domingo, 15 de septiembre de 2013

Dante 01, San Jorge Superstar



Título Original Dante 01 (2008)
Director Marc Caró
Guión Pierre Bordage y Marc Caró
Actores Lambert Wilson, Linh Dan Pham, Dominique Pinon, Yann Collette, Bruno Lochet, François Levantal, Simona Maicanescu, Gérald Laroche






No ha debido ser un camino de rosas la carrera del guionista, realizador, dibujante y director artístico Marc Caró después de desvincularse de su compañero de fatigas Jean-Pierre Jeunet. Ambos dieron forma a principios de los 90 a una nueva vertiente de cine de género dentro de su país con obras tan estimables y atípicas como Delicatessen y La Ciudad de los Niños Perdidos. Pero después de este díptico que aunaba oscuridad con inocencia los dos colaboraron por última vez en la muy gamberra y recuperable Alien: Resurrección, debut en Hollywood de Jeunet (Caró se ocupó sólo de los decorados, no compartiendo esta vez labores de dirección con el director de Micmacs) y cuarta entrega de las correrías de la teniente Ripley.




Tiempo más tarde mientras Jeunet saboreaba un descomunal éxito con Amelie, Caró se dedicaba a ser el director de arte o diseñador de personajes de films de compatriotas suyos como Gaspar Noé (Enter the Void) Jan Kounen (Blueberry: La Experiencia Secreta) o Pitof (Vidocq). Pero fue el año 2008 en el que debutara en solitario en el campo de la dirección cinematográfica. Lo hizo con Dante 01, la obra que nos ocupa, un film de ciencia ficción fallido por cometer varios pecados (curioso si tenemos en cuenta la temática del largometraje) imperdonables que le pasaron factura abocando el proyecto al fracaso siendo masacrado por crítica y público, en gran parte con motivo.




Dante 01 es el nombre de una prisión espacial de máxima seguridad que da cobijo a todo tipo de criminales y dementes. Los métodos allí utilizados para la supuesta reinserción de los presos son inhumanos y por ello los reclusos, comandados por César, decidirán rebelarse e intentar escapar del lugar. Pero todos los planes ser verán alterados con la llegada de un nuevo miembro a Dante 01, un individuo callado y asustadizo que es bautizado a su llegada como Saint-Georges y que parece tener poderes divinos que le permiten curar o resucitar a las personas con las que mantiene contacto físico. Este nuevo pasajero cambiará forzosamente el futuro de todos los que pueblan esta infernal cárcel.




La primera película de Marc Caró en solitario empieza mal cuando el espectador más o menos avispado se da cuenta de que tanto el argumento como la estética fusilan impunemente a Alien 3, la ópera prima de David Fincher en el mundo de la realización, pero acentuando brutalmente la carga teológica de aquella, que fue inyectada por el director australiano Vincent Ward (argumentista del film que vio como un Walter Hill productor y guionista redujo considerablemente la carga religiosa del proyecto) en la historia que destilaba cierto tono mesíánico que no sobrecargaba demasiado y en ocasiones quedaba bastante bien a la tercera aventura de Ripley y sus amigos los alienígenas.




Por eso desde el minuto uno cuando la voz en off lanza sus primeras palabras nos damos cuenta de que Dante 01 es una película alarmantemente pretenciosa (hasta los nombres de los personajes lo son: Perséfone, Lázaro, Atila, San Jorge y lo de la referencia al autor de La Dvinia Comedia también se las trae), que cree estar contando algo más grande que la vida y que está convencido de estar dando clases de metafísica o filosofía cuando sólo está contando una versión simple y torpe de un nuevo Jesucristo que da a parar a una cárcel espacial y se pone allí a hacer milagros entre dementes, criminales y científicos con aspiraciones nazis. El problema es que el tono teológico se hace cargante, farragoso, plomizo y entorpece el ya de por sí raquítico argumento que no da para mucho por su naturaleza endeble y que para colmo, como es tradición en este tipo de films, incluye a algunos roles  que "no creen" y que son, por supuesto, los más maquiavélicos e inhumanos de la obra.




Caró sólo se preocupa de transmitir una solemnidad cargante y megalómana creyéndose una mezcla entre Stanley Kubrick, Andrei Tarkovski y Carl Theodor Dreyer, cuando en realidad el tipo no llega ni a Peter Hyams. Por suerte sus dotes para la dirección artística y la creación de storyboards se dejan ver en pantalla ofreciéndonos un diseño de producción notable con unos decorados, fotografía y efectos digitales de muy buen nivel. También consigue sacar de sus actores una carnalidad bastante palpable, aunque el protagonista, Lambert Wilson, se pasa todo el metraje retorciéndose por los suelos y siendo eclipsado por un Dominique Pinon que dando vida al papel de César se convierte en el mejor actor y personaje de la película.




Pero lo mejor de la cinta es que nunca aburre, se pasa en un suspiro (también es cierto que dura no más de 80 minutos) y ofrece entretenimiento bien medido a un espectador que al menos en el plano visual se queda bastante satisfecho con el trabajo del director. Pero una vez más todo se cae por su propio peso cuando la pretenciosidad llega a cotas carcajeantes con ese clímax final en el que Caró quiere hacer su versión de 2001: Una Odisea en el Espacio pero lo único que le sale es un videoclip sobrecargado entre new age y recalcitrantemente cristiano en el que sólo vemos cuatro planos distintos sucederse en forma de bucle a cada vez más velocidad hasta que no podemos evitar reírnos por el disparate que estamos viendo en pantalla y que lo único que nos hace pensar es en que Darren Aronofsky mereció mejor suerte con su maravillosa The Fountain, obra que es como una hermana inteligente de la película de la que estamos hablando y cuyo final deja en pañales al que acabo de comentar.




Dante 01 es un producto fallido, un intento de narrar algo prodigioso que se queda en una bonita carcasa que sólo contiene en su interior divagaciones recalcitrantes sobre religión y sacrificio. No considero que sea la basura que muchos proclaman (el simple hecho de que no me aburriera en ningún momento al verla siempre jugará a su favor) pero sí es la confirmación de que Marc Caró no debería dedicarse a rodar cine en solitario, porque por mucha fuerza que tengan sus imágenes, por mucho instinto que tenga a la hora de cautivarnos con lo que el objetivo de su cámara consigue captar, como narrador es increiblemente torpe y presuntuoso. Esperemos que si decide volver a dirigir se embarque en un producto más modesto y menos adoctrinador. 


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