domingo, 16 de octubre de 2011

Melancholia, this is the way the world ends, not with a bang but a whimper




Título Original Melancholia (2011)
Director Lars Von Trier
Guión Lars Von Trier
Actores Kristen Dunst, Charlotte Gainsbourg, Kiefer Sutherland, Charlotte Rampling, Alexander Skasgard, Stellan Skasgard, Udo Kier, John Hurt, Brady Corbet




Unas bellísimas imágenes evocadores de un acabado pictórico poderoso y exultante, envueltas por la magnificencia de la ópera Tristán & Isolda del alemán Richard Wagner (exquisita obra musical cuyo preludio por desgracia es explotado hasta el hartazgo a lo largo del film) abren la última obra del excéntrico y genial director danés Lars Von Trier. En ese momento todavía no lo sabemos, pero dichos planos (o la mayoría de ellos) en slow motion están localizados a lo largo del metraje de Melancholia, el duodécimo largometraje de este autor tan sobrado de talento como de estupideces extracinematográficas.




Mientras se lleva a cabo en la suntuosa mansión de una familia de burgueses una boda celebrada por todo lo alto con cientos de invitados, dudas, inconvenientes y medias verdades, un planeta llamado Melancholia parece acercarse a la Tierra dando pie a una posible colisión entre los dos cuerpos celestes. Tras la boda, Justine, su hermana Claire, el marido de esta y el hijo de ambos, esperan la llegada de Melancholia entre fascinados y temerosos por no saber a ciencia cierta si pasará de largo o dará pie al fin de nuestro mundo tal y como lo conocemos.




Por culpa de unas innecesarias declaraciones de su director durante el pasado festival de Cannes, que también fueron estupidamente sobredimensionadas y malentendidas tanto por la prensa especializada como por los mismos organizadores del certamen, Melancholia quedó en un triste segundo plano, cuando se supone que debía ser el centro de atención en lo concerniente a la obra cinematográfica de Lars Von Trier. Una pena, porque el revuelo montado con la supuesta filiación nazi del danés y su improbable admiración hacia Adolf Hitler eclipsaron (nunca mejor dicho) los logros de su última cinta, que son muchos y considerablemente valiosos.




Melancholia está dividida en dos partes (algo habitual en el director de Rompiendo las Olas lo de construir sus films por medio de episodios) las mismas se centran en Justine y Claire, las dos hermanas protagonistas de la obra cinematográfica. En la primera parte podemos ver el lado más Von Trier ceñido al tratado Dogma 95 (las similitudes con Celebration de su compañero y amigo Thomas Vinterberg son notorias) cuando el de Copenhague retrata una celebración marital de un patetismo e incongruencia notable al hacernos testigos de que la novia tiene series dudas sobre su futuro en pareja. El fresco que Von Trier hace de este ritual es sutilmente irónico, acentuando todo lo que, según él, hay de pueril e inane en su interior.




En la segunda parte, tras la boda, el amigo Lars realiza un retrato intimista y decididamente desesperanzado sobre las diferentes vertientes de la compleja psicología del ser humano. Por un lado tenemos a una Justine que tras los hechos acontecidos en su boda parace haber tomado un rol mesiánico, como de deidad cruel e insensible. Claire se muestra temerosa, llena de dudas y miedos por la posible llegada y colisión de Melancholia con la tierra, que acabaría con todo rastro de vida humana. John, el marido de Claire, es un hombre de ciencia que confía en estadísiticas y que mantiene la calma entre fascinado y tranquilizador por estar seguro de que no sucederá tal choque entre los planetas. Por último Leo, el pequeño hijo del matrimonio que representaría una vida tempranamente truncada si este apocalipsis global llegara a tener lugar.



Lars Von Trier suele crear un cine de una pureza dolorosa, cristalina y arrebatadora. Melancholia no es la excepción a esa regla. Su último film, que en sus primeros pasos recuerda tanto a Kubrick como a ese Tarkoviski al que buscó (sin encontrarlo), en la tan desconcertante como fascinante Anticristo, es un maravilloso poema nihilista y misántropo sobre la existencia y huella del ser humano en la tierra. Contrariamente a lo que suelen mostrar otros films sobre catástrofes nada hay aquí de caos, calles infestadas por ciudadanos huyendo hacia ninguna parte o gobiernos sádicos intentando controlar a la marabunta desatada.




El autor de Europa prefiere contar una historia mínima por medio de pocos personajes que representan a una clase social muy determinada y que afrontan su destino entre el horror, la resignación y la indiferencia. Todo ideado con una fuerza visceral localizada en el paraje mas mundano y aislado posible, sin estridencia o sensacionalismo alguno. Esos cuatro roles sirven de termómetro generalizador para analizar como afrontarían distinto tipo de personas un posible fin de los días. Debido en gran parte a ese talento innato que tiene el danés para retratar lo mejor y lo peor que habita en nosotros mismos.




Una vez más los actores lo dan todo por este cineasta que sabe expirimr a sus intérpretes hasta dejarlos exhaustos. Kristen Dunst se entrega en cuerpo y alma (en un papel que en principio iba a intérpetar nuestra Penélope Cruz, pero que finalmente rechazó, para su desgracia) como nunca antes lo ha hecho para dar vida a este personaje de nombre sadiano que pasa de transmitir una falsa felicidad en la primera parte del film a dejarse llevar pos sus instintos (en ocasiones cuasi divinos en su propia alegoría, como ya he comentado) en la segunda. Charlotte Gainsbourg una vez más y al igual que en Anticristo no interpreta un papel, lo hace suyo y lo aborda desde las entrañas. Ella es, en lo referente al reparto, lo mejor del film.




Pero la grata sorpresa también la da un inspirado Kiefer Sutherland que demuestra que es algo más que el actor que dio vida al inolvidable Jack Bauer en la serie 24. El protagonista de Línea Mortal (Flatliners) compone un magnífico personaje, que mediante su determinación y sistema de valores, sirve como catalizador dramático para controlar las obsesiones del rol de Claire, ya que él tiene la misión de tranquilizar a su esposa con respecto a un supuesto choque con Melancholia. Finalmente su verdadera cara saldrá a la luz y un acto extremo por su parte dará pie al inicio del magnífico clímax de la obra cinematográfica.




Entre los secundarios destacar a habituales dentro de la obra de Lars Von Trier como el alemán Udo Kier (con simpático papel), el sueco Stellan Skasgard haciendo de cabrón como sólo él sabe cuando Von Trier lo lleva de la mano o el inglés John Hurt, que tras poner su voz como narrador en Dogville y Manderlay por fin ejerce como intérprete en una de las obras de este director. Pero también debo nombrar a recién llegados al mundo vontrieriano como Alexander Skasgard, un entrañable Brady Corbet o una irónica Charlotte Rampling. Todos ellos con su momento de gloria, pero eclipsados por el trío protagonista y sobre todo por las dos magníficas hermanas ya mencionadas previamente.




Para el que suscribe, Melancholia supone el enésimo triunfo de uno de los autores más interesantes, personales, engreídos e irascibles del cine contamporáneo. Lars Von Trier ha encontrado belleza en el terror, poesía en un fin de ciclo existencial, magnificencia en lo perecedero y ha creado otra de esas obras que dejan al espectador tocado en más de un sentido tras su visionado. Se confirma que este señor sigue sumido en una extraña depresión, eso o que su visión del mundo se vuelve cada vez más descorazonadora pero también por ello pardójicamente lírica y hasta bella. Veremos hacia donde se encarrila la carrera de este suicida artístico que tiene los cojones tan grandes como larga su bífida y descontrolada lengua cuando le ponen un micrófono delante.


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