miércoles, 25 de marzo de 2015

Depredador 2, los demonios de la noche


Título Original Predator 2 (1990)
Director Stephen Hopkins
Guión Jim y John Thomas
Actores Danny Glover, Gary Busey, Rubén Blades, Maria Conchita Alonso, Bill Paxton, Robert Davi, Adam Baldwin, Kent McCord, Kevin Peter Hall, Calvin Lockhart, Elpidia Carrillo





Hubo un tiempo, entre finales de los 80 y principios de los 90, en el que el único pensamiento de Hollywood no era abultar sus cuentas corrientes. Un tiempo en el que el cine comercial de acción no miraba por encima del hombro al espectador, un tiempo en el que los productores no temían la pérdida de recaudación por poner una calificación R (para mayores de 18 años o menores acompañados de adultos, en Estados Unidos) a sus largometrajes, un tiempo en el que una secuela no tenía que significar una copia milimétrica o una hiperbolización de la primera entrega, un tiempo en el que los efectos especiales eran un complemento de la historia y no el núcleo central del apartado técnico de una obra cinematográfica por muy adscrita que estuviera a la ciencia ficción. Una película como Depredador 2 pertenece a ese tiempo.




Tres años después del éxito de la soberbia primera entrega de Depredador, dirigida por  John McTiernan y protagonizada por Arnold Schwarzennegger, la Twentieth Century Fox volvió a contratar lo servicios de lo hermanos Jim y John Thomas (guionistas y creadores del argumento de la cinta de 1987) para escribir una secuela de la que que el actor austriáco se desvinculó (ya que se había comprometido a rodar una nimiedad poco conocida titulada Terminator 2: El Juicio Final) y que tampoco rodaría el cineasta de La Jungla de cristal, ocupando su lugar el realizador británico de origen jamaicano, Stephen Hopkins, que por aquel entonces sólo tenía como obra más o menos conocida Pesadilla en Elm Street 5: El Niño de los Sueños, la cuarta secuela de las correrías oníricas de Freddy Krueger,




En su origen Depredador 2 nació del deseo de los hermanos Jim y John Thomas por ver interactuar al cazador intergaláctico de la primera entrega en un entorno urbano más reconocible para el espectador que, por norma general, no vive en una jungla centroamericana. Esta idea es la que sirve de punto de partida a la cinta de Stephen Hopkins localizada en el verano de 1997 (un futuro cercano con respecto al año 1990 en el que se estrenó el film) en una ciudad de Los Ángeles asediada por las bandas narcotraficantes latinas (aquí el tufo un tanto xenófobo se atenúa un poco con el socorrido recurso de meter a un par de latinos entre los policías protagonistas) y la delincuencia callejera. Como recordamos las zonas en las que imperan el calor extremo y los ambientes bélicos son las elegidas por los depredadores que vienen a nuestro planeta para practicar su deporte favorito, la caza de hombres.




Si el largometraje original de John McTiernan jugaba a la mixtura de géneros mostrámdose durante su primera mitad como una cinta de acción ortodoxa al más puro estilo Schwarzenegger para más tarde convertirse en una producción de terror y ciencia ficción, aquí los hermanos Jim y John Thomas, a los que se suma Stephen Hopkins, hacen lo propio con las buddy movies en las que se había especializado el protagonista, Danny Glover, con su incursión en las dos primeras entregas de la saga Arma Letal (Lethal Weapon). De esa muestra de acción entre policías antagónicos que espetan bravuconadas y frases lapidarias al eliminar a los criminales pasamos a una muestra de sci-fi amalgamada con una horror movie que, por otro lado, nunca olvida su naturaleza de thriller en el que el director de Perdidos en el Espacio realiza algunos de los mejores pasajes técnicos de su carrera como cineasta.




Depredador 2 es una hija de su tiempo y lo afirmo en el mejor sentido de la palabra. Antes del boom de los efectos especiales generados por ordenador, que un año después protagonizaría la ya mencionada Terminator 2: El Juicio Final, esta secuela fue de las últimas cintas de acción adscritas a una de los grandes productoras que apelaría la artesanía y los trucajes clásicos de cámara y superposición de imagen para anclar la estética de su narración. Esta visita del alienígena cazador de hombres a la ciudad californiana de Los Ángeles hoy se ve como una pieza de género impresionantemente bien realizada, que ha envejecido mucho mejor que otros productos del género con una vida mucho más exigua y que expone en pantalla pasajes de una dureza y explicitud que en el Hollywood comercial de hoy no podemos ni oler.




Desde esa batalla campal en medio de las calles de Los Ángeles entre las bandas de narcos enfretándose a los policías hasta la pelea final entre el personaje de Danny Glover y el depredador al que volvió a dar vida con una convicción fuera de toda duda el tristemente fallecido Kevin Peter Hall, Predator 2 está repleta de escenas de acción magníficamente ejecutadas, entregándose al exceso (el asalto al apartamento del capo del narcotráfico en el rascacielos con la visita del alienígena) cuando es necesario y apelando a la sutilidad (ese collar sobre el que caen gotas de sangre mientras se escuchan gritos desgarradores fuera de plano, esa cabeza King Willie decapitada también en off). Todo gracias al trabajo colaborativo de unos equipos técnico y artístico que que saben qué deben hacer para parir una pieza de género que no defraude a los seguidores de la saga y satisfaga a todo tipo de espectador casual.




Bien es cierto que no se equivocavan aquellos que afirmaban que la intimidante presencia de Arnold Scwarzenegger se echaba considerablemente de menos en esta secuela y que el ya desaparecido factor sorpresa jugaba en su contra, pero la elección de un magnífico reparto de secundarios de culto (Danny Glover, Rubén Blades, María Conchita Alonso, Gary Busey, Adam Baldwin, Bill Paxton, Robert Davi) y poner a un competente artesano en el género de acción (a reivindicar su magnífica e inflavalorada Volar Por los Aires con Jeff Bridges y Tommy Lee Jones) como Stephen Hopkins que demuestra su talento para los pasajes vibrantes y de tensión alejándose de efectismos baratos y eludiendo sustentarse en un montaje videoclipero (ese no es el estilo del gran Mark Goldblatt) hacen que esta secuela no desmerezca en absoluto a su predecesora y ofrezca entretenimiento en sesión continua a lo largo de sus poco menos de dos horas de metraje.




El ya mencionado enfrentamiento que abre el largometraje, el también comentado asalto al apartamento de estética maya, toda la secuencia del metro en la que Bil Paxton se convierte en el rey de la velada demostrando que su personaje no es sólo un bocazas, el asesinato de King Willie precedido del alienígena tomando forma mientras anda sobre un charco, el pasaje en el matadero que es uno de los momentos más icónicos relacionados con la saga Predator (enorme Gary Busey en toda esta parte) la persecución de Harrigan y el depredador por las terrazas de los rascacielos o esa pelea final en la nave espacial con sorpresa incluida demuestran que Stephen Hopkins entiende perfectamente los resortes del thriller de acción, a lo que habría que sumar que ni el terror o la ciencia ficción se le resisten ni a él ni al enorme equipo de profesionales (maquilladores, director de fotografía, iluminadores, diseñadores de producción) que cubren la espaldas al magnífico trabajo del cineasta que a día de hoy sigue luciendo en pantalla como el primer día.




Por otro lado los hermanos Jim y John Thomas querían contentar a los fans de la primera película y le pusieron en bandeja a Stephen Hopkins y al mítico creador de efectos especiales Stan Winston ideas y nuevos apuntes sobre la personalidad del cazador intergaláctico para que poco a poco fuéramos sabiendo más de su código de honor y costumbres. A este depredador lo vemos perdonar la vida a una mujer por estar embarazada, a uno niño por llevar un arma de juguete que para él no supone una amenaza, exponer en su sala de trofeos el cráneo de un Alien (referencia al crossover en cómic que se editaba por aquella época y que una década después daría pie a dos films), utilizar un innovador botiquín para curar sus heridas (uno de mis pasajes favoritos de la cinta) y poner en uso nuevas armas como la lanza teledirigida, el frisbee inteligente (que dará mucho juego hasta el clímax del film) o la revelación final con el grupo de depredadores que por medio de un "regalo" nos confirma que tan peculiares cazadores llevan siglos visitando nuestro planeta.




Vista hoy, 25 años después de su estreno, Depredador 2 no ha perdido nada de su empaque, el tiempo no sólo la ha tratado muy bien (si salvamos que el diseño de vestuario en ocasiones peca de hortera, pero hasta eso le da encanto al conjunto de la obra) sino que hoy día podría dar clases de cómo rodar secuencias de acción pura a cientos de esos productos realizados en cadena de montaje que asaltan nuestras carteleras una semana sí y otra no con su violencia inocua, su corrección política o estructura simplista y acomodaticia. Por desgracia ya no se hacen películas como esta secuela que en su momento de estreno no fue muy alabada (siendo el mejor producto adscrito a la saga Predator después del film original de John McTiernan) y que hoy puede ser reivindicada y recuperada como una verdadera muestra de talento por parte de todos los que se implicaron en su creación. Cine de videoclub y sesión golfa del que, por desgracia, ya no se rueda en Hollywood.



3 comentarios:

  1. No tengo yo muy claro eso de que ya no se hagan películas como estas. Derroches de energía como El Equipo A de Joe Carnahan, Al Filo del Mañana de Doug Liman, la propia Capitán América Soldado de Invierno de los Russo o la disparata Starsky & Hutch de Todd Phillips tampoco tienen nada que envidiarles. Aun así, haces bien en reivindicarla, que siempre me ha parecido una peli bastante maja -y he terminado sonriendo con la referencia al botiquín-, con unos planos y escenas muy potentes y no exenta de un fuerte contenido social imprescindible en el buen cine, y que tan acertadamente usa la zona de guerra en la que se convirtió Los Angeles en los noventa.

    Igualmente, ya era hora de que alguien reivindicase a un artesano como Hopkins, que guardo bastante cariño por sus Demonios de la Noche. Aun así, he de decir que a mi personalmente Blow Away no me gustó nada, pero nada de nada (aunque también la vi hace eones, vamos, no se yo como será la escena de Withaker y el audio con revisión)

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    1. Cuando digo que no se hacen películas como estas es en el sentido de que sean tan desprejuiciadamente para adultos y que a sus creadores no les importe que como obras llegguen a menores de edad. Todas las que mencionas son buenas muestras de cine comercial actual, pero me refería a películas para mayores de 18 que no se ponían cortapisas en cuanto a sexo y violencia aunque perdieran espectadores por el camino.

      A mí Blown Away me encantó desde que la vi la primera vez y Hopkins tiene momentos visuales potentísimos, es más, en un acto suicida diré que planos como el de la supuesta bomba instalada en el cable del teléfono o el de la bola de metal que activa el explosivo que llevaba adherido Lloyd Bridges a la espalda fueron precedentes del look visual que utilizaría David Fincher en films como The Game, El Club de la Lucha o La Habitación del Pánico, salvando las infinitas distancias entre los dos cineastas, como es lógico. Te recomiendo un revisionado, yo hace relativamente poco la volví a verla y lo único que me rechinaba el puto lío que se hacía Tommy Lee Jones con su falso acento irlandés, lo demás funciona genialmente a la hora de mostrarse como un ejemplar thriller de acción.

      ¡Nos vemos!

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    2. Me vas a hacer volver a verla, sí xD Sobre lo otro que comentas, ya sabes, vivimos en la era de lo políticamente correcto post Rescate en Los Ángeles de la que nos advertía John Carpenter, pero sin Serpiente Plissken que nos devuelva a lo auténtico. Pero si, la verdad es que hay casos en los que la falta de sexo y violencia llega a chirriar en según que historias (eso sí, lo de matar que no se lo priven, que es muy americano)

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