domingo, 14 de octubre de 2012

A Roma Con Amor, pagliacci nella citta eterna



Título Original To Rome With Love (2012)
Director Woody Allen
Guión Woody Allen
Actores Woody Allen, Alec Baldwin, Roberto Benigni, Penélope Cruz, Judy Davis, Jesse Eisenberg, Gret Gerwing, Ellen Page, Alison Pill, Ornella Muti




Ración anual de Woody Allen correspondiente a este 2012. Divertida y ligera comedia de enredo con varias historias cruzadas cuyo mayor punto de unión es que tienen lugar en la Ciudad Eterna. Como es lógico nos encontramos con un Allen menor, pero decir eso es afirmar que estamos ante una de las películas más agradables y simpáticas del año, con unos diálogos deliciosos y un reparto en estado de gracia que ofrecen un trabajo nada desdeñable y con la suficiente calidad como para regalar al espectador casi dos horas de cine que le dejan con una sonrisa de oreja a oreja en el rostro.




Cuatro historias tienen lugar en Roma. Un matrimonio americano viaja a la capital italiana para conocer al nuevo novio abogado de su hija. Un arquitecto conoce a un joven admirador que le invitará a pasar el día con él, su novia y la amiga de esta última, una actriz venida a menos que acaba de salir de una relación amorosa complicada. Por otro lado un matrimonio italiano viaja la Ciudad Eterna para conocer a los estrictos tíos del marido y por último un humilde ciudadano de la zona se convierte de la noche a la mañana en una celebridad nacional sin saberse el motivo que lo llevó a tal situación.




A Roma Con Amor aborda constantes habituales del cine de Woody Allen como el amor, la lucha de clases o sexos, la confusión sentimental, el adulterio o las diferencias culturales, puede que de una manera más ligera pero no por ello desacertada o pueril. Vaya por delante que cuando el mismo Allen sale de actor en una de sus películas (sobre todo si son comedias) mi simpatía la tiene de antemano porque como intérprete el de New York me parece un genio que no necesita ni abrir la boca para hacerme reír. Eso de por sí ya es un plus que añadir al largometraje.




Pero por descontado que el punto fuerte de la obra se encuentra, por un lado, en su guión, que sin ser nada del otro Jueves ofrece momentos divertidos en todas las historias, unas están narradas con más acierto que otras pero ninguna carece de algún momento que las hace agradables para el espectador. Por otro un reparto muy acertado que sabe cogerle el punto a los gags del libreto en el que destacan Alec Baldwin, Roberto Benigni (que es mejor émulo de Allen que Jesse Eisenberg, que está más bien insípido, vamos, en su línea) y una Penélope Cruz divertida y sensual muy en la línea de las maggiorate italianas. Aunque como ya he dicho antes me quedo con el Woody actor, sus comentarios sobre el comunismo y los sindicalistas con su yerno, su negativa tajante a jubilarse y su obsesión con la voz de su consuegro son de lo mejor de la cinta, sin olvidarme de lo bien que le da la réplica Judy Davis como su partenaire.




En To Rome With Love Allen apela a su (tan alabada como criticada) mirada desde el punto de vista del turista enamorado de la ciudad, en la que no muestra "Roma" sino "su Roma" de la misma manera que hizo con Londres en Scoop o Barcelona en Vicky Cristina Barcelona , el caso de Midnight in Paris, sería distinto, ya que su visión de la Ciudad de la Luz era más profunda y vivaz, ahondando con ella en su historia y los personajes de la cultura que allí se reunieron para hacer vida a principios del siglo de XX. Lo de Match Point ya sería nota aparte, allí la localización londinense era una excusa para mostrar la vida de lujo a la que el arribista interpretado por Jonathan Rhys Meyers no estaba dispuesto a renunciar, pero esa es otra historia, la de (por ahora) la última obra maestra del de New York.




Esto implica que Allen de una visión superficial de la capital italiana, pero siempre cariñosa y simpática, aunque abuse de algunos tópicos autóctonos. Por otra parte algo que también me ha llamado la atención es que el director de Manhattan ha recuperado con la cinta que nos ocupa cierto tono surrealista (lo del tenor en la ducha, el carácter alegórico o simbólico del personaje de Alec Baldwin, la "fama" de Roberto Benigni) que nos recuerda a la época de Todo lo que Siempre Quiso Saber Sobre Sexo Pero Nunca se Atrevió a Preguntar, de la misma manera que Scoop recordaba en varios de sus pasajes a la La Última Noche de Boris Grushenko (Love And Death) y que no le queda nada mal al conjunto de la cinta.




Hay varios momentos destacables en el metraje que me incitaron a la carcajada en varias ocasiones. El viaje en avión con Woody Allen y Judy Davis, la llegada de Penélope Cruz a la habitación del hotel, cuando el personaje de Roberto Benigni va descubriendo su fama sin enterarse de nada, Alec Baldwin prediciendo los supuestamente superficiales conocimientos culturales de Ellen Page, la narración por parte de esta última de su relación homosexual con otra mujer, el intento de apuñalamiento por parte del simpático personaje de la consuegra, que se utilicen con comicidad mis dos arias favoritas Nessun Dorma de Turandot y E Lucevan le Estelle de Tosca, ambas salidas de óperas de Giacomo Puccini, o la situación con el ladrón en el hotel. Pero mi momento favorito es el de todos esos burgueses reconociendo a la prostituta en la comida campestre de alto estanding.




Al igual que su personaje en A Roma Con Amor parece ser que Woody Allen asocia jubilación con muerte, de modo que cuando se estrena una de sus películas ya está enfrascado en el rodaje de la siguiente y retocando los preparativos de la pre producción de la próxima a esa. Porque su estado natural es en el que está trabajando y todos los que seguimos su cine agradecemos que esté todos los años en la cartelera para regalarnos otro trocito de sí mismo que eleva la calidad de la temporada y nos alegra el día con su humor o su visión del mundo y la vida. Que sea así por muchos años, aunque lo que nos ofrezca regularmente sea tan ligero como la película que nos ocupa, que no es poco.



4 comentarios:

  1. No estoy tan seguro de que el carácter de Alec Baldwin sea alegórico. Ayer volví a ver la cinta (segundo visionado) y confirmé las sospechas que tuve durante el primer pase: lo de Alec Baldwin es un flashback tremendo. El tipo está en Roma, se va a pasear solo por su antiguo barrio y reconstruye su estancia de joven en la ciudad imaginándose un encuentro con su yo pasado. No es sólo su apariencia omnisciencia con respecto a los acontecimientos o su presencia perenne en pantalla, sino también el hecho de que se permita dirigirse no sólo a Eisenberg sino también a Gerwig o Page. Además hay detalles muy significativos: frases como "recuerda que yo sé como acaba esto" o "por supuesto, por aquel entonces no lo sabía" cuando habla con Eisenberg, el hecho de que al final le advierta a este mismo Eisenberg que verá en la prensa amarilla las correrías del personaje de Page en Japón o, también, el hecho de que en la escena del piso –en la que Page y Eisenberg se enrollan– ella se dirija a Baldwin cuando dice "por supuesto te encuentro muy atractivo". Más aún: el personaje de Eisenberg se llama Jack, que es el diminutivo de John. Y precisamente así –John– es como se llama el personaje de Baldwin. Lo dicho... un flashback del copón.

    Por lo demás, precisamente por los recursos narrativos es por lo que esta historia –la más woodyallenesca de todas– es la que más me ha gustado en una cinta amable, encantadora, pero algo descompensada por la irregularidad de sus líneas narrativas. La parte de Benigni es divertida, pero se estira demasiado y Allen comete el vicio de subrayar el subtexto en la conversación con el chófer (craso error). Los segmentos de Allen y el funerario cantante de ópera funcionan perfectamente como crítica de los montajes operísticos avant garde, pero también se acaban haciendo reiterativos. Y, finalmente, las desventuras de la pareja pueblerina no es más que un remake de El jeque blanco –que ya había inspirado parcialmente La rosa púrpura del Cairo– de Fellini (cuyo espíritu puebla prácticamente toda la cinta), junto refritos de un imaginario que Allen ya había empleado con más gracia en Poderosa Afrodita. Eso sí, Alessandra Mastronardi es guapísima –aunque se desprenda de todo morbo con su tontuna– y me hacen gracia los juegos metatextuales de Allen, haciendo que la señorita quede embobada durante toda la cinta por "el actor más atractivo de Italia" (un señor gordo, calvo y bastante chabacano) para, al final, acabar en la cama con un ladrón que sí es uno de los actores más atractivos y famosos de Italia en la vida real (Scamarcio).

    En definitiva... una cinta agradable, con diálogos esos ingeniosos marca de la casa, pero que queda lastrada por la irregularidad en el interés y la ejecución de sus cuatro historias (o tal vez debería decir cinco, porque la de la pareja se bifurca). A algunas les sobra subrayado, a otras les falta chicha, a alguna le sobra metraje y, sin duda, la mejor, es la de Eisenberg/Baldwin. No sólo por ser la más genuinamente woodyallenesca sino por los recursos narrativos tan inusuales –y bien llevados, sobre todo por su naturalidad, que emplea–. Frente al homenaje limitado a Fellini de la pareja o al humor reiterativo "a la Granujas de medio pelo" del segmento operístico, la historia del arquitecto está en la línea del Allen de Midnight in Paris: aquel al que esos experimentos que, en manos de otros, quedarían forzados y pretenciosos, le acaban saliendo frescos y de lo más naturales.

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  2. Un placer verte por aquí, Jose.

    Lo primero que pensé es que el personaje de Baldwin era el de Eisenberg en la actualidad, pero como Allen hace el juego no demasiado obvio (y yo no caí en lo de John/Jack, para qué negarlo) pensé más que era como una especie de personaje demiúrgico o la misma conciencia del personaje de Eisenberg aunque en el guión le de entidad propia y una esposa o amigos. Pero posiblemente sea como tú bien comentas un flashback.

    Un saludo.

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  3. Sí, precisamente mi inclinación a considerarlo un flashback –y no un flashforward o un narrador omnisciente insertado como personaje dentro la narración– viene de la mano de que es él quien abre su segmento... esposa, amigos, se va a pasear y se encuentra con –oh casualidad– un joven arquitecto que vive donde el vivió (y que, de paso, acaba comentándole que al final se vendió, como si hubiera traicionado los sueños que tenía entonces). ¡Si el segmento lo hubiera abierto Eisenberg otro gallo cantaría! El placer es mío. Conste que siempre te leo –RSS mediante– pero casi nunca comento por falta del tiempo. Sin embargo, Allen me puede. ¡Un saludo!

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  4. Hombre, amigos, lo de que Baldwin y Eisenberg representan al mismo personaje es evidente. O al menos para mí lo fue al poco de verle intereactuar en espacios en los que evidentemente no tendría que estar, pero no sólo con Eisenberg, sino con la otras dos. Al final, su yo joven, al depedirse, le dice: "Te vendiste ¿sabes?" A lo que el otro contesta algo así como "Diseñar centros comerciales da mucho dinero". Pero la casualidad de la misma casa en la misma calle... Yo no lo llamaría flashback, realmente: es más una remembranza de una época por parte del arquitecto maduro, interviniendo ficticiamente para intentar que su yo joven cometiera ciertos errores que sabe que son ya irremediables.

    Dentro ya de la cinta en su conjunto, como comentaba con Armin en otro hilo (creo que el de Conocerás al hombre de los sueños), esta historia y la del funerata tenor me han encantado tanto como me han horrorizado la de Benigni y la de Pé, sobre todo, curiosamente, por alguno de los aspectos señalados por Armín: por su obviedad y total falta de originalidad, son dos historias sól calificables (desde mi punto de vista) como... tontas.

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