miércoles, 30 de noviembre de 2016

Especial El Proyecto de la Bruja de Blair, bosques, mentiras y cintas de vídeo



Aunque pueda parecerlo el formarto “falso documental”, rebautizado en los últimos tiempos como “found footage”, no nació ayer. No tenemos que irnos muy lejos en el tiempo para encontrar muestras de este subgénero que en su momento cobraron considerable importancia. Productos tan dispares como la paupérrima y antropófaga Holocausto Caníbal (1980), la magistral comedia rockera This is Spinal Tap (1984) o la negrísima y brutal Ocurrió Cerca de Su Casa (1992) son prueba de que dicho tipo de films llevan décadas copando nuestras carteleras y haciéndolo desde países tan dispares como Italia, Estados Unidos o Bélgica. Cuando en el año 1999 El Proyecto de la Bruja de Blair se convirtió en un fenómeno cinematográfico el falso documental estaba adormercido, nunca desapareció, pero durante la segunda mitad de los 90 había sido relegado a subproductos de Serie B, en el mejor de los casos. Pero los directores norteamericanos Eduardo Sánchez y Daniel Myrick llegaron no sólo para volver a poner de moda las cámaras al hombro y los falsos vídeos caseros como medios narrativos, sino que también nos mostraron por primera vez que internet acabaría convirtiéndose en el medio de comunicación más importante de principios del Siglo XXI. En la siguiente entrada vamos a hablar de los tres largometrajes centrados en la ya célebre bruja del bosque de Black Hills situado en la localidad de Burkittsville, abordaremos brevemente la biografía de sus creadores y trataremos de calibrar el alcance de este fenómeno fílmico que ha vuelto a nuestras pantallas con una tercera entrega que regresa a los orígenes de una saga que quedó completamente devaluada tras su secuela del año 2000. De modo que coged las mochilas, la brújula, víveres para varios días y no olvidéis traer vuestro mejor equipo de supervivencia, vamos a adentrarnos en el terreno de la inefable Elly Kedward.




De Blair a Burkittsville, el origen de Elly Keward

Aunque no todo el mundo lo sabe Eduardo Sánchez y Daniel Myrick, los creadores de El Proyecto de la Bruja de Blair, idearon todo un pequeño microcosmos alrededor de su película para convertirla en un relato que pudiera pasar por real, algo de esto sucedió meses antes de su estreno en el año 1999. Localizando su historia en Burkittsville, un pueblo ubicado en el condado de Frederick en el estado de Maryland con poco más de 151 habitantes, y situando la acción en la ficticia villa de Blair, los guionistas y directores crearon la figura de Elly Keward, una anciana curandera que durante el año 1785 intentó llevar a su casa a una serie de niños de la zona para sacarles sangre y por ello fue acusada de brujería, desterrada de Blair y dada por muerta tras ser abandonada en el bosque de Black Hills durante un crudo invierno. Sólo un año después los hechos extraños relacionados con Keward comenzaron a sucederse en Blair cuando todos los niños que la acusaron de hechicería desaparecieron misteriosamente y los habitantes de la villa abandonaron la misma por miedo a la ya célebre bruja.




Ya en el año 1809 comenzó a forjarse la leyenda gracias a la publicación del libro El Culto de la Bruja de Blair, que relataba la maldición que cayó sobre Blair tras la muerte de Elly Keward. En 1824 se fundó el pueblo de Burkittsville sobre el antiguo asentamiento en el que se encontraba Blair, pero los hechos inexplicables relacionados con la bruja no dejaron de sucederse, ya que sólo un año después Eileen Treacle, una niña de diez años que, según comentaban once testigos que vieron lo acontecido, fue secuestrada por una anciana pálida que salía un arroyo de la localidad y la agarraba de la mano arrastrándola por la corriente. Ya en 1886 un niño de ocho años llamado Robin Weaver fue dado por desaparecido y mientras él lograba volver a Burkittsville sano y salvo el equipo de salvamanto que se dirigió en su busqueda fue encontrado días después con todos sus miembros muertos, maniatados y destripados en La Roca del Ataúd, cerca del aroyo donde fue raptada Eileen Treacle. Ya en el siglo XX y tras años de silencio con respecto a la bruja entre 1940 y 1941 siete niños del pueblo desaparecieron misteriosamente para ser encontrados poco después en la casa de Rustin Parr, un ermitaño que tras admitir haber cometido los asesinatos de los pequeños, por mandato de una voz de mujer que le incitó a cometer dichos crímenes, fue condenado a morir en la horca.




Todo este contexto histórico, magníficamente expuesto en el falso documental La Maldición de la Bruja de Blair, dirigido por los mismos Sanchéz y Myrick, se estrenó antes de que El Proyecto de la Bruja de Blair viera la luz como producto cinematográfico. Por tanto toda esta falsa historia adherida al folklore de dicha localidad situada en el estado de Maryland es la que incitaba a los estudiantes de cine Heather Donahue, Joshua Leonard, y Michael C. Williams a realizar en 1994 el documental sobre Elly Keward y su leyenda que los llevaba a desaparecer misteriosamente en los bosques de la localidad para ser sus cintas encontradas un año después justo en la casa de Rustin Parr, localización en la que asesinó a los “Siete de Bukkertsville”. Todo un entramado que como previamente hemos apuntado no pocos espectadores tomaron como cierto y cuyo morbo por el mismo los animó a ir en masa a las salas cinematográficas. Por desgracia el rico microcosmos creado por los directores y guionistas se vio truncado con el estreno de la paupérrima El Libro de las Sombras: BW2, dando al traste con lo que pudo convertirse una exitosa franquicia cinematográfica. Por suerte o por desgracia la sombra de Elly Keward ha vuelto con esa Blair Witch estrenada hace poco en nuestras carteleras y que ha sido impulsada por los creadores del personaje y su leyenda negra, dos jóvenes cineastas que pasaron del anonimato al éxito mundial, para al poco tiempo ser devorados impunemente por la maquinaria hollywoodiense.


Eduardo Sánchez y Daniel Myrick, los autores de la invocación

Eduardo Sánchez (La Habana, 1968) y Daniel Myrick (Florida, 1963) eran unos cineastas novatos cuando decidieron sacar adelante El Proyecto de la Bruja de Blair, ya que un puñado de cortos por parte del primero y una simple colaboración televisiva por parte del segundo suponían la única experiencia en el mundo del cine y la ficción de ambos. En 1997 comenzaron la gestación de un falso documental de ínfimo presupuesto con el que narrarían la excursión y posterior desaparición de tres estudiantes de cine en el bosque de Black Hills localizado en Burkittsville (Maryland) para intentar desentrañar los secretos detrás de la famosa Bruja de Blair, una supuesta leyenda local sobre la que recaé una oscura maldición. El film, protagonizado por actores no profesionales, rodado casi enteramente por los mismos en sólo ocho días y con una escasez de medios notable se convirtió en un éxito sin precedentes en la historia del séptimo arte, no sólo por recaudar casi 250 millones de dólares a nivel mundial con un presupuesto de poco más de 22.000, sino también por marcar tendencia en lo que a realizar una potente y original publicidad en un internet que por aquel entonces daba sus primeros pasos, depositando en una web relacionada con la película (activa todavía hoy día) ingente cantidad de información sobre la historia de la Bruja de Blair, los muchachos que desparecieron buscándola y abordando toda la temática relacionada con la obra como si se basara en un hecho real.




De la noche a la mañana Eduardo Sánchez y Daniel Myrick pasaron de ser unos desconocidos estudiantes de cine a convertirse en las nuevas promesas del cine de terror americano, unos emprendedores que hicieron historia en el mundo del séptimo arte e internet transformando un producto totalmente amateur como su debut al alimón detrás de las cámaras en un éxito con pocos precedentes en el mundo del cine contemporáneo. El problema es que El Proyecto de la Bruja de Blair supuso el prematuro principio del fin de la carrera de sus directores dentro de la primera línea de Hollywood. Sólo un año después llegó El Libro de las Sombras: Blair Witch 2, una secuela en la que Sánchez y Miryck sólo colaboraban como productores que abandonaba (casi) totalmente el formato found footage para convertirse en un slasher prototípico de los años 90 a rebufo de productos como Scream o Sé lo Que Hicisteis el Último Verano con la leyenda de la famosa bruja como único vínculo con la cinta primigenia. Su fracaso de crítica y poca repercusión en taquilla fueron suficiente motivo para que la saga desapareciera del mapa durante unos larguísimos dieciseis años. En ese periodo de tiempo Sánchez y Myrick han seguido trabajando en cine y televisión, pero casi siempre por separado y sin que su labor tuviera mucha repercusión. Ha sido en el presente 2016 cuando han vuelto a colaborar como dupla para producir una nueva entrega de El Proyecto de la Bruja de Blair que se encarga de dirigir otra nueva promesa del cine de terror como es Adam Wingard y de la que hablaremos en esta entrada una vez hayamos rememorado las dos primeras entregas de la franquicia.




El Proyecto de la Bruja de Blair (1999), in the shadow of the valley of death



Dirección Eduardo Sánchez y Daniel Myrick
Guión Eduardo Sánchez y Daniel Myrick
Música Antonio Cora
Fotografía Neal Fredericks
Reparto Heather Donahue, Michael C. Williams, Joshua Leonard, Patricia DeCou, Sandra Sánchez
Duración 81
Productora Artisan Entertainment / Haxan Films
Nacionalidad Estados Unidos

Fue el sleeper del año aquel 1999, El Proyecto de la Bruja de Blair estaba en boca de todos y llegó para dividir radicalmente al público entre los que la consideraban la película más aterradora de la historia del cine y los que afirmaban que nos encontrábamos ante un timo de los que hacen época con el que sus creadores se reían en plena cara del espectador. Vendida en sus inicios como una serie de grabaciones reales gracias a una campaña viral en internet que marcó época la historia de los tres estudiantes de cine Heather Donahue, Michael C. Williams, Joshua Leonard (el trío de actores conservaba en el film sus verdaderos nombres para ceñirse más a su “falsa realidad) y su viaje al bosque de Black Hills en el condado de Burkittsville (Maryland) para realizar un documental sobre la inefable Bruja de Blair se convirtió en una de las películas más icónicas del celuloide adscrito al género del terror de lo que fueron las postrimerías del siglo XX. Vista hoy día casi veinte años después de su estreno el largometraje de Eduardo Sánchez y Daniel Myrick mantiene intactos tanto sus aciertos como sus fallos, siendo los primeros bastantes más que los segundos, gracias a cómo suplieron estos la sencillez de su propuesta y la escasez presupuestaria por medio de una sabia puesta en escena reducida al mínimo exponente pero que funcionaba al 100% gracias al ingenio y la osadía de todos los que implicados en aquella atípica propuesta cinematográfica que resucitaría un subgénero que tras su regreso hoy día sigue siendo rentable por medio de distinto tipo de sagas.




El Proyecto de la Bruja de Blair cumple con casi todas las características que debe tener una pieza de falso documental como el metraje exiguo (81 minutos) para no quemar la propuesta rápidamente de cara a la platea, buscar una excusa narrativa más o menos viable para que los personajes nunca dejen de grabar a pesar de encontrarse en situación extremas (la obsesión de Heather con sacar adelante el proyecto del documental a toda costa aún a riesgo de costarle la vida a ella y a sus dos colaboradores) y una continuidad cronológica de las grabaciones que de la impresión de inmediatez y tiempo real aunque pasen varios días a lo largo del desarrollo del largometraje. Con los tres actores ejerciendo de cámaras y sonidistas (recibieron clases de realización antes de manipular el equipo de grabación durante el rodaje) y haciendo un especial hincapié en la sutilidad, el sugerir y nunca mostrar, los efectos de sonido y la atmósfera que proporcionaban las localizaciones elegidas para el rodaje Sánchez y Myrick consiguieron una pieza rotundamente efectiva, que conseguía mantener en tensión a la platea gracias a sus resoluciones narrativas bien elegidas y ejecutadas asustando de manera elocuente y veraz a un muy bajo coste monetario por medio del talento depositado por ambos en la producción.




Como previamente hemos mencionado El Proyecto de la Bruja de Blair se convirtió en un éxito sin precedentes recaudando 250 millones de lo dólares a nivel mundial cuando su presupuesto superó a duras penas los 22.000 y aunque sigue lastrando algunos fallos (el personaje de Heather Donahue torna en insoportable durante la recta final de la cinta, empañando en parte el buen hacer del trío actoral) que ya en su momento hicieron restar puntos al conjunto de la obra sigue siendo una película muy a tener en cuenta. Por suerte el film de Eduardo Sánchez y Daniel Myrick ha superado la prueba del tiempo revelándose como la punta de lanza de un nuevo resurgir del género falso documental al que se subieron sagas como las de Paranormal Activity, o [•REC] y films como La Visita, de M. Night Shyamalan, Chronicle, de Josh Trank, Cloverfield, de Matt Reeves o Home Movie, de Christopher Denham, adscritas todas ellas a géneros como la comedia negra, el cine superheróico, el de catástrofes o posesiones demoniacas respectivamente. Por desgracia y como vamos a comentar a continuación los creadores de la potencial franquicia perdieron pronto el control de la misma por dejarla en manos del primer grupo de mercenarios que los productores les impusieron para seguir explotando la gallina de los huevos de oro.


El Libro de las Sombras: Blair Witch 2 (2000), disposable teens



Dirección  Joe Berlinger
Guión Dick Beebe y Joe Berlinger, basado en personajes de Eduardo Sánchez y Daniel Myrick
Música Carter Burwell
Fotografía Nancy Schreiber
Reparto Kim Director, Jeffrey Donovan, Erica Leerhsen, Tristine Skyler
Duración 90 min
Productora Artisan Entertainment/ Haxan Films
Nacionalidad Estados Unidos

Poco más de un año tardó en llegar la secuela de El Proyecto de la Bruja de Blair a las pantallas de todo el mundo. Con el éxito de la cinta original todavía muy reciente la pequeña productora que la impulsó, Haxan Films, vio por primera vez el cielo abierto de par en par y no quiso dejar pasar la oportunidad de seguir dando forma a lo que esparaban fuera una nueva franquicia cinematográfica dentro del género de terror que reventara las taquillas atrayendo al mayor número de espectadores posibles, los mismos que se sorprendieron ante el ingenio y la efectividad del largometraje de Eduardo Sánchez y Daniel Myrick. El problema surgió cuando la productora Artisan Entertainment, que distribuyó el film primigenio, metió presión para rodar lo antes posible una segunda parte y para colmo sacó de la ecuación a los dos guionistas y directores de la película de 1999, quedando esta vez relegados a la producción ejecutiva de esta nueva incursión en los terrenos de la localidad de Burkittsville en general y el bosque de Black Hills en particular. Para sacar adelante el proyecto se contrataron los servicios del documentalista Joe Berlinger para que lo dirigiera y del guionista de films de bajo presupuesto Dick Beebe para que lo escribiera. El resultado fue El Libro de las Sombras: Blair Witch 2, un desastre mayúsculo nada inesperado por culpa de las prisas y lo mal planteada y ejecutada que había estado toda la génesis del producto.




El Libro de las Sombras: BW2 tuvo una sola buena idea, tratar de no ser una copia de su predecesora, y ni esa llegó a desarrollarse adecuadamente por culpa de la ineptitud de sus creadores. El largometraje de Joe Berlinger abandona el formato found footage y abraza una narrativa cinematográfica asentada en la ficción pero adentrándose en un juego metaficcional desde el mismo planteamiento de la trama, que está centrada en un varipointo grupo de fans de la película El Proyecto de la Bruja de Blair que deciden viajar al bosque de Black Hills para visitar las localizaciones donde se rodó dicho film. Esta secuela de la producción de 1999 ideada por Eduardo Sánchez y Daniel Myrick es un pésimo y genérico slasher que utiliza la mitología asentada sobre el personaje de la Bruja de Blair para dar forma a una muestra pobrísima de cine de terror que no asusta por su ineficaz puesta en escena, guión caótico y horriblemente estructurado (el uso de los flashbacks es nefasto) así como por un reparto de actores imberbes que por mucho que se entreguen a la exageración y la hipérbole en ningún momento consiguen ser creíbles o despertar un mínimo de empatía hacia un espectador que asiste a lo acontecido en pantalla con sensaciones que van desde la indiferencia hasta la incredulidad ante la consecución de secuencias vergonzosas y sonrojantes (las apariciones de los “7 de Burkittsville” sólo transmiten risa a la platea) que son rematadas con un clímax ineficaz, chapucero y tan insatisfactorio como el resto del metraje.




Como era de esperar la taquilla no respondió bien, la crítica masacró la cinta y las nominaciones a los Razzie (ganando el de Peor Remake o Secuela) no se hicieron esperar. Ante este desalentador panorama la franquicia quedó muerta y enterrada, Eduardo Sánchez y Daniel Myrick desaparecieron del mapa de Hollywood y comenzaron a sobrevivir de mala manera en productos de Serie B o comercializados directamente en los videoclubs y los fans de la obra primigenia se quedaron sin su potencial franquicia llena de posibilidades. A pesar de la decable mayúscula la idea de resucitar a la Bruja de Blair nunca desapareció de internet con continuos rumores sobre una nueva continuación o un reinicio del relato original escrito y dirigido por los mismos Sánchez y Myrick. Finalmente ha sido en pleno 2016 cuando una nueva entrega de la historia negra de Burkittsville y la inefable Elly Keward ha llegado a las pantallas, con sus creadores detrás de su gestación pero sin intervenir directamente en el guión y la dirección, ya que de estos se han encargado Simon Barrett y Adam Wingard respectivamente, dos nuevas promesas del cine de género en el que los hacedores de El Proyecto de Bruja de Blair han confiado para resucitar su criatura con unos resultados que pasaremos a comentar a continuación.

Blair Witch (2016), born again



Dirección Adam Wingard
Guión Simon Barrett
Música Adam Wingard
Fotografía Robby Baumgartner
Reparto James Allen McCune, Callie Hernandez, Corbin Reid, Brandon Scott, Wes Robinson, Valorie Curry
Duración 89
Productora Lionsgate / Vertigo Entertainment / Room 101 / Snoot Entertainment
Nacionalidad Estados Unidos

En la pasada Comic Con de San Diego la productora Lionsgate presentaba una de sus últimas producciones, un proyecto gestado bajo el más estricto de los secretos del que sólo habíamos visto un primer teaser trailer y que se llamaba The Woods. El film iba a ser una nueva colaboración del cineasta norteamericano Adam Wingard y el guionista Simon Barrett, autores de You’re Next y The Guest, pero al final todo se desveló y descubrimos que el proyecto se llamaba Blair Witch y no era nada más y nada menos que una nueva secuela de El Proyecto de la Bruja de Blair. Ideado en lides de producción por Eduardo Sánchez y Daniel Myrick, creadores de trabajo original de 1999, y obviando totalmente lo acontecido en la insalubre El Libro de las Sombras: BW2, esta nueva entrega volvía a las raíces de la saga recurriendo nuevamente al formato de falso documental y narrando una historia que parecía tener muchas similitudes con aquella protagonizada por Heather Donahue, Michael C. Williams y Joshua Leonard. Después de la proyección en la CCSD la red ardía con comentarios que afirmaban que Blair Witch era una de las películas del año y una de las piezas de género más aterradoras de los últimos tiempos. Su paso por el festival de Sitges por el contrario no fue tan benévolo, ya que tanto la prensa especializada como el público acusaron al film de poco original y arriesgado, incitando a que el hype sobre el proyecto de cara al fandom y el espectador ocasional descendiera notablemente.




Por desgracia con Blair Witch nosotros nos posicionamos con aquellos que han recibido negativamente la última incursión en los bosques de Black Hills. Lo hacemos porque Eduardo Sánchez y Daniel Myrick han desperdiciado una oportunidad de oro para, después de diecisiete años, reverdecer laureles y encarrilar una saga, que desde sus inicios poseía en su interior un más que considerable potencial, entregando una pieza cinematográfica brutalmente desvergonzada en cuanto a su planteamiento y conceptualidad, no por ser una producción de mala calidad, sino por haber sido gestada, ejecutada y vendida como una secuela o reinicio de la franquicia a la que pertenece cuando realmente es un descarado y pedestre remake de la El Proyecto de la Bruja de Blair original que llegara a carteleras de todo el mundo en el año 1999. Nuestros peores vaticinios se han hecho realidad con esta producción de 2016 que se une a otra serie de decepciones de la temporada dentro del género de terror como La Bruja, de Robert Eggers o 31, de Rob Zombie, y que no consigue su fin último, insuflar vida en una franquicia muerta desde hace casi veinte años.




Los momentos de vergüenza ajena en Blair Witch tienen lugar poco después del arranque del largometraje, no por lo mal que estén escritos o rodados (aunque de eso también hay algo, como comentaremos después) sino porque el conocedor de El Proyecto de la Bruja de Blair se dará cuenta escena a escena que Simon Barrett y Adam Wingard van fusilando uno a uno todos los hechos acaecidos en la trama de aquella. No lo decimos solo por la estructura narrativa que es demencialmente mimética a la de su predecesora (recordemos que El Libro de las Sombras: BW2 no existe, ni se hace mención a ella en esta película) sino a todos y cada uno de los hechos que van sucediendo en pantalla. Presentación de los personajes en la intimidad, muestrario del material audiovisual que van a utilizar, llegada al bosque de Black Hills, discusiones entre los componentes del grupo, extrañas y amenazantes visitas nocturnas al asentamiento que han creado, voces de niños entre la oscuridad, salidas a horas intempestivas de las tiendas de campaña para correr frenéticamente, cámara en mano, por el bosque, desaparición de roles secundarios y clímax final en la casa de Rustin Parr. Todo esto planteado con la única novedad de la presencia de un protagonista en el film que es el hermano menor de Heather Donahue lanzado en su búsqueda y el adelanto que supone en la puesta en escena del film el uso de unas cámaras de alta tecnología que permiten más movilidad a los personajes de la cinta.




Si eludimos la enorme losa que supone la autocomplacencia con la que está abordado el proyecto lo que nos queda es una slasher rodado en formato found footage con una puesta en escena caótica, deslabazada, impersonal y ruidosa que sólo ofrece una cara más sensacionalista, aparatosa, fálsamente cruda y primaria, en el peor sentido de la palabra, de El Proyecto de la Bruja de Blair. Con un guión reducido al mínimo exponente y con diálogos de guardería, un reparto de personajes planos, insufribles, con los que es imposible empatizar por culpa de lo pésimamente perfilados que están y que se mezclan confusamente unos con otros (las cámaras localizadas en las cabezas de los protagonistas deberían ofrecer claridad a la narración, pero el resultado es el contrario) unas muy pocas escenas de tensión aisladas mezcladas con un puñado de secuencias a las que asistimos con la más notable de las indiferencias y una recta final interminable de la que podemos rescatar un par de fogonazos mínimos de eficacia visual y de ritmo Blair Witch fracasa estrepitosamente a la hora de llevar la mitología ficticia detrás de Elly Keward y sus malas artes de hechicería a una nueva generación de espectadores que puedan interesarte en un plano cinematográfico por ella y su microcosmos idedao y desperdiciado, una vez más, por unos Eduardo Sánchez y Daniel Myrick que por bisoñez o factores externos no han sabido explotar adecuadamente. A los pobres resultados de taquilla del film nos remitimos a la hora de tener que volver a hablar de fracaso, porque parece ser que la maldición de la Bruja de Blair se extiende más allá de Burkittsville, llegando hasta las carteleras de todo el mundo.

Valoración General

El Proyecto de la Bruja de Blair es una muestra clara de lo que pudo ser y no fue. Tras dicho film y su enorme y desproporcionado éxito si nos atenemos a su naturaleza independiente y humilde, sus creadores, Eduardo Sánchez y Daniel Myrick, no supieron (o pudieron) controlar los mandos de su máquina y mientras otras sagas con planteamientos menos atractivos como Scream, Saw u otras que nacierona a su rebufo como Paranormal Activity o [•REC] cosechaban un éxito tras otro en forma de secuelas la de la infame Elly Keward, la Bruja de Blair, ha gastado todos sus cartuchos para intentar encontrar su hueco en el cine de género comercial americano del siglo XXI. El Libro de las Sombras BW2 en 2000 y Blair Witch en 2016 han acabado por dilapidar la buena fama de una obra de culto que se puede considerar la única pieza memorable y poseedora de ciertos niveles remarcables de calidad relacionada con una franquicia muerta en vida. Por desgracia si tenemos en cuenta la recaudación (sólo 45 millones de dólares a nivel mundial) poco prometedora que ha obtenido su última incursión en pantalla grande probablemente la saga que nos ocupa vuelva a dormir durante largo tiempo el sueño de los justos o en el mejor de los casos se verá relegada a las estanterías de los videoclubs y a las plataformas de cine online que pueblan ese internet que la vio nacer para revolucionar en sus inicios el medio cinematográfico y que fue testigo mudo de su caída en desgracia y derrota antes de asimilar su prematuro y frenético éxito.


1 comentario:

  1. Artículo publicado originalmente en Zona Negativa

    http://www.zonanegativa.com/zncine-especial-el-proyecto-de-la-bruja-de-blair-bosques-mentiras-y-cintas-de-video/

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