miércoles, 31 de agosto de 2016

La Mosca II, el testamento del Dr Brundle



Título Original The Fly II (1989)
Director Chris Walas
Guión Frank Darabont, Mick Garris, Jim Wheat, Ken Wheat, basado en personajes de George Langelaan y David Cronenberg
Actores Eric Stoltz, Daphne Zuniga, Lee Richardson, John Getz, Frank Turner, Anne Marie Lee, Gary Chalk, Saffron Henderson, Harley Cross





Mientras un ya desvinculado del proyecto David Cronenberg disfrutaba de las miles del éxito con el estreno de Inseparables (Dead Ringers) su reinterpretación del caso real de los hermanos gemelos Cyril y Stewart Marcus protagonizado por un desdoblado Jeremy Irons consiguiendo el que a día de hoy sigue siendo el cénit de su carrera como cineasta la productora Brooks Films (propiedad del productor Mel Brooks) y 20th Century Fox volvieron a asociarse para dar forma a una secuela de La Mosca, que permitiera a sus inversores conseguir otro éxito como el que se habían permitido con el film protagonizado por Jeff Goldblum y Geena Davis, aunque esta vez tomando como protagonista al hijo que los personajes de estos dos actores tuvieron en el largometraje de 1986, como recordamos, un remake de la versión de 1958 dirigida por Kurt Neumann y que también conoció dos continuaciones. El Regreso de la Mosca y La Maldición de la Mosca dirigidas por Edward Benrds y Don Sharp respectivamente.




Aunque el punto de vista es muy parecido esta La Mosca II no es un remake ortodoxo de El Regreso de la Mosca, la secuela del film de 1958 dirigido por Edward Bernds y protagonizado por Vincent Price (que a su vez ejercía un rol secundario en el film de Kurt Neumann) entre otros. Esta producción de 1989 también toma como protagonista al hijo de Seth Brundle, Martin (Eric Stoltz) pero el mismo como personaje es abordado de una manera muy diferente. El vástago del científico que creó las maquinas de teletransportación y la periodista Verónica Quaife es un inusual caso genético que al haber heredado el ADN mutado de su padre crece a una velocidad desproporcionada y posee una inteligencia superdotada. Desde su mismo nacimiento Martin se encuentra confinado en las instalaciones de la compañía Bartok Industries, propiedad de Anton Bartok (Lee Richardson) para que sus captores puedan vigilar el proceso de transformación que, al igual que sucedió con su progenitor, le convertirá en una mosca humana.




Para abordar esta segunda entrega se colocó en la silla del director Chis Walas, el autor de los efectos de maquillaje del largometraje de David Cronenberg con el que ganó un Oscar en dicha categoría, del guión se ocuparon unos por aquel entonces todavía desconocidos Frank Darabont (Cadena Perpetua, La Milla Verde), Mick Garris (Masters of Horror, Apocalipsis) y los hermanos Jim y Kean Wheat que por aquel entonces sólo eran conocidos por haber participado (de manera no acreditada) en el guión de Pesadilla en Elm Street 4: El Amo del Sueño y haber escrito el de la tv movie Ewoks: La Batalla de Endor y Howard Shore cedió la batuta al no menos talentoso compositor Christopher Young (Hellraiser II, Sinister). Todas estas decisiones dan muestra de que los productores se tomaron totalmente en serio la realización de esta secuela y aunque como es lógico quedó a años luz de su predecesora todavía hoy guarda el tipo como una muy competente cinta de terror y ciencia ficción.




Si La Mosca tomaba como núcleo central un argumento clásico de Serie B para trascender el mismo gracias a un brillante tratamiento de personajes y un guión que incidía en ideas existencialistas y metafísicas La Mosca II abraza totalmente esa naturaleza de explotación para convertirse en una pieza de género tan efectiva como ausente de pretensiones. Mientras David Cronenberg y Charles Edward Pogue ejercían de entomólogos Chris Walas, Mick Garris, Frank Darobont y los hermanos Wheat toman el rol de pirotécnicos que utilizarán todos los clichés del tipo de celuloide al que se adscriben en su propio beneficio pero decorándolos adecuadamente con los últimos avances de la época en efectos especiales para ejecutar una pieza que ofrezca al espectador las sensaciones fuertes que busca en un producto cinematográfico de esta naturaleza, tan intrascendente como bien realizado en sus planos técnico y artístico.




Por suerte el guión a ocho manos no sólo se entrega irremisiblemente al espectáculo de artificio también hay cierto interés por crear unos personajes creíbles y que consigan empatizar mínimamente con el espectador. Eric Stoltz hace un muy buen trabajo como Martin Brundle, su mezcla entre inteligencia e inocencia es cercana y toda la subtrama con el perro (que contiene una meritoria aunque simplista crítica al uso de animales en experimentos científicos) permiten que la platea se implique con su trágica historia, algo que se acentuará todavía más cuando encuentre el amor en Beth Logan (una encantadora Daphne Zuniga) con la que compartirá una convencional pero aceptable historia de amor. Aunque si hay un personaje destacable en La Mosca II ese es el sutil pero amoral villano interpretado por el veterano Lee Richardson, ese Anton Bartok que ejerce como tóxica figura paterna en Martin y que se revela, junto a su peligrosa corporación acechando entre las sombras, como el rol más puramente cronenbergiano del largometraje.




Pese a todo Chris Walas y sus colaboradores saben que no van a poder llegar a las cotas de genialidad de la versión de David Cronenberg, de modo que tratan de hacerse fuertes en los resortes relacionados con el terror, el suspense y la ciencia ficción, El también director de Psicosis Mortal (The Vagrant) ejerce como competente artesano, sabe encuadrar con oficio (precioso el plano general de Martin y Beth bailando mientras la luz que entra en el laboratorio ilumina los Telepods) mantener el ritmo de la narración, ejecutar potentes escenas de acción (ese plano secuencia que sigue los pasos del guardia de seguridad hasta que es eliminado de manera sanguinolenta por el protagonista) y aprovechar al máximo los soberbios efectos de maquillaje que su equipo crea para el proyecto y que se revelan como los más deliciosamente abominables y desagradables realizados por una cinta hollywoodiense desde los que Roy Arbogast, Rob Bottin y Stan Winston diseñaron para el remake de La Cosa dirigido por John Carpenter en 1982.




Aunque en su arranque le cuesta dar sus primeros pasos (todo el inicio con Martin siendo un niño es rutinario y carente de verdadero interés) La Mosca II es una digna secuela del remake dirigido por David Cronenberg. Evidentemente está a años luz del largometraje ideado por el director de Un Método Peligroso o Cosmopolis, pero gracias a su sencillez genérica, carencia de pretensiones y la profesionalidad con la que todos los implicados en su creación abordaron su labor se puede disfrutar considerablemente como un producto entretenido, con algunos momentos muy bien ejecutados, un reparto bastante competente y alguna interesante reflexión, no muy trascendente, planteada en el tan previsible como efectivo guión que sustenta el proyecto. Una demostración más de que hasta fuera del cine infantil los años ochenta ofrecieron no pocos proyectos de cariz indudablemente comercial que a día de hoy, casi treinta años después de su estreno, siguen mostrando ideas y resoluciones formales más interesantes que el 90% de los productos actuales nacidos en el seno de la meca del cine.



No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada