martes, 9 de noviembre de 2010

Asalto al Distrito 13, bring me the head of Marion Bishop



Título Original: Assault on Precinct 13 (2005)
Director: Jean François Richet
Guión: James DeMonaco basado en personajes creados por John Carpenter
Actores: Laurence Fishburne, Ethan Hawke, Maria Bello, Drea de Matteo, John Leguizamo, Aisha Hinds, Gabriel Byrne, Brian Dennehy, Fulvio Cecere, Kim Coates


Trailer


En el año 2005 llegó otro, en principio, innecesario remake de una cinta de culto de los 70, Asalto a la Comisaria del Distrito 13 (Assault on Precinct 13), el segundo largometraje detrás de la cámara de ese gran autor llamado John Carpenter, que contra todo pronóstico resulta ser un producto solvente, adecuado, bien acabado y ejecutado con cierta garra. Todo gracias a un guión con un mínimo de entidad propia, que no trata de calcar el de la obra original (aunque sí respetarlo) y una dirección muy sólida por parte del efectivo realizador francés Jean François Richet.




Si bien John Carpenter al hacer su excelente versión de 1976 se reflejaba en su idolatrado Howard Hawkes y más concretamente en Río Bravo, Richet no abandona el tono de western, pero para él su referente más claro es Sam Peckinpah y su obra magna Grupo Salvaje (The Wild Bunch). Pero tampoco oculta el director de État Des Lieux su afición por el policíaco setentero de gente como John Frankenheimer, Sidney Lumet o William Friedkin e incluso se permite introducir algún ramalazo del cine urbano surgido en Francia durante los 90 impulsado por él y compatriotas suyos como Mathieu Kassovitz. Véase para ello la escena de Ethan Hawke delante de espejo, que remite directamente a la de Vincet Cassel en El Odio (La Haine).




Assault on Precinct 13 versión 2005 es ejemplo perfecto de como rodar un film con nervio, agresividad, haciendo un buen uso de los movimientos de cámara y el montaje sin caer en lo efectista y falsario. A Richet se lo nota que ha vivido en barrios marginales y peligrosos. Su violencia es seca, directa pero nunca excesiva o sensacionalista. Desde el primer minuto pone las cartas sobre la mesa y nos expone el hecho de que va a ofrecernos un thriller tenso y claustrofóbico, pero apelando principalmente por una construcción narrativa lógica y un retrato de personajes que se aleje del cliché, algo que también hacía Carpenter en la obra original. Cinta en la que la línea que separaba la heroicidad de la villanía quedaba casi totalmente difuminada.




A pesar de que la estructura es la misma que la de la versión original, hay suficientes cambios como para que el espectador se dé cuenta de que los autores del proyecto tienen algo nuevo que ofrecer a la platea con respecto a aquella. Para empezar, se cambia el calor asfxiante del film de Carpenter por el gélido clima de la noche de fin de año. Seguidamente, si en la película del director de Starman la mayoría del armamento utilizado por los asaltantes tenía un tono clasicista que lo acercaba con acierto al western, en la producción de Richet se utiliza sabiamente tecnología punta por parte del enemigo exterior, para marcar distancias y el relevo generacional que supone.




Por último y más importante, destacar el mayor acierto para un servidor. En la primera película el asedio estaba llevado a cabo por un grupo de vengativos criminales sin rostro que se comportaban como zombies. En la segunda, la que nos ocupa, lo ejecutan un grupo de policías corruptos con sed de sangre, ofreciendo el guión una lectura nada halagüeña sobre las fuerzas de la ley americanas. Teoría políticamente incorrecta (la de cuestionar el sistema, la autoridad y los poderes fácticos en general) que es una de las características más notorias del discurso de John Carpenter como director y que aquí se erige como el mejor y más acertado homenaje que se realiza hacia su persona.




Como es lógico a pesar de su impecable acabado, la profesionalidad con la que está ejecutada en el apartado técnico (e incluso el artístico, con un plantel de correctos intérpretes) el film de Jean Fraçois Richet no supera ni de lejos a la sucia, descarnada y polvorienta puesta en escena del largometraje original del director de La Cosa. Pero sirve como digna revisión y homenaje a aquella obra, por el hecho encomiable de poseer muchos más aciertos que fallos y no vender su alma al Hollywood mas chafardero y artificioso. Incluso puede tildarse de ser una obra que siendo vista sin saberse que es un remake ofrece un planteamiento muy original y sobre todo 109 minutos de buen thriller americano con aroma europeo.



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