domingo, 11 de septiembre de 2016

World Trade Center



Título Original World Trade Center (2006)
Director Oliver Stone
Guión Andrea Berloff
Actores Nicolas Cage, Michael Peña, Maria Bello, Maggie Gyllenhaal, Jude Ciccolella, Stephen Dorff, Armando Riesco, Jay Hernandez, Michael Shannon, Donna Murphy, Nicholas Turturro, Jon Bernthal, Connor Paolo, Viola Davis, William Mapother





Para el que esto firma todavía es un misterio la implicación del cineasta norteamericana Oliver Stone en un proyecto como World Trade Center. Puede que supusiera un intento por volver a ganarse la confianza de sus conciudadanos después de realizar una serie de incómodos documentales con los que exaltaba la figura de mandatarios polítcos de latinoamérica como Fidel Castro o Hugo Chávez o también cabe la posibilidad de que lo hiciera para recuperar el favor de un público que le había dado la espalda a su mastodóntico biopic de Alejandro Magno que estuvo elaborando durante años. El caso es que en el año 2006 Stone se embarcó en el proyecto de llevar a imágenes las vivencias reales de John McLoughlin y Will Jimeno, dos policías de la Autoridad Portuaria que sobrevivieron a la caída de las Torres Gemelas durante el atentado que estas sufrieron  aquel fatídico 11 de Septiembre de 2001 y hoy, que se cumplen quince años de tal hecho que marcó uno de los momentos más trágicos de la historia rciente de América, voy a hablar de la dieciseisava película del director de Un Domingo Cualquiera.




Como previamente he apuntado World Trade Center tiene como núcleo central la incursión de los policías de la Autoridad Portuaria John McLoughlin (Nicolas Cage) y Will Jimeno (Michael Peña) en una de las Torres Gemelas antes de su derrumbamiento para ayudar a los civiles y su posterior rescate tras se sepultados por los restos del edificio. A esta historia central se suman varias subtramas que implican las esposas de los protagonistas Donna McLoughlin (Maria Bello) y Allison Jimeno (Maggie Gyllenhaal) y otros personajes para dar forma a un conjunto cinematográfico que a pesar de sus buenas intenciones y su naturaleza de película homenaje a todas las personas que ayudaron a sus compatriotas durante los atentados de New York se encuentra no sólo entre lo más mediocre de la filmografía de Oliver Stone por distintos motivos que pasaremos a enumerar, sino que también se la puede considerar su obra cinematográfica más impersonal, acomodaticia y ajena a su impronta como autor de un cine cuyo trasfondo tiene poco que ver con lo que podemos vislumbrar en una producción como la que nos ocupa.




La primera media hora de World Trade Center es con diferencia la mejor de toda la cinta, de hecho la misma fue proyectada de manera exclusiva en el Festival de Cannes de 2005 y agradó considerablemente a los que pudieron verla. Durante ese arranque Stone sabe medir los tiempos, controlar la tensión para que el in crescendo de amenaza latente que desembocará en los hechos que ya conocemos previamente exploten en pantalla y causen un más que considerable impacto en la platea y por el camino perfila mínimamente los personajes principales en los que se sustentará su relato. El problema reside en que cuando esos primeros treinta minutos pasan y las subtramas de las esposas de McLoughlin y Jimeno, a las que habría que sumar la del marine Dave Karnes de Michael Shannon a la que volveremos más tarde, se desata de manera descontrolada y sin miramientos la sensiblería barata de la obra y que va desangrándola poco a poco cada vez que abandonamos el claustrofóbico confinamiento de los personajes de Nicolas Cage y Michael Peña.



Es comprensible que Stone y su guionista Andrea Berloff quieran poner su mirada en cómo afrontan los hechos las esposas de los protagonistas para acentuar el tono dramático del relato y con ello dar más profundidad a la tragedia en la que se e vieron implicados John McLoughlin y Will Jimeno. El problema radica en que estas historias secundarias están abordadas de la manera más lacrimógena posible apelando continuamente, y en cada nueva secuencia de manera más acentuada, a asestar golpes bajos al espectador por medio de secuencias sustentadas en un sentimentalismo barato que busca de manera barriobajera y desesperada la lágrima fácil de la platea. Este tono burdo, simplista y descarado de exponer el drama que vertebra la película y al que no hubieran recurrido ni los más sensacionalistas Ron Howard o Nick Cassavetes choca frontalmente con la personalidad como narrador de Oliver Stone que en ocasiones previas había conseguido llegar al corazón del espectador (ahí tenemos ejemplos como Nacido el 4 de Julio o El Cielo y la Tierra) sin tener que recurrir a maniobras tan tramposas y reprobables como las que utiliza en World Trade Center.





Hasta en la puesta en escena del largometraje el autor de JFK: Caso Abierto se entrega a una despersonalización y academicismo mal entendido que elude totalmente su potente look visual, agilidad para buscar todo tipo de encuadres y montaje virtuoso. Posiblemente la pesada carga de tener que realizar una obra inspirada en unos hechos reales tan trágicos como recientes haya sido suficiente lastre para que el Oliver Stone autor haya cedido su puesto al Oliver Stone artesano y con ello realizar una cura de ego en la que el proyecto en el que se implica como cineasta sea más importante que su propio discurso autoral o sus inclinaciones políticas que en esta ocasión brillan por su ausencia. Pero si nos aferramos a esta idea es fácil quedar descolocado con la inclusión de pasajes o personajes que en no pocas ocasiones nos hacen pensar si el director los abordó con una intención cómica en las antípodas del dramatismo impostado de su obra. El personaje de Will viendo aparecer la figura de Jesucristo con una botella de agua mineral o la inclusión del insulso u estúpido personaje de Michal Shannon que espeta unos diálogos que incitan a la carcajada por superfluos y estereotipados nos sacan totalmente de la narración e incitan a elucubrar sobre si Stone estaba realmente a gusto realizando un producto tan ajeno a su personalidad como cronista de la historia reciente de su país.




World Trade Center es un telefilm con perfil de superproducción, un proyecto cuyo único fin es ser utilizado en días como el actual para recordar los trágicos hechos que dan sentido a su propia existencia como pieza cinematográfica. Aunque esté rodado con oficio, su reparto haga un trabajo del todo meritorio (destacando unos magníficos Nicolas Cage y Michael Peña que deben levantar el largometraje actuando en la oscuridad y bajo escombros durante la mayor parte del metraje) y sirva como homenaje a aquellos neoyorkinos que ayudaron a sus conciudadanos apelando a la valentía y el sentimiento de comunidad esta producción de 2006 es una "americanada", en el peor sentido del término, que nadie diría ha sido rodada por Oliver Stone si los títulos de crédito no lo constataran de manera fehaciente. Como es lógico el espectador estadounidense se emocionará sobremanera con su tremendismo a un paso de la vergüenza ajena tan propio de la sensibilidad del país de las barras estrellas, pero desde el punto de vista del europeo podemos afirmar que nos encontramos con la peor película de un animal cinematográfico y político que no tiene nada que ver con este tipo de celuloide paupérrimo, condescendiente y dificilmente digerible para la persona mínimamente exigente.



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