lunes, 18 de noviembre de 2013

La Zona Oscura, secretos y mentiras



Título Original The War Zone (1999)
Director Tim Roth
Guión Alexander Stuart basado en su propia novela
Actores Ray Winstone, Lara Belmont, Freddie Cunliffe, Tilda Swinton, Kate Ashfield, Aisling O'Sullivan, Colin Farrell




Dos años después de que su amigo y compañero de reparto en Rosencrantz y Guildenstern Han Muerto Gary Oldman debutara con éxito en el mundo de la dirección con Los Golpes de la Vida (Nil By Mouth) el actor británico Tim Roth, conocido por sus roles en largometrajes como Reservoir Dogs, Pulp Fiction o la serie Miénteme hizo lo propio con la obra que nos ocupa, The War Zone. Un film independiente que adaptaba la novela homónima del escritor Alexander Stuart con guión de este para que el actor de Everybody Says I Love You o Rob Roy lo llevara a imágenes. El resultado es un durísimo drama que aborda un tema tabú como el del incesto dentro del núcleo familiar con considerables hallazgos y algún fallo bastante reprobable que trastoca un poco el conjunto del producto aunque sin llegar a herirlo de gravedad.




Tom es un quinceañero que ha dejado Londres junto a su familia para mudarse a una casa en el condado de Devon. Poco después de que su madre de a parir a su tercer hijo Tom empezará descubrir el secreto más oscuro que yace en su propio hogar. Su padre y su hermana adolescente Jesse mantienen relaciones sexuales a espaldas del resto de la familia. El muchacho se obsesionará con conocer toda la verdad sobre tan terrible hecho, pero siempre intentando que su madre no se entere de nada ahora que debe cuidar de la pequeña Alice y siempre intentando comprender los motivos por los que Jesse permite a su progenitor que abuse físicamente de ella.




The War Zone es una de las visiones más duras y críticas con la familia media inglesa (extensible a la europea) que se ha rodado jamás. Roth muestra un talento seco y cortante y una voz autoral deudora de las miradas de Michael Haneke o Andrei Tarkovski por medio de una puesta en escena escueta y gélida en su exterior pero desgarrada y visceral en su interior. El británico hace gala de una contención emocional sobresaliente pintando un retrato analítico y cercamo de este hogar en apariencia normal que contiene en su interior un lado ténebre y terrible solapado por una falsa pátina de cotidianidad que oculta el más deleznable de los secretos.




La ópera prima de Tim Roth es una obra incómoda en fondo y forma que aborda un tema como el incesto sin miramientos ni medias tintas y ahí es donde anidan sus aciertos y el único de sus fallos, que formalmente es bastante criticable. El protagonista de Little Odessa expone en pantalla tan controvertido tema con un pulso narrativo digno de alabanza y con una sutilidad llena de simbolismos como esa escalofriante casa aislada, la sempiterna lluvia que no permite la presencia de un sólo resquicio de sol en todo el metraje, ese parto precedido de un accidente autmovilístico que pone inicio a una vida que desde su mismo nacimiento ya conoce ese dolor que será parte indivisible de su ser o ese refugio de la guerra en la orilla golpeada por las olas que se muestra como testigo del más abyecto de los actos humanos.




Pero su mayor fallo es la secuencia en el ya mencionado refugio en la que vemos de manera explícita y sórdida el acto sexual entre Jesse y su padre ante la mirada furtiva de Tom. Este pasaje innecesariamente explícito rompe la tonalidad de contención, sutilidad y elegancia que había tenido el largometraje hasta ese momento. Es más, la primera vez que Tom descubre que su padre y su hermana mantienen relaciones en el cuarto de baño no vemos nada en pantalla sólo la reacción del muchacho mientras mira por la ventana siendo este momento un logro de poderoso dramatismo (el rostro del chico habla por sí solo) narrando todo fuera de encuadre. Por eso un plano acercándose al rostro de Tom mientras escucha los gemidos de su padre y el llanto de su hermana hubiera sido una resolución formal mucho más lograda para esa parte que por ser tan directa resquebraja la homogeneidad del film y la desnivela justo en el ecuador de su metraje.




El reparto juega la baza de la contención más austera, mostrándose todos los componentes de esta familia como seres que no hablan claramente de sus sentimientos escondiendo los mismos en una coraza casi inequebrantable que sólo se ve rota cuando sale a la luz el acto incestuoso del padre. Tilda Swinton hace una muy buena labor aunque su papel es el más desdibujado y los jóvenes Lara Belmont y Freddie Cunliffe transmiten indefensión y terror, sobre todo la primera, que realiza un trabajo de composición sencillamente brillante. También sale en un papel muy corto un joven Colin Farrell, aunque su presencia es poco más que anecdótica. Pero es Ray Winstone el que devora la pantalla con su rol de padre. A diferencia de su papel en Nil By Mouth, un patriarca violento y alcoholizado al que vemos venir de lejos, el que aquí aborda es un lobo con piel de cordero que nos muestra una sonrisa (el momento mundano y entrañable en el que le cuenta a Jesse y Tom qué fue para él sus nacimientos) para ocultar en su interior un enfermo desalmado capaz de lo inombrable. Ese "te quiero" que dedica a Jesse después de la mencionada escena del refugio transmite al espectador una sensación que se mueve entre el asco y la impotencia.




Tim Roth nos cuenta con La Zona Oscura que hay algo muy turbio en el interior de la familia media europea, que detrás de risas, fraternidad y el calor típicamente hogareño reside algo podrido y sucio que nos puede llevar a cometer actos execrables contra las personas que más queremos convirtiéndolas en seres inertes, traumitazados por dentro y por fuera. El problema es que a los logros de todo el proyecto como su sobria puesta en escena, el acerado guión, la dirección sólida y el reparto sobresaliente se contrapone esa ya mencionada secuencia en la que el director se entrega a cierto tremendismo que impide que una obra como la que nos ocupa bordee la excelencia. Con todo su visionado merece mucho la pena, pero no es una pieza para todo tipo de espectador, es una historia difícil no sólo por lo complicado del tema que aborda sino también porque el mismo es tan real y está tan a la orden del día que hiela la sangre.


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