Mostrando entradas con la etiqueta batman. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta batman. Mostrar todas las entradas

viernes, 8 de abril de 2022

The Batman

 


Título Original The Batman (2022)
Director Matt Reeves
Guion Peter Craig, Matt Reeves, basado en el personaje creado por Bill Finger y Bob Kane
Reparto Robert Pattinson, Zöe Kravitz, Jeffrey Wright, John Turturro, Paul Dano, Colin Farrell, Andy Serkis, Peter Sarsgaard, Jayme Lawson, Con O'Neill, Barry Keoghan, Gil Perez-Abraham, Peter McDonald, Alex Ferns, Rupert Penry-Jones, Kosha Engler, Janine Harouni




En 2017 saltaba la noticia y no éramos pocos los que la celebrábamos. Ben Affleck, que venía de interpretar por primera vez al Hombre Murciélago en Batman v. Superman: El Amanecer de la Justicia, se encargaría de producir, escribir, dirigir y protagonizar una película en solitario del alter ego superheróico de Bruce Wayne. Si sumamos su encarnación del icono creado en 1939 por Bill Finger y Bob Kane, uno de los mayores aciertos de la muy irregular cinta de Zack Snyder, al más que desmotrado talento detrás de las cámaras de Affleck con proyectos tan reseñables como Adios Pequeña Adiós, Ciudad de Ladrones (The Town), la oscarizada Argo o la minusvalorada Vivir de Noche la buena nueva no podía ser recibida con más entusiasmo por gran parte del fandom.




El problema es que el multifacético protagonista de Persiguiendo a Amy se encontró con un muro infrancleable, el del caos que ya por aquel entonces comenzaba a gestarse dentro de las oficinas de Warner Bros y DC Entertainment con respecto al adecuado discurrir de un universo cinematográfico cuyas endebles bases no habían sido adecuadamente asentadas con El Hombre de Acero y la ya citada Batman v. Superman: El Amanecer de la Justicia. De manera que después de que Affleck cediera la silla de director a Matt Reeves (Déjame Entrar, El Amanecer del Planeta de los Simios) finalmente se desvinculó totalmente del proyecto cuando el realizador rechazó su guion pasando así el proyecto a localizarse fuera de la cronología establecida por los films de Zack Snyder y ha posponerse durante años.




Finalmente y después de una producción problemática debido a varios contagios de COVID-19 durante el rodaje, entre ellos el del mismo actor protagonista, The Batman llegaba a cines de todo el mundo el pasado 4 de marzo con Matt Reeves como realizador y co guionista, compartiendo labores de escritura junto a Peter Craig, y Robert Pattinson encabezando un reparto en el que reconocemos los rostros de Zöe Kravitz, Jeffrey Wright, John Turturro, Paul Dano, Colin Farrell, Andy Serkis o Peter Sarsgaard entre otros. Las alabanzas por parte de la prensa especializada internacional fueron de proporciones mastodónticas, algunas de ellas posicionándola como la mejor película de Batman jamás rodada, algo que, para un servidor, dista mucho de la realidad.




The Batman arranca con un prólogo brillante, posiblemente uno de los pasajes cinematográficos más interesantes de la historia cinematográfica del personaje. Por fin parecía que un director, en este caso uno con tanto talento como Matt Reeves, conseguía capturar en poco menos de diez minutos la iconocidad universal del guardián de una Gotham crorrupta, oscura y peligrosa. En esos primeros compases Batman es expuesto en pantalla casi como un concepto, una entidad demiúrgica moviéndose entre las sombras y cuya potencial presencia hiela la sangre a unos críminales que parecieran considerarlo el Hombre del Saco. La atmósfera propia de cine de terror, la tan eficiente como desvergonzada banda sonora de Michael Giacchino y esa voz en off afrmando que la Batseñal no solo es una llamada, sino también una advertencia, parecen prepararnos para lo mejor.




Si The Batman hubiera sido un cortometraje centrado en esos primeros minutos podría haberse revelado como una de las piezas audiovisuales más potentes y definitorias de Batman y con su presencia física casi sin materializarse en pantalla. El problema es que Matt Reeves y Peter Craig no solo no consiguen matener ese nivel tan alto, sino que después del arranque traicionan su poderosísimo punto de partida. Si acabas de ilustrar a Batman como una presencia que "infunde terror en sus enemigos" pasajes como el de la primera visita a la sala Iceberg o su irrupción en la escena del crimen con criminales y agentes de la ley respectivamente mirándole por encima del hombro e increpándole lo único que consigues es desmontar el impecable andamiaje sobre el que ibas a construir tu historia.




Una vez hemos asumido que todo lo visto en el inicio ha sido un espejismo no podemos negar que The Batman todavía contiene suficientes alicientes para revelarse como una notable película protagonizada por el superhéroe de DC Comics. Es ineludible que la labor técnica detrás de The Batman es sobresaliente y que en ella Matt Reeves ha depositado más de diez años de profesionalidad demostrada detrás de las cámaras. El cineasta estadounidense se aleja del procedimental discurrir del celuloide superheróico hegemónico para abrazar la vertiente detectivesca y noir de su protagonista y ofrecer una pieza que a nivel de puesta en escena o diseño de producción tiene más que ver con Seven o Zodiac que con cualquier otra obra pretérita centrada en el Cruzado Enmascarado.




Como era de esperar todos los pasajes de acción están ejecutados con suma eficiencia. Matt Reeves consigue la proeza de que una película con una calificación PG13 destile una violencia física cruda, seca, con golpes impartidos y recibidos por Batman transmitiendo una orgánica sensación de brutalidad animal. También sería de recibo mencionar la parte desarrollada en el funeral con una tensión magníficamente construida gracias a la labor tanto de Reeves como de sus actores, como la de un desaprovechado Peter Sarsgaard. Pero en lo referido a este tipo de secuencias es de recibo destacar la persecución entre Batman y el Pinguino en la que el Batmóvil cobra todo el protagonismo, consiguiendo algo inusual como tranmitir claustrofobia con dos vehículos en continuo movimiento y con uno de ellos como salido del mismísimo infierno. 




En lo referido al reparto encontramos grandes nombres, pero no interpretaciones que se ajusten a los mismos. Es cierto que la labor del cast es encomiable con todos los interpretes ejerciendo su oficio con soltura, pero ninguno realiza una trabajo para el recuerdo y el único que está a punto de conseguirlo es boicoteado por el guion. Robert Pattinson da vida al Bruce Wayne más triste, grave y dramático, pero como eso es lo que Matt Reeves le habrá exigido no se puede poner ninguna pega a su composición y Jeffrey Wright está a la altura dándole la replica como James Gordon. Zoe Kravitz cumple sobradamente con su versión de Catwoman, John Turturro hace lo propio con Carmine Falcone y Colin Farrell se divierte de lo lindo con su Oswald Cobblepot, pero este podía haber pasado por cualquier mafioso genérico ya que poco tiene de la esencia del villano que todos conocemos, algo aplicable también al despersonalizado e infrautilizado Alfred Pennyworth de Andy Serkis




Es Paul Dano, un titán al que hemos visto lucirse en obras como There Will Be Blood, el que mejor trabajo realiza configurando su peculiar versión de El Acertijo. Este Edward Nigma vuelve a hundir sus raíces en la filmografía de David Fincher y es que si su estética y modus operandi nos retrotraen al Asesino del Zodiaco hay en su personalidad algo del John Doe de Kevin Spacey para Seven, pero sobre todo nos recuerda su brillante Alex Jones de la no menos excelsa Prisioneros. Todo lo relacionado con esta contrapartida de Edward Nigma transmite interés y sirve como acertada lectura sobre el actual mundo streamer, pero lo inteligentemente planteado hasta la escena de su detención se ve ensombrecido con su carácter volátil e histriónico una vez mantiene la conversación con Batman en Arkham. Aquí la encomiable construcción del rol se desinfla y acaba derivando en otro más desdibujado y alejado del asesino a sangre fría que habíamos visto previamente.




Pero mi mayor problema con The Batman es con su construcción narrativa y su trama detectivesca. Celebro la decisión de Matt Reeves y su equipo de entragrarse al thriller policíal con asesino serial, pero esta elección requiere una solidez en el guion de la que el largometraje carece. Se antoja poco creíble que el primer enigma sea resuelto por Batman y Gordon con inmediatez cuando el de la "rata alada" se alarga en exceso en el tiempo pese a su simpleza. Casualidades repartidas por toda la trama como la sonrojante de la moqueta o decisiones inverosímiles como Falcone encerrándose en su despacho solo con Selina sin haberla registrado o toda la policía de Gotham, con Gordon a la cabeza, dejando acercarse a la alcaldesa al atril para hablar a los ciudadanos sin la compañía de nadie de seguridad en una situación de máximo peligro son trampas que  menoscaban la credibilidad del film en favor de encarrilar la historia hacia donde necesitan sus autores.




The Batman muestra un reinicio de franquicia con gran potencial que al menos en su primera incursión no ha sido aprovechado. A estas alturas lamentar lo que podría haber sido ese proyecto con Ben Affleck como hombre orquesta es una futilidad, pero se antoja imposible no pensar en ello y los resultados que hubiera ofrecido. Al film de Matt Reeves le sobra metraje y le falta solidez como historia, pero su acabado estilístico y un reparto destacable nos hacen no perder la esperanza con respecto a esa secuela que vistos los buenos resultados en taquilla no se hará mucho de rogar. Antes de ella nos esperan dos spin off  en forma de serie para HBO Max,  Gotham PD: centrada en los cuerpos policiales de la ciudad y otro con el Pinguino de Colin Farrell como protagonista que a un servidor sobre el papel llaman poco o nada la atención. Veremos si el tiempo me hace cambiar de opinión.


sábado, 2 de abril de 2016

Batman v Superman: El Amanecer de la Justicia



Título Original Batman v Superman: Dawn of Justice (2016)
Director Zack Snyder
Guión David S. Goyer y Chris Terrio
Actores Henry Cavill, Ben Affleck, Amy Adams, Laurence Fishburne, Jeremy Irons, Holly Hunter, Diane Lane, Gal Gadot, Jesse Eisenberg, Jena Malone, Lauren Cohan, Callan Mulvey, Tao Okamoto, Ray Fisher, Scoot McNairy, Jason Momoa, Ezra Miller, Demi Kazanis





Tras la controversia que acompañó al estreno de El Hombre de Acero en 2013 DC Cómics y Warner Bros no lo tenían fácil para seguir con el tono de aquella superproducción, que no a todos agradó, y con ello dar forma a una poco ortodoxa, pero muy deseada, secuela en la que Superman se enfrentaría a Batman, el otro personaje capital de la afamada editorial norteamericana. Con Christopher Nolan fuera de la ecuación (aunque en los créditos conste como productor ejecutivo) David S. Goyer y Zack Snyder todavía en el barco y la inclusión al guión de Chris Terrio, Ben Affleck como el nuevo Batman (que estos últimos colaboren juntos no es extraño si recordamos que formaron dupla en la escritura y realización de la oscarizada Argo) y Gal Godot como Wonder Woman, Jesse Esinberg como Lex Luthor y Jeremy Irons en la piel del siempre fiel Alfred Pennyworth, Batman v Superman: El Amanecer de la Justicia se embarcó en una larguísima gestación abarcando casi tres años que ya han dado su fruto con el estreno internacional de la obra hace poco más de una semana. Yendo directos al grano y sin paños calientes un servidor puede afirmar que la última película de Zack Snyder no merece en absoluto las brutales críticas que le ha dedicado la prensa especializada, pero también está lejos de ser la gran producción a la que aspiraba convertirse amparándose en que su núcleo central estaría basado en ver por primera vez a los dos personajes más relevantes de la historia de DC Cómics enfrentándose en un largometraje.




Batman v Superman: El Amanecer de la Justicia ha estado ideándose en el seno de Warner Bros la friolera de tres años y debido a ello era lógico que los espectadores en general y el fandom en particular exigieran mucho a un proyecto tan esperado. Evidentemente y como se ha hecho notar a lo largo de los últimos días no han sido pocos los decepcionados con el film y la crítica especializada ha dejado notar, en líneas generales, su descontento con la última película de Zack Snyder. En cambio la taquilla se ha puesto del lado del largometraje dando la razón a los impulsores de la producción y asegurando el futuro del próximo universo cinematográfico de DC que da su pistoletazo de salida aquí. Después de una semana en la que se ha criticado brutalmente a la película un servidor debe afirmar que disfrutó el film el mismo día de su estreno y que sin sentirme ultrajado sí es cierto que salí de los multicines con una mezcolanza de sentimientos que se movían entre la satisfacción y la decepción por haber asistido a un potente y descontrolado producto con tantos aciertos como fallos. Aunque la cinta es una secuela oficial de El Hombre de Acero también sustenta su trama en dos de los cómics más icónicos de la pareja de personajes que lo protagonizan como son El Regreso del Caballero Oscuro de Frank Miller y La Muerte de Superman de Dan Jurgens al que se añaden referencias a otras sagas que pueblan el metraje de agradecidas referencias a la historia secuencial de DC.




Batman v Superman: El Amanecer de la Justicia muestra rápidamente su naturaleza desdoblada en el prólogo que le da arranque. En esos escasos cinco minutos Zack Snyder da su visión, la enésima en cines, del asesinato de Thomas y Martha Wayne ante la impotente mirada de su pequeño hijo Bruce y en ellos se dan la mano esos efectistas y vacuos planos detalle marca de la casa (lo del collar de perlas es pura pose y regodeo innecesario) con respecto al director de Sucker Punch o El Amanecer de los Muertos y algunas tomas de una extraña belleza visual (esos murciélagos elevando por los aires al único heredero los Wayne) dejando claro que vamos a asistir a un desfile de grandes momentos que tomarán continuamente el relevo de otros considerablemente innecesarios. Por desgracia este resultado no es nuevo ya que la anterior El Hombre de Acero ya sufría este mal ofreciendo a la platea pasajes vibrantes, poderosos, de una epicidad palpable con otros insulsos, forzados y que desdibujaban en muchas ocasiones a los personajes. Por eso podemos afirmar que su sucesora se muestra en pantalla como un producto hipertrófico, grandilocuente, wagneriano, que quiere abarcar más de lo que puede y que desde bien pronto comienza a mostrar sus carencias, sobre todo las narrativas. Como no pocos han sabido vislumbrar el montaje de Batman v Superman deja mucho que desear, pero el que firma piensa que eso se deja notar sobre todo en la primera mdia hora de metraje, cuando Snyder, Goyer, Terrio (¿y Affleck?) comienzan a colocar sus fichas estratégicamente con escenas que pecan de exiguas, deficientemente desarrolladas o que pasan por delante del objetivo de la cámara sin aportar nada sólido para el desarrollo de la trama o su adecuado devenir.





Esto no afecta demasiado a la evolución de los personajes que ya estaban en Man of Steel ni a la presentación de los nuevos que aquí se unen a los de Clark o Martha Kent, Lois Lane o Perry White, pero sí a la adecuada construcción del entramado que vertebrara la obra cinematográfica. En no pocos momentos Batman v Superman transmite la sensación que esa idea de recortar escenas del metraje original para ofrecernos en un futuro un montaje extendido en el que se condense todo lo que Zack Snyder y su equipo de guionistas tenían en mente y que Warner cercenó impunemente (de hecho ya circula por la red una escena eliminada bastante curiosa) es uno de los fallos que ha dado pie a que el largometraje se muestre para algunos espectadores y periodistas especializados como una odisea de ruido y furia que no contiene nada en su interior, algo que, por otro lado, no es cierto en absoluto. El planteamiento principal de BvS es muy interesante con respecto a analizar el peligro que puede suponer tener a personas superpoderosas poblando el planeta tierra por mucho que se muestran como altruistas cuya única misión es ayudar al prójimo. Esa idea de que el poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente que expone Lex Luthor (un Jesse Eisenberg cargante que sí, intimida, no, no es un mal villano y no, no se parece en nada al milimétrico y nihilista Lex de los cómics) no es nuevo, ya lo plantearon muchos guionistas del mundo del cómic y aunque lo más lógico sería que dicha reflexión nos remitiera a la inigualable Watchmen de Alan Moore y Dave Gibbons, más si tenemos en cuenta que Zack Snyder la adaptó al celuloide en el año 2009 con mucho acierto y alguna liciencia estilística bastante reprochable, a un servidor le vinieron a la cabeza con más fuerza las distintas etapas de la colección The Authority, la serie nacida en el seno de la ya extinta editorial Wildstorm creada por Jim Lee y que tuvo a guionistas como Warren Ellis, Mark Millar o Ed Brubaker entre sus escritores y a ilustradores como Bryan Hitch o Frank Quitely en sus apartados artísticos.




Por desgracia este planteamiento tan inteligente no es debidamente desarrollado por el guión, pero sí ofrece material para subsanar algunos errores de Man of Steel como devolver la humanidad a un Superman que nunca debió haber sido expuesto en pantalla como una deidad que “no debe nada a los humanos” ya que muchas de las mejores historias del Hombre del Mañana son en las que se muestra tan o más vulnerable que los terrícolas, un “sí, pero no” para intentar arreglar el desaguisado conceptual y existencial que supuso que el protagonista matara al villano principal de aquella cinta, el Zod al que dio vida un desatado Michael Shannon o un Henry Cavill hace todo lo posible por entregar más material narrativa y artísticamente notable con su rol y aunque no lo consigue al 100% se le agradece el intento. Otro acierto del libreto es cómo está abordado Batman como personaje y con mucho más mérito si tenemos en cuenta que esta nueva visión del Guardián de Gotham debuta en una película en la que él no es el eje central absoluto. Snyder y sus muchachos han tirado del Batman de Frank Miller, pero no del noir de Año Uno, sino del vigilante fascista de la pletórica El Regreso del Caballero Oscuro o del matón perdonavidas de All Star Batman y Robin. Esta versión del alter ego de Bruce Wayne es un cuarentón de vuelta de todo que lleva años efrentándose con unos criminales a los que cada vez se parece más y que sigue utilizando a Alfred Pennyworth, un Jeremy Irons a la altura de la situación, como brújula moral. El cuerpo musculado del actor de Persiguiendo a Amy, su rostro petreo que en esta ocasión juega a su favor y su habilidad con las escenas físicas convierten a su Batman, no sólo en lo mejor de BvS, también en la adaptación más literal que se ha hecho nunca a imagen real de la idea que tiene el autor de Sin City o 300 de lo que tiene que ser el Hombre Murciélago.




Aunque gran parte del fandom está pidiendo la salida de Zack Snyder de la próxima cinta de la Ligua de la Justicia y un servidor comparte dicha idea porque creo que el norteameircano repite su esteticismo de manera harto agotadora y que ya ha ofrecido todo lo que tenía con sus dos films también es de recibo mencionar que el cineasta es un competente artesano (nunca un autor, ni un visionario como algunos afirman) con unas remarcables dotes para rodar pasajes grandilocuentes, mastodónticos y hacer que en pantalla los superhéroes se comparten como tales. Todas las escenas de acción de Batman v Superman son espectaculares, están ejecutadas con una pericia fuera de toda duda y aunque en no pocas ocasiones pecan de aparatosas y toscas sería de necios negar que suben la adrenalina al espectador, sobre todo si se ha criado con los cómics de DC. El efrentamiento entre Batman y Superman es tan brutal como esperábamos y más, pero es que la aparición de la magnífica, aunque de presencia escasa, wonder Woman de Gal Godot para enfrentarse con un desatado Doomsday hace ganar enteros al conjunto del apartado técnico del largometraje, dándonos las primeras pinceladas de lo que en un futuro podrá ser una JLA que deje satisfechos tanto al espectador neófito como al fanboy de toda la vida. En resumidas cuentas, en su faceta más primaria, en la de ofrecer al respetable acción competente BvS muestra su mejor cara y poder ver en pantalla grande a la Trinidad de DC repartir estopa es algo que los lectores de las correrías de los tres protagonistas no podemos pagar con dinero y en ese sentido la satisfacción es prácticamente total.




No amigos, Batman v Superman: El Amanecer de la Justicia no es ni de lejos tan mala como se ha dicho, es como pensé después de verla “una película que merece la pena, pero que podría haberla merecido mucho más” es un proyecto de proporciones tan enormes que sus creadores han perdido (o han querido perder) el control del mismo. Mi nota de todas formas es provisional, porque hasta que no vea la versión extendida de la cinta no podré hacer una verdadera valoración de todo lo planteado en el proyecto. Por ahora me quedo con los éxitos y fracasos de este montaje cinematográfico, que ofrece de manera descompensada fruición, adrenalina, fanservice y para que negarlo, desconcierto y decepción. Por suerte el futuro del universo cinemático de DC está asegurado tras el magnífico recibimiento del film en la taquilla mundial y esas visiones, algunas desconcertantes (la de Flash) otras brillantes (la de Batman luchando contra el ejército de Superman con una estética que recuerda a Superman: Hijo Rojo de Mark Millar es mi pasaje favorito de la película) ponen las primeras semillas de los que será esa JLA dividida en dos partes con la que Zack Snyder (si no hay cambio de planes) juntará por primera vez en imagen real al grupo de superhéroes más importantes de la editorial estadounidense, aunque siempre nos quedará la espina de saber cómo hubiera sido la visión de este cuando George “Mad Max” Miller estaba implicado en el proyecto. Finalmente recomiendo el visionado de Batman v Superman: El Amanecer de la Justicia para disfrutarla y refutar qué es aquello que no ha gustado a unos y sí a otros, aunque para el que aquí firma el proyecto más interesante de Warner Bros relacionado con el mundo superheróico de DC sigue siendo ese Escuadrón Suicida que tan bien pinta y al que esperemos que David Ayer haya hecho justicia.


martes, 26 de marzo de 2013

Batman, más bat-grande, más bat-largo y sin bat-cortes



Título Original Batman (1966)
Director Leslie H. Thompson
Guión Lorenzo Semple Jr basado en los personajes creados por Bob Kane y Bill Finger
Actores Adam West, Burt Ward, Lee Meriwether, Cesar Romero, Burgess Meredith, Frank Gorshin, Alan Napier, Neil Hamilton






El año 1966 fue muy importante para un personaje como Batman. La cadena ABC empezó a emitir una serie de imagen real protagonizada por el superhéroe enmascarado creado en el mundo del cómic por Bob Kane y Bill Finger. El programa fue un rotundo éxito durante las tres temporadas que duró llegando a los televisores norteamericanos por medio de 120 episodios en los que se daba una visión colorida, paródica y naif del Guardían de Gotham y sus aliados o enemigos. Entre la primera y segunda temporada se llevó a cabo un largometraje que vino a ser como un one shot, un número especial en el que se sobredimensionaba el producto catódico para ofrecer una historia bigger than life que saciara el apetito goloso de los fans del serial. Batman: The Movie se estrenó en 1966 y también fue un gran éxito.




Batman y Robin descubren por medio del comisario James Gordon que el Comodoro Schmidlapp está sufriendo graves problemas dentro de su yate, de modo que deciden lanzarse a su rescate para salvarlo. Pero lo que el Dúo Dinámico no sabe es que todo es un terrible plan ideado por cuatro de sus peores enemigos: El Joker, El Pingüino, El Acertijo y Catwoman. Los villanos tienen en su poder un Deshidratador que convierte en polvo a todo aquel al que se le aplica y que quieren usar para sus diábolicas fechorías internacionales. Los dos Guardianes de Gotham deberán detener al cuarteto de criminales antes de que hagan sembrar el caos a nivel mundial.




Batman es la mala versión cinematográfica de una mala serie televisiva. Pero los fans del personaje de cómic le debemos mucho a aquel entrañable programa catódico que no se tomaba en serio a sí mismo y que daba pie a algunas ideas del todo rocambolescas. Porque gracias a su éxito nuestro héroe de cómic favorito recibió una fama y un reconocimiento a nivel mundial enormes llevando las aventuras del Hombre Muerciélago a las casas de personas que nunca hubieran leído uno de sus tebeos. Pero siempre ha pesado a gran parte del fandom que hablemos de un producto lleno de colores, onomatopeyas, roles caricaturescos y situaciones ridículas que muchos de los seguidores actuales de los cómics rechazan de pleno.




Pero los verdaderos seguidores del personaje, aquellos que conocen su largo recorrido desde finales de los 30 hasta la actualidad saben que la serie protagonizada por Adam West y Burt Ward guarda muchas similitudes con la silver age de Batman en las viñetas, aquella etapa entre los 50 y los primeros 60 en la que por culpa de la influencia del Comics Code las aventuras del Caballero Oscuro tenían poco de esto último. Viajes espaciales, gorilas criminales, personajes paródicos como Batmito y situaciones infantiles alejadas del tenebrismo que inyectaron los mismos Kane y Finger en los primeros años de gestación de la criatura. De modo que este Batman, tanto el de la serie de televisión como el del largometraje que nos ocupa, es tan fiel al personaje (o parte de su recorrido como icono) como lo son las visiones de Timm y Dini, Burton, Nolan y sí, Schumacher, cuyos films en la franquicia no dejaban de ser una revisión anacrónica de la serie de los 60 que mencionamos.




Batman: The Movie es un disparate autoconsciente, la trama es una excusa propia de cualquier episodio de la serie original pero con la justificación de que el plan que le da forma esté organizado por los villanos más reconocibles de la galería de criminales que hace la vida imposible a Batman. Todo lo que hizo un éxito de la serie de tv está aquí, pero el guionista Lorenzo Semple Jr. (forjado en las filas del producto catódico y más tarde autor de la escritura de éxitos de calidad como Papillón o Los Tres Días del Cóndor) lo intensifica como conjunto en lo que se refiera a situaciones disparatadas y momentos vergonzosamente memorables por su alocada ejecución, que son remarcables y para nada escasos a lo largo del metraje.




Desde los títulos de crédito con esa jocosa advertencia a los criminales el espectador ya es consciente de qué va a encontrarse. Un desfile de simpáticos disparates con un Batman amanerado y un Robin que golpea sus puños mientras hace comentarios amenazantes. Situaciones descacharrantes como las fotos de los criminales, los memorables métodos deductivos del "mejor detective del mundo" mediante los cuales da con pistas como el plátano bolígrafo o el Canario con una metralleta, Robin en el Batmóvil junto a Alfred y este último usando un antifaz para no ser reconocido, el bat-repelente de tiburones, los míticos delfines suicidas (todo el pasaje del Batcóptero en el mar es sencillamente inolvidable, ¡ese etiburón de plástico!) la secuencia en el local árabe presagiando parte de la filmografía del inefable Jean Rollin, todo lo relacionado con el Deshidratador o la cumbre del film para el que suscribe, la escena de la huída de Batman con la bomba que ojalá haya sido influencia para el final de The Dark Knight Rises, eso le daría 80% más de carisma a Christopher Nolan.




También tenemos señas de identidad que hicieron grandes a la serie televisiva. El bigote camuflado de César Romero, los "cuac, cuac" y "miau, miau" de El Pingüino y Catwoman respectivamente, esa colorida y disparatada Batcueva, la escalada con cuerda por las paredes, el histrionismo del Acertijo (está claro que Jim Carrey se inspiró en Frank Gorshin para dar vida al personaje en Batman Forever), planos inclinados o la inutilidad de esos villanos que son eliminados en secuencias de lucha coreografiadas por un adicto al Peyote. Como es lógico las impagables onomatopeyas de los golpes aparecen en escena, tras hacerse mucho de rogar, en la batalla final encima del submarino Pingüino, pero no decepcionan.




Al final Batman y Robin desfacen el entuerto, encierra a los criminales, desenmascaran a la pretendienta de Bruce Wayne (esa Kitka con jerga comunista como buena rusa vista por los americanos) que resulta ser Catwoman y dan lecciones de política internacional y civismo a las Naciones Unidas (ahí es nada). Batman es una cinta entrañable, un producto que aún habiendo nacido viejo hoy día se ve tan kitsch y vintage que es imposible no rendirse a sus disparatados y coloridos encantos. Los mismos que encumbraron al serial original como un éxito de televisión en su época, que lo avocaron al rechazo y el ostracismo años después y que hoy lo reivindican como un producto de culto que va más allá del medio televisivo, el panorama cinematográfio o el mundo del cómic, llegando a ser reconocido como parte importante de la cultura pop contemporánea. Nos vemos a la misma bat-red y en el mismo bat-blog.



martes, 24 de julio de 2012

El Caballero Oscuro: La Leyenda Renace



Título Original The Dark Knight Rises (2012)
Director Christopher Nolan
Guión David S. Goyer, Jonathan Nolan y Christopher Nolan basado en el personaje creado por Bob Kane y Bill Finger
Actores Christian Bale, Tom Hardy, Anne Hathaway, Michael Caine, Gary Oldman, Joseph Gordon-Levitt, Marion Cotillard, Morgan Freeman, Juno Temple, Matthew Modine, Josh Pence, Nestor Carbonell, Brett Cullen, Tom Conti, Aidan Gilen, Liam Neeson


The Dark Knight Rises supone el cierre de la trilogía que el director británico Christopher Nolan ha dedicado al personaje de Batman, creado por el tándem Bob Kane/Bill Finger (aunque por desgracia a este último pocas veces se le reconoce su crédito en la gestación del personaje) hace más de 70 años, teniendo su primera aparición en el número 27 de la colección Detective Comics. Su trilogía tiene una profunda coherencia interna y sirve para convertir el icono de Batman en una leyenda, un símbolo. El problema es que el cierra de esta saga es una cinta que sufre de cierta irregularidad y algunos fallos internos que le restan entereza y solidez como conjunto cinematográfico, aunque por suerte la película no fracasa en ningún momento como conclusión de la franquicia. Crítica con algunos spoliers.




Han pasado ocho años desde que Harvey Dent muriera (siendo ya el criminal Dos Caras) y Batman asumiera como suyos todos los crímenes llevados a cabo por el atiguo fiscal del distrito. Gotham vive en paz, la policía dirigida por el comisario James Gordon mantiene a raya a los criminales y Bruce Wayne vive recluido en su masión sin conseguir levantar cabeza tras los hechos acontecidos durante la campaña de terror y caos realizada por el Joker. Pero la aparición de una felina ladrona de joyas, algunos problemas con sus negocios personales y sobre todo la llegada de Bane, un criminal cuya intención es purgar de corrupción la ciudad, obligarán a Batman a abandonar su retiro y volver a portar la capa y la capucha del caballero oscuro.




The Dark Knight Rises está inspirada en tres sagas de las más recordadas de los últimos 30 años del personaje. Por un lado tenemos al Bruce Wayne que colgó la capa años ha y que ya no ejerce de justiciero en Gotham, pero que regresará a la batalla cuando el crimen vuelva a imperar en su ciudad, ideas argumentales que salen de El Regreso del Caballero Oscuro la inmensa y capital obra de Frank Miller editada en 1986. Por otro lado tenemos la noventera La Caída del Murciélago, saga con el personaje de Bane como enemigo principal de Batman y que narraba un combate brutal entre ambos en el que el hombre murciélago salía muy mal parado.




Por último tenemos Tierra de Nadie una de las más extensas etapas del personaje que narraba como Gotham era invadida por el caos y la anarquía tras un enorme terremoto (aquí el guión se toma licencias con respecto a lo del movimientos sismico, que no forma parte de la trama). Aunque los hermanos Nolan han comentado que tomaron como punto de partida la novela Historia de Dos Ciudades de Charles Dickens y es cierto que hay similitudes entre película y libro, es indudable, es más, posiblemente esa amplitud de miras en la escritura es la que ha dado pie a que la última cinta del director de Memento no sea tan redonda como se esperaba. También en la trama por medio de referencias y algunos secundarios se homenajean sagas del personaje en viñetas como El Hijo del Demonio de Mike W. Barr y Jerry Bingham.




El Caballero Oscuro: La Leyenda Renace es una excelente película que contiene muchísimos aciertos y momentos de gran cine que permanecerán en la retina del espectador (y en el fan del personaje más aún)  largo tiempo. Pero también es la cinta de la trilogía más irregular y la que contiene más fallos estructurales y argumentales que le restan cohesión al conjunto. Posiblemente Nolan esta vez sí ha pecado de ambicioso y por querer contar una historia bigger than life y llegar incluso más lejos que con su anterior film sobre Batman   (algo tan innecesario como imposible) ha perdido, en cierta manera, el control de su enorme máquina.




Hay muchos aciertos en The Dark Knight Rises que la convierten en un producto nada desdeñable y sí bastante reivindicable. Nolan sabe mantener el tono que insufló a las dos entregas de la trilogía y el matiz crepuscular y oscuro se acentúa (aunque esta vez no se encorseta tanto al realismo y deja que algunas escenas tomen un tono menos verista) lo que da uniformidad a las tres cintas en conjunto. Por otro lado consigue transmitir la sensación de apocalipsis en Gotham, cómo ese grupo de terroristas (comandados de Bane) amedrentan a los ciudadanos y se percibe el sentimiento de amenaza a través de la pantalla.





La dirección técnica de Christopher Nolan es en general sobresaliente. Tanto el arranque en el avión, como las persecuciones por tierra o aire, como esta vez sí, las escenas de lucha, tienen un acabado impecable. He de admitir que habiendo comentado en las entradas dedicadas a Batman Begins y El Caballero Oscuro que al realizador de The Prestige le faltaba depurar las escenas de acción físicas en El Caballero Oscuro: La Leyenda Renace no sólo ha conseguido mejorarlas, sino también regalarnos dos de ellas sencillamente inolvidables. Las dos peleas de Batman y Bane están rodadas y editadas con una pericia mayúscula, es más, la primera de ellas me parece un pasaje ejemplar no sólo en la cinta que nos ocupa, también en el cine de acción en general.




Toda la pelea en la base central de Bane está rodeada de un halo de impotencia y brutalidad sencillamente apabullante. He de admitir que esta parte del film incluso llegó a ponerme mal cuerpo, parecía como si los golpes que el protagonista recibía los sintiera yo mismo. Ese Bane que hace que cada golpe simule una apisonadora parece que realmente va a matar a Batman, (los tres golpes seguidos a la cabeza me dolieron hasta a mí) y que derrote de esa manera al protagonista (qué simbólica la escena en la que tira la máscara del héroe) como ya he comentado deja con una sensación de angustia que se confirma desde mi punto de vista como todo un hallazgo.




Tom Hardy sabía que la alargada sombra de un inmenso Heath Ledger como el Joker le acompañaría durante toda su representación de Bane, por eso seguramente le ha querido dar otro tono a su villano y desde mi punto de vista ha sido todo un acierto. Me gusta mucho el Bane de The Dark Knight Rises, sabe transmitir esa mezcla entre amenaza física y psicológica que los buenos guionistas han sabido inyectar cuando han llevado de la mano al personaje en los tebeos. El protagonista de Bronson se ve en pantalla como una enorme mole de inquebrantable voluntad que consigue destrozar físicamente (de la misma manera que el Joker lo hacía en un plano psicológico) al protagonista. Finalmente su elección por parte de Christopher Nolan se revela como todo un acierto de casting.




Otro acierto en el reparto es la Catwoman de Anne Hathaway, actriz que en principio no parecía que fuera a dar la talla como el alter ego de Selina Kyle y que cumple sobradamente en su labor de dar vida al personaje creado por Kane y Finger. La Catwoman de Goyer y los Nolan es una ladrona de joyas con una ambigua moral (¿está del lado de Batman o es una villana más?), visión realmente fiel a los cómics, más que la que dieron Tim Burton y Michelle Pfeiffer en Batman Vuelve (aunque esta última era mucho más perversa y sensual, memorable a fin de cuentas) y la protagonista de Havoc o Princesa por Sorpresa está a la altura.




Entre los actores destaco a Christian Bale que consigue su mejor interpretación de Bruce Wayne de las tres cintas. Al inicio podemos compartir con él su desencanto, sus pocas ganas de vivir y el dramatismo que implica su regreso a las calles de Gotham para luchar contra el crimen. Pero el que se roba la velada en lo que al equipo artísitico de refiere es un Michael Caine sencillamente brillante como un Alfred para el recuerdo, que no puede soportar que Bruce Wayne vuelva a ejercer de Batman poniendo en peligro su vida, porque lo ve como a un hijo al que puede perder. Para un servidor las escenas que comparten ambos son de lo mejor del film.




Del resto del reparto todos cumplen pero algunos de ellos transmiten cierta sensación de apatía. Gary Oldman o Morgan Freeman ya conocen sus personajes y los interpretan con convicción pero no demasiada implicación, y el rol de Marion Cotillard cubre el cupo de personajes femeninos mal perfilados por Nolan, que en esta ocasión no ha recaido sobre Catwoman, sino en la guapa actriz francesa. El que mejor lo hace en este apartado es un Joseph Gordon-Levitt memorable como John Blake y con mucho peso en la trama, confirmando una vez más su talento como intérprete.




Al igual que en Batman Begins y El Caballero Oscuro en la que vimos los rostros del holandés Rutger Hauer (Blade Runner, Los Señores del Acero) y el norteamericano Eric Roberts (Los Mercenarios, Fiesta de Despedida) respectivamente, Nolan recupera a un secundario, cuya edad dorada en Hollywood ha pasado ya, para el cine de gran presupuesto estadounidense. El problema es que el papel que regala a Matthew Modine (La Chaqueta Metálica, Un Domingo Cualquiera) es sencillamente ridículo y está horriblemente perfilado. Ahora hilemos fino y destaquemos los fallos del film.




Me considero seguidor (que no fan, porque yo no soy fan de nada) del cine de Christopher Nolan, pero de la misma manera que me gusta destacar sus virtudes, esta vez ha cometido varios fallos y no quiero dejarlos pasar. La trama tiene agujeros, el inglés está tan pendiente de ofrecer escenas poderosamente rodadas (y a fe mía que lo consigue) que el guión en ocasiones adolece de una estructuración más arraigada. Catwoman está bien perfilada pero sus motivaciones son poco creíbles y parecen introducidas con prisa, el personaje de Marion Cotillard está pobremente expuesto y su relación con Bruce Wayne es poco creíble y torpe, el rol de Matthew Modine es un cliché de policía imbécil que cambia de parecer en el último momento que no escapa en ningún momento del estereoptipo. 




Las elipsis narrativas son bruscas, las motivaciones de algunos personajes para realizar depende qué actos parecen superficiales o poco trabajadas. Hay una alternancia de pasajes memorables con otros insulsos (Batman en la oscuridad esquivando balas como si fuera Leo Messi regateando) que parecen descuidados, ninguno de ellos hacen que la película falle o se convierta en algo desdeñable narrativamente, pero sí restan cohesión al conjunto que se ve con cierta tendencia a la hipertrofia argumental, con unos desniveles de escritura poco agradables.




Pero lo que más me ha dolido dentro de los fallos de Nolan es cierto trazo grueso en el mensaje social que quiere transmitir, cuando en El Caballero Oscuro nos habló de algo muy parecido, pero de manera mucho más inteligente y no tan obvia. Como ya he comentado me gusta el Bane de The Dark Knight Rises y su discurso se me antoja aterrador porque como motivaciones son un batiburrillo contradictorio de revolución mal entendida, es decir, terrorismo puro. El problema es que los Nolan y David S. Goyer lo convierten en algo demasiado simple ya que el villano no deja de decir por su propia boca cuales son sus intenciones finales. Hay algo inteligente en hacer caer los falsos ídolos de la América (o sociedad occidental) actual, pero se podría haber llevado de otra manera




En The Dark Knight el Joker no hablaba en ningún momento directamente de sus intenciones más allá de acabar con Batman, porque todo lo que hacía tenía como único fin destruir mentalmente al protagonista,  pero el personaje se mostraba como una representación clara del terrorismo extremista. En El Caballero Oscuro: La Leyenda Renace el enemigo de Batman quiere liberar Gotham de la corrupción o en caso contrario destruirla, pero de una manera un tanto pobre, expositivamente hablando, haciéndonos ver que la sutilidad se la dejó el director en la segunda entrega de la saga.




Que nadie se engañe, The Dark Knight Rises me ha parecido una muy buena película con momentos magistrales, como su prólogo, la primera aparición de Batman con el Batpod, las ya mencionadas peleas con Bane, el asalto a la bolsa de Gotham, las correrías de Catwoman, la aparición del Bat, los momentos dramáticos, el cameo de dos de los villanos de las anteriores entregas, la apocalíptica escena en el campo de fútbol (excelentemente rodada y montada) y el clímax final que pone un cierre de altura al film y a la saga. Aunque he mencionado varios fallos que no me gustan, los mismos por suerte no empañan todo lo bueno y memorable que ha hecho Christopher Nolan por mi personaje favorito del mundo del cómic en este film en particular y en su trilogía en general.




Y luego llegan esos cinco minutos finales, que no por previsibles son menos memorables. De repente me encuentro en una sala de cine, completamente emocionado  y aguantándome las lágrimas (alguna saltó, no lo negaré) ante gestos tan sencillos como un comisario de policía limpiando con su mano algo que llevaba años roto, un joven que encuentra un legado lleno tanto de recuerdos como de historia y finalmente una enorme sonrisa de satisfacción aparece en mi cara cuando un padre ve por fin la felicidad en el rostro del hijo que nunca tuvo. Como amante del cine y del noveno arte y sobre todo como aficionado de Batman sólo puede darle las gracias a Christopher Nolan por haber hecho historia cinematográfica con un trozo importante de mi existencia. Larga vida al Caballero Oscuro de Gotham.


viernes, 20 de julio de 2012

El Caballero Oscuro



Tìtulo Original The Dark Knight (2008)
Director Christopher Nolan
Guión David S. Goyer, Jonathan Nolan y Christopher Nolan basado en el personaje creado por Bob Kane y Bill Finger
Actores Christian Bale, Heath Ledger, Aaron Eckhart, Michael Caine, Gary Oldman, Maggie Gyllenhaal, Morgan Freeman, Eric Roberts, Cillian Murphy, Anthony Michael Hall, Michael Jai White, William Fitchner, Edison Chen, Monique Curnen, Chin Han, Nestor Carbonell, Ritchie Coster, Keith Szarabajka, Colin McFarlane, Melinda McGraw, Nathan Gamble, Michael Vieau, Tommy Lister




Tras el éxito (no enorme, pero sí considerable) de Batman Begins Christopher Nolan se tomó un descanso de Gotham City y dirigió en 2006 El Prestigio: El Truco Final interesante cinta sobre la rivalidad entre dos ilusionistas (ajustados Christian Bale y Hugh Jackman) en las postrimerias del siglo XIX basada en una novela del escritor Christopher Priest. Dos años después, en 2008, volvió al universo de Batman con una segunda entrega titulada El Caballero Oscuro que ya desde sus anuncios promocionales de corte viral en la red prometía que iba a ser, como mínimo, un espectáculo memorable en pantalla grande. Aunque la controversia se cebó con el proyecto antes y después de su producción.




A unos meses del estreno del film el actor que interpretó a el Joker, el australiano Heath Ledger, moría con 29 años de edad en un apartamento de Manhattan por culpa de una sobredosis accidental de medicamentos. Su fallecimiento fue un duro golpe, principalmente para su familia, pero también para el equipo de El Caballero Oscuro y el mundo de Hollywood en general, que veía como perdía a uno de sus actores jóvenes más prometedores tras haber demostrado cuánto valía en largometrajes como Monster's Ball de Marc Foster o Brokeback Mountain de Ang Lee.




La expectación era desbordante, la red ardía con comentarios sobre supuestos (des)aciertos de casting por parte de Nolan, la trama, el peso del Joker o Dos Caras en el argumento, si aparecería algún villano más, si la cinta estaría a la altura de Batman Begins o por el contrario sería mejor/peor que aquella. El 14 de Julio de 2008 se desveló el misterio. Christopher Nolan había realizado no sólo la mejor cinta protagonizada por Batman sino también una de las piezas clave dentro de su carrera como cineasta y una cinta capital para entender la evolución y madurez del cine que adapta personajes de cómics a imagen real.




Corren buenos tiempos en  Gotham City. Batman tiene arrinconados a los delincuentes comunes y el nuevo fiscal del distrito Harvey Dent hace lo propio con la mafia desde los tribunales y bajo el amparo de la ley. Pero la irrupción de un misterioso criminal ataviado como un payaso y que se hace llamar Joker traerá una nueva era de caos y destrucción a la ciudad. Su misión es eliminar psicológicamente a Batman y para conseguirlo será capaz de convertir su existencia y las de los que le rodean en un infierno dónde no hay reglas ni moralidad alguna.




Cuando el director y guionista Kevin Smith salió de ver uno de los pases previos de El Caballero Oscuro declaró algo así como que la segunda incursión de Christopher Nolan en el mundo de Batman era "El Padrino II del cine basado en personajes de cómics" y, salvando mucho las distancias, no es tan descabellada la comparación. The Dark Knight es como si el Michael Mann de Heat y el Coppola de la ya mencionada secuela de las andanzas de la familia Corleone hubieran rodado una cinta de Batman con ciertos toques de cine de espías a lo Jason Bourne o los últimos James Bond. 




Una vez más Nolan, Goyer y esta vez el hermano del director, Jonathan, no se basan de manera explícita en una obra concreta del personaje creado por Bob Kane y Bill Finger, pero toman como punto de partida dos de ellas, ambas piezas maestras dentro de las historias más importantes de la carrera en viñetas de Batman. El Largo Halloween de Jeph Loeb y Tim Sale, que revisionaba y actualizaba el origen de Dos Caras y en menor medida La Broma Asesina de Alan Moore y Brian Bolland en la que se deconstruía la relación entre Batman y el Joker como si ambos fueran las dos caras de una misma moneda




Todos los aciertos, planteamientos, conceptos y reflexiones que se analizaban sutilmente en Batman Begins están desarrollados, potenciados y solidificados en la trama de El Caballero Oscuro e incluso Nolan y sus guionistas se permiten ir más allá y hacer reflexiones sobre nuestra sociedad actual y lo que los héroes o los símbolos pueden significar para los ciudadanos una vez han sido corrompidos por su entorno o factores exteriores. Todo desde un punto de vista trascendente e inteligentemente reflexivo, ese que tanto gusta a los fans del director de Memento y que sus detractores rechazan, pero que los seguidores del Batman más urbano y oscuro agradecemos.




The Dark Knight es una epopeya cinematográfica, una visión de cómo la aparición de una anarquía de corte violento desestabiliza el mundo de reglas y control estricto de Batman gracias a la intervención el Joker, un enemigo casi imposible de vencer porque no teme al daño físico o psicológico. Su misión es aniquilar mentalmente al protagonista por pura diversión, su plan (que no es tal) es únicamente acabar con su contrincante hasta destruir su mundo, sistema de valores y modo de vida demostrándole que una ciudad corrupta crea a personas corruptas, por eso el papel de Harvey Dent en la ecuación es vital para el desarrollo de los acontecimientos porque su ascenso y caída casi confirman la teoría del Joker.




Los hermanos Nolan y David S. Goyer comprenden esa contraposición de identidades entre el personaje principal y su némesis (Batman y el Joker) y la extrapolan del mundo del cómic al celuloide con inteligencia y fidelidad, pero quieren llevarla más allá y la enriquecen considerablemente por medio de la simbología o la metáfora dándole más profundidad al que ya es de por sí el mejor villano de la historia del noveno arte. El Joker de El Caballero Oscuro es una representación física y sobre todo psicológica del terrorismo radical, ese perpetrado por personas que no temen a la muerte con tal de sembrar el caos y la destrucción allá por donde pasan. Por eso es un enemigo muy difícil de derrotar, por eso la escena del interrogatorio de Batman al personaje de Heath Ledger transmite más impotencia que rabia o sentimiento de venganza, por eso es el mejor personaje del film aunque no el único destacable.




Esto en el papel queda muy bien, pero los guionistas y el director necesitan la complicidad de un actor adecuado para llevar a imágenes está poderosísima visión del Joker. Sí, yo fui de esos que se echó las manos a la cabeza cuando se enteró de que Heath Ledger iba a interpretar el papel del villano por antonomasia de Batman, también fui de los que renegó de ese maquillaje caóticamente repartido por el rostro del actor y por último fui de los que se tragó sus palabras cuando vio el trabajo superlativo que el protagonista de Two Hands o El Imaginario del Doctor Parnassus hizo con su papel en el largometraje de Christopher Nolan.




Siempre he mantenido que los grandes personajes se construyen por medio de pequeños detalles. El tono de voz, la respiración, la manera de reírse, los silencios, las miradas, los gestos, el lenguaje corporal, las bromas (ese truco de magia con el lápiz, la localización de Harvey Dent dependiendo de la hora) que hacen mofa con temas que no tienen gracia (algo intrínseco en el Joker de los cómics), cómo traga saliva, que la cantidad de maquillaje cambie de unos pasajes a otros dentro del film, son tantos los matices, tantas las ideas que el australiano añadió a su criatura, tanta la crudeza con la que se metió en la piel pálida de su rol que puede que ni ese Oscar póstumo que recibió por su trabajo aquí hiciera verdadera justicia a la labor tan mastodóntica que realizó en el largometraje.





Pero no sólo del Joker vive El Caballero Oscuro, Nolan realiza un análisis inteligentísimo sobre Batman y su peso como guardían de Gotham. La llegada de Harvey Dent a la fiscalia puede ser una luz de esperanza que permita al protagonista colgar la capa y llevar una vida normal (aquellos que defienden que Batman nunca haría eso que vean La Máscara del Fantasma, la película animada de Bruce Timm y Paul Dini y luego que reflexionen) porque los ciudadanos ya no lo necesitarían y podrían ampararse en la ley defendida por el personaje de Aaron Eckhart (magnífico y carismático en la primera mitad del film, aterrador y hasta digno de compasión en la segunda). Pero la caída de Dent hacia el lado oscuro por culpa de la intervención del Joker anula cualquier posibilidad de que Batman abandone su lucha contra el crimen e incluso él mismo se ve culpable de que su amigo haya perdido la cordura y se convierta en otro villano más.




Hay momentos de gran cine en El Caballero Oscuro y escenas que deberían tomarse como ejemplo cristalino de como realizar, sobre todo, cine de acción o thrillers de acerada consistencia. Desde ese prólogo en el banco o la primera aparición del villano principal ante los criminales de Gotham, pasando por el viaje a Hong Kong o la vendetta del Joker contra el comisario, la juez y el fiscal (dos pasajes que remiten induablemente y una vez más al viaje de Michael Corleone a Cuba en El Padrino II y a los clímax finales de todas las entregas de esa trilogía) la poderosísima y esclarecedora conversación entre el Joker y Dos Caras en el hospital con la  consiguiente explosión del edificio, el interrogatorio de Batman al payaso asesino seguido de la huída de este último de comisaria, la escena final de Rachel Dawes, la persecución con el Batpod que culmina con la voltereta de campana del camión o ese monólogo final de James Gordon que cada vez que lo veo y escucho me sigue erizando la piel.




El trabajo de Christopher Nolan en The Dark Knight es sencillamente brillante. Las escenas de acción que rueda son una maravilla de la técnica, su control del tempo narrativo para crear tensión y un montaje mucho más potente que el de Batman Begins dan forma a pasajes llenos de nervio y furia. El ya mencionado prólogo con el atraco al banco (este pasaje y varios del film fueron rodados en el formato IMAX, mucho más interesante que el vacuo y chillón 3D) es sólo la punta del iceberg, ya que en las persecuciones (que remiten a los mejores William Friedkin o John Frankenheimer) podemos ver momentos de celuloide bañado en oro (el Joker sin moverse un pelo cuando Batman está apunto de atropellarlo con el Batpod), así como en los momentos en los que el protagonista ejerce de sombra justiciera en Hong Kong, durante la fiesta de Harvey Dent o en el clímax final en el edificio en construcción.




También hay una mejora considerable en la dirección de actores. Ya he mencionado la labor inmensa de Heth Ledger y el buen hacer de Aaron Eckhart, pero no me quiero olvidar de un Christian Bale que sabe transmitir el laconismo y desencanto de un Bruce Wayne/Batman muy creíble, Michael Caine sensacional como Alfed, Eric Roberts alegremente recuperado como el mafioso Maroni o unos Gary Oldman y Morgan Freeman con más protagonismo incluso que en Batman Begins. Aunque Nolan vuelve a pinchar con el personaje femenino de Rachel Dawes (esta vez encarnada por una correcta Maggie Gyllenhaal) porque a pesar de que le da aún más peso que en la anterior entrega no consigue tener entidad propia como rol y su presencia sólo sirve para potenciar el tour de force dramático entre Bruce Wayne/Batman y Harvey Dent/Dos Caras.




Los fallos de Nolan se difuminan, pero no desaparecen del todo. Las escenas de lucha físicas están mejor narradas y montadas, pero aún no tienen la consistencia que debieran. También acentúa el tono detectivesco del personaje (que en Batman Begins casi ni aparecía y que en los dípticos de Tim Burton y Joel Schumacher ni se olía) y da más flexibilidad al protagonista con el nuevo traje (brillante meter en el desarrollo del film el deseo de Bruce Wayne de tener más agilidad de movimiento con su uniforme) además se le agradecen detalles como el cameo del Espantapájaros o incluir a personajes que recuerdan a secundarios de lujo dentro de los cómics, como Harvey Bullock o Renee Montoya.




El Caballero Oscuro es una película controvertida en muchos sentidos. Su éxito y aceptación (por parte de crítica, público y sobre todo el fandom) fue tal desde el primer momento que no es raro encontrarla en una posición más que privilegiada dentro de las mejores películas de la historia del cine (hace poco la revista española Cinemania la ponía en segundo lugar, sólo superada por El Padrino, siendo esto excesivo incluso para mí que me declaro fan irredento del film). Pero también fue la cinta que dio pie a lo que se conocen los antinolanistas, personas que (unas veces con razón y otras sin ella) desacreditan la obra de un señor que lo queramos ver o no ha rodado 8 películas y ninguna es considerada unanimemente menos que buena, pocos cineastas pueden presumir de eso.




Sin parecerme una de las mejores obras de la historia del cine, ni de lejos, The Dark Knight si debería tener una posición privilegiada en ese género que coge a nuestros personajes del mundo del cómic y los lleva a imágenes en movimiento. El Caballero Oscuro es junto a Los Vengadores de Joss Whedon la culminación de cómo se deben adaptar los habitantes de las viñetas a la pantalla grande. El creador de Firefly o Buffy tomó el camino del sense of wonder, del espectáculo luminoso y superheróico. Nolan se introdujo en la vertiente realista, madura y reflexiva e incluso metafísica con la obra que nos ocupa. Por eso ambos films son dos maneras distintas (casi contrapuestas) de hacer grandes obras cinematográficas inspiradas en el mundo del noveno arte, siempre dirigidas al gran público, que aunan calidad y comercialidad en un sólo todo.




El Caballero Oscuro es una cinta sobre el personaje de Batman, la mejor que se ha hecho hasta ahora en imagen real (mañana cuando vea El Caballero Oscuro: La Leyenda Renace ya veremos si cambio de opinión, pero lo dudo) sobre él, pero también es mucho más y su subtexto así lo atestigua. Es una reflexión sobre la sociedad occidental, sobre cómo vívimos unos tiempos convulsos en los que necesitamos héroes (y no me refiero a Batman, sino a Harvey Dent) o símbolos de integridad para que nuestra moral no se resquebraje más de lo que ya está y podamos aferrarnos a un haz de luz y esperanza que nos ayude a salir adelante como comunidad.




El mensaje final que nos transmite Nolan no sólo encumbra a Batman a la altura de leyenda, también nos lo muestra como un ser humano que finalmente se sacrirfica por el bien común, con la intención de que el lugar donde nació y sus conciudadanos no pierdan la esperanza al ver que hasta los héroes (Harvey Dent) pueden corromperse, apelando a que a veces la leyenda debe prevalecer sobre la verdad (como bien nos contaron desde el western Clint Eastwood o John Ford para hablar del legado de Estados Unidos) para que no caigamos en un pozo negro y profundo del que no podamos salir y a cuyo borde nos vamos acercando cada vez más. La sociedad actual necesita caballeros oscuros para cargar con las culpas del prójimo, el problema es que no hay nadie que dé el primer paso para portar la capa. Por suerte siempre nos quedará el cine para imaginar mundos mejores, al menos eso no nos lo han quitado aún.