiendo intentado en varias ocasiones realizar un ataque militar en Westview para eliminar al personaje de Elizabeth Olsen apuntan a la posibilidad de que detrás de la identidad del alto mando de Sword se encuentre el ya citado Kang el Conquistador. Más allá de esas teorías y elucubraciones que nos mantienen ociosos y ocupados durante toda la semana hasta la llegada de la nueva entrega de la serie es ineludible afirmar que con Previously On, y a la espera de ver el clímax del proyecto, que nos encontramos, no sólo con el episodio más redondo y emotivo de la Wandavision, sino también con uno de los más destacables productos audiovisuales del Universo Cinematográfico Marvel que en ocasiones pareciera referenciar incluso a capítulos icónicos de la televisión de los 2000 como The Body, de Buffy Cazavampiros, o Everyone’s Waiting, de Six Feet Under. A la espera quedamos de ese cierre que seguramente nos deparará más de una sorpresa a manos de la gente de Disney + y Marvel Studios.




Todo lo que empieza tiene un final y con el noveno episodio llegamos al de WandaVision o Bruja Escarlata y Visión como se la ha conocido en España. Vaya por delante que un servidor ha quedado plenamente satisfecho con el cierre de la serie creada por Jac Schaefer y Matt Shakman, ya que una cosa es sentirse decepcionado porque las cábalas propias desarrolladas a lo largo de la emisión de la serie no se hayan cumplido y otra poner el grito en el cielo contra un producto que, desde su mismo arranque, no hizo otro cosa que ofrecernos ficción de calidad perfectamente construida y rematada. Mephisto, Doctor Strange, Magneto o Kang sólo han sido los objetivos de teorías que nosotros mismos creamos y mediante las cuales hemos disfrutado de un par de meses en los que las redes sociales o los grupos de WhatsApp han ardido con airados y divertidos debates que finalmente nos han conducido a un callejón sin salida. WandaVision sólo necesitaba un colofón a la altura de su desarrollo a lo largo de nueve entregas y a fe mía que nos lo han dado.





Porque finalmente los autores de la serie han apelado al principio de la Navaja de Ockham, confirmando que la explicación más sencilla, la que ya fue confirmada en el episodio 8, era la auténtica. Wanda y su dolor por la pérdida de su pareja, acentuado por la visión deshumanizada de su cadáver, se encontraban detrás de la creación de Westview y nadie más movía los hilos desde las sombras. De esta manera se desmontan todas nuestras teorías y sólo queda disfrutar de The Series Finale, 47 minutos de episodio repletos de acción, épica, terror y drama, uno inusualmente bien perfilado y extrapolado con elegancia del guión a la imagen real. Mi única queja es el coitus interruptus que ha supuesto el falso Pietro de Evan Peters que apuntaba al inicio de la inclusión de los mutantes de la antigua 20th Century Fox en el Universo Cinematográfico Marvel. No sé si ha supuesto un primer paso para este trasvase de personajes, pero si no lo es se antoja una oportunidad desperdiciada que, como ya he leído a algún avispado en la red, podía haberse resuelto utilizando a Aaron Taylor-Johnson como Quicksilver de pega. Aunque claro, de esa manera no hubiéramos elaborado las locas elucubraciones con las que más de un espectador nos hemos devanado los sesos.




En el clímax de la serie tenemos el enfrentamiento entre Wanda y Agatha Harkness y el de Vision con White Vision, mientras otros roles secundarios como Billy, Tommy o Mónica Rambeau son pasto del fuego cruzado. El duelo de hechicería, con truco por parte del personaje de Elizabeth Olsen, y el “combate de lógica” entre las dos versiones del sintezoide interpretado por Paul Bettany ofrecen situaciones remarcables enfatizando unas secuencias de acción que ponen los costes de producción de la serie, 25 millones de dólares por episodio, a la altura de cualquier proyecto para la pantalla grande de Marvel Studios algo que, por lo que apuntan los trailers, también sucederá con The Falcon & The Winter Soldier. Pero no eludamos lo evidente, WandaVision se ha ido creciendo con el paso de los episodios gracias a su poso dramático, que deja en evidencia al de cualquier largometraje de la productora. Si ya aquel “¿Qué es la tristeza, sino amor perserverante?” nos hizo emocionarnos, toda la conversación final entre Wanda y Visión antes de la despedida es no sólo un regalo para los actores por parte de los guionistas de la serie, sino la demostración de que una serie sobre superhéroes enmarcada en un universo ficcional puede hacernos soltar alguna que otra lágrima apelando a un minimalismo alejado de la grandilocuencia del, también muy emotivo, final de Vengadores: Endgame. Muchas veces menos es más y este es uno de los casos que lo confirma.




Algo bueno y malo hay en que WandaVision haya resultado la primera y excelente serie de Marvel Studios en asociación con Disney +. Por un lado se ha revelado como uno de las mejores piezas del Universo Cinematográfico Marvel y la consolidación de que personajes que en un principio parecían mínimamente esbozados pueden ganar enteros si se les concede el terreno adecuado para evolucionar y poder profundizar en sus perfiles psicológicos. Por otro ha puesto el listón tan alto y ha jugado con unos niveles de extrañeza y abstracción tan impropios de este tipo de proyectos que el resto de series que vengan tras ella, la más inmediata la protagonizada por Anthony Mackie y Sebastian Stan, lo van a tener muy complicado para mantener el listón tan alto. Por último no puedo despedir esta entrada sin cantar incontables alabanzas a Elizabeth Olsen, porque si intérpretes como Paul Bettany o Kathryn Hahn han ejecutado una labor impecable, lo de la protagonista de Wind River (Taylor Sheridan, 2017) se revela como uno de los mejores trabajos actorales dentro del compendio de obras audiovisuales de Marvel Studios y por ello esperamos verla en muchas ocasiones más y por qué no decirlo, reuniendo de nuevo a esa familia que le ofreció el breve periodo de felicidad que llevaba años mereciendo después de una vida repleta de tragedia.




Antes de despedir la entrada me gustaría hacer una pequeña reflexión sobre este blog. Transgresión Continua nació en 2009 y, como es lógico, después de once años ha experimentado numerosos altos y bajos, más si cabe teniendo en cuenta que la edad dorada de este tipo de sitos web pasó hace mucho tiempo. Curiosamente, hace cuatro años, cuando publiqué las reseñas Twin Peaks: Atravesando las Oscuridad del Futuro Pasado I y II este lugar de encuentro remontó el vuelo con más fuerza que en sus mejores tiempos, pero esa nueva etapa de bonanza en cuanto a visitas pasó al cabo de unos meses. No voy a negaros que desde hacía un par de años seguía con Transgresión Continua por el cariño que le tengo y el tiempo que le he dedicado durante más de una década, pero que una entrada superara los dos dígitos en cuanto a visualizaciones no tenía lugar hasta pasados varios meses de su publicación, lo cual, no voy a negarlo, me desanimaba notablemente.




Pero contra todo pronóstico esta entrada dedicada a WandaVision o Bruja Escarlata y Visión, que también es la primera actualizada semanalmente para incluir la reseña de cada nuevo episodio, no sólo ha conseguido números meritorios, ahora mismo supera las 1500 visualizaciones, sino que ha atraído a un gran número de nuevos lectores, la mayoría mediante la cuenta de Twitter de Sesión Discontinua y la mía propia, haciendo que las últimas publicaciones del blog rebasen las mil visualizaciones en pocos días, algo que me anima a seguir con un proyecto que en más de un momento he mantenido activo por pura nostalgia. Esta nueva inyección de vitalidad para Transgresión Continua me incita a mí, Juan Luis Daza o Armin Tamzarian en estas cuatro paredes, a seguir dando guerra hablando de cine y series, dentro de poco repitiendo la misma fórmula de esta entrada con The Falcon & The Winter Soldier. Nos leemos en breve.