martes, 26 de marzo de 2013

Batman, más bat-grande, más bat-largo y sin bat-cortes



Título Original Batman (1966)
Director Leslie H. Thompson
Guión Lorenzo Semple Jr basado en los personajes creados por Bob Kane y Bill Finger
Actores Adam West, Burt Ward, Lee Meriwether, Cesar Romero, Burgess Meredith, Frank Gorshin, Alan Napier, Neil Hamilton






El año 1966 fue muy importante para un personaje como Batman. La cadena ABC empezó a emitir una serie de imagen real protagonizada por el superhéroe enmascarado creado en el mundo del cómic por Bob Kane y Bill Finger. El programa fue un rotundo éxito durante las tres temporadas que duró llegando a los televisores norteamericanos por medio de 120 episodios en los que se daba una visión colorida, paródica y naif del Guardían de Gotham y sus aliados o enemigos. Entre la primera y segunda temporada se llevó a cabo un largometraje que vino a ser como un one shot, un número especial en el que se sobredimensionaba el producto catódico para ofrecer una historia bigger than life que saciara el apetito goloso de los fans del serial. Batman: The Movie se estrenó en 1966 y también fue un gran éxito.




Batman y Robin descubren por medio del comisario James Gordon que el Comodoro Schmidlapp está sufriendo graves problemas dentro de su yate, de modo que deciden lanzarse a su rescate para salvarlo. Pero lo que el Dúo Dinámico no sabe es que todo es un terrible plan ideado por cuatro de sus peores enemigos: El Joker, El Pingüino, El Acertijo y Catwoman. Los villanos tienen en su poder un Deshidratador que convierte en polvo a todo aquel al que se le aplica y que quieren usar para sus diábolicas fechorías internacionales. Los dos Guardianes de Gotham deberán detener al cuarteto de criminales antes de que hagan sembrar el caos a nivel mundial.




Batman es la mala versión cinematográfica de una mala serie televisiva. Pero los fans del personaje de cómic le debemos mucho a aquel entrañable programa catódico que no se tomaba en serio a sí mismo y que daba pie a algunas ideas del todo rocambolescas. Porque gracias a su éxito nuestro héroe de cómic favorito recibió una fama y un reconocimiento a nivel mundial enormes llevando las aventuras del Hombre Muerciélago a las casas de personas que nunca hubieran leído uno de sus tebeos. Pero siempre ha pesado a gran parte del fandom que hablemos de un producto lleno de colores, onomatopeyas, roles caricaturescos y situaciones ridículas que muchos de los seguidores actuales de los cómics rechazan de pleno.




Pero los verdaderos seguidores del personaje, aquellos que conocen su largo recorrido desde finales de los 30 hasta la actualidad saben que la serie protagonizada por Adam West y Burt Ward guarda muchas similitudes con la silver age de Batman en las viñetas, aquella etapa entre los 50 y los primeros 60 en la que por culpa de la influencia del Comics Code las aventuras del Caballero Oscuro tenían poco de esto último. Viajes espaciales, gorilas criminales, personajes paródicos como Batmito y situaciones infantiles alejadas del tenebrismo que inyectaron los mismos Kane y Finger en los primeros años de gestación de la criatura. De modo que este Batman, tanto el de la serie de televisión como el del largometraje que nos ocupa, es tan fiel al personaje (o parte de su recorrido como icono) como lo son las visiones de Timm y Dini, Burton, Nolan y sí, Schumacher, cuyos films en la franquicia no dejaban de ser una revisión anacrónica de la serie de los 60 que mencionamos.




Batman: The Movie es un disparate autoconsciente, la trama es una excusa propia de cualquier episodio de la serie original pero con la excusa de que el plan que le da forma esté organizado por los villanos más reconocibles de la galería de criminales que hace la vida imposible a Batman. Todo lo que hizo un éxito de la serie de tv está aquí, pero el guionista Lorenzo Semple Jr. (forjado en las filas del producto catódico y más tarde autor de la escritura de éxitos de calidad como Papillón o Los Tres Días del Cóndor) lo intensifica como conjunto en lo que se refiera a situaciones disparatadas y momentos vergonzosamente memorables por su alocada ejecución, que son remarcables y para nada escasos a lo largo del metraje.




Desde los títulos de crédito con esa jocosa advertencia a los criminales el espectador ya es consciente de qué va a encontrarse. Un desfile de simpáticos disparates con un Batman amanerado y un Robin que golpea sus puños mientras hace comentarios amenazantes. Situaciones descacharrantes como las fotos de los criminales, los memorables métodos deductivos del "mejor detective del mundo" mediante los cuales da con pistas como el plátano bolígrafo o el Canario con una metralleta, Robin en el Batmóvil junto a Alfred y este último usando un antifaz para no ser reconocido, el bat-repelente de tiburones, los míticos delfines suicidas (todo el pasaje del Batcóptero en el mar es sencillamente inolvidable, ¡ese etiburón de plástico!) la secuencia en el local árabe presagiando parte de la filmografía del inefable Jean Rollin, todo lo relacionado con el Deshidratador o la cumbre del film para el que suscribe, la escena de la huída de Batman con la bomba que ojalá haya sido influencia para el final de The Dark Knight Rises, eso le daría 80% más de carisma a Christopher Nolan.




También tenemos señas de identidad que hicieron grandes a la serie televisiva. El bigote camuflado de César Romero, los "cuac, cuac" y "miau, miau" de El Pingüino y Catwoman respectivamente, esa colorida y disparatada Batcueva, la escalada con cuerda por las paredes, el histrionismo del Acertijo (está claro que Jim Carrey se inspiró en Frank Gorshin para dar vida al personaje en Batman Forever), planos inclinados o la inutilidad de esos villanos que son eliminados en secuencias de lucha coreografiadas por un adicto al Peyote. Como es lógico las impagables onomatopeyas de los golpes aparecen en escena, tras hacerse mucho de rogar, en la batalla final encima del submarino Pingüino, pero no decepcionan.




Al final Batman y Robin desfacen el entuerto, encierra a los criminales, desenmascaran a la pretendienta de Bruce Wayne (esa Kitka con jerga comunista como buena rusa vista por los americanos) que resulta ser Catwoman y dan lecciones de política internacional y civismo a las Naciones Unidas (ahí es nada). Batman es una cinta entrañable, un producto que aún habiendo nacido viejo hoy día se ve tan kitsch y vintage que es imposible no rendirse a sus disparatados y coloridos encantos. Los mismos que encumbraron al serial original como un éxito de televisión en su época, que lo avocaron al rechazo y el ostracismo años después y que hoy lo reivindican como un producto de culto que va más allá del medio televisivo, el panorama cinematográfio o el mundo del cómic, llegando a ser reconocido como parte importante de la cultura pop contemporánea. Nos vemos a la misma bat-red y en el mismo bat-blog.



2 comentarios:

  1. La secuencia de la bomba es una de las cumbres de la comedia absurda, exagerada y disparata. Mi amplio conocimiento en la materia no alcanza para imaginar la combinación de drogas duras y música psicodélica que se debe dar para que a alguien se le ocurra meter una familia de patos al deshacerte de un pedazo de bomba.

    Y no digamos la deducción del acertijo, todo resulta tan natural que uno llega a pensar que es imbécil por no haber caído en la cuenta

    Pero es que los delfines, el tiburón que explota, y tantas y tantas cosas hacen de esta película una cumbre en su genero, porque si, porque el que no se ría con esta película, y ojo, no estoy diciendo que te rías de la película, sino con la película, es que no tiene el más mínimo sentido de humor.

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  2. Familia de patos "de plástico" que no veas como cantan. Toda esa secuencia es genial, lo de las monjas, la orquesta y meterlos todos de nuevo en el climax final de ese momento ya es de genios.

    Es una película divertida como ella sola y consciente de su absurdez, eso la hace grande.

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