lunes, 18 de noviembre de 2013

Los Golpes de la Vida, valores familiares



Título Original Nil By Mouth (1997)
Director Gary Oldman
Guión Gary Oldman
Actores Kathy Burke, Charlie Creed-Miles, Edna Doré, Laila Morse, Ray Winstone, Chrissie Cotterill, Jamie Forman, Jon Morrison, Steve Sweeney






Nil By Mouth (Los Golpes de la Vida en España, en fin, para qué decir nada) supuso el debut en labores de dirección del talentoso y camaleónico actor británico Gary Oldman, inolvidable en sus trabajos para largometrajes como Drácula de Francis Ford Coppola, León: El Profesional de su amigo el francés Luc Besson o como el Comisario James Gordon en la trilogía sobre Batman realizada por el cineasta Christopher Nolan. Esta producción inglesa de 1997 es una desconocida para el gran público, pero en su momento fue muy bien recibida sobre todo por una crítica que supo ver las consistentes dotes del protagonista de Sid y Nancy para la escritura y dirección cinematográfica.




La trama de Nil By Mouth ("nada para la boca" en referencia a las paupérrimas condiciones en las que vivía el personaje de Ray Winstone como se ocupa él mismo de explicar en un momento del metraje) es muy básica y en ella seguiremos las vivencias de una familia inglesa de clase obrera en la que las mujeres son las que deben sacar adelante el hogar mientras el padre sólo piensa en su propio interés emborrachándose día sí y otro también y pagando violentamente sus frustraciones con sus allegados. El largometraje se lo dedicó Gary Oldman a su progenitor (sin rencores aparentes o eso hace entender el final del film) señor que le abandonó a él y a sus familiares cuando el actor sólo tenía seis años de edad.




La ópera prima de Gary Oldman tiene su mayor deuda referencial con el cine de Ken Loach, curioso si tenemos en cuenta que el director de Mi Nombre es Joe o El Viento que Agita la Cebada es militante del Partido Laborista y al actor de Bosque de Sombras (Backwoods) en más de una ocasión se ha mostrado simpatizante del Partido Conservador inglés. El retrato que el británico realiza de las clases bajas de su país es de un naturalismo resquebrajado, exponiendo en pantalla a una familia hundida en unas condiciones económicas insostenibles siendo el reflejo más crudo y claro de lo que vino a ser el post-tatcherismo de los años 90 en Gran Bretaña. En esa visión seca y urbana de la Inglaterra de extrarradio tenemos las mayores semejanzas con el estilo del autor de Route Irish, pero por suerte librándonos de ese adoctrinamiento con el que este a veces nos sermonea de manera un tanto paternalista.




Porque en Nil By Mouth Gary Oldman se abre en canal y nos habla de sí mismo y de cuán agradecido está a las mujeres de su familia por haber sacado adelante a los suyos. Según el mismo actor en su momento "necesitó" sacarse fuera esta historia y plasmarla en celuloide con la inestimable ayuda de su amigo Luc Besson en la producción (sí, el director de El Gran Azul no sólo financia cine de acción vacuo y ruidoso con su productora Europa Corp, en ocasiones también ha puesto capital para films tan interesantes como Los Tres Entierros de Melquiades Estrada de Tommy Lee Jones, Alta Tensión de Alexandre Aja o la obra que nos ocupa) con un considerable y por desgracia poco recordado éxito.




Hace unos años un servidor leyó una entrevista durante la promoción de Batman Begins en la que el actor afirmaba no tener la necesidad de volver a dirigir, que su decisión de gestar una pieza como Nil By Mouth fue un paso que quiso dar en su momento no habiendo sentido de nuevo el gusanillo de volver a ponerse detrás de las cámaras. Trabajo que según el protagonista de Rosencrantz y Guildenstern Han Muerto es muy exigente y al que hay que dedicarle un tiempo que prefiere invertir trabajando para otros realizadores o pasándolo con su mujer y sus hijos. Viendo los resultados del largometraje que nos ocupa tal decisión es una verdadera pena, porque nos encontramos con uno de esos intérpretes que dan el salto al campo de la dirección demostrando que lo suyo es algo más que un capricho puntual de estrella de Hollywood.




Porque hay talento y humanismo a flor de piel en Nil By Mouth  inyectado por la mirada cercana, cálida, pero nunca sentenciosa, maniquea o sentimentalista de un cineasta con sensibilidad llena de verismo y dolor. En ningún momento quiere Oldman que nos compadezcamos de esta familia al borde de la desestructuración y que sólo se mantiene unida por mediación principalmente de Valerie y su madre, ya que Ray, su marido, o Billy, su hermano, dedican exclusivamente su vida a mantener sus vicios, el alcoholismo (enfermedad que el mismo Gary Oldman padeció también en su momento) el primero y la adicción a las drogas duras el segundo. El intérprete reconvertido aquí en director narra su relato con una contención digna de elogio, contándonos una historia terrible sin entregarse a la pornografía emocional.




Sirva como ejemplo del talento del actor de La Semilla del Mal como cineasta una declaración de principios en forma de secuencia. Aquella en la que Billy se inyecta heroína en el coche ante la presencia de su propia madre. En ningún momento vemos este pasaje expuesto de manera sensacionalista o morbosa, Oldman elude por todos los medios la sordidez y sobre todo la sensiblería, mostrándonos siempre el rostro de Janet que acepta el acto llevado a cabo por su hijo transmitiendo tanto impotencia como rutina simplemente con su rostro, eludiendo el director y guionista cualquier concesión a los golpes bajos que obligaran al espectador a emocionarse por medio de sentimentalismos pueriles e incidiendo en cambio en una contención deudora de Bergman o Cassavetes.




Por descontado que un actor del nivel de Gary Oldman iba a sacar lo mejor de sus intérpretes, de modo que el trabajo de casting es sencillamente brillante. Todos los miembros del reparto hacen una enorme labor y consiguen transmitir fuerza, desarraigo y verdad (esos acentos cerradísimos, ese uso y abuso de lenguaje malsonante) pero dos son los que destacan por encima de sus compañeros de rodaje. Uno es un Ray Winstone sencillamente inolvidable como el marido de Val, un energúmeno violento y bebedor (la escena de la paliza hiela la sangre y eso que está expuesta fuera de encuadre, otro acierto mayúsculo por parte del director) que finalmente se muestra como lo que cualquier maltratador es: un niño pequeño necesitado de atención con infancia traumática a sus espaldas y un complejo de inferioridad incurable.




La otra es la ya mencionada Valerie a la que da vida una gigantesca y poco conocida Kathy Burke cuya labor es tan remarcable que no se le puede hacer justicia con palabras y que como personaje se revela como el verdadero pilar maestro que mantiene unido este núcleo familiar que se encuentra en las postrimerías de la autoinmolación personal. Una mujer tan de carne y hueso, transmitiendo tanta dignidad que mirándola no lo tendremos muy difícil para poder ver a nuestra madre, hermana o tía. Una estirpe de mujer moldeada a base de lucha y de encajar desgracias de toda índole y pelaje. Merecedísimo su premio a la mejor actriz en el festival de Cannes de ese año 1997.




Nil By Mouth no señala con el dedo a nadie (ni siquiera a Ray, el marido borracho y violento que como todos los personajes del film tiene sus claroscuros emocionales) no adoctrina, ni ofrece soluciones a los problemas a los que se enfrentan las clases bajas de Gran Bretaña. Pero sí nos afirma que los lazos de sangre (para bien o para mal) muchas veces son inquebrantables y que si bien las cosas puede que no vayan a mejor en un futuro todavía podremos sacar fuerzas de flaqueza cuando parezca que ya no las haya. No hace falta que Gary Oldman vuelva a ponerse detrás de las cámaras para demostrarnos que es el gran cineasta que esta obra nos hace vislumbrar, con el simple hecho de habérsela sacado de las entrañas para pagar viejas deudas cerrando heridas es más que suficiente. De algunos directores consagrados con decenas de películas a sus espaldas no se puede decir lo mismo.



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