martes, 12 de octubre de 2010

Suspiria, hell is behind that door



Título Original: Suspiria (1976)
Director: Dario Argento
Guión: Daria Nicolodi & Dario Argento basado en la novela de Thomas de Quincey
Actores: Jessica Harper, Stefania Casini, Flavio Bucci, Udo Kier, Miguel Bosé, Rudolf Schündler, Joan Bennett, Alida Valli


Trailer


Tras la trilogía de las animales (El Pájaro de las Plumas de Cristal, El Gato de las 9 Colas y Cuatro Moscas Sobre Terciopelo Gris) Dario Argento nos ofreció la que para mí es su mejor obra y la cumbre del subgénero italiano llamado giallo, Rojo Oscuro (Profondo Rosso/Deep Red). Tras ella decidió salirse un poco por la tanjente y por primer vez (y no última) rodó un tipo de film más ceñido a los cánones del cine de terror clásico, pero con un tono vanguardista novedoso para la época y con ello dirigió una obra algo más alejada de la clase de largometraje al que venía dando forma hasta entonces. El resultado fue Suspiria, una de sus mejores trabajos y un clásico contemporáneo del cine de terror.




Suspiria se estrenó en 1975 y supone, aunque no todo el mundo lo sabe y en los créditos del film no hay constancia de ello, una adaptación de la novela Suspira de Profundis del escritor británico Thomas de Quincey, con guión del propio Argento y su pareja Daria Nicolodi (también actriz fetiche del director). En su momento causó un considerable revuelo en Italia y a día de hoy es considerada una pieza clave dentro del celuloide de terror a nivel mundial. Supuso un soplo de aire fresco dentro de un tipo de cine que empezaba a tomar un estilo malsano con un uso más explícito de la violencia, renovando los parámetros establecidos por las obras clásicas del género desde los años 30.




Aunque seguramente ni el mismo Argento lo sabía por aquel entonces, Suspiria supondría la primera entrega de Las Tres Madres. Trilogía formada por la cinta que nos ocupa, por la inferior pero muy meritoria a pesar de su caótica concepción Inferno (1980) y por esa desfachatez de reciente factura llamada Mother of Tears, que empaña todo el tríptico cerrándolo de manera vergonzosa, obra que ya comenté hace un tiempo por estos lares. Las tres madres serían llamadas Mater Suspiriarum, Mater Tenebrarum y Mater Lacrimarum, a cada una de ellas les dedica el italiano una película y como es lógico no voy a descifrar ni quienes eran las señoras, ni a que se dedicaban para no joder tanto la cinta que aquí comento como la trilogía en sí.




Suspiria es la quintaesencia del triunfo de la forma sobre el fondo, del esteticismo sobre lo argumental. Argento echa mano de todos los resortes visuales y de realización de los que es capaz de hacer gala, para, en realidad, tapar con sus virtudes estilísticas las carencias de una narración sustentada en un endeble guión (chica americana que llega a una escuela de ballet en Friburgo, en la que se producen desde su llegada los asesinatos de algunas de las internas, y que parece esconder un antiquísimo y peligroso secreto detrás de sus paredes) que sólo sirve de excusa para que el creador de Phenomena experimente al máximo tanto con la puesta en escena de su atípico y efectivo proyecto cinematográfico, como con el punto de vista técnico y artístico de sus capacidades como director de género.




Argento hace un uso magistral no sólo de las angulaciones o los movimientos de cámara con imaginativa destreza. También aprovecha al máximo la iluminación, con un abusivo pero acertado uso cromático de colores puros, el rojo y el azul concretamente, para dar una sensación onírica de asfixia y claustrofobia casi ensoñadora, creando una atmósfera que transita incluso mundos literarios como los de Poe o Lovecraft, pero con una personalidad propia (en el aspecto estético al menos) sólo vista en algunos productos de su compatriota, el inolvidable Mario Bava. También acierta con el uso que hace de la banda sonora estridente, caótica e histérica del grupo de rock italiano Goblin, que transmite una desoncertante sensación de desasosiego al espectador.




Suspiria es un clásico moderno dentro del cine de terror. Un producto que en ocasiones roza la pura genialidad gracias a que Dario Argento cuando lo creó estaba en el apogeo de sus dotes como cineasta. Una maravilla de porte artesanal, matiz perverso y momentos de tensión y violencia explícita que transita caminos poco explorados en la época de su estreno. Poco importan sus actores, como la dulce Jessica Harper o un inolvidable Miguel Bosé en mallas, todo el apartado artístico son meros títeres necesarios para que el director de Non Ho Sonno teja por medio de una pericia autoral en todo su esplendor un terrorífico e inolvidable cuento envenenado que si no fuera por Narciso Ibáñez Serrador y su inmensa La Residencia, no tendría a penas referentes (puros al menos) dentro del cine de terror que la precedió.



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