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viernes, 8 de abril de 2022

The Batman

 


Título Original The Batman (2022)
Director Matt Reeves
Guion Peter Craig, Matt Reeves, basado en el personaje creado por Bill Finger y Bob Kane
Reparto Robert Pattinson, Zöe Kravitz, Jeffrey Wright, John Turturro, Paul Dano, Colin Farrell, Andy Serkis, Peter Sarsgaard, Jayme Lawson, Con O'Neill, Barry Keoghan, Gil Perez-Abraham, Peter McDonald, Alex Ferns, Rupert Penry-Jones, Kosha Engler, Janine Harouni




En 2017 saltaba la noticia y no éramos pocos los que la celebrábamos. Ben Affleck, que venía de interpretar por primera vez al Hombre Murciélago en Batman v. Superman: El Amanecer de la Justicia, se encargaría de producir, escribir, dirigir y protagonizar una película en solitario del alter ego superheróico de Bruce Wayne. Si sumamos su encarnación del icono creado en 1939 por Bill Finger y Bob Kane, uno de los mayores aciertos de la muy irregular cinta de Zack Snyder, al más que desmotrado talento detrás de las cámaras de Affleck con proyectos tan reseñables como Adios Pequeña Adiós, Ciudad de Ladrones (The Town), la oscarizada Argo o la minusvalorada Vivir de Noche la buena nueva no podía ser recibida con más entusiasmo por gran parte del fandom.




El problema es que el multifacético protagonista de Persiguiendo a Amy se encontró con un muro infrancleable, el del caos que ya por aquel entonces comenzaba a gestarse dentro de las oficinas de Warner Bros y DC Entertainment con respecto al adecuado discurrir de un universo cinematográfico cuyas endebles bases no habían sido adecuadamente asentadas con El Hombre de Acero y la ya citada Batman v. Superman: El Amanecer de la Justicia. De manera que después de que Affleck cediera la silla de director a Matt Reeves (Déjame Entrar, El Amanecer del Planeta de los Simios) finalmente se desvinculó totalmente del proyecto cuando el realizador rechazó su guion pasando así el proyecto a localizarse fuera de la cronología establecida por los films de Zack Snyder y ha posponerse durante años.




Finalmente y después de una producción problemática debido a varios contagios de COVID-19 durante el rodaje, entre ellos el del mismo actor protagonista, The Batman llegaba a cines de todo el mundo el pasado 4 de marzo con Matt Reeves como realizador y co guionista, compartiendo labores de escritura junto a Peter Craig, y Robert Pattinson encabezando un reparto en el que reconocemos los rostros de Zöe Kravitz, Jeffrey Wright, John Turturro, Paul Dano, Colin Farrell, Andy Serkis o Peter Sarsgaard entre otros. Las alabanzas por parte de la prensa especializada internacional fueron de proporciones mastodónticas, algunas de ellas posicionándola como la mejor película de Batman jamás rodada, algo que, para un servidor, dista mucho de la realidad.




The Batman arranca con un prólogo brillante, posiblemente uno de los pasajes cinematográficos más interesantes de la historia cinematográfica del personaje. Por fin parecía que un director, en este caso uno con tanto talento como Matt Reeves, conseguía capturar en poco menos de diez minutos la iconocidad universal del guardián de una Gotham crorrupta, oscura y peligrosa. En esos primeros compases Batman es expuesto en pantalla casi como un concepto, una entidad demiúrgica moviéndose entre las sombras y cuya potencial presencia hiela la sangre a unos críminales que parecieran considerarlo el Hombre del Saco. La atmósfera propia de cine de terror, la tan eficiente como desvergonzada banda sonora de Michael Giacchino y esa voz en off afrmando que la Batseñal no solo es una llamada, sino también una advertencia, parecen prepararnos para lo mejor.




Si The Batman hubiera sido un cortometraje centrado en esos primeros minutos podría haberse revelado como una de las piezas audiovisuales más potentes y definitorias de Batman y con su presencia física casi sin materializarse en pantalla. El problema es que Matt Reeves y Peter Craig no solo no consiguen matener ese nivel tan alto, sino que después del arranque traicionan su poderosísimo punto de partida. Si acabas de ilustrar a Batman como una presencia que "infunde terror en sus enemigos" pasajes como el de la primera visita a la sala Iceberg o su irrupción en la escena del crimen con criminales y agentes de la ley respectivamente mirándole por encima del hombro e increpándole lo único que consigues es desmontar el impecable andamiaje sobre el que ibas a construir tu historia.




Una vez hemos asumido que todo lo visto en el inicio ha sido un espejismo no podemos negar que The Batman todavía contiene suficientes alicientes para revelarse como una notable película protagonizada por el superhéroe de DC Comics. Es ineludible que la labor técnica detrás de The Batman es sobresaliente y que en ella Matt Reeves ha depositado más de diez años de profesionalidad demostrada detrás de las cámaras. El cineasta estadounidense se aleja del procedimental discurrir del celuloide superheróico hegemónico para abrazar la vertiente detectivesca y noir de su protagonista y ofrecer una pieza que a nivel de puesta en escena o diseño de producción tiene más que ver con Seven o Zodiac que con cualquier otra obra pretérita centrada en el Cruzado Enmascarado.




Como era de esperar todos los pasajes de acción están ejecutados con suma eficiencia. Matt Reeves consigue la proeza de que una película con una calificación PG13 destile una violencia física cruda, seca, con golpes impartidos y recibidos por Batman transmitiendo una orgánica sensación de brutalidad animal. También sería de recibo mencionar la parte desarrollada en el funeral con una tensión magníficamente construida gracias a la labor tanto de Reeves como de sus actores, como la de un desaprovechado Peter Sarsgaard. Pero en lo referido a este tipo de secuencias es de recibo destacar la persecución entre Batman y el Pinguino en la que el Batmóvil cobra todo el protagonismo, consiguiendo algo inusual como tranmitir claustrofobia con dos vehículos en continuo movimiento y con uno de ellos como salido del mismísimo infierno. 




En lo referido al reparto encontramos grandes nombres, pero no interpretaciones que se ajusten a los mismos. Es cierto que la labor del cast es encomiable con todos los interpretes ejerciendo su oficio con soltura, pero ninguno realiza una trabajo para el recuerdo y el único que está a punto de conseguirlo es boicoteado por el guion. Robert Pattinson da vida al Bruce Wayne más triste, grave y dramático, pero como eso es lo que Matt Reeves le habrá exigido no se puede poner ninguna pega a su composición y Jeffrey Wright está a la altura dándole la replica como James Gordon. Zoe Kravitz cumple sobradamente con su versión de Catwoman, John Turturro hace lo propio con Carmine Falcone y Colin Farrell se divierte de lo lindo con su Oswald Cobblepot, pero este podía haber pasado por cualquier mafioso genérico ya que poco tiene de la esencia del villano que todos conocemos, algo aplicable también al despersonalizado e infrautilizado Alfred Pennyworth de Andy Serkis




Es Paul Dano, un titán al que hemos visto lucirse en obras como There Will Be Blood, el que mejor trabajo realiza configurando su peculiar versión de El Acertijo. Este Edward Nigma vuelve a hundir sus raíces en la filmografía de David Fincher y es que si su estética y modus operandi nos retrotraen al Asesino del Zodiaco hay en su personalidad algo del John Doe de Kevin Spacey para Seven, pero sobre todo nos recuerda su brillante Alex Jones de la no menos excelsa Prisioneros. Todo lo relacionado con esta contrapartida de Edward Nigma transmite interés y sirve como acertada lectura sobre el actual mundo streamer, pero lo inteligentemente planteado hasta la escena de su detención se ve ensombrecido con su carácter volátil e histriónico una vez mantiene la conversación con Batman en Arkham. Aquí la encomiable construcción del rol se desinfla y acaba derivando en otro más desdibujado y alejado del asesino a sangre fría que habíamos visto previamente.




Pero mi mayor problema con The Batman es con su construcción narrativa y su trama detectivesca. Celebro la decisión de Matt Reeves y su equipo de entragrarse al thriller policíal con asesino serial, pero esta elección requiere una solidez en el guion de la que el largometraje carece. Se antoja poco creíble que el primer enigma sea resuelto por Batman y Gordon con inmediatez cuando el de la "rata alada" se alarga en exceso en el tiempo pese a su simpleza. Casualidades repartidas por toda la trama como la sonrojante de la moqueta o decisiones inverosímiles como Falcone encerrándose en su despacho solo con Selina sin haberla registrado o toda la policía de Gotham, con Gordon a la cabeza, dejando acercarse a la alcaldesa al atril para hablar a los ciudadanos sin la compañía de nadie de seguridad en una situación de máximo peligro son trampas que  menoscaban la credibilidad del film en favor de encarrilar la historia hacia donde necesitan sus autores.




The Batman muestra un reinicio de franquicia con gran potencial que al menos en su primera incursión no ha sido aprovechado. A estas alturas lamentar lo que podría haber sido ese proyecto con Ben Affleck como hombre orquesta es una futilidad, pero se antoja imposible no pensar en ello y los resultados que hubiera ofrecido. Al film de Matt Reeves le sobra metraje y le falta solidez como historia, pero su acabado estilístico y un reparto destacable nos hacen no perder la esperanza con respecto a esa secuela que vistos los buenos resultados en taquilla no se hará mucho de rogar. Antes de ella nos esperan dos spin off  en forma de serie para HBO Max,  Gotham PD: centrada en los cuerpos policiales de la ciudad y otro con el Pinguino de Colin Farrell como protagonista que a un servidor sobre el papel llaman poco o nada la atención. Veremos si el tiempo me hace cambiar de opinión.


miércoles, 30 de junio de 2021

Un Lugar Tranquilo 2


Título Original A Quiet Place 2 (2021)
Director John Krasinski
Guion John Krasinski, basándose en personajes de Scott Beck y Bryan Woods
Reparto Emily Blunt, Cillian Murphy, Millicent Simmonds, Noah Jupe, Djimon Hounsou, Wayne Duvall, John Krasinski, Lauren-Ashley Cristiano, Okieriete Onaodowan, Blake DeLong, Silas Pereira-Olson, Liz Cameron, Robert A. Coldicott




Después de dos largometrajes que pasaron bastante desapercibidos como Entrevistas Breves Con Hombres Repulsivos (2009) y Los Hollar (2016) en 2018 el actor John Krasinski (The Office, Jack Ryan) sorprendió a propios y extraños con su tercera incursión detrás de las cámaras. Dando un giro radical a su por aquel entonces no muy prometedora carrera como director el estadounidense estrenaba Un Lugar Tranquilo (A Quiet Place) una muestra de cine de terror protagonizada por él mismo, su esposa Emily Blunt, Millicent Simmonds y Noah Jupe entre otros. Aquella brillante pieza de género en la que la humanidad se había visto diezmada por unos monstruos invidentes, pero con un oído hipersensible que les permitía encontrar y masacrar a sus víctimas de manera fulminante, basó sus aciertos en la milimétrica puesta en escena de Krasinski, el inteligente guion de Scott Beck y Bryan Woods, la labor de un reparto brillante y el impresionante uso del sonido o más bien la ausencia del mismo. Un ejercicio inmersivo y empático convertido en un éxito internacional de crítica y público que a pocos días de su estreno oficializó una secuela que debía haber llegado a los cines en marzo de 2020, algo que la pandemia y el confinamiento se ocuparon de alterar. Después de varios cambios de fecha A Quiet Place 2 ha aterrizado en España y ya hemos podido disfrutarla en pantalla grande.




John Krasinski, en esta ocasión encargándose también del guion en solitario, es consciente de que se puso a sí mismo el listón muy alto con la primera entrega, por ello arranca esta secuela con un prólogo bestial en el que asistimos al Día 1 de los monstruos en nuestro planeta. Este escaso cuarto de hora en el que un evento inusual destruye nuestro concepto de normalidad el film marca su tono e intencionalidad tomando su primera decisión arriesgada, alejarse de la estructura de su predecesora para no caer en el subrayado y la redundancia, pero manteniendo gran parte de su esencia. Después de la secuencia de apertura a modo de precuela volvemos justo al punto donde acababa Un Lugar Tranquilo, con los Abbott dispuestos a salir a la superficie después de que Lee, el cabeza de familia, se sacrificara para salvarlos y ellos descubrieran que los ultrasonidos son el punto débil para desorientar a las criaturas, pudiendo así eliminarlas con más facilidad.




Un Lugar Tranquilo 2 es un proyecto considerablemente más ambicioso que su predecesor. Posiblemente a este respecto tenga mucho que decir que los 17 millones del primer film han pasado a 61 en este segundo, algo perceptible en pantalla desde los primeros compases de la obra. Afortunadamente John Krasinski es un profesional lo suficientemente avispado como para no convertir esta segunda parte en un desfile de excesos que pudieran eclipsar o menoscabar la historia tan interesante que quiere contarnos en un contexto atractivo como el que alumbró a su anterior trabajo. Por ello sabe medir los tiempos y aprovechar la logística que le permiten lucir mejor y durante más tiempo a sus monstruosidades, sin que la mayor presencia de estas se convierta en algo rudimentario a lo largo del metraje, pudiendo poner en solfa la naturaleza visceralmente peligrosa de las mismas, aquella que en la primera parte regalaba no pocos pasajes memorables.




Un Lugar Tranquilo 2 se adscribe al terror de una manera más tangencial que su predecesora, tomando cuerpo de híbrido entre survival y monster movie. Esto le permite, al igual que a la primera parte, construir pasajes de una poderosa tensión fácilmente extrapolable a la platea, pero variando los resortes narrativos que Krasinski utilizó en el primer largometraje de la ya franquicia. Aquí se mantiene el acertado y muy efectivo concepto de los personajes evitando hacer sonido alguno para no atraer a las criaturas homicidas, pero el guionista y director utiliza la excusa de incluir localizaciones aislantes del ruido o alejadas en islas apartadas para poder recurrir en más ocasiones al uso de diálogos que en Un Lugar Tranquilo eran escasos, dando al proyecto una pátina más experimental que aquí se ha perdido casi por completo.




La minuciosidad a la hora de hacer uso del sonido o la no presencia del mismo en el contexto espacial del relato ha sido notablemente reducido, por lo que en ese sentido nos encontramos con una secuela adherida a un cine de género más convencional y reconocible, viendo reducida una de las mayores virtudes del film de 2018. No afirmamos con esto que las situaciones en las que los personajes deben evitar hasta lo extremo producir cualquier ruido estén ausentes, de hecho son las que siguen vertebrando el grueso de la historia central, pero estas adquieren más predilección impacto y el efectismo derivando el proyecto en una pieza más propensa al espectáculo accesible para todo tipo de espectadores. Dicha decisión no es óbice para que John Krasinski componga algunas de las mejores secuencias de acción e intriga del 2021, mostrando que no fue casualidad lo visto en la primera A Quiet Place y dejando patente que nos encontramos ante un muy resuelto artesano con un interesante futuro dentro del cine de género hollywoodiense.




En lo referido al casting el personaje de John Krasinski ya no hace acto de presencia por motivos obvios, pero el guionista y director se reserva una aparición relevante en el prólogo al estar localizado este en el pasado. Emily Blunt, Millicent Simmonds y Noah Jupe siguen siendo los roles principales de la obra, pero si bien es cierto que los tres ejecutan una labor notabilísima es en esta ocasión es la hija de los Abbott la que lleva un mayor peso debido a que su padre en la ficción le regala más peso en el argumento y minutos de metraje. Su labor es excelsa, confirmando aquellas capacidades dramáticas de las que ya hizo gala en la primera entrega. Al tono más sufridor de Emily Blunt se contrapone la feliz incorporación de un magnífico Cillian Murphy como Emmett, un personaje abordado con inteligencia y ambigüedad desde el papel que el protagonista de Peaky Blinders hace suyo convirtiéndose en el núcleo central de varios momentos para el recuerdo. Menos aprovechado está Djimon Hounsou cuya participación es muy breve y reto al espectador a encontrar a Scott McNairy (Batman v. Superman: El Amanecer de la Justicia, Érase Una Vez… en Hollywood) a ver si da con él.




Como es lógico Un Lugar Tranquilo 2 pierde el factor sorpresa con respecto a su hermana mayor, pero las decisiones tomadas por John Krasinski y sus colaboradores son lo suficientemente inteligentes como para variar y extender el microcosmos de la saga sin alejarse de su espíritu. El Jim Halpert de The Office ha plantado algunas semillas que en una tercera entrega, que la habrá viendo los números internacionales de esta segunda parte, pueden brotar y ofrecernos más de una sorpresa. Nos quedamos con la sensación de haber asistido a un trabajo bien hecho, cargado de cinematografía comercial de calidad o múltiples posibilidades de seguir ofreciendo nuevas aventuras dentro de este universo repleto de amenazas y también con la mosca detrás de la oreja con esa lectura final que, como supo apuntar mi amigo y compañero Juan José Patón, pareciera configurar un mensaje reaccionario si lo abordamos en paralelo con cierto pensamiento conservador de Estados Unidos en lo referido al concepto de “invasor”. A pesar de este pequeño apunte quedamos muy satisfechos con la obra, la recomendamos y esperamos con ansia su continuación.




sábado, 22 de mayo de 2021

El Ejército de los Muertos

 



Título Original Army of the Dead (2021)
Director Zack Snyder
Guion Zack Snyder, Shay Hatten, Joby Harold
Reparto Dave Bautista, Ella Purnell, Ana de la Reguera, Theo Rossi, Huma Qureshi, Omari Hardwick, Hiroyuki Sanada, Garret Dillahunt, Raúl Castillo, Nora Arnezeder, Matthias Schweighöfer, Samantha Jo, Richard Cetrone




Los fans de Zack Snyder (Green Bay, Wisconsin, 1 de marzo de 1966), los poseedores de sentido común y los que no, están de enhorabuena esta temporada. En el presente año 2021 van a tener la suerte de poder ver dos películas de estreno a manos de su idolatrado mesías del séptimo arte. Si el pasado mes de marzo pudimos disfrutar o sufrir, depende a quien se le pregunte, de su mastodóntica Zack Snyder’s Justice League en HBO Max y HBO, desde el pasado viernes en cines selectos y a partir del día 21 en Netflix todo tipo de espectadores tendrán a su disponibilidad El Ejército de los Muertos, la cinta anclada en subgénero zombie con la que la plataforma de streaming estadounidense ha dado carta blanca al director de 300 (2006) o Watchmen (2009) para que escriba, produzca, fotografíe y dirija a su antojo en el marco de un proyecto con un presupuesto de 90 millones de dólares. Entre teasers, trailers e imágenes promocionales de su versión ¿definitiva? de La Liga de la Justicia de DC Comics Snyder dejaba caer en redes sociales de cuando en cuando algún material de esta Army of the Dead que muchos esperábamos con ganas y deseo de ser la mejor propuesta de este 2021 a manos del sobrevaloradísimo cineasta. En Transgresión Continua hemos tenido la oportunidad de ver en pantalla grande el largometraje y a continuación ofreceremos nuestra opinión del mismo.





Como muchos sabrán Zack Snyder debutó en la dirección con una película sobre temática zombie titulada Amanecer de los Muertos (2004), que no era sino un remake del film homónimo, titulado en España como Zombi, rodado por George A. Romero en 1978 y suponiendo a su vez la segunda entrega de la trilogía sobre muertos vivientes que cambió para siempre, no sólo el celuloide adscrito a esa temática, sino el género de terror en su totalidad. Aunque diluía el mensaje contra el capitalismo y el consumo de la obra primigenia, la versión de Zack Snyder era una magnífica pieza, potenciada por el inteligente guion de un James Gunn pre Guardianes de la Galaxia, que ya desde su visceral arranque enganchaba a un espectador siempre en tensión e incapaz de apartar la mirada de la exhibición de atrocidades conjurada por el cineasta en pantalla. El resultado fue una de las mejores muestras del subgénero de los últimos tiempos y la mejor obra, desde un punto de vista puramente cinematográfico, de su autor además de la muerte de un Zack Snyder mucho menos obsesionado con la grandilocuencia visual que desapareció una vez llegó la ya mencionada 300.




A partir del estreno de su fidelísima y testosterónica adaptación del cómic de Frank Miller nació el Zack Snyder que todos conocemos y cuya impronta, sobre todo visual, sobrevuela el grueso de su filmografía. Ralentís, épica desmesurada, estética de videojuego o cada plano concebido como si fuera el clímax de la obra al que se adscribe conforman toda una serie de señas de identidad que hacen las delicias de sus acólitos y producen vergüenza ajena a sus detractores. Las buenas noticias con respecto a El Ejército de los Muertos son que ha vuelto el Zack Snyder de aquella prometedora ópera primera, siendo el mismo realizador consciente de que recuperar dicha concepción del lenguaje cinematográfico destilado en Dawn Of The Dead es la más adecuada para su segunda incursión en el subgénero. De esta manera sus numerosos tics audiovisuales sólo tienen una presencia testimonial, dejando que un tipo de realización menos megalómana y más práctica se apodere de su último proyecto detrás de las cámaras. Algo que, desde el punto de vista del arriba firmante, se agradece notablemente.




Aunque se enclava en el cine de zombies El Ejército de los Muertos es una heist movie, o lo que es lo mismo, una película de robos o atracos. Snyder y sus guionistas añaden un acertado, aunque no del todo bien aprovechado, subtexto político social sobre las terribles condiciones de vida de los inmigrantes latinos en Estados Unidos utilizando como excusa el virus zombie que asola el país, mientras lanza algunos aguijonazos a la administración Trump que han quedado rápidamente anticuados si tenemos en cuenta que hace medio año del final del mandato del nefasto ex presidente. Esta lectura, muy de agradecer, desgraciadamente sirve de caldo de cultivo para, de manera colateral, conformar uno de los mayores fallos de Army Of The Dead, su tendencia a la sensiblería barata y el dramatismo impostado que tiene como núcleo central el personaje de Kate, interpretado por Ella Purnell. Pero de las carencias de la cinta hablaremos más adelante.




El Ejército de los Muertos no sólo es el regreso XXL de Zack Snyder al celuloide que le dio la fama, también supone su homenaje a muchos de los cineastas que han influenciado en su obra y manera de entender el cine. Además del George A. Romero de su primera trilogía zombie, sobre todo el de El Día de los Muertos (1985), es imposible no pensar en el John Carpenter de 1997: Rescate en New York (1981) con esa misión en una ciudad asediada y repleta de peligros o el de la injustamente minusvalorada Fantasmas de Marte (2001) mediante la estética y manera de obrar por parte de los líderes “Alphas” convertidos en uno de los mayores atractivos del film y cuya relación de amor nos retrotrae también al Brian Yuzna de Mortal Zombie (Return Of The Living Dead III, 1993). Pero mayor peso incluso tiene el James Cameron de esa obra maestra llamada Aliens: El Regreso (1986), secuela del film primigenio dirigido por Ridley Scott a la que se apela directamente con la construcción narrativa y la estética del variopinto y multirracial equipo de cazarrecompensas comandado por el Scott Ward de Dave Bautista.




Desgraciadamente entre los pósters, teasers, trailers o el prólogo del film y esos títulos de crédito que parecieran parodiar los de Watchmen u homenajear a los de Bienvenidos a Zombieland 1 y 2 Zack Snyder nos malacostumbra prematuramente haciéndonos creer que todo su desfile de burradas repletas de sangre y vísceras se van a convertir en la tónica habitual de lo que vamos a ver a lo largo del metraje de El Ejército de los Muertos, pero desgraciadamente no es así. Es ineludible que cuando decide ponerse bestia la cinta del director de El Hombre de Acero (2013) da lo mejor de sí misma, con situaciones cargadas de violencia explícita y humor negro que salpican a la pantalla. Todo ello ejecutado con una precisión milimétrica por parte de su máximo responsable en pasajes como la primera aparición de los “Alpha”, la secuencia de los zombies hibernando o todo lo relacionado con el pasaje de la apertura de la cámara acorazada. El problema es que el excesivo metraje, 148 innecesarios minutos, y la propensión a dar peso a las relaciones interpersonales de los personajes, sobre todo los ya mencionados de Bautista y Purnell, hieren de gravedad el conjunto de la obra.




Por cada breve y efímera escena cafre y de una tensión perfectamente diseñada se alterna otra excesivamente paternalista, lacrimógena y alargada hasta lo anodino. Por suerte esta decisión narrativa no se extiende demasiado al resto de personajes secundarios, porque con los de Bautista y Purnell ya tenemos suficiente. Cada vez que ambos roles discuten, sacan sus trapos sucios o hablan de los traumáticos hechos de su pasado lo único que el espectador está esperando es que todo termine y volvamos a esa acción mucho menos presente en la trama de lo mínimamente exigible. A esto se suma lo profundamente mal que está escrito el personaje de Kate, cayendo en el tópico de la persona que toma una serie de decisiones estúpidas, aunque estén motivadas por una causa noble, sumándose a otros lugares comunes propios del subgénero zombie que Snyder abraza sin prejuicios de una manera bastante cuestionable, causando así que el ya de por sí inconsistente guión también destile aroma a mil veces visto en producciones previas de la misma temática y con mucho mejor resultado. Aunque también es cierto que la endeblez de los guiones de las películas de Netflix es algo que no debería sorprendernos.




No tiene sentido que una producto que utiliza como excusa una felación en carretera como catalizador del devenir de acontecimientos que se desarrollarán a lo largo del metraje o presentando una versión zombie del tigre de Siegfried & Roy a los pocos minutos pase a tomarse tan en serio traicionando su díscolo e iconoclasta punto de partida. Snyder tiene a su disposición todo el material artístico y técnico para construir una macarrada desprejuiciada como muchas de las cintas previamente citadas que toma como referentes, pero su propensión a la solemnidad farragosa y su cuestionable talento para crear vínculos emocionales entre sus criaturas lastran lo que podía haberse convertido en un orgiástico desfile de pólvora, gore, y sangre en sesión continua. No decimos con esto que dichos ingredientes no estén presentes en Army of the Dead, pero sí en unas cantidades muy inferiores a las esperadas y en ese sentido como espectadores no sentimos casi engañados. Aquí hemos venido a divertirnos durante 148 minutos de locura inconsciente y frenética, pero eso Snyder sólo nos lo proporciona en muy pequeñas dosis.




Finalmente Army Of The Dead no pasa de ligero entretenimiento lastrado por sus innecesarias ínfulas dramáticas y una sobredosis de metraje a todas luces excesivo por las causas previamente expuestas. Con una hora menos y concentrando más la acción nos encontraríamos ante una magnífica sucesora de El Amanecer de los Muertos, pero por desgracia el resultado queda años luz de aquella. Con todo Netflix debe estar muy satisfecha con la película si tenemos en cuenta que ya se están preparando dos precuelas. Una en imagen real llamada Army of the Thieves dirigida por Matthias Schweighöfer, actor alemán que interpreta al personaje de Dieter Ludwig y al que volverá a dar vida en este proyecto, y otra animada titulada Army Of The Dead: Lost Vegas que narrará la primera etapa de la pandemia. Nosotros nos quedamos con las ganas de que el tono sanguinolento de puntuales situaciones expuestas en la obra hubieran imperado a lo largo de toda ella y con el deseo de que este Zack Snyder, mucho más artesano talentoso que esteta encantado de conocerse, encuentre un proyecto más estimulante con el que vuelva a esos orígenes en descomposición a ritmo de The Man Comes Around, de Johnny Cash que tanto nos hicieron disfrutar.


miércoles, 2 de diciembre de 2020

30 Monedas Temporada 1 Episodio 1 - Telarañas

 


"Esto no se arregla con rezos, padre"



En un año tan nefasto como el 2020 una de las pocas alegrías que hemos recibido ha sido la consolidación de la calidad dentro de las serie de producción española. Antidisturbios o La Unidad desde Movistar +, Veneno desde ATRESmedia Player Premium o Patria desde HBO han confirmado que en nuestro país se puede facturar ficción de altísimo nivel con poco que envidiar a la de otros países. Precisamente de HBO viene la serie que nos ocupa y que después de despertar alabanzas en festivales como los de Venecia, Sitges o el de Cine Fantástico de Bilbao con la proyección de su episodio piloto era esperada con muchas ganas para dar colofón a una temporada inmejorable en lo referido a series producidas y rodadas dentro de nuestras fronteras. 30 Monedas es el proyecto más ambicioso en el que se ha embarcado el cineasta Álex de la Iglesia (Bilbao, 1965) director clave del cine español contemporáneo con películas como Acción Mutante, El Día de la Bestia, La Comunidad, Balada Triste de Trompeta o Las Brujas de Zugarramurdi. Aunque ya había coqueteado con la televisión con aquella Plutón BRB Nero enclavada en la space opera alocada, lo que plantea en esta ocasión el bilbaino no sólo es mucho más ambicioso, sino que no tiene precedentes dentro de la televisión facturada en España, aunque estemos hablando de un proyecto desarrollado para una plataforma de streaming. Con la ayuda de su habitual colaborador a los guiones, Jorge Guerricaechevarría, y un reparto espectacular en el que encontramos a Eduard Fernández, Megan Montaner, Miguel Ángel Silvestre, Carmen Macho o Pepón Nieto entre otros, en Transgresión Continua ya hemos podido ver el episodio piloto de 30 Monedas, del cual ya dio su opinión nuestro compañero Sergio Fernández Atienza en su magnífica crónica del FANT 2020 en Zona Negativa, y nuestras expectativas se han visto totalmente rebasadas.



Las 30 monedas a las que hace referencia el título de la serie son las que Judas cobró por traicionar a Cristo y las mismas se convierten en el MacGuffin central de la historia planteada por parte de Álex de la Iglesia y Jorge Guerricaechevarría. Una de esas monedas aparece en la actualidad situada en el pequeño pueblo de Pedraza (Segovia) en el que la llegada del padre Vergara (Eduard Fernández), un sacerdote de hábitos poco saludables y aficionado al boxeo, parece haber dado inicio a una serie de sucesos sobrenaturales encabezados por una vaca dando a parir un bebé humano. La avispada veterinaria Elena (Megan Montaner) y Paco (Miguel Ángel Silvestre), el ingenuo alcalde de la localidad, siempre manipulado por su esposa, Merche (Macarena Gómez), pedirán ayuda al peculiar párroco para que arroje luz sobre los inexplicables hechos acaecidos en la zona. Un episodio traumático de su pasado relacionado con un exorcismo y el actual escepticismo del padre Vergara debido a una profunda crisis de fe harán que niegue todo lo ocurrido buscando una explicación lógica que no tenga nada que ver con lo ocultista o satánico. Finalmente el bebé, acogido por Carmen (Carmen Machi), otra veterinaria del pueblo, y su marido, Alonso (Antonio Durán), resultará no ser humano y su presencia hará que Vergara tenga que reconsiderar su opinión.



El cold opening en el que se asienta la puesta en escena, el despliegue de medios y el tono brutal de la propuesta o esos títulos de crédito centrados en el calvario de Cristo, con una estética 100% Zack Snyder, son muestra cristalina de la ambiciosa naturaleza detrás de un proyecto como 30 Monedas. En una semana frenética de promoción Álex de la Iglesia ha afirmado en varias entrevistas que con HBO ha conseguido algo inusual en su carrera, como que los productores, después de leer los guiones de la serie, le dijeran que fuera más ambicioso y planteara el trabajo a mayor escala, algo que el director de Crimen Ferpecto y Jorgue Guerricaechevarría se tomaron al pie de la letra. De manera que el primer episodio de 30 Monedas, titulado Telarañas, no sólo coloca las piezas en el tablero, sino que ya ofrece las primeras muestras de qué nos encontramos con la producción más descomunal y megalómana de su autor. El guionista y director deja claros sus referentes foráneos ya que es imposible no pensar en El Exorcista (Willam Friedkin, 1973), En la Boca del Miedo (In the Mouth of Madness, John Carpenter, 1994), Estoy Vivo (Larry Cohen, 1974), Xtro (Harry Bromley Davenport, 1983) o el terror cósmico de H.P Lovecraft, y por efecto dominó Dagon: La Secta del Mar (Stuart Gordon 2001), pero focaliza estas influencias en un contexto profundamente español con ecos de El Extraño Viaje (Fernando Fernán Gómez, 1963) y una deuda clara con el fantaterror facturado en nuestro país durante los años 70.




Álex de la Iglesia lo conocemos como un director con un look visual muy potente y que su puesta en escena es un in crescendo continuado yendo a más en todas sus producciones, acabando en ocasiones en cierta desmesura. Por suerte el perfil alto al que aspira 30 Monedas justifica en todo momento que su máximo responsable quiera ir más allá de lo establecido y el diseño de producción del que hace gala gracias a HBO ciertamente se lo permite. Hay momentos de puro delirio estilístico en el primer episodio de 30 Monedas y un clímax final que si a un servidor le hubieran dicho hace cinco años que iba a presenciar en una serie española no me lo hubiera creído. Dicho esto que nadie piense que Telarañas es una oda al caos narrativo y al impacto gratuito en pos de perturbar al espectador. Todo está plenamente justificado desde la escritura y siempre siendo conscientes de que lo aquí expuesto por los dos guionistas no es más que la primera nota de toda una sinfonía que abandonará próximamente tierras españolas para adentrarse en terreno extranjero, ya que la amenaza cuya simiente es plantada aquí alcanza cotas internacionales cuando De la Iglesia y Guerricaechevarría amplían el tablero de esta partida de rol audiovisual.




Otra de las señas de identidad más características de Álex de la Iglesia como director es lo brutalmente exigente que es, sobre todo en el plano físico, con sus actores protagonizando estos secuencias de acción a gran escala. Ciertamente que sea tan riguroso con los intérpretes desemboca en que estos den lo mejor de sí mismos, algo que está a la orden del día en su filmografía en general y en el primer episodio de 30 Monedas en particular. Dentro de los secundarios despliega naturalidad Megan Montaner como Elena, algo más titubeante se ve a Miguel Ángel Silvestre como el manipulable alcalde, aunque cumple con un rol que seguro irá a más a lo largo de la temporada, y Javier Bódalo sorprende dando vida a Antonio. Veteranos como Paco Tous, Pepón Nieto, Antonio Durán o una magnífica Macarena Gómez ya tienen poco que demostrar a estas alturas, aunque cumplen sobradamente su labor. Pero si hay que destacar a dos actores dentro del casting de este primer episodio eso son una aterradora Carmen Machi, a años luz de sos roles habituales, y sobre todo un Eduard Fernández que después de llevar años mostrando ser un titán, con el padre Vergara empieza a dar muestras de estar construyendo el mejor papel de su carrera, un antihéroe johncarpenteriano con sus raíces ancladas en el la literatura tremendista española.



Como siempre afirmo después de escribir sobre un producto que todavía no ha sido consumido en su totalidad, habrá que esperar a ver los otros siete episodios de 30 Monedas para evaluarla globalmente como proyecto audiovisual, pero sería de necios negar que lo visto en este primer capítulo no es lo suficientemente brillante como para empezar a hacerse ilusiones con lo que está por llegar. El último trabajo de Álex de la Iglesia no sólo aspira a ser el mejor de toda su carrera, título que sigue poseyendo El Día de la Bestia, sino que podría llegar a sentar un precedente dentro de las series rodadas en España en lo referido a crear propuestas de género ambiciosas y sin prejuicio alguno. Después de ver este mefistofélico viaje a al terror rural y el gótico autóctono con esa secuencia final en la iglesia a un servidor sólo le queda preguntarse qué nos depararán las próximas semanas si tenemos en cuenta que todos aquellos que ya han visto la temporada completa consideran cada nuevo episodio mejor que el anterior. Por nuestra parte sólo podemos experimentar “fervor religioso” por las siete horas restantes y más sabiendo que todavía no han hecho acto de presencia los personajes de Secun de la Rosa, Manuel Tallafé, Nuria Fernández, Greta Fernández, Cosimo Fusco o ese Manolo Solo que ya en las pocas imágenes de los trailers apunta a robaescenas nato. Vienen con alegría, señor…


viernes, 23 de octubre de 2020

Los Nuevos Mutantes



Título Original The New Mutants (2020)
Director Josh Boone
Guión Josh Boone, Knate Lee, basado en el cómic de Chris Claremont y Bill Sienkiewicz
Reparto Anya Taylor-Joy, Maisie Williams, Charlie Heaton, Henry Zaga, Blu Hunt, Alice Braga, Adam Beach, Thomas Kee, Colbi Gannett, Happy Anderson, Dustin Ceithamer




La primera formación de los Nuevos Mutantes nació en Marvel Graphic Novel # 4 con guión del gran Chris Claremont y dibujo del no menos enorme Bob McLeod, artifices ambos dos de diseñar a este grupo de jóvenes Hijos del Átomo. Ya protagonizando su propia cabecera y después del paso de dos pesos pesados como el ya citado Bob McLeod y Sal Buscema un joven ilustrador llamado Bill Sienkiewicz se encargó del apartado artístico de la colección que trasladaría las ideas narrativas de Claremont a las viñetas. Mencionar que un autor tan revolucionario y rompedor como Sienkiewicz dio un giro radical a The New Mutants es una obviedad por todos conocida y que su trabajo, teóricamente, iba a reducirse a un único arco de tres números tampoco es ningún secreto. Lo que posiblemente no todo el mundo sepa es que esa historia en concreto, La Saga del Oso Místico, era la que el cineasta Josh Boone y el guionista Knate Lee presentaron a 20th Century Fox cuando la productora encargó a ambos llevar a imagen real las aventuras de dichos personajes. Al hacernos responsables del noticiario semanal de cine y series de Zona Negativa mi compañero Sergio Fernández Atienza y un servidor hemos sido testigos de la cantidad de veces que Los Nuevos Mutantes ha visto pospuesta su fecha de estreno por culpa de motivos tan variopintos como la compra de 20th Century Fox por parte de Disney o la pandemia a nivel mundial causada por el Covid-19. Rumores de reshoots o su posible incorporación a plataformas como Disney + e incluso Amazon Prime Video sin pasar por cines colgaron al film de Josh Boone el inevitable y poco agradable apelativo de “proyecto maldito” hasta que finalmente el pasado 26 del presente mes de agosto la obra por fin pudo ver la luz en multisalas europeas, haciendo lo propio dos días después en las estadounidenses.



Tres años después de la finalización de su rodaje por fin hemos podido ver el cierre de la franquicia cinematográfica de los homo superiors inaugurada hace exactamente 20 años con aquella ya lejana X-Men (Bryan Singer, 2000) constando de siete películas de la Patrulla X, tres de Lobezno y dos de Deadpool. De manera que por fin tenemos esta primera y seguramente ultima aventura protagonizada por Magik/Illyana Rasputin, Danielle Moonstar/Espejismo, Rahne Sinclair/Loba Venenosa, Bala de Cañón/Sam Guthrie y Mancha Solar/Roberto da Costa interpretados por Anya Taylor-Joy (Múltiple), Blu Hunt (Otra Vida), Maisie Williams (Juego de Tronos), Charlie Heaton (Stranger Things) y Henry Zaga (Cleptómanas) respectivamente, a los que suma Alice Braga (Predators) como la Doctora Reyes. De manera totalmente lógica, después de tantas idas y venidas o la supuesta incorporación de actores (Antonio Banderas, Rosario Dawson) a la película después de haber terminado el rodaje de la misma con los ya consabidos reshoots que finalmente no se han incorporado al corte final, inevitablemente un proyecto como Los Nuevos Mutantes iba a despertar la desconfianza de gran parte del fandom. Nosotros que ya hemos podido ver el film afirmamos que, sin ser una obra destacable, sí posee los suficientes aciertos como para ser considerada una pieza muy recomendable.



Como previamente hemos apuntado Josh Boone y Knate Lee toman como punto de partida La Saga del Oso Místico, con las esperables licencias respecto a la historia, y también nos ofrecen contrapartidas de los personajes de los cómics originales que respetan el espíritu de los mismos, pero están bastante alejados de ellos en cualquier otro aspecto. Con respecto a los protagonistas ciertamente es donde Los Nuevos Mutantes encuentra su mayor fortaleza ya que los dos guionistas dedican bastante tiempo a diseccionar, en la medida que permite lo que no deja de ser un blockbuster facturado en el seno de Hollywood, la psicología fracturada y los traumas personales que definen los perfiles de los protagonistas. Todo potenciado gracias a un reparto muy acertado en líneas generales en el que destaca una soberbia Anya Taylor-Joy como Illyana Rasputin exhalando descaro, carisma y esa maldad que sólo esconde fragilidad. De hecho la actriz de Glass o La Bruja lo hace tan bien y con tanto desparpajo que en ocasiones pareciera como si levantara el pie del acelerador para no dejar a sus compañeros poco más que las migajas. Con todo el resto del casting, en el que también incluimos a Alice Braga, cumple sobradamente con su cometido de resultar creíbles, empáticos y, paradójicamente, humanos de cara al patio de butacas.




Los trailers no engañaban a nadie, si Los Nuevos Mutantes se adscribe a algún género concreto sería más al de terror que a la acción, la aventura o la ciencia ficción más identificable con el cine protagonizado por superhéroes nacidos de la viñeta, y de esta manera Josh Boone es bastante fiel al tono oscuro que Chris Claremont y Bill Sienkiewicz insuflaron a la colección en general y al arco de La Saga del Oso Místico en particular. Algo a lo que también apuntaban los adelantos que pudimos ver de la película es que, más allá de dedicarle algunas referencias u homenajes, Los Nuevos Mutantes es un remake no oficial de Pesadilla en Elm Street 3: Los Guerreros del Sueño, la mejor secuela de la saga protagonizada por Freddy Kureger, aderezado con explicitas, y en ocasiones hasta machaconas, referencias a Buffy Cazavampiros, serie de sempiterna presencia en el televisor de la sala común que los personajes ven en sesión continua en dvd con imágenes de dos episodios icónicos de la producción de Joss Whedon, The Body y Hush, creando paralelismos con situaciones que tendrán lugar más tarde en la trama de la película. Esta mixtura referencial es muy adecuada con el tono dual del largometraje entre el terror y el relato adolescente.


Después de años de espera desde que finalizara su rodaje en 2017, retrasos y una serie de catastróficas desdichas por fin hemos podido disfrutar de The New Mutants. No una gran película, tampoco la debacle que aventurábamos no pocos fans, pero sí una necesaria rara avis dentro del celuloide superheróico, no sólo capaz de transitar por caminos poco comunes dentro del tipo de cine al que se adscribe, sino también la primera obra de la vertiente más comercial del subgénero que incluye de manera explícita una relación LGTBIQ muy bien perfilada y con una notable carga dramática. Por el camino encontramos a una Magik memorable, unos personajes cercanos y hasta cierto punto entrañables, un dosificado uso del CGI con un diseño bastante deudor del trazo alambicado e imposible del gran Bill Sienkiewicz y un sabor agridulce agradeciendo que la franquicia mutante finalice con un producto dejando en evidencia a aquel desastre llamado X-Men: Fénix Oscura y lamentando que, de manera más que probable, Disney rechace dar una continuación a una cinta tan interesante y meritoria si los números de taquilla no son lo suficientemente elevados como para que la todopoderosa compañía se planteen dar continuidad a esta Los Nuevos Mutantes por la que merece la pena acercarse a unas multisalas muy necesitadas de espectadores.


jueves, 13 de agosto de 2020

Una Historia de Violencia



Título Original A History of Violence (2005)
Director David Cronenberg
Guión John Olson, basado en el cómic de John Wagner y Vince Locke
Reparto Viggo Mortensen, Maria Bello, William Hurt, Ed Harris, Ashton Holmes, Heidi Hayes, Stephen McHattie, Greg Bryk, Peter MacNeill, Kyle Schmid, Gerry Quigley, Aidan Devine, Sumela Kay




En el año 1997 la editorial estadounidense Paradox Press publicó un cómic de 286 páginas titulado A History of Violence. El trabajo fue ideado por el guionista británico John Wagner y el ilustrador estadounidense Vince Locke, que ya había colaborado con el co creador de Judge Dredd en las páginas de la colección dedicada al juez, jurado y verdugo. La obra fue un éxito, se ganó con los años el título de pieza de culto y su licencia de edición pasó a formar parte del catálogo de Vertigo, el icónico y ya extinto sello propiedad de DC Comics. New Liene Cinema, que venía de tocar el cielo con las manos gracias al descomunal éxito de la trilogía de El Señor de los Anillos, obra literaria de J.R.R. Tolkien llevada a la gran pantalla por el director neozelandés Peter Jackson, adquirió los derechos de Una Historia de Violencia y durante la primera mitad de la década pasada se puso en funcionamiento para producir una adaptación cinematográfica. Contra todo pronóstico el director elegido para llevar a buen puerto el proyecto fue David Cronenberg, autor que en un principio nadie vincularía con la traslación a imagen real de un cómic, por muy alejado que este se encuentre de la vertiente más comercial del medio. Para escribir el guión inspirado en la labor de Wagner y Locke se sumó al proyecto John Olson, escritor curtido en el mundo del cortometraje y la serie B.




Una Historia de Violencia está protagonizada por Viggo Mortensen, actor estadounidense también ligado a New Line Cinema y El Señor de los Anillos, por motivos que todos conocemos, comenzando aquí una fructífera serie de colaboraciones con David Cronenberg que cristalizó en tres películas, Promesas del Este (2007), Un Método Peligroso (2011) y la que nos ocupa en esta entrada. Le acompañan Maria Bello, en aquella época encadenando algunos de los mejores trabajos de su carrera o Ashton Holmes y Heidi Hayes completando a la familia Stall. En el bando opuesto encontramos a Ed Harris y Willam Hurt, dos excelentes y veteranos actores que vuelcan toda su sapiencia interpretativa para dar vida a una pareja de personajes que parecen tener vínculos muy estrechos con el principal. La película se rodó en 2004 en distintas localizaciones de la ciudad de Ontario, como casi siempre sucede con las producciones de David Cronenberg, y tuvo su puesta de largo internacional un año después en el festival de Cannes de 2005 recibiendo una larga ovación tras su proyección en la sección oficial a concurso. Su presupuesto fue de 32 millones de dólares, recaudando 61 después de su carrera comercial internacional.




Tom Stall (Viggo Mortensen) vive una apacible existencia con su mujer Edie (Maria Bello), su hijo Jack (Ashton Holmes) y su pequeña hija Sarah (Heidi Hayes) en la ciudad de Milbrook, situada en el estado de Indiana. Un día la cafetería propiedad de Tom es asaltada por Leland (Stephen McHattie) y Billy (Greg Bryke), dos asesinos y atracadores que amenazan a los clientes del local. De manera repentina Tom ataca a los asaltantes matándolos antes de cumplir sus amenazas. Tras estos hechos Tom es considerado por la opinión pública y los medios de comunicación un héroe local que en un acto espontaneo de valentía consiguió reducir a los criminales antes de que se cobraran ninguna vida. Poco después el protagonista recibe la visita del gangster Carl Fogarty (Ed Harris). Este misterioso hombre asegura que Tom es un tal Joey Cusack al que conoció años atrás, afirmación negada en redondo por el recién coronado héroe por accidente. Poco a poco la familia Stall verá su aparentemente idílica vida amenazada por el asedio continuado de Fogarty y sus hombres que insisten en la idea de que Tom no es quien dice ser, lo que llevará a a todos los personajes a sumergirse en una inesperada espiral de violencia que finalmente les vinculará con un tal Richie Cusak (William Hurt) hermano del supuesto Joey.




Una Historia de Violencia comienza con un alarde visual impropio en David Cronenberg. Un plano secuencia de cinco minutos, ejecutado con un travelling lateral, sigue a los dos delincuentes que cambiarán la vida de los Stall mientras cometen uno de sus brutales crímenes. David Cronenberg se encuentra en las antípodas de ser un esteta caprichoso y si se toma una licencia como esta en la que la puesta en escena se aleja de su habitual contención siempre será con una excusa conceptual y narrativa y sí, este arranque sirve para marcar el tono crudo de la propuesta cinematográfica y mostrar al espectador de lo que son capaces estos dos asesinos a sangre fría. Tras este prólogo la misión de David Cronenberg es mostrarnos la idílica vida de la familia Stall en Milbrook. Esta localidad del medio oeste es expuesta ante el espectador como las que hemos visto cientos de veces previas en ficción con sus vecinos amables, trabajadores voluntariosos, parroquianos amistosos y rituales comunales propios de una humilde sociedad en la que no parece haber cabida para el horror que está por llegar. Los Stall son una familia feliz, con Tom y Edie manteniendo una vida sexual sana y sus hijos creciendo en un buen entorno. Pero los problemas de bullying sufridos por Jack, el hijo mayor, en el colegio parecieran el presagio de esa violencia que explotará de un momento a otro.




Al igual que sucedía en Terciopelo Azul (David Lynch, 1986) cuando Jefrey Beaumont (Kyle McLachlan) encontraba una oreja cercenada en el suelo de un jardín este idílico cuadro de Norman Rockwell pintado por David Cronenberg y John Olson se va a ver pronto salpicado de sangre. La escena del atraco frustrado por Tom muestra una violencia cruda, muy gráfica, nada estilizada o glorificadora. El canadiense trata de causar repulsión en el espectador cuando el protagonista mata a los dos atracadores. Lo que vemos es desagradable y aunque se lleve a cabo por motivos bienintencionados lo capturado en pantalla dista de ser un acto heróico. A partir de aquí algo se quiebra en la narración, la estampa inmaculada de la familia Stall comienza a resquebrajarse y la llegada de Carl Fogarty no hace más que acentuar esa sensación al sembrar la semilla de la duda afirmando que nuestro impecable y valeroso protagonista es un farsante. A partir de este momento la continua sensación de ubicua amenaza nos retrotrae a Alfred Hitchcock, pero a un nivel estructural y de tono nos adentramos en un western que eclosiona al fin con la visita de Fogarty y sus compinches en la casa de los Stall haciendo que todo vuele por los aires y dé comienzo una película completamente distinta a la que estábamos viendo. Ese “Debí haberte matado en Philadelphia” cae como una bomba atómica en plena sala de butacas.




Desde ese mismo momento entra en escena una de las constantes autorales más adheridas al discurso cronenbergiano. La identidad del individuo, su maleabilidad o capacidad adaptativa, Tom Stall se revela como Joey Cusak, un brutal mafioso que en el pasado asesinó a decenas de personas y decidió redimirse abandonado su vida para crearse otra a medida con mujer e hijos. Una vez más la “Nueva Carne” es extrapolada a un plano psicológico, alejándose de la primera etapa de la filmografía del canadiense en la que dichas mutaciones eran materializadas desde una perspectiva física. Pero el subtexto del relato va más allá, Tom Stall muere y con él el Sueño Americano, no otra cosa que un juego de humo y espejos sustentado en la mentira, y la prístina visión de la familia media estadounidense. Porque después del primer impacto tras salir a la luz toda la verdad los miembros restantes aceptarán sin muchos ambages, e incluso se verán contaminados por ella, la “nueva” y salvaje personalidad del protagonista. El contraste entre la primera escena de sexo, mucho más naif, y la polémica segunda, en la que Edie se deja seducir violentamente por alguien que ya no es su marido, confirman como una farsa toda esa vacua ensoñación que desde los primeros compases del film Cronenberg ha ido construyendo.




Para romper el último vínculo con su pasado criminal el personaje de Viggo Mortensen viaja hasta Philadelphia para rendir cuentas con Richie, su hermano mayor, interpretado por un William Hurt pletórico que consiguió con sus pocos minutos en pantalla una merecida nominación al Oscar en la categoría de mejor actor secundario, junto a la de John Olson en la de mejor guión adaptado las únicas a las que aspiró el film en su año de estreno. Después de una conversación en la que las dos partes apuntan llegar a un acuerdo Richie manda a sus hombres asesinar a Joey, pero este los elimina y acaba matando a su hermano huyendo del lugar para volver a Milbrook. Allí le esperan Edie, Jack y Sarah cenando en la cocina que, contra todo pronóstico, le aceptan como uno más en la reunión sin poner impedimento. En estos últimos compases es muy simbólico y esclarecedor que sean, Sarah primero y Jack después, los que ofrecen “plato y comida” a Joey, dejando claro que son sus hijos, sus herederos, los que tomarán su relevo y casi con toda seguridad seguirán su misma senda. El rostro de aceptación de Edie y un primer plano de Joey con los ojos bañados en lágrimas cierran la penúltima obra maestra de uno de los mejores directores de la historia del cine.




Al igual que sucedió con La Mosca David Cronenberg encontró en Una Historia de Violencia, un proyecto ajeno y de cariz más comercial, muchos de los temas que ayudaron a cimentar su indispensable filmografía. El éxito de crítica y público convirtieron esta adaptación del cómic de John Wagner y Vince Locke en la película más taquillera de la carrera de su director, algo que ayudó, y mucho, a que sólo dos años después Focus Features, división de cine independiente de Universal Pictures, contratara sus servicios, y de nuevo los de Viggo Mortensen, para incursionar otra vez en el mundo del hampa con Promesas del Este, la última gran obra de un genio como el de Ontario que con sus trabajos posteriores no estuvo tan atinado, aunque un servidor tiene Un Método Peligroso en alta estima. Un enorme apartado artístico encabezado por un colosal Viggo Mortensen, un guión capaz de capturar la esencia del cómic que toma como inspiración y un director cuya veteranía le permite adaptarse a cualquier proyecto, sin dejar de ser él mismo o renunciar a su discurso personal en ningún momento, conforman una de las mejores adaptaciones cinematográficas de un cómic jamás rodadas. Casi cinco años llevamos sin el estreno de una nueva película de David Cronenberg, y en tiempos convulsos como los actuales es algo que no podemos, ni debemos, permitirnos.