jueves, 17 de enero de 2013

La Mujer del Teniente Francés, melancolía oscura



Título Original The French Lieutenant's Woman (1981)
Director Karel Reisz
Guión Harold Pinter basado en la novela de John Fowles
Actores Meryl Streep, Jeremy Irons, Hilton McRae, Emily Morgan, Charlotte Mitchell, Leo McKern, Lynsey Baxter






Traslación a imágenes de la célebre novela The French Lieutenaunt's Woman del escritor británico John Fowles editada en 1969. El largometraje es una producción de 1981 a cargo de uno de los cineastas estandarte del Free Cinema inglés, el ya desaparecido Karel Reisz. Del guión se ocupo el también fallecido premio nóbel de literatura Harold Pinter y la pareja protagonista estaba formada por la norteamericana Meryl Streep y el inglés Jeremy Irons. El resultado es una atípica traducción del libro y una magnífica pieza que abarca distinto tipo de géneros y todos con un acierto mayúsculo.




Mike y Anna son dos actores que están protagonizando una adaptación cinematográfica de la novela La Mujer del Teniente Francés de John Fowles. En el proceso del rodaje seremos testigos de dos historias de amor, la de los protagonistas del libro, Charles y Sarah y de la de los mismos actores que iniciaran un romance durante la producción del largometraje. De este modo asistiremos a cómo en 1867 el científico al que da vida Mike y la extraña mujer supuestamente trastornada a la que interpreta Anna comienzan una prohibida relación amorosa que tiene su reflejo en la realidad con los dos actores que mantienen un romance a espaldas de sus cónyuges y familias.




La Mujer del Teniente Francés es una de las mejores películas de la década de los 80. Reisz y Pinter no tienen suficiente con adaptar la novela de Fowles y añaden una segunda historia en la que unos actores mantienen un tórrido romance mientras ruedan la adaptación cinematográfica del escrito dentro de la misma ficción, consiguiendo un juego de espejos y paralelismos estilísticos, tonales y de fondo que encumbran a la pieza como una joya a distintos niveles que puede llegar a saciar a diferentes tipos de espectadores, porque su ecléctica galería de influencias, tanto fílmicas como literarias, así lo permite.




Dos historias de amor imposible. Una localizada en pleno siglo XIX donde el puritanismo, los prejuicios y la intolerancia impiden que una pobre mujer que después de años sigue esperando a su amado teniente francés en el malecón desde el que lo vio partir pueda enamorarse de un burgués, de (mal visto) ideario evolucionista que mantiene una relación de compromiso marital con una mujer a la que no ama. Otra en la actualidad, entre dos actores que han encontrado la pasión y la complicidad que sus acomodadas vidas maritales no les ofrecen por muy felices que se encuentren en ellas, pero que saben que no tiene futuro por culpa de un carácter acomodaticio o por puro miedo compartido por ambos.




La alternancia de los pasajes que desarrollan la novela y los que narran el día a día del rodaje del film están exquisitamente expuestos en un montaje realizado con muy buen gusto. Al inicio del film las secuencias de la película dentro de la película son más extensas, pero a medida que se desarrolla el metraje los pasajes de los dos actores van aumentando en duración, calado y profundidad, consiguiendo director y guionista una perfecta conjunción entre las dos historias, haciendo que una potencie la otra (delicioso ver como una relación amorosa enriquece a la otra y viceversa) y formando un todo magnífico y de sobresaliente factura que nos muestra dos relatos que en última instancia toman destinos distintos en una referencia literaria a los dos finales opuestos que tiene la novela de Fowles.




La elegancia de la puesta en escena y del diseño de producción, la excelente labor de tono clasicista de Reisz en la realización, el rico subtexto del guión de Pinter y la labor soberbia de unos Meryl Streep y Jeremy Irons (el representante de este aún no se había vuelto adicto al mescal) en el apogeo de sus carreras ofrecen al espectador una obra recuperable, distinguida y llena de hondura con momentos vibrantes que se pueden adherir indistintamente al mejor celuloide romántico, al de época o al que se adscribe al subgénero de cine dentro del cine. Una obra perdurable y para atesorar que nos habla de temas universales de hoy y de siempre con una sociedad hipócrita y tendenciosa como telón de fondo que parece haber cambiado poco a lo largo de los años.


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