martes, 2 de julio de 2013

Pusher, run, Frankie, run.




Título Original Pusher (1996)
Director Nicolas Winding Refn
Guión Jens Dahl y Nicolas Winding Refn
Actores Kim Bodnia, Zlatko Buric, Laura Drasbæk, Slavko Labovic, Mads Mikkelsen, Peter Andersson, Vanja Bajicic, Lisbeth Rasmussen, Levino Jensen, Thomas Bo Larsen, Lars Bom, Michael Hasselflug, Nicolas Winding Refn






En sólo dos años el cineasta danés Nicolas Winding Refn ha pasado de saborear las mieles del éxito internacional con su soberbia Drive con la que consiguió el premio al mejor director en Cannes a ser defenestrado en el mismo festival ya en el presente 2013 por la supuesta violencia explícita, brutal y gratuita que camufla la vacuidad que según dice la mayoría de la prensa especializada vende su última obra, Only God Forgives. Lo que no todos saben es que cuando en 2011 se estrenó el film protagonizado por Ryan Gosling y las dotes automovilísticas de su personaje Winding Refn ya llevaba a sus espaldas siete largmetrajes entre los que rodó en su Dinamarca natal e Inglaterra, país en el que incluso se permitió dar forma a una película para televisión protagonizada por la famosa Miss Marple, personaje salido de la pluma de la escritora Agatha Christie.




Pusher supuso su ópera prima y su primer éxito en su tierra. El suficiente como para alargar la idea con dos entregas más convirtiendo en una trilogía lo que en principio iba a ser un solo largometraje. Alternando el rodaje de las secuelas con los de otros films como Fear X o Bleeder, Winding Refn dio forma a una saga de películas calificadas de culto y que por desgracia no son muy conocidas internacionalmente. Pero todo comenzó en 1996 con la primera Pusher, un retrato crudo y descarnado sobre los bajos fondos de la ciudad de Copenhague que nos muestra a un director que en aquella época prematura poco tenía que ver con el que años después sería el creador de Drive.




Frank es un camello de poca monta que trabaja en la ciudad de Conpenhague y que le debe 50.000 coronas a un mafioso serbio llamado Milo. Un día un ex compañero de celda de origen sueco le visita pidiéndole si puede conseguirle 200 gramos de heroina, Frank primero se muestra reacio por la gran cantidad de material que le pide y porque lo solicita lo antes posible, pero finalmente acepta. Su único recurso es pedírsela a Milos y así poder devolverle el dinero que le debe. Cuando la transacción se va a llevar a cabo la policía intercepta a los implicados y Frank debe deshacerse de la mercancia para no ser encarcelado. En ese mismo momento el protagonista será un hombre marcado cuando Milos pierda la paciencia por no haber recibido el dinero que se le debía y para colmo quedarse sin la droga o la suma que iba a recibir por ella.




En el año 1996 Nicolas Winding Refn no nos iba a contar nada que nos nos hubieran mostrado previamente y con más pericia el Martin Scorsese de Malas Calles (gran deuda tiene Pusher con la cinta protagonizada por Harvey Keitel y Robert De Niro) o el Abel Ferrara de Teniente Corrupto (de nuevo con el protagonista de Reservoir Dogs como actor principal) de modo que la originalidad o el impacto no son los mayores aliados de la ópera prima del danés. Pero contra todo pronóstico el film funciona en todos sus aspectos, por conseguir implicar considerablemente al espectador en las correrías a contrarreloj del desgraciado Frank.




El trasfondo de Pusher está localizado en los barrios más peligrosos de la ciudad de Copenhague, haciendo un retrato poco agradable de la Dinamarca oculta, pero que nadie piense que Nicolas Winding Refn se deja llevar por la crítica social directa u obvia, él prefiere centrarse en los personajes y en la trama que se va recrudeciendo por medio del salvajismo, la tensión y la locura. El director de Bronson no quiere hacer un fresco de las zonas más desfavorecidas de su país, ya que su intención es construir un thriller mafioso descarnado y directo a la mandíbula, pero añadiendo algunos alicientes de originalidad impropios del género.




Frank es un mierda, un camello venido a menos inestable, violento y asocial. Pero a lo largo del film llegamos a empatizar con él y su situación porque no podemos creernos que pueda llegar a vivir una semana tan jodida en la que todo le sale mal. A que el personaje llegue a la platea ayuda la magnífica interpretación del danés Kim Bodnia que destila carsima, chulería y verismo desde la cabeza a los pies, mostrándose como una especie de  antepasado de Stringer Bell (chandal incluido) el mítico mafioso de Baltimore al que diera vida el enorme Idris Elba en la impagable serie The Wire. Por eso nos cabreamos cuando la policía lo pilla con las manos en la masa, nos decepcionamos cuando no consigue el dinero que debe a Milos y sentimos que queremos matarlo cuando toma alguna decisión desacertada.




Los tres personas más importantes en Pusher relacionados con Frank son Vic, su novia no oficial, una prostituta que quiere cambiar de vida interpretada por una convincente Laura Drasbæk. Tonny amigo y socio del protagonista al que encarna con su pericia habitual el hoy tan de moda Mads Mikkelsen (La Caza, Hannibal) y Milos, un enorme personaje que se enfunda el actor Zlatko Buric, un mafioso serbio afincado en Dinamarca que se gana la simpatía del espectador porque a diferencia de otros hampones fílmicos tiene una paciencia infinita con la gente que le debe dinero, dando montones de oportunidades al protagonista para saldar su deuda. Milos le acompaña su brazo derecho, Radovan, una enorme mole que comparte con su jefe una calma y consideración no muy destacable para una persona de a pie, pero sí para un gangster.




Como sólo he visto dos de los largometrajes de Winding Refn no puedo saber si en el camino que separa Pusher de Drive se nota una evolución gradual en la puesta en escena del danés o si alguno de sus films posteriores (¿Bronson, puede que Valhalla Rising?) supusieron obras de transición en su impronta, pero el realizador de cámara al hombro, objetivo inquieto, impulsividad formal y suciedad urbana poco tiene que ver con el elegante y esteticista autor que retrataba las noches de neón americanas con una mesura propia de Jean-Pierre Melville o Akira Kurosawa que chocaba con la fiereza a pie de calle del mejor Michael Mann en las escenas de acción. Con todo su labor a los mandos del proyecto es magnífica e impropia de un novato en lides de dirección cinematográfica.




Sin ser nada del otro mundo Pusher funciona a las mil maravillas, tras ella Winding Refn se haría un nombre (puede que demasiado, hoy el hombre se ve que lo tiene un poco subido) y rodó dos secuelas, Pusher 2 y Pusher 3 protagonizadas por Tonny y Milos respectivamente que se comentarán aquí con brevedad. Pero el éxito de la primera cinta ha ido incluso más allá con el tiempo y en los úlitmos años (y si Filmmafinity no miente) se han realizado hasta dos remakes de la obra que nos ocupa. La misma que no crea nada, que no rompe moldes, pero que se muestra real, intensa, espídica y como la carta de presentación de autor con verdadero talento y una voz tan propia como camaleónica.



5 comentarios:

  1. Me encanta Winding Refn, pero esta trilogía me da una pereza importante porque el tema no me atrae nada. Sé que el punto fuerte del director siempre ha sido el aspecto visual y lo bien que lo compagina con la música (o el sonido, si no la hay). Peeero, es que si el tema no acompaña para mí es un dolor.

    Esperaré a ver qué dices de las siguientes entregas para decidirme o no...

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  2. Si el tema no te va no te lances, llevo las dos primeras y la mitad de la tercera y no te estás perdiendo nada importante, la mejor por ahora es la primera y no puso ninguna pica en Flandes.

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    1. Definitivamente no, vista tu crítica de la segunda, por mucho Refn y mucho Mikkelsen que haya, no merece la pena.

      P.D. ¡Ganazas de que llegues a VALHALLA RISING!

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  3. Yes, yes, pero es a Bronson a la que le tengo más ganas, muchas.

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