miércoles, 4 de diciembre de 2013

El Jefe de Todo Esto, los idiotas



Título Original Direktøren For Det Hele (2006)
Director Lars Von Trier
Guión Lars Von Trier
Actores Jens Albinus, Peter Gantzler, Louise Mieritz, Iben Hjejle, Mia Lyhne, Henrik Prip, Casper Christensen, Jean-Marc Barr




Antes de entrar en una profunda depresión que le incitaría a exponer en pantalla dos crudos análisis sobre la psicología femenina aderezados con mutilaciones genitales de ambos sexos en Anticristo o con posibles colisiones con planetas que acabarían con la existencia del nuestro en Melancolia el controvertido, talentoso y en ocasiones infantil (para bien o para mal) cineasta danés Lars Von Trier realizaría en 2006 su única comedia pura dentro de su ya extensa filmografía, El Jefe de Todo EstoDirektøren For Det Hele en su título original. El resultado para el que suscribe es un producto con mucho potencial que no llega a revelarse como una obra acertada por el simple hecho de que su creador no sabe sacar toda la bis cómica latente que contiene la historia, que no es poca precisamente.




Ravn es el dueño de una empresa danesa relacionada con el mundo de la informática que quiere poner en venta. El problema es que cuando la creó se inventó un ficticio presidente, siempre ausente por culpa de sus supuestos negocios en Estados Unidos, para que no recibiera represalias de sus subordinados cuando tomara decisiones impopulares que les perjudicaran. Pero precisamente por querer vender el negocio a unos compradores islandeses deberá contratar los servicios de Kristoffer, un amigo actor que aceptará el trabajo de hacerse pasar por el mandamás de la empresa llevado por su pasión por el teatro (siente especial predilección por el dramaturgo Antonio Quarantotti Gambini). El problema surgirá cuando los peculiares miembros de la empresa pongan por fin cara a "el jefe de todo esto" y paguen con él sus frustraciones personales y profesionales.




Lo cierto es que si bien Lars Von Trier nunca ha sido muy dado a la comedia las veces que la ha tocado aunque sea de manera tangencial (Los Idiotas no me dejó indiferente en su momento como piedra angular del movimiento Dogma 95, pero nunca supe si era una genialidad o una tomadura de pelo de las que hacen época, puede que un poco de las dos cosas, como el mismo tratado al que él y su amigo Thomas Vinterberg dieron forma) no me ha convencido demasiado. El Jefe de Todo Esto es su comedia oficial y lo cierto es que a mí me hace poca gracia aunque le reconozco el mérito como pieza cinematográfica inteligente, crítica y bien construida que se presenta como una obra supuestamente humilde que sólo tratará de hacer reír al espectador para después revelarse como una interesante visión de la estupidez intrínseca en el ser humano (en concreto al europeo del siglo XXI) con una estructura metareferencial óptima y nada simplista.




La cinta se abre con un plano en grúa en el que vemos reflejado al mismo Von Trier en las cristaleras del edificio de oficinas en el que tendrá lugar la historia del film. Su voz en off nos afirma que vamos a ver una comedia inofensiva cuya única intención es arrancar a la platea unas cuantas carcajadas sin necesidad de que se aventure en reflexiones intelectuales innecesarias. Dicho prólogo no sólo es una muestra más de la egolatría autoral (y su posición demiúrgica como narrador cuando decida meter "cambios" a lo largo de la historia en forma de paréntesis para hacerla más "interesante") del danés, también es el primer escupitajo en la cara del espectador, ya que posteriormente veremos cómo el largometraje está creado con la intención de meter el dedo en la llaga de varios temas que pueden incomodar a distinto tipo de audiencia, desacreditándose así esa declaración de principios por parte del cineasta que daba comienzo al film y que para qué vamos a negarlo, no se cree nadie viniendo de un hombre tan dado a la controversia y la mala baba como él.




De modo que el director de Manderlay lo tiene todo. El contexto, la historia, la ironía, el reparto y un objetivo claro, pero la comedia que debe cohesionar todo el relato nunca está a la máxima potencia y sólo en ocasiones contadas incita a la carcajada. Aunque mentiría si negara que no sonrío con varios de los apuntes del film como la pasión de Kristoffer por Gambini (autor teatral ficticio) y su obra, especialmente El Monólogo del Deshollinador (que se contrapone a su odio por Henrik Ibsen y su teatro de la improvisación) la personalidad egoísta y sutilmente manipuladora de Ravn o el empresario islandés que odia con toda su alma a los daneses a los que acusa de sensibleros y estancados en un progresismo arcaico que no evoluciona o ese discurso final por parte del protagonista en el que Von Trier se ríe del sentimentalismo gratuito dentro de la ficción utilizándolo como arma arrojadiza en su propia película.




Pero a la hora de hilvanar gags rara vez consigue un verdadero pleno, sólo en momentos muy concretos en los que se entrega a la confusión de géneros, la comedia física (cuando agreden a Kristoff) o empieza a hacer sangre con las costumbres y tradiciones de su país o a mofarse de manera autocrítica del mismo cine Dogma que él dio pie a crear consigue adentrarse en pasajes meritorios dentro del humor. Aunque a un servidor siempre le queda la sensación de que hay un muy interesante punto de partida, buenas intenciones y un reparto que hace un destacable trabajo en el que sobresalen Jens Albinus, Peter Gantzler y un muy poco aprovechado Jean-Marc Barr (actor fetiche de Von Trier y hasta padrino de uno de sus hijos, hay que tener ganas) dando vida a un ¿americano? llamado Spencer que trabaja en la empresa sin hablar bien el danés mientras sus compañeros no le explican nada de lo que dicen entre ellos, por desgracia no hay nada más allá de eso.




Puede que el director de Europa o El Elemento del Crimen tenga una visión del humor que no conecta conmigo (la comedia que nos ocupa no tiene precisamente mala fama entre la crítica y el público) pero lo cierto es que en líneas generales esta Direktøren For Det Hele me deja frío y fuera de su juego irónico y lúdico con el lenguaje metatextual transmitiéndome más indiferencia que otra sensación. Por eso prefiero al posterior Von Trier, el (post)depresivo, aquel que con obras como Antichrist o Melancholia (y espero que con esa Nymphomaniac que está por llegar en dos partes) consigue transmitir sensaciones, positivas o negativas, de admiración o rechazo, pero vívidas, primarias, incómodas y sí, puede que pretenciosas, pero por eso mismo afines a su visión de la vida, la muerte, el sexo o la religión, esa misma mirada que lo ha convertido en un autor capital dentro del cine contemporáneo.



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