jueves, 13 de febrero de 2014

La Costa de los Mosquitos, paradise lost



Título Original The Mosquito Coast (1986)
Director Peter Weir
Guión Paul Schrader basado en la novela de Paul Theroux
Actores Harrison Ford, River Phoenix, Helen Mirren, Andre Gregory, Martha Plimpton, Jadrien Steele, Hilary Gordon, Rebecca Gordon, Jason Alexander, Dick O'Neill, Alice Sneed






Un año después de que debutara en Hollywood con la aceptable pero no muy destacable Único Testigo (Witness), cinta que consiguió varias nominaciones a los Oscars llevándose a casa los de mejor montaje y mejor guión original, el cineasta australiano Peter Weir volvió a embarcarse en una producción estadounidense pero esta vez mucho menos comercial o autocomplaciente y puede que por ello poco exitosa. La Costa de los Mosquitos es una adaptación de la novela homónima del escritor Paul Theroux, una estimable obra que mereció más crédito del que recibió por narrar desde las entrañas una historia tan incómoda como lúcida y que incita a un interesante debate por su planteamiento y desarrollo.




Allie Fox es un incoformista ciudadano norteamericano que reniega de los Estados Unidos y su modo de vida. De profesión inventor, casado y con cuatro hijos Fox es un hombre que vive hastiado del consumismo y la autocomplacencia de la sociedad en la que le ha tocado vivir. Por ello un día toma la decisión de viajar con su familia hasta la famosa Costa de los Mosquitos en Honduras para comenzar una nueva vida allí. Rodeado de indígenas en la jungla Fox comenzará a poner en marcha proyectos con los que llevar el progreso a la zona. Pero su ambición, su obsesión y la incursión de unos mercenarios que truncarán sus planes le convertirán en un hombre inestable y peligroso para sí mismo, su familia y todos los habitantes de la costa.




The Mosquito Coast es la odisea física e introspectiva de un solo individuo contra el mundo. Allie Fox es un hombre de ciencia que no ve con buenos ojos el camino que está tomando su país convencido de que una guerra nuclear acabará con el mismo en un futuro próximo. Aunque es una persona de una más que considerable inteligencia finalmente se verá arrastrado por su propia obsesión de crear una utopia terrenal, un paraíso para él y los suyos que se verá destruido por culpa de que el esqueleto que debe sostenerlo nace de su egoísmo y megalomanía desmesurada arrastrando a su familia a un infierno existencial localizado en una guerra perdida de antemano.




Curiosamente el mayor acierto de La Costa de los Mosquitos es el que posiblemente impidió su triunfo entre el gran público. El protagonista de la octava película del cineasta de El Club de los Poetas Muertos es un personaje con el que es casi imposible identificarse o empatizar con él. Un hombre contradictorio que comienza una nueva vida en una jungla hondureña para alejarse de la civilización con su familia y que verá como su proyecto fracasa cuando cambie el altruismo por la ambición y acabe siendo un reflejo deformado del agresivo imperialismo estadounidense del que venía huyendo. Un padre y marido que será odiado por sus parientes (su hijo mayor, interpretado de manera destacable por el malogrado River Phoenix narra la historia con su voz en off) que llegarán a desear su muerte porque finalmente se convierte en una figura indeseable, pretenciosa y cruel que antepone su autorealización personal al bienestar de los suyos.




Pero esto no impide que el Allie Fox al que da vida un magnífico Harrison Ford no sea una criatura fascinante y poliédrica que sustenta en sus hombros la mayor parte del largometraje. No es nada descabellado que detrás del guión que adapta a imágenes la novela de Paul Theroux se encuentre Paul Schrader, colaborador de Martin Scorsese en la escritura de algunas de sus obras más recordadas como Taxi Driver, Toro Salvaje o La Última Tentación de Cristo e irregular cineasta que entre algunas obras alimenticias o poco interesantes también ha dado forma a joyas como Aflicción, Posibilidad de Escape (Light Sleeper) o El Placer de los Extraños. Schrader es un experto diseccionador de la mentalidad perturbada en continua lucha introspectiva por culpa de su inestabilidad psicológica o contradicciones existenciales, por ello el retrato que hace del personaje principal en La Costa de los Mosquitos es tan enriquecedor e interesante.





Peter Weir como siempre hace un trabajo mastodóntico en la realización. Su tono clasicista y grandilocuente torna aquí en momentos de magnificencia visual y narrativa aunque en esta ocasión siempre rodeado de una pátina de crepuscularidad que se deja notar hasta en los pasajes más alegres del relato. El director de El Show de Truman sabe aprovechar con pericia y mucho oficio los parajes salvajes en los que rueda el grueso del largometraje incluyendo pasajes que rememoran obras cinematográficas pretéritas como Apocalipsis Now y hasta literarias como El Señor de las Moscas de William Golding. Secuencias como la de la destrucción de la enorme máquina para fabricar hielo se quedan grabadas en la retina por su poderosa impronta visual y su carga emocional que recae en ese mismo momento en el rostro de desesperación de Harrison Ford al ver como se derrumban todos sus sueños por su pretenciosidad.




La Costa de los Mosquitos es una recuperable obra con los suficientes aciertos y alicientes como para no ser olvidada. Desde su dirección y escritura, pasando por la soberbia fotografía de John Sheale o la evocadora banda sonora de Maurice Jarre hasta la labor de todos sus actores entre los que destaca el ya mencionado Harrison Ford y una, como siempre, sobresaliente Helen Mirren dándole la réplica como su mujer. Ofreciendo una mirada sin contemplaciones hacia los fanatismos de toda índole (los enfrentamientos de Fox con el Reverendo Spellgood en los que ninguno de los dos da el brazo a torcer son memorables) y una lectura bastante desencantada sobre las relaciones paternofiliales forjadas por medio de la toxicidad el australiano Peter Weir volvió a acertar en la diana con una obra que sin ser uno de sus productos más destacados sí merece el reconocimiento que en su momento no recibió de manera totalmente injusta.


2 comentarios:

  1. Una película que me encantó a la vez que detesté, por los excesivos paralelismos personales que me encontré.

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  2. Pues esa es una de las mejores cosas que te pueden pasar con una película, verte identificado en ella, para bien o para mal. La implicación con la historia y los personajes siempre será mayor.

    Nos vemos!

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