jueves, 15 de diciembre de 2016

Snowden, juego de patriotas



Título Original Snowden (2016)
Director Oliver Stone
Guión Kieran Fitzgerald y Oliver Stone, basado en los libros de Anatoly Kucherena y Luke Harding
Reparto Joseph Gordon-Levitt, Shailene Woodley, Melissa Leo, Zachary Quinto, Tom Wilkinson, Rhys Ifans, Nicolas Cage, Logan Marshall-Green, Timothy Olyphant, Scott Eastwood, Joely Richardson, Jaymes Butler, Ben Schnetzer, Ben Chaplin, Edward Snowden





En junio del año 2013 los periódicos The Guardian y The Washington Post hicieron públicos documentos clasificados como alto secreto relacionados con la NSA (National Security Agency), una agencia de inteligencia perteneciente al gobierno de Estados Unidos cuya misión es controlar los flujos de información con el fin de proteger la seguridad nacional del país de las barras y estrellas. La persona que filtró dichos datos con los que salieron a la luz los programas de vigilancia secreta a nivel global con los que las altas instancias del la "democracia más grande del mundo" vigilaba todos los aparatos electrónicos de la población a nivel mundial fue Edward Snowden, consultor tecnológico y antiguo empleado de la CIA (Agencia Central de Inteligencia) que puso en peligro su carrera profesional e integridad física para dar a conocer las malas artes llevadas a cabo por las altas esferas de su país más propias de un régimen dictatorial que de una nación que se dice democrática. 




Todos estos hechos fueron capturados por la cámara de la cineasta Laura Poitras en el soberbio, pero de ritmo algo irregular, documental Citizenfour, ganador del Óscar en su categoría en el año 2014, que narraba todo el proceso previamente descrito que se inicio cuando Edward Snowden tomó contacto por primera vez con la autora de My Country, My Country y The Oath y con los periodistas Glenn Greenwald y Ewen MacAskill. Tras dichos acontecimientos Snowden dividió a la población de Estados Unidos siendo considerado un héroe para unos y un traidor para otros, de modo que a pocos extrañó que el director y guionista Oliver Stone se interesara por la figura de este brillante informático e informante. Con varios problemas para sacar adelante el proyecto, teniendo que recurrir en parte a capital francés, debido a la negativa de varias productoras a invertir dinero en un proyecto incómodo de cara a la opinión pública Snowden llegó el pasado mes de Octubre a las carteleras de todo el mundo, incluida la española por la que ha pasado bastante desapercibida.




Basada en los libros The Snowden Files de Luke Harding y Time of the Octopus de Anatoly Kucherena gracias al guión escrito a cuatro manos por Kieran Fitzgerald (Deuda de Honor) y el mismo Oliver Stone, así como poseedora de un reparto soberbio con algunos de los mejores actores internacionales del momento como Melissa Leo (Red State) Tom Wilkinson (Batman Begins) Zachary Quinto (Star Trek; Más Allá)  Shailene Woodley (Divergente) Rhys Ifans (The Amazing Spiderman) o Nicolas Cage (World Trade Center) y un Joseph Gordon Levitt (El Caballero Oscuro: La Leyenda Renace) metido en la piel de Edward Snowden la última producción del director de Un Domingo Cualquiera o Asesinos Natos nos recupera a un Stone que, si bien no está a la altura de sus grandes obras, sí encarrila una carrera que en los últimos años andaba bastante perdida a la hora de ejecutar producciones de ficción que nos recordaran al gran narrador de historias que un día fue.




A pesar de adscribirse a la ortodoxia al thriller de espionaje al más puro estilo Jason Bourne (aunque prescindiendo evidentemente de la acción física) y al político con referencias a cineastas expertos en dicho subgénero como Alan J. Pakula o John Frankenheimer Snowden es tanto en intenciones ideológicas como en estructura un claro remake de Nacido el 4 de Julio, una de las mejores obras del mismo Oliver Stone. Ambos trabajos inspirados en personajes reales comienzan con un joven americano de pensamiento conservador creyente ciego en la infalibilidad de los gobernantes de su nación que tras tomar conciencia de su propia realidad descubriendo la inmundicia en la trastienda de Estados Unidos, y siempre con el apoyo de una mujer a la que ama aún pensando de manera totalmente opuesta a él, acaba conviertiéndose en otro tipo de patriota, el que es capaz de poner en entredicho a su gobierno para luchar por los derechos de sus conciudadanos.




Con este contexto bien construido Oliver Stone consigue inyectar todas sus inquietudes cinematográficas e ideológicas a la historia de un personaje como el de Edward Snowden, narrando su vida desde que se alistó en el ejército de los Estados Unidos hasta que destapó los ilegales programas de vigilancia de la NSA. El film toma como arranque el primer encuentro entre Snowden, la cineasta Laura Poitras y los periodistas Glenn Greenwald  y Ewen MacAskill, de este modo el director y su co guionista exponen por medio de flashbacks todo aquello que el documental Citizenfour obviaba, por motivos lógicos, los hechos protagonizados previamente por el célebre analista informático como su adiestramiento en la CIA a manos de sus superiores Corbin O'Brian y Hank Forrester, su relación con Lindsay Mills y cómo su vida profesional repercute negativamente en la personal cuando decide sacar a la luz la información sobre la vigilancia secreta a nivel global de su país, manteniendo a su compañera sentimental al margen de toda la trama conspiranóica para preservar su seguridad.




Con respecto a esto último debemos destacar de Snowden su única mácula, que por desgracia acompaña a casi todos los últimos proyectos de Stone. Al igual que en Wall Street: El Dinero Nunca Duerme, Salvajes y sobre todo World Trade Center en el más reciente proyecto del director norteamericano no funciona tan bien la subtrama amorosa o sentimental de los personajes como la central que basculaba el grueso del relato. De este modo todo el núcleo argumental sobre la CIA, las vigilancias de la NSA, el espionaje, las conspiraciones y la "sombra del imperio" que sobrevuela al protagonista es mucho más interesante que la narración secundaria entre Edward y Lindsay por mucho que esté adecuadamente abordada en el guión y los dos actores que la interpretan se ocupen de que la interacción en pantalla se muestre en todo momento creíble y cercana. Por suerte dicha subtrama funciona de manera eficiente y no perjudica al conjunto de la obra, ni transmite sensación de irregularidad al discurrir de acontecimientos expuestos en el relato, pero como comentamos es la pequeña mancha de la producción.




Oliver Stone vuelve a recuperar gran parte del punch de su puesta en escena demostrando lo bien capacitado que sigue estando para rodar ficción. Snowden muestra a un artesano eficiente, que controla tanto el apartado visual (brutal esa representación de los perfiles de redes sociales convirtiéndose en un enorme ojo orwelliano que todo lo ve) como el narrativo, apoyándose en un guión sobresaliente que facilita copiosa información sin despistar al espectador por medio tecnicismos y un montaje que aunque no se muestra en pantalla tan brillante como el de muchas de sus obras previas está ejecutado con la pericia esperada en una producción made in Stone. El director de Comandante o Looking For Fidel sabe medir los tiempos, dar un ritmo envidable a una historia que en todo momento se antoja adictiva e interesante y gracias a una sabia dirección de actores nos incita a identificarnos con un reparto en estado de gracia encabezado por un Joseph Gordon Levitt brillante al que le deberían llover los premios por meterse de manera escrupulosamente fidedigna en la piel de su personaje emulando con pericia su gestualidad, tono de voz y presencia física, haciéndole justicia en resumidas cuentas.




Vibrante pero no apasionada, inteligente aunque no discursiva, elogiosa con la figura a la que retrata pero sin caer en la hagiografía, Snowden nos recupera a un Oliver Stone que si bien no puede equipararse al de sus mejores trabajos sí sube mucho el nivel con respecto al de la mayoría de sus últimas obras de ficción, aquellas que estaban siendo eclipsadas por su mastodóntica labor en el mundo del documental (nunca me cansaré de recomendar La Historia No Contada de Estados Unidos, posiblemente, su obra cumbre como autor) y que pueden volver a encarrilar la carrera del que sigue siendo uno de mis cineastas favoritos, la voz de la conciencia de un país contradictorio que es capaz de convertir en el enemigo público número uno a un demócrata que no cree que su gobierno deba comportarse como la policía del mundo en pos de una falsa sensación de seguridad que lo convierte en la máquina imperialista y bélica que con la reciente llegada de Donald Trump a la presidencia seguramente no dejará de ser al menos durante los próximos cuatro años.


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