lunes, 31 de agosto de 2009

Ghost in the Shell 2: Innocence, desinterés existencial en el interior de la carcasa



Título Original:
Ghost in the Shell 2: Innocence (2004)
Director: Mamoru Oshii
Guión: Mamoru Oshii basado en los personajes de Masamune Shirow





En 1991 el guionista y dibujante japonés Masamune Shirow editó Ghost in the Shell, un complejo y ambicioso manga, que habla sobre un futuro lejano donde internet y la inteligencia artifical dominan un mundo automatizado lleno de conflictos de interés, cyborgs que parecen humanos y movimientos políticos internacionales que se encuentran entre la conspiración a nivel global y la corrupción social.




En al año 1995 el director Mamoru Oshii adaptó el manga al celuloide. Depuró el estilo, anuló por completo el no siempre acertado humor de Shirow y sintetizó la complicada trama sobre la toma de consciencia de la inteligencia artificial y la busqueda existencial y filosófica por parte de esta de un cuerpo en el que poder tomar forma tangible. El resultado fue Ghost in the Shell, una obra maestra y para el que suscribe, la mejor película de animación japonesa de todos los tiempos.




Una década más o menos tardó Oshii en embarcarse en una secuela de su impecable film. Ghost in the Shell, Innocence no está basada directamente en cómic alguno de Masamune Shirow y ha de ser vista antes o después de leer el manga secuela, muy flojo por cierto, Manmachine Interface. Más presupuesto y mejores efectos digitales (puede que demasiados), así como la aplicación de los avances que casi diez años han permitido desarrollar a la animación nipona desde el estreno de la primera entrega, hasta la edición de esta segunda parte.





Ghost in the Shell, Innocence es un deleite visual, una exibición de virtuosismo técnico, una genialidad creada con una profesionalidad intachable, pero falla en el guión. Lo que en Ghost in the Shell era una trama adulta, intencionadamente profunda y humanista (paradójico, hablando de máquinas) y con ecos que iban de Platón a William Gibson o de Isaac Asimov a Philip K. Dick, en esta secuela se rebela como un argumento realmente farragoso, bordeando una especie de artificiosa doctrina llena de pedantería, que no sólo se muestra indescifrable para el espectador, sino que encima, en contadas ocasiones, lleva a la confusión y la indiferencia, aunque nunca al aburrimiento.




Estando a años luz de su precuela, esta segunda entrega de Ghost in the Shell es un proyecto formalmente perfecto, pero argumentalmente demasiado consciente de su seriedad y su supuestamente megalómano mensaje, que al final queda sólo en fallidamente pretencioso. Con todo, una cinta de animación altamente recomendable, con un acabado de alto nivel, pero alejada del lirismo post cyberpunk de su antecesora o de la acción inteligente y dinámica de la serie de televisión Stand Alone Complex, basada en los personajes del manga que sirvió de base a toda esta saga sobre un aterrador y distópico futuro tan frío y aséptico que en él hasta las máquinas quieren sentir el calor humano.


sábado, 29 de agosto de 2009

28 - 8 - 2009



Otro día dedicaré una entrada a lo importante que es para mí esta película de Antonio Banderas, desde ayer mucho más, ahora sólo me queda sentir la lluvia de un verano, que me gustaría que no acabara nunca.

viernes, 28 de agosto de 2009

Arrástrame al Infierno


Director: Sam Raimi (2009)
Guión: Sam Raimi & Ivan Raimi
Actores: Alison Lohman, Justin Long, Lorna Raver, David Paymer, Dileep Rao, Reggie Lee, Adriana Barraza



Hace unos años leí una entrevista en Fotogramas en la que Sam Raimi decía que se se sentía tan orgulloso, como avergonzado, de las primeras películas que había dirigido. En ese momento experimenté una profunda decepción al ver como uno de los directores favoritos de mi infancia, casi renegaba da la trilogía que le dio la fama, la deliciosa Evil Dead, compuesta por Posesión Infernal, Terroríficamente Muertos y El Ejército de las Tinieblas. Por suerte con su última película el realizador de Darkman ha demostrado que se le calentó la boca con aquellas declaraciones y que es un fuera de serie, por tener los huevos más cuadrados que un cubo de Rubik.



Lo diré pronto para que no haya malentendidos, Arrástrame al Infierno es un película mala de cojones, un cúmulo de clichés exageradamante pasados de rosca y estúpidos que convierten la trama terrorífica del film en un desfile de escenas rematadamente ridículas que provocan una carcajada, no ya continua, sino sonrojante, que producen en el espectador una incómoda sensación de incredulidad y vergüenza ajena ante lo que ve y escucha.




Pero ahí reside el gran poder de una cinta como Drag Me to Hell, su maravillosa y total carencia de prejuicios, es una película que no tiene miedo a mostrarse ridícula (lo hace y mucho). Raimi se descontrola bestialmente y hace pasar un continuo calvario a una preciosa Alison Lohman, actriz sometida a gran cantidad de tropelías durante el metraje. Todo el argumento es un desparrame sin ningún rigor narrativo (lo que da de sí no facilitar un puto crédito en el banco a una bruja desquiciada) con escenas sublimes como todas las relacionadas con la vieja gitana y la de la cabra, que haría las delicias del Alex de la Iglesia de El Día de la Bestia.



Arrástrame al Iniferno es más un homenaje a un tipo de cintas de terror (la de los años 80) y a una manera de hacer películas, que una obra consistente y aceptable como producto cinemetográfico. Es un placer que el director de Un Plan Sencillo (la que sigue siendo con mucha diferencia, su mejor cinta hasta la fecha) se quite con esta bestial y estúpida bocanada de agrio vómito la fama de realizador atrapado en el engranaje de Hollywood. Volviendo a su esencia, a sus raíces, a la época en la que disfrutaba haciendo cine. Yo al menos, nunca me lo he pasado mejor en una sala de cine que el pasado Jueves cuando fui a ver esta memorablemente horrenda cinta.


domingo, 23 de agosto de 2009

Tierra de Abundancia, país de contradicciones, nación de paradojas



Director: Wim Wenders (2004)
Guión: Wim Wenders & Scott Derrickson
Actores: John Diehl, Michelle Williams, Wenderl Pierce, Burt Young, Richard Edson






Es una verdadera satisfacción hacer una crítica sobre este film, porque si hace cosa de un mes eché pestes sobre El Final de la Violencia ahora solo tengo elogios para esta magnífica Tierra de Abundancia del director alemán Wim Wenders, un film que toca un tema espinoso y que ha de ser bien llevado para no hacer el rídiculo ni mostrarse partidista o panfletarío, la paranoia terrorista americana tras el fatídico 11-S.




Wim Wenders habla sobre la conspiranoica mentalidad de la América post atentado de las torres gemelas desde un tono crítico pero también comprensivo, el realizador de Palermo Shooting muestra un cariño tan sincero por esta nación, comprende sus miedos y fantasmas internos, y los quiere exorcizar desde la comprensión y la equidad, pero sin moralismos baratos, críticas ácidas de medio pelo o maniqueismos supuestamente progresistas.




Es bastante notable que el ex miltar Paul, al que entrega su cuerpo y alma el actor John Diehl, es una de las caras de América, la que tiene miedo, la que quedó marcada a fuego por la guerra de Vietnam, la que quedó herida de muerte el 11 de Septiembre de 2001 y que vive en una continua y esquizofrénica guerra urbana en la que todo el mundo es un enemigo en potencia de la nación de las barras estrellas, llegando en su cometido como vigilante de los intereses estadounidenses a rozar tanto lo enfermizo como lo ridículo.




Por otro lado, la cara inocente e idealista del país, la de la esplendorosa Michelle Williams, la de una juventud llena de esperanza y carente de prejuicios que mira a al futuro sin miedo, que también cree en la unidad de su tierra pero que no quitaría vidas por ella y que perdonaría al que golpeara primero poniendo la otra mejilla porque hay otras vías que no son el contraataque desmesurado o la cobarde guerra preventiva.




Después de años y varios intentos fallidos Wenders vuelve a rodar con el corazón, sigue con su mirada contemplativa, tempo calmado y estilismo urbano pero recupera parte de la esencia de sus films de los 80. Land of Plenty no es un trabajo perfecto, pero sí, la demostración de que el director de BuenaVista Social Club sigue vivo y puede volver a hacer cine de calidad y profundo calado.


Chrysalis, el cine ha muerto, larga vida al cine


Director:
Julien Leclercq (2007
Guión: Julien Leclercq, Franck Philippon, Nicolas Peufaillit, Aude Py
Actores: Albert Dupontel, Marie Guillard, Marthe Keller, Mélanie Thierry, Estelle Lefebure, Francis Renaud, Claude Perron






El thriller de acción francés nos lleva regalando desde hace algunos años productos realmente encomiables como Los Ríos de Color Púrpura, pero también cosas insípidas como El Imperio de los Lobos (ambas relacionadas con la obra literaria del escritor francés Jean-Christophe Grangé) o tan decididamente fallidas como Nido de Avispas. Pero el caso más grave viene de la mano del debutante Julien Leclercq y Chrysalis, su alabado debut en la realización, que fue recibido en el festival de cine fantástico y de terror de Sitges del año 2007 con no pocos elogios.




Chrysalis nace muerta desde el primer encuadre, una secuencia vergonzosamente previsible, situada en el interior de un auto, en la que por la utilización del plano contraplano entre los dos personajes y los retoques digitales de toda la postproducción, sabemos que va a acabar inevitablemente en un accidente de circulación que será el motivo por el que una de las dos subtramas tome forma. A partir de este alarmante inicio a uno no le queda más remedio que esperar lo peor y con motivo, lo que viene acontinuación es un desfile de despropósitos, más técnicos que artísiticos, puestos en fila, unos detrás de otros.




La ópera prima de Leclercq es el anticine, lo tiene todo para fallar en la mayoría los apartados que convierten el acto de hacer películas en lo que realmente es, arte. Puesta en escena forzada y artificiosa, diseño de producción falsario, realización impersonal y efectista (aunque no tanto como los últimos trabajos de los hermanos Scott, por poner un ejemplo), un reparto, no apático, como requiere una histora futurista como esta, sino directamente nefasto y fuera de lugar en todo momento y un guión fino como un hilo y tan poco consistente que se muestra como una mera excusa argumental (la de los experimentos genéticos) para intrudocir en la trama escenas de lucha no muy conseguidas y tiroteos retocados con cgi que tienen poco de realistas.



La cinta protagonizada por un aséptico Albert Dupontel, el hombre al que todos los que hemos visto Irreversible de Gaspar Noé asociaremos siempre a un extintor, es una Minority Report venida a menos (obra maestra de Steven Spielberg, a la que en ocasiones Leclercq plagia planos enteros), con estética de anime a lo Katsuhiro Otomo y una historia en la que el espectador no se introduce nunca y que desde el minuto 5, más o menos, le importa realmente una mierda al que visiona. Sólo el giro que se da al final con el personaje de Mélanie Thearry se salva, mínimamante, de este nefasto producto, cuya simple existencia hace más por perjudicar al cine, que por engrandecerlo.


jueves, 20 de agosto de 2009

El Derecho de Nacer, y el mío a quitarme la vida


Director: Tito Davison (1966)
Guión: Edmundo Baez y Félix B. Caignet.
Actores:Aurora Bautista, Julio Alemán,Augusto Benedico,Hada Bejar, Eusebia Cosme, Maricruz Olivier , Fernando Wagner y Fernando Soler, entre otros.


Después de pasar en Córdoba un día de esos para marcarlos en los calendarios, subiéndome ya en el autobús de madruagada reconozco en el televisor el final de Cadena Perpetua, la maravillosa obra maestra de Frank Darabont y justo cuando iba un servidor a ponerse a disfrutar de dos horas de música que iban desde Amaral, a Slayer pasando por Disturbed o Qntal, de pronto arranco los auriculares del reproductor de Mp3 y los instalo en los altavoces del asiento que había delante mío, la película que empezaba se titulaba El Derecho de Nacer y no podía de ninguna manera perderme una cinta que desde tan pronto ya prometía ser memorable.


El Derecho de Nacer, la versión mejicana, no la española de 1951 realizada por Zacarías Gómez Urquiza, es una cinta que en su época marcó a generaciones, por ser una oda en favor de la vida y en contra del aborto. A día de hoy el visionado de la película de Tito Davison, el director con apellido de moto, es tan sonrojante, tan vergonzoso e increíble que la carcajada continua que produce puede desencajar la mandibula a al tío más serio del mundo.

La película es un larguísimo culebrón que parece no acabar nunca y que comienza con una mujer que ruega a un médico que interrumpa su embarazo ante la negativa tajante de él: ¡¡y el derecho de ese niño a nacer!! espeta el buen doctor a la casquivana futura madre, haciendo mención de manera acertada y muy sutil al título del film. Él en vez de hacerla entrar en razón por la vía de la lógica, de lo maravilloso que es alumbrar una vida, criar una criatura y verla crecer, le cuenta una historia que tiene lugar en Santiago de Cuba llena de maniqueismo, sensiblería vergonzosa, diálogos impostados, donde no se lucha en contra del aborto, porque en la trama no se pide la interrupción de un estado de buena esperanza, aquí el malo de la velada lo que quiere es la ejecución de su nieto recién nacido, que es algo muy distinto. Pero lo mejor de la obra con diferencia, los negros cubanos, los amos de todo el cotarro, actores entrañables retratados con xenófobos clichés y diálogos del tipo: yo me arrastaré como un perro esclavo pol todo aquel que me dé dinero señol o el más memorable aún: Ayuda a esta negra vieja y golda, vilgencita de la Caridad del Cobre, ellos son entrañables, mueven la maloliente trama y se comen la cámara cada vez que se ponen delante del objetivo.




El Derecho de Nacer nos dice que el aborto es inviable en toda situación, porque posiblemente estemos matando a un futuro venerable cirujano que no fumará, beberá, saldrá de fiesta, irá con mujeres de mucho escote y que encima salvará millones de vidas, entre ellas la de la persona que quiso matarlo, irá a misa todos los Domingos y solucionará la crisis del año 2009 a pesar de llevar 40 años muerto cuando la misma tenga lugar. En cambio, sí es una descarada y demagógica apología de los clichés racistas, el machismo, el clasismo, los malos tratos y el resentimiento, que paradójicamante incita al suicidio físico y mental al que la visiona.

Como buena persona que soy os dejo el climax del film, cuando la hermana Marielena descubre que el doctor Alberto Limontes es su hijo desparecido años atrás. Después de ver esta obra maestra ya no me quedan ganas de ver 4 Meses, 3 Semanas y 2 Días, el alabado trabajo del rumano Crisitian Mungiu, no tiene sentido .





¿Lo mejor del día y el motivo por el que fui a Córdoba?, mi acompañante, por supuesto, insuperable e inolvidable en todos los sentidos, pero esa es otra película y de las buenas.

martes, 18 de agosto de 2009

Sin Miedo a la Vida, más allá del séptimo arte


Director: Peter Weir
Guión: Rafael Yglesias, basado en su propia novela
Actores: Jeff Bridges, Isabella Rossellini, Rosie Pérez, John Turturro, Benicio del Toro, Tom Hulce, Debra Monk





Esta crítica que voy a escribir será nefasta, incompleta, titubeante, simplista, maniquea, aunque no impersonal. Es lo que me sucede cuando tengo que hablar en profundidad de algo que me desborda los sentidos, que me descoloca, que habiendo sido creado por personas que están al otro lado del planeta y que nunca sabrán de mi existencia lo siento como parte de mí, como un trozo importante de mi personalidad o mi carácter, es lo que me pasa cuando tengo que hablar de Sin Miedo a la Vida del realizador australiano Peter Weir.



Si el cine es parte importante de mi vida, vital si me apuran, la película que nos ocupa tiene bastante culpa de ello. Fearless podría verse, muchos lo hacen, como una cinta que habla sobre una persona que cambia radicalmente de personalidad tras un trágico y espectacular accidente de avión, pero realmente es un tipo de obra que nos hace partícipes de lo importante que es el simple acto de sentir, ya sea en un plano físico o psicológico, que estamos aquí de paso y que necesitamos imperiosamente vivir al máximo nuestra muchas veces pobre existencia.



Hablar de apartados técnicos o artísticos con esta película para un servidor es una futilidad. Pero es cierto que un hombre como Peter Weir, el mejor realizador australiano de la historia, (a pesar de haber dirigido esto) que tiene en su haber obras maestras cmo El Show de Truman o trabajos tan destacadas como, La Costa de los Mosquitos, El Club de los Poetas Muertos, o Master & Commander, imprime un prodigioso pulso narrativo y una fuerza visual sobrehumana con la cámara, que el guión de Rafael Yglesias es de una solidez y profundidad inusitada para el Hollywood comercial, que el reparto está magnífico y que lo que hace Jeff Bridges con su Max Klein no es de este mundo, pero como ya he dicho, lo importante es que la cinta transmite humanidad por todos y cada uno de sus fotogramas.



Enumerar las escenas que me ponen al borde del llanto, que me golpean el estómago, que me encojen el corazón es difícil. El devastador inicio entre los maizales, la escena del coche con Max asomando la cabeza por la ventanilla, en la que descubre la cicatriz de su costado, la de las fresas, la secuencia de la terraza, la del choque del auto, la pletórica del flashback final con el accidente del avión en el que se descubre todo, son imágenes y sonidos que atraviesan la pantalla y que a mí al menos, me transmiten sensaciones tan reales que parecen físicas y palpables.




A pesar de nunca se le ha hecho justicia, que se estrenó furtivamante en nuestros cines, que se la ninguneo en los Oscars de su año de estreno, sólo una nominación a la actriz secundaria para Rosie Perez, que tiene un doblaje cuanto menos mediocre, que no está editada en dvd en España, Sin Miedo a la Vida es para mí una película tan fuera de lo normal, que ni siquiera puedo recomendarla encarecidamente, porque muchas personas que la han degustado sólo ven un drama más, cuando yo lo que percibo en ella es una bocanada de aire puro, lleno de ganas de vivir, de salir adelante y de querer ser mejor persona, un trozo de vida hecho de celuloide, más que cine.



lunes, 17 de agosto de 2009

La Reina de África, amor en aguas no tan revueltas


Director: John Huston (1951)
Guión: James Agee basado en la novela de C.S. Forester
Actores: Humphrey Bogart, Katharine Hepburn, Robert Morley, Peter Bull, Theodore Bikel





La Reina de África es una de las más destacadas obras del realizador John Huston, la película que unió a dos iconos del Hollywood clásico como la maravillosa Katherine Hepburn y el duro Humphrey Bogart, que consiguió el Oscar por su papel aquí, y uno de los más alabados clásicos del realizador de La Jungla del Asfalto o El Halcón Maltes.



Puedo decir sin temor a equivocarme que con esta, la décima cinta de John Huston, he sufrido una de las decepciones más grandes de mi vida relacionadas con el cine clásico. Esta veneradísima cinta de aventuras con una pizpireta misionera y el borrachín capitán de un destartalado barco por aguas africanas, me ha transmitido una indescriptible sensación de indiferencia y vacuidad.




No negaré que la dirección de Huston es excelente, visionaria incluso para la época en algunos aspectos técnicos, ni que el dúo actoral está soberbio y muy creíble, pero es la historia la que no me llega, no por ser un cliché (en su época no lo era, ahora sí, pero porque a día de hoy ha sido copiada hasta la saciedad) sino por su caracter simplista. Los personajes son planos y unidimensionales. Hepburn y Bogart destilan química, pero su historia de amor, mal desarrollada y poco trabajada, no me llega, me aburre y la trama ni siquiera explota la célebre guerra de sexos que a la protagonista de La Fiera de mi Niña tan buenos resultados le dio en las numérosas ocasiones que compartió plano con su amado Spencer Tracy.




La Reina de África
no me transmite nada, no es una obra desdeñable, pero me parece la película más endeble de John Huston, al menos de las que yo he visto. Desde mi punto de vista no merece la fama que tiene, tanto el director como los dos protagonistas han hecho cintas mucho mejores y más destacadas que esta, para mí, insustancial historia romántica entre indígenas, hipopótamos y simplismo narrativo, con lo que podía haber dado de sí todo el tema de las misiones y la primera guerra mundial, lo dicho, una pena, ahora sólo me queda a esperar los improperios de los puristas.


sábado, 15 de agosto de 2009

Berserk, carne, sangre, acero y brujería


En el año 1990, el japonés Kentaro Miura lanzó el primer tomo de Berserk en su país natal. Fue un considerable éxito, tanto que a día de hoy, casi 20 años después, se sigue editando. En Japón va por el tomo 34 y en España el 30. Berserk se adscribe al género de espada y brujería. La historia que narra tiene lugar en alguna zona de la Europa medieval y está protagonizada por un mercenario llamado Gatsu, un joven que porta una enorme espada para matar dragones. Durante su viaje sin rumbo entrará a formar parte de La Cuadrilla del Halcón, batallón de soldados de fortuna comandados por el misterioso, carismático y ambicioso Griffith y su segunda al mando, Kiaska, la única mujer dentro de la cuadrilla.



Miura es un amante del bestialismo, el ultragore, la violencia, la hemoglobina. Los japoneses son conocidos porque detrás de esas sempiternas sonrisas y esos buenos modales, se esconden unos entrañables dementes a la hora de crear ficción de género, pero lo de Miura es exagerado. En mi vida he visto en un manga (he leído bastantes, no como un Otaku fanático, pero no han sido pocos) y los nieveles de brutaliad a los que ha llegado este hombre a la hora de mostrar salvajismo gráfico y explícito en sus viñetas (muchas veces de manera gratuita) es alarmante, pero no tanto como la afición que sus seguidores tenemos por su obra, Si él no está bien de la cabeza, los que seguimos su trabajo estamos decididamente peor.



Nota a parte para el sexo, clave en la historia. Ya desde la primera viñeta (el volumen 1 se abre con Gatsu tirándose a una especie de bruja). Durante los primeros pasos de la colección , el mismo es pudoroso, a veces tierno, pero al avanzar la trama y sobre todo en la saga con la Inquisición, las escenas sexuales bordean lo pornográfico. Si Miura se recrea con la violencia, con la carnalidad y el erotismo no se queda corto.



Berserk está repleto de influencias, más cinematográficas que literarias. La base principal del argumento del manga está inspirado muy de cerca en el film medieval Los Señores del Acero, la célebre cinta que el gran Paul Verhoeven dirigió en 1985, no ya homenajeándola en numerosas ocasiones, sino copiando en viñetas muchos planos de la película. La subtrama fantástica, llena de monstruos deformes con formas fálicas y aspecto aberrante, hace clara referencia a la literatura de H.P.Lovecraft, por otro lado el Beherit y los personajes de La Mano de Dios están influenciados notoriamente por los Cenobitas, los seres del averno, salidos de la mente de Clive Barker y que protagonizan su obra de culto Hellraiser: Los que Traen el Infierno.



Berserk destaca principalmente porque detrás de tanta extremidad sesgada, intestino desparramado y cuerpo al desnudo, hay un guión muy sólido y un desarrollo excelente de personajes inolvidables y carismáticos. Desde el apático y bestial Gatsu, el ambiguo y presuntuoso Griffith, hasta la aguerrida Kiaska. La primera saga del manga, La Edad Dorada, nos sirve para empatizar con estos personajes y todos los secundarios que dan forma a La Cuadrilla del Halcón. Pero como hemos comentado anteriormente, Miura está enfermo y en la saga de El Eclipse, la cumbre del manga que nos ocupa y una de las cotas de genialidad más grandes que ha alcanzado el cómic japonés, en toda su historia, nos destroza emocionalmente con un climax virtuoso, un elogio al sadismo, al sufrimiento, a la impotencia y al sacrificio, una obra maestra a todas luces soberbia.




Si bien es cierto que Miura perdió el norte en los guiones tras El Eclipse, que sigue haciendo historias entretenidas y llenas de imaginación, pero la trama ya no está tan cohesionada como en los primeros 13 volúmenes del manga y parece dar muestras de no saber hacia donde quiere ir, el dibujo mejora gradualmente en cada nueva entrega, del titubeante trazo de los tres primeros tomos, a la exquisitez y el detallismo barroco durante el ecuador de la obra, con unos lápices que recuerdan tanto a las pinturas negras de Goya, como al realismo de Millet, Miura (con la inestimable ayuda de su equipo artístico) se muestra como un dibujante fuera de lo común, muy superior a la media de autores gráficos japoneses.




Entre 1997 y 1998 se emitió en Japón el anime de Berserk. El mismo posee muchas virtudes y algún fallo. Entre los aciertos están no sólo la fidelidad a la obra de Miura y la respetuosa transición de los personajes al cambiar de medio, también el hecho de que se suavizara la violencia extrema y el sexo del cómic, con esto no quiero decir que esté bien que se reduzca la crudeza de la historia, pero con ello ciertamente se consigue que sea más accesible a todo tipo de espectadores. También son magníficas la animación, la banda sonora y sobre todo que los 25 capítulos que componen la serie animada, abarquen la mejor etapa del manga, inciandó con La Edad Dorada y finalizando con El Eclipse. Los defectos, que el anime está inacabado, dejando al espectador con tres palmos de narices y un cliffhanger de cojones, al que desconoce el manga, por supuesto.





Berserk no es un manga para todo tipo de lector, es una obra muy dura y no apta para cualquier estómago, destila tanta calidad como violencia, sexualidad y crueldad desatada, pero es una lectura muy amena, una gran historia sobre el honor, los estragos de la guerra, el amor, el odio, la venganza, la redención, la traición, el sacrificio y la eterna lucha entre el bien y el mal. Veremos qué final le da Miura a las aventuras de Gatsu, el Guerrero Negro, marcado por el estigma del condenado.


Frontera(s), mala conciencia política


Título Original: Frontier(s) (2007)
Director: Xavier Gens
Guión: Xavier Gens
Actores: Karina Testa, Samuel le Bihan, Estelle Lefebure, Aurélien Wiik





Cuando los franceses dicen de hacer obras de género la verdad es que son un punto y a parte, en especial en el terror. Los reyes podrán ser los americanos, que fueron los que marcaron el desarrollo natural este tipo de cine durante los 70 y 80, e incluso los japoneses que le dieron a mediados de los 90 un soplo de aire fresco con terror psicológico y crueldad inusitada. Pero cuando nuestros vecinos dicen de ponerse brutos, lo muestran con todas las consecuencias y hacen palidecer a las cintas del resto de Europa que tratan temas vinculados al horror cinematográfico.




Gracias a estas, casi siempre, memorables incursiones genéricas hemos llegado a conocer a talentos tan a tener en cuenta como Alexandre Aja, director de Alta Tensión, cinta que supuso un revulsivo y un antes y después en el cine de terror francés, a pesar de su lamentable final,. El tandem Alexandre Bustillo/Julien Maury, autores de la bestialmente memorable A L'Interieur o Pascal Laugier, creador de la aún inédita en España Martyrs. Xavier Gens, ese hombre que parece una mezcla entre nuestro Koldo Serra y Ángel Cristo, entraria dentro de este selecto grupo, pero sin haber cumplido las expectativas que se habían depositado en él con esta cinta que nos ocupa, su ópera prima.




Soy un gran admirador de los directores que hacen cine de terror para mostrar sus inquietudes políticas, porque de esta manera engrandecen este género tan denostado por los puristas. Cintas como Las Colinas Tienen Ojos de Alexandre Aja o 28 Días Después de Danny Boyle y su secuela realizada por el español Juan Carlos Fresnadillo, son una mirada acertada sobre la época y el periodo histórico en el que han sido gestadas (paranoia terrorista post 11S, guerra de iraq, ultraconservadurismo americano), pero todas ellas triunfan porque sus creadores primero son conscientes de que enmarcan su historia dentro del cine de suspense y terror y luego buscan el matiz social adecuado para calibrar la historia que narran. En este apartado Xavier Gens falla estrepitosamente, porque el director francés quiere dar forma principalmente a un mensaje de calado político y luego situarlo en el ya mencionado género y ese es un grave error de base.




Frontiere(s) comienza con unas revueltas callejeras (que recuerdan a las que se llevaron a cabo en París en el año 2006), por culpa del resultado de unas elecciones generales en las que dos partidos, uno conservador y otro de ultraderecha, se enfrentan en las urnas, mostrándose la producción como una cinta más sobre jóvenes franceses enfrentándose a las fuerzas de la ley, como una versión hipertrófica y a ritmo de videoclip de esa obra maestra de Matthieu Kassovitz titulada El Odio. Tras el primer tercio, al inicio del segundo, la película muestra su verdadero rostro, que es ser la enésima y mil veces vista, revisión de La Matanza de Texas, la obra seminal del americano Tobe Hooper, pero esta vez con un grupo de degenerados nazis como la familia antropófaga.



No sólo la alarmente sensación de Déjà vu hace mella en la cinta, es que toda la excusa narrativa sobre el nacionalsocialismo del cabeza de familia, que para colmo del simplismo y la puerilidad está caracterizado de manera que se parece exageradamente a Jean Marie le Pen, el ex secretario del partido de ultraderecha francesa Frente Nacional, no se sostiene por sí sola. Todo está forzado y nada es realista, ni siquiera la utilización de un personaje en estado de buena esperanza que tan buenos resultados de tensión y dramatismo había dado en obras como La Semilla del Diablo de Roma Polanski, Sólo Contra Todos de Gaspar Noé o la ya mencionada A L'Interieur de Bustillo y Maury, funciona a algún nivel, tampoco las supuestamente alabadas escenas gore, que son casi un plagio de las que realizó Alexandre Aja en Alta Tensión y Las Colinas Tienen Ojos, dan pie a alguna escena memorable.




Es realmente encomiable que Gens se interese por el futuro de su país, que esté preocupado por el auge de la extrema derecha en Europa en general y Francia en particular y que nos advierta, no sin bastante acierto, que las consecuencias de tal cambio político podrían ser catastróficas, pero este no es el modo. Esas fronteras a las que hace alusión el título del film, que son físicas, éticas y humanas, le quedan muy lejos a su realizador, ya que su trayecto se acaba a medio camino, porque para ser un buen director dentro del género de terror con conciencia social, no hay que opinar de política para hacer cine, hay que hacer cine para opinar de política, aunque suene pedante por mi parte.