jueves, 26 de septiembre de 2013

Cujo, hellhounds on my trail



Título Original Cujo (1983)
Director Lewis Teague
Guión Don Carlos Dunaway y Lauren Currier basado en la novela de Stephen King
Actores Dee Wallace, Daniel Hugh-Kelly, Danny Pintuaro, Christopher Stone, Ed Lauter, Kualani Lee, Billy Jayne






Stephen King es mi escritor favorito. Y aunque lo considero una narrador magnífico no es el mejor, ni el más talentoso, pero fue con el que me inicié en el mundo de la literatura para adultos. Con King sucede como con otros autores: Aunque sus obras más conocidas (El Resplandor, Carrie, Misery, Christine) son trabajos remarcables el de Maine donde ha mostrado sus mayores logros como novelista es en las obras menos famosas de su carrera. Ojos de Fuego (Firestarter), Carrertera Maldita (Roardwork), La Larga Marcha (estas dos últimas escritas bajo su pseudónimo Richard Bachman) o La Zona Muerta son novelas que en ocasiones no son conocidas para el gran público, pero que atesoran en su interior al mejor Stephen King.




Dentro de esas novelas no demasiado conocidas se encuentra una que escribió en 1981 (aunque según confesó en su ensayo Mientras Escribo casi no recuerda haberlo hecho, ya que en aquella época sus problemas con el alcohol casi estuvieron apunto de acabar con él) titulada Cujo, protagonizada por un perro San Bernardo contagiado de la rabia, por la mordedura de un murciélago, que asedia a una mujer y su hijo que por desgracia se encuentran en el camino del animal viéndose obligados a quedarse encerrados en su propio coche hasta que alguien venga a rescatarlos o el chucho decida abandonar su ataque. El libro narrado con una especial pericia para perfilar la personalidad del cánido tiene algunos momentos de narración sobresaliente y un final emocionante en el que King sabe llegar a la fibra sensible del lector redimiendo a un mamífero (involuntariamente) salvaje al que ha retratado a lo largo de más de 300 páginas como un monstruo salido del averno.




No tuvieron que pasar más de dos años de la edición de Cujo en Estados Unidos para que la maquinaria cinematográfica se pusiera en marcha y de esta manera adaptar a imágenes la novela del autor de la saga La Torre Oscura que nos ocupa. Porque posiblemente la década de los 80 fue en la que más versiones al celuloide se llevaron a cabo sobre la obra literaria de King. Los Chicos del Maíz (1984), Creepshow (1982), Los Ojos del Gato (1984), Miedo Azul (1985), Cementerio Viviente (1989) fueron algunas de las muchas versiones fílmicas de relatos de King o largometrajes con guiones originales salidos de su propia mano durante aquel decenio. Mismamente ese año en el que Cujo mostró sus fauces a manos de los guionistas Don Carlos Dunaway y Lauren Currier y el director Lewis Teague, David Cronenberg y John Carpenter darían sus propias visiones de las ya mencionadas La Zona Muerta y Christine respectivamente, con buenos resultados en ambos casos.




Dentro de las películas basadas en Stephen King posiblemente las más logradas sean las que no adaptan relatos de terror. Cadena Perpetua (The Shawshank Redemption) La Milla Verde, ambas de Frank Darabont o Verano de Corrupción (Apt Pupil) de Bryan Singer así lo atestiguan. Pero sería de necios negar que Carrie de Brian de Palma, Misery de Rob Reiner, Salem's Lot de Tobe Hooper o El Resplandor de Stanley Kubrick no son excelentes productos cinematográficos. Pero dentro de de las producciones más modestas hay pequeñas joyas a recuperar que a día de hoy están bastante olvidadas. Ese es el caso de la Cujo que nos ocupa, una cinta sin pretensiones, sin un director de renombre realizándola y con un presupuesto ajustado se revela como un film sólido y profesionalmente ejecutado tanto el el plano artístico como el técnico.




Esta Cujo, de 1983, funciona como adaptación fiel al espíritu y el contenido del libro (aunque con alguna excepción destacable que más tarde pasaré a comentar) en el que se basa, pero sobre todo como largometraje contundente, duro, directo y bien realizado. Por un lado tenemos al desconocido y hoy perdidísimo cineasta Lewis Teague haciendo un trabajo sobresaliente de dirección con el guión adaptado que los guionistas Don Carlos Dunaway y Lauren Currier ponen en sus manos. El director de Peligrosamente Unidos (Deadlock) muestra en la obra que nos ocupa el mejor trabajo de su mediocre carrera con un control del tempo narrativo heredero (salvando las distancias, huelga decirlo) de Alfred Hitchcock, porque al igual que en Los Pájaros el suspense de la historia se va construyendo poco a poco cuando el realizador perfila el terreno en el que va a representar su historia y los personajes que la van a protagonizar sin explotar hasta pasado el ecuador del metraje.




Por otro lado Teague sabe cómo y dónde colocar la cámara para conseguir que la sensación y miedo claustrofobia llegue a cotas desasogantes cuando Donna y Tad se ven confinados en el coche por el asedio del animal rabioso. Incluso en una localización tan escasa como el ya mencionado auto consigue ejecutar movimientos de cámara increíbles, como esos travellings que recorren todas las partes del vehículo o el circular que tiene lugar en su interior cuando los personajes parecen haber perdido la esperanza y la cordura, confirmándose con ello una vez más que el holandés Jan De Bont es mejor camarógrafo que cineasta. Aunque sería injusto no mencionar la excelente labor del montador Neil Travis, que logra que creamos que los ataques del San Bernardo son tan reales como viscerales, el maquillaje del equipo de Robin L. Neal que muestra por medio del deterioro físico de Cujo su cada vez más acentuada enfermedad, el trabajo del adiestrador que enseñó a los perros lo que debían de hacer y sobre todo a los seis cánidos que dieron vida al protagonista y que están sencillamente de Oscar.




Pero también el reparto hace una labor magnífica. Desde una Dee Wallace (E.T, The Lords of Salem) descarnada como madre impotente ante el ataque del San Bernardo, un muy natural Daniel Hugh-Kelly como Vic Trenton, el marido de Donna que lleva con una honradez inusitada la infidelidad de ella con un vecino local (interpretado con creíble fisicidad por Christopher Stone, marido en la vida real de Wallace) y un adorable Danny Pintauro de seis años de edad que realiza una labor mastodóntica como Tad, sobre todo en los momentos en los que sufre los ataques, y el gran Ed Lauter haciendo de tipo maltratador y desagradable como sólo él sabe. Pero mi corazón se va con los dos tríos de San Bernardos que hicieron piña para dar vida a Cujo, convirtiéndolo en uno de mis monstruos favoritos dentro del cine de terror contemporáneo




Al igual que el libro en el que se inspira, Cujo es una humilde obra con muchísimos aciertos, hallazgos narrativos y visuales que la convierten en una sólida propuesta tanto en el plano fílmico como en el de ser una adaptación fiel de letra a imagen, aunque la resolución final sea completamente opuesta a la del libro (la comercialidad y la corrección política mandan en Hollywood) que nos remite a un cine artesanal y comercial, por desgracia ya perdido, que le pasa la mano por la cara a todo lo que haya ahora mismo en la cartelera internacional. A día de hoy está muy olvidada y rara vez es destacada en los rankings sobre las mejores películas basadas en novelas de Stephen King, algo totalmente injusto si tenemos en cuenta que la cinta de Lewis Teague está mucho más conseguida que mediocridades como El Cazador de Sueños, de Lawrence Kasdan, la versión de 2004 de Salem's Lot a manos de Mikael Salomon o Rose Red de Graig R. Baxley cuyas simples existencias acrecientan las virtudes del largometraje que nos hizo dudar de la bondad de los San Bernardos.



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