Título OriginalDoctor Strange in the Multiverse of Madness(2022) DirecciónSam Raimi GuionMichael Waldron, basado en el cómic de Stan Lee y Steve Ditko RepartoBenedict Cumberbatch, Elizabeth Olsen, Chiwetel Ejiofor, Benedict Wong, Xochitl Gomez, Rachel McAdams, Michael Stuhlbarg, Sheila Atim, Adam Hugill, Ako Mitchell, Momo Yeung, Daniel Swain, Topo Wresniwiro
Cuando todavía no hemos podido digerir el clímax final de la miniserie protagonizada por el Marc Spector/Steven Grant de Óscar Isaac el Universo Cinematográfico Marvel nos invita a dar uno de esos saltos de las plataformas de streaming al cine y viceversa a los que tan acostumbrados nos tiene ya esta Fase 4 después de seis series (WandaVision, The Falcon and the Winter Soldier, Loki, What If…?, Hawkeye, Moon Knight) y cuatro largometrajes (Viuda Negra, Shang-Chi y la Leyenda de los Diez Anillos, Eternals y Spider-Man: No Way Home) a los que se suma esta Doctor Strange en el Multiverso de la Locura recién estrenada. Recordemos que después del buen recibimiento de la primera película en solitario del Hechicero Supremo protagonizada por Benedict Cumberbatch en Disney y Marvel Studios solicitaron nuevamente los servicios de su director, el estadounidense Scott Derrickson (Sinister, Líbranos del Mal), pero alegando las consabidas y bilaterales «diferencias creativas» este abandonó el proyecto durante su fase de pre producción. Sorprendiendo a propios y extraños, nunca mejor dicho, el elegido para sustituir al realizador de la inminente Black Phone fue el gran Sam Raimi, que volvia así al cine superheróico inspirado en el mundo de las viñetas en el que marcó un hito con los dos primeros Spider-Man de Tobey Maguire y del que salió por la puerta de atrás con la tercera entrega.
Al director de la saga Evil Dead se suma el guionista Michael Waldron que ya colaboró con Disney y Marvel Studios ejerciendo de creador y showrunner en Loki, mientras que Danny Elfman se ocupa de la banda sonora y John Mathieson de la fotografía. En el reparto repiten de la primera entrega Benedict Cumberbatch, Chiwetel Ejiofor, Benedict Wong o Rachel McAdams y se suman a ellos Elizabeth Olsen o Xochitl Gómez entre otras. En Transgresión Continua ya hemos podido ver la película de Sam Raimi con la que se dan continuidad a las aventuras mágicas de Stephen Strange y que estos días ha enconado el debate sobre cúanto de la personalidad del director veremos en la película teniendo en cuenta que la productora capitaneada por Kevin Feige es dada a no recibir con demasiado entusiasmo, por no decir que en ocasiones los corta de raíz, los intentos de acercar los largometrajes de Marvel Studios a la sensibilidad propia de los cineastas contratados para rodarlas siendo el caso de Scott Derrickson en esta misma producción el más reciente, pero no el único si recordamos los de Joss Whedon con LosVengadores: La Era de Ultrón o Edgar Wright en Ant-Man. Sea como fuere aquí va nuestra opinión de Doctor Strange en el Multiverso de la Locura.
Aunque se muestra continuista audiovisual y narrativamente con la primera entrega estrenada en 2016 heredando todo el lore planteado por Scott Derrickson Doctor Strange en el Multiverso de la Locura mantiene conexiones directas, más o menos explícitas, con WandaVision, Spider-Man: No Way Home, Loki y la serie What If…?, por lo que es recomendable tener recientes todas esas producciones. Habían dos temores principales relacionados con esta segunda aventura en solitario protagonizada por Stephen Strange que se convirtieron en la comidilla del fandom durante los últimos meses, uno de ellos potenciado por lo que pudimos ver en la última película del Hombre Araña interpretado por Tom Holland. El primero era que la confirmación del Multiverso convirtiera a este en el epicentro de las posteriores producciones de Marvel Studios con el peligro que ello supone a la hora de intentar epatar al espectador por medio de cameos estelares sin orden ni concierto. El segundo, que ya hemos apuntado previamente, se centraba en cuánto de la personalidad de Sam Raimi veríamos en pantalla sabiendo que todo apunta a que Scott Derickson abandonó el proyecto por querer acercarlo demasiado al terror ante la negativa de Kevin Feige y sus colaboradores.
Por un lado esta nueva aventura del Doctor Strange confirma que el Multiverso no va a convertirse, al menos por ahora, en el centro neurálgico del Universo Cinematográfico Marvel, sino en un añadido al que se podrá recurrir regularmente para, posiblemente, construir algo más grande que, por las pistas que nos van ofreciendo, podría tratarse de una adaptación de las Secret Wars del año 2015 ideadas por el guionista estadounidense Jonathan Hickman y el ilustrador croata Esad Ribic. El uso que se hace del Multiverso en este largometraje y las "apariciones especiales" son solo una parte más del entramado en el que se ve envuelto el personaje principal. Por otro no solo podemos asegurar que en Doctor Strange en el Multiverso de Locura se notan la personalidad y las señas de identidad de Sam Raimi como cineasta, sino que la vertiente más presente a lo largo del metraje no es precisamente las de su trilogía de Spider-Man, sino la de la franquicia Evil Dead, la de Darkman, la de Arrástrame al Infierno e incluso la de productos más alimenticos, impersonales y de encargo como Oz, Un Mundo de Fantasía.
Lo cierto es que los aficionados a los cómics del Doctor Strange no pudimos recibir con más entusiasmo que un director como Sam Raimi se encargara de esta secuela una vez el autor de El Exorcismo de Emily Rose se desvinculó del proyecto detrás de las cámaras. Más allá de las ingerencias que el estudio pudiera llevar a cabo con la labor del realizador solo pensar en el imaginario estilístico adherido al personaje después de cuatro películas en las que ha hecho acto de presencia con la especial sensibilidad del director de Un Plan Sencillo no podía ser más prometedor. Por suerta Raimi ha conseguido el doble logro de respetar todo lo planteado por su antecesor, pero en el proceso llevarse Doctor Strange en el Multiverso de la Locura a su terreno, el del fantástico y sobre todo el terror. Porque sí, esta nueva propuesta de Marvel Studios es la que más adentra en estos terrenos con apuntes incluso de cierto body horror y una violencia más explícita que en el resto de películas del Universo Cinematográfico Marvel.
Doctor Strange en el Multiverso de la Locura, que arranca siguiendo la regla de Cecil B. Demile de comenzar una película con un terremo y a partir de ahí ir subiendo en intensidad, mientras presenta al personaje de America Chavez (Xochitl Gomez), es una sinfonía de proporciones mastodónticas con un despliegue de medios y recursos audiovisuales de primer orden. Como era de esperar, y con la apariencia de haber disfrutado de una libertad creativa más que notable, Sam Raimi se siente como en casa a la hora de configurar esta historia protagonizada por el Hechicero Supremo viajendo entre universos haciendo gala de una puesta en escena mutante y moldeable que lleva a nuevas cotas de psicodelia a lo Steve Ditko lo que ya había extrapolado con bastante acierto a imagen real Scott Derrickson. Pero Sam Raimi va más allá interconectando géneros como el terror, las monster movies, la cienca ficción o la aventura clásica con algunos pasajes memorables como el viaje express por universos, la persecución subterranea o la "batalla musical" que seguramente se incluyera a petición de un Danny Elfman muy inspirado con un ecléctico score que mezcla sus inconfundibles coros con guitarrazos hasta de rock progresivo.
Pero lo importante de Doctor Strange en el Multiverso de la Locura, y era algo que era aplicable también a Spider-Man: No Way Home, es que debajo de la fanfarria, la hipérbole y el caos controlado nos encontramos una historia de personajes que, simepre adheridos al cine comercial en el que han sido diseñados, ofrecen un perfil psicológico sólido viéndose potenciado por la labor de los actores que les dan vida. En lo referido a los dos más importantes Benedict Cumberbatch se enfrenta al reto de tener que encarnar a varias versiones de un personaje que ya es indivisible de su impronta actoral de manera que su labor es excelente. El problema es que tanto él como el resto del reparto se ve arrasado por esa fuerza de la naturaleza llamada Elizabeth Olsen. Wanda Maximof vuelve al medio cinematográfico después de haberse convertido en el mejor y más complejo personaje de todo el UCM tras su paso por WandaVision. Aunque su rol incursiona en algunos tópicos su paso al lado oscuro está acertadamente justificado al estar bajo el influjo del Darkhold y sobre ella recae casi toda la carga dramática de la obra permitiéndole devorar cada encuadre mientras Sam Raimi materaliza sus lucha interna con algunas decisiones formales que poco tienen que envidiar a las mejores secuencias de la serie que compartió con la Visión de Paul Bettany y otras en las que se convierte practicamente en la villana de una película de terror.
El visionado de Doctor Strange en el Multiverso de la Locura, con su correspondientes dos escenas post créditos, confirma lo que ya pudimos vislumbrar en Spider-Man: No Way Home, la notable mejoría de lo que estaba siendo una irregular Fase 4 a la que le todavía le cuesta encontrar el equilibrio a la hora de interconectar largometrajes con series para su plataforma de streaming. Sam Raimi ha vuelto al mundo del cine superheróico de manera excelsa después de la decepción que supuso para él y gran parte del fandom lo que Sony Pictures hizo con Spider-Man 3. La mezcla de géneros, los personajes con alma y las sorpresas bien dosificadas son los materiales sobre los que Marvel Studios ha construido un nuevo éxito cinematográfico que solo en su primer día en cartel recaudó 90 millones de dólares en Estados Unidos y 229 en la taquilla internacional. Esta buena noticia tiene un sabor agridulce y es que si bien lo números que se manejan apuntan a asistencia en masa a unas salas necesitadas de espectadores, las presiones de Disney para que las multisalas programen más sesiones de su producto perjudicando así al resto de propuestas en cartel confirma muchas de las afirmaciones que Martin Scorsese lleva años compartiendo con respecto al cine de Marvel Studios en particular y el de superhéroes en general. Solo el tiempo nos dirá si tiene razón.
The Suicide Squad, la secuela/reboot del famoso grupo de DC escrita y dirigida por James Gunn (Guardianes de la Galaxia Vol. 1 y 2), supuso toda una agradable sorpresa el pasado 2021. Antes de que pudiéramos verla y disfrutarla en pantalla grande como una de las mejores y más divertidas cintas del DCEU nos enterábamos de que Warner Bros y DC Entertainment encargaban al director de Slither (2006) poner en marcha una serie protagonizada por Peacemaker, el personaje creado por Joe Gill y Pat Boyette para Charlton Comics, que más tarde pasaría a ser propiedad de DC, interpretado en pantalla grande por el famoso actor y luchador profesional estadounidense John Cena convirtiéndose en uno de los personajes más recordados del largometraje. Recuperando a varios de los secundarios que pudimos ver en el film de 2021, a los que se sumerían otros nuevos, y narrando hechos posteriores al mismo, desde el pasado día 13 de enero ya podemos disfrutar en HBO Max de los tres primeros episodios de esta nueva ficción.
Después de un cold opening en el que se nos presenta la actual situación del personaje principal y unos divertidísimos títulos de crédito que marcan perfectamente el tono de la serie, convirtiéndose en la comidilla del fandom durante estos días con todo merecimiento, lo que podemos encontrar es un proyecto con una calidad de producción, y es algo que sucede también con las series de Marvel Studios para Disney Plus, que en poco debe envidiar a los estrenos en pantalla grande del DCEU. Hablamos de una ficción 100% James Gunn en la que asisistimos una versión algo blanqueada de Peacemaker en comparación a lo que nos era revelado al final de The Suicide Squad, pero siempre jugando son su instinto asesino o prejuicios sexuales y raciales. Ahí es donde el producto encuentra algunas de sus mayores virtudes, en su choque entre lo políticamente correcto e incorrecto haciendo sorna con las dos vertientes de pensamiento y con la línea que los separa difuminándose continuamente.
El primer episodio, A Whole New Whirled, es el más compacto en cuanto a guion y presenta de manera harto eficiente a los personajes secundarios que se codearán con el alter ego "superheróico" de Christopher Smith. En esos poco menos de 45 minutos que dura el capítulo se condensa el humor cafre y en ocasiones zafio, muy hermanado con el de la reividicable M.O.D.O.K de Marvel Television y Hulu, con unas secuencias de acción rodadas con rotundidad y fiereza por parte de un James Gunn alejándose del tono algo más ligero de sus incursiones en el MCU, heredando el de su ya citada The Suicide Squad o el de piezas previas de su filmografía como Super o sus incursiones primigenias en la Troma Entertainment de Lloyd Kaufman. Todo un desfille de salvajadas y chifladuras que, como en todo trabajo salido de la mano de su autor, siempre contiene en su interior un poso dramático o trágico que vascula el relato.
En el segundo episodio, Best Friends, For Never, el guion de James Gunn tropieza a la hora de intentar alargar algunos gags cómicos que no funcionan o no tienen el timing adecuado, cayendo en ocasiones en cierto ridículo, pero afortunadamente el desarrollo de la trama, la presenteción de personajes como el Vigilante y la acción subsanan cualquier fallo. El tercer capítulo, Better Goff Dead, encarrila la máquina y ofrece momentos desopilantes una vez el rol reimaginado en las viñetas por Marv Wolfman y George Pérez se establece como recurrente en el casting. Pero si hay un motivo de peso que me hace tener esperanza en esta serie y lo que tenga que ofrecernos en el futuro es un John Cena pletórico, carismático y exprimiendo al máximo una vis cómica, hasta hoy desaprovechada o poco explotada, que a lo largo de esta Peacemaker seguro nos deperará momentos memorables, ya que solo en una película y tres episodios nos ha regalado más de uno para el recuerdo. A la espera de ello quedamos hasta la próxima semana.
The Choad Less Traveled, alucinógenamente traducido en España como Cipote Se Hace al Andar, suponemos que por un fan de Antonio Machado en HBO Max España, marca la cuarta entrega de esta Peacemaker que mantiene a James Gunn al guion, pero ya cuenta en la dirección con el realizador Jody Hill (Observe & Report) no solo consolidando todas sus virtudes mostradas en los tres primeros episodios, sino acrecentándolas notablemente y reduciendo al máximo las carencias. La trama central se ve beneficiada gracias todo lo relacionado con el Auggie Smith de un brillante Robert Patrick, al que hacía años no veíamos tan resuelto delante de la cámara, dando vida a un nazi bastardo de manual. Toda la parte del capítulo desarrollada en la cárcel y sobre todo la de la "infiltración" depara momentos memorables con pasajes de violencia rodados de manera brutal.
En este sentido James Gunn ya marcó en los tres primeros episodios el tono de una propuesta que no se corta un pelo a la hora de mostrar situaciones salvajes desde un plano físico en consonancia a lo visto en The Suicide Squad. Por ello Jody Hill toma el relevo de su predecesor con la máxima fidelidad y ejecuta alguna que otra secuencia memorable como la de la pelea en el parking en la que John Cena y Nhut Le dan lo mejor de sí mismos para goce del espectador. Pero además de ello no solo la construcción de los gags humorísticos es más sólida, salvo alguna excepción, es que el drama comienza a abrirse paso y todo apunta a que impactará directamente en el personaje principal exgiendo a Cena adentrarse en terrenos interpretativos que hasta ahora mismo le eran ajenos. Las primeras muestras de ello, que pueden verse en los úlitmos minutos de este episodio, dejan vislumbrar algo que podría llegar a ser memorable.
Con The Choad Less Traveled llegamos al prematuro ecuador de Peacemaker y por ahora las impresiones de un servidor no pueden ser mejores ante lo que en ningún momento deja de ser un divertimento alocado y desprejuiciado en el que se pueden apuntar ideas tan locas como usar el racismo de un supremacista blanco para que ayude a eliminar aliemígenas por el simple hecho de que "odia a los extranjeros" o adentrarse en terrenos más trágicos al ir recuperando hechos del pasado del protagonista. Con Christopher Smith comenzando a tocar fondo desde un punto de vista psicológico y una revelación importante como la que podemos ver en el último plano del capítulo nos quedamos a la espera de que la semana que viene la serie de James Gunn no solo siga manteniendo el tipo, sino que se supere a sí misma una vez más como lleva haciendo desde que irrumpió con su ya prometedor episodio piloto.
Con malas vibraciones da sus primeros compases este Monkey Dory, que supone el quinto episodio de la temporada, cuando vemos a James Gunn alargar hasta la extenuación el gag del protagonista enumerando celebridades, idea que más condensada hubiera quedado impecable, pero que tan extendida en el tiempo no solo pierde su gracia, sino que se antoja agotadora recordando a los peores tiempos de Padre de Familia y la manía de Seth MacFarlane de repetir hasta el vómito bromas que él y sus colaboradores creían merecedoras de más metraje. Por suerte este pasaje es breve y solo una mácula dentro de otro episodio memorable que recupera todo el punch con el asalto al "nido de mariposas" en el que la directora Rosemeray Rodriguez (The Walking Dead, Jessica Jones) despliega todo el abanico de violencia explícita ya indisociable tanto al personaje principal como a la serie con momentos brillantes y homenajes explícitos a La Invasión de los Ultracuerpos y sus variantes.
Después de la adrenalínica dosis de acción el episodio levanta el pie del acelerador para recurrir a una de las mejores virtudes de James Gunn como guionista, estrechar lazos entre unos personajes que son un dechado de defectos, carencias afectivas y problemas mentales. La dinámica entre los distintos roles se afianza, comienzan a limarse asperezas entre unos y otros y el culmen de este devenir de acontecimienos desemboca en la memorable secuencia de la creación del grupo de WhatsApp que, como hemos podido ver estos días en redes sociales, ha tenido lugar también en el mundo real con los actores de la serie implicados. Desgraciadamente y conociendo la carrera previa de James Gunn esta concesión a los sentimientos es muy probable que sea la antesala de una escabechina en los próximos episodios con la integridad física de varios de los secundarios en peligro. Solo el tiempo nos dirá si acierto con mis elucubraciones.
Aunque no es el mejor episodio de la temporada, ese honor ahora mismo lo detenta el The Choad Less Traveled de la pasada semana, sí mantiene el alto nivel de una ficción que está gustando a propios extraños gracias a su descaro, naturaleza iconoclasta y carisma en sesión continua. Peacemaker se mantiene como un proyecto que encapsula todas las virtudes de James Gunn como escritor o cineasta y casi ninguna de sus carencias, que aun habiéndolas no empañan un ápice el buen trabajo del autor y sus colaboradores delante y detrás de las cámaras. Con un cliffhunger muy potente, dejando el povenir de la serie pendiente de un hilo, todo apunta a que el sexto capítulo del próximo jueves será clave para encarrilar la recta final de una temporada que hasta el momento no ha hecho otra cosa que darnos una satisfacción tras otra. Ojalá sigamos así hasta el cierre de la tanda de episodios, esperando que estos no sean los últimos.
El de este sexto episodio titulado Murn After Running, en referencia a la divertida película Burn After Reading de los hermanos Coen, es un caso curioso. Después de la escalada de calidad y desarrollo de personajes, sobre todo en la cuarta y quinta entrega, ahora nos encontramos con lo que aparenta ser un capítulo visagra o de transición en el que James Gunn, recuperando su puesto de director, y sus colaboradores comienzan los preparativos de la traca final que tendrá lugar a partir de la semana que viene. De esta manera encontramos aquí todas las carcaterísticas audiovisuales y narrativas que han carecterizado a Peacemaker como serie desde su mismo arranque, pero centrándose más en una acción que para en seco esa profundidad dramática que el futuro director de Guardianes de la Galaxia Vol. 3 había construido con suma eficiencia en The Choad Less Traveller y Monkey Dory. De manera que durante sus primeros treinta minutos nos encontramos con un episodio menos trascedente que sus predecesores.
Pero todo cambia en el último acto, cuando Gunn y su equipo ponen definitivamente las piezas sobre la mesa para dejar la maquinaria lista de cara a la batalla final, con esa memorable secuencia paralela protagonizada por la Detective Sophie Song de Annie Chang y el Auggie Smith de Robert Patrick, volviendo a un plano mucho más intimista en el que Christopher Smith, y no Peacemaker, interpreta al piano Home Sweet Home de Motley Crue con un John Cena que el mismo Gunn ha confirmado como ejecutor real del tema. Aquí es donde la serie revela sus verdaderas intenciones, no sólo dar una profundidad dramática a un personaje en apariencia plano gracias a la excelente labor de escritura propuesta por sus autores, sino también por la entrega de un actor protagonista que como aventurábamos previamente se está revelando como un intérprete brillante después de haber explotado su vis cómica en los primeros capítulos encontrándose ahora muy cómodo en un dramatismo nunca tremendista o lacrimógeno, pero sí emotivo y cercano.
Solo dos episodios quedan para que ponga fin Peacemaker. El séptimo lo podremos ver la próxima semana en HBO Max con el título Stop Dragon My Heart Around, un juego de palabras con el tema Stop Draggin’ My Heart Around de Stevie Nicks, y mucho se tiene que torcer la cosa para que la serie ideada por James Gunn y protagonizada por John Cena no se convierta en una de las mejores basadas en personajes de cómics que vayamos a ver este 2022. Este es el camino que deben seguir DC Entertainment y Warner Bros a la hora de llevar a sus iconos de las viñetas al medio audiovisual, apelar a la convivencia entre productos de distintos tonos y géneros sin problema a que visiones más oscuras alternen recorrido con otras luminosas o como en el caso que nos ocupa una amalgama entre comedia cafre repleta de humor negro con personajes que se adentran sin problema en terrenos más humanos con los que los espectadores podamos indentificarnos.
Como ya vaticinaba un servidor el pasado Murn After Reading daría paso a la traca final de Peacemaker que comienza con el séptimo y penúltimo episodio Stop Dragon My Heart Around. Porque James Gunn al guion y Brad Anderson (Session 9, El Maquinista) a la dirección iban a poner toda la carne en el asador de cara a la season finale y esta semana nos hemos encontrado con la primera parte de la misma centrándose en uno de los villanos de la temporada. Porque como era inevitable nuestro protagonista y su equipo de colaboradores tarde o temprano iban a verse las caras con Auggie Smith, ya con el traje de White Dragon enfundado, y su grupo de supremacistas blancos de mierda. La batalla consiguiente da como resultado la salida del personaje de Robert Patrick de la producción y la puesta apunto para el enfrentamiento con las mariposas.
Este séptimo capítulo vuelve a hacer uso de la mezcolanza de tonalidades propia de lo que hasta ahora habíamos visto de la serie creada por James Gunn. Por un lado el humor negro que no se corta un pelo en cuanto a explicitud y cafradas y por otro un trasfondo emocional que se extiende por todos los personajes, pero que hace especial hincapié en el magnífico Christopher Smith de un John Cena encontrándose muy cómodo con un personaje brutalmente incómodo al que él ha sabido darle corazón. A eso sumamos una puesta en escena que luce mejor que nunca en las secuencias de acción y aunque Brad Anderson es un director con bastante talento que en más de una ocasión ha mostrado cierta personalidad detrás de las cámaras aquí se amolda al look visual impreso por el autor de PG Porn y el resultado es impecable.
Penúltimo episodio y la maquinaria sigue funcionando a pleno rendimiento. Vamos a por la conclusión y Peacemaker se reafirma en cada capítulo como una ficción brillante que no solo mantiene la esencia de lo planteado por James Gunn en The Suicide Squad, sino que en un inesperado efecto retroactivo enriquece aquella visión que se nos ofreció del grupo de DC Comics en general y de El Pacificador en particular. La semana que viene It’s Cow or Never, esta vez le ha tocado al Rey del Rock, pondrá final a esta esperemos que primera tanda de episodios centrados en el personaje creado por Joe Gill y Pat Boyette en 1966 dentro de la editorial Charlton Comics. Al igual que afirmé la pasada semana una gran catástrofe tendría que acontecer en esta última entrega para que Peacemaker no se despida siendo una de las mejores producciones audiovisuales superheróicas del presente año.
Finalmente se han cumplido los vaticinios y Peacemaker se despide a lo grande con It’s Cow or Never, traducido genialmente como Esto se Avaca en España, el último episodio de la temporada centrada en el personaje de DC Comics encarnado en imagen real por al actor y luchador profesional John Cena. Si en la anterior entrega Christopher Smith eliminaba a Auggie Smith, su propio padre enfundado en el traje del villano y supremacista blanco White Dragon, ahora le tocaba al equipo formado por john Economos, Vigilante/Adrian Chase, Emilia Harcourt, Leota Adebayo y el mismo Peacemaker acabar con los planes de las mariposas, los extraterrestres venidos del espacio exterior que habían usurpado los cuerpos de todas las fuerzas de la ley local para custodiar "la vaca" que les proporcionaba alimento para mantenerse con vida en nuestro planeta.
Un último capítulo que sirve como muestra quintaesencial de todas las características de la serie de HBO Max producida por DC Entertainment y Warner Bros. Humor negro, violencia explícita, personajes descerebrados pero con buen fondo, rock de los años 80 y referencias al cine de invasiones alienígenas más pulp por obra y gracia de un James Gunn que recupera aquí su doble labor como guionista y director para poner punto y seguido a una serie que se ha ganado el corazón de gran parte del fandom y el público generalista. Detrás de la batalla campal en el granero, ese clímax final con la vaca que nos remite al de Starship Troopers, el comentadísimo cameo o un cierre para todos los personajes subyace un poso de amargura sobre todo en lo concerniente a un personaje principal que John Cena acometió con inusitada profesionalidad desde el primer episodio.
Sé que es algo que he mencionado todas las semanas que hemos ido comentado los episodios de la serie de HBO Max, pero no quiero perder la oportunidad de reafirmarme en que este es el camino que debe seguir el DC Extended Universe si quiere convertirse en un microcosmos en el que pueda caber una polifonía de voces a la hora de llevar la gran o pequeña pantallas las andanzas en viñetas de sus personajes célebres y no tan célebres. Ahora lo importante es que los productores no cometan la equivocación de dejar escapar a James Gunn como showrunner del proyecto, porque él y John Cena son el alma de Peacemaker y ninguno de ellos debería desvincularse de esa ya confirmada segunda temporada que esperaremos con muchas ganas. Un servidor ha disfrutado la serie de El Pacificador más que el 90% de las series de Disney Plus y Marvel Studios y ahora solo me queda esperar que la nueva tanda de episodios tarde poco en llegar y nos depare nuevas sorpresas.
"La única manera de parar a una Hechicera, es con otra Hechicera"
El día 23 de noviembre del pasado año llegaba por fin a Netflix la Parte 2 de Masters of the Universe: Revelation la muy controvertida y comentada nueva serie animada producida por Mattel Television y Powerhouse Animation Studios junto a la plataforma de streaming y que ya en agosto de 2021 hizo correr ríos de tinta digital a favor y en contra de un proyecto que cuenta con el cineasta y guionista estadounidense Kevin Smith como showrunner. El fandom se dividió entre aquellos que renegaron de un producto que dejaba a He-Man y Skeletor en un segundo plano para dar más protagonismo a personajes como Teela o Evil-Lyn afirmando que lo ideado por Netflix no era un producto fiel a la franquicia nacida como colección de figuras a principios de los 80 y los agradecidos por una producción que, aun manteniendo la esencia y gran parte del lore de MOTU, miraba hacia adelante permitiendo a su microcosmos evolucionar y transitar territorios hasta ese momento inexplorados por las series animadas de los Amos del Universo. Recordemos que Masters of the Universe: Revelation se une a otras dos piezas animadas relacionadas con la misma saga y producidas por Netflix como la reivención, tampoco exenta de polémica, de She-Ra: The Princess of the Power ya consolidada con cinco temporadas en su haber y He-Man y los Masters del Universo, más dirigida al público infantil y con una reformulación estilística de los personajes que, por supuesto, también disgustó a cierto sector de los aficionados. Como ya me despaché a gusto, no con aquellos a los que no les gustó la serie de Kevin Smith y que lo argumentaban con sentido común, sino con los que la vilipendiarion de mala manera por motivos extra audiovisuales, para esta Parte 2 me voy a centrar en hablar del producto en sí y dejar de lado, en la medida de lo posible, controversias varias.
Masters of tne Universe: Revelation Parte 2 comienza justo donde acabó la primera parte, con Skeletor convertido en Sekelegod después de supuestamente matar a un recién resucitado Príncipe Adam y haberse hecho con el Poder de Grayskull gracias a la espada de poder. A partir de este planteamiento, que se desarrollará a lo largo de cinco episodios, recuperaremos a los dos personajes masculinos copando mucho más protagonismo que en la Parte 1, mientras Teela y sobre todo Evil-Lyn seguiran siendo los pilares maestros sobre los que se construirá lo que no deja de ser una temporada dividida en dos partes que se hubiera ahorrado muchos problemas de haber sido subida a la plataforma de una sola vez. Si en los cinco episodios que pudimos ver en el mes de agosto era Teela la que centraba la atención de Kevin Smith y sus colaboradores, esta vez será la asociada de Skeletor la que se convierta no sólo en el rol más importante, sino en el más interesante por cómo es abordado su perfil psicológico.
Como acabamos de apuntar los dos personajes protagonistas vuelven y ocupan roles relevantes en la historia planteada por Kevin Smith y sus guionistas, pero aquí voy a dar la razón a algunas de las quejas que se han vertido sobre la serie y su máximo responsable. El director de Persiguiendo a Amy o Red State estaba en todo su derecho de reducir el papel protagonista de He-Man y dar relevancia a muchos de los secundarios que enriquecen Masters of the Universe, pero lo que nunca debió hacer es faltar a la verdad afirmando que tendríamos a lo largo de Revelation mucho de él cuando en cierta manera esto no es cierto. Si en la primera parte de la serie el Hombre Más Poderoso del Universo desaparecía del mapa tras el primer episodio para aparecer solo en flashbacks y en la recta final con la forma del Príncipe Adam en esta segunda casi siempre lo volvemos a ver como el hijo de los reyes Randor y Marlena e incluso como el Savage He-Man, del que ahora hablaremos, y ya en la recta final como el verdadero He-Man, eso sí, protagonizando algunos de los mejores momentos de la serie.
Más allá de esta cuestionable argucia por parte de Kevin Smith un servidor no tiene más quejas con respecto al cineasta nacido en New Jersey en lo concerniente a su labor al frente de Masters of the Universe: Revelation. Como ya dejé patente en la reseña de la Parte 1 de esta misma serie o en la entrada que dediqué hace unos años del primer tomo de los cómics de la franquicia editados por DC, y que en algún momento me gustaría seguir reseñando, soy fan de MOTU desde niño, he consumido todos los productos audiovisuales relacionados con su mitología y lo expuesto en esta última producción no me parece en absoluto la blasfemia afirmada por algunos seguidores que hasta hace poco tenían a personajes como Teela o Evil-Lyn entre sus favoritos y ahora no los ven con aptitudes para ejercer papeles protagónicos en una sola de las series animadas facturadas alrededor de las figuras de acción diseñadas por Mattel.
Como previamente hemos afirmado en esta ocasión es Evil-Lyn el personaje que se convierte en el más relevante a lo largo de los cinco episodios de la Parte 2. Aunque pudiera parecer algo alejado de su esencia primigenia el arco dramático en el que se ve envuelta hunde sus raíces en la relación que esta mantiene con Skeletor como su subordinada; una interacción de abuso, poder y potencial traición que cristaliza en pasajes como el de la lugarteniente de Skeletor volviendo a su lado después de habe colaborado con el bando de los guerreros heróicos o el de la seducción con la que engaña a su líder para arrebatarle la espada de poder y con ella convertirse en un Master del Universo. No negaré que la visión de Smith y su equipo de Evil Lyn pueda ser polémica, pero desde una perspectiva psicológica es atractiva, poliédrica y da a su esencia una entidad que hasta ese momento no había tenido en ningún producto audioviusal relacionado con MOTU.
A pesar de lo previamente apuntado con respecto a que He-Man no ocupa mucho metraje en esta Parte 2 sí es cierto que Smith se saca un as de la manga muy potente y con buen resultado. En el momento en el que Adam invoca el poder de Grayskull sin la espada de poder como conductora vemos que el resultado es el príncipe tomando la forma del Savage He-Man, como si el autor de Batman: Cacofonía quisiera inlcuir en la mitología de la serie este personaje que nació como el He-Man primigenio en los minicómics antes de que se afianzara en la franquicia la identidad doble del protagonista. Ese pasaje concreto en el que esta antigua variante surgida de las viñetas se enfrenta a Skelegod es uno de los puntos álgidos en los que el acabado estilístico de Masters of the Universe: Revelation alcanza sus mayores cotas de espectacularidad y eficacia con un pasaje memorable en el que el enfrentamiento entre los dos titanes ofrece la mejor cara de la labor de los animadores de la serie.
Desgraciadamente, y como ya sucedía en la Parte 1, el trabajo global de la gente de Powerhouse Animation Studios queda empañado por un resultado irregular. Una vez más la animación de la serie nunca cae en lo vergonzoso o reprobable, pero sí es cierto que hay una diferencia bastante clara entre los medios más exiguos usados para las secuencias estáticas o calmadas y los puestos a disposición del proyecto cuando la acción y el dinamismo son el centro de atención. Por eso hay conversaciones o interacciones entre personajes pecando en ocasiones de acartonadas y rígidas mientras que los combates cuerpo a cuerpo o las batallas campales lucen con la potencia visual esperable de un producto ideado por los responsables de Castlevania. El último episodio, al igual que el primero de la Parte 1, es solo una muestra de hasta dónde podía haber llegado Masters of the Universe: Revelation si hubieran depositado en ella una animación más minuciosa que abarcara todo su apartado técnico.
A pesar de la polvareda levantada a su alrededor un servidor queda muy satisfecho con la visión ofrecida por Kevin Smith de Masters of the Universe y si bien es cierto que en ocasiones comete errores reprobables con respecto al legado de MOTU por otra parte siempre ha estado predispuesto a llenar de easter eggs y referencias el proyecto para buscar conexiones con el seguidor veterano de la franquicia. Pero es un hecho que Masters of the Universe: Revelation ha dividido al fandom de manera visceral, más que ningún otro producto audiovisual de MOTU, aunque en eso también puede que haya influido la gran presencia de redes sociales en la actualidad que no existían cuando se emitieron las versiones de los 80, 90 y 2000. Smith y sus colaboradores dejan las puertas abiertas para una segunda tempora con la presencia de la Horda del Terror comandada por Hordak, pero por ahora nada sabemos de si llegará a producirse, ojalá que sí y podamos ver incluso a She-Ra codearse con su hermano dentro de esta nueva serie animada.
Título OriginalEternals (2021) DirectoraChloé Zhao GuionMatthew K. Firpo, Ryan Firpo, Patrick Burleigh,Chloé Zhao, basado en el cómic de Jack Kirby RepartoAngelina Jolie, Richard Madden, Gemma Chan, Kit Harington, Kumail Nanjiani, Salma Hayek, Barry Keoghan, Brian Tyree Henry, Ma Dong-seok, Lia McHugh, Lauren Ridloff, Haaz Sleiman, Lucia Efstathiou, Harish Patel, Esai Daniel Cross, Alan Scott, Hannah Dodd, Adrià Escudero, Sebastián Capitán Viveros, Nikkita Chadha, Zain Al Rafeea, Jeff Mirza.
No era una tarea sencilla llevar los Eternos a la pantalla grande, algo que tanto Disney como Marvel Studios sabían de antemano. Para dar vida en imagen real a los personajes creados por Jack Kirby la elección de Kevin Feige fue tan inusual como finalmente lógica. Chloé Zhao, que ganaba el Oscar a mejor directora por Nomadland en plena producción de la última entrega del Universo Cinematográfico Marvel, era contratada para extrapolar de la viñeta al celuloide esta vertiente tan particular del Marvel Cósmico. Después de su rodaje o los pertinentes retrasos por culpa de la pandamia Eternals recibía una respuesta furibunda por parte de la prensa especializada, cebándose con ella como no lo habían hecho nunca antes con una producción salida de la factoría de la Casa de las Ideas tildándola de aburrida, estúpida, desagradable y hasta de mal gusto. El proyecto cuenta con un reparto internacional y acertadamente inclusivo en el que podemos encontrar los rostros de Angelina Jolie, Richard Madden, Gemma Chan, Kit Harington, Kumail Nanjiani, Salma Hayek, Barry Keoghan, Brian Tyree Henry, Ma Dong-seok o Lia McHugh entre otros y unos medios a la altura de una producción como la que conforma la tercera película de la Fase 4 del UCM después de Viuda Negra y Shang-Chi y la Leyenda de los Diez Anillos.
En cierta manera era de esperar un recibimiento escéptico, que no hostil, para una propuesta tan alejada del tono de las producciones de Marvel Studios como Eternals, más todavía llegando a las pantallas después de la naturaleza más ligera y lúdica de las ya citadas cintas protagonizadas por Natasha Romanoff y el Maestro del Kung-fu. Un tempo diferente al del resto de proyectos del UCM y un tono en cierta manera más solemne entroncan con lo que la maquinaria industrial de Kevin Feige nos ha ofrecido hasta el momento. De hecho si la comparamos con las cintas más semejantes a ella, las dos entregas de los Guardianes de la Galaxia de James Gunn, queda patente que hablamos de films muy diferentes a pesar de estar todos localizados en la vertiente cósmica de Marvel Cómics. Pero para lo que muchos ha sido una pieza fallida o directamente mala, para un servidor ha resultado ser una propuesta harto interesante y con no pocos aciertos audiovisuales y narrativos.
Mi primer encontronazo con las declaraciones generalizadas que se han vertido sobre Eternals llega con esa primera hora, supuestamente soporífera y en la que teóricamente no acontece nada, que a un servidor le pasó en un suspiro. A lo largo de ese trayecto encuentro una presentación muy inteligente de los personajes principales y el nada complaciente contexto espaciotemporal en el que se moveran mientras Chloé Zhao despliega toda la maquinaria que en Marvel Stuidos han puesto a su disposición para dar envergadura de verdadero blockbuster a su primera incursión en las superproducciones hollywoodienses. Otra de las supuestas carencias de Eternals, que yo considero una de sus mayores virtudes, son los flashbacks que se alternan con la acción desarrollada en la actualidad, no solo perfectamente ensamblados en la narrativa para que esta discurra adecuadamente, sino necesarios para dar background a unos protagonistas a los que llegaremos a conocer en profundidad gracias a este recurso narrativo.
Las dinámicas entre los Eternos y las relaciones interpersonales que comparten entre ellos mismos o con otros personajes no pertenecientes a su entorno están tratados con mesura por Chloé Zhao y sus co guionistas Matthew K. Firpo, Ryan Firpo y Patrick Burleigh. Sería de necios afirmar que las criaturas creadas por Jack Kirby han sido trasladadas al cine con unos perfiles psicológicos muy elaborados, cuando es algo que no acontecía ni en los cómics originales, pero son lo suficientemente interesantes como para crear vínculos empáticos con un espectador viénsose atraido por el abanico de personalidades desplegado gracias a un reparto muy bien cohesionado sabiendo alternar pasajes dramáticos con otros cómicos que, como suele pasar con el humor marca Marvel Studios, en unas ocasiones funciona adecuadamente y en otras peca de excesivo e infantil. Sobre todo en un largometraje como Eternals, con aspiraciones más suntuosas dentro del UCM.
Aunque son los rostros de Angelina Jolie y Salma Hayek como Thena y Ajak los más conocidos de cara al público generalista es un hecho contrastado que el reparto ha sido un notorio acierto de casting. Richard Madden y Gemma Chan como la pareja sentimental formada por Ikaris y Sersi, Barry Keoghan y Lauren Ridloff destilando entrañable química como Druig y Makkari, Kumail Nanjiani y Ma Dong-seok alternando con sus Kingo y Gilgamesh comicidad con pasajes dramáticos, la delicadeza y naturalidad con la que está abordado el Phastos de Brian Tyree Henry o la dicotomía a la que se enfrenta la Sprite de Lia McHugh conforman un equipo artístico que aprovecha al máximo sus minutos en pantalla. Era una complicada tarea exponer a todos estos nuevos personajes en una sola película, pero el cast no sólo está a la altura, también se ve enriquecido por el guion y una inclusion en la que convergen distintas razas, géneros, sexualidades y diversidades funcionales jugando a favor de la historia al permitir sentirse representado a distinto tipo de espectadores.
Las tres incursiones cinematográficas previas de Chloé Zhao no pueden encontrarse más en las antípodas de Eternals en cuanto a niveles de producción y temática se refiere. Songs My Borther Taugh Me, The Rider o Nomadland son cintas independientes e intimistas en las que la cineasta de origen chino desplegó una sensibilidad muy personal y minimalista, además de un gusto por el naturalismo audiovisual, pero contra todo pronóstico ha coseguido insuflar gran parte de su impronta en su incursion en el Universo Cinematográfico Marvel. Evidentemente hablamos de una pieza más dento del engranaje de Marvel Studios y a un nivel humanista no podemos reconoer a la Chloé Zhao de sus proyectos más personales, pero sí hay mucho de esa puesta en escena melancólica y cadenciosa que converge de manera harto eficiente con los pasajes más dinámicos en los que impera la acción a gran escala y sobre todo con los centrados en la cosmogonía kirbyesca con la imponente presencia en pantalla tanto de los Eternos como de los Desviantes y sobre todo uno Celestiales sencillamente apabullantes.
Eternals no es una de las mejores producciones del Universo Cinematográfico Marvel, pero está a millones de años luz de ser una mala película, ni siquiera me resulta una pieza fallida, porque consigue la proeza de poner en escena unos personajes y un microcosmos nada fáciles de manejar que en pantalla tienen poco de la psicodelia de las coloridas historias de Jack Kirby para los cómics. Para un servidor se trata de una producción muy estimable con una holgada duración que en ningún momento se antoja plomiza o farragosa y con la perfecta convergencia entre épica intergaláctica e intimidad para con sus protagonistas. Las dos escenas post créditos vuelven a plantar simientes que irán floreciendo de cara a las próximas producciones cinematográficas y televisivas de la Fase 4 que llegará a su punto álgido el próximo día 16 de diciembre de la esperadísima y muy comentada Spider-Man: No Way Home de la que, por supuesto, también os hablaremos en Transgresión Continua a la mayor brevedad posible.
Título OriginalMalignant(2021) DirectorJames Wan GuionIngrid Bisu, Akela Cooper, James Wan RepartoAnnabelle Wallis, George Young, Maddie Hasson, Jake Abel, Jacqueline McKenzie, Michole Briana White, Paul Mabon, Ingrid Bisu
Sí, sabemos que han pasado casi dos meses desde su estreno, pero en Transgresión Continua estábamos buscando cualquier excusa para hablar de Maligno, la última y controvertida película como director del cineasta James Wan, y la festividad de Halloween es la perfecta para hacerlo. A estas alturas ya sabemos que el largometraje pinchó en taquilla, como casi todos los recientes estrenos simultáneos en cines y HBO Max de Warner Bros, y que tanto la crítica como el público se dividieron visceralmente a la hora de valorarla, pero nosotros queremos aprovechar esta entrada para cantar las alabanzas de una pieza que, no nos cabe la menor duda, ostentará dentro de no mucho tiempo el título de obra de culto dentro su género. No veíamos al director australiano de origen malasio ponerse detrás de las cámaras en una película de terror desde la brillante Expediente Warren: El Caso Enfield, ya que sus responsabilidades los últimos años han consistido en producir material para las distintas franquicias nacidas de su impronta o los spin offs derivados de las mismas y dirigir Aquaman, la primera película en solitario del superhéroe de DC Comics interpretado por Jason Momoa. De manera que esta cinta co escrita por él mismo junto a Ingrid Bisu y Akela Cooper o protagonizada por Annabelle Wallis, George Young, Michole Briana White, Maddie Hasson, Jake Abel o Jacqueline McKenzie entre otros ha supuesto su nuevo y esperado proyecto como realizador dentro del género que le dio fama y dinero.
Cuando en 2019 se confirmó que James Wan cedería la silla de director a Michael Chaves (The Curse of La Llorona) en Expediente Warren: Obligado Por el Demonio después de haber facturado con las otras dos entregas de The Conjuring las mejores películas de su filmografía, un servidor no comprendía dicha decisión del realizador por mucho que el resultado con aquella tercera entrega de las correrías sobrenaturales de Ed y Lorraine Warren se revelara finalmente como una obra más que digna que no desentonaba con sus predecesoras. Pero una vez vista esta Malignant que nos ocupa todo cobró sentido instantáneamente para el que suscribe. Porque la última película del director de Saw (2004) o Insidious (2010) pareciera el resultado de haber recibido carta blanca por parte de Warner Bros como agradecimiento por los más de mil millones de dólares recaudados por Aquaman internacionalmente. Un proyecto humilde, dentro de los estándares hollywoodienses, en el que ha podido hacer lo que ha querido sin restricción alguna.
El prólogo de Malignant es esclarecedor con respecto al tono que mantendrá la propuesta a lo largo de todo su metraje y una declaración de principios por parte de James Wan al poner todas las cartas sobre la mesa con al intención de engañar a nadie. Los tonos rojizos herederos de la escuela de terror italiana, la violencia explícita, el contexto hospitalario, la música de sintetizador con aroma a los 80 y esa monstruosidad que se vislumbra detrás de una cortina asientan las bases de un proyecto que toma como centro neurálgico la locura, la total ausencia de prejuicios y la exigencia de una inapelable suspensión de la credulidad para que el espectador pueda disfrutar del viaje psicotrónico propuesto por el director. Si a Malignant se entra con reservas, con la idea de esperar un relato lógico dentro de ciertos parámetros ficcionales, el resultado será decepcionante en grado sumo. En cambio si nos dejamos llevar por su esquizofrenia formal la experiencia se antojará inolvidable.
El sencillo planteamiento inicial de Malignant entronca directamente con la cantidad de vericuetos en los que se introducirá su guion para mutar la propuesta en algo cada vez más desinhibido e inclasificable. Madison (Annabelle Wallis) es una mujer embarazada que después de sufrir una agresión por parte de su marido Dereck (Jake Abel) comienza a experimentar visiones sobre truculentos asesinatos perpetrados en su ciudad por una desconocida figura vinculada con su propio pasado. Con la ayuda de su hermana menor Sydney (Maddie Hasson) o los detectives Keoka Shaw (George Young) y Regina Moss (Michole Briana White) Madison intentará detener a este criminal cuya naturaleza pareciera tener un origen sobrehumano. A partir de este punto de partida James Wan y sus colaboradoras al guion despliegan una intrincada historia que irá adentrándose gradualmente en los terrenos de lo onírico sin miedo a caer en el ridículo.
Malignant pareciera desde su mismo arranque un slasher con anabolizantes rodado por el Brian de Palma de la no menos alocada En Nombre de Caín (Raising Cain, 1993) utilizando como recursos estilísticos y conceptuales los lugares comunes o la imaginería audiovisual del giallo (cuero, armas blancas, sangre a borbotones, violencia explícita adentrándose en los terrenos del gore, reminiscencias del policíaco más pulp) con la intención de no hacer prisioneros entre el patio de butacas. Esto que afirmamos se concentra durante los dos primeros actos de la película en los que el misterio sobre la identidad del asesino se va desvelando poco a poco por medio de pistas que apuntan con cierta claridad hacia dónde debe dirigir su mirada el espectador para acertar el tiro. Pero todo cambia en el último acto, cuando Malignant ya nos pone a prueba con un giro que incitará a algunos a echarse las manos a la cabeza y a otros a caer rendidos ante el descaro y la osadía de James Wan.
La media hora final de Malignant es una oda salvaje y casi descerebrada a la irracionalidad haciendo que todo aquello que habíamos elucubrado con respecto a la identidad del asesino llegue a extremos de puro delirio. Abandonamos en cierta manera la influencia del slasher y el giallo hipervitaminado para abrazar la serie B más exploit e iconoclasta viniéndonos a la mente productos de culto como Basket Case (1982) o cintas tan malditas como La Mitad Oscura (1993), la malograda adaptación que realizó en George A. Romero de la novela homónima de su amigo Stephen King. A estas alturas ya vale todo y James Wan monta su propia Asalto a la Comisaria del Distrito 13 (John Carpenter, 1976) con un sólo enemigo para todo el cuerpo de policía que inicia su particular escabechina en una celda y acaba en medio de la comisaria con una secuencia de acción a modo de perversa revisión de la protagonizada por Nicole Kidman en el arranque de Aquaman en la que Wan se permite, por poner solo un ejemplo, que su criatura le arranque un brazo a un agente del orden para golpear con él a otro.
Malignant es ante todo una celebración, un tren de la bruja desbocado y sin frenos en el que conviven armónicamente el efecto especial práctico y el pixel sin que colisionen el uno con el otro de mala manera. Es la declaración de amor del rey del terror mainstream al lado opuesto del género, aquel exploit y rotundamente pulp que se forjó en sesiones golfas proyectadas en salas grindhouse, festivales demenciales y videoclubs decadentes. Poco importa si fue un fracaso económico o si se la trató injustamente por unos y otros, el cine que perdura nació para sembrar la discordia, no para contentar a todo el mundo y James Wan lo consiguió con su obra más valiente, deliberadamente temeraria, pasada de rosca y, por qué no decirlo, ocasionalmente ridícula. Ojalá más cine de terror libre, desinhibido y carente de pretensiones como este que nos haga recuperar la fe en el perfil más desenfadado y divertido del medio.