miércoles, 22 de septiembre de 2010

Hablando con la Muerte, death air



Título Original: Talk Radio (1988)
Director: Oliver Stone
Guión: Eric Bogosian & Oliver Stone
Actores: Eric Bogosian, Ellen Greene, John C. McGinley, Leslie Hope, Alec Baldwin, Michael Wincott, John Pankow






En principio, Hablando con la Muerte (Talk Radio) podría parecer una rareza en la obra del norteamericano Oliver Stone y un film que poco tendría que ver con su discurso o sus inquietudes como autor cinematográfico. Nada más alejado de la realidad, ya que poco importa que el director de Platoon hable de un conflicto bélico, un presidente estadounidense, el asesinato del mismo, fútbol americano o una pareja de asesinos de masas que acaban conviertiéndose en las estrellas televisivas del momento, el 95% de las veces su misión siempre es meter el dedo en una yaga que nunca supura, la de la hipocresía social en la que le ha tocado vivir. Hablando con la Muerte no es una excepción a esa regla.




Pudiera parecer a primera vista que Talk Radio sólo es un thriller de suspense en el que un deslenguado y liberal locutor judío (enorme Eric Bogosian en el papel de su vida y co escribiendo el guión junto a Stone), políticamente incorrecto y muy temerario se juega su propia integridad física noche sí y noche también delante del micrófono por no tener pelos en la lengua y decir lo qué piensa radiando un programa a nivel estatal en Dallas, Texas, enfrentándose a oyentes de todo pelaje, desde dorgadictos, hasta embaucadores, pasando por mujeres hastiadas de su propia existencia, transexuales o neonazis que lo amenazan de muerte por su ascendencia sionista.




Pero a pesar de que toda la tensión de la trama está llevada con un pulso endiablado (la primera media hora de metraje es un prodigio de puesta en escena, presentación de personajes, fluidez del guión y dirección poderosa, para ponerlo en las escuelas de cine) todo lo que rodea al personaje principal de Barry Champlain es una excusa enorme y perfectamente construida, un McGuffin bestial, para que Stone y Bogosian hagan un retrato desalentador de la sociedad americana, reflejada de manera aterradora en esos oyentes que llaman al programa a horas intempestivas desde la soledad de sus casas para descargar su ira, frustración o falsa moral.




Pero Stone es un gran cineasta, en los 80 estaba en plena forma y nos regaló sus mejores obras. De modo que toda la trama central sobre el personaje del locutor, por mucho que no deje de ser un soporte para los fines del director y su actor principal (recordemos, también co guionista) para realizar una denuncia social lacerante y nada complaciente, sigue estando construida sobre las bases de un thriller, que tendría su más inmediato referente en Escalofrío en la Noche (Play Misty For Me), el debut como director del actor Clint Eastwood que compartía con el largometraje que nos ocupa la trama central de un locutor de radio acosado por una oyente.




Stone construye un perfecto producto por medio de su ya clásico y nervioso uso de la cámara, impresionante lo que puede llegar a hacer este señor con una steadycam, pero sin abusar aún del montaje (esa técnica la asentó definitivamente con JFK, Caso Abierto). Por medio de la solidez de su realización el director de Alejandro Magno consigue aprovechar hasta el extremo una localización tan escasa y claustrofóbica como un estudio radiofónico, creando un tensión que aumenta gradualmente inquietando a un espectador que no sabe por que derroteros se dirigirá la trama.




Aunque todo vuelve a su cauce como comentaba al inicio de la entrada. Con la memorable aparición del personaje de Michael Wincott en escena Champlain toma conciencia de su propia realidad. Sus palabras caen noche tras noche en saco roto porque van dirigidas a un puñado de pusilánimes que escuchan su programa no para realizarse como personas o para encontrar consuelo radiofónico, sino porque a esas horas no tienen nada mejor que hacer o peor, porque disfrutan escuchando como su locutor favorito pisotea a todo tipo de desconocidos que lo llaman para hablarle de temas de una alarmante puerilidad.




Entonces llegamos al climax, el monólogo en plano secuencia con travelling lateral en el que Stone como director y Bogosian como intérprete sacan lo mejor de sí mismos para escupir directamente en la cara de todo lo que representa, no ya el sur de Estados Unidos o la sociedad americana, sino la occidental en general. ¿Para qué? para nada, como nos deja ver la reacción de los oyentes tras ese ultimatum por parte de Champlain. Todo ello nos lleva a esa resolución final demasiado tópica que se veía venir a kilómetros, pero una vez más la misma sirve para poner en la palestra la hipocresía y el fariseismo de una audiencia radiofónica, a la que ciertamente no se deja nada bien en la película.




Junto a su ópera prima, Seizure, Hablando con la Muerte es una de las obras más desconocidas de Stone a pesar de que en la época de su estreno tuvo cierta repercusión e incluso llegó a conseguir los osos de plata en el festival de Berlín de 1988 a mejor actor y guión. Yo lo considero un trabajo memorable, de los más compactos, incisivos, acertados y arriesgados de Stone (eso implica algunas dosis de su demagogia y ambigüedad ideológica marca de la casa, por supuesto) gestado en la época de mayor esplendor de su autor como cineasta. Cuando no necesitaba ir a darle palmaditas en la espalda a mandatarios políticos comunistas (ojo, haciendo con ello interesantes documentales) para crear polémica, ya que con sus virtudes como creador se bastaba para dar pie a encendidos y muy necesarios debates.


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