miércoles, 7 de agosto de 2013

El Monje, mon nom est Légion, car nous sommes nombreux



Título Original Le Moine (2011)
Director Dominik Moll
Guión Dominik Moll basado en la novela de Matthew G. Lewis
Actores Vincent Cassel, Déborah François, Joséphine Japy, Sergi López, Catherine Mouchet, Jordi Dauder, Geraldine Chaplin, Roxane Duran, Frédéric Noaille, Javivi






La producción entre Francia y España El Monje es la tercera adaptación cinematográfica que se realiza de la célebre novela homónima, dentro del género gótico, del escritor británico Matthew G Lewis a la que según los que la conocen (un servidor por ahora no se encuentra entre ellos) nunca se ha hecho justicia en el séptimo arte. La primera adaptación estuvo escrita por Luis Buñuel (el de Calanda iba a ser en principio el director del film, por el que llevaba años interesado) y su colaborador Jean-Claude Carriere, dirigida por el griego Adonis Kyrou y protagonizada por el italiano Franco Nero. La cinta no tuvo mucho éxito y a día de hoy es más bien desconocida.




La segunda versión, tampoco muy célebre, fue una coproducción entre España y Reino Unido que aquí se tituló El Fraile, dirigida en 1990 por Francisco Lara Polop y protagonizada por Paul McGann. La tercera, la que nos ocupa, ha sido ideada por el cineasta francés Dominik Moll cuyo nombre sólo escuchamos aquí a principios de la década pasada cuando el catalán Sergi López ganó el galardón al mejor actor de los Premios del Cine Europeo y el César francés al ponerse a su servicio en Harry: Un Amigo que Os Quiere, cinta que confirmó el considerable éxito del protagonista de El laberinto del Fauno en el país vecino.




Pero si hay algo destacable en una cinta como Le Moine es su protagonista, el  francés Vincent Cassel. El hijo del también intérprete Jean Pierre Cassel es para el que suscribe uno de los mejores actores a nivel mundial. Trabajos ejemplares rodados en su país como los de El Odio, el díptico Mesrine y otros ya en América como Cisne Negro o Promesas del Este así lo atestiguan. Como ya he mencionado en otras ocasiones Cassel es el Javier Bardem del país vecino. Descendiente de una estirpe de actores, de físico atípicamente atractivo y poseedor de un registro interpretativo de una versatilidad sencillamente apabullante. Además es marido de Monica Belucci que eso ya son palabras mayores.




De modo que por mucho que El Monje sea una cinta estimable, en la que Dominik Moll ha sabido transmitir una sensibilidad y atmósfera palpables así como regalarnos un trabajo estilístico de un acabado plástico para quitarse el sombrero esta producción de 2011 quedaría reducida a más bien poco si no fuera por la presencia y el sobresaliente trabajo de este intérprete que siempre ha proclamado que no entiende lo que es ser un "actor del método" ya que su manera de abordar el trabajo es desde el artificio y siempre dejando el personaje en el set de rodaje sin sentir la necesidad de llevárselo a casa.




Durante el Siglo XVII el hermano Ambrosio es toda una leyenda dentro de las paredes de un convento de monjes Capuchinos situado en la ciudad de Madrid. En las puertas del lugar fue abandonado cuando sólo era un bebé para ser criado por los hermanos. Ahora, ya convertido en hombre es la piedra angular del monasterio y la fascinación que despierta entre los feligreses gracias a su ferrea fe e inquebrantable rectitud es digna de la más fervorosa de las admiraciones. Pero la llegada de un extraño novicio trastocará radicalmente la existencia de Ambrosio tanto en el plano existencial como el carnal, siendo tentado por el mal y poniendo por ello en duda sus creencias más profundas.




El Monje es un proyecto interesante en el que Dominik Moll se nota que puso mucho de su parte para que llegar a buen puerto. Con una elegancia encomiable para crear una atmósfera, primero limpia y de una pureza cristalina (el sueño recurrente del hermano Ambrosio) para después tornar en mórbida e impía (ese Via Crucis decididamente ténebre, el pastor poseido) pero sin escatología o explicitud alguna. Curiosamente ese tono herético choca con el impoluto microcosmos que el personaje principal ha creado en el convento que regenta durante el prólogo con la confesión, el mejor momento de un poco aprovechado y más bien desubicado Sergi López, en el que ya podemos vislumbrar cómo la voluntad del monje que da nombre al film va a ser puesta en entredicho.




El director de Lemming se entrega a una realización preciosista ofreciendo algunos encuadres de un poderoso acabado pictórico y un lirismo ajustado que hipnotiza pero nunca sobrecarga. Destacable el plano cenital del cuerpo de uno de los monjes fallecidos rodeado de velas que nos remite a las pinturas negras de Goya, la imagen de Antonia debajo del marco de una de las puertas de su casa que proyecta ecos del Velázquez de Las Meninas o ese Ambrosio entre penumbras con la frente ensangrentada después de haberse puesto la corona de espinas que es deudor del tenebrismo del italiano Caravaggio, pintor muy vinculado al mundo de la teología y la religión.




La sombra de Luis Buñuel como es lógico sobrevuela todo el metraje. El español era un ateo propenso al anticlericarismo, obras como La Vía Lactea o Viridiana dan ¿fe? de ello, pero sentía una delectación fetichista por los rituales eclesiasticos y toda la parafernalia que los rodeaba. Por eso viendo El Monje el espectador no tendrá muchas dificultades para que le venga a la cabeza el mítico mediometraje (o largometraje truncado) Simón del Desierto que el director aragonés realizó en su etapa mexicana (la mejor de todas) sobre un estilita que después de hacer penitencia durante años sobre una columna en medio del desierto es tentado por el maligno que para hacerlo perder la razón ha tomado la sugerente forma de la actriz Silvia Pinal.




No sé cómo de fiel es el texto del film a la novela original pero la incursión del "mal" en las paredes de ese monasterio está llevada con considerable acierto y momentos remarcables sobre todo en el plano estilístico, aunque algunos pasajes (la aparición de la virgen en medio del cementerio toma una tonalidad de inintencionada comicidad que entronca con el sutil pulso que hasta ese momento había destilado Moll con respecto a las escenas oníricas) no estén del todo logrados. El desarrollo de personajes es adecuado (sobre todo el de Ambrosio, como es lógico) y sólo hacia el final cuando el libreto decide precipitar los acontecimientos atropelladamente para llegar al clímax de la historia la escritura del film se resiente un tanto.




Pero como ya mencioné al principio es Vincent Cassel quien le da peso y profundidad a una película como la que estamos comentando. El francés sabe plasmar con epidérmica desnudez primero su voluntariosidad con respecto a la rectitud que inculca el cristianismo para vencer las tentaciones y ser una persona temerosa de dios y después su debilidad por la carne, sus dudas como ser humano y su lucha para no caer en las redes de Satán. El protagonista de Nuestro Día Llegará llena de matices y fuerza un personaje que en principio no parecería adecuado para su físico, pero que hace suyo con una facilidad pasmosa desde el mismo arranque del largometraje.




Aunque en su momento pasó con bastante indiferencia por las carteleras y no dejó del todo satisfecho a los conocedores de la obra de Matthew G. Lewis, El Monje es una película con varios puntos de interés que aborda temas universales desde una perspectiva enriquecedora, con una ambientación de época notable y un reparto de actores internacionales y españoles (grande el tristemente desparecido Jordi Dauder, memorable Geraldine Chaplin en su breve aparición, sorprendente el cargante cómico Javivi haciendo un papel dramático) que tienen al frente a un actor que sólo el tiempo pondrá en su lugar reconociendo su versatilidad y talento natural para la interpretación. Algún día le llegará el papel de su vida, aquel por el que lloverán los premios, pero por ahora sólo podemos esperar a que tal acto de justicia tenga lugar.



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