miércoles, 30 de septiembre de 2020

Transgresión Continua Express 2020 - Agosto II

365 Días (Barbara Białowąs, Tomasz Mandes, 2020) - Profundamente machista, misógina hasta el vómito, romantiza sin tapujos el secuestro o el maltrato psicológico y físico. Que semejante engendro sea un éxito en Netflix y esté co escrito y co dirigido por mujeres clama al cielo.


Proyecto Power (Henry Joost, Ariel Schulman, 2020) - Cine de acción con apuntes de ciencia ficción, rodado por los directores de Nerve, que más allá de su reparto y un llamativo acabado visual no aportada nada de interés.


Germinal (Claude Berri, 1993) - Adaptación de la novela de Emile Zola con la que Claude Berri retrata de manera naturalista y desgarradora las condiciones de trabajo inhumanas de los obreros a finales del siglo XIX gracias a un gran despliegue de medios y un excelente reparto.


Granja Maldita (David Keith, 1987) - El actor David Keith dirige esta nefasta adaptación de The Color Out of Space, de H.P Lovecraft, que muestra una sorprendente inoperancia en todos y cada uno de sus apartados. Inexplicablemente contó con hasta tres secuelas.


El Beso de la Pantera (Paul Schrader, 1982) - Explicitando todo aquello que era sugerido en la versión de 1942, dirigida por Jacques Tourneur, Paul Schrader plantea una interesante alegoría sobre el despertar sexual con un gran casting y un impecable apartado visual.



You Don't Nomi (Jeffrey McHale, 2019) - Declaración de amor a esa obra maestra del cine trash llamada  Showgirls y a Elizabeth Berkley, también un pormenorizado análisis sobre cómo encaja dicha obra en las constantes autorales de la filmografía de Paul Verhoeven.




Transgresión Continua Express 2020 - Agosto I

Tenet (Christopher Nolan, 2020) - Christopher Nolan lleva al paroxismo su idea de intelectualizar el blockbuster, consiguiendo que su rompedora narrativa transfigure en un apartado técnico impresionante. Lo peor, el personaje femenino, una sonrojante amalgama de estereotipos.



La Caza (Craig Zobel, 2020) - A pesar de su inverosímil propuesta y ciertos agujeros de guión, su intención de arremeter contra todo tipo de ideología, la explicitud de su violencia y el tour de force entre Betty Gilpin y Hilary Swank hacen de The Hunt una divertida sátira.


Súper Empollonas (Olivia Wilde, 2019) - La actriz Olivia Wilde destila talento como directora en su debut detrás de las cámaras insuflando hallazgos, buenas ideas, ritmo y ternura a una comedia juvenil inteligente y alocada. Kaitlyn Dever y Beanie Feldstein, descomunales.


Princesas (Fernando León de Aranoa, 2005) - Aunque mantiene un delicado equilibrio entre crudeza y ternura, el guión, la desnudez de la puesta en escena, y el reparto encabezado por una Micaela Nevárez magnífica o una Candela Peña fuera de órbita juegan a favor de la obra.



Diamond Flash (Carlos Vermut, 2011) - Meritoria en su rareza y atípica complejidad, no conecto con su relato coral repleto de tiempos muertos y diálogos interminables. Afortunadamente el salto cualitativo  de Carlos Vermut con la posterior Magical Girl fue abismal.


Lost Soul: El Viaje Maldito de Richard Stanley a la Isla del Dr. Moreau (David Gregory, 2014) - Más que un documental sobre el fracaso de Richard Stanley al adaptar la novela de H.G. Wells, un retrato sobre la egolatría vírica de esa entidad viviente y diabólica llamada Hollywood


lunes, 21 de septiembre de 2020

¡Todos Flotan! Las Pesadillas de Stephen King Vol. II...


Edición Nacional/España Applehead Team Creaciones
Autor Tony Jiménez
Formato Rústica
Páginas 602 páginas
Precio 22,95€

En septiembre de 2019 un servidor reseñó Here’s Johnny! Las Pesadillas de Stephen King Vol. 1 (1974-1989), primera entrega de un ensayo dedicado a desgranar la obra literaria y cinematográfica centrada en el famoso autor nacido en Maine. Publicado por la editorial Applehead Team Creaciones y escrito por el novelista malagueño Tony Jiménez, abarcaba toda la carrera de Stephen King desde sus primeros pasos hasta finales de los años 80. Al término de aquella reseña confirmé que también publicaríamos una dedicada a la segunda y por ahora última parte del ensayo titulada ¡Todos Flotan! Las Pesadillas de Stephen King Vol. II (1990-2019). En esta entrada analizaremos este nuevo episodio en el que no sólo se abordan los veinte años posteriores dedicados a los libros, largometrajes y series televisivas adheridas a la autoría del creador de Carrie o El Misterio de Salem’s Lot, también haremos parada en otros medios en los que Stephen King ha dejado una huella indeleble e incluso en su legado, asumido este por, entre otros, una persona perteneciente a su propia familia.

En la ya citada reseña dedicada a Here’s Johnny! Las Pesadillas de Stephen King Vol. 1 (1974-1989) mencionamos que la lectura de aquel primer ensayo se asemejaba a mantener una distendida, interesante y dinámica conversación con un fan irredento de King cuya misión es, no sólo acercarnos toda su bibliografía y filmografía, sino hacerlo de manera cercana para poner a disposición de todo tipo de lectores la vida y milagros de uno de los autores más importante de la literatura contemporánea. Por un lado ¡Todos Flotan! Las Pesadillas de Stephen King Vol. II (1990-2019) mantiene, e incluso mejora, esa constante establecida en el trabajo anterior, pero por otro Tony Jiménez añade a esta secuela capítulos nuevos que analizan el sello de Stephen King más allá de la página escrita o el fotograma filmado, haciendo que esta entrega se muestre más enriquecedora tanto en contenido como en conceptualidad, exigiendo profundizar más en la evolución de un profesional que en los años 90 sufrió un cambio notable con respecto al tipo de relatos que llevaba a cabo.

Ciertamente repasar el grueso de la obra de Stephen King durante los 90 es harto interesante ya que a lo largo de esos diez años la temática de sus obras cambió sustancialmente alejándose un poco del terror que cimentó su carrera y adentrándose en terrenos más cercanos al drama, la fantasía, la ciencia ficción e incluso la crítica social y política. Aunque, por otro lado, todos ellos han estado presentes, en mayor o menor mediada, en la impronta del novelista desde sus mismos inicios. Tony Jiménez es consciente de ello y en el repaso que realiza a los libros que cimentaron esta etapa de King incide en varias ocasiones en la evolución que supuso de cara a unos lectores que asistiendo a cómo piezas como El Resplandor, Cujo, Cementerio de Animales o Christine, adscritas a parámetros más ortodoxos del terror, dejaban paso a otras como Dolores Claiborne, El Juego de Gerald, Corazones en la Atlántida o las distintas entregas de la saga La Torre Oscura. Por consiguiente la disección de dichos trabajos es más profunda y minuciosa que en la primera parte del ensayo.

Después de un prologo a manos de Raúl Sánchez y una introducción de Luis Martínez Vallés el trabajo es retomado por Tony Jiménez siguiendo la misma estructura que en Here’s Johnny! Las Pesadillas de Stephen King Vol. 1 (1974-1989). Empezando por Las Cuatro Después de Medianoche (1990) y acabando por Elevation (2018) el ensayista recorre poco menos de veinte años de novelas, antologías, publicaciones digitales e incluso ensayos en los que Stephen King desplegó toda su sapiencia narrativa y cultural. También se mantiene la acertada decisión de incluir en los capítulos centrados en relatos que han sido adaptados al medio audiovisual la opinión de Jiménez sobre estos, sumergiéndose en los cambios sufridos durante la segunda mitad de los años 90 cuando dejaron de ser películas estrenadas en el cine a manos de directores consagrados como Stanley Kubrick, Brian de Palma, David Cronenberg y John Carpenter o reivindicables series B ejecutadas por humildes artesanos como Daniel Attias, Lewis Teague, Fritz Kiersch o Ralph S. Singleton a tv movies de bajo presupuesto no demasiado destacadas, a menos que estuvieran facturadas por Mick Garris.

Una vez terminado dicho recorrido la segunda parte del libro supone una agradable sorpresa para el que suscribe, tristemente no demasiado cultivada en los ensayos serializados. Entre la publicación de Here’s Johnny! Las Pesadillas de Stephen King Vol. 1 (1974-1989) y la de ¡Todos Flotan! Las Pesadillas de Stephen King Vol. II (1990-2019) pasaron casi tres años y en ese periodo de tiempo se estrenaron varias adaptaciones cinematográficas y televisivas de novelas de King ya analizadas en el primer trabajo de Tony Jiménez dedicado al marido de Tabitha King. De manera que en este segundo se añaden las opiniones de dichos proyectos entre los que encontramos It: Capítulo 1, la nueva versión de Cementerio de Animales, Los Chicos del Maiz: La Huida o las series La Niebla y Castle Rock, de Spike y Hulu, respectivamente. Con un esfuerzo hercúleo por facturar un producto lo más actualizado posible Tony Jiménez suma las reseñas de dichas traslaciones audiovisuales a las de las más recientes novelas de King intentando abarcar todo el material relacionado con el estadounidense e incluso mostrando un adelanto de la, por aquel entonces, todavía no estrenada It: Capítulo 2.

El tercer capítulo, Cómics y videojuegos, se centra, como su título indica, en las colaboraciones o inspiraciones de King en el arte secuencial y el mundo del entretenimiento virtual. Con los cómics dedicados a su obra sucede como con la mayoría de las películas. Mucha gente asume que él se encuentra detrás del desarrollo y creación de los mismos, cuando son casos aislados en los que eso sucede. Por ello podemos encontrar adaptaciones como la de El Cortador de Césped a manos de Walter Simonson, la de la saga La Torre Oscura en la que Peter David, Jae Lee y Richard Isanove formaban equipo o Apocalipsis (The Stand) donde Robert Aguirre Sacasa y Mike Perkins hacían lo propio. Todas inspiradas en las obras de King, pero sin su intervención directa en ellas. Aunque también otras en las que sí escribía los guiones como el brillante cómic de Creepshow (George A. Romero, 1982) o el segundo arco argumental de American Vampire, la serie del sello Vertigo que co creó junto a Scott Snyder y Rafael Albuquerque con el vampiro Skinner Sweet como uno de sus protagonistas. Estos y otros trabajos son acometidos por Jiménez con abundante información sobre sus ideólogos y las editoriales, estadounidenses y españolas, que los movieron por el mercado.

El último capítulo, Homenajes y Legado, hace un recorrido por todas las referencias a King o su obra en la cultura pop con especial hincapié, como no podía ser menos, en las televisivas acontecidas en Los Simpson y Padre de Familia. También las bandas de rock y metal que han dedicado letras a las criaturas o historias del novelista como Blind Guardian, Demons & Wizards, Black Sabbath o Pennywise y Randall Flagg. Por último los films que han rendido tributo a su universo literario, resaltando aquella obra maestra titulada En la Boca del Miedo (In the Mouth of Madness, John Carpenter, 1995) en la que la impronta del de Maine se fusionaba con la de H.P. Lovecraft. Pero dentro de este último capítulo es de recibo mencionar la decisión de Tony Jiménez por acercarnos a Joe Hill, el segundo hijo de King convertido desde hace años en otro autor de best sellers. El malagueño se adentra en las novelas de Hill como El Traje del Muerto, Fantasmas, Fuego, Cuernos y NOS4A2, los cómics que ha escrito como Locke & Key o The Cape e incluso las adaptaciones cinematográficas y televisivas de los mismos. Un digno heredero del manto de su padre que ya está haciéndose un nombre en el mundo de la letra escrita.

Tras una última reflexión por parte del autor, el epílogo escrito por Asier Menéndez Marín y agradecimientos varios termina ¡Todos Flotan! Las Pesadillas de Stephen King Vol. II (1990-2019), la segunda parte de este ensayo dedicado al autor con el que muchos lectores, un servidor entre ellos, empezamos a introducirnos en el mundo literario y el cine de terror. Cuando acabamos la lectura del trabajo, poco más de seiscientas páginas que no pesan en ningún momento, hemos recorrido una de las etapas más interesantes de la bibliografía de un profesional indispensable para entender la actual narrativa estadounidense y hemos asistido a cómo el medio audiovisual se adapta y retroalimenta para seguir trasladando a imagen real la obra de un escritor que siempre es sinónimo de éxito. Teniendo en cuenta que no hay año en el que Stephen King no publique al menos una novela o las productoras cinematográficas y plataformas de streaming no adapten varios de sus relatos a la pantalla grande o pequeña se antoja lógico que Tony Jiménez tenga la intención de seguir con esta serie de libros indispensables para los fans del maestro del terror. Ahora sólo queda que el malagueño se anime a hacer lo propio con Joe Hill en otra serie de ensayos. Algo que no estaría nada mal.


Here’s Johnny! Las Pesadillas de Stephen King Vol. 1 (1974-1989)


Edición Nacional/España Applehead Team
Autor Tony Jiménez
Formato Rústica
Páginas 366 páginas
Precio 18,95€

Ahora que It: Capítulo 2 arrasa en la taquilla internacional es un buen momento para seguir hablando de la vida y obra de Stephen King. El autor de Maine vive actualmente una segunda edad dorada en lo profesional, ya que a sus 71 años de edad asiste a un nuevo resurgir de adaptaciones, cinematográficas y televisivas de muchas de sus obras literarias. Mientras él no falta a su cita anual con las librerías regalándonos, como mínimo, dos manuscritos por temporada. En nuestra redacción de libros también queremos dedicar una entrada al “maestro del terror”, pero en esta ocasión en lugar de reseñar uno de sus numerosos libros, como sí aconteció con Cementerio de Animales, vamos a hacerlo con un ensayo dedicado a su destacada persona. La editorial Applehead Team sigue apostando por ese “cine que siempre quisimos leer” y, como era de esperar, el creador de algunas de las piezas más vendidas y alabadas de la literatura de terror contemporánea, que dieron forma a incontables piezas audiovisuales, no podía faltar en su catálogo. Here’s Johnny! Las Pesadillas de Stephen King Vol. 1 (1974-1989), primera parte de un, por ahora, díptico dedicado al marido de Tabitha King, será el blanco de nuestros comentarios en la siguiente publicación.

En el capítulo de Here’s Johnny! Las Pesadillas de Stephen King Vol. 1 (1974-1989) centrado en el célebre ensayo Danza Macabra que Stephen King dedicó al género de terror, en todas sus vertientes artísticas, Tony Jiménez (Málaga, 1984), afirma que afrontar la lectura de dicho trabajo se asemaja a: “Tomarse una cerveza en el porche de la casa de King mientras hablamos sobre cine y literatura de terror”. Esta afirmación es aplicable también a su propia obra, este primer volumen que abarca toda la carrera literaria, y las adaptaciones cinematográficas y televisivas derivadas de ella, del famoso escritor desde mediados de los 70 hasta finales de los 80. Porque nos encontramos con una pieza ejecutada desde el cariño y la admiración por el creador de Carrie, La Niña Que Amaba a Tom Gordon, La Tienda (Needful Things) o El Ciclo del Hombre Lobo.

No esperéis con Here’s Johnny! Las Pesadillas de Stephen King Vol. 1 (1974-1989) un sesudo análisis repleto de tecnicismos sobre la bibliografía del escritor de Nueva Inglaterra. Tony Jiménez predispone su trabajo de manera cercana y empática de cara a un receptor que podrá disfrutar del mismo sin necesidad de ser un “lector constante” de King, pero será este último el que más disfrute con el trayecto planteado por el malagueño. Este primer volumen se abre con un ingenioso y peculiar prólogo escrito por, nada más y nada menos, que Richard Bachman, el pseudónimo utilizado por King entre los 70, 80, y puntualmente en los 90, para escribir algunas novelas, normalmente alejadas del terror, como la controvertida Rabia, El Fugitivo (Running Man), Carretera Maldita (Roadwork), Maleficio (Thinner) o La larga Marcha, esta última una de mis favoritas salidas de la mano del creador de Pennywise o Christine.

Seguidamente encontramos una breve biografía en la que se repasa la vida personal y profesional de King, sin incidir demasiado en datos innecesarios ya que, como bien menciona Jiménez en el ensayo, nada mejor que leer las novelas del autor de Maine para conocer en profundidad su personalidad. A continuación entramos en el libro propiamente dicho con un repaso cronológico a la obra literaria de King y a sus respectivas traslaciones al medio audiovisual, en el caso de haberlas, con el autor del trabajo ofreciendo su opinión sobre dicho material. En este completo y personal trayecto somos testigos del profundo conocimiento de Jiménez en lo referido a los más de cuarenta años de carrera del novelista ofreciendo, además de su perspectiva de todos y cada uno de esos trabajos, sustanciosos datos, curiosidades o anécdotas. Varias de ellas conocidas por los fans y otras inéditas hasta para los miembros de la rama más dura de los seguidores de King.

Desde Carrie (1974) hasta La Mitad Oscura (1989) Tony Jiménez ejerce de jefe de ceremonias a la hora de adentrarnos en trabajos literarios como El Resplandor, Cujo, Ojos de Fuego (Firestarter), Tommyknockers o las, ya citadas, novelas de Richard Bachman. Después de contextualizar y dar opinión del libro correspondiente hace lo propio con su versión en imagen real, ya sea para la pequeña o o gran pantalla. Ciertamente el especial cariño de Jiménez por la obra y milagros de King le incita a ser, en ocasiones, demasiado benévolo con el material sobre el que reflexiona esforzándose, meritoriamente, por sacar lo mejor de hasta los trabajos, literarios y audiovisuales, más deficientes nacidos de la impronta del novelista. Pero también se adentra en terrenos complicados cuando desmitifica algunos otros como la primera y clásica versión televisiva de Salem’s Lot rodada por Tobe Hooper en 1979. Opinión que un servidor no comparte, para mí sigue siendo una de las mejores adaptaciones de un libro de King, pero sí respeta por la sinceridad con la que está planteada por el autor.

Here’s Johnny! Las Pesadillas de Stephen King Vol. 1 (1974-1989) es una cita altísimamente recomendable para los fans de Stephen King, esos que han leído todas sus novelas o no se pierdan una sola de sus adaptaciones al cine, la televisión o plataformas digitales. Se agradece que por fin llegue a España un ensayo en nuestro idioma actualizado sobre el autor de Maine, y esto lo decimos en el más amplio sentido de la palabra no sólo por el presente volumen, sino también por el que llegó después. ¡Todos Flotan! Las Pesadillas de Stephen King Vol. II (1990-2019) ha sido publicado este año y compila la segunda etapa de la carrera de King. En esta ocasión Tony Jiménez no sólo disecciona libros y novelas, también se adentra en otros terrenos como los cómics o los videojuegos relacionados con el novelista e incluso dedica espacio a Joe Hill, hijo de King y autor de grandes trabajos literarios como El Traje del Muerto, Cuernos, Fuego o Fantasmas. De este segunda entrega hablaremos también, próximamente.


lunes, 31 de agosto de 2020

Transgresión Continua Express 2020 - Julio II

Tiempos Modernos (Charles Chaplin, 1936) - Debajo de un desfile interminable de humor físico, repleto de gags históricos, subyace una crítica intemporal al poder descontrolado de la industrialización cada vez más deshumanizada que toma a sus trabajadores por ganado.


La Posesión de Mary (Michael Goi, 2019) - Mediocre muestrario de tópicos sobre el cine de brujería y posesiones que tiene en las interpretaciones de Gary Oldman y Emily Mortimer sus únicos aliados. El resto es un desangelado producto carente de atmósfera y verdadero terror.


The Vast of Night (Andrew Patterson, 2019) - Lo que comienza como un homenaje a La Dimensión Desconocida o La Guerra de los Mundos de Orson Welles deriva en un ejercicio de estilo con predilección por la sci-fi minimalista a manos de un director demasiado encantado de conocerse.


La Vieja Guardia (Gina Prince-Bythewood, 2020) - Adaptación del cómic de Greg Rucka y Leandro Fernández que, a pesar de su impersonalidad formal, funciona gracias a las competentes secuencias de acción y al buen hacer del reparto encabezado por una Charlize Theron espectacular.


Madre Oscura (Drew T. Pierce, Brett Pierce, 2019) - Cúmulo de tópicos y lugares comunes que adentrándose en el folk horror acaba derivando en un plagio de La Tutora (William Friedkin, 1990) con pasajes de vergüenza ajena centrados en un protagonista estúpido hasta lo denunciable.


Voces (Ángel Gómez Hernández, 2020) - Aunque transita caminos conocidos dentro del cine sobre casas encantadas y ejecuta ciertos quiebros narrativos algo forzados, la meritoria puesta en escena y la labor del reparto hacen de Voces una agradable experiencia.


Por Trece Razones: Temporada 3 (Brian Yorkey, 2019) - Manteniendo la estructura de las anteriores temporadas, aunque añadiéndole cuerpo de thriller policíaco, toma decisiones arriesgadas a la hora de ofrecer tridimensionalidad a sus roles más odiosos, pero el resultado es óptimo.


Los Niños de Hollywood (Alex Winter, 2020) - Alex Winter (Jóvenes Ocultos, Bill y Ted) dirige para HBO este interesante, duro y nada sensacionalista documental sobre el precio a pagar por ser un niño actor en ese Hollywood convertido en una maquinaria destructora de infancias




Transgresión Continua Express 2020 - Julio I

Apocalipsis Now: Final Cut (Francis Ford Coppola, 2019) - Al igual que Redux otro montaje innecesario para el viaje más infernal jamás rodado al corazón de las tinieblas. Vietnam como excusa para capturar con una mefistofélica cámara la oscuridad y la demencia del alma humana.


Onward (Dan Scanlon, 2020) - Pixar vuelve al camino de la excelencia con esta road movie que bascula entre el juego de rol, la aventura adolescente con aroma ochentero y la oda al amor fraternal. Divertida, emotiva, impecablemente  facturada y con un final memorable. Pura magia.


El Ascensor (Dick Maas, 1983) - Original reformulación del subgénero slasher que hibrida la asepsía arquitectónica, tecnológica y neocárnica del David Cronenberg primigenio con el trazo grueso y zafio indivisible a la filmografía del holandés Dick Maas.



Gretel y Hansel (Oz Perkins, 2020) - El cuento clásico de los hermanos Grimm, en clave de bellísimo folk horror, como excusa para que Oz Perkins plantee una alegoría rabiosamente actual en la que convergen, y a la vez chocan, distintas visiones del feminismo.



Ofrenda a la Tormenta (Fernando González Molina, 2020) - Más cercana al drama que al thriller sobre el que se ha construido la saga, la última entrega de la "Trilogía del Baztán" es consecuente con sus predecesoras al revelarse como un policíaco entretenido y previsible.



Altered Carbon: Temporada 2 (Laeta Kalogridis 2020) - Decepcionante segunda temporada acometida con desgana y no consiguiendo el equilibrio entre existencialismo y pulp de la primera. La sustitución de Joel Kinnaman por Anthony Mackie es un grave error de casting.



Altered Carbon: Reenfundados (Takeru Nakajima, Yoshiyuki Okada, 2020) - Sus 74 minutos repletos de cyberpunk, acción, yakuzas y gore merecen mucho más la pena que la segunda temporada de la serie en imagen real, ayudando a extender y enriquecer su microcosmos audiovisual.



Moebius Redux: A Life In Pictures (Hasko Baumann, 2007) - Jean Giraud "Moebius" narra las vivencias personales y profesionales que le llevaron a convirtirse en uno de los artistas más influyentes del cómic a nivel mundial. Indispensable documento sobre un mito del arte secuencial



Jodorowsky's Dune (Frank Pavich, 2013) - Más que un documental sobre la ambiciosa adaptación que Alejandro Jodorowsky quería realizar de Dune, una declaración de amor a la libertad creativa y a una revolución cinematografía que aun sin llevarse a cabo todavía hoy pervive.



viernes, 21 de agosto de 2020

Darkman, el hombre sin rostro



Título Original Darkman (1990)
Director Sam Raimi
Guión Sam Raimi, Ivan Raimi, Daniel Goldin, Joshua Goldin, Chuck Pfarrer
Reparto Liam Neeson, Frances McDormand, Colin Friels, Larry Drake, Nelson Mashita, Jesse Lawrence Ferguson, Ted Raimi, Jenny Agutter, Dan Hicks, Nicholas Worth, Julius Harris, Toru Tanaka, Dan Bell, Bruce Campbell, Frank Noon, William Dear




Cuando decidimos publicar los viernes estas retro-críticas nuestra intención era, no sólo reseñar aquellas adaptaciones cinematográficas de cómics que nunca habían encontrado su lugar en Zona Negativa o que si lo tuvieron fue antes de existir la redacción de cine, sino cubrir el vacío de estrenos dentro de este subgénero que la pandemia y el estado de alarma a nivel mundial impusieron a Hollywood, viéndose en la obligación de reestructurar totalmente su calendario previamente establecido. Hoy, después de siete de esas retro-reseñas, vamos a hacer una excepción hablando de una de esas películas que sin estar inspiradas directamente en ningún cómic, no sólo toma señas de identidad de cientos de ellos, sino que también ha sido considerada con el paso del tiempo casi una muestra más dentro de este tipo de celuloide. Hablamos como no podía ser menos de Darkman, cuarta película del cineasta estadounidense Sam Raimi que después de dos éxitos como Posesión Infernal (Evil Dead, 1981) o Terroríficamente Muertos (Evil Dead II, 1987) y un fracaso como Ola de Crímenes, Ola de Risas (Crimewave, 1985) decidió facturar su propia película de superhéroes hecha a medida, al no poder implicarse en producciones centradas en algunos de sus personajes favoritos como Batman o The Shadow. El resultado supuso un enorme éxito para el director de El Ejército de las Tinieblas (1992) que le abrió definitivamente las puertas de Hollywood.




Darkman fue un proyecto impulsado por la productora Renaissance Pictures, fundada por el mismo Sam Raimi y sus amigos Robert Tapert y Bruce Campbell junto a por Universal Pictures que puso en manos de los cineastas un presupuesto de entre 18 y 20 millones de dólares. A partir de una idea de Sam Raimi, que en su origen no dejaba de ser un relato de 30 páginas titulado The Darkman, el director se ocupó del guión junto a su Hermano Ivan Raimi, los también emparentados Daniel Goldin y Joshua Goldin o Chuck Pfarrer. Para dar vida al protagonista se recurrió a un todavía no muy conocido actor escocés llamado Liam Neeson que sólo tres años después protagonizaría la película que le cambiaría la vida a las órdenes de Steven Spielberg. A la pareja del personaje principal le dio vida la enorme Frances McDormand, grandiosa actriz y vieja conocida por Sam Raimi debido a su estrecha amistad con los hermanos Joel y Ethan Coen. Al dúo de villanos le pusieron rostro y físico un icono de la serie B como Larry Drake y Colin Friels, actor australiano de origen escocés que no se prodigó demasiado en Hollywood tras su paso por Darkman. En roles más episódicos tenemos a viejos conocidos del director como su otro hermano, Ted Raimi, Dan Hicks, Nicholas Worth o el indispensable Bruce Campbell cuya aparición en el film se litima a un breve, pero icónico, cameo. Danny Elfman en la banda sonora, Bill Pope en la dirección de fotografía y Tony Gardner como diseñador de los importantes efectos de maquillaje ponián el broche de oro a un proyecto con todo a su favor para convertirse en un éxito.




El Doctor Peyton Westlake (Liam Neeson) y su ayudante Yakitito (Nelson Mashita) están a punto de conseguir un gran avance en la creación de una variante de piel sintética cuyo fin será ayudar a personas con graves quemaduras corporales. Cuando su novia, la abogada Julie Hastings (Frances McDormand), descubre los asuntos sucios de uno de sus clientas más importantes, el empresario Louis Strack (Colin Friels), este envía a su banda de matones a sueldo comandados por el peligroso Robert Durant (Larry Drake) en busca de los archivos que delatan sus negocios ilícitos a la casa de Julie y encontrándose allí con Peyton y Yakutito. Los criminales asesinan al ayudante del científico y a Peyton lo desfiguran bestialmente haciendo explotar su laboratorio mientras lo dan por muerto al no haber sido encontrado su cadáver, supuestamente calcinado por por el brutal ataque al inmueble. Pero Peyton Westlake no ha perdido la vida, sino que ha quedado totalmente desfigurado y una vez huye del hospital en el que se encontraba confinado decide seguir con sus experimentos y saciar su sed de venganza contra aquellos que arruinaron su vida, separándolo de la mujer a la que amaba.




Aunque ya hemos mencionado que Darkman se adscribe sin demasiados problemas al cine superheróico, aunque sería más acertado decir que pertenece al “antiheróico”, sus raíces vienen precisamente del género que más ha cultivado Sam Raimi a lo largo de su carrera detrás de las cámaras. La trágica historia de Peyton Westlake no deja de ser una reformulación y modernización de El Fantasma de la Ópera, novela y personaje creado por el autor francés Gastón Leroux, con apuntes de clásicos de la literatura de terror o los monstruos a los que la Universal Pictures dio renovada fama durante los años 30 del siglo pasado. En este sentido es inevitable que vengan a nuestra mente novelas como Frankenstein (Mary Shelley, 1818), El Extraño Caso del Doctor Jekyll y Mr. Hyde (Robert Louis Stevenson, 1886), El Hombre Invisible (H.G. Wells, 1897) o sus distintas versiones en imagen real tanto para la pantalla grande como la pequeña. Esta decisión conceptual y estilística hibrida los géneros ya citados, pero también añade apuntes de drama, acción, suspense, literatura pulp y hasta pinceladas cartoonescas propias de la puesta en escena del Sam Raimi de sus primeros años.




Con respecto a su adhesión e influencia del mundo del cómic los ecos a The Shadow o Batman son tan notorios como inevitables. A propósito del personaje creado por Bill Finger y Bob Kane el estreno un año antes de la primera película del Hombre Murciélago dirigida por Tim Burton deja una huella más que notable en la estética de Darkman y no lo decimos sólo por el score compuesto por Danny Elfman, muy similar al que puso a disposición de aquella exitosa superproducción de 1989, sino por muchos detalles estilísticos, tonales y atmósfericos. No sabemos si estas similitudes son intencionadas o pura casualidad, pero es inevitable reparar en ellas, de la misma manera que después de ver la soberbia adaptación que Alex Proyas rodó en 1994 de El Cuervo, el exitoso cómic independiente de James O’Barr, se antoja lógico rememorar no pocos pasajes de esta Darkman y su mezcla oscuro urbanismo, neogoticismo y hasta Grand Guiñol en sus pasajes más enloquecidos. Darkman bebió de muchos referentes para tomar forma, pero su sombra también fue alargada durante la década de los 90 y no sólo por las producciones derivadas de ella que mencionaremos brevemente al final de la entrada.




En comparación con los que había contado en sus anteriores propuestas cinematográficas el presupuesto de Darkman supuso un salto enorme para Sam Raimi, más si cabe teniendo en cuenta que ejercía cargos de importancia en el largometraje alejados de su labor como realizador, lo que equivalía a más responsabilidad y no ser sólo un mercenario elegido por los productores para seguir directrices a las que no podría negarse. Con suma inteligencia el cineasta nacido en Michigan sabe ceder ante lo que no deja de ser una superproducción y desde el mismo arranque del film lo plaga de espectaculares y muy bien ejecutadas secuencias de acción con las que demuestra bastante soltura. En cambio son los pasajes más ceñidos al terror o los centrados en cómo la voluntad y mente del protagonista van deteriorándose gradualmente tras su horrendo accidente los elegidos por Sam Raimi para insuflar sus señas estéticas y narrativas como el uso nervioso de la cámara, angulaciones imposibles, efectos especiales prácticos, una puesta en escena bordeante en lo cartoonesco (aunque no de manera tan explícita como en otros de sus trabajos previos o posteriores) y una utilización excelsa del maquillaje, transmitiendo este en todo momento al espectador la supuesta “falsedad” de las máscaras artificiales que utiliza Peyton para suplantar la identidad de sus rivales, convirtiéndose las mismas en un recurso narrativo más.




Liam Neeson ofrece carisma y elegancia a Peyton Westlake antes de sufrir el ataque que le deforma de por vida y tras este son la compasión y el terror los sentimientos que el protagonista de Michael Collins transmite al patio de butacas, con un trabajo notable que al sustentarse tanto en el maquillaje nos retrotrae a algunos de los papeles más recordados del mítico Lon Chaney, el “Hombre de las Mil Caras”, que como recordamos también dio vida a el Fantasma de la Ópera en el film homónimo dirigido por Rupert Julian en 1925. De la doble ganadora del Oscar, Frances McDormand, poco más podemos decir, ya que hasta con un papel esquemático y supeditado irremisiblemente al de Liam Neeson consigue salir airosa del envite gracias a su profesionalidad. En cuanto a los dos villanos el Louis Strack de Colin Friels no está a la altura como versión light del empresario desalmado prototípico de las cintas de ciencia ficción estadounidenses de Paul Verhoeven y en cuanto a crueldad es devorado impunemente por el Robert Durant de Larry Drake que sin demasiado esfuerzo se revela como el personaje más imponente de la obra gracias a su rotundidad física o detalles como su atípica costumbre de coleccionar dedos previamente amputados con la cuchilla de su mechero.




De la misma manera que El Protegido (M. Night Shyamalan, 2000), pero en las antípodas de la intencionalidad de aquella, Darkman es el homenaje al mundo del cómic por parte de un director que desde sus inicios en el medio audiovisual siempre estuvo muy influenciado por el arte secuencial en casi todas sus vertientes. En la cuarta película de Sam Raimi no faltan héroes trágicos, damiselas en apuros, villanos de opereta, secuaces de cortas entendederas y frases lapidarias. Todos ello componiendo lugares comunes que el creador de Ash vs. Evil Dead no acomete de manera condescendiente, sino con sincera reverencialidad. El éxito de Darkman dio lugar a dos secuelas directas para vídeo, con Arnold Voosloo sustituyendo a Liam Neeson como Peyton Westlake y Larry Drake volviendo en una de ellas como Robert Durant, el episodio piloto de una serie que nunca salió adelante, novelas, videojuegos, figuras coleccinables e incluso, en un ejercicio de retroalimentación no exento de ironía, varios cómics editados por Marvel y Dynamite Entertainment en los que este vigilante desfigurado, siempre inasequible al desaliento, seguía luchando contra el crimen encontrando así un pequeño, pero bien posicionado, hueco en el corazón del fandom que acogió al Hombre Oscuro como un superhéroe más.