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miércoles, 30 de junio de 2021

Un Lugar Tranquilo 2


Título Original A Quiet Place 2 (2021)
Director John Krasinski
Guion John Krasinski, basándose en personajes de Scott Beck y Bryan Woods
Reparto Emily Blunt, Cillian Murphy, Millicent Simmonds, Noah Jupe, Djimon Hounsou, Wayne Duvall, John Krasinski, Lauren-Ashley Cristiano, Okieriete Onaodowan, Blake DeLong, Silas Pereira-Olson, Liz Cameron, Robert A. Coldicott




Después de dos largometrajes que pasaron bastante desapercibidos como Entrevistas Breves Con Hombres Repulsivos (2009) y Los Hollar (2016) en 2018 el actor John Krasinski (The Office, Jack Ryan) sorprendió a propios y extraños con su tercera incursión detrás de las cámaras. Dando un giro radical a su por aquel entonces no muy prometedora carrera como director el estadounidense estrenaba Un Lugar Tranquilo (A Quiet Place) una muestra de cine de terror protagonizada por él mismo, su esposa Emily Blunt, Millicent Simmonds y Noah Jupe entre otros. Aquella brillante pieza de género en la que la humanidad se había visto diezmada por unos monstruos invidentes, pero con un oído hipersensible que les permitía encontrar y masacrar a sus víctimas de manera fulminante, basó sus aciertos en la milimétrica puesta en escena de Krasinski, el inteligente guion de Scott Beck y Bryan Woods, la labor de un reparto brillante y el impresionante uso del sonido o más bien la ausencia del mismo. Un ejercicio inmersivo y empático convertido en un éxito internacional de crítica y público que a pocos días de su estreno oficializó una secuela que debía haber llegado a los cines en marzo de 2020, algo que la pandemia y el confinamiento se ocuparon de alterar. Después de varios cambios de fecha A Quiet Place 2 ha aterrizado en España y ya hemos podido disfrutarla en pantalla grande.




John Krasinski, en esta ocasión encargándose también del guion en solitario, es consciente de que se puso a sí mismo el listón muy alto con la primera entrega, por ello arranca esta secuela con un prólogo bestial en el que asistimos al Día 1 de los monstruos en nuestro planeta. Este escaso cuarto de hora en el que un evento inusual destruye nuestro concepto de normalidad el film marca su tono e intencionalidad tomando su primera decisión arriesgada, alejarse de la estructura de su predecesora para no caer en el subrayado y la redundancia, pero manteniendo gran parte de su esencia. Después de la secuencia de apertura a modo de precuela volvemos justo al punto donde acababa Un Lugar Tranquilo, con los Abbott dispuestos a salir a la superficie después de que Lee, el cabeza de familia, se sacrificara para salvarlos y ellos descubrieran que los ultrasonidos son el punto débil para desorientar a las criaturas, pudiendo así eliminarlas con más facilidad.




Un Lugar Tranquilo 2 es un proyecto considerablemente más ambicioso que su predecesor. Posiblemente a este respecto tenga mucho que decir que los 17 millones del primer film han pasado a 61 en este segundo, algo perceptible en pantalla desde los primeros compases de la obra. Afortunadamente John Krasinski es un profesional lo suficientemente avispado como para no convertir esta segunda parte en un desfile de excesos que pudieran eclipsar o menoscabar la historia tan interesante que quiere contarnos en un contexto atractivo como el que alumbró a su anterior trabajo. Por ello sabe medir los tiempos y aprovechar la logística que le permiten lucir mejor y durante más tiempo a sus monstruosidades, sin que la mayor presencia de estas se convierta en algo rudimentario a lo largo del metraje, pudiendo poner en solfa la naturaleza visceralmente peligrosa de las mismas, aquella que en la primera parte regalaba no pocos pasajes memorables.




Un Lugar Tranquilo 2 se adscribe al terror de una manera más tangencial que su predecesora, tomando cuerpo de híbrido entre survival y monster movie. Esto le permite, al igual que a la primera parte, construir pasajes de una poderosa tensión fácilmente extrapolable a la platea, pero variando los resortes narrativos que Krasinski utilizó en el primer largometraje de la ya franquicia. Aquí se mantiene el acertado y muy efectivo concepto de los personajes evitando hacer sonido alguno para no atraer a las criaturas homicidas, pero el guionista y director utiliza la excusa de incluir localizaciones aislantes del ruido o alejadas en islas apartadas para poder recurrir en más ocasiones al uso de diálogos que en Un Lugar Tranquilo eran escasos, dando al proyecto una pátina más experimental que aquí se ha perdido casi por completo.




La minuciosidad a la hora de hacer uso del sonido o la no presencia del mismo en el contexto espacial del relato ha sido notablemente reducido, por lo que en ese sentido nos encontramos con una secuela adherida a un cine de género más convencional y reconocible, viendo reducida una de las mayores virtudes del film de 2018. No afirmamos con esto que las situaciones en las que los personajes deben evitar hasta lo extremo producir cualquier ruido estén ausentes, de hecho son las que siguen vertebrando el grueso de la historia central, pero estas adquieren más predilección impacto y el efectismo derivando el proyecto en una pieza más propensa al espectáculo accesible para todo tipo de espectadores. Dicha decisión no es óbice para que John Krasinski componga algunas de las mejores secuencias de acción e intriga del 2021, mostrando que no fue casualidad lo visto en la primera A Quiet Place y dejando patente que nos encontramos ante un muy resuelto artesano con un interesante futuro dentro del cine de género hollywoodiense.




En lo referido al casting el personaje de John Krasinski ya no hace acto de presencia por motivos obvios, pero el guionista y director se reserva una aparición relevante en el prólogo al estar localizado este en el pasado. Emily Blunt, Millicent Simmonds y Noah Jupe siguen siendo los roles principales de la obra, pero si bien es cierto que los tres ejecutan una labor notabilísima es en esta ocasión es la hija de los Abbott la que lleva un mayor peso debido a que su padre en la ficción le regala más peso en el argumento y minutos de metraje. Su labor es excelsa, confirmando aquellas capacidades dramáticas de las que ya hizo gala en la primera entrega. Al tono más sufridor de Emily Blunt se contrapone la feliz incorporación de un magnífico Cillian Murphy como Emmett, un personaje abordado con inteligencia y ambigüedad desde el papel que el protagonista de Peaky Blinders hace suyo convirtiéndose en el núcleo central de varios momentos para el recuerdo. Menos aprovechado está Djimon Hounsou cuya participación es muy breve y reto al espectador a encontrar a Scott McNairy (Batman v. Superman: El Amanecer de la Justicia, Érase Una Vez… en Hollywood) a ver si da con él.




Como es lógico Un Lugar Tranquilo 2 pierde el factor sorpresa con respecto a su hermana mayor, pero las decisiones tomadas por John Krasinski y sus colaboradores son lo suficientemente inteligentes como para variar y extender el microcosmos de la saga sin alejarse de su espíritu. El Jim Halpert de The Office ha plantado algunas semillas que en una tercera entrega, que la habrá viendo los números internacionales de esta segunda parte, pueden brotar y ofrecernos más de una sorpresa. Nos quedamos con la sensación de haber asistido a un trabajo bien hecho, cargado de cinematografía comercial de calidad o múltiples posibilidades de seguir ofreciendo nuevas aventuras dentro de este universo repleto de amenazas y también con la mosca detrás de la oreja con esa lectura final que, como supo apuntar mi amigo y compañero Juan José Patón, pareciera configurar un mensaje reaccionario si lo abordamos en paralelo con cierto pensamiento conservador de Estados Unidos en lo referido al concepto de “invasor”. A pesar de este pequeño apunte quedamos muy satisfechos con la obra, la recomendamos y esperamos con ansia su continuación.




sábado, 6 de junio de 2015

¡Bicho Malo!, the killer inside me



Título Original Bad Milo! (2013)
Director Jacob Vaughan
Guión Benjamin Hayes y Jacob Vaughan
Actores Ken Marino, Gillian Jacobs, Peter Stormare, Patrick Warburton, Stephen Root, Mary Kay Place, Jonathan Daniel Brown, Kumail Nanjiani, Toby Huss




En el año 1984 Gremlins se convirtió en todo un fenómeno a nivel mundial. El film producido por Steven Spielberg, escrito por Chris Columbus, dirigido por Joe Dante y protagonizado por el entrañable mogwai Gizmo y sus enemigos los malévolos gremlins sirvió como punta de lanza para una considerable ola de films protagonizados por monstruitos animatrónicos que acababan convirtiéndose en sagas de bastantes entregas como Ghoulies, Critters o Troll. Incluso el gran Roger Corman, avispado como siempre pero no muy acertado en esta ocasión, decidió subirse al carro de este tipo de celuloide con la inefable Munchies, que amalgamaba de mala manera todas las franquicias mencionadas. Varios años duró esta fiebre por bichos enanos que mezclaban, con mayor o menor tino terror y comedia para fruición de grandes y pequeños no muy impresionables.




Bad Milo!, cinta de 2013, retitulada de manera más bien pobre en España como ¡Bicho Malo! y estrenada por estas tierras sólo en dvd y directamente en videoclubs o centros comerciales, homenajea directamente a este tipo de cine en el que todo tipo de monstruitos sembraban el caos a su paso. Escrita por Benjain Haves y Jacob Vaugahn, dirigida por este ultimo y protagonizada por actores duchos en el mundo de la comedia como Ken Marino (Somos los Miller), Gillian Jacobs (Community), Peter Stormare (El Gran Lebowski) Mary Kay Place (No es Tan Fácil) o Patrick Warburton (Reglas de Compromiso) la segunda cinta en labores de dirección de este habitual montador se revela como una deliciosa muestra de nostalgia cinematográfica de Serie B que quiere ir más allá del género al que rinde tributo utilizando una idea bastante escatológica para hablar de un tema tan actual como universal. La ansiedad del hombre del Siglo XXI.




Duncan es un contable que convive con la presión de su vida profesional por culpa de un jefe corrupto y desalmado y la de su vida personal debido a no poder dar un hijo a su esposa Sarah, al noviazgo de su madre con un joven cuya sexualidad no parece tener barreras y a la nueva vida hippiesca de su padre. Todo este cúmulo de despropósitos producen en Duncan unos fuertes dolores intestinales que le obligan a pasar hasta hora y media en el retrete haciendo aguas mayores. Llegado un punto en el que la ansiedad es del todo incontrolable para el sufrido contable esta toma forma física y se transforma en un pequeño monstruo diminuto que sale de su recto para eliminar de manera salvaje y furibunda a los responsables de las desgracias a las que se ve abocado el pobre Duncan, que deberá confraternizar con Milo, nombre que da a la criatura, para impedir que siga eliminando a familiares y allegados del protagonista.




Este disparatado punto de partida que parece una mezcla entre una producción de la descacharrante factoría Troma fundada por el pirado de Lloyd Kaufman con la famosa saga gore Basket Case es la que vertebra todo el devenir de la historia que sustenta el desarrollo de ¡Bicho Malo! y es utilizada como metáfora o alegoría por parte de sus guionistas. Milo es la materialización física de los deseos ocultos en el subconsciente de Duncan, de ese lado oscuro que todo ciudadano de bien lleva dentro y al que si diéramos carta blanca acabaría matando de manera brutal a compañeros de trabajo, amigos, familiares, parejas, hijos y demás personas de nuestro entorno. El pequeño monstruo de origen anal hace todo aquello que el contable venido a menos no es capaz de llevar a cabo personalmente por culpa del miedo, el sentido común o la pura compasión, más para desconcierto y desgracia de su huésped que para el desahogo o tranquilidad de este,




Curiosamente esta idea argumental que podría dar pie a escenas escatológicas con explícitos primeros planos de anos enrojecidos, aerofagias estruendosas o rectos con capacidades desproporcionadas es abordada con una elegancia y sutilidad por Jacob Vaughan que se le agradece, ya que el grafismo con respecto a orificios corporales ya lo llevó a extremos hilarantes el hawaino Brian Yuzna en la divertidamente viscosa Society, no es necesario ir más allá. Por ello el guionista y director aborda con toda la austeridad del mundo, en el plano formal, la obra que está realizando. En Bad Milo! no hay lugar para el exceso, el grandgiñol, lo ruidoso, Vaughan utiliza una puesta en escena medida, obliga a sus actores a apelar a una contención (hasta Peter Stormare, maestro de la sobreactuación, está considerablemente apaciguado en su papel) que hace incluso más graciosas las desgracias en las que se ven implicados y todos los personajes son creíbles y cercanos a pesar de estar construidos desde la ironía y la sorna.




El diseño de Milo es pura artesanía ochentera, un muñeco de látex animado animatrónicamente que no tiene un sólo retoque digital a lo largo del metraje. Esta especie de Gizmo sin pelo y con colmillos se mueve entre la amenaza y la ternura, él es el núcleo de los momentos más descacharrantes de la obra tanto cuando asesina a sus víctimas como cuando debe salir o entrar en el orificio anal de Ducan, escenas que nunca se muestran explícitamente pero que se reflejan en el rostro desencajado de un Ken Marino que en ocasiones llega a transmitir al espectador los desproporcionados dolores que está sufriendo. El problema es que nuestro amigo Milo tiene pocas secuencias gore para lucirse, ya que una criatura tan salvaje y de naturaleza tan peculiar merecía más pasajes en los que las mutilaciones y las vísceras tuvieran más protagonismo. Por suerte el asesinato en el ascensor, sus caras de pena cuando Duncan le ofrece comida que no le gusta, esa cara de animal salvaje que muestra cuando le amenazan con las antorchas o su combate final con "Ralph" regalan a la platea suficientes escenas memorables como para quedar satisfecho en ese aspecto.




Esta parodia de Cromosoma 3 (The Brood) de David Cronenberg consigue adscribirse con acierto dentro de ese subgénero al que quiere homenajear de la manera más elogiosa posible. Lo curioso es que a pesar de su trama argumental del todo insulsa y disparatada como obra cinematográfica no podemos afirmar que sea una mala película, ya que está bien dirigida, escrita con acierto e interpretada con mucho convencimiento, algo que sucedía también con aquella otra muestra de cine trash, esta vez neozelandes y deudor de Peter Jackson , llamada Ovejas Asesinas (Black Sheep) dirigida por Jonathan King. Esta afirmación nos deja vislumbrar que ¡Bicho Malo! no es una cinta intencionadamente penosa cuyo único fin es hacer reir, ya que todos los profesionales implicados en ella abordaron la gestación del proyecto con un cariño notable, el mismo que hace de esta producción de 2013 una pieza divertida que nos recuerda a un tiempo en el que el cine de terror comercial era más modesto y cercano.


jueves, 22 de mayo de 2014

Godzilla (2014)



Título Original Godzilla (2014)
Director Gareth Edwards
Guión Max Borenstein y David Callaham
Actores Aaron Taylor-Johnson, Ken Watanabe, Elizabeth Olsen, David Strathairn, Bryan Cranston, Sally Hawkins, Juliette Binoche, CJ Adams, Richard T. Jones, Al Sapienza, Patrick Sabongui




Godzilla, el dinosaurio atómico, el rey de los monstruos nacido en el seno de los nipones estudios Tōhō vuelve por todo lo alto con una superproducción mastodóntica en la que sus creadores han puesto al frente al realizador británico Gareth Edwards, autor de la meritoria e interesante Monsters, atípica cinta sobre gigantescas criaturas alienígenas invasoras en la tierra que es sin lugar a dudas la que llamó la atención de Warner Bros y Legendary Pictures para darle los mandos de un proyecto de proporciones tan enormes. El público andaba reticente con respecto a Godzilla, ya que la última incursión a nivel internacional por parte de Hollywood con el personaje había sido la versión de Roland Emmerich de 1998 que disgustó a muchos y agradó a más bien pocos. Por suerte Gareth Edwards y su equipo han estado a la altura regalando a la platea una magnífica obra que aborda varios aspectos y vertientes, triunfa en prácticamente todos ellos, pero que como muchas de las producciones rompetaquillas de la meca del cine contiene algunos fallos típicos de estos largometrajes que por otro lado no ensombrecen sus muchos logros, que no son pocos precisamente.




Este reboot de 2014 quiere dejar satisfecho a todo tipo de espectador y lo consigue prácticamente con todos ellos. Por un lado es una monster movie clásica, con enormes criaturas luchando y destruyendo ciudades enteras con sus desproporcionados enfrentamientos. Por otro es un kaiju de manual, un rendido tributo a este género incluyendo la lógica presencia de Godzilla, la aparición de otras criaturas para batirse en duelo con el monstruo protagonista a modo de referencia a las múltiples secuelas que surgieron tras el éxito del primer film protagonizado por el dinosaurio atómico, la presencia de científicos que han jugado a ser dioses o un mensaje final en el que la humanidad recibe a Godzilla como a un salvador reivindicando así su peso como icono de la cultura pop del siglo XX en pleno siglo XXI. Pero lo más es interesante es que Gareth Edwards y sus guionistas quieren respetar la esencia del origen y génesis del personaje. Godzilla nació como una metáfora del terror de Japón a la radiación producida por los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki, de modo que en esta versión de 2014 no sólo se respeta en gran parte esa teoría con incluso una referencia directa a aquellos hechos (el momento reloj entre el Doctor Ichiro Serizawa y el almirante William Stenz) sino que incide en convertir a Godzilla (y sus monstruos rivales) en proyecciones dentro de la ficción de hechos históricos trágicos de nuestra historia reciente, alegorías de nuestros miedos como sociedad como los atentados del 11 de septiembre de 2001 (esos cazas chocando con los rascacielos) los Tsunamis que arrasaron Thailandia en 2004 o Japón en 2011 (cómo la ciudad se ve sepultada por las olas cuando los monstruos llegan a la costa) ya dentro del mismo país nipón el accidente nuclear de Fukushima (todo lo relacionado con el arranque del film con los personajes de Bryan Cranston y Juliette Binoche) e incluso nuestro 11M de 2004 (el tren siendo destruido mientras Ford Brody trata de salvar su vida y la del niño que se encuentra bajo su cuidado) o la inutilidad de las fuerzas militares que se confirman como ineficaces en un plano ofensivo y sólo útiles a la hora de rescatar a las víctimas de los envites entres los monstruos eludiendo así el patriotismo típico de los films americanos en los que su ejército acaba siempre salvando al resto de la humanidad del ataque invasor sea de la índole que sea. Todas referencias intencionales o no, pero de manera extraña fácilmente extrapolables a nuestra realidad como también sucedía en otra memorable monster movie como era aquella The Host de Bong-Joon-ho que la semana pasada estrenó en España su última cinta, Snowpiercer.




Pero si hay un aspecto en el que destaca Godzilla y en ese sentido parece haber consenso entre publico y prensa especializada es en que visualmente es una maravilla que en más de una ocasión bordea la brillantez formal y conceptual. Gareth Edwards confirma con su último film que aquellos apuntes de genialiad estética que se vislumbraban en Monsters no fueron casualidad. Godzilla es una de las películas comerciales mejor rodadas en el plano técnico del 2014, la puesta en escena del realizador británico es intachable, poderosa, con un control del tempo narrativo de una tensa calma cuando la historia lo demanda, ya que la primera criatura tarda en hacer acto de presencia y Godzilla es mostrado poco a poco hasta su aparición estelar (aunque por suerte desde el potente arranque Garteh Edwards inyecta un ritmo endiablado a su historia) y brutalmente espídica cuando la acción impera en la pantalla haciendo un uso magistral de los medios que tiene a su alcance que van desde unos efectos digitales prodigiosos (en lineas generales) a un diseño de producción holgado en todos los sentidos. Pasajes como el del salto halo en su totalidad, pero especialmente los planos subjetivos desde el punto de vista del personaje de Aaron Taylor-Johnson, la escena de cortejo entre dos de las criaturas (referencia directa al clímax final de la ya mencionada Monsters) el primer rugido de Godzilla que supone su principal aparición completa en pantalla, el arranque a modo de prólogo que insufla acción a la historia desde su punto de partida para luego apelar a un ritmo más calmado con tensión creciente a lo Alfred Hitchcock (imposible no pensar en Los Pájaros) hasta que el primer monstruo empieza su campaña de caos y destrucción o la pelea final con Godzilla en todo su apogeo haciendo lo que mejor sabe. Resumiéndose todo en una producción intachable que nos confirma que la elección de Gareth Edwards ha sido un acierto mayúsculo a la hora de resucitar a la criatura de los estudios Tōhō y llevada a lo más alto por Ishiro Honda con aquella ya lejana producción de 1954.




Pero si hay algo que reprochar a Godzilla es el simplismo de sus estereotipados personajes y que aunque en el guión de David Callaham (con historia original de Max Borenstein) trata de evitarlo no impide que caigan en los clichés propios del género de catástrofes como la presencia del científico loco que luego no lo está tanto (en esta caso hay dos, uno occidental y otro oriental) el militar sacrificado con familia esperándolo en casa (la misma que también correrá peligro por culpa de los ataques de Godzilla y sus enemigos naturales) o el alto mando militar duro e inmisericorde pero justo y honrado. Tampoco ayuda que del magnífico reparto el único que parece esforzarse por ofrecer una labor notable sea Bryan Cranston, que aunque distraiga al espectador con es terrible postizo capilar mal colocado que le han plantado en la cabeza no deja de ofrecer lecciones de interpretación. Los demás no pasan de cumplidores y es una pena, porque gente como Juliette Binoche, David Starthairn, Sally Hawkins o Ken Watanabe son intérpretes de sobrado talento y por desgracia no llevan sus roles más allá del papel escrito aunque cumplan lo mínimamente exigido. Curiosamente el más flojo del equipo artístico es Aaron Taylor-Johnson, que aún estando a la altura en lo que a fisicidad se refiere a la hora de dar alas al dramatismo que requiere su trabajo, el del protagonista principal nada más y nada menos, no está a la altura transmitiendo poca versatilidad y cierta apatía. Mejor que él está Elizabeth Olsen que se entrega más y sabe transmitir las (simples) inquietudes sentimentales de su personaje, aunque poco puede hacer con los pocos minutos de metraje que tiene en pantalla con una presencia tan tangencial en la historia que Gareth Edwards y sus guionistas nos están relatando.




Por suerte Godzilla se confirma como un triunfo prácticamente total que aunque es consciente de su poca relevancia cinematográfica como producto de consumo rápido quiere ir más allá con ciertos apuntes politicos que nos hablan de nuestra situación actual como sociedad por medio de referencias al pasado. Por el camino se confirma el talento de Gareth Edwards para ejecutar un potente ejemplo de kaiju en particular y monster movie en general y el cariño por parte de sus creadores hacia este género de origen japonés (la inclusión de cierta estética oriantal a la puesta en escena, tomar a Tokio como epicentro de la acción del largometraje y el añadido del rol de Ken Watanabe son todos aciertos tan meritorios como elegantes) que influyó en la impronta de tantos autores cinematográficos y espectadores que quedaban fascinados con esos monstruos de plástico destruyendo edificios a escala hechos de cartón piedra en films que los hacían soñar con otros mundos, tan aterradores como fascinantes. El éxito de esta Godzilla de 2014 está confirmado con un número en taquilla a nivel mundial y la confirmación de que se ha dado luz verde a la secuela. Sólo el tiempo nos dirá cuándo volveremos a ver al Rey Monstruo demostrándonos que el hombre no controla naturaleza sino que es la naturaleza que que nos tiene sometidos a nosotros.