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lunes, 9 de mayo de 2022

Doctor Strange en el Multiverso de la Locura

 



Título Original Doctor Strange in the Multiverse of Madness (2022)
Dirección Sam Raimi
Guion Michael Waldron, basado en el cómic de Stan Lee y Steve Ditko
Reparto Benedict Cumberbatch, Elizabeth Olsen, Chiwetel Ejiofor, Benedict Wong, Xochitl Gomez, Rachel McAdams, Michael Stuhlbarg, Sheila Atim, Adam Hugill, Ako Mitchell, Momo Yeung, Daniel Swain, Topo Wresniwiro




Cuando todavía no hemos podido digerir el clímax final de la miniserie protagonizada por el Marc Spector/Steven Grant de Óscar Isaac el Universo Cinematográfico Marvel nos invita a dar uno de esos saltos de las plataformas de streaming al cine y viceversa a los que tan acostumbrados nos tiene ya esta Fase 4 después de seis series (WandaVision, The Falcon and the Winter Soldier, Loki, What If…?, Hawkeye, Moon Knight) y cuatro largometrajes (Viuda Negra, Shang-Chi y la Leyenda de los Diez Anillos, Eternals y Spider-Man: No Way Home) a los que se suma esta Doctor Strange en el Multiverso de la Locura recién estrenada. Recordemos que después del buen recibimiento de la primera película en solitario del Hechicero Supremo protagonizada por Benedict Cumberbatch en Disney y Marvel Studios solicitaron nuevamente los servicios de su director, el estadounidense Scott Derrickson (Sinister, Líbranos del Mal), pero alegando las consabidas y bilaterales «diferencias creativas» este abandonó el proyecto durante su fase de pre producción. Sorprendiendo a propios y extraños, nunca mejor dicho, el elegido para sustituir al realizador de la inminente Black Phone fue el gran Sam Raimi, que volvia así al cine superheróico inspirado en el mundo de las viñetas en el que marcó un hito con los dos primeros Spider-Man de Tobey Maguire y del que salió por la puerta de atrás con la tercera entrega.




Al director de la saga Evil Dead se suma el guionista Michael Waldron que ya colaboró con Disney y Marvel Studios ejerciendo de creador y showrunner en Loki, mientras que Danny Elfman se ocupa de la banda sonora y John Mathieson de la fotografía. En el reparto repiten de la primera entrega Benedict Cumberbatch, Chiwetel Ejiofor, Benedict Wong o Rachel McAdams y se suman a ellos Elizabeth Olsen o Xochitl Gómez entre otras. En Transgresión Continua ya hemos podido ver la película de Sam Raimi con la que se dan continuidad a las aventuras mágicas de Stephen Strange y que estos días ha enconado el debate sobre cúanto de la personalidad del director veremos en la película teniendo en cuenta que la productora capitaneada por Kevin Feige es dada a no recibir con demasiado entusiasmo, por no decir que en ocasiones los corta de raíz, los intentos de acercar los largometrajes de Marvel Studios a la sensibilidad propia de los cineastas contratados para rodarlas siendo el caso de Scott Derrickson en esta misma producción el más reciente, pero no el único si recordamos los de Joss Whedon con Los Vengadores: La Era de Ultrón o Edgar Wright en Ant-Man. Sea como fuere aquí va nuestra opinión de Doctor Strange en el Multiverso de la Locura.




Aunque se muestra continuista audiovisual y narrativamente con la primera entrega estrenada en 2016 heredando todo el lore planteado por Scott Derrickson Doctor Strange en el Multiverso de la Locura mantiene conexiones directas, más o menos explícitas, con WandaVision, Spider-Man: No Way Home, Loki y la serie What If…?, por lo que es recomendable tener recientes todas esas producciones. Habían dos temores principales relacionados con esta segunda aventura en solitario protagonizada por Stephen Strange que se convirtieron en la comidilla del fandom durante los últimos meses, uno de ellos potenciado por lo que pudimos ver en la última película del Hombre Araña interpretado por Tom Holland. El primero era que la confirmación del Multiverso convirtiera a este en el epicentro de las posteriores producciones de Marvel Studios con el peligro que ello supone a la hora de intentar epatar al espectador por medio de cameos estelares sin orden ni concierto. El segundo, que ya hemos apuntado previamente, se centraba en cuánto de la personalidad de Sam Raimi veríamos en pantalla sabiendo que todo apunta a que Scott Derickson abandonó el proyecto por querer acercarlo demasiado al terror ante la negativa de Kevin Feige y sus colaboradores.




Por un lado esta nueva aventura del Doctor Strange confirma que el Multiverso no va a convertirse, al menos por ahora, en el centro neurálgico del Universo Cinematográfico Marvel, sino en un añadido al que se podrá recurrir regularmente para, posiblemente, construir algo más grande que, por las pistas que nos van ofreciendo, podría tratarse de una adaptación de las Secret Wars del año 2015 ideadas por el guionista estadounidense Jonathan Hickman y el ilustrador croata Esad Ribic. El uso que se hace del Multiverso en este largometraje y las "apariciones especiales" son solo una parte más del entramado en el que se ve envuelto el personaje principal. Por otro no solo podemos asegurar que en Doctor Strange en el Multiverso de Locura se notan la personalidad y las señas de identidad de Sam Raimi como cineasta, sino que la vertiente más presente a lo largo del metraje no es precisamente las de su trilogía de Spider-Man, sino la de la franquicia Evil Dead, la de Darkman, la de Arrástrame al Infierno e incluso la de productos más alimenticos, impersonales y de encargo como Oz, Un Mundo de Fantasía.




Lo cierto es que los aficionados a los cómics del Doctor Strange no pudimos recibir con más entusiasmo que un director como Sam Raimi se encargara de esta secuela una vez el autor de El Exorcismo de Emily Rose se desvinculó del proyecto detrás de las cámaras. Más allá de las ingerencias que el estudio pudiera llevar a cabo con la labor del realizador solo pensar en el imaginario estilístico adherido al personaje después de cuatro películas en las que ha hecho acto de presencia con la especial sensibilidad del director de Un Plan Sencillo no podía ser más prometedor. Por suerta Raimi ha conseguido el doble logro de respetar todo lo planteado por su antecesor, pero en el proceso llevarse Doctor Strange en el Multiverso de la Locura a su terreno, el del fantástico y sobre todo el terror. Porque sí, esta nueva propuesta de Marvel Studios es la que más adentra en estos terrenos con apuntes incluso de cierto body horror y una violencia más explícita que en el resto de películas del Universo Cinematográfico Marvel.




Doctor Strange en el Multiverso de la Locura, que arranca siguiendo la regla de Cecil B. Demile de comenzar una película con un terremo y a partir de ahí ir subiendo en intensidad, mientras presenta al personaje de America Chavez (Xochitl Gomez), es una sinfonía de proporciones mastodónticas con un despliegue de medios y recursos audiovisuales de primer orden. Como era de esperar, y con la apariencia de haber disfrutado de una libertad creativa más que notable, Sam Raimi se siente como en casa a la hora de configurar esta historia protagonizada por el Hechicero Supremo viajendo entre universos haciendo gala de una puesta en escena mutante y moldeable que lleva a nuevas cotas de psicodelia a lo Steve Ditko lo que ya había extrapolado con bastante acierto a imagen real Scott Derrickson. Pero Sam Raimi va más allá interconectando géneros como el terror, las monster movies, la cienca ficción o la aventura clásica con algunos pasajes memorables como el viaje express por universos, la persecución subterranea o la "batalla musical" que seguramente se incluyera a petición de un Danny Elfman muy inspirado con un ecléctico score que mezcla sus inconfundibles coros con guitarrazos hasta de rock progresivo.




Pero lo importante de Doctor Strange en el Multiverso de la Locura, y era algo que era aplicable también a Spider-Man: No Way Home, es que debajo de la fanfarria, la hipérbole y el caos controlado nos encontramos una historia de personajes que, simepre adheridos al cine comercial en el que han sido diseñados, ofrecen un perfil psicológico sólido viéndose potenciado por la labor de los actores que les dan vida. En lo referido a los dos más importantes Benedict Cumberbatch se enfrenta al reto de tener que encarnar a varias versiones de un personaje que ya es indivisible de su impronta actoral de manera que su labor es excelente. El problema es que tanto él como el resto del reparto se ve arrasado por esa fuerza de la naturaleza llamada Elizabeth Olsen. Wanda Maximof vuelve al medio cinematográfico después de haberse convertido en el mejor y más complejo personaje de todo el UCM tras su paso por WandaVision. Aunque su rol incursiona en algunos tópicos su paso al lado oscuro está acertadamente justificado al estar bajo el influjo del Darkhold y sobre ella recae casi toda la carga dramática de la obra permitiéndole devorar cada encuadre mientras Sam Raimi materaliza sus lucha interna con algunas decisiones formales que poco tienen que envidiar a las mejores secuencias de la serie que compartió con la Visión de Paul Bettany y otras en las que se convierte practicamente en la villana de una película de terror.




El visionado de Doctor Strange en el Multiverso de la Locura, con su correspondientes dos escenas post créditos, confirma lo que ya pudimos vislumbrar en Spider-Man: No Way Home, la notable mejoría de lo que estaba siendo una irregular Fase 4 a la que le todavía le cuesta encontrar el equilibrio a la hora de interconectar largometrajes con series para su plataforma de streaming. Sam Raimi ha vuelto al mundo del cine superheróico de manera excelsa después de la decepción que supuso para él y gran parte del fandom lo que Sony Pictures hizo con Spider-Man 3. La mezcla de géneros, los personajes con alma y las sorpresas bien dosificadas son los materiales sobre los que Marvel Studios ha construido un nuevo éxito cinematográfico que solo en su primer día en cartel recaudó 90 millones de dólares en Estados Unidos y 229 en la taquilla internacional. Esta buena noticia tiene un sabor agridulce y es que si bien lo números que se manejan apuntan a asistencia en masa a unas salas necesitadas de espectadores, las presiones de Disney para que las multisalas programen más sesiones de su producto perjudicando así al resto de propuestas en cartel confirma muchas de las afirmaciones que Martin Scorsese lleva años compartiendo con respecto al cine de Marvel Studios en particular y el de superhéroes en general. Solo el tiempo nos dirá si tiene razón.




sábado, 7 de mayo de 2022

Transgresión Continua Express 2022 - Orson Welles



Ciudadano Kane (1941) - Un debutante Orson Welles de 25 años utilizó la vida del magnate William Randolph Hearst para revolucionar y reconfigurar el lenguaje cinematográfico. Una historia intemporal sobre poder, corrupción, soledad y el deseo de ser amado.




El Cuarto Mandamiento (1942) - A pesar de los avatares de su producción la segunda obra como director de Orson Welles es un imperecedero drama de época, más contenido que su ópera prima, en el que puesta en escena, reparto y guión brillan de manera fulgurante.



El Extranjero (1946) - Hasta de un guión inverosímil y con tendencia al trazo grueso era capaz Orson Welles de sacar oro construyendo un thriller sobre cazadores de nazis poseedor de una atmósfera subyugante y un trío protagonista sobresaliente.



La Dama de Shanghai (1947) - Primera y particular incursión de Welles en el cine negro puro. Enrevesada, técnicamente rotunda y con notorio trabajo actoral fracasó, pero pasados los años devino en clásico y el tiroteo en la sala de espejos en tótem audiovisual.



Macbeth (1948) - La primera toma de contacto del Orson Welles director con William Shakespeare desembocó en una fastuosa y revolucionaria hibridación entre teatro y cinematografía con algunos de los juegos de luces y sombras más impresionantes jamás rodados.



Othello (1952) - A pesar de los problemas durante su producción con cuatro años de  interminables contratiempos y la escasez de medios el texto de William Shakespeare cobra vida mediante la rotundidad narrativa y visual de un Orson Welles insobornable.



Mr. Arkadin (1955) - Tan caótica y deslavazada como hipnótica y vibrante Mr. Arkadin permitía a Orson Welles volver a sus raíces revisitando, en cierta manera, Ciudadano Kane con una obra menor imperfecta, excesiva y fascinante.



Sed de Mal (1958) - Con un plano secuencia titánico abría Orson Welles Touch of Evil, personal reformulación del cine negro mediante su habitual barroquismo visual llevado a cotas de genialidad delirante y complejos dilemas morales sobre poder y corrupción.




El Proceso (1962) - El manierismo propio de la puesta en escena wellesiana vampiriza la pesadillesca odisea legal y burocrática de Franz Kafka conjurando un proyecto tan estimulante visual y narrativamente como distante a la hora de conectar con el espectador.



Campanadas a Medianoche (1965) Orson Welles regresaba a la letra de William Shakespeare en el ocaso de su carrera para diseccionar con descarnado feismo la amistad, la traición o la vejez ofreciendo con John Falstaff uno de sus mejores trabajos interpretativos.




Una Historia Inmortal (1968) -  Un crepuscular Orson Welles adaptaba para la televisión francesa la novela homónima de Karen Blixen ofreciendo un melancólico retrato sobre la soledad y el poder manipulador del relato oral.




Fraude (Orson Welles, 1973) - El testamento cinematográfico de Orson Welles supuso un brillante juego de manos en el que convergían el cine y la magia, sus dos mayores pasiones. Un collage tramposo y  experimental en el que nada es lo que parece y todo es mentira.


viernes, 8 de abril de 2022

The Batman

 


Título Original The Batman (2022)
Director Matt Reeves
Guion Peter Craig, Matt Reeves, basado en el personaje creado por Bill Finger y Bob Kane
Reparto Robert Pattinson, Zöe Kravitz, Jeffrey Wright, John Turturro, Paul Dano, Colin Farrell, Andy Serkis, Peter Sarsgaard, Jayme Lawson, Con O'Neill, Barry Keoghan, Gil Perez-Abraham, Peter McDonald, Alex Ferns, Rupert Penry-Jones, Kosha Engler, Janine Harouni




En 2017 saltaba la noticia y no éramos pocos los que la celebrábamos. Ben Affleck, que venía de interpretar por primera vez al Hombre Murciélago en Batman v. Superman: El Amanecer de la Justicia, se encargaría de producir, escribir, dirigir y protagonizar una película en solitario del alter ego superheróico de Bruce Wayne. Si sumamos su encarnación del icono creado en 1939 por Bill Finger y Bob Kane, uno de los mayores aciertos de la muy irregular cinta de Zack Snyder, al más que desmotrado talento detrás de las cámaras de Affleck con proyectos tan reseñables como Adios Pequeña Adiós, Ciudad de Ladrones (The Town), la oscarizada Argo o la minusvalorada Vivir de Noche la buena nueva no podía ser recibida con más entusiasmo por gran parte del fandom.




El problema es que el multifacético protagonista de Persiguiendo a Amy se encontró con un muro infrancleable, el del caos que ya por aquel entonces comenzaba a gestarse dentro de las oficinas de Warner Bros y DC Entertainment con respecto al adecuado discurrir de un universo cinematográfico cuyas endebles bases no habían sido adecuadamente asentadas con El Hombre de Acero y la ya citada Batman v. Superman: El Amanecer de la Justicia. De manera que después de que Affleck cediera la silla de director a Matt Reeves (Déjame Entrar, El Amanecer del Planeta de los Simios) finalmente se desvinculó totalmente del proyecto cuando el realizador rechazó su guion pasando así el proyecto a localizarse fuera de la cronología establecida por los films de Zack Snyder y ha posponerse durante años.




Finalmente y después de una producción problemática debido a varios contagios de COVID-19 durante el rodaje, entre ellos el del mismo actor protagonista, The Batman llegaba a cines de todo el mundo el pasado 4 de marzo con Matt Reeves como realizador y co guionista, compartiendo labores de escritura junto a Peter Craig, y Robert Pattinson encabezando un reparto en el que reconocemos los rostros de Zöe Kravitz, Jeffrey Wright, John Turturro, Paul Dano, Colin Farrell, Andy Serkis o Peter Sarsgaard entre otros. Las alabanzas por parte de la prensa especializada internacional fueron de proporciones mastodónticas, algunas de ellas posicionándola como la mejor película de Batman jamás rodada, algo que, para un servidor, dista mucho de la realidad.




The Batman arranca con un prólogo brillante, posiblemente uno de los pasajes cinematográficos más interesantes de la historia cinematográfica del personaje. Por fin parecía que un director, en este caso uno con tanto talento como Matt Reeves, conseguía capturar en poco menos de diez minutos la iconocidad universal del guardián de una Gotham crorrupta, oscura y peligrosa. En esos primeros compases Batman es expuesto en pantalla casi como un concepto, una entidad demiúrgica moviéndose entre las sombras y cuya potencial presencia hiela la sangre a unos críminales que parecieran considerarlo el Hombre del Saco. La atmósfera propia de cine de terror, la tan eficiente como desvergonzada banda sonora de Michael Giacchino y esa voz en off afrmando que la Batseñal no solo es una llamada, sino también una advertencia, parecen prepararnos para lo mejor.




Si The Batman hubiera sido un cortometraje centrado en esos primeros minutos podría haberse revelado como una de las piezas audiovisuales más potentes y definitorias de Batman y con su presencia física casi sin materializarse en pantalla. El problema es que Matt Reeves y Peter Craig no solo no consiguen matener ese nivel tan alto, sino que después del arranque traicionan su poderosísimo punto de partida. Si acabas de ilustrar a Batman como una presencia que "infunde terror en sus enemigos" pasajes como el de la primera visita a la sala Iceberg o su irrupción en la escena del crimen con criminales y agentes de la ley respectivamente mirándole por encima del hombro e increpándole lo único que consigues es desmontar el impecable andamiaje sobre el que ibas a construir tu historia.




Una vez hemos asumido que todo lo visto en el inicio ha sido un espejismo no podemos negar que The Batman todavía contiene suficientes alicientes para revelarse como una notable película protagonizada por el superhéroe de DC Comics. Es ineludible que la labor técnica detrás de The Batman es sobresaliente y que en ella Matt Reeves ha depositado más de diez años de profesionalidad demostrada detrás de las cámaras. El cineasta estadounidense se aleja del procedimental discurrir del celuloide superheróico hegemónico para abrazar la vertiente detectivesca y noir de su protagonista y ofrecer una pieza que a nivel de puesta en escena o diseño de producción tiene más que ver con Seven o Zodiac que con cualquier otra obra pretérita centrada en el Cruzado Enmascarado.




Como era de esperar todos los pasajes de acción están ejecutados con suma eficiencia. Matt Reeves consigue la proeza de que una película con una calificación PG13 destile una violencia física cruda, seca, con golpes impartidos y recibidos por Batman transmitiendo una orgánica sensación de brutalidad animal. También sería de recibo mencionar la parte desarrollada en el funeral con una tensión magníficamente construida gracias a la labor tanto de Reeves como de sus actores, como la de un desaprovechado Peter Sarsgaard. Pero en lo referido a este tipo de secuencias es de recibo destacar la persecución entre Batman y el Pinguino en la que el Batmóvil cobra todo el protagonismo, consiguiendo algo inusual como tranmitir claustrofobia con dos vehículos en continuo movimiento y con uno de ellos como salido del mismísimo infierno. 




En lo referido al reparto encontramos grandes nombres, pero no interpretaciones que se ajusten a los mismos. Es cierto que la labor del cast es encomiable con todos los interpretes ejerciendo su oficio con soltura, pero ninguno realiza una trabajo para el recuerdo y el único que está a punto de conseguirlo es boicoteado por el guion. Robert Pattinson da vida al Bruce Wayne más triste, grave y dramático, pero como eso es lo que Matt Reeves le habrá exigido no se puede poner ninguna pega a su composición y Jeffrey Wright está a la altura dándole la replica como James Gordon. Zoe Kravitz cumple sobradamente con su versión de Catwoman, John Turturro hace lo propio con Carmine Falcone y Colin Farrell se divierte de lo lindo con su Oswald Cobblepot, pero este podía haber pasado por cualquier mafioso genérico ya que poco tiene de la esencia del villano que todos conocemos, algo aplicable también al despersonalizado e infrautilizado Alfred Pennyworth de Andy Serkis




Es Paul Dano, un titán al que hemos visto lucirse en obras como There Will Be Blood, el que mejor trabajo realiza configurando su peculiar versión de El Acertijo. Este Edward Nigma vuelve a hundir sus raíces en la filmografía de David Fincher y es que si su estética y modus operandi nos retrotraen al Asesino del Zodiaco hay en su personalidad algo del John Doe de Kevin Spacey para Seven, pero sobre todo nos recuerda su brillante Alex Jones de la no menos excelsa Prisioneros. Todo lo relacionado con esta contrapartida de Edward Nigma transmite interés y sirve como acertada lectura sobre el actual mundo streamer, pero lo inteligentemente planteado hasta la escena de su detención se ve ensombrecido con su carácter volátil e histriónico una vez mantiene la conversación con Batman en Arkham. Aquí la encomiable construcción del rol se desinfla y acaba derivando en otro más desdibujado y alejado del asesino a sangre fría que habíamos visto previamente.




Pero mi mayor problema con The Batman es con su construcción narrativa y su trama detectivesca. Celebro la decisión de Matt Reeves y su equipo de entragrarse al thriller policíal con asesino serial, pero esta elección requiere una solidez en el guion de la que el largometraje carece. Se antoja poco creíble que el primer enigma sea resuelto por Batman y Gordon con inmediatez cuando el de la "rata alada" se alarga en exceso en el tiempo pese a su simpleza. Casualidades repartidas por toda la trama como la sonrojante de la moqueta o decisiones inverosímiles como Falcone encerrándose en su despacho solo con Selina sin haberla registrado o toda la policía de Gotham, con Gordon a la cabeza, dejando acercarse a la alcaldesa al atril para hablar a los ciudadanos sin la compañía de nadie de seguridad en una situación de máximo peligro son trampas que  menoscaban la credibilidad del film en favor de encarrilar la historia hacia donde necesitan sus autores.




The Batman muestra un reinicio de franquicia con gran potencial que al menos en su primera incursión no ha sido aprovechado. A estas alturas lamentar lo que podría haber sido ese proyecto con Ben Affleck como hombre orquesta es una futilidad, pero se antoja imposible no pensar en ello y los resultados que hubiera ofrecido. Al film de Matt Reeves le sobra metraje y le falta solidez como historia, pero su acabado estilístico y un reparto destacable nos hacen no perder la esperanza con respecto a esa secuela que vistos los buenos resultados en taquilla no se hará mucho de rogar. Antes de ella nos esperan dos spin off  en forma de serie para HBO Max,  Gotham PD: centrada en los cuerpos policiales de la ciudad y otro con el Pinguino de Colin Farrell como protagonista que a un servidor sobre el papel llaman poco o nada la atención. Veremos si el tiempo me hace cambiar de opinión.


martes, 22 de febrero de 2022

El Pacificador (Peacemaker), it's only rock 'n' roll (but I like it)


"¡Comed paz, hijos de puta!"



The Suicide Squad, la secuela/reboot del famoso grupo de DC escrita y dirigida por James Gunn (Guardianes de la Galaxia Vol. 1 y 2), supuso toda una agradable sorpresa el pasado 2021. Antes de que pudiéramos verla y disfrutarla en pantalla grande como una de las mejores y más divertidas cintas del DCEU nos enterábamos de que Warner Bros y DC Entertainment encargaban al director de Slither (2006) poner en marcha una serie protagonizada por Peacemaker, el personaje creado por Joe Gill y Pat Boyette para Charlton Comics, que más tarde pasaría a ser propiedad de DC, interpretado en pantalla grande por el famoso actor y luchador profesional estadounidense John Cena convirtiéndose en uno de los personajes más recordados del largometraje. Recuperando a varios de los secundarios que pudimos ver en el film de 2021, a los que se sumerían otros nuevos, y narrando hechos posteriores al mismo, desde el pasado día 13 de enero ya podemos disfrutar en HBO Max de los tres primeros episodios de esta nueva ficción.



Después de un cold opening en el que se nos presenta la actual situación del personaje principal y unos divertidísimos títulos de crédito que marcan perfectamente el tono de la serie, convirtiéndose en la comidilla del fandom durante estos días con todo merecimiento, lo que podemos encontrar es un proyecto con una calidad de producción, y es algo que sucede también con las series de Marvel Studios para Disney Plus, que en poco debe envidiar a los estrenos en pantalla grande del DCEU. Hablamos de una ficción 100% James Gunn en la que asisistimos una versión algo blanqueada de Peacemaker en comparación a lo que nos era revelado al final de The Suicide Squad, pero siempre jugando son su instinto asesino o prejuicios sexuales y raciales. Ahí es donde el producto encuentra algunas de sus mayores virtudes, en su choque entre lo políticamente correcto e incorrecto haciendo sorna con las dos vertientes de pensamiento y con la línea que los separa difuminándose continuamente.



El primer episodio, A Whole New Whirled, es el más compacto en cuanto a guion y presenta de manera harto eficiente a los personajes secundarios que se codearán con el alter ego "superheróico" de Christopher Smith. En esos poco menos de 45 minutos que dura el capítulo se condensa el humor cafre y en ocasiones zafio, muy hermanado con el de la reividicable M.O.D.O.K de Marvel Television y Hulu, con unas secuencias de acción rodadas con rotundidad y fiereza por parte de un James Gunn alejándose del tono algo más ligero de sus incursiones en el MCU, heredando el de su ya citada The Suicide Squad o el de piezas previas de su filmografía como Super o sus incursiones primigenias en la Troma Entertainment de Lloyd Kaufman. Todo un desfille de salvajadas y chifladuras que, como en todo trabajo salido de la mano de su autor, siempre contiene en su interior un poso dramático o trágico que vascula el relato.



En el segundo episodio, Best Friends, For Never, el guion de James Gunn tropieza a la hora de intentar alargar algunos gags cómicos que no funcionan o no tienen el timing adecuado, cayendo en ocasiones en cierto ridículo, pero afortunadamente el desarrollo de la trama, la presenteción de personajes como el Vigilante y la acción subsanan cualquier fallo. El tercer capítulo, Better Goff Dead, encarrila la máquina y ofrece momentos desopilantes una vez el rol reimaginado en las viñetas por Marv Wolfman y George Pérez se establece como recurrente en el casting. Pero si hay un motivo de peso que me hace tener esperanza en esta serie y lo que tenga que ofrecernos en el futuro es un John Cena pletórico, carismático y exprimiendo al máximo una vis cómica, hasta hoy desaprovechada o poco explotada, que a lo largo de esta Peacemaker seguro nos deperará momentos memorables, ya que solo en una película y tres episodios nos ha regalado más de uno para el recuerdo. A la espera de ello quedamos hasta la próxima semana.



The Choad Less Traveled, alucinógenamente traducido en España como Cipote Se Hace al Andar, suponemos que por un fan de Antonio Machado en HBO Max España, marca la cuarta entrega de esta Peacemaker que mantiene a James Gunn al guion, pero ya cuenta en la dirección con el realizador Jody Hill (Observe & Report) no solo consolidando todas sus virtudes mostradas en los tres primeros episodios, sino acrecentándolas notablemente y reduciendo al máximo las carencias. La trama central se ve beneficiada gracias todo lo relacionado con el Auggie Smith de un brillante Robert Patrick, al que hacía años no veíamos tan resuelto delante de la cámara, dando vida a un nazi bastardo de manual. Toda la parte del capítulo desarrollada en la cárcel y sobre todo la de la "infiltración" depara momentos memorables con pasajes de violencia rodados de manera brutal.



En este sentido James Gunn ya marcó en los tres primeros episodios el tono de una propuesta que no se corta un pelo a la hora de mostrar situaciones salvajes desde un plano físico en consonancia a lo visto en The Suicide Squad. Por ello Jody Hill toma el relevo de su predecesor con la máxima fidelidad y ejecuta alguna que otra secuencia memorable como la de la pelea en el parking en la que John Cena y Nhut Le dan lo mejor de sí mismos para goce del espectador. Pero además de ello no solo la construcción de los gags humorísticos es más sólida, salvo alguna excepción, es que el drama comienza a abrirse paso y todo apunta a que impactará directamente en el personaje principal exgiendo a Cena adentrarse en terrenos interpretativos que hasta ahora mismo le eran ajenos. Las primeras muestras de ello, que pueden verse en los úlitmos minutos de este episodio, dejan vislumbrar algo que podría llegar a ser memorable.



Con The Choad Less Traveled llegamos al prematuro ecuador de Peacemaker y por ahora las impresiones de un servidor no pueden ser mejores ante lo que en ningún momento deja de ser un divertimento alocado y desprejuiciado en el que se pueden apuntar ideas tan locas como usar el racismo de un supremacista blanco para que ayude a eliminar aliemígenas por el simple hecho de que "odia a los extranjeros" o adentrarse en terrenos más trágicos al ir recuperando hechos del pasado del protagonista. Con Christopher Smith comenzando a tocar fondo desde un punto de vista psicológico y una revelación importante como la que podemos ver en el último plano del capítulo nos quedamos a la espera de que la semana que viene la serie de James Gunn no solo siga manteniendo el tipo, sino que se supere a sí misma una vez más como lleva haciendo desde que irrumpió con su ya prometedor episodio piloto.



Con malas vibraciones da sus primeros compases este Monkey Dory, que supone el quinto episodio de la temporada, cuando vemos a James Gunn alargar hasta la extenuación el gag del protagonista enumerando celebridades, idea que más condensada hubiera quedado impecable, pero que tan extendida en el tiempo no solo pierde su gracia, sino que se antoja agotadora recordando a los peores tiempos de Padre de Familia y la manía de Seth MacFarlane de repetir hasta el vómito bromas que él y sus colaboradores creían merecedoras de más metraje. Por suerte este pasaje es breve y solo una mácula dentro de otro episodio memorable que recupera todo el punch con el asalto al "nido de mariposas" en el que la directora Rosemeray Rodriguez (The Walking Dead, Jessica Jones) despliega todo el abanico de violencia explícita ya indisociable tanto al personaje principal como a la serie con momentos brillantes y homenajes explícitos a La Invasión de los Ultracuerpos y sus variantes.



Después de la adrenalínica dosis de acción el episodio levanta el pie del acelerador para recurrir a una de las mejores virtudes de James Gunn como guionista, estrechar lazos entre unos personajes que son un dechado de defectos, carencias afectivas y problemas mentales. La dinámica entre los distintos roles se afianza, comienzan a limarse asperezas entre unos y otros y el culmen de este devenir de acontecimienos desemboca en la memorable secuencia de la creación del grupo de WhatsApp que, como hemos podido ver estos días en redes sociales, ha tenido lugar también en el mundo real con los actores de la serie implicados. Desgraciadamente y conociendo la carrera previa de James Gunn esta concesión a los sentimientos es muy probable que sea la antesala de una escabechina en los próximos episodios con la integridad física de varios de los secundarios en peligro. Solo el tiempo nos dirá si acierto con mis elucubraciones.



Aunque no es el mejor episodio de la temporada, ese honor ahora mismo lo detenta el The Choad Less Traveled de la pasada semana, sí mantiene el alto nivel de una ficción que está gustando a propios extraños gracias a su descaro, naturaleza iconoclasta y carisma en sesión continua. Peacemaker se mantiene como un proyecto que encapsula todas las virtudes de James Gunn como escritor o cineasta y casi ninguna de sus carencias, que aun habiéndolas no empañan un ápice el buen trabajo del autor y sus colaboradores delante y detrás de las cámaras. Con un cliffhunger muy potente, dejando el povenir de la serie pendiente de un hilo, todo apunta a que el sexto capítulo del próximo jueves será clave para encarrilar la recta final de una temporada que hasta el momento no ha hecho otra cosa que darnos una satisfacción tras otra. Ojalá sigamos así hasta el cierre de la tanda de episodios, esperando que estos no sean los últimos.



El de este sexto episodio titulado Murn After Running, en referencia a la divertida película Burn After Reading de los hermanos Coen, es un caso curioso. Después de la escalada de calidad y desarrollo de personajes, sobre todo en la cuarta y quinta entrega, ahora nos encontramos con lo que aparenta ser un capítulo visagra o de transición en el que James Gunn, recuperando su puesto de director, y sus colaboradores comienzan los preparativos de la traca final que tendrá lugar a partir de la semana que viene. De esta manera encontramos aquí todas las carcaterísticas audiovisuales y narrativas que han carecterizado a Peacemaker como serie desde su mismo arranque, pero centrándose más en una acción que para en seco esa profundidad dramática que el futuro director de Guardianes de la Galaxia Vol. 3 había construido con suma eficiencia en The Choad Less Traveller y Monkey Dory. De manera que durante sus primeros treinta minutos nos encontramos con un episodio menos trascedente que sus predecesores.




Pero todo cambia en el último acto, cuando Gunn y su equipo ponen definitivamente las piezas sobre la mesa para dejar la maquinaria lista de cara a la batalla final, con esa memorable secuencia paralela protagonizada por la Detective Sophie Song de Annie Chang y el Auggie Smith de Robert Patrick, volviendo a un plano mucho más intimista en el que Christopher Smith, y no Peacemaker, interpreta al piano Home Sweet Home de Motley Crue con un John Cena que el mismo Gunn ha confirmado como ejecutor real del tema. Aquí es donde la serie revela sus verdaderas intenciones, no sólo dar una profundidad dramática a un personaje en apariencia plano gracias a la excelente labor de escritura propuesta por sus autores, sino también por la entrega de un actor protagonista que como aventurábamos previamente se está revelando como un intérprete brillante después de haber explotado su vis cómica en los primeros capítulos encontrándose ahora muy cómodo en un dramatismo nunca tremendista o lacrimógeno, pero sí emotivo y cercano.



Solo dos episodios quedan para que ponga fin Peacemaker. El séptimo lo podremos ver la próxima semana en HBO Max con el título Stop Dragon My Heart Around, un juego de palabras con el tema Stop Draggin’ My Heart Around de Stevie Nicks, y mucho se tiene que torcer la cosa para que la serie ideada por James Gunn y protagonizada por John Cena no se convierta en una de las mejores basadas en personajes de cómics que vayamos a ver este 2022. Este es el camino que deben seguir DC Entertainment y Warner Bros a la hora de llevar a sus iconos de las viñetas al medio audiovisual, apelar a la convivencia entre productos de distintos tonos y géneros sin problema a que visiones más oscuras alternen recorrido con otras luminosas o como en el caso que nos ocupa una amalgama entre comedia cafre repleta de humor negro con personajes que se adentran sin problema en terrenos más humanos con los que los espectadores podamos indentificarnos.




Como ya vaticinaba un servidor el pasado Murn After Reading daría paso a la traca final de Peacemaker que comienza con el séptimo y penúltimo episodio Stop Dragon My Heart Around. Porque James Gunn al guion y Brad Anderson (Session 9, El Maquinista) a la dirección iban a poner toda la carne en el asador de cara a la season finale y esta semana nos hemos encontrado con la primera parte de la misma centrándose en uno de los villanos de la temporada. Porque como era inevitable nuestro protagonista y su equipo de colaboradores tarde o temprano iban a verse las caras con Auggie Smith, ya con el traje de White Dragon enfundado, y su grupo de supremacistas blancos de mierda. La batalla consiguiente da como resultado la salida del personaje de Robert Patrick de la producción y la puesta apunto para el enfrentamiento con las mariposas.



Este séptimo capítulo vuelve a hacer uso de la mezcolanza de tonalidades propia de lo que hasta ahora habíamos visto de la serie creada por James Gunn. Por un lado el humor negro que no se corta un pelo en cuanto a explicitud y cafradas y por otro un trasfondo emocional que se extiende por todos los personajes, pero que hace especial hincapié en el magnífico Christopher Smith de un John Cena encontrándose muy cómodo con un personaje brutalmente incómodo al que él ha sabido darle corazón. A eso sumamos una puesta en escena que luce mejor que nunca en las secuencias de acción y aunque Brad Anderson es un director con bastante talento que en más de una ocasión ha mostrado cierta personalidad detrás de las cámaras aquí se amolda al look visual impreso por el autor de PG Porn y el resultado es impecable.



Penúltimo episodio y la maquinaria sigue funcionando a pleno rendimiento. Vamos a por la conclusión y Peacemaker se reafirma en cada capítulo como una ficción brillante que no solo mantiene la esencia de lo planteado por James Gunn en The Suicide Squad, sino que en un inesperado efecto retroactivo enriquece aquella visión que se nos ofreció del grupo de DC Comics en general y de El Pacificador en particular. La semana que viene It’s Cow or Never, esta vez le ha tocado al Rey del Rock, pondrá final a esta esperemos que primera tanda de episodios centrados en el personaje creado por Joe Gill y Pat Boyette en 1966 dentro de la editorial Charlton Comics. Al igual que afirmé la pasada semana una gran catástrofe tendría que acontecer en esta última entrega para que Peacemaker no se despida siendo una de las mejores producciones audiovisuales superheróicas del presente año.




Finalmente se han cumplido los vaticinios y Peacemaker se despide a lo grande con It’s Cow or Never, traducido genialmente como Esto se Avaca en España, el último episodio de la temporada centrada en el personaje de DC Comics encarnado en imagen real por al actor y luchador profesional John Cena. Si en la anterior entrega Christopher Smith eliminaba a Auggie Smith, su propio padre enfundado en el traje del villano y supremacista blanco White Dragon, ahora le tocaba al equipo formado por john Economos, Vigilante/Adrian Chase, Emilia Harcourt, Leota Adebayo y el mismo Peacemaker acabar con los planes de las mariposas, los extraterrestres venidos del espacio exterior que habían usurpado los cuerpos de todas las fuerzas de la ley local para custodiar "la vaca" que les proporcionaba alimento para mantenerse con vida en nuestro planeta.



Un último capítulo que sirve como muestra quintaesencial de todas las características de la serie de HBO Max producida por DC Entertainment y Warner Bros. Humor negro, violencia explícita, personajes descerebrados pero con buen fondo, rock de los años 80 y referencias al cine de invasiones alienígenas más pulp por obra y gracia de un James Gunn que recupera aquí su doble labor como guionista y director para poner punto y seguido a una serie que se ha ganado el corazón de gran parte del fandom y el público generalista. Detrás de la batalla campal en el granero, ese clímax final con la vaca que nos remite al de Starship Troopers, el comentadísimo cameo o un cierre para todos los personajes subyace un poso de amargura sobre todo en lo concerniente a un personaje principal que John Cena acometió con inusitada profesionalidad desde el primer episodio.



Sé que es algo que he mencionado todas las semanas que hemos ido comentado los episodios de la serie de HBO Max, pero no quiero perder la oportunidad de reafirmarme en que este es el camino que debe seguir el DC Extended Universe si quiere convertirse en un microcosmos en el que pueda caber una polifonía de voces a la hora de llevar la gran o pequeña pantallas las andanzas en viñetas de sus personajes célebres y no tan célebres. Ahora lo importante es que los productores no cometan la equivocación de dejar escapar a James Gunn como showrunner del proyecto, porque él y John Cena son el alma de Peacemaker y ninguno de ellos debería desvincularse de esa ya confirmada segunda temporada que esperaremos con muchas ganas. Un servidor ha disfrutado la serie de El Pacificador más que el 90% de las series de Disney Plus y Marvel Studios y ahora solo me queda esperar que la nueva tanda de episodios tarde poco en llegar y nos depare nuevas sorpresas.