martes, 30 de agosto de 2016

La Mosca (1986), el experimento del Dr Brundle



Título Original The Fly (1986)
Director David Cronenberg
Guión Charles Edward Pogue y David Cronenberg, basado en la historia corta de George Langelaan
Actores Jeff Goldblum, Geena Davis, John Getz, Joy Boushel, Leslie Carlson, George Chuvalo, Michael Copeman, David Cronenberg, Carol Lazare, Shawn Hewitt







En el año 1983 el cineasta canadiense David Cronenberg rodó dos largometrajes diametralmente opuestos. El primero fue Videodrome, un suicidio artístico y conceptual protagonizado por James Woods y la cantante Debbie Harry con el que radicalizaba su discurso y en el que ponía sobre la palestra por primer vez de manera explícita y nominal su concepto de la "Nueva Carne" o lo que es lo mismo, un paso más en la escala evolutiva en el que el ser humano se fusionaba con la tecnología dando forma a una nueva entidad corpórea. El segundo La Zona Muerta, una adaptación de la excelente novela homónima de Stephen King producida por el prolífico Dino de Laurentiis y con un reparto formado por Christopher Walken, Martin Sheen, Brooke Adams, Tom Skerrit y Herbert Lom entre otros. Sería esta cinta que extrapolaba a imágenes las aventuras de John Smith, el hombre que podía predecir el porvenir de sus allegados con sólo tocarlos, el puente que llevaría al director de Rabia o Scanners a Hollywood.




El cineasta Mel Brooks en su labor de productor fue quien hizo llegar a David Cronenberg el guión de La Mosca, un proyecto que revisaría para el celuloide la cinta de culto homónima dirigida en 1958 por Kurt Neumman inspirada en un relato corto de George Langelaan incluido en una antología literaria adscrita a la ciencia ficción titulada Relatos del Antimundo. El libreto escrito por Charles Edward Pogue (Dragonheart, Psicosis III) sorprendió gratamente al director de Ontario cuando al leerlo descubrió que en él podía encontrar no pocas de sus inquietudes cinematográficas como la mutación física y psicológica del ser humano, la enfermedad como elemento nuclear del relato, el uso de las altas tecnologías como elemento deshumanizador y la presencia de misteriosas corporaciones que conspiran en la sombra. Después de reescribir el guión él mismo y con la ayuda de la 20th Century Fox que amparó el producto el debut del director de Crash en Hollywood vio la luz con Jeff Goldblum y Geena Davis como protagonistas y el éxito no se hizo esperar.




Durante una convención el científico Seth Brundle (Jeff Goldblum) conoce a la periodista Verónica Quaife (Geena Davis) y la invita a su casa para mostrarle un experimento que según él cambiará la historia de la humanidad tal y como la conocemos. Una vez allí Brundle muestra a su invitada dos cabinas con las que puede teletransportar materia artificial pero no orgánica. Con el paso del tiempo la pareja irá estrechando lazos y ambos aunarán fuerzas para conseguir por fin transportar de uno a otro de los Telepod (que así se llaman dichos artilugios) tejido con vida. Una vez conseguido el reto el mismo Brundle, durante una noche de despecho y borrachera, probará consigo mismo la máquina de su creación sin saber que en el mismo momento en el que va a realizar el proceso de teletransportación una mosca entra junto a él en el Telepod dando pie a que ambos ADN se fusionen y den forma a una criatura deforme que poco a poco irá devorando la humanidad del científico convirtiéndolo en un insecto viviente.




La Mosca ofreció no pocas satisfacciones a David Cronenberg. Por un lado fue la consolidación de su madurez como autor (la misma que llegaría a su máximo exponente dos años después con Inseparables, la que a día de hoy sigue siendo su mejor obra) por otro suponía su entrada con alfombra roja en la meca del cine ayudado por un guión ajeno que se adscribía tanto a su discurso cinematográfico como para permitirle no dejar de ser él mismo sin tener que convertirse en uno más de esos cineastas independientes de sobrado talento que deben vender su alma para trabajar en Hollywood y por último se trató de un proyecto que le permitió equilibrar de manera totalmente armónica la vertiente más física y gore de su cine pretérito con esa nueva vertiente de calado psicológico que tuvo su germen en la magnífica, y en cierta manera autobiográfica, Cromosoma 3 (The Brood), permitíendole ahondar a partir de entonces más en la mente de las criaturas que poblaban sus peculiares producciones como director.




Pero The Fly no sólo fue un producto destacado por el paso evolutivo que supuso para su creador o por haber encontrado en un proyecto que él no había ideado muchas de sus constantes narrativas sino también porque con él pudo acercarse más que nunca a un apunte autobiográfico de su propia vida como la muerte de su padre por culpa de una larga enfermedad degenerativa en el año 1973, hecho que influyo en su personalidad cinematográfica y que sobrevuela toda su obra, pero que en esta cinta de 1986 se revela de manera más explícita. Posiblemente esta situación sea la que incitara a Cronenberg y su co guionista a perfilar con más profundidad a sus dos personajes principales convirtiendo el largometraje casi en una obra teatral (aparte de la presencia de los protagonistas sólo el rol de John Getz tiene algo más de peso, reduciendo el film a un reparto mínimo) que aunque presume de unos efectos especiales y de maquillaje brillantes por suerte se centra principalmente en el desarrollo de los caracteres.




Seth Brundle no es una muestra del mad doctor prototípico del celuloide de terror y ciencia ficción, es un hombre carismático, elegante, con un más que considerable atractivo físico y no del todo asocial. Esto gracias no sólo al guión de Charles Edward Pogue y David Cronenberg, sino también a la excelente labor de un Jeff Goldblum sencillamente pletórico. Estas son las características de su personalidad que atraen a Verónica (una magnífica Geena Davis en su por aquel entonces primer papel totalmente dramático) que se revela como el, posiblemente, primer papel femenino de la filmografía de Cronenberg que aporta un considerable peso a la trama y no se reduce a ser un vehículo narrativo para potenciar al rol masculino (aunque algo de ello hay) o el personaje negativo que reactive el debate sobre la supuesta misoginia del director de Una Historia de Violencia o Promesas del Este. De este modo la interacción entre la pareja es total y va asentando las bases de la historia de amor y tragedia que compartirá a lo largo del metraje.




Pero aunque en La Mosca se incida en la relación emocional de sus protagonistas la historia que verdaderamente interesa a David Cronenberg es la del científico que quiere cambiar el curso de la historia. y qu se deja devorar por la ambición El director de El Almuerzo Desnudo utiliza los últimos días de vida de Seth Brundle como una extensión conceptual de los cambios físicos y psicológicos que sufría el Max Renn de Videodrome y el John Smith de La Zona Muerta respectivamente creando un paralelismo bastante claro con los estragos que el cáncer produce en un cuerpo vivo, Todo el contexto de la creación de un teletransportador de materia es la excusa argumental para que el canadiense pueda incidir en su idea de la "Nueva Carne" y la descomposición (en todas sus vertientes) moral y corpórea de nuestra sociedad en general y del ser humano como individuo en particular. Es su visión como entomólogo del hombre de finales del siglo XX y principios del XXI a la máxima potencia aunque esta vez su rol demiúrgico no es tan distante y hay algo más de implicación en la tragedia que sobrevuela el trayecto vital de sus personajes.




En un planó técnico el trabajo de David Cronenberg es sencillamente brillante, como suele ser habitual en su impronta. Una puesta en escena medida y ejecutada con prodigiosa simetría, ninguna floritura innecesaria con la cámara más allá de los trucajes visuales para dar forma a los "nuevos hábitos como insecto" de Brundle y un uso magistral de los brillantes efectos de maquillaje de un Chris Walas pletórico con el látex y la animatrónica (merecido Óscar en este apartado aquel año 1986) no sólo con la transformación física que experimente el protagonista sino también con algunas creaciones aterradoras como la masa informe y retorcida en la que se convierte el simio que el científico utiliza para sus experimentos (ecos inevitables al remake de La Cosa que realizó John Carpenter sólo cuatro años antes) la gigantesca larva de la escena del alumbramiento o los efectos en objetos y personas (el brazo del camionero que echa el pulso con el personaje de Jeff Goldblum) que produce la fuerza sobrehumana que contrae dicho personaje durante los primeros compases de su transformación. Todo ello enfatizado con inolvidable score de un Howard Shore a esas alturas mimetizado al 100% con el estilo cinematográfico de David Cronenberg.




Aunque La Mosca supuso un enorme éxito de crítica y público y ganó no pocos galardones internacionales en distintos festivales David Cronenberg no se dejó encandilar por los cantos de sirena de Hollywood y para su siguiente proyecto (la ya mencionada Inseparables) volvió a su Canadá natal para seguir dando forma, con un control artístico total, a la que sigue siendo una de las carreras cinematográficas más personales y originales del cine contemporáneo. Mientras el cineasta de Ontario volvía a su independecia autoral Brooks films y 20th Century Fox volvieron a aunar fuerzas tres años después para rodar La Mosca 2, una secuela del film que nos ocupa dirigido por el mismo Chris Walas, creador de los efectos de maquillaje del remake que nos ocupa, con Eric Stoltz, Daphne Zuniga, Lee Richardson y John Getz entre otros como protagonistas y cuyos resultados analizaremos dentro de poco en una nueva entrada del blog para reivindicarla como una más que aceptable secuela que, aún estando lejos de su predecesora, contiene algunos apuntes interesantes que la hacen merecedora de cierto crédito.



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