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sábado, 5 de febrero de 2022

Masters del Universo: Revelación Parte 2, ladies of power

 


"La única manera de parar a una Hechicera, es con otra Hechicera"



El día 23 de noviembre del pasado año llegaba por fin a Netflix la Parte 2 de Masters of the Universe: Revelation la muy controvertida y comentada nueva serie animada producida por Mattel Television y Powerhouse Animation Studios junto a la plataforma de streaming y que ya en agosto de 2021 hizo correr ríos de tinta digital a favor y en contra de un proyecto que cuenta con el cineasta y guionista estadounidense Kevin Smith como showrunner. El fandom se dividió entre aquellos que renegaron de un producto que dejaba a He-Man y Skeletor en un segundo plano para dar más protagonismo a personajes como Teela o Evil-Lyn afirmando que lo ideado por Netflix no era un producto fiel a la franquicia nacida como colección de figuras a principios de los 80 y los agradecidos por una producción que, aun manteniendo la esencia y gran parte del lore de MOTU, miraba hacia adelante permitiendo a su microcosmos evolucionar y transitar territorios hasta ese momento inexplorados por las series animadas de los Amos del Universo. Recordemos que Masters of the Universe: Revelation se une a otras dos piezas animadas relacionadas con la misma saga y producidas por Netflix como la reivención, tampoco exenta de polémica, de She-Ra: The Princess of the Power ya consolidada con cinco temporadas en su haber y He-Man y los Masters del Universo, más dirigida al público infantil y con una reformulación estilística de los personajes que, por supuesto, también disgustó a cierto sector de los aficionados. Como ya me despaché a gusto, no con aquellos a los que no les gustó la serie de Kevin Smith y que lo argumentaban con sentido común, sino con los que la vilipendiarion de mala manera por motivos extra audiovisuales, para esta Parte 2 me voy a centrar en hablar del producto en sí y dejar de lado, en la medida de lo posible, controversias varias.



Masters of tne Universe: Revelation Parte 2 comienza justo donde acabó la primera parte, con Skeletor convertido en Sekelegod después de supuestamente matar a un recién resucitado Príncipe Adam y haberse hecho con el Poder de Grayskull gracias a la espada de poder. A partir de este planteamiento, que se desarrollará a lo largo de cinco episodios, recuperaremos a los dos personajes masculinos copando mucho más protagonismo que en la Parte 1, mientras Teela y sobre todo Evil-Lyn seguiran siendo los pilares maestros sobre los que se construirá lo que no deja de ser una temporada dividida en dos partes que se hubiera ahorrado muchos problemas de haber sido subida a la plataforma de una sola vez. Si en los cinco episodios que pudimos ver en el mes de agosto era Teela la que centraba la atención de Kevin Smith y sus colaboradores, esta vez será la asociada de Skeletor la que se convierta no sólo en el rol más importante, sino en el más interesante por cómo es abordado su perfil psicológico.



Como acabamos de apuntar los dos personajes protagonistas vuelven y ocupan roles relevantes en la historia planteada por Kevin Smith y sus guionistas, pero aquí voy a dar la razón a algunas de las quejas que se han vertido sobre la serie y su máximo responsable. El director de Persiguiendo a Amy o Red State estaba en todo su derecho de reducir el papel protagonista de He-Man y dar relevancia a muchos de los secundarios que enriquecen Masters of the Universe, pero lo que nunca debió hacer es faltar a la verdad afirmando que tendríamos a lo largo de Revelation mucho de él cuando en cierta manera esto no es cierto. Si en la primera parte de la serie el Hombre Más Poderoso del Universo desaparecía del mapa tras el primer episodio para aparecer solo en flashbacks y en la recta final con la forma del Príncipe Adam en esta segunda casi siempre lo volvemos a ver como el hijo de los reyes Randor y Marlena e incluso como el Savage He-Man, del que ahora hablaremos, y ya en la recta final como el verdadero He-Man, eso sí, protagonizando algunos de los mejores momentos de la serie.



Más allá de esta cuestionable argucia por parte de Kevin Smith un servidor no tiene más quejas con respecto al cineasta nacido en New Jersey en lo concerniente a su labor al frente de Masters of the Universe: Revelation. Como ya dejé patente en la reseña de la Parte 1 de esta misma serie o en la entrada que dediqué hace unos años del primer tomo de los cómics de la franquicia editados por DC, y que en algún momento me gustaría seguir reseñando, soy fan de MOTU desde niño, he consumido todos los productos audiovisuales relacionados con su mitología y lo expuesto en esta última producción no me parece en absoluto la blasfemia afirmada por algunos seguidores que hasta hace poco tenían a personajes como Teela o Evil-Lyn entre sus favoritos y ahora no los ven con aptitudes para ejercer papeles protagónicos en una sola de las series animadas facturadas alrededor de las figuras de acción diseñadas por Mattel.



Como previamente hemos afirmado en esta ocasión es Evil-Lyn el personaje que se convierte en el más relevante a lo largo de los cinco episodios de la Parte 2. Aunque pudiera parecer algo alejado de su esencia primigenia el arco dramático en el que se ve envuelta hunde sus raíces en la relación que esta mantiene con Skeletor como su subordinada; una interacción de abuso, poder y potencial traición que cristaliza en pasajes como el de la lugarteniente de Skeletor volviendo a su lado después de habe colaborado con el bando de los guerreros heróicos o el de la seducción con la que engaña a su líder para arrebatarle la espada de poder y con ella convertirse en un Master del Universo. No negaré que la visión de Smith y su equipo de Evil Lyn pueda ser polémica, pero desde una perspectiva psicológica es atractiva, poliédrica y da a su esencia una entidad que hasta ese momento no había tenido en ningún producto audioviusal relacionado con MOTU.



A pesar de lo previamente apuntado con respecto a que He-Man no ocupa mucho metraje en esta Parte 2 sí es cierto que Smith se saca un as de la manga muy potente y con buen resultado. En el momento en el que Adam invoca el poder de Grayskull sin la espada de poder como conductora vemos que el resultado es el príncipe tomando la forma del Savage He-Man, como si el autor de Batman: Cacofonía quisiera inlcuir en la mitología de la serie este personaje que nació como el He-Man primigenio en los minicómics antes de que se afianzara en la franquicia la identidad doble del protagonista. Ese pasaje concreto en el que esta antigua variante surgida de las viñetas se enfrenta a Skelegod es uno de los puntos álgidos en los que el acabado estilístico de Masters of the Universe: Revelation alcanza sus mayores cotas de espectacularidad y eficacia con un pasaje memorable en el que el enfrentamiento entre los dos titanes ofrece la mejor cara de la labor de los animadores de la serie.



Desgraciadamente, y como ya sucedía en la Parte 1, el trabajo global de la gente de Powerhouse Animation Studios queda empañado por un resultado irregular. Una vez más la animación de la serie nunca cae en lo vergonzoso o reprobable, pero sí es cierto que hay una diferencia bastante clara entre los medios más exiguos usados para las secuencias estáticas o calmadas y los puestos a disposición del proyecto cuando la acción y el dinamismo son el centro de atención. Por eso hay conversaciones o interacciones entre personajes pecando en ocasiones de acartonadas y rígidas mientras que los combates cuerpo a cuerpo o las batallas campales lucen con la potencia visual esperable de un producto ideado por los responsables de Castlevania. El último episodio, al igual que el primero de la Parte 1, es solo una muestra de hasta dónde podía haber llegado Masters of the Universe: Revelation si hubieran depositado en ella una animación más minuciosa que abarcara todo su apartado técnico.



A pesar de la polvareda levantada a su alrededor un servidor queda muy satisfecho con la visión ofrecida por Kevin Smith de Masters of the Universe y si bien es cierto que en ocasiones comete errores reprobables con respecto al legado de MOTU por otra parte siempre ha estado predispuesto a llenar de easter eggs y referencias el proyecto para buscar conexiones con el seguidor veterano de la franquicia. Pero es un hecho que Masters of the Universe: Revelation ha dividido al fandom de manera visceral, más que ningún otro producto audiovisual de MOTU, aunque en eso también puede que haya influido la gran presencia de redes sociales en la actualidad que no existían cuando se emitieron las versiones de los 80, 90 y 2000. Smith y sus colaboradores dejan las puertas abiertas para una segunda tempora con la presencia de la Horda del Terror comandada por Hordak, pero por ahora nada sabemos de si llegará a producirse, ojalá que sí y podamos ver incluso a She-Ra codearse con su hermano dentro de esta nueva serie animada.


jueves, 5 de agosto de 2021

Masters del Universo: Revelación, the swords and the sorceress


“¡Sólo es un muchacho! ¡Un muchacho que soporta todo el poder del universo en sus propias manos!”




Se esperaba con mucha expectación Masters of the Universe Revelation, la nueva serie animada centrada en los juguetes de Mattel creados en 1981, producida por la plataforma de streaming Netflix junto a Mattel Television y diseñada como una secuela espiritual de la serie de Filmation de los años 80. El programa cuenta con un showrunner de excepción, el cineasta estadounidense Kevin Smith (Clerks, Persiguiendo a Amy), recordado también por sus guiones para personajes de cómic como Daredevil, Batman o Green Arrow. De la animación se ocupa Powerhouse Animation Studios, que ya triunfaron dentro de la plataforma estadounidense con las tres temporadas de Castlevania, la serie inspirada en la famosa saga de videojuegos diseñada con Konami que contó con guiones de Warren Ellis. En lo referido al reparto de voces un séquito de actores de primera línea y asiduos colaboradores de Smith ponen sus cuerdas vocales al servicio de personajes icónicos dentro de la franquicia. Chris Wood (Principe Adam/He-Man), Mark Hamill (Skeletor), Sarah Michelle Gellar (Teela), Liam Cunningham (Duncan/Man-At-Arms), Lena Headey (Evil-Lyn), Alicia Silverstone (Queen Marlena), Kevin Conroy (Mer-Man), Henry Rollins (Tri-Klops), Jason Mewes (Stinkor), Alan Oppenheimer (Moss-Man), Justin Long (Roboto) o Tony Todd (Scare Glow) entre otros conforman el magistral cast de Masters of the Universe: Revelation.





Unas semanas antes del estreno de la serie en Netflix comenzaron a correr rumores sobre que el protagonismo de Masters of the Universe: Revelation no recaería exclusivamente en He-Man durante esta primera temporada, sino también en Teela. Algunos fueron más allá y afirmaron que veríamos a la hija adoptiva de Duncan portar la espada de He-Man recibiendo así el Poder de Grayskull cometiendo una “herejía imperdonable” debido a que ella no era “válida” para ejercer dicho rol. Finalmente parte de esa rumorología se vio cumplida tras el debut del programa el pasado 23 de julio, levantando una considerable polvareda entre cierto sector del fandom a la que volveremos un poco más adelante. Esta primera parte de Masters Of The Universe: Revelation consta de cinco episodios que abarcan todo un arco argumental construido por Kevin Smith y su equipo de guionistas. Tanto el título del proyecto como muchas de las noticias adelantadas por el director de Dogma (1999) o Red State (2011) apuntaban a algo que se confirmaría ya en el primer episodio.




Ese episodio piloto, titulado The Power of Grayskull, escrito por el mismo Kevin Smith y dirigido por Adam Conarroe y Patrick Stannard, sirve como transición entre la serie de Filmation de los 80 y esta Masters of the Universe: Revelation. El creador de Comic Book Men afirmó que el arranque de la versión de Netflix y Mattel Television supondría un émulo de los parámetros establecidos por Lou Scheimer y sus colaboradores en la caricatura de los 80, para después reinventarlos o desvincularse de ellos. Tal que así podemos verlo en pantalla con estos poco más de 20 minutos en forma de puñetazo en la mesa con el que sus máximos responsables utilizan toda la artillería audiovisual para diseñar una batalla campal en la que combate la plana mayor, heróica y diabólica, de Eternia. Con la división de la Espada de Poder y la muerte de He-Man y Skeletor compuesta por un Smith en estado de gracia con el desarrollo argumental y los diálogos da comienzo el viaje de Teela.




Porque sí, pese a quien pese Teela es el personaje principal de Masters of the Universe: Revelation o lo es al menos esta primera mitad de una serie que desde su mismo título prescinde intencionadamente del nombre de He-Man, personaje que, por otro lado, sigue siendo el epicentro de la historia contando con numerosas apariciones en forma de flashbacks. Tras los hechos trágicos previamente mencionados y el descubrimiento de que el Príncipe Adam y el Hombre Más Poderoso del Universo son la misma persona Teela abandona su flamante puesto de Mant At Arms, se convierte en cazarrecompensas y emprende una misión en la que le acompañarán viejos aliados y enemigos. Teela, Capitana de la Guardia Real, guardaespaldas personal del Príncipe Adam e hija de la Hechicera que en un futuro ocupará su lugar, personaje siempre alabado y considerado uno de los más relevantes de la franquicia, ahora es tildada de “indigna” para llevar el peso de una serie como Masters of the Universe: Revelation por no pocos intransigentes que no han tenido suficiente con He-Man siendo el núcleo central de media docena de líneas de juguetes, tres series animadas, una película, cómics y novelas.




Algunos esgrimen que nos encontramos ante un producto que traiciona y tergiversa la esencia de la franquicia y un servidor no puede estar más desacuerdo, no porque eluda que Kevin Smith y sus colaboradores hayan tomado licencias, que lo han hecho, sino porque en ocasiones anteriores situaciones similares e incluso más graves habían acontecido y nunca se había despertado tanta controversia. Aunque a algunos les moleste o no quieran admitirlo la primera “traición” a las raíces primigenias de Masters of the Universe la cometió la hoy queridísima serie de Filmation. Aquel proyecto infantilizó y simplificó hasta lo insano el tono oscuro, barbárico y violento que hasta ese momento había sido desarrollado en los minicómics que se incluían en los blisters de las figuras o el arte de las cajas de los playset y vehículos con ilustraciones de Earl Norem, Rudy Obrero, William Garland o nuestro López Espí. A este dato debemos añadir lo ineludible, y es que por mucho que la idolatremos o formara parte de nuestra infancia la serie de televisión original era un producto de muy baja calidad, con una animación barata (marca de la casa Lou Scheimer) y personajes planos adentrándose no pocas veces en el ridículo.




De manera que todos aquellos que consideran Masters of the Universe: Revelation un producto de menor calidad que He-Man And The Maters of the Universe están tan cegados por la ira y los prejuicios que son incapaces de considerar dicha afirmación como un disparate. Otra asunto sería hacer comparativas con la soberbia y tristemente efímera serie Masters of the Universe 200X, y ahí sí podríamos entrar en un debate más o menos equitativo, pero que el proyecto de Kevin Smith es superior en fondo y forma a la caricatura de los 80 es algo tan obvio que sólo puede ser puesto en entredicho desde la demagogia o el disparate, y lo digo yo, que me crié viendo la serie de los 80 hasta la saciedad y la conservo y revisiono en dvd regularmante. Masters of the Universe: Revelation es rupturista y va a contracorriente, pero en el proceso nos regala aventura, acción y un perfil de los personajes clásicos jamás visto anteriormente, con Orko, Evil-Lyn, Roboto o Scare Glow protagonizando sus respectivos momentos de gloria mientras se construye una acertada psicología de Teela que la hace evolucionar como personaje.




Porque eso es lo que ha conseguido Kevin Smith con Masters of the Universe: Revelation, que la vertiente audiovisual de la franquicia por fin evolucione, pero sin olvidar sus raíces llenando de referencias y guiños a la serie original, la película en imagen real de la Cannon Films, los cómics y minicómics e incluso a hechos narrados en las biografías de los personajes establecidas en la línea Masters of the Universe: Classics. Podemos acusar al proyecto de tener una animación irregular, de no dar más protagonismo a secundarios clave de la marca que sólo tienen apariciones fugaces en momentos puntuales o que la subtrama de Tri-Klops y su secta tecnológica desentona con el conjunto de la obra, pero nos encontramos ante un producto de calidad, arriesgado y nada acomodaticio dando una nueva perspectiva a lo que ya conocíamos. Por ahora sólo nos queda esperar a esa segunda parte de la serie en la que con toda seguridad He-Man volverá en todo su esplendor para combatir codo con codo junto a Teela y a la otra serie animada que Netflix está preparando sobre las figuras de Mattel, He-Man and the Masters of the Universe, más dirigida al público infantil. El 2021 es un buen año para ser fan de MOTU, digan lo que digan los agoreros.


domingo, 4 de julio de 2021

Bo Burnham: Inside, seguir viendo para Juan Luis




Título Original Bo Burnham: Inside (2021)
Director Bo Burnham
Guion Bo Burnham
Reparto Bo Burham



Hoy, que no está siendo el mejor de los domingos, voy a hacer algo que no me gusta, pero necesito, y es aprovechar la libertad que me proporciona este blog y la reseña de una obra muy particular para reflejar mi estado de ánimo que, os lo puedo asegurar, no es nada envidiable en estos momentos. Si la primera vez que lo vi me sentí mortalmente identificado con él, en un día poco memorable como el de hoy casi se convierte en un mantra del que me es imposible disociarme. Hoy toca abrirse un poco el pecho en canal para ver qué hay dentro. Hoy toca hacer terapia psicológica con fines curativos. Hoy toca hablar de Bo Burnham: Inside.




Como a todas las personas del planeta, la pandemia del Covid 19 me pasó factura durante el 2020, sobre todo en el plano personal. Al confinamiento de más de tres meses con su correspondiente desescalada gradual se sumaron algunos problemas de salud propios y ajenos o el hecho de que mis padres fueran población de riesgo. Para rematar la jugada un día antes de finalizar el Estado de Alarma en España di por terminada, aunque de manera amistosa, una relación sentimental de 6 años de cuya ruptura tardé bastante en recuperarme, hoy todavía sigo haciéndolo. Un cúmulo de situaciones que desembocaron en ansiedad, malestar físico y un principio de depresión que, afortunadamente, no fue a más.




Por eso cuando el pasado 30 de mayo Netflix subió a su catálogo el especial Inside, del cómico  estadounidense Bo Burnham, y a los pocos días decidí verlo encontré, por fin, no sólo la obra que mejor ha sabido capturar este penoso momento de la historia reciente que nos ha tocado vivir, sino el proyecto que con más precisión reflejaba cómo me sentí durante el confinamiento y cómo me siento ahora que vamos poco a poco volviendo a una "nueva normalidad". Netflix tiene un enorme catálogo de especiales protagonizados por estrellas internacionales del stand up, de hecho el mismo Bo Burnham tiene uno de 2016 llamado Make Happy, que os recomiendo encarecidamente, no ya sólo por su calidad, sino por lo bien que refleja el humor de su autor. Pero Inside es otra cosa, Inside es mucho más.




Iniside es un especial cómico que Bo Burnham grabó durante el ya mencionado confinamiento, en soledad y en su propia casa. Como bien menciona el mismo Burnham en uno de los mejores temas, a principios de 2020 salía de una profunda crisis que le había obligado a alejarse de los escenarios debido a los ataques de pánico que sufría al actuar en vivo. Viéndose confinado entre cuatro paredes el actor de la brillante Una Chica Prometedora decidió aprovechar ese tiempo para grabarse a sí mismo componiendo e interpretando canciones, su humor se sustenta principalmente en temas musicales creados por él, y de esa manera encontrar una vía de escape para no volver a caer en el pozo del que tanto trabajo le costó salir.




El primer tema musical, Content, que a su vez es una intro para el especial, se revela como una declaración de principios por parte de Burnham. Ante la posibilidad de volver a sumergirse en una depresión toma la decisión de escribir chistes y componer canciones que posteriormente serán consumidas por ávidos usuarios. Para no sucumbir a la tristeza o la desesperanza Burnham, que es hijo de su tiempo y se hizo famoso con 16 años por subir vídeos en YouTube, va a ofrecernos "contenido" para que empaquetemos en pequeñas dosis audiovisuales lo que para él se convierte en una expiación de demonios. El capitalismo y el consumo reduciendo la expresión artística a tres clicks, dos favs y un retuit. Algo de lo que Netflix y el mismo Burnham son conscientes.




Desde su mismo arranque Inside pivota entre la comedia y la tragedia con precisión analítica, apelando a la ironía y el sarcasmo para construir su nada simplista estructura. Temas como Comedy, una burla hacia los aires de grandeza de los cómicos en tiempos de desgracias globales, o FacteTime With My Mum (Tonight), en el que se vale del humor con respecto a la torpeza de nuestros mayores con las tecnologías para reflexionar sobre las vacuidad de las relaciones familiares, muestran a un profesional con sobrado talento para armonizar géneros antagónicos que en un mismo gag o tema musical nos hagan carcajearnos para inmediatamente después despertarnos una sensación de incomodidad al habernos reído de temas sin ninguna gracia.




La crítica disfrazada de performance infantil, con marioneta en forma de calcetín incluida, a cómo se silencian las voces contrarias al adecuado proceder de la actual sociedad de bienestar de How The Worlds Work, el retrato del oportunismo disfrazado de compromiso y el afán por las falsas apariencias relacionado con los influencers de la desopilante White Woman Instagram, la mirada sardónica hacia la explotación laboral de los becarios de la jazzistica Unpaid Intern, o los ritmos electrónicos de las envenenadas Bezos I y II configuran una variedad musical ecléctica e inquieta con la que Burnham no deja títere con cabeza mediante sus ritmos y estribillos brutalmente pegadizos que, por cierto, están disponibles en Spotify.




Entre temas en los que hace sorna con la red de redes (Welcome to the Internet) o la evolución de su propia perspectiva del humor (Problematic) hay dos que sobresalen notablemente. Uno es 30, un lamento amargo envuelto en una composición de falso vitalismo con la que Burnham asume llegar a los 30 años encerrado en su casa con la única compañía de su cámara y presuponiendo no haber hecho nada de relevancia en toda su vida. El otro es All Eyes On Me, que encapsula todo lo que supone Inside en particular y el discurso de Bo Burnham en general. Un melancólico corte con vocación de himno generacional derivando hacia su recta final en caos, rabia y locura. Una obra maestra.




No sólo de interpretaciones musicales vive Inside, de hecho algunos de los mejores highlights del especial, y si me apuran del 2021, en el campo de lo audiovisual son dos sketches hablados repletos de ingenio y mala baba lanzando aguijonazos, una vez más, al mundo de internet. Por un lado la reacción al vídeo de Unpaid Intern que a su vez se convierte en otra reacción del mismo Burnham viéndose reaccionar a la reacción es un delirio de una brillantez insobornable. El otro es un gameplay de su propia vida durante el confinamiento con el que la sonrisa del espectador torna en incomodidad debido al inteligente uso de las escasas acciones ejecutadas por el personaje, incapaz de salir de la "pantalla", para mostrar cómo se sentía desde una perspectiva psicológica durante el encierro.




A un nivel puramente audiovisual el apartado técnico de Inside es sobresaliente, tanto como para haber despertado las dudas de aquellos que ponen en entredicho a su autor como responsable total del proyecto. Si hacemos caso de los créditos proporcionados por Netflix, Bo Burnham escribió, dirigió, protagonizó y editó todo el especial, llevándolo a cabo con una sola cámara. Asumiendo que esto sea verdad la puesta en escena de la pieza alcanza unas impresionantes cotas de minuciosidad impropias para una localización tan exigua y con un equipo de grabación mínimo controlado por una única persona. La fotografía, el sonido, la iluminación y sobre todo el montaje hacen de Inside una de las producciones más estimulantes vistas este 2021.





Aunque los temas musicales o los sketches hablan por sí solos con respecto a qué tenía Bo Burnham en mente a la hora de desplegar su abanico de posibilidades estilísticas y narrativas son los tiempos muertos, los planos fijos contemplativos en los que una pequeña sala se convierte en una cueva de proporciones mastodónticas devorando a su habitante, o lo que acontece fuera de plano, el material que captura la esencia de Inside. El testimonio de un payaso triste transfigurado en 87 minutos de pura genialidad rompiendo barreras mientras amalgama tonos, géneros, medios y dejándonos con la duda de si todo ha sido real o una broma más con la que este alquimista del humor se ha estado riendo de nosotros, como podría aventurar ese último plano.




A estas alturas es posible que más de un lector se pregunte por qué un mindundi como yo se identifica con un comediante y actor de éxito que trabaja para la plataforma de streaming más poderosa del planeta o interviene en películas ganadoras del Oscar. Pero creo que si algo nos ha dejado claro este último año y medio es que una pandemia no entiende de clases sociales, jerarquías o fronteras. En este domingo de mierda me reafirmo en que Inside se ha convertido en algo muy especial para mí, ya que haber dedicado la tarde a revisarlo, analizarlo y escribir sobre él me ha vuelto a demostrar que es mucho más que una opción del apartado "volver a ver" de Netflix al alcance de mi mando a distancia. Así que subid las putas manos, levantaos de la silla y no dejéis de mirarme.



sábado, 22 de mayo de 2021

El Ejército de los Muertos

 



Título Original Army of the Dead (2021)
Director Zack Snyder
Guion Zack Snyder, Shay Hatten, Joby Harold
Reparto Dave Bautista, Ella Purnell, Ana de la Reguera, Theo Rossi, Huma Qureshi, Omari Hardwick, Hiroyuki Sanada, Garret Dillahunt, Raúl Castillo, Nora Arnezeder, Matthias Schweighöfer, Samantha Jo, Richard Cetrone




Los fans de Zack Snyder (Green Bay, Wisconsin, 1 de marzo de 1966), los poseedores de sentido común y los que no, están de enhorabuena esta temporada. En el presente año 2021 van a tener la suerte de poder ver dos películas de estreno a manos de su idolatrado mesías del séptimo arte. Si el pasado mes de marzo pudimos disfrutar o sufrir, depende a quien se le pregunte, de su mastodóntica Zack Snyder’s Justice League en HBO Max y HBO, desde el pasado viernes en cines selectos y a partir del día 21 en Netflix todo tipo de espectadores tendrán a su disponibilidad El Ejército de los Muertos, la cinta anclada en subgénero zombie con la que la plataforma de streaming estadounidense ha dado carta blanca al director de 300 (2006) o Watchmen (2009) para que escriba, produzca, fotografíe y dirija a su antojo en el marco de un proyecto con un presupuesto de 90 millones de dólares. Entre teasers, trailers e imágenes promocionales de su versión ¿definitiva? de La Liga de la Justicia de DC Comics Snyder dejaba caer en redes sociales de cuando en cuando algún material de esta Army of the Dead que muchos esperábamos con ganas y deseo de ser la mejor propuesta de este 2021 a manos del sobrevaloradísimo cineasta. En Transgresión Continua hemos tenido la oportunidad de ver en pantalla grande el largometraje y a continuación ofreceremos nuestra opinión del mismo.





Como muchos sabrán Zack Snyder debutó en la dirección con una película sobre temática zombie titulada Amanecer de los Muertos (2004), que no era sino un remake del film homónimo, titulado en España como Zombi, rodado por George A. Romero en 1978 y suponiendo a su vez la segunda entrega de la trilogía sobre muertos vivientes que cambió para siempre, no sólo el celuloide adscrito a esa temática, sino el género de terror en su totalidad. Aunque diluía el mensaje contra el capitalismo y el consumo de la obra primigenia, la versión de Zack Snyder era una magnífica pieza, potenciada por el inteligente guion de un James Gunn pre Guardianes de la Galaxia, que ya desde su visceral arranque enganchaba a un espectador siempre en tensión e incapaz de apartar la mirada de la exhibición de atrocidades conjurada por el cineasta en pantalla. El resultado fue una de las mejores muestras del subgénero de los últimos tiempos y la mejor obra, desde un punto de vista puramente cinematográfico, de su autor además de la muerte de un Zack Snyder mucho menos obsesionado con la grandilocuencia visual que desapareció una vez llegó la ya mencionada 300.




A partir del estreno de su fidelísima y testosterónica adaptación del cómic de Frank Miller nació el Zack Snyder que todos conocemos y cuya impronta, sobre todo visual, sobrevuela el grueso de su filmografía. Ralentís, épica desmesurada, estética de videojuego o cada plano concebido como si fuera el clímax de la obra al que se adscribe conforman toda una serie de señas de identidad que hacen las delicias de sus acólitos y producen vergüenza ajena a sus detractores. Las buenas noticias con respecto a El Ejército de los Muertos son que ha vuelto el Zack Snyder de aquella prometedora ópera primera, siendo el mismo realizador consciente de que recuperar dicha concepción del lenguaje cinematográfico destilado en Dawn Of The Dead es la más adecuada para su segunda incursión en el subgénero. De esta manera sus numerosos tics audiovisuales sólo tienen una presencia testimonial, dejando que un tipo de realización menos megalómana y más práctica se apodere de su último proyecto detrás de las cámaras. Algo que, desde el punto de vista del arriba firmante, se agradece notablemente.




Aunque se enclava en el cine de zombies El Ejército de los Muertos es una heist movie, o lo que es lo mismo, una película de robos o atracos. Snyder y sus guionistas añaden un acertado, aunque no del todo bien aprovechado, subtexto político social sobre las terribles condiciones de vida de los inmigrantes latinos en Estados Unidos utilizando como excusa el virus zombie que asola el país, mientras lanza algunos aguijonazos a la administración Trump que han quedado rápidamente anticuados si tenemos en cuenta que hace medio año del final del mandato del nefasto ex presidente. Esta lectura, muy de agradecer, desgraciadamente sirve de caldo de cultivo para, de manera colateral, conformar uno de los mayores fallos de Army Of The Dead, su tendencia a la sensiblería barata y el dramatismo impostado que tiene como núcleo central el personaje de Kate, interpretado por Ella Purnell. Pero de las carencias de la cinta hablaremos más adelante.




El Ejército de los Muertos no sólo es el regreso XXL de Zack Snyder al celuloide que le dio la fama, también supone su homenaje a muchos de los cineastas que han influenciado en su obra y manera de entender el cine. Además del George A. Romero de su primera trilogía zombie, sobre todo el de El Día de los Muertos (1985), es imposible no pensar en el John Carpenter de 1997: Rescate en New York (1981) con esa misión en una ciudad asediada y repleta de peligros o el de la injustamente minusvalorada Fantasmas de Marte (2001) mediante la estética y manera de obrar por parte de los líderes “Alphas” convertidos en uno de los mayores atractivos del film y cuya relación de amor nos retrotrae también al Brian Yuzna de Mortal Zombie (Return Of The Living Dead III, 1993). Pero mayor peso incluso tiene el James Cameron de esa obra maestra llamada Aliens: El Regreso (1986), secuela del film primigenio dirigido por Ridley Scott a la que se apela directamente con la construcción narrativa y la estética del variopinto y multirracial equipo de cazarrecompensas comandado por el Scott Ward de Dave Bautista.




Desgraciadamente entre los pósters, teasers, trailers o el prólogo del film y esos títulos de crédito que parecieran parodiar los de Watchmen u homenajear a los de Bienvenidos a Zombieland 1 y 2 Zack Snyder nos malacostumbra prematuramente haciéndonos creer que todo su desfile de burradas repletas de sangre y vísceras se van a convertir en la tónica habitual de lo que vamos a ver a lo largo del metraje de El Ejército de los Muertos, pero desgraciadamente no es así. Es ineludible que cuando decide ponerse bestia la cinta del director de El Hombre de Acero (2013) da lo mejor de sí misma, con situaciones cargadas de violencia explícita y humor negro que salpican a la pantalla. Todo ello ejecutado con una precisión milimétrica por parte de su máximo responsable en pasajes como la primera aparición de los “Alpha”, la secuencia de los zombies hibernando o todo lo relacionado con el pasaje de la apertura de la cámara acorazada. El problema es que el excesivo metraje, 148 innecesarios minutos, y la propensión a dar peso a las relaciones interpersonales de los personajes, sobre todo los ya mencionados de Bautista y Purnell, hieren de gravedad el conjunto de la obra.




Por cada breve y efímera escena cafre y de una tensión perfectamente diseñada se alterna otra excesivamente paternalista, lacrimógena y alargada hasta lo anodino. Por suerte esta decisión narrativa no se extiende demasiado al resto de personajes secundarios, porque con los de Bautista y Purnell ya tenemos suficiente. Cada vez que ambos roles discuten, sacan sus trapos sucios o hablan de los traumáticos hechos de su pasado lo único que el espectador está esperando es que todo termine y volvamos a esa acción mucho menos presente en la trama de lo mínimamente exigible. A esto se suma lo profundamente mal que está escrito el personaje de Kate, cayendo en el tópico de la persona que toma una serie de decisiones estúpidas, aunque estén motivadas por una causa noble, sumándose a otros lugares comunes propios del subgénero zombie que Snyder abraza sin prejuicios de una manera bastante cuestionable, causando así que el ya de por sí inconsistente guión también destile aroma a mil veces visto en producciones previas de la misma temática y con mucho mejor resultado. Aunque también es cierto que la endeblez de los guiones de las películas de Netflix es algo que no debería sorprendernos.




No tiene sentido que una producto que utiliza como excusa una felación en carretera como catalizador del devenir de acontecimientos que se desarrollarán a lo largo del metraje o presentando una versión zombie del tigre de Siegfried & Roy a los pocos minutos pase a tomarse tan en serio traicionando su díscolo e iconoclasta punto de partida. Snyder tiene a su disposición todo el material artístico y técnico para construir una macarrada desprejuiciada como muchas de las cintas previamente citadas que toma como referentes, pero su propensión a la solemnidad farragosa y su cuestionable talento para crear vínculos emocionales entre sus criaturas lastran lo que podía haberse convertido en un orgiástico desfile de pólvora, gore, y sangre en sesión continua. No decimos con esto que dichos ingredientes no estén presentes en Army of the Dead, pero sí en unas cantidades muy inferiores a las esperadas y en ese sentido como espectadores no sentimos casi engañados. Aquí hemos venido a divertirnos durante 148 minutos de locura inconsciente y frenética, pero eso Snyder sólo nos lo proporciona en muy pequeñas dosis.




Finalmente Army Of The Dead no pasa de ligero entretenimiento lastrado por sus innecesarias ínfulas dramáticas y una sobredosis de metraje a todas luces excesivo por las causas previamente expuestas. Con una hora menos y concentrando más la acción nos encontraríamos ante una magnífica sucesora de El Amanecer de los Muertos, pero por desgracia el resultado queda años luz de aquella. Con todo Netflix debe estar muy satisfecha con la película si tenemos en cuenta que ya se están preparando dos precuelas. Una en imagen real llamada Army of the Thieves dirigida por Matthias Schweighöfer, actor alemán que interpreta al personaje de Dieter Ludwig y al que volverá a dar vida en este proyecto, y otra animada titulada Army Of The Dead: Lost Vegas que narrará la primera etapa de la pandemia. Nosotros nos quedamos con las ganas de que el tono sanguinolento de puntuales situaciones expuestas en la obra hubieran imperado a lo largo de toda ella y con el deseo de que este Zack Snyder, mucho más artesano talentoso que esteta encantado de conocerse, encuentre un proyecto más estimulante con el que vuelva a esos orígenes en descomposición a ritmo de The Man Comes Around, de Johnny Cash que tanto nos hicieron disfrutar.


miércoles, 31 de marzo de 2021

Happy! Temporada 2, pascua de insurrección

 



- ¡Sax, deja de matar gente!
- Venga, Mer, que son nazis




Como era de esperar y aunque por ahora no tiene muchos vínculos directos con él era inevitable que habláramos en este mes dedicado a Grant Morrison del medio audiovisual, principalmente de series, en el que empieza a abrirse camino con adaptaciones de sus obras que por ahora no son muchas, pero poco a poco van aumentando en número gracias a los avispados productores, guionistas y directores que deciden llevarlas a imagen real. La primera de esas dos entradas, de las que se encargará un servidor, estará dedicada a la segunda temporada de Happy! la serie de la plataforma Syfy, con derechos de emisión por parte de Netflix, creada por el guionista y cineasta Brian Taylor (Crank, Gamer, Ghost Rider: Espíritu de Venganza) en colaboración con Grant Morrison, que ejerce también como showrunner. Como recordamos en su momento, y para ello tenéis dos reseñas que hablan sobre ella, Happy! fue una miniserie de cuatro números publicada por Image Comics en 2012 con Grant Morrison a los guiones y Darick Robetson (The Boys, Transmetropolitan) a los lápices. En ella el ex policía reconvertido en asesino a sueldo, Nick Sax, comienza a ver a un pequeño unicornio alado de color azul después de sufrir un infarto. Dicha criatura nació como el amigo imaginario de Haley, una niña secuestrada por un brutal homicida disfrazado de Santa Claus al que Sax se verá obligado a eliminar si quiere salvar la vida de la pequeña cría.





La primera tanda de ocho episodios de Happy! adaptaba, de manera más o menos fiel, el cómic que le servía de inspiración, pero añadía mucho material de cosecha propia por parte de Brian Taylor y Grant Morrison, lo que daba como resultado una primera mitad de temporada muy potente y otra en la que estos añadidos no hacían más que apelar al subrayado y la redundancia, dispersando en demasía la narración. Con todo y siempre afirmando que un reparto en el que actores ejerciendo una labor meritoria como Lili Mirojnick, Ritchie Coster, Patrick Fischler o Bryce Lorenzo quedaban ensombrecidos por el mejor hallazgo de la serie, un Christopher Meloni superlativo inyectando una carismática vis cómicas a Nick Sax que brillaba por su ausencia en las viñetas, La Happy! de Syfy se revelaba como un producto cafre, alocado y muy macarra que funcionaba notablemente bien. El problema es que la segunda temporada sufrió lo que un servidor llama “el mal de Juego de Tronos“, afección que explicaremos a continuación.




Hace un momento mencionábamos que las subtramas ideadas por Taylor y Morrison para la primera temporada eran las menos consistentes y más dispersas, en definitiva las que hacían restar puntos al conjunto de la obra. Pues en esta segunda entrega de diez capítulos esta carencia devora gran parte de lo planteado por la historia debido a que ya no hay cómic que adaptar y todo lo que vemos en pantalla nace de la mente del particular dúo de showrunners. De esta manera en la segunda temporada de Happy! impera mayoritariamente un caos narrativo incapaz de construir un esqueleto argumental coherente, ya que el equipo de guionistas encargado de desarrollar el devenir de acontecimientos no está a la altura intentando domar el caballo desbocado que suponen los diez episodios que cierran la serie. Alguien podría pensar que entre la tendencia a la demencia visual propia del cine de Brian Taylor y la lisergia conceptual de algunas obras de Grant Morrison que la anarquía imperara en esta nueva aventura de Nick Sax sería lo lógico, pero eso es algo que sí funcionaba en la temporada 1, aquí la escritura desemboca en un proyecto irregular bordeante en lo fallido.




Pero es ineludible que también podemos encontrar en esta segunda temporada momentos de puro genio en los que Morrison y Taylor aprovechan esa predisposición a lo cafre y desprejuiciado para escribir y ejecutar visualmente pasajes memorables. El primer episodio se pone a sí mismo el listón demasiado alto con una pletórica secuencia en la que vemos a un grupo de monjas en modo kamikaze volar por los aires en las calles de New York mientras suena de fondo el tema Dominique, de Sor Sonrisa, a todo volumen. Un prólogo que sintetiza el tono de humor negro y salvajismo que destilarán el resto de episodios dentro de una serie que puede callar más de una boca a aquellos que se quejan de la actual “corrección política” como principal impedimento para que se facturen productos semejantes al que nos ocupa. La matanza en el asilo de ancianos con Nick Sax y Meredith McCarty reventando cabezas de nazis de mierda, la pelea del personaje de Christopher Meloni con los presos fugados de la cárcel con esos desopilantes congelados de imagen, Ann Margret como Bebe Debarge, la orgía en el hospital o ese Jeff Goldblum poniendo voz a Dio caen del lado de aciertos del programa.




El problema, como ya apuntábamos anteriormente, es que todo lo relacionado con el programa especial de pascua de Sonny Shine y el chantaje que precede a este con el tema de la cinta de vídeo que haría las delicias culinarias de Armie Hammer, la posesión de Francisco “Blue” Scaramucci por parte de Orcus dentro en la cárcel, la relación de Happy con el resto de amigos imaginarios desembocando en su relación emocional/sexual con Little Bo Peep o la aparición del mismo Christopher Meloni interpretando a su madre menoscaban un producto que debería centrarse más en la relación del protagonista con el personaje que da título a la serie. Por otro lado la inclusión total de la temática sobrenatural en la historia no funciona en un producto que nació como un relato noir hasta arriba de metanfetaminas con puntuales pinceladas de fantasía, principalmente relacionadas con la presencia de Happy, pero al que la inclusión de monstruosidades deformes y deidades centenarias capaces de tomar a personas como huéspedes no le hacen ningún bien. Por desgracia todo este desaguisado de arbitrariedades argumentales entroncan con los ya citados momentos remarcables del proyecto y dan como resultado una temporada que en su mayor parte peca de sobrecargada, farragosa y en ocasiones hasta aburrida, algo imperdonable a un divertimento como el expuesto por Taylor y Morrison.





Por suerte hasta las situaciones más inverosímiles y de menos calidad de la temporada son acometidas por un reparto que sabe entregarse al desenfreno exigido por un producto de esta naturaleza. Un gran Ritchie Coster como Blue/Orcus, un insoportable Christopher Fitzgerald poniendo voz y peculiar físico a Sonny Shine, una prometedora Bryce Lorenzo en la piel de Haley Hensen, Medina Senghore (de)construyendo una alucinada Amanda Hansen o el carisma destilado por la Meredith McCarthy Lili Mirojnick dan empaque a un apartado artístico al que poco reproche podemos hacer. Pero una vez más el el Nick Sax de un desatadísimo Cristopher Meloni el que se roba la velada basa de violencia explícita, diálogos espetados contra el espectador y unos excesos impropios de los personajes a los que interpretó en años ulteriores. Con respecto al actor de Ley y Orden es necesario mencionar la brutal química que comparte con el Happy con voz de un entrañable Patton Oswald y sobre todo con el Smoothie de un magnífico y grimoso Patrick Fkischer, ya que ver a protagonista y villano alegrarse tanto de verse el uno al otro para torturarse mutuamente hasta lo inhumano pareciera una visión paródica de la relación de los personajes principales de aquella obra maestra suercoreana titulada Encontré al Diablo (Kim Jee-woon, 2010).




“La segunda temporada ya está confirmada y ahora veremos que hacen Brian Taylor y Grant Morrison sin material para inspirarse con una idea que no aparenta poder dar mucho más de sí.” Con estas palabras cerraba un servidor hace poco más de tres años la reseña de la primera temporada de Happy! y desgraciadamente la profecía se ha cumplido de principio a fin. No sólo porque se confirma que al no tener como base el cómic para construir la segunda temporada el resultado ha sido mucho menos satisfactorio, sino porque los productores de Syfy después de ver el resultado decidieron no renovar la serie y dejar a Brian Taylor y Grant Morrison si ese juguete con el que, no lo dudemos, se lo estaban pasando muy bien, a veces incluso más que los espectadores. Por suerte en este breve trayecto nos queda una primera temporada muy digna y una segunda inferior y renqueante, pero con algunos momentos para el recuerdo. Afortunadamente aquí no se quedan los coqueteos de Grant Morrison con la ficción televisiva, ya que Doom Patrol adapta su etapa con los personajes de creados por Arnold Drake, Bob Haney o Bruno Premiani, también se ha embarcado en una adaptación de Un Mundo Feliz (Brave New World, Aldous Huxley, 1932), de nuevo con Brian Taylor, que ya cuenta con una temporada y tenemos hasta tres películas animadas inspiradas en sus trabajo en DC Cómics.



jueves, 18 de marzo de 2021

La Maldición de Bly Manor, singing o willow waly till my lover returns to me

 


"Bly es como un pozo gravitatorio, es fácil que te atrape"




Todos los años Netflix estrena alguna serie de nuevo cuño que destaca notablemente sobre el resto de su catálogo. En 2018 fue el turno de La Maldición de Hill House, una nueva adaptación de la novela homónima de Shirley Jackson (San Francisco, 1916-1965) que ya fue trasladada a la pantalla grande en 1963 por Robert Wise y en 1999 por Jan De Bont. El encargado de escribir y dirigir el proyecto fue el cineasta estadounidense Mike Flanagan, viejo conocido del género de terror gracias a films como Hush, Oculus: El Espejo del Mal, Somnia: Dentro de tus Sueños o El Juego de Gerald, adaptación de la novela homónima de Stephen King y su primer trabajo al servicio de la famosa plataforma de streaming. Con una puesta en escena soberbia que llegaba a cotas de paroxismo técnico en el alabado sexto episodio, Two Storms, un guión fiel a la esencia de la novela, pero adaptado a la narrativa audiovisual contemporánea y acompañado de un reparto brillante en el que brillaban tanto adultos como menores de edad The Haunting of Hill House se convirtió en un éxito de crítica y público y en la opus magna de un cineasta al que convenía seguir de cerca.




Tras la calurosa bienvenida de esta primera temporada Mike Flanagan no tardó mucho en confirmar que Netflix había renovado para una nueva tanda de episodios que en esta ocasión seguiría la temática de casas encantadas para conformar una antología, pero trasladaría otra novela y no contaría, como es lógico, con los mismos personajes de La Maldición de Hill House, aunque sí con algunos de sus actores interpretando roles diferentes. La elección fue otro clásico de la literatura fantástica y de terror como Otra Vuelta de Tuerca, posiblemente la obra más reconocida del escritor estadounidense Henry James (New York 1843-1916) que ha conocido incontables adaptaciones audiovisuales para la gran y pequeña pantalla. De todas ellas destaca Suspense (The Innocents, Jack Clayton, 1963) una incontestable obra maestra protagonizada por Deborah Kerr que marcó a fuego su impronta dentro del género como podemos ver en cientos de sus herederas como Al Final de la Escalera (The Changeling, Peter Medak, 1980) o Los Otros (Alejandro Amenábar, 2001) o esta de Mike Flanagan que le rinde tributo de múltiples maneras, la más explícita recuperando la inquietante nana O Willow Wally que sonaba en aquella. Profesionales tan dispares como Dan Curtis, John Frankenheimer, Eloy de la Iglesia, Antoni Aloy o Floria Sigismondi dieron su visión, más o menos acertada, de aquella historia de fantasmas que supuestamente asediaban la mansión victoriana de Bly.




De esta manera nacía La Maldición de Bly Manor, abordada no sólo como una adaptación de Otra Vuelta de Tuerca, sino también de otros relatos fantasmales escritos por el autor de Retrato de Una Dama que no habían conocido hasta el momento traslación al medio cinematográfico y televisivo. Todo un reto para Mike Flanagan y sus colaboradores a los guiones que debían construir un argumento cohesionado conformada por diferentes historias que, más allá de compartir temática y autor, no tenían demasiado que ver las unas con las otras. El casting, encabezado por Victoria Pedretti, cuenta con Amelia Eve, Rahul Kohli, T’Nia Miller, Henry Thomas, Tahirah Sharif, Kate Siegel, Oliver Jackson-Cohen, Carla Gugino o los niños Benjamin Evan Ainsworth y Amelie Bea Smith entre otros. La mayor diferencia entre La Maldición de Bly Manor y su predecesora en lo referido al apartado técnico, algo de lo que hablaremos más adelante, es que en esta ocasión Mike Flanagan no es el director de todos los episodios debido a, suponemos, sus compromisos con Doctor Sueño (2019) o la futura serie Midnight Mass, de manera que después de rodar el primer episodio delega responsabilidades en realizadores como Ciarán Foi, Liam Gavin, Ben Howling, Yolanda Ramke, Axelle Carolyn o E.L. Katz.




Entre las muchas virtudes que poseía de La Maldición de Hill House destacaba notablemente la labor detrás de las cámaras de Mike Flanagan, que gracias a asumir la responsabilidad de la realización de toda la temporada no sólo daba una encomiable homogeneidad al acabado visual de la obra, también podía llevar sus capacidades como profesional del medio a límites que nunca había alcanzado en sus largometrajes previos debido a la lógica escasez de metraje de los mismos. En cambio La Maldición de Bly Manor encuentra su mayor fortaleza en su escritura y construcción narrativa. Los guiones planteados por Mike Flanagan y sus nueve colaboradores, entre ellos su hermano James Flanagan, no sólo consiguen construir un entramado sólido y complejo en el que conviven con Otra Vuelta de Turca otras obras de Henry James como La Esquina Alegre, La Bestia en la Selva o El Altar de los Muertos, algunas de ellas dando nombre a varios de los capítulos del proyecto, sino también perfilando una galería de personajes tridimensionales, con sus miedos y anhelos, que nos permiten a empatizar con las distintas historias en las que se ven implicados todos ellos y que en esta ocasión toman como epicentro el amor abordado desde distintas y poliédricas perspectivas.




Porque si hay un motivo por el que La Maldición de Bly Manor ha sido bastante más polémica de cara a los espectadores y la prensa especializada que su predecesora es que no se trata de una historia de terror, sino de un romance gótico contextualizado en un entorno sobrenatural. De esta manera la atmósfera inquietante, los sustos perfectamente medidos y nada gratuitos o las presencias fantasmales en segundo plano que ya son un clásico de la serie no copan tanto protagonismo como las relaciones interpersonales de las criaturas que pueblan o poblaron Bly Manor. La relación de Dani (Victoria Pedretti) y Jamie (Amelia Eve), la de Hannah (T’Nia Miller) y Owen (Rahul Kohli), la de Henry Wingrave (Henry Thomas) y Charlotte Wingrave (Alex Essoe) o la de Peter Quint (Oliver Jackson-Cohen) y Miss Jessel (Tahirah Sharif) se mueven a placer entre lo prohibido, el trauma, la toxicidad, la no consumación y la tragedia permitiendo a Mike Flanagan y su equipo de escritores desarrollar distinto tipo de perfiles psicológicos y como estas afrontan sus relaciones sentimentales de distinta manera. Con respecto a este tema es todo un acierto dar bagajey trasfondo a Quint y Jessel, abordados en la mayoría de adaptaciones de The Turn of The Screw como perversas presencias fantasmagóricas que aquí tienen un pasado y unas motivaciones que los humanizan con notable acierto.




En lo que si se asemejan La Maldición de Hill House y La Maldición de Bly Manor es que en ambas temporadas encontramos un par de episodios que destacan por encima del resto debido a que son acometidos por sus máximos responsables de manera diferente desde una perspectiva audiovisual o . Si en la adaptación de la novela de Shirley Jackson era, sobre todo, el ya citado Two Storms, rodado con virtuosos e interminables planos secuencia, el que suponía un punto de inflexión en la traslación de la obra de Henry James, aquí debemos mencionar el quinto, The Altar of The Dead, y el octavo, The Romance of Certain Old Clothes. El primero por utilizar el relato homónimo de James para facturar un soberbio ejercicio de deconstrucción narrativa en el que Mike Flanagan y su equipo de guionistas dan lo mejor de sí mismos con un episodio que tiene reminiscencias, intencionadas o no, al mítico episodio El Hijo del Relojero del cómic Watchmen, escrito por Alan Moore e ilustrado por Dave Gibbons. El segundo hace lo propio para diseñar un capítulo impresionante que conecta con los orígenes lo acontecido a lo largo de la temporada y que a su vez funciona como historia independiente, casi una película dentro de la misma temporada. Casi dos horas de ficción que están entre lo mejor visto este 2020.





Con un impecable reparto en el que todos los intérpretes hacen su trabajo de manera notable, aunque en el que destacan Victoria Pedretti, Henry Thomas, Oliver Jackson-Cohen, T’Nia Miller o la pequeña Amelie Bea Smith, y una puesta en escena minuciosa y elegante, pero en la que se echa en ocasiones de menos el talento de Mike Flanagan para tensar las situaciones de terror, La Maldición de Bly Manor se revela como una de las mejores series del 2020 por las virtudes aquí comentadas, no pocas ni de escasa relevancia. Ciertamente aquellos que vayan buscando algo muy similar a La Maldición de Hill House o una historia de miedo ortodoxa y al uso saldrán decepcionados de la experiencia, porque como ya hemos afirmado esta nueva entrega de la antología ideada por Mike Flangan es una historia de amor múltiple entre almas en pena, las vivas y las que, teóricamente, ya no comparten plano de existencia con nosotros. Antes de embarcarse en una supuesta tercera temporada de la antología “The Haunting”, que todavía no ha sido confirmada, Flanagan se sumergirá en la ya citada Midnight Mass, otra serie de terror para Netflix de la que sólo sabemos que contará con algunos de sus actores habituales y abordará el fanatismo religioso en una comunidad aislada de la civilización. Esperaremos con no pocas ganas estas dos producciones o cualquier otra relacionada con este interesante narrador que poco a poco va ganándose la posición que merece dentro de Hollywood.