Mostrando entradas con la etiqueta Bryan Taylor. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Bryan Taylor. Mostrar todas las entradas

sábado, 25 de julio de 2020

Jonah Hex, por un puñado de dólares




Título Original Jonah Hex (2010)
Director Jimmy Hayward
Guion Mark Neveldine, Bryan Taylor, William Farmer, basado en el cómic de John Albano y Tony DeZuniga
Reparto Josh Brolin, John Malkovich, Megan Fox, Michael Fassbender, Will Arnett, Aidan Quinn, Wes Bentley, Tom Wopat, Julia Jones, Jeffrey Dean Morgan, Michael Shannon, John Gallagher Jr.




Jonah Hex hizo su primera aparición como personaje de DC Comics en All-Star Western Nº10 el mes de febrero del año 1972. Creado por el guionista John Albano y el dibujante Tony DeZuniga no tardó en protagonizar su propia cabecera a lo largo de 92 números. Tras una vida editorial intermitente durante los 80 con una serie titulada Hex volvió a la primera línea de fuego en la década de los 90 con una miniserie de tres entregas a manos de Joe R. Lansdale y Tim Truman dentro del sello Vertigo con ambos autores mezclando el origen adscrito al western del antihéroe con una pátina sobrenatural cercana al terror. Ya en los 2000 fue el tándem de guionistas formado por Jimmy Palmiotti y Justin Grey, acompañados por todo tipo de ilustradores, el encargado de insuflar nueva vida a Jonah Hex con un notable éxito y acercándolo a una nueva generación de lectores. Tras el huracán suscitado por los New 52 en 2011 Hex protagonizó la colección All-Star Western Vol. 3 donde pudo seguir sumergiéndose en todo tipo de aventuras todavía a manos de los autores de Power Girl o Las Colinas Tienen Ojos: El Comienzo. Contra todo pronóstico y siendo un personaje desconocido fuera del mundo de las viñetas en el año 2010 Warner Bros, DC Entertainment y Legendary Pictures se asociaron con los productores Akiva Goldsman y Andrew Lazar, que en los 90 ya habían intentado llevar a Jonah Hex a la pequeña pantalla, para sacar adelante un largometraje en imagen real del cowboy con el rostro desfigurado.




Para llevar a buen puerto el proyecto se contrataron los servicios de los directores estadounidenses Mark Neveldine y Bryan Taylor famosos por realizar divertidas y anárquicas cintas de acción como las que componían el díptico Crank o Gamer. Junto a William Farmer ambos cineastas escribieron una historia que ellos mismos convertirían en guión para más tarde encargarse de llevarlo a imagen real detrás de las cámaras. Antes de comenzar la producción del largometraje Neveldine y Taylor abandonaron abruptamente el proyecto por las consabidas diferencias creativas con los productores teniendo estos que buscar otro director, Jimmy Hayward, y ellos un nuevo proyecto relacionado con el mundo de las viñetas que dos años después cristalizó en la demencial, autoparódica y frenética Ghost Rider: Espíritu de Venganza. (2012). Una vez el autor de Horton (2008) ocupó la silla del director el rodaje dio comienzo con Josh Brolin encabezando como Jonah Hex un reparto al que se sumaron rostros conocidos como John Malkovich, Megan Fox, Michael Fassbender, Will Arnett, Wes Bentley, un fugaz Michael Shannon y un no acreditado Jeffrey Dean Morgan. De los modestos 47 millones de dólares que costó el film sólo recuperó poco más de 10 convirtiéndose en un notorio fracaso de taquilla, para colmo también masacrado por la crítica.




A un proyecto como Jonah Hex se le notan desde el minuto uno los numerosos problemas en los que se vio inmerso durante su producción. Más allá de la notable bisoñez de Jimmy Hayward con el cine en imagen real el irregular montaje que denota en no pocas ocasiones bruscos cortes y reshoots que posiblemente obedecieran a un montaje calificado R del que posteriormente Warner Bros se arrepintió menoscaban de raíz la puesta en escena y el tono de una obra que no parece ser consciente de su propia naturaleza como pieza cinematográfica. Los responsables detrás de la propuesta parecen incapaces de trasladar con pericia las aventuras del personaje al celuloide y mucho menos amalgamar con acierto la vertiente más clásica de sus primeras aventuras con la más cercana al terror y el ocultismo de su etapa contemporánea. A esto debemos sumar la incapacidad de Jimmy Hayward a la hora de capturar la esencia western del film, ya que sus referentes quedan suavizados y minimizados dejando el tono de Jonah Hex en una impersonal y algo anodina tierra de nadie a medio camino entre un inocuo spaguetti western y la estética steampunk que impera en la recta final del metraje.




Como otras cintas en las que personajes de cómics debutan por primera vez en el mundo del cine Jonah Hex es una historia de orígenes y los expuestos en esta producción de 2010 mezclan los de la génesis del personaje con sus primeros encontronazos con uno de sus villanos más recurrentes, Quentin Turnbull. El resultado es la típica historia de venganzas cruzadas y Ley del Talión en la que el antihéroe y su némesis se embarcan en una encarnizada búsqueda mutua para eliminarse mutuamente. En este sentido el guión de Mark Neveldine y Bryan Taylor es un inofensivo y nada destacable cúmulo de tópicos adscritos al western con toques sobrenaturales que no terminan de convivir armónicamente con la propuesta realista que bascula el grueso del relato, algo que las versiones en papel del personaje desarrolladas en los 90 y 2000 sí consiguieron. En este sentido no mucho queda a lo que aferrarnos más allá de algunas secuencias de acción competentemente ejecutadas, un par de situaciones relacionadas con el más allá bien resueltas por el director y poco más. La desgana, apatía e impersonalidad siempre en paralelo a un cineasta que ejerce de mero mercenario para acabar la película lo antes posible y desvincularse de ella construyen el endeble esqueleto sobre el que se sostiene una nadería como la que nos ocupa en esta entrada.




La desidia generalizada que transmiten prácticamente todos los apartados de Jonah Hex también es extensible a un reparto que, en líneas generales, deja entrever al espectador lo poco o nada que creían en el material puesto en sus manos para sacar adelante la película. Antes de dar vida a sus icónicas versiones de Thanos y Cable Josh Brolin intentó un par de veces coquetear con las adaptaciones de cómics al séptimo arte, resultando las dos en fracaso, una fue Sin City: Una Dama Por la Que Matar (2014) y la otra la que desgranamos en esta entrada. Sería injusto decir que el actor de No Es País Para Viejos (2007) o American Gangster (2007) no hace un buen trabajo, porque su versión de Jonah Hex exhala la rudeza, carisma y fisicidad necesarias para encarnarlo con acierto. Buenas palabras podemos tener también con un Michael Fassbender que debió disfrutar de lo lindo en la piel tatuada de Burke. Pero el resto de casting parecía querer terminar lo antes posible con sus roles de ahí que Megan Fox, ya una actriz muy limitada, poco pueda hacer Lilah o un John Malkovich que ni tirando de veteranía puede alejar a Quentin Turnbull de un simplista villano de opereta. De otros como Will Arnett, Aidan Quinn o Wes Bentley y sus escasos minutos en pantalla poco podemos decir y en cuanto a Michael Shannon el reto es encontrarlo en la película, ardua tarea si tenemos en cuenta que su, ya de por sí breve, papel queda reducido a un cameo por obra y gracia de la sala de montaje.




Jonah Hex fue alumbrada en una etapa confusa para Warner Bros y DC Entertainment. Con la trilogía del Batman de Christopher Nolan todavía en desarrollo, habiendo conseguido un éxito descomunal con El Caballero Oscuro, quedaban tres años para que el DCEU diera sus primeros y titubeantes pasos con El Hombre de Acero, de manara que proyectos como Watchmen, Green Lantern o Jonah Hex fueron utilizados para tantear el terreno sin conseguir ninguna de ellas el éxito esperado. Para colmo la adaptación del personaje creado por John Albano y Tony DeZuniga tuvo que vadear con múltiples problemas como el despido de sus directores (con ellos hubiéramos visto una película diametralmente diferente y mucho más divertida) y la indecisión de unos productores no sabiendo qué hacer con un proyecto al que hasta el meritorio score compuesto por Marco Beltrami y la banda de metal progresivo Mastodon parecía quedarle tan grande como inadecuado. Sólo Josh Brolin y Michael Fassbender o breves fogonazos del interesante personaje que es Jonah Hex podemos destacar de una pieza que al menos entretiene y se pasa en un suspiro gracias a sus ajustados 80 minutos de metraje. Más allá de eso un producto de consumo rápido para degustar en una tarda aburrida para olvidarlo justo cuando concluyan los títulos de crédito finales.





viernes, 9 de febrero de 2018

Happy!: Temporada 1, a christmas carol



"Chico, si te recuerdo a tu mamá, tienes problemas más grandes que un agujero en tu cabeza"




En parte puede comprenderse la indignación de aquellos que esperaban que la primera traslación al medio audiovisual de una obra del célebre guionista escocés Grant Morrison fuera alguno de sus trabajos más destacados adscritos a sus colaboraciones con las colecciones superheróicas como Arkham Asylum, su etapa con la JLA, Nuevos X-Men o All Star Superman (aunque esta conoce una versión animada) o piezas más personales ideadas bajo el amparo del sello Vertigo ya sean Flex Mentallo, Los Invisibles, El Asco o We3, por poner sólo unos ejemplos, pero nada más alejado de la realidad. Happy! la intrascendente miniserie realizada al alimón junto a Darik Robertson (The Boys, Transmetropolitan) para Image Comics ha sido la elegida para tan honroso debut. Después de que el rapero, reconvertido en actor y director, RZA (El Hombre de los Pueños de Hierro 1 y 2) intentara llevar el cómic a la pantalla grande sin éxito finalmente fueron el director Bryan Taylor (Ghost Rider: Espíritu de Venganza) el actor Christopher Meloni (Ley & Orden: Unidad de Víctimas Especiales) y el mismo Grant Morrison los artífices de la adaptación a imagen real, por mediación de la cadena de de pago estadounidense SyFy, de las correrías de Nick Sax y el unicornio alado Happy.




Un servidor siempre pensó que si había en un equivalente en cine al guionista, también escocés, Mark Millar ese era el tándem de directores estadounidenses formado por Mark Neveldine y Bryan Taylor. Autores de productos profundamente pasados de rosca como Crank 1 y 2, Gamer o Ghost Rider: Espíritu de Venganza esta pareja solía facturar films demenciales, políticamente incorrectos y de muy mal gusto que paradójicamente no sólo eran harto divertidos, sino que estaban facturados magníficamente desde un punto de vista técnico, ejecutando unas secuencias de acción brutalmente efectivas. La pareja se disolvió y mientras Mark Neveldine se volcó en producciones de terror como la inenarrable Exorcismo en el vaticano (The Vaticano Tapes) Bryan Taylor decidió seguir con el tipo de cine que había diseñado hasta ese momento con esa desquiciada Mom & Dad, protagonizada por Nicolas Cage y Selma Blair, que está por llegar a las carteleras y esta adaptación de Happy! que no es un cómic de Mark Millar, pero en él sí trató Grant Morrison emular el estilo más gamberro de su compatriota o el de Garth Ennis, como afirmé en la entrada que dediqué la semana pasada a la obra en viñetas. A Bryan Taylor se sumaron un Grant Morrison como autor del cómic original, showrunner y guionista de hasta tres de los ocho episodios que consta la temporada, así como un Christopher Meloni que se implicó en el proyecto no sólo como actor, sino también como producto ejecutivo.




Vaya por delante que hay dos tipos de espectadores que deberían huir de Happy! como alma que lleva el diablo, porque la experiencia de visionarla se les antojará agónica. Los primeros son los que odiaron el cómic de Grant Morrison y Darik Robertson porque, con algunas diferencias que apuntaremos más adelante, todo lo que acontecía en las viñetas está aquí. Los segundos son los que no soportaban las películas en las que Bryan Taylor estaba implicado como realizador, porque sí amigos, esta primera temporada es Crank 3: Veo Unicornios Azules. Como acabamos de mencionar dicha tanda de ocho episodios adapta con considerable fidelidad del argumento de la obra en la que se inspira, haciéndose fuerte con los pasajes que están directamente extraídos de las páginas y renqueando un poco más en varias de las subtramas que los ideólogos del programa han creado expresamente para él con la intención de cubrir ocho horas de metraje que sólo con el contenido de la miniserie original no hubiese tenido suficiente. De esta manera añadidos como la incidencia en la familia del mafioso Blue (Ritchie Coster), la aparición de su hermana Isabella (Debi Mazar) y el reality show que co protagoniza, la reclusión de los niños por parte Smoothie (Patrick Fischler) o pasajes hilarantes como el ingreso de Happy en esa club de “Amigos Imaginarios Anónimos” añaden no pocos momentos divertidos, pero pasado el ecuador de la temporada varios de ellos se exceden innecesariamente y ralentizan la historia principal de Nick Sax.




Porque es indudable que la trama del ex detective reconvertido en asesino a sueldo que en plena navidad se embarca en la búsqueda de su hija secuestrada con la ayuda del imaginario unicornio volador de color azul y la de su compañera y ex amante, la Detective Meredith McCarty (Lily Mirojnik) es la más sólida y la que mejores momentos depara esta primera temporada. El Nick Sax al que da vida un espídico, carismático, socarrón y entrañable Christopher Meloni es el mejor hallazgo de Happy! gracias en gran parte a la decisión de los guionistas de añadir mucho humor a su personalidad, el mismo del que carecía su contrapartida en viñetas que no era muy dado a la comicidad. De esta manera el actor de El Hombre de Acero se apodera de la serie sustentando en sus hombros el peso de la misma, entregándose a una carrera contrarreloj en la que no deja de suministrar y encajar disparos, palizas y puñaladas rodadas con la habitual pericia de un Bryan Taylor que inyecta una puesta en escena lisérgica y bestial que poco a poco se va atenuando con el devenir de los episodios. Su relación con Happy es deliciosa tanto por lo bien que interactúa en pantalla con una criatura digital que en ningún momento está delante de él como por el excelente trabajo que hace Patton Oswald dando voz y personalidad al personaje que es aquí mucho más memorable de lo que fue nunca en el cómic.




Es curioso que la personalidad enfermiza de Bryan Taylor y la no menos irracional de Grant Morrison adscrita al discurso que destiló en el cómic de Happy! congenien tan bien en pantalla llegando incluso a retroalimentarse. Parece como si el autor de Animal Man se sintiera cómodo con la sesión continua de locuras que el director añade a esta temporada como la visita onírica de Nick al programa de Jerry Springer, todo lo relacionado con el reality show de Isabella, que no deja de ser una brutal crítica a este tipo de productos, o el retrato granguiñolesco que realiza de la mafia italoamericana expuesta con un trazo grueso y totalmente carente de sutilidad. Esta relación no es unidireccional y Taylor parece pasárselo en grande con las señas de identidad del guionista de Glasgow y dentro de las subtramas que ambos idean para la serie comienza a incluir referencias a trabajos de Morrison ajenos a Happy! como esa orgía de bichos que podía haber salido de El Asco, la “conversión” de los niños en muñecos con sus cajas que no hubiera desentonado mucho en algunos pasajes de Los Invisibles o el capítulo de la reunión de los amigos imaginarios que nos retrotrae al mundo de fantasía al que huía el protagonista de Joe el Bárbaro.




Menos sórdida que el cómic no sólo en la estética sino en algunas decisiones narrativas (ni rastro de redes de pornografía infantil y sacerdotes implicados en las mismas) con un protagonista que merece todos los elogios, un reparto de secundarios en los que podemos encontrar algunos muy buenos trabajos como los de un amenazador Ritiche Coster, una aguerrida Lily Mirojnik y un grimoso Patrick Fischler la primera temporada de Happy! es excesiva, demente, brutal, incorrecta, escatológica y sádica, tal y como el cómic en el que está inspirada. Adolece de algunos problemas de ritmo debido a la innecesaria inclusión de subtramas o la idea, no siempre acertada, de dar más peso a personajes que en el papel no pasaban de anécdóticos, pero lo cierto es que al igual que Ash vs. Evil Dead es un soplo de putrefacto aire fresco como serie ligera y escapista para pasar un rato divertido viendo a un actor como Christpher Meloni, habitualmente asociado a dar vida a roles rectos e íntegros, infligir dolor ajeno a todo tipo de criminales y mafiosos a ritmo de inofensivas canciones navideñas acompañado por el mejor amigo imaginario que un sicario, drogadicto, borracho, mal marido y peor padre pueda tener. La segunda temporada ya está confirmada y ahora veremos que hacen Bryan Taylor y Grant Morrison sin material para inspirarse con una idea que no aparenta poder dar mucho más de sí.