viernes, 22 de diciembre de 2017

Star Wars Episodio VIII: Los Últimos Jedi



Título Original Star Wars: The Last Jedi (2017)
Director Rian Johnson
Guión Rian Johnson, basado en personajes de George Lucas
Reparto Daisy Ridley, John Boyega, Adam Driver, Oscar Isaac, Mark Hamill, Carrie Fisher, Domhnall Gleeson, Benicio del Toro, Laura Dern, Gwendoline Christie, Kelly Marie Tran, Lupita Nyong'o, Anthony Daniels, Andy Serkis, Warwick Davis






Después de siete años de silencio dentro del universo cinematográfico de Star Wars saltaba la noticia en 2012. Una Disney que comenzaba su lenta pero inexorable campaña de absorción de toda franquicia que pudiera serle rentable, por aquel entonces Pixar y Marvel ya habían caído en sus manos, compraba por una cantidad multimillonaria Lucasfilm, la productora ideada por el cineasta George Lucas y sobre la que había construido su mítica saga Star Wars u otras como Indiana Jones. Tres años después y tras muchas especulaciones y bailes tanto en el equipo técnico como el artístico llegaba a pantallas de todo el mundo Star Wars Episodio VII: El Despertar de la Fuerza, el primer paso de lo que sería una nueva trilogía de la franquicia escrita y dirigida por J.J. Abrams y ya bajo el total amparo de la productora creada por Walt Disney a principios del siglo XX. El resultado fue un éxito brutal y la propuesta una pieza cinematográfica tan efectiva como comprensiblemente conservadora.




Desde que los derechos de Lucasfilm cayeron en manos de Disney la idea de explotar al máximo la saga se tomó incluso antes de que comenzara la producción del ya citado largometraje rodado por el autor de Super 8 o Star Trek: En la Oscuridad. De modo que Katheleen Kennedy, actual presidenta de la antigua productora de George Lucas, puso en funcionamiento la maquinaria para que un proyecto titulado "Star Wars Anthology" también tomara forma y en el se pudieran narrar todo tipo de spin offs relacionados con el universo galáctico más famoso del mundo del séptimo arte pudiendo desvincularse de la trilogía principal a la que acababan de dar pistoletazo de salida. Gracias a esta decisión en 2016 llegó la excelente Rogue One: Una Historia de Star Wars, una cinta cuya trama tenía lugar poco antes de Star Wars Episodio IV: Una Nueva Esperanza y que superó en varios aspectos al largometraje ideado pr J.J. Abrams un año antes.




Año 2017, todo está preparado para la llegada de la segunda parte de la nueva trilogía que se titulará Star Wars Episodio VIII: Los Últimos Jedi. El reparto artístico repite casi al completo con Daisy Ridley, Oscar Isaac, John Boyega, Adam Driver, Mark Hammill, la tristemente fallecida Carrie Fisher  y nuevas incorporaciones como Kelly Marie Tran, Benicio del Toro o Laura Dern entre otros. Del guión y la dirección se ocupa Rian Johnson, cineasta que se dio a conocer con la independiente y noir Brick y que se ganó el favor del público y la crítica dirigiendo esa excelente muestra de ciencia ficción que responde al nombre de Looper. Tras el estreno el largometraje recibe los parabienes de la mayor parte de la crítica especializada y su recaudación en la taquilla se antoja descomunal. Pero lo que pocos sabían es que con él íbamos a encontrarnos la entrega de Star Wars que más ha dividido moralmente a esa peculiar fauna de personajes llamada "fandom" y el terremoto mediático se ha dejado notar, principalmente, en todo la red.




Después de las numerosos espectadores que alzaron la voz contra Star Wars Episodio VII: El Despertar de la Fuerza por parecer un remake de la cinta primigenia de la saga rodada por George Lucas en 1977 Disney y Lucasfilm parecieron tomar nota de las quejas y con Star Wars Episodio VIII: Los Últimos Jedi han encargado a Rian Johnson, que se ha convertido en los últimos días en la cabeza de turco de los fans más furibundos, realizar una película de La Guerra de las Galaxias que fuera lo menos acomodaticia y condescendiente posible y a fe mía que lo ha conseguido. El problema reside en que la rama más dura de los fans de la creación del director de American Graffiti afirman que la segunda parte de esta nueva trilogía ha traspasado no pocas líneas prohibidas e intocables del canon de la franquicia. En la siguiente reseña un servidor va a intentar no sólo defender el film como una excelente pieza cinematográfica, sino también justificar algunas de esas polémicas decisiones que se han tomado con respecto a ella añadiendo en el proceso algunos spoilers de cierta importancia.




Durante sus primeros pasos Star Wars Episodio VIII: Los Últimos Jedi puede llegar a desconcertar al espectador en varios aspectos. Por un lado la inclusión del humor en un arranque de tanta tensión como la espectacular batalla espacial que copa la primera parte del film parece fuera de lugar hasta que se ensambla bien el con la historia y el tono de la misma. Por otro la construcción narrativa y el montaje que alterna las distintas subtramas que pueblan la obra tardan en tomar solidez y mostrarse como un todo compacto de cara a la platea, pero una vez presentados todos los personajes la nave es enderezada adecuadamente. Por último es lógico que el notable cambio de perspectiva que imprime Rian Johnson a su proyecto con respecto al de J.J Abrams coja al espectador desprevenido, pero por suerte el director de Breaking Bad o Terriers mantiene gran parte del tono del creador de Alias o Fringe, aunque llevándolo a un nivel superior de implicación y riesgo desde un punto de vista argumental.




Una de las mayores virtudes de esta última película de Star Wars es que después de la autocomplacencia del Episodio VII aquí por fin la nueva trilogía comienza a avanzar y tomar su propia senda. Pero Rian Johnson no es un estúpido o un iluso y lo hace de manera gradual y orgánica, o lo que es lo mismo, mira al futuro sin abandonar del todo un pasado que siempre sobrevolará las producciones venideras dentro de la franquicia. Por ello encontramos una trama en la que los veteranos, Luke o Leia, sirven de brújulas morales y figuras paternas de las nuevas generaciones, Rey o Poe, preparando a sus púpilos para una guerra que no ha hecho más que empezar y en la que tendrán que desenvolverse solos cuando ellos ya no formen parte de la ecuación. En ese sentido el guionista y director sabe aprovechar tanto a los personajes que tiene a su disposición como a los actores que les dan vida.




Pero donde Rian Johnson marca las distancias con respecto a cualquiera de las entregas anteriores de Star Wars es en su intención como guionista y director de profundizar en conceptos icónicos del canon de la saga como la Fuerza y el Lado Oscuro, por medio de Rey o Luke, y llegar a materializarlos audiovisualmente con éxito en pantalla. De este modo por primera vez podemos ver cómo funciona el equilibrio de la Fuerza y cómo el balance entre luz y oscuridad puede predisponer a que un jedi, dependiendo en gran parte de su personalidad y entereza, se incline por uno u otro lado. Por medio de esta visión rompedora de la Fuerza y toda la parafernalia que la complementa y enriquece conseguimos incidir en la personalidad de Rey como guerrera e intentar dilucidar si su enorme poder acabará haciéndola optar por el mal debido al peso moral que todavía carga a sus espaldas con respecto a la desaparición de sus progenitores.




Curiosamente esta dicotomía a la que se enfrenta Rey es el perfecto caldo de cultivo para que Rian Johnson construya la que es la mejor relación entre personajes de Star Wars Episodio VIII: Los Últimos Jedi y que ya dio sus primeros pasos en el Episodio VII. Rey y Kylo Ren, o en esta ocasión deberíamos decir Ben Solo, son la distinta cara de una misma moneda, la luchadora de la luz que poco a poco va siendo tentada por una oscuridad, que en sus propias palabras, siempre ha estado en su interior y el miembro de la Primera Orden que quedó destruido espiritualmente cuando mató a su padre con sus propias manos. La conexión que la Fuerza establece entre ellos, la batalla por parte de cada uno para llevar al otro a su propio territorio, la determinación del Kylo Ren de un Adam Driver que está ejecutando uno de los personajes más interesantes de la saga y la secuencia de ambos guerreros peleando codo con codo contra la guardia de Snoke dan forma a los mejores momentos de esta última entrega.




Como es lógico también debemos hacer una parada en la incorporación, esta vez total, del mítico protagonista de la saga original ideada por George Lucas. Luke Skywalker está de vuelta y en esta ocasión con un papel capital en la última entrega de la franquicia que él ayudó a construir. Mark Hammil está exultante en su rol de maestro jedi que ha perdido la fe tras la traumática experiencia que vivió con el que fue su último padawan. Su descreimiento, negativa a hacer uso de la Fuerza e intención de acabar con la estirpe a la que él pertenece nace de la desesperanza, la decepción y la tristeza. Hay quien afirma que este Luke que aquí vemos no es el que todos conocemos y un servidor niega a la mayor, esta encarnación del personaje es la evolución lógica del mismo después de tantos años de soledad, remordimientos y retiro autoimpuesto. La labor del actor de la trilogía original a la hora de darle vida es tan profesional como cabría esperar por su parte y su paso por esta etapa de la saga es uno de los momentos álgidos de la misma.




Si miramos su obra previa realizar secuencias memorables no es algo ajeno a la impronta de Rian Johnson y a lo largo de Star Wars Episodio VIII: Los Últimos Jedi tenemos un buen puñado de ellas salidas de su mano. Desde la ya citada primera batalla con el ataque rebelde al acorazado (con una pátina de sacrificio que recupera el espíritu de Rogue One: A Star War Story) pasando por todo el pasaje en el planeta Cantónica o ese sacrificio a velocidad luz que deja la pantalla y la sala de proyección en silencio, todo el clímax final con su peculiar uso del cromatismo (la utilización del color rojo de la  sal en la batalla definitva es sencillamente brillante y ofrece una plasticidad a la imagen que engrandece la ya de por sí remarcable puesta en escena del director) y llegando al cierre de la trama principal que guarda un buen puñado de diálogos para el recuerdo y una preciosa despedida para Carrie Fisher a la altura de lo esperado, honrando así el legado de la inolvidable Leia Organa.




Es de recibo apuntar también que a pesar de que Rian Johnson se ha salido bastante del canon establecido en esta nueva trilogía lo ha hecho más en lo referido al fondo que a la forma, porque con respecto a esta última se ha mantenido bastante fiel a la estética que J.J. Abrams utilizó en Star Wars Episodio VII: El Despertar de la Fuerza. De este modo en el largometraje del director de Los Hermanos Bloom encontramos unos efectos digitales magníficos que se mimetizan sabiamente con el recurrente uso de figuras animatrónicas o elaborado maquillaje que ofrecen una personalidad mucho más epidérmica y palpable al conjunto del diseño de producción y personajes extraterrestres o por otro lado también recurriendo a la nostalgia dando uso a mucha de la maquinaria militar y bélica que nació en la trilogía original y había sido abandonada, pero dosificándola con mucha más inteligencia que el director de Misión Imposible 3 en su entrega en la que dio rienda suelta al fanservice sin hacer prisionero alguno.




Star Wars Episodio VIII: Los Últimos Jedi otea el horizonte de un nuevo futuro con valentía y cierta temeridad, arrastrando fallos (la escena espacial de Leia es el momento más cuestionable de toda la obra) y virtudes (tono, reparto, diseño de producción, efectos especialias, realización) que la convierten en una pieza cinematográfica remarcable. Rian Johnson se atreve a profanar algunas reliquias sagradas, pero siempre con lógica y amplitud de miras, honra a los caídos dentro y fuera de la pantalla y hace evolucionar a los recién llegados. En el proceso ofrece un producto con acción, humor, amor y ciencia ficción, pero dejando el camino abierto para que en un futuro cercano el cierre de la trilogía, que recaerá de nuevo en J.J Abrams, nos confirme si este nuevo tríptico ha merecido la pena como conjunto de la misma manera que sus hasta ahora dos entregas sí lo han hecho a modo individual. Hasta 2019 no sabremos a ciencia cierta el resultado, pero antes de ello tendremos que hacer parada en la juventud de Han Solo el próximo año y en Transgresión Continua también daremos constancia de ello.



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