jueves, 19 de diciembre de 2013

Tortugas Ninja, los quelonios toman Manhattan



Título Original Teenage Mutant Ninja Turtles (1990)
Director Steve Barron
Guión Todd W. Langen y Bobby Herbech basado en el cómic de Peter Laird y Kevin Eastman
Actores Judith Hoag, Elias Koteas, Josh Pais, Michelan Sisti, David Forman, Leaf Tilden, Sam Rockwell






En el año 1984 los autores Kevin Eastman y Peter Laird publicaron por medio de la editorial Mirage Studios el primer número de un cómic independiente titulado Teenage Mutant Ninja Turtles. El tebeo dibujado en blanco y negro y protagonizado por cuatro tortugas antropomórficas especialistas en artes marciales no dejaba de ser una parodia/homenaje a la obra de Frank Miller. Desde la estética japonesa y samurai que nos recuerda a Ronin hasta la presencia del Clan del Pie, que era una variante de La Mano, el grupo de ninjas de su inolvidable etapa en Daredevil, todo el contenido formal y estético de TMNT era deudor de la obra ochentera del autor de 300 o El Regreso del Caballero Oscuro.




Lo que Estman y Laird no sabían es que ese número único editado gracias al dinero que el tío del primero les prestó a ambos iba a ser un éxito editorial descomunal que no sólo cambiaría el panorama del mundo del noveno arte confirmando que las editoriales independientes podían dar pie a personajes exitosos que se enfrentaran de tú a tú con los pesos pesados de Marvel o DC, también se convertiría en una franquicia mastodóntica cuya repercusión continúa hoy día, casi 30 años después de la publicación de aquel cómic. A los cientos de tebeos de distintas colecciones se sumaron juguetes, varias series animadas de televisión, música inspirada en los personajes, videojuegos y por supuesto las inevitables adaptaciones cinematográficas en imagen real.




En 1987 se estrenó la primera y exitosa serie de animación de los personajes (cuyo tratamiento para el público infantil se alejaba diametralmente del tono oscuro, sucio y adulto del cómic original) confirmando la hegemonía de lo que se llamó la "tortugamanía", fenómeno fan surgido durante la primera mitad de los 90 con las criaturas de Estman y Laird como epicentro que pilló de lleno a un pequeño Armin Tamzarian que bebía los vientos por Michelangelo, Leonardo, Raphael, Donatello y compañía, eso sí, desconociendo un servidor por aquel entonces el origen en viñetas de los personajes y sólo influenciado por la serie animada, los tebeos publicados a rebufo de esta (con poco que ver con los de la colección primigenia) y por supuesto por los muñecos articulados que aún conservo en mi poder. Sólo tres años después del estreno de la serie animada nuestros quelonios favoritos decidieron dar el salto a la gran pantalla con el esperado y previsible triunfo a nivel global del producto.




La ciudad de New York está sufriendo una oleada de robos silenciosos en el que se ven implicados muchos de los adolescentes de la zona. Detrás de la misma se encuentra el Clan del Pie, una organización criminal secreta formada por ninjas adiestrados por un desconocido maestro que responde al nombre de Shredder. Cuando la periodista del Canal 6 April O'Neil decide investigar el caso llega demasiado lejos y es atacada por el Clan y salvada in extremis por Leonardo, Michelangelo, Donatello y Raphael, cuatro tortugas mutantes expertas en artes marciales que fueron entrenadas por Splinter, una rata que sufrió la misma mutación que ellos y que es tanto el sensei como la figura paterna del cuarteto de reptiles. April se unirá a estos atípicos héroes y al humano Casey Jones para derrotar a Shredder y sus secuaces.




Es curioso como una mediocridad sin pretensiones como Tortugas Ninja no sólo se confirma como un producto comercial que supera al 90% de los films del mismo ramo actuales sino que también aguanta con muchísima dignidad el paso del tiempo viéndose hoy día aún como una simpática obra cinematográfica para todos los públicos disfrutable a muchísimos niveles. Muchos más fiel a los cómics de Eastman y Laird que la serie animada, pero tomando un poco del humor de aquella para perfilar la personalidad de los protagonistas, el largometraje de Steve Barron triunfa como adaptación de los personajes al celuloide pero pasándola por un filtro que permite que sus aventura sean consumidas por toda la familia, alejándose del tono adulto de los primeros tebeos pero conservando de aquellos el entorno urbano y oscuro.




Uno de los motivos principales por el que Tortugas Ninja era y sigue siendo un estimable producto comercial es que nació y fue gestado en los 80, década en la que se dio forma al mejor celuloide comercial norteamericano de los últimos 30 años. Esta humilde producción de 1990 sigue la estela de productos como Gremlins, Los Goonies o Cazafantasmas  y demás productos dirigidos a todos los públicos pero sin mirar por encima del hombro al espectador, siempre con un ojo en la taquilla pero con el otro pendiente de realizar una obra estimable, con ciertos valores artísticos y hasta cariño por parte de sus creadores. Por eso el estilo realización de la cinta que nos ocupa es bastante estimable y su acabado puramente artesanal del todo encomiable.




Pero el largometraje también es destacable por méritos propios. Las tortugas caen simpáticas desde los primeros compases del film aunque su humor se antoje un poco infantil y algo demodé y es de un mérito remarcable que los actores consiguieran realizar los movimientos de artes marciales enfundados en tanto látex. Por descontado que el uso de animatronics diseñados por el mítico Jim Henson se ganan mi corazón de cinéfilo, ese Splinter tiene mucho más mérito que cualquier recreación por medio de efectos digitales que pueda hacerse en la actualidad, consiguiendo transmitir ese carácter paternal y de sabiduría que siempre destiló en los cómics o las distintas series animadas siendo solamente una marioneta. Por otro lado es acertada y creíble la interacción de los intérpretes disfrazados de animales parlantes con los que no lo están y que son respresentados por una atractiva y pizpireta Judith Hoag (una pena que en las dos secuelas fuera sustituida por la mucho menos apatecible Paige Turco) como April, un Elias Koteas aún con pelo (o peluca) como el memorable Casey Jones o James Saito como un convincente Shredder. Hasta a un jovencísimo Sam Rockwell tenemos haciendo un breve papel.




También llama poderosamente la atención la acertada dirección del irlandés Steve Barron (Merlín, Mi Vida Como Una Rata, Los Caraconos), medida, acertada, en ningún momento histriónica o ruidosa, puede que por la escasez de medios (dentro del cine comercial TMNT fue una producción más o menos independiente) pero su puesta en escena es en cualquier caso muy meritoria para un proyecto ligero como este, ya que si un producto como este se realizara hoy día se utilizaría una concepción totalmente opuesta con todo tipo de artificios como movimientos de cámara innecesarios y falsamente nerviosos y un montaje efectista que no dejaría respirar las escenas de acción en favor de un fuego de artificio tan aparatoso como vacuo. Miedo me da ese reboot que está produciendo Michael Bay sobre los personajes con Jonathan Liebesman como director y Megan Fox como April O'Neil.




Teenage Mutant Ninja Turtles es una inyección de nostalgia en vena. Para un servidor es una cinta muy especial por lo que supuso en su momento (su secuela incluso más, ya que fue la primera película que vi en pantalla grande allá por 1991) y los gratos recuerdos que me trae. Es una obra mediocre y con algunos apuntes cutres y pasados de moda (esos rap que se multiplicarían hasta lo chirriante en la ya mencionada segunda entrega con la presencia de aquel bulto con ojos llamado Vanilla Ice), pero está hecha con cariño hacia los personajes, los fans de los mismos y los espectadores en general. Dentro de poco comentaré las secuelas y la película de animación digital que se estrenó hace unos años, incluso si me animo puede que le dedique una entrada a los primeros cómics de Eastman y Laird que dieron origen a todo. Estas tortugas adolescentes mutantes ninja lo merecen.



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