sábado, 16 de julio de 2016

Instinto Básico 2: Adicción al Riesgo, algo pasa con Catherine



Título Original Basic Instinct 2 (2006)
Director Michael Caton Jones
Guión Leora Barish y Henry Bean basado en personajes de Joe Eszterhas
Actores Sharon Stone, David Morrissey, Charlotte Rampling, David Thewlis, Hugh Dancy, Anne Caillon, Iain Robertson





El enorme éxito que obtuvo Instinto Básico hizo que la idea de realizar una secuela siempre estuviera en el aire. Si buscar el equipo técnico y artístico del largometraje de Paul Verhoeven fue complicado dar con los de su secuela fue una tarea mucho más ardua. Después de bastantes años de baile de actores y directores un entusiasmado David Cronenberg hablaba a principios de la década pasada en entrevistas de un retorcido guión de Instinto Básico 2 que había leído y le hubiera interesado llevar a imágenes. Por lo visto el canadiense comenzó a realizar trámites con el productor Mario Kassar (propietario de los derechos de la franquicia) pero ante la negativa de este a que Cronenberg se trajera a su equipo técnico habitual para que colaborara en el film el proyecto no llegó a ninguna parte. Más tarde trataron de tantear a John McTiernan pero este no pareció mostrar mucho interés y por aquel entonces sus problemas con la ley ocupaban la mayor parte de su tiempo.




Entonces la misma Sharon Stone entró como productora en el largometraje y eso lo condenó definitivamente. Parece ser que la actriz antepuso sus aires de diva a las decisiones que podrían haber beneficiado a la secuela del film de 1992 y comenzó a rechazar sistematicamente actores que o no le agradaban o le podían hacer sombra de alguna manera, cuando ella era indudablemente la reina de la velada. Finalmente en el año 2005 comenzó el rodaje con el escocés Michael Caton Jones (Memphis Belle, Vida de Este Chico) en la dirección, un guión escrito a cuatro manos por Henry Bean (The Believer) y Leora Barish (Buscando a Susan Desesperádamente), el británico David Morrissey (The Walking Dead, Centurión) como partenaire de la protagonista y secundarios como Charlotte Rampling (El Portero de Noche, Melancolía) o David Thewlis (Teorema Zero, Regresión) en el reparto. En 2006 la obra se estrenó oficialmente y el fracaso fue el esperado, la crítica despellejó el film y la taquilla le dio la espalda, no sin motivo.




La escritora Catherinne Tramell se encuentra en Londres y tras verse implicada en un nuevo y extraño caso de asesinato la policía de Scotland Yard, representada por el agente Roy Washburn, le asigna un psiquiatra criminalista, el doctor Michael Glass (que guarda un oscuro pasado relacionado con uno de sus clientes) para que se ocupe de evaluarla psicológicamente. Por medio de mentiras y sus dotes de seducción Catherinne se irá convirtiendo poco a poco en la obsesión del doctor Glass y este se verá implicado en una serie de asesinatos en serie que parecen ser cometidos por su paciente. Esta es la trama de Instinto Básico 2: Adicción al Riesgo, un sota, caballo y rey visto hasta el hartazgo que no sólo está construido de la manera más procedimental posible, sino que también se antoja en todo momento como una revisión torpe e innecesaria de la película original rodada por el director de Eric: Oficial de la Reina en el año 1992 con muchísimo mejor resultado a todos los niveles.




Instinto Básico 2: Adicción al Riesgo es, más que una secuela, un remake de la primera entrega. Como producto cinematográfico repite casi una por una todas las ideas y resoluciones formales de la película de Paul Verhoeven pero de manera mucho más rudimentaria, fallida y en ocasiones hasta inintencionadamente cómica. El personaje de Sharon Stone consigue seducir a un hombre (en la primera entrega un agente de policía con problemas personales, en esta un psiquiatra criminalista que también los tiene) que pierde los papeles por ella, por el camino este se vuelve loco por su influencia aún sabiendo que puede ser una asesina en serie y ella finalmente revela que ha usado a su amante para que lleve a cabo los planes que había, previamente, diseñado. El problema radica en que ni Michael Caton Jones tiene la personalidad de Paul Verhoeven a la dirección, ni Henry Bean y Leora Barish la malicia de Joe Eszterhas al guión.




El trabajo del director de Disparando a Perros es impersonal y desganado, su mirada no se aleja de la de cualquier mercenario de turno haciendo un especial hincapié por resaltar las modernas localizaciones londinenses en las que se desarrollan las escenas y utilizar un efectista estilo videoclipero en las escenas de acción (el arranque del film dentro del coche deportivo pone pronto las cartas sobre la mesa en cuanto a la paupérrima puesta en escena) y las de sexo que no tienen nada de la carnalidad milimétricamente diseñada por director de Desafío Total o Spetters. Conociendo el buen gusto de David Cronenberg el guión que finalmente se utilizó en Instinto Básico 2: Adicción al Riesgo no debe ser el que él leyó, porque este cúmulo de sinsentidos narrativos, giros gratuitos, contradicciones en sesión continua y apuntes que incluso dañan a lo acontecido en la primera película es imposible que agradara en manera alguna al autor de Map of the Stars o Vinieron de Dentro de....




Pero no hay que negar lo evidente, si hay alguien que se salió con la suya a la hora de poner en marcha un proyecto como la secuela de Instinto Básico esa fue Sharon Stone. La actriz de Casino o Flores Rotas sació su ego y desde que puso sus manos en el proyecto en calidad de productora lo convirtió en una pasarela para que pudiera lucir sus todavía notables encantos de mujer. Evidentemente a los cuarenta y ocho años que tenía cuando rodó el film en 2006 no era ni la sombra de la mujer que con un cruce de piernas volvió loco a medio mundo en la cinta primigenia, pero todavía mantenía una sensualidad más que considerable que se crecía en pantalla sobre todo cuando compartía pantalla con un David Morrissey que no sabía ni donde estaba y que nos hacía echar mucho de menos a Michael Douglas. El problema es que la actriz se cree tanto su personaje de Catherine Tramell que en no pocas ocasiones lo convierte en una parodia de sí mismo protagonizando algunas escenas de vergüenza ajena como la del epílogo en el patio del sanatorio mental.




Instinto Básico 2: Adicción al Riesgo es la mediocridad hecha celuloide. Lo que pudo ser una interesante, aunque innecesaria, secuela se convirtió en aquello que el film original eludía ser gracias a la labor de Paul Verhoeven y Joe Eszterhas, un thriller erótico que parece un telefilm de los que protagonizaba Andrew Stevens, junto a la actriz madura en decadencia de turno, en las sesiones nocturnas de la televisión americana de los 90. Con un guión ridículo en el que, eso sí, se vislumbran un par de ideas interesantes (lo que se plantea en la escena del intento de ahogo en el jacuzzi es interesante con respecto a la personalidad de la escritora) unos secundarios que son carne de cañón para que una Sharon Stone en plan tirana los devore impunemente (sólo una profesional como Charlotte Rampling consigue mantener el tipo y con más mérito si analizamos fríamente su estereotipado rol) y el trabajo detrás de las cámaras de un director al que se le notan en todo momento las ganas de "quitarse pronto el marrón de encima" no es de extrañar que el film no cubriera gastos, disgustara a todo el mundo y ganara hasta cuatro premios Razzie en 2006. Por suerte el rotundo fracaso mantendrá a la buena Catherine Tramell durmiendo el sueño de los justos por muchos años, con su famoso picahielos al pie de la cama, por supuesto.



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