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lunes, 29 de abril de 2019

Vengadores: Endgame



Título Original Avengers: Endgame (2019)
Director Anthony y Joe Russo
Guión Christopher Markus, Stephen McFeely, basado en los personajes de Stan Lee, Jack Kirby y Jim Starlin
Reparto Robert Downey Jr., Chris Evans, Chris Hemsworth, Scarlett Johansson, Mark Ruffalo, Jeremy Renner, Brie Larson, Karen Gillan, Paul Rudd, Danai Gurira, Josh Brolin, Gwyneth Paltrow, Don Cheadle, Jon Favreau, Benedict Wong, Tessa Thompson, Bradley Cooper, Katherine Langford, Evangeline Lilly, Pom Klementieff, Elizabeth Olsen, Dave Bautista, Sebastian Stan, Chadwick Boseman, Letitia Wright, Benedict Cumberbatch, Anthony Mackie, Samuel L. Jackson, Zoe Saldana, Chris Pratt, Paul Bettany, Vin Diesel




Hace justamente un año Marvel Studios culminaba su primera década de vida como división cinematográfica de Marvel Cómics estrenando su mejor película. Vengadores: Infinity War marcó un punto de inflexión en el Universo Cinematográfico Marvel (UCM) cuando reunió a todos sus personajes para enfrentarse a la mayor amenaza de sus vidas, aquella que apareció por primera vez en la escena post créditos de Los Vengadores (Joss Whedon, 2012) y que en viñetas nació de mano del guionista e ilustrador Jim Starlin en el año 1973. Thanos, el Titán Loco, conseguía reunir las Seis Gemas del Infinito y vencer en combate a un nutrido grupo de superhéroes entre los que encontrábamos a los Vengadores, los Guardianes de la Galaxia, Spider-Man, Doctor Strange o Black Panther y sus aliados wakandianos, entre otros. Los hermanos Anthony y Joe Russo en la dirección y los habituales guionistas Christopher Markus y Stephen McFeely se encargaron de llevar a buen puerto dicha empresa y el éxito se reveló descomunal. 




Vengadores: Infinity War se convirtió en una de las mejores muestras del cine centrado en adaptar personajes del mundo del cómic al medio audiovisual y después de recibir alabanzas generalizadas por parte del fandom, el público generalista y la prensa especializada llegó a convertirse en la cuarta película más taquillera de la historia sólo superada por Avatar (James Cameron, 2009), Titanic (James Cameron, 1997) y Star Wars Episodio VI: El Despertar de la Fuerza (J.J. Abrams, 2015) y en un hito dentro del celuloide superheróico. Después de su paso como una apisonadora por las carteleras Marvel Studios estrenó otros dos largometrajes más dentro de su Fase 3. Ant-Man y la Avispa o Capitana Marvel fueron una ligera cinta de acción con apuntes de comedia en el primer caso y una historia de orígenes muy competente cuya misión era, principalmente, presentar a esa Carol Danvers que estaba destinada a ejercer un rol importante en la cuarta entrega de las correrías cinematográficas de los “Héroes Más Poderosos del Planeta”.




Vengadores: Endgame llega a las pantallas de todo el mundo con el hype disparado hasta la estratosfera debido al triunfo sin paliativos de su predecesora y al blindado secretismo con el que Disney y Marvel Studios la han promocionado con unos trailers en los que se mostraba poco o nada de por dónde iba a transitar su trama. En lo referido a los profesionales detrás de su producción volvemos a encontrar a los hermanos Anthony y Joe Russo en la dirección, Christopher Markus y Stephen McFeely ocupándose de nuevo de la escritura y un reparto en el que sobresalen los supervivientes de la anterior entrega de la saga o lo que es lo mismo, un grupo formado por Robert Downey Jr., Chris Evans, Chris Hemsworth, Scarlett Johansson, Mark Ruffalo y Jeremy Renner dando vida a los Vengadores originales del UMC a los que suman Brie Larson, Karen Gillan, Paul Rudd, Danai Gurira, Gwyneth Paltrow o Don Cheadle entre otros y, por supuesto, Josh Brolin repitiendo como la versión cinematográfica de Thanos. Nosotros ya hemos podido ver la última entrega de la franquicia construida por Kevin Feige y sus colaboradores. De manera que a continuación vamos a dejar nuestras impresiones sobre una superproducción que no va a dejar indiferente a nadie.




Vaya por delante que se antoja una tarea hercúlea realizar una reseña más o menos completa de Vengadores: Endgame sin incurrir en spoilers, ya que la película como tal es uno de proporciones gigantescas y enfrentarse a ella sin saber absolutamente nada de su trama la hace mucho más disfrutable. La última producción de Marvel Studios es un largometraje que a su vez se subdivide en otros tres, cada uno de ellos con un tono e intencionalidad diferente. Esas tres horas, que vuelan delante de un espectador incapaz de percibirlas como tales, tienen cada una de ellas su propia misión y mientras las dos primeras la cumplen sobradamente en casi todo momento, la última rebasa cualquier expectativa depositada en ella. El primer acto de Avengers: Endgame ejerce el rol de toma de contacto con la realidad después de lo acontecido en Infinity War, con los personajes asumiendo las incontables pérdidas producidas por el genocida chasqueo de dedos de Thanos mientras portaba el Guantelete del Infinito. El segundo utiliza una excusa narrativa para convertirse en un divertido autohomenaje, casi bordeante en la metaficción. El tercero es un clímax de sesenta minutos en el que Anthony y Joe Russo, junto a sus equipos artístico y técnico, utilizan toda la maquinaria cinematográfica de la que disponen para construir la mejor batalla superheróica de la historia del subgénero y a fe mía que lo consiguen.




Con esta estructura narrativa bien establecida el mayor fallo que un servidor puede sacar a la película es que esa división en tres bloques diferenciados acusa, como nunca antes, la naturaleza serializada, no sólo ya de Vengadores: Endgame, sino de todo el Universo Cinemtográfico Marvel. Por lo tanto a lo largo del metraje no son pocas las ocasiones en las que percibimos la obra como los últimos tres mastodónticos episodios de la temporada de una descomunal serie de televisión en vez de como un largometraje cuya autonomía, como por otra lado es lógico perteneciendo a un universo ficcional expandido, se antoja inexistente. También acusa la cinta de cierta irregularidad en el ritmo durante la mitad del metraje, justo cuando las distintas subtramas se bifurcan de manera más acentuada y cada una de ella debe tomar entidad propia, además de complementarse con las demás. Algo que el excelente guión de Christopher Markus y Stephen McFeely consigue en casi todo momento, pero dejando algunas aristas sin limar en lo referido a lo que pudo ser un perfecto ensamblaje y no lo es por muy poco. Más allá de esas carencias, del todo perdonables, cierto poca credibilidad en la ejecución de una de las escenas más emocionales centrada en dos personajes y un abuso del deus ex machina en la recta final, un servidor no encuentra más fallos en Vengadores: Endgame y los que he mencionado no empañan en absoluto la experiencia de verla en pantalla grande.




Porque sí, es cierto aquello ya comentado por redes y medios especializados. Vengadores: Endgame es una carta de despedida a los primeros diez años de vida de Marvel Studios y a su vez otra de bienvenida a lo que esté por llegar tras ella. Esta naturaleza autoconsciente y con propensión al homenaje interno convierten la última aventura de los Vengadores en una oda a ese microcosmos ficcional construido sobre más de una veintena de largometrajes desde que Iron Man (Jon Favreau, 2008) diera el pistoletazo de salida. Esta cariñosa palmada en la espalda que Kevin Feige y los suyos se dan a sí mismos también se hace extensible al público, habiendo conseguido la proeza de empatizar, no ya con los lectores de cómics que alucinamos la primera vez que vimos a los personajes de las viñetas creados por Stan Lee y Jack Kirby reunidos en imagen real por obra y gracia de Joss Whedon en 2012, sino también con ese público generalista ajeno al arte secuencial que ha encontrado y disfrutado su “Universo Marvel” en el medio cinematográfico desde que el Tony Stark de Robert Downey Jr. hiciera por primera vez acto de presencia en la cinta que narró su origen superheróico. Esa conexión con todo tipo de espectadores es una muestra más del triunfo de la compañía perteneciente a Disney y lo perfectamente bien que funciona como maquinaria.




Siendo consciente de esto podemos afirmar que a lo largo de las tres horas de metraje de Vengadores: Endgame encontramos la cantidad más ingente, descarada, brutal, continuada y disfrutable de fandom vista en mucho tiempo. Evidentemente este se concentra en las dos últimas horas de metraje, pero desde los primeros compases de la película las pequeñas pildoras a modo de referencias a los cómics, cameos de personajes y easter eggs semiocultos desfilan delante de nosotros. En el proceso la sonrisa cómplice desde la platea, las risas y carcajadas, o alguna que otra lágrima van interactuando con una trama, puede que demasiado condescendiente con el fan, pero casi siempre con un anclaje aferrado a la lógica interna del relato. Más de diez años y dos decenas de películas dan su fruto y ante una obra de transición como esta se antoja inevitable la preocupación por la posible defunción de este o aquel personaje al que llevamos siguiendo desde que el Universo Cinematográfico Marvel puso sus primeras piedras. Anthony y Joe Russo en la dirección y Christopher Markus y Stephen McFeely al guión son conscientes de ello y como veteranos en la franquicia y grandes conocedores del subgénero saben qué teclas deben pulsar para que todos caigamos rendidos a sus pies, siempre quedándonos con ganas de más.




Mención de honor para la inevitable batalla final, la más espectacular que un servidor ha visto en una pantalla desde la de Morannon (Puertas Negras) en El Señor de los Anillos: El Retorno del Rey (Peter Jackson, 2003) a la que hace referencia en algunos pasajes. En este clímax final todos los implicados en Vengadores: Endgame, desde los directores y guionistas pasando por los diseñadores de vestuario, maquillaje o efectos especiales y llegando a todos los actores del reparto o especialistas en escenas de riesgo, echan el resto siendo conscientes de que el cierre de este largometraje es un punto y aparte en el proyecto en el que llevan años implicados. Por eso mismo todos y cada uno de los personajes, principales y secundarios, tienen, individual o colectivamente, su parcela de lucimiento y su secuencia épica. Sesenta minutos convertidos en una enorme splash page ilustrada a medias por el elegante trazo de reminiscencias clásicas de George Pérez y la vanguardia con aroma a blockbuster de Bryan Hitch. Por descontando todo el reparto brilla en esta contienda de proporciones cósmicas, pero son dos personajes en concreto los capaces de refulgir en pantalla y ser el centro de algunos momentos que, pese a quien pese, serán recordados por las actuales y futuras generaciones que han encontrado en el cine de superhéroes del SXXI lo que otros de nosotros en sagas como la trilogia original de Star Wars o la, ya citada, de El Señor de los Anillos, por poner dos ejemplos similares.




No voy a afirmar, como ya he leído en bastantes redes sociales y webs especializadas, que Vengadores: Endgame es la mejor superproducción de la historia del cine, la cumbre del celuloide comercial y una obra maestra incontestable ya desde su mismo estreno, porque sinceramente no creo que lo sea. En cambio sí estoy seguro que, al igual que sucedía con Vengadores: Infinity War, marcará un punto de inflexión dentro de esta enorme nueva ola del subgénero con el que Marvel, DC y otras editoriales han encontrado el filón de adaptar sus historias al medio cinematográfico y televisivo. La película de Anthony y Joe Russo cierra una etapa, pero abre otra llena de posibilidades finiquitando varias subtramas, aunque dejando otras en el aire para las futuras películas y series que están por venir. Aunque teorícamente Spider-Man: Lejos de Casa supondrá el cierre de la Fase 3 sería raro que el film de Jon Watts, con una aparente naturaleza más ligera según su tráiler, no fuera algo más que un epílogo. Por ello podemos considerar Avengers: Endgame como el brillante, espectacular, épico, crepuscular e imperfecto cierre para una etapa con la que hemos disfrutado de la traslación a imagen real de muchos de nuestros iconos favoritos de la Casa de las Ideas. En el trayecto hemos despedido a algunos amigos, incluso a Stan Lee o Steve Ditko, pero también damos la bienvenida a otros, viejos conocidos o no, que mantendrán encendida la llama de un universo cinematográfico que hace algo tan sencillo y noble como ofrecer puro entretenimiento.




miércoles, 3 de abril de 2019

Capitana Marvel



Título Original Captain Marvel (2019)
Director Anna Boden, Ryan Fleck
Guión Nicole Perlman, Meg LeFauve, Anna Boden, Ryan Fleck, Geneva Robertson-Dworet, basado en el personaje de Roy Thomas y Gene Colan
Reparto Brie Larson, Samuel L. Jackson, Jude Law, Ben Mendelsohn, Gemma Chan, Annette Bening, Lee Pace, Mckenna Grace, Clark Gregg, Djimon Hounsou, Kenneth Mitchell, Lashana Lynch, Rune Temte, Damon O'Daniel, Colin Ford, Algenis Perez Soto, Robert Kazinsky, Chuku Modu, Matthew Maher, Stephen A. Chang, Pete Ploszek, Mark Daugherty, Vik Sahay, London Fuller, Diana Toshiko, Matthew Bellows, Richard Zeringue, Barry Curtis, Nelson Franklin, Patrick Brennan, Patrick Gallagher, Connor Ryan, Duane Henry, Ana Ayora, Stanley Wong, Don Cheadle, Scarlett Johansson, Mark Ruffalo, Chris Evans, Stan Lee





Más allá de la incomprensible polémica y el "boicot", de efectividad cuestionable si tenemos en cuenta  las cifras de recaudación a nivel mundial, a manos de un grupo de personas incapaces de diferenciar ficción y realidad o comprender cuán necesarias son la diversidad, la visibilidad o la inclusión en todo lo concerniente a largometrajes con una gran parte de público infantil como receptor a un servidor no le llamaba demasiado la atención una película como Capitana Marvel. Si obviamos la potentísima Vengadores: Infinity War, ante la que caí rendido irremisiblemente, mi relación con las últimas producciones de Marvel Studios se ha movido entre la indiferencia y cierta decepción como ya dejé patente en la reseñas de Thor: Ragnarok, Spider-Man: Homecoming o Black Panther. Sin saber a ciencia cierta si fueron mis bajas expectativas las responsables hace unos días salí muy satisfecho de la proyección de esta primera incursión cinematográfica de Carol Danvers.




Capitana Marvel supone la primera película de Marvel Studios protagonizada por una mujer aunque todos sabemos que el UCM está repleto de roles femeninos secundarios, muchos de ellos notablemente importantes para su construcción y desarrollo. De la dirección se encargan, Anna Boden y Ryan Fleck, marcando la presencia de la primera la, también, primera incursión de una realizadora en la productora comandada por Kevin Feige.  El guión ha sido asignado a los mismos directores con la ayuda de las autoras Nicole Perlman (Guardianes de la Galaxia), Geneva Robertson-Dworet (Tomb Raider) y Meg LeFauve (El Viaje de Arlo). En el reparto encontramos a Brie Larson como Carol Danvers y le acompañan Samuel L. Jackson, Jude Law, Annete Benning, Lee Pace, Mckenna Grace, Clark Gregg o Djimon Hounsou entre otros. 




Como era de esperar y lógico Captain Marvel es una "película de orígenes" y como tal sigue de manera minuciosa la fórmula establecida por la división cinematográfica de Marvel Cómics. Lo interesante es que dentro de una conceptualidad bastante rígida y conservadora la cinta de Anna Boden y Ryan Fleck se adscribe a distintos subgéneros. Por un lado apela a las señas de identidad propias del celuloide superheróico clásico, pero también hay una clara influencia de la space opera, tanto de la indivisible al universo cósmico en viñetas en el que se inspira como de la cinematográfica ya establecida en la franquicia por las dos entregas de Guardianes de la Galaxia o Vengadores Infinty War. A todo esto se suma una divertida vertiente de thriller policíaco de los 90 reflejada no sólo en la ambientación, sino en la puesta en escena de varios de los pasajes relacionados con la acción del film.




Evidentemente la película realiza una traslación del génesis en viñetas del personaje auspiciado por sus creadores, el guionista Roy Thomas y el dibujante Gene Colan, a finales de los 60. Pero el guión escrito a diez manos toma también notables referencias de sagas como La Guerra Kree-Skull o la más reciente Invasión Secreta, aunque asumiendo no pocas licencias, tan coherentes con la construcción argumental del relato planteado, como controvertidas en lo referido a su origen en viñetas. De esta manera la historia, con puntos en común tanto con la franquicia de Jason Bourne como con Memoria Letal (The Long Kiss GoodNight), de Shane Black y Renny Harlin, centra su atención en el intento por parte de la protagonista de recuperar los recuerdos que le permitan saber quién es y de dónde procede mientras forma parte de Fuerza Estelar del imperio Kree, enfrentado este con sus rivales, los Skrull, localizando la acción en el año 1995 terrestre.




Resulta curioso que en los primeros compases del metraje se utilice un recurso tan poco acomodaticio e inusual en este tipo de celuloide como el del aluvión de flashbacks desordenados expuestos en la secuencia de la captura de Carol y luego desplegados a lo largo y ancho del film para ir encajando gradualmente como si de un puzzle se tratase. Esa idea narrativa que pudiera hacernos parecer que Capitana Marvel va a transitar terrenos algo más exigentes de cara al espectador finalmente desaparece y deja paso a una trama mucho más funcional y lineal, aunque no carente de interés. En este sentido el libreto se apega a la "Fórmula Marvel Studios" con una hábil mezcla de acción, drama y humor dosificada de manera inteligente y añadiendo un tono que transita con facilidad entre la épica, un intimismo tan ligero como efectivo y una comicidad casi nunca fuera de lugar y encontrando a sus mejores valedores en la protagonista, los personajes de Samuel L. Jackson y Ben Mendelsohn o Goose.





El trabajo detrás de las cámaras de Anna Boden y Ryan Fleck es el habitual en casi todas las producciones de Marvel Studios. Una labor tan impersonal como cumplidora es la desplegada por los autores Una Historia Casi Divertida, centrándose principalmente en los pasajes focalizados en las relaciones interpersonales de los protagonistas y dejando las secuencias de acción con más envergadura a una segunda unidad ducha en el uso del CGI y un diseño de producción de proporciones cósmicas, nunca mejor dicho. Aunque se ha comentado en este sentido que Capitana Marvel no está a la altura un servidor más allá de algún momento puntual en lo referido a los efectos digitales y el, notablemente mejorable, maquillaje de los Skrull no ha visto nada fuera de lugar. Lógicamente producciones como las del díptico Guardianes de la Galaxia o la trilogía de los Vengadores son más ricas en cuanto a contenido y continente, pero en la cinta que nos ocupa no encuentro nada grave.




Después de la polémica detrás, no sólo de los temas sobre la militancia de la actriz o sus peticiones de cara a las entrevistas, del todo lúcidas para el que suscribe, sino también de los referentes a si en las imágenes promocionales nunca salía sonriendo, a esos límites de insulsez hemos llegado, Brie Larson me ha convencido dando vida a Carol Danvers. Evidentemente no destila las ingentes dosis de carisma del personaje en, por poner un ejemplo destacable y más o menos reciente, los cómics escritos por Kelly Sue DeConnick, guionista con fugaz cameo en la película. Pero la actriz de The Room sabe insuflarle las adecuadas dosis de carisma, fuerza, simpatía y dramatismo para mostrarse convincente en esta producción y asentar las bases para desarrollar su rol de cara a futuras incursiones del mismo en el UCM. Como la que se nos viene encima en poco menos de un mes con la cuarta entrega de Los Vengadores.




Por suerte Larson cuenta con un sidekick a la altura de las circunstancias. Esta es la tercera vez que la actriz comparte pantalla con Samuel L. Jackson después de la divertidísima Kong: Isla Calavera y Tienda de Unicornios, su debut como directora, y en todo momento se nota la complicidad de ambos en pantalla. Es divertido encontrar a un Nick Furia todavía ajeno a la naturaleza sobrenatural de los superhéroes con los que irá encontrándose a lo largo de su carrera profesional dentro de SHIELD o asistir a los primeros pasos como agente de campo de un joven, y novato, Phil Coulson interpretado por un convenientemente rejuvenecido Clark Gregg. Ben Mendelsohn por medio de profesionalidad y Annete Bening de veteranía sacan adelante dos interesantes, pero polémicos, personajes mientras Goose se convierte en el secundario robaplanos ganándose el corazón de la platea por su mezcla entre ternura y brutalidad, muy en la línea de Groot. Por último Jude Law acierta a la hora de dar vida a un rol ambiguo y perspicaz capaz de sacar mucho partido a los pasajes compartidos con la protagonista.




Más allá de mi alegría por la bestial recaudación internacional de la película sería injusto considerar Capitana Marvel como una gran película de superhéroes o una de las mejores producciones de Marvel Sutidos, porque desde mi punto de vista, personal e intransferible, está lejos de serlo. Pero como primera cinta del personaje en particular y protagonizada por un personaje femenino de la Casa de las Ideas en general cumple sobradamente su cometido de entretener y transmitir un, sencillo y efectivo, mensaje sobre anteponerse a la adversidad aunque esta siempre intente machacarnos por puro rechazo social o prejuicios de distinto pelaje. El largometraje de Anna Boden y Ryan Fleck no destaca con notoriedad en ningún aspecto, pero funciona de manera competente en todos ellos y sirve como agradable entremés de cara a esa Avengers: Endgame de la que espero con ganas el momento en que Carol se las vea con el Titán Loco y empiecen a repartir hostilidades mutuas.


jueves, 31 de mayo de 2018

Han Solo: Una Historia de Star Wars



Título Original Solo: A Star Wars Story (2018)
Director Ron Howard
Guión Lawrence Kasdan y Jonathan Kasdan
Reparto Alden Ehrenreich, Emilia Clarke, Woody Harrelson, Donald Glover, Thandie Newton, Paul Bettany, Phoebe Waller-Bridge, Warwick Davis, Clint Howard, Richard Dixon, Joonas Suotamo, Sarah-Stephanie, Deepak Anand, Slim Khezri, Ian Kenny, Douglas Robson, Omar Alboukharey, Sean Gislingham, Nathaniel Lonsdale




Cuando todavía no se ha cumplido medio año del estreno de la rupturista y muy polémica Star Wars Episodio VIII: Los Últimos Jedi llega a pantallas de todo el mundo una nueva entrega de la franquicia creada por George Lucas en 1977. En esta ocasión se trata del segundo spin off desde que Disney comprara los derechos de Lucasfilm y reactivara la saga de ciencia ficción más importante de la historia del séptimo arte. Después de la excelente Rogue One: Una Historia de Star Wars de 2016 que nos hizo testigos de la aventura emprendida por Jyn Erso y sus colaboradores para robar los planos de la Estrella de la Muerte llega la, posiblemente, apuesta más arriesgada y temeraria relacionada con el universo diseñado por el autor de American Graffiti. Han Solo: Una Historia de Star Wars sufrió una producción problemática desde su misma gestación, algo inherente en varios de los nuevos proyectos impulsados por Kathelyn Kennedy y sus socios dentro de este universo. Los directores encargados de llevar a imágenes el largometraje centrado en los años de juventud del mítico piloto del Halcón Milenario fueron en principio Chris Miller y Phil Lord ayudados por un guión de Lawrence Kasdan, habitual de la casa, y su hijo Jonathan Kasdan. A los cuatro meses de rodaje los autores de La LEGO Película e Infiltrados en Clase (21 Jump Street) de manera repentina fueron despedidos por los jefazos de Disney por importantes diferencias creativas y tomando el relevo de la pareja Ron Howard que desde ese mismo momento ocupó el lugar detrás de las cámaras. El reparto de actores del accidentado film está formado por Alden Ehrenreich en la piel del protagonista, Emilia Clarke, Woody Harrelson, Paul Bettany, Thandie Newton y Donald Glover dando vida a un rejuvenecido Lando Calrissian.




Han Solo: Una Historia de Star Wars es una película de aventuras clásica adscrita con fidelidad al canon impuesto por la franquicia y tan eficiente en todos sus aspectos como ligera en fondo y forma a pesar de la aparatosidad de su naturaleza cinematográfica. Este segundo spin off es una amalgama de space opera, western, relato de aventuras y a la hora de compactar estas diferentes influencias lo hace de manera notablemente competente y cohesionada. Después de una pieza tan arriesgada como Star Wars Episodio VIII: Los Últimos Jedi (que fue un gran éxito, pero también motivo de agria controversia para gran parte del fandom y el público generalista) los responsables de Lucasfilm han decidido volver a cierta zona de confort sin arriesgar demasiado en el proceso y más si tenemos en cuenta que nos referimos a un film en el que conocemos las primeras andanzas de uno de los personajes más queridos de la franquicia, ese Han Solo al que dio vida hasta en cuatro ocasiones un excelente Harrison Ford despidiéndose de su criatura en Star Wars Episodio VII: El Despertar de la Fuerza el pasado año 2015. En este sentido el largometraje de Ron Howard se muestra respetuoso hasta lo intachable a la hora de formularse como precuela de la primera trilogía ideada por George Lucas y de este modo se ve algo encorsetada y conservadora estructural y tonalmente, algo lógico por el origen complicado de una propuesta como esta que se adentraba en terrenos presumiblemente incómodos.




Para que Solo: A Star Wars Story funcionara a la hora de adherirse de manera adecuada al microcosmos ficcional al que pertenece los responsables del proyecto encomendaron la escritura del guión a un viejo conocido como Lawrence Kasdan, en esta ocasión acompañado de su hijo Jonathan Kasdan, que después de firmar hasta tres entregas es seguramente, después del mismo George Lucas, la persona que mejor conoce la idiosincrasia y el contexto en el que se desarrolla la franquicia que le dio fama como libretista que más tarde se adentraría en la dirección cinematográfica con piezas como Fuego en el Cuerpo, Silverado o Wyatt Earp entre otras. La mano de los Kasdan se percibe a la hora de retratar señas de identidad indivisibles a Star Wars en general y a la trilogía original en particular. Mercenarios, cazadores de recompensas, ladrones, la sombra del Imperio siempre sobrevolando una galaxia esclavizada por sus ínfulas dictatoriales e historias pequeñas que son las que realmente cimentan la esencia de un devenir de acontecimientos que se desarrolla de manera orgánica y a un ritmo más que adecuado en el que convergen los pasajes de acción a escala épica y los que tienen las interacciones de los personajes como núcleo central, apelando a una alternancia muy bien medida entre cierto drama no muy solemne y una tendencia al humor que encuentra en los personajes secundarios sus principales valedores. Un guión al que sólo se le puede achacar la previsibilidad de la que hace gala de principio a fin por culpa de tirar demasiado de manual para su construcción narrativa.




Con respecto a la labor de Ron Howard como director en Han Solo: Una Historia de Star Wars es de recibo mencionar que embarcarse en un proyecto de dimensiones tan bestiales al cuarto mes de rodaje cuando los responsables originales habían abandonado la nave debió suponer un quebradero de cabeza para el autor de Una Mente Maravillosa. Pero el oficio de un artesano curtido en mil batallas hace acto de presencia y aunque todos hemos hecho mofa con él en muchas ocasiones por ser un cineasta blando que normalmente se adentra sin miramientos en la sensiblería podemos afirmar que gracias a sus conocimientos de la maquinaría hollywoodiense y los engranajes que deben hacer funcionar adecuadamente blockbusters de todo pelaje su labor como jefe de orquesta en la última producción de Star Wars es adecuada y muy eficiente en todos sus aspectos. Howard es un perro viejo que lleva facturando superproducciones desde los años 80 y eso se deja notar en la soltura con la que compacta las escenas de acción a gran o pequeña escala, el cariño que profesa por unos personajes interpretados por unos actores que en todo momento se sienten protegidos por él y una puesta en escena, en líneas generales, que sabe aprovechar al máximo el material narrativo que tiene entre manos, así como un diseño de producción mastodóntico en el que se dan la mano efectos especiales prácticos con digitales, una dirección artística tan descomunal como fiel a la cronología a la que se adscribe dentro de la saga cinematográfica y un bestiario interminable de razas intergalácticas que nos retrotraen a la trilogía primigenia de los años 70 y 80 y con el que los equipos de maquillaje y vestuario hacen un trabajo remarcable.




Algo en lo que todo el mundo estaba de acuerdo antes del estreno Solo: A Star Wars Story es en la importancia de sus personajes y los actores que les iban a dar vida, haciendo especial hincapié en los que interpretarían a las versiones rejuvenecidas de los ya conocidos dentro de la creación de George Lucas. Después de alarmas, sudores fríos y ataques furibundos lanzados antes de ver una sola imagen del film contra Alden Ehrenreich podemos afirmar que su labor es encomiable y muy digna. El Hobie Doyle de la decepcionante ¡Ave César! acomete su versión de Han Solo con un dinamismo digno de elogio, aportando la sorna y la volatilidad que exige un rol tan icónico y aunque su composición queda a años luz de la de Harrison Ford aguanta el envite con profesionalidad y bastante solvencia. Emilia Clarke se esfuerza porque el papel de Qi’ra transmita elegancia y fuerza, pero la británica no consigue destacar en demasía cuando el encuadre repara en su presencia y su química con Ehrenreich es muy cuestionable. Mucho mejor abordan Donald Glover su canallesco y trilero Lando Calrissian o Woody Harrelson a un Tobias Beckett que da origen a los trucos de cazarrecompensas que Han aprendió de él con el paso de los años. Por otro lado mencionar para bien a Paul Bettany que a pesar de sus escasos minutos en pantalla y nimio desarrollo de su rol roba no pocos planos al resto de personajes como Dryden Vos y Joonas Suotamo enfundado en el traje de Chewbacca e interactuando de manera impecable con el protagonista. Pero lo más curioso con respecto a este apartado es que son dos creaciones digitales, L3-37 y Rio Durante, los que se ganan el corazón del espectador con pasajes, acciones y diálogos que los convierten en lo mejor de la velada.




Han Solo: Una Historia de Star Wars es un producto competente y agradable, que abraza la aventura clásica al estilo de la trilogía original o la saga de Indiana Jones sin buscar más aspiración que entretener al público en general y al fan de La Guerra de las Galaxias en particular. Con un ojo en la imaginería diseñada en su origen por George Lucas y otro en Firefly y Serenity (la influencia de la creación de Joss Whedon es más que notable, llegando a emularse en el film pasajes casi arrancados de algunos de sus episodios como la secuencia bélica inicial o el robo del cargamento de coaxium) Ron Howard, los Kasdan y el reparto de actores han conseguido salir airosos de un proyecto repleto de problemas, retrasos y mil y un obstáculos. Por desgracia esto no se ha visto reflejado en la taquilla durante un primer fin de semana en el que el largometraje ha quedado muy lejos de los cálculos que los productores habían realizado con respecto a la recaudación local e internacional convirtiendo su estreno en el peor de un film de la franquicia desde que Lucasfilm pertenece a Disney. Malas noticias para una cinta merecedora de una mejor acogida abriendo un abanico de posibilidades bastante amplio para haber sido explotado en unas futuras secuelas que desde ya penden de un fino hilo. No sabemos si estos malos resultados se deben a la decepción que supuso la anterior entrega para gran parte de los fans, a la sobreexplotación cinematográfica de la marca, dos películas en menos de seis meses puede que sea demasiado, a la dura competencia en cartelera (Vengadores: Infinity War todavía colea y Deadpool 2 se estrenó hace diez días) o a que no cubre los mínimos exigidos a un proyecto de su envergadura, pero el que esto suscribe sólo puede recomendarla como la estimable muestra de cine de entretenimiento y evasión que es.





domingo, 29 de abril de 2018

Vengadores: Infinity War



Título Original Avengers: Infinity War (2018)
Director Anthony y Joe Russo
Guión Christopher Markus, Stephen McFeely, basado en personajes y cómics de Stan Lee, Jack Kirby, Steve Ditko, Jim Starlin, George Perez, Joe Simon, Ron Lim
Reparto Robert Downey Jr., Chris Evans, Scarlett Johansson, Chris Hemsworth, Chris Pratt, Samuel L. Jackson, Josh Brolin, Elizabeth Olsen, Tom Holland, Benedict Cumberbatch, Chadwick Boseman, Brie Larson, Pom Klementieff, Terry Notary, Dave Bautista, Karen Gillan, Tessa Thompson, Zoe Saldana, Gwyneth Paltrow, Tom Hiddleston, Cobie Smulders, Paul Bettany,  Sebastian Stan, Peter Dinklage, Benicio del Toro, Jon Favreau, Mark Ruffalo, Danai Gurira, Benedict Wong, Anthony Mackie,  Don Cheadle





El Universo Cinematográfico de Marvel está de celebración. El mismo año en el que cumple una década de edad llega la culminación del trayecto que emprendió con aquella Iron Man de 2008 que, de una manera u otra, cambió el subgénero que traslada a imagen real las aventuras de nuestros personajes de cómics favoritos. Dos meses después de que Black Panther rompiera todos los récords de recaudación posibles este fin de semana llega a las carteleras de todo el mundo esta Vengadores: Infinity War que da continuación a la Fase 3 de Marvel Studios adaptando, principalmente y con mucha libertad, la mítica saga El Guantelete del Infinito ideada por el guionista Jim Starlin y los ilustradores George Pérez y Ron Lim. Con los hermanos Anthony y Joe Russo en la dirección, los guionistas Christopher Markus y Stephen McFeely a la escritura y prácticamente toda la plana mayor de personajes que hemos visto desfilar a lo largo de dieciocho largometrajes que, en líneas generales, han funcionado magníficamente en taquilla y han sido recibidos con no pocos parabienes por la prensa especializada la tercera aventura grupal de los Vengadores llega para marcar un notable punto y a parte dentro del microcosmos gestado al amparo de la productora encabezada por Kevin Feige. Además de con los Héroes Más Poderosos del Planeta también contamos con la presencia de Spider-Man, Doctor Strange, Black Panther, Nébula o Loki entre otros, todos con la misión de enfrentarse a Thanos, ese enemigo cósmico cuya aparición estelar llevábamos esperando desde que protagonizara un cameo en la segunda escena post créditos de aquella Los Vengadores de 2012 co escrita y dirigida por Joss Whedon. ¿Está Vengadores: Infinity War a la altura de las descomunales expectativas depositadas en un proyecto de una envergadura tan gigantesca como el que han coordinado los hermanos Russo? a continuación intentaremos dar respuesta a esta y otras preguntas.




Vaya por delante que un servidor no está del todo satisfecho con el discurrir de esta Fase 3 que me encandiló con Capitán América: Civil War, Doctor Strange y Guardianes de la Galaxia Vol. 2, pero me hizo perder en cierta manera el interés con las, a nivel personal, no del todo satisfactorias Spider-Man: Homecoming, Thor: Ragnarok y Black Panther, producciones que me transmitían cierto agotamiento y repetición de constantes narrativas que me hicieron abrazar una notable apatía a la hora de enfrentarme a las nuevas entregas del universo cinematográfico construido en el seno de Marvel Studios. Con el miedo a experimentar las mismas sensaciones con esta Vengadores: Infinity War y la cautela suficiente para no ir con las expectativas demasiado altas, ardua tarea si tenemos en cuenta la producción a la que nos estamos refiriendo dentro del subgénero al que adscribe, por fin he podido ver uno de los eventos cinematográficos hollywoodienses del año. El resultado ha rebasado cualquier cálculo que pudiera haber hecho previamente, porque nos encontramos ante unos de los puntos álgidos del celuloide superheróico.




Aunque evidentemente el guión de Christopher Markus, Stephen McFeely toma como punto de referencia la saga El Guantelete del Infinito la historia que sustenta el esqueleto de Vengadores: Infinity War abarca gran parte de la vertiente cósmica de Marvel Cómics, aquella que construyeron autores como Stan Lee y Jack Kirby y que otros que vinieron más tarde, como Jim Starlin, encumbraron a lo más alto, pero hay mucho más que eso. Por suerte en este sentido el largometraje de los hermanos Anthony y Joe Russo vuela libre con respecto a las viñetas y aunque es fiel a la esencia del relato en el que Thanos reune las Gemas del Infinito a lo que se han dedicado los directores de Capitán América: El Soldado de Invierno y Capitán América: Civil War es a amalgamar en un compacto todo las distintas tonalidades que a lo largo de diez años han sido utilizadas en Marvel Studios para dar vida a los largometrajes protagonizados por personajes tan diferentes entre sí como Doctor Extraño, Guardianes de la Galaxia, Spider-Man o Black Panther. Contra todo pronóstico los Russo consiguen ejecutar este ejercicio de complicado equilibrismo con la pericia esperada por su parte, sabiendo dosificar adecuadamente el material que tienen entre manos sin caer en la excesiva gravedad o la autoparodia mal entendida.




Porque Vengadores: Infinity War se estructura, como por otro lado era de esperar teniendo en cuenta la historia que aborda, a modo de una descomunal space opera, pero también tiene ramificaiones que la emparentan con un cine superheróico más terrenal, el género de aventuras, el drama y la comedia, todo ello de manera ejemplarmente cohesionada gracias a la escritura de Markus y McFeely y la realización de unos hermanos Russo llevando al extremo su implicación como artesanos al servicio de una enorme franquicia que, seamos sinceros, no les da mucho margen de maniobra como profesionales del medio. De hecho el trabajo de los cuatro responsables de la creación del proyecto es encomiable en grado sumo si tenemos en cuenta que han sido fieles a esa cosa abstracta a la que los fans de los cómics tenemos tanto aprecio llamada “continuidad” cuando han conseguido mantener el tono de las últimas andanzas en solitario de varios de los personajes, hablamos principalmente del espíritu más notablemente cómico de la última entrega del Dios del Trueno, atenuándolo un poco en esta ocasión, pero haciéndolo reconocible para el espectador que todavía tenga recientes en la memoria films como Spider-Man: Homecoming, Thor: Ragnarok o Guardianes de la Galaxia Vol. 2.




“Empezando con un terremoto, y desde ahí hacia arriba” son las declaraciones que el mítico cineasta Cecil B. Demile sentenció a la hora hablar de la adecuada estructuración de una obra cinematográfica y Anthony y Joe Russo la han seguido al pie de la letra. El prólogo de Vengadores: Infinity War sintetiza en algo menos de diez minutos qué vamos a ver a lo largo de dos horas y media que se pasan en un suspiro, dejándonos con ganas de mucho más. Ese arranque en el que se presenta al personaje de Thanos y su “modus operandi” establece el tono de una cinta que no se va a andar con rodeos, que va a ir en modo kamikaze en gran parte de su metraje y que va a suponer, en no pocos aspectos, un punto de inflexión dentro del Universo Cinematográfico de Marvel. Esta punta del iceberg sólo deja vislumbrar parte de lo que es la tercera entrega cinematográfica de los Vengadores, una mastodóntica pieza que va a alternar con una solvencia digna de elogio épica con crepuscularidad, carcajadas con nudos en la garganta o acción a distintas escalas con pasajes más íntimos en los que veremos a los personajes mostrar sus mayores debilidades y tomar decisiones que cambiarán radicalmente el devenir de acontecimientos que se desarrollarán en las próximas entregas de Marvel Studios en pantalla grande.




A partir de ese avasallador inicio los Russo van construyendo pieza a pieza un relato que se vertebra en varias subtramas en las que seguiremos los pasos de todos y cada uno de los personajes que irán apareciendo a lo largo del metraje y que se encontrarán en la batalla que copa protagonismo en el clímax final de la obra. Gracias a la acertada fluidez narrativa del guión de Markus y McFeely, al notable trabajo con el montaje de Jeffrey Ford y Matthew Schmidt y a la profesionalidad de los ya citados directores estas distintas historias se entrelazan y alternan con eficacia, transmitiendo la sensación de que se retroalimentan entre ellas y en ningún momento solapan unas a otras. Este logro es más remercable si tenemos en cuenta que a la hora de presentar a los personajes y contextualizar en qué situación se encuentran tras su última aventura en pantalla grande encontramos un mano a mano entre los pasajes centrados, sobre todo, en Thanos que son de una oscuridad y visceralidad nunca vista en un producto de Marvel Studios y los protagonizados por los Guardianes de la Galaxia o Tony Stark que destilan un humor, muy deudor del de Joss Whedon, que en ningún momento está fuera de lugar en el conjunto “bigger than life” que sustenta el entramado de la película.




Lo mejor con respecto a Vengadores: Infinity War, sobre todo para los que somos fans de los cómics Marvel desde hace años, es enfrentarse a la película sin conocer demasiado de su argumento para así dejarse llevar por una cascada interminable de escenas que se quedan grabadas en la retina del aficionado y las interacciones entre personajes que, ni aún sabiendo previamente que pertenecen al mismo reparto, pensaríamos que iban a aunar tanta química como la que destilan varios de los que pueblan un trabajo como el último de Anthony y Joe Russo a la hora de compartir plano. Es una obviedad decirlo, pero todos y cada uno de los muchos iconos del mundo del cómic que se dan cinta a lo largo de Avengers: Infinity War tienen su momento de gloria, en grupo o en solitario, espetando algún inspirado chiste en el momento adecuado o dando vida a algunas de las escenas dramáticas que abundan en el proyecto, pero ninguno de ellos se queda sin que la cámara de los antiguos realizadores de Arrested Development o Community repare en su presencia mientras los guionistas de Capitán América: El Primer Vengador les ponen en bandeja diálogos con los que dar lo mejor de sí mismos




Thanos, el “Titán Loco”, el “Conquistador de Mundos”, la larga espera para verlo en acción ha merecido totalmente la pena, porque nos encontramos sin lugar a dudas ante el mejor villano de los diez años del Universo Cinematográfico de Marvel y la más lograda traslación audiovisual que se podía dar de la creación de Jim Starlin y Mike Friedrich. Con mucha de la personalidad que el autor de Dreadstar le dio y algunos apuntes de la visión que ofreció de él el guionista Ron Marz (inevitable pensar en la miniserie Poderes Cósmicos de los 90) la recreación de un soberbio Josh Brolin, cuya gestualidad se percibe en todo momento a pesar del uso del CGI, interpreta a un genocida intergaláctico que no necesita soliloquios continuados para exponer de cara a la platea sus planes o intencionalidad como enemigo imbatible, ya que en ocasiones sólo con un gesto, un acto violento o una solapada concesión a un dramatismo minuciosamente construido para dar hondura a su perfil como criatura ficcional son las únicas señas de identidad que la versión cinematográfica de Thanos requiere para convertirse en una amenaza, física y psicológica, tan intimidante como atractiva. Él es uno de los pilares maestros sobre los que se sustenta Vengadores: Infinity War y con su incursión se rompe definitivamente la maldición de los villanos de cartón piedra de la franquicia.




Si alguien me pidiera que resumiera con una sola palabra una película como Vengadores: Infinity War la que usaría sería “Aplausos”, los mismos con los que prorrumpieron los espectadores numerosas veces en la sala donde vi proyectada la película y que llevaba décadas sin escuchar en un cine. La última producción de la división cinematográfica de Marvel Comics es espectáculo, es pirotecnia, es escapismo, es fruición, es fanservice bien entendido sin reírse en la cara del aficionado o el espectador neófito, pero esta vez también es emoción, dramatismo, pérdida y redención, evidentemente sólo al nivel que nos puede proporcionar un blockbuster rompetaquillas cuya única misión es entretener y rascar nuestros bolsillos, pero con una eficacia impropia dentro del subgénero al que se adhiere como obra de ficción y más si tenemos en cuenta la ligereza, en líneas generales, con la que siempre se han abordado las producciones de Marvel Studios. Por ahora sólo nos queda esperar el estreno de Capitana Marvel y Ant-Man y la Avispa para saber qué demonios va a hacer el equipo de Kevin Feige con lo acontecido en esta Avengers: Infinity War. Si el resultado es mínimamente parecido al de esta muestra casi intachable de celuloide superheróico la espera se va a hacer interminable, aunque algunos ya tengamos los ojos puestos en otros menesteres.


sábado, 20 de mayo de 2017

Guardianes de la Galaxia Vol. 2



Título Original Guardians of the Galaxy Vol. 2 (2017)
Director James Gunn
Guión James Gunn, basado en el cómic de Dan Abnett y Andy Laning
Reparto Chris Pratt,  Zoe Saldana,  Dave Bautista,  Bradley Cooper,  Vin Diesel,  Kurt Russell, Michael Rooker,  Karen Gillan,  Elizabeth Debicki,  Tommy Flanagan,  Sean Gunn, Pom Klementieff,  Chris Sullivan,  Sylvester Stallone





El presente 2017 nos trae la esperada secuela de Los Guardianes de la Galaxia, el cuarto film de la Fase 2 de Marvel Studios que se atrevía por primera vez a abordar un grupo de personajes totalmente desconocido para el gran público, La misión para el cineasta James Gunn (Slither, Super) se antojaba doble ya que por un lado debía intentar sacar adelante un producto en el que encontrábamos a individuos como Star Lord, Drax, Rocket, Gamora o Groot ajenos al espectador no iniciado en el Universo Marvel de los cómics y por otro extender el microcosmos cinematográfico de la Casa de las Ideas asentando las bases de la vertiente galáctica de la editorial que aloja a Spiderman, Pantera Negra o los Vengadores a la hora de ser extrapolada a la pantalla grande. El resultado supuso uno de los éxitos de crítica y público más sonados de la productora comandada por Kevin Feige de modo que era indispensable que la secuela formara parte de la actual Fase 3 que comenzó Capitán América: Civil War y tuvo su continuación en Doctor Strange.




Con prácticamente los mismos equipos técnico y artístico, pero algún nuevo fichaje en el reparto como Kurt Russell o Silvester Stallone, y James Gunn una vez más ejerciendo de jefe de ceremonias Guardianes de la Galaxia Vol. 2 llegó a pantallas de todo el mundo el pasado mes de Abril consiguiendo, una vez más, el beneplácito de gran parte de la prensa especializada y una recaudación en taquilla a nivel global que ha superado todas las expectativas depositadas en esta segunda entrega del grupo de superhéroes intergalácticos de Marvel Studios. A continuación vamos a enumerar las virtudes y fallos que podemos encontrar en el largometraje del cineasta curtido en el seno de la factoría Troma, tratando de dilucidar si su impronta dejará algún tipo de huella en el universo cinematográfico auspiciado por la famosa editorial de cómics norteamericana como sí lo hizo su hermana mayor hace tres años cuando ofreció un proyecto con una tonalidad y unas intenciones en cierta manera diferentes a las de los films protagonizados por Iron Man, Thor o el Capitán América.




El mayor acierto y el más destacado defecto de Guardianes de la Galaxia Vol. 2 es el mismo y este se hace patente en pantalla bien pronto. La soberbia escena de introducción de los títulos de crédito con Baby Groot bailando y el resto del grupo implicado en un brutal combate contra una criatura alienígena en segundo plano mientras suena de fondo Mister Blue Sky de Electric Light Orchestra deja claro bien pronto que James Gunn va a repetir casi al 100% la fórmula que le funcionó descomunalmente bien en la primera entrega. De este modo esta secuela incidirá en la naturaleza de perdedores con corazón de la banda de antihéroes, sus enfrentamientos personales por disparidad de caracteres que desembocarán en el afianzamiento de los lazos emocionales que los convierten en una peculiar y disfuncional familia, las referencias a la cultura pop de los 80 para apelar a la nostalgia del espectador y la utilización medida y muy bien calibrada de una banda sonora llena de clásicos con la que tocar la fibra sensible de gran parte de la platea.




Con esta afirmación somos conscientes para bien que vamos a ver una nueva muestra de cine comercial endiabladamente entretenido sustentado en el cariño hacia el material de partida, el carisma de sus personajes y el mimo que su guionista y cineasta va a depositar en la obra gracias a su labor como director de orquesta. Pero también debemos admitir para mal que una vez más Marvel Studios vuelve a ofrecer un proyecto que no sólo repite la fórmula de la productora sin añadir ningún tipo de variante o añadido original, sino que toma la  impronta de una pieza que se salió un poco del estatus establecido por la cadena de montaje diseñada por Kevin Feige, la primera Guardianes de la Galaxia, y la mimetiza hasta el paroxismo para que una vez más la división cinematográfica de la Casa de las Ideas ofrezca su lado más "empresarial" transitando el camino más fácil y convirtiendo lo que en cierta manera era una rara avis de Marvel Studios en una película más con su consiguiente secuela bajo el brazo.




Evidentemente desde un punto de vista cinematográfico y siempre que se haya disfrutado considerablemente de la primera entrega Guardianes de la Galaxia Vol. 2 se presenta ante el espectador como una space opera repleta de acción, humor, amor y un grupo de personajes carismáticos y entrañables que todavía tiene mucha deuda con Firefly y Serenity de Joss Whedon, algunas producciones de Stuart Gordon como Spacetruckers o Fortaleza Infernal y todo aderezado con la personalidad tosca y gruesa de James Gunn aunque sólo a los niveles que le permite una producción gestada en el seno de la Disney con una película calificada por edad como PG-13. En ese sentido pocas carencias podemos destacar de esta segunda parte ya que los profesionales que están detrás de su creación cumplen sobradamente con su cometido a la hora de ejecutarla con la pericia exigida, aunque sin llegar a las cotas de cohesión tonal y argumental de la primera versión del año 2014 como producto cinematográfico.




Aunque acabamos de afirmar que Guardianes de la galaxia Vol. 2 es prácticamente idéntica a su predecesora James Gunn ha intentado cambiar algunas características del producto, o darle más peso a unas que a otras. Vaya por delante que esta segunda parte no tiene tanto humor como la primera y al verse este más condensado en ocasiones funciona muy bien y en otras no tanto, por suerte el co director de Tromeo y Julieta sacrifica parte de la comicidad por una buena causa, la de dar más peso a aquellas emociones que ya se dejaron notar en la cinta primigenia de 2014 y aquí se acentúan y en ese sentido el acierto es mayúsculo ya que todo lo relacionado con Ego, los orígenes de Peter Quill, la recientemente recuperada relación con su peculiar progenitor y el rol que toma en la misma su "padre adoptivo" (contra todo pronóstico es el Yondu Udonta de Michael Rooker es el mejor personaje de esta secuela y suyos son algunos de los más destacables momentos del film) crean la verdadera materia prima que sustenta los mayores logros de todo el proyecto.




James Gunn sabe lo que los fans de Marvel Studios en general y los de la primera Guardianes de la Galaxia en particular quieren, de modo que a lo largo del metraje trata de ofrecerlo en cantidades industriales. Secuencias como la de apertura ya mencionada, los mecanismos de defensa de Rocket contra los socios de Yondu (con a apuntes visuales que recuerdan incluso a Astérix y Obélix), la relación entre Gamora y Nébula (imagino a Rob Liefeld excitarse sexualmente con la escena en la que el personaje de Zoe Saldana coge el cañón de la nave de su hermana), todas y cada una de las intervenciones de un Baby Groot robando escenas a diestro y siniestro, Yondu, Rocket y Groot escapando de los cazarrecompensas mientras el primero los va eliminando a todos con su yaka, los momentos íntimos entre Star Lord y Gamora o Drax y la adorable Mantis e incluso el buen intento por parte de Marvel Studios de ir superando su problema a la hora de perfilar villanos con un mínimo de profundidad emocional, algo que casi consiguen con el Ego de un magnífico Kurt Russell, pero no del todo.




Aunque su metraje se hace algo excesivo en la recta final, el uso más selectivo del humor unas veces funciona (cualquier intervención de Groot o Drax y su tendencia a reirse por todo) y otras no (hay chistes más gruesos sobre sexo y escatología que no pintan demasiado en un producto de esta naturaleza) y, una vez más, no inventa nada dejándose imbuir demasiado por el espíritu de la primera entrega Guardianes de la Galaxia Vol. 2 es un blockbuster que merece ser visto y disfrutado si el espectador sabe a lo que debe atenerse y no exige al producto algo que no puedo o quiere darle. Por el camino quedan varios pasajes memorables, algunos golpes de humor que incitan incluso a la carcajada, una emotiva despedida en la inmensidad del espacio y cinco escenas post créditos que merecen la pena por el humor que destilan varias de ellas y la información importante que aporta una en concreto con respecto al futuro de lo que queda de Fase 3 de una Marvel Studios que sigue en una excelente, aunque autocomplaciente, forma física.



martes, 20 de diciembre de 2016

Star Wars Episodio VII: El Despertar de la Fuerza



Título Original Star Wars; The Force Awakens (2015)
Director J.J, Abrams
Guión Lawrence Kasdan, Michael Arndt y J,J. Abrams basado en personajes de George Lucas
Actores Daisy Ridley, John Boyega, Harrison Ford, Adam Driver, Oscar Isaac, Carrie Fisher, Peter Mayhew, Domhnall Gleeson, Max von Sydow, Gwendoline Christie, Lupita Nyong'o, Andy Serkis, Anthony Daniels, Mark Hamill, Greg Grunberg, Kenny Baker, Simon Pegg, Katie Jarvis, Christina Chong, Miltos Yerolemou, Thomas Brodie-Sangster, Ken Leung, Harriet Walter, Iko Uwais, Yayan Ruhian, Warwick Davis, Jessica Henwick, Daniel Craig, Billie Lourd, Judah Friedlander, Kevin Smith





El 31 de Octubre de 2012 saltaba la noticia. En su afán por extender su imperio de entretenimiento la compañía Disney compraba por una cifra millonaria Lucasfilm a su propietario, el productor, guionista y cineasta George Lucas. De esta manera la empresa del ratón Mickey y el Pato Donald (que años antes se había hecho también con los derechos de todo material salido de la editorial Marvel o la productora Pixar) se adueñó de, no sólo la saga Star Wars, sino también la de Indiana Jones o cualquier otra obra cinematográfica salida de la productora del autor de American Graffiti o THX 1138. Desde el mismo momento de la salida de la noticia, Robert Iger, presidente de Disney, anunció que dentro de la saga galáctica protagonizada por los caballeros jedi y sus enemigos los Sith se llevaría a cabo una nueva trilogía y otros films a modo de spin off situados en ese microcosmos cinematográfico nacido en 1977 y que más tarde se extendió a otros medios como la televisión, la literatura o los cómics convirtiéndose en un hito cinematográfico y cultural.




Lo cierto es que la noticia de la compra de la franquicia Star Wars por parte de Disney despertó una considerable división de opiniones. Por un lado alzaban la voz aquellos que afirmaban que era impensable una nueva saga de La Guerra de las Galaxias sin el respaldo de su creador, George Lucas, afirmación a la que se sumaba el recelo de no pocos fans que veían con malos ojos que la productora de El Rey León o La Bella y la Bestia estuviera detrás de las nuevas entregas que llegarían a la pantalla grande. Por el otro encontrábamos una amplia facción que sentenciaba tanto que el hecho de que Lucas abandonara su propia creación era lo mejor que podía pasarle a esta tras la decepcionante trilogía formada por los Episodios I, II y III como que el exito a nivel mundial de las producciones de Marvel Studios era síntoma claro de que la compañía de Robert Iger no tenía por qué infantilizar o descaracterizar una obra tan arraigada en la cultura popular a nivel mundial.




Tras una ardua producción para buscar a los profesionales más adecuados para relanzar una saga que tras la ya mencionada trilogía precuela formada por La Amenaza Fantasma, El Ataque de los Clones y La Venganza de los Sith había caído en un pozo de mediocridad y vacua grandilocuencia digital que poco tenía que ver con el inabarcable sense of wonder de la trilogía original el 15 de Diciembre de 2015 se estrenó Star Wars Epsidio VII: El Despertar de la Fuerza, largometraje dirigido por un J,J. Abrams que venía de rebootear con éxito la saga galáctica de "la competencia" con sus dos films sobre Star Trek, un guión escrito a seis manos por un viejo conocido de la franquicia como Lawrence Kasdan (El Imperio Contraataca, El Retorno del Jedi) y el talentoso Michael Ardnt (Pequeña Miss Sunshine, Toy Story 3) acompañados ambos por el mismo director y un enorme reparto formado por nuevos talentos como Daisy Ridley, John Boyega, Oscar Isaac o Adam Driver respaldados por veteranos duchos en la galaxia como Harrison Ford, Carrie Fisher, Anthony Daniels, Peter Mayhew o Mark Hammill.




El resultado es por todos conocido, Star Wars: The Force Awakens fue un enorme triunfo internacional que inyectó vida a la saga una vez esta se había independizado del manto de protección de su creador. La enorme taquilla a nivel mundial y los parabianes de una prensa especializada que en líneas generales se deshizo en elogios con la cinta sirvieron para confirmar que Disney, Lucasfilm y J.J, Abrams habían hecho perfectamente su trabajo. La clave del éxito de este Episodio VII se reveló cristalina cuando los espectadores, y sobre todo los fans de la saga original, se dieron cuenta de que esta última entrega había tomado la decisión que George Lucas desechó cuando realizó su segunda triliogía, ofrecer "más de lo mismo" en vez de tratar de hiperbolizar y fagocitar su propio microcosmos en un pueril intento de convertirlo en una enormidad sobreproducida, pobremente escrita y mediocremente rodada como sucedió con los Epsiodios I, II y III. Star Wars volvía en plena forma, con sus virtudes y defectos, pero lo hacía para quedarse y de ello vamos a hablar en esta entrada.




La historia de Star Wars Episodio VII: El Despertar de la Fuerza tiene lugar treinta años después de los hechos acaecidos en El Retorno del Jedi y tiene como protagonistas a Poe Dameron (Oscar Isaac) un piloto de la Alianza Rebelde que posee un robot BB8 que contiene información de vital importancia para dar con el paradero del desaparecido Luke Skywalker (Mark Hammill), Finn (John Boyega), un storm trooper desertor que decide ayudar a Poe a escapar de las garras de Kylo Ren (Adam Driver), siervo de la hermandad la Primera Orden regida por el misterioso Snoke (Andy Serkis) y Rey (Daisy Ridley), una chatarrera de talento desperdiciado originaria del planeta Jakku que decide unirse a la causa de Finn para derrocar al renovado Imperio. A este trío de nuevos héroes se unirán los míticos Han Solo (Harrison Ford) y Chewbacca (Peter Mayhew) y la antigua princesa Leia (Carrie Fisher), ahora general de la Rebelión, para intentar desbaratar los planes de la Primera Orden destruyendo su letal base de operaciones, la Starkiller.




Paradójicamente la mayor virtud de Star Wars Episodio VII: El Despertar de la Fuerza es también su más destacada flaqueza. La última entrega de la saga original creada por George Lucas es prácticamente un remake encubierto de la primera película de la misma, o lo que es lo mismo, el Episodio IV. Lo es no sólo por el reparto de roles, la presencia del Imperio controlado en la sombra por una siniestra organización (allí los Sith, aquí la Primera Orden) y la Alianza Rebelde haciéndole frente con sus mejores guerreros, lo es también por la estructuración del guión que sigue prácticamente todos los pasos de la cinta primigenia ya referenciada. En este sentido el film peca de conservador, no sólo por su carencia de originalidad, sino también por seguir de manera mimetica todos los preceptos impuestos por George Lucas en la Star Wars de 1977 y por efecto dominó de El Imperio Contraataca y El Retorno del Jedi, algo por otro lado nada reprobable si tenemos en cuenta que con esta primera toma de contacto Disney quería no sólo atraer al espectador casual, sino también recuperar la maltrecha fe del fan clásico de la franquicia.




Más allá de esa casi total ausencia de afán de inventiva y originalidad poco más se le puede achacar a una producción como la que nos ocupa. Star Wars Episodio VII: El Despertar de la Fuerza es lo que una entrega de la saga galáctica de creada por George Lucas debe ser, una cinta de aventuras de primer nivel repleta de localizaciones espectaculares, escenas de acción vibrantes, batallas espaciales imponentes y personajes carismáticos con los que todo tipo de espectador pueda sentirse identificado. J.J. Abrams y sus colaboradores tratan en la material con cuidadoso mimo, llenando el metraje de referencias a la trilogía original por medio de resoluciones visuales, localizaciones, notas musicales o personajes que nos retraotraen a la esencia de lo que en su momento fue un icono de la cultura popular como Star Wars. A que esta empresa llegue a buen puerto ayuda soberanamente el regreso a las labores de guión de Lawrence Kasdan, posiblemente el hombre que mejor conoce el microcosmos creado por George Lucas justo después de este último. El director de la deliciosa Mumford o la deficiente El Cazador de Sueños, con la ayuda de Michael Arndt y el mismo Abrams, consigue mantener el equilibrio entre epatante aventura para todos los públicos y dosis de fanservice bien dosificado por los fans de largo recorrido.




El creador de Alias o Fringe viste para esta ocasión el traje de artesano oficioso con considerables aptitudes para relanzar franquicias cinematográficas y se deja imbuir por el sabor añejo de la trilogía de los 70 y 80. El director de Super 8 recupera los efectos especiales artesanales, el delicioso uso recurrente de muppets y criaturas animatrónicas que transmiten ese realismo y cercanía que el frío pixel de los tres primeros episodios no llegaba ni a vislumbrar, administra adecuadamente unos excelentes efectos CGI que en todo momento están al servicio de la historia, abandona algunos de sus vicios estilísticos como los famosos lens flares o la sobreutilización de la cámara al hombro y se entrega a una puesta en escena más impersonal y academicista, pero no ausente de potencia, elegancia y dinamismo, enfatizando un tono más clásico y ligero que nos recuerda, una vez más, a la primera Star Wars de 1977. En este sentido el film tiene la batalla ganada y, como previamente hemos apuntado, encuentra la fórmula mágica que los Episodios I, II y III de Lucas eludieron o no supieron aprovechar.




El buen hacer de Disney para atraer nuevas generaciones de fans conservando por el camino a los clásicos también se deja ver en el reparto de viejas caras de la casa interactuando con nuevos talentos. Poco podemos añadir a estas alturas sobre Oscar Isaac, el británico ha demostrado sus sobradas dotes como enrome actor en productos como Ex_Machina, Ágora o A Propósito de Llewyn Davis, de modo que a nadie debe sorprender el carisma de su Poe Dameron que se revela como el digno heredero del Han Solo de Harrison Ford. En cambio si es agradable descubrir a un actor de talento y simpatía desbordante como John Boyega, que después de recibir con los primeros trailers del film duras críticas por su raza (¿ninguno de esos intolerantes recuerda a Billy Dee Williams y su enorme Lando Calrissian?) demostró estar a la altura para darle la réplica a una deliciosa, carismática y muy guerrera Daisy Ridley que consigue enfundarse el rol principal de la última entrega de una saga que pedía a gritos una protagonista femenina y que debe verse las caras con un torturado, sádico y acomplejado (la sombra de Darth Vader es alargada) Kylo Ren al que un magnífico Adam Driver ofrece su peculiar rostro, voz y fisionomía.




Por suerte si en un caso extremo el reparto de nuevas incorporaciones a la franquicia hubiese fallado la presencia de los "clásicos" de Star Wars que, por razones lógicas de cronología, no pudimos volver a ver en la segunda trilogía aquí hacen acto de presencia. Seamos sinceros, del mismo modo que la intervención de Han Solo y Chewbacca es clave para el devenir de la historia en la que están implicados el trío de actores jóvenes, la aparición de Carrie Fisher como Leia o Anthony Daniels como C3P0 es tan agradecida como prescindible en el relato, pero como es lógico el factor nostalgia en ocasiones tiene un poder inabarcable y volver a ver a estos amigos treinta años después de su despedida en El Retorno del Jedi es todo un lujo. Evidentemente la veteranía y profesionalidad de los actores ya mencionados son un seguro de vida a la hora de que su labor con respecto al casting sea de nivel y no todo quede en concesiones de cara a la galería con las que contentar al fandom permitiendo a todos y cada uno de los roles tener su momento de gloria en pantalla y dejándonos un sabor de boca tan agridulce (esa única defunción es muy dolorosa) como bien recibido.




Aunque evidentemente no fue plato del gusto de todos los espectadores o fans de la saga y que adolece de algunos fallos como su poca valentía a la hora de expandir el universo cinematográfico creado por George Lucas o que algunas ideas narrativas no estaban debidamente abordadas (el desenmascaramiento de Kylo Ren debería haber tenido lugar en la intensa escena en la que se enfrenta a su padre  y lo desdibujada que está la presencia de algunos secundarios) Star Wars Episodio VII: El Despertar de la Fuerza es una producción digna de la trilogía inicial y muy superior a las tres precuelas que vinieron después. Personajes inolvidables de ayer y hoy, bots que se ganan el corazón del respetable desde su primera aparición (el entrañable BB8 hace que no echemos demasiado de menos al R2-D2 del fallecido Kenny Baker) villanos genocidas pero con algo de humanidad y debilidades en su interior y todo el espectáculo de una space opera hecha con cariño y respeto es lo que tenemos en el film de J.J. Abrams y también es lo que espero encontrar en esa Rogue One: Una Historia de Star Wars que, si nada cambia, veré este próximo miércoles y reseñaré a no mucho tardar para continuar hablando de esta historia que comenzó en una galaxia muy, muy lejana y cambió para siempre el concepto de cine de entretenimiento.