domingo, 23 de agosto de 2009

Chrysalis, el cine ha muerto, larga vida al cine


Director:
Julien Leclercq (2007
Guión: Julien Leclercq, Franck Philippon, Nicolas Peufaillit, Aude Py
Actores: Albert Dupontel, Marie Guillard, Marthe Keller, Mélanie Thierry, Estelle Lefebure, Francis Renaud, Claude Perron






El thriller de acción francés nos lleva regalando desde hace algunos años productos realmente encomiables como Los Ríos de Color Púrpura, pero también cosas insípidas como El Imperio de los Lobos (ambas relacionadas con la obra literaria del escritor francés Jean-Christophe Grangé) o tan decididamente fallidas como Nido de Avispas. Pero el caso más grave viene de la mano del debutante Julien Leclercq y Chrysalis, su alabado debut en la realización, que fue recibido en el festival de cine fantástico y de terror de Sitges del año 2007 con no pocos elogios.




Chrysalis nace muerta desde el primer encuadre, una secuencia vergonzosamente previsible, situada en el interior de un auto, en la que por la utilización del plano contraplano entre los dos personajes y los retoques digitales de toda la postproducción, sabemos que va a acabar inevitablemente en un accidente de circulación que será el motivo por el que una de las dos subtramas tome forma. A partir de este alarmante inicio a uno no le queda más remedio que esperar lo peor y con motivo, lo que viene acontinuación es un desfile de despropósitos, más técnicos que artísiticos, puestos en fila, unos detrás de otros.




La ópera prima de Leclercq es el anticine, lo tiene todo para fallar en la mayoría los apartados que convierten el acto de hacer películas en lo que realmente es, arte. Puesta en escena forzada y artificiosa, diseño de producción falsario, realización impersonal y efectista (aunque no tanto como los últimos trabajos de los hermanos Scott, por poner un ejemplo), un reparto, no apático, como requiere una histora futurista como esta, sino directamente nefasto y fuera de lugar en todo momento y un guión fino como un hilo y tan poco consistente que se muestra como una mera excusa argumental (la de los experimentos genéticos) para intrudocir en la trama escenas de lucha no muy conseguidas y tiroteos retocados con cgi que tienen poco de realistas.



La cinta protagonizada por un aséptico Albert Dupontel, el hombre al que todos los que hemos visto Irreversible de Gaspar Noé asociaremos siempre a un extintor, es una Minority Report venida a menos (obra maestra de Steven Spielberg, a la que en ocasiones Leclercq plagia planos enteros), con estética de anime a lo Katsuhiro Otomo y una historia en la que el espectador no se introduce nunca y que desde el minuto 5, más o menos, le importa realmente una mierda al que visiona. Sólo el giro que se da al final con el personaje de Mélanie Thearry se salva, mínimamante, de este nefasto producto, cuya simple existencia hace más por perjudicar al cine, que por engrandecerlo.


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