domingo, 15 de mayo de 2011

Crematorio, yo bajando a los infiernos y tú cruzando el paraíso




"Rubén no me gusta por su dinero, sino por cómo lo gana. Es como un general, todo el mundo le respeta y le teme"
Mónica Soto




En una época como la actual, en la que las series españolas están despertando poco a poco de su letargo y ofreciendo productos que si bien no son de verdadera calidad, sí ofrecen al público sano entretenimiento, alejado del humor costumbrista del que llevamos abusando décadas en el tubo catódio, como son los casos de las meritorias Águila Roja, Hispania, El Barco o la ya finalizada El Internado, Crematorio, la primera serie de corte dramático de producción propia salida de la cadena de pago Canal +, está destinada a cambiar la mediocre ficción televisiva nacional.




La serie, de sólo 8 episodios, adapta la premiada novela homónima del escritor valenciano Rafael Chirbes, ganadora del Premio Nacional de la Crítica en el año 2007 y en ella se realiza un retrato veraz y necesario de hasta donde llega la corrupción social y política en un país como España. Chirbes sitúa su historia en la fictica localidad costera de Misent. Allí, se narra la historia de Rubén Bertomeu. Un adinerado empresario de la construcción metido en negocios turbios, todo tipo de chanchullos que rebasan la línea de la legalidad y que se aprovecha, gracias a sus influencias, de todos cuantos le rodean. Ya sean criminales, políticos, empresarios e incluso familiares.




Crematorio ha sido llevada a imágenes por el guionista y director Jorge Sánchez Cabezudo. Autor de ese magnífico y muy recuperable thriller rural llamado La Noche de los Girasoles y uno de los impulsores de ese cambio vital que las series de televisión patrias están experimentando, si tenemos en cuenta que su impronta ha quedado grabada en productos como Desaparecida, Guante Blanco o la ya mencionada Hispania. Con la ayuda de su hermano Alberto y de Laura Sarmiento Pallarés (Herederos) Sánchez Cabezudo a logrado un hito destacado dentro de nuestra pequeña pantalla.




Como es lógico salvaré las distancias al abordar el tema, pero no puedo evitar al hablar de un producto como Crematorio mencionar a la cadena de televisión por cable americana HBO. Canal + y Fernando Bovaira (habitual productor de Alejandro Amenábar) han dado un triple salto mortal sin red al poner en manos de Sánchez Cabezudo una producción holgada, unos medios puramente cinematográficos, un casting elegido de manera exquisita y sobre todo, la suficiente confianza como para que el guionista y director lleve a buen puerto una empresa tan complicada como la de realizar la primera serie dramática de autor en la televisión de pago española.




Es inevitable al ver el producto no pensar en la visión descarnada, pero cercana, del submundo de los bajos fondos y el hampa de Los Soprano de David Chase con todo el entramado en el que Bertomeu mantiene trato con la mafia rusa. También de el retrato hiperrealista de familias desestructuradas que en apariencia parecen pefectas y que en su fondo, dentro de las cuatro paredes que forman sus lujosos apartamentos o adosados, tienen graves problemas emocionales, como en la magistral A Dos Metros Bajo Tierra (Six Feet Under) de Alan Ball. Pero sobre todo se percibe una considerable influencia del elegante matiz de denuncia política y social que emanaba de todos y cada uno de los fotogramas de la intachable The Wire de David Simon y Ed Burns




Sánchez Cabezudo y sus guonistas se despachan a gusto con todo lo pútrido y corrupto que hay en nuestro país. Utilizando continuos flashbacks que ilustran el ascenso de Bertomeu empezando como un joven con aspiraciones empresariales y acabando como un rastrero especulador que no duda en arrasar con todo y con todos con tal de llegar a los más alto. La historia toma como núcleo la burbuja inmobiliaria que el mismo Chirbes retrató en su novela antes de que causara estragos en España, a modo de predicción de futuro. El personaje de Bertomeu se aprovechó de tal hecho para crear un imperio y extorsionar a todo tipo de ciudadanos que quedaron desalojados y en la ruina.




A Rubén Bertomeu le da vida un excelente Pepe Sancho, alegremente recuperado para la ficción, que destila la suficiente elegancia y el necesario carisma par recrear un personaje tridimensional. Capaz de lo más bajo pero también de darlo todo por los suyos aunque con ello les perjudique y haga sufrir. Le cubren las espaldas una sensual Juana Acosta con un dominio magistral del acento castellano, una madura Alicia Borrachero muy ceñida a su personaje y unos acertadísimos Vicente Romero (él da el toque violento y demente al producto en su vertiente más centrada en la trama criminal) y Pau Durá como el abogado de los Bertomeu. Buena nota para Vlad Ivanov como el capo de la mafia rusa y con todo mi dolor suspenso para mi paisano Manolo Morón, ese inmenso actor que lleva unos cuantos trabajos (desde Celda 211 no levanta cabeza) indignos de su impronta.




La simple existencia de un producto como Crematorio me alegra considerablemente. Es un trabajo de una calidad incuestionable, de una madurez inusual y de un compromiso impropio para un programa televisivo de este tipo. No es perfecta, ya que podría profundizar aún más en su temática de denuncia y acentuar esa violencia física que se queda corta en el entramado a la hora de retratar ese submundo de tratos de favor, tráfico de influencias y penuria envuelta en oropeles. Pero es un enorme paso adelante dentro de nuestra televisión muy a tener en cuenta, que esperemos no caiga en saco roto, cree escuela y sea reivindicado con el paso de ese tiempo, que esperemos, lo ponga algún día en su sitio.




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