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sábado, 7 de mayo de 2022

Transgresión Continua Express 2022 - Orson Welles



Ciudadano Kane (1941) - Un debutante Orson Welles de 25 años utilizó la vida del magnate William Randolph Hearst para revolucionar y reconfigurar el lenguaje cinematográfico. Una historia intemporal sobre poder, corrupción, soledad y el deseo de ser amado.




El Cuarto Mandamiento (1942) - A pesar de los avatares de su producción la segunda obra como director de Orson Welles es un imperecedero drama de época, más contenido que su ópera prima, en el que puesta en escena, reparto y guión brillan de manera fulgurante.



El Extranjero (1946) - Hasta de un guión inverosímil y con tendencia al trazo grueso era capaz Orson Welles de sacar oro construyendo un thriller sobre cazadores de nazis poseedor de una atmósfera subyugante y un trío protagonista sobresaliente.



La Dama de Shanghai (1947) - Primera y particular incursión de Welles en el cine negro puro. Enrevesada, técnicamente rotunda y con notorio trabajo actoral fracasó, pero pasados los años devino en clásico y el tiroteo en la sala de espejos en tótem audiovisual.



Macbeth (1948) - La primera toma de contacto del Orson Welles director con William Shakespeare desembocó en una fastuosa y revolucionaria hibridación entre teatro y cinematografía con algunos de los juegos de luces y sombras más impresionantes jamás rodados.



Othello (1952) - A pesar de los problemas durante su producción con cuatro años de  interminables contratiempos y la escasez de medios el texto de William Shakespeare cobra vida mediante la rotundidad narrativa y visual de un Orson Welles insobornable.



Mr. Arkadin (1955) - Tan caótica y deslavazada como hipnótica y vibrante Mr. Arkadin permitía a Orson Welles volver a sus raíces revisitando, en cierta manera, Ciudadano Kane con una obra menor imperfecta, excesiva y fascinante.



Sed de Mal (1958) - Con un plano secuencia titánico abría Orson Welles Touch of Evil, personal reformulación del cine negro mediante su habitual barroquismo visual llevado a cotas de genialidad delirante y complejos dilemas morales sobre poder y corrupción.




El Proceso (1962) - El manierismo propio de la puesta en escena wellesiana vampiriza la pesadillesca odisea legal y burocrática de Franz Kafka conjurando un proyecto tan estimulante visual y narrativamente como distante a la hora de conectar con el espectador.



Campanadas a Medianoche (1965) Orson Welles regresaba a la letra de William Shakespeare en el ocaso de su carrera para diseccionar con descarnado feismo la amistad, la traición o la vejez ofreciendo con John Falstaff uno de sus mejores trabajos interpretativos.




Una Historia Inmortal (1968) -  Un crepuscular Orson Welles adaptaba para la televisión francesa la novela homónima de Karen Blixen ofreciendo un melancólico retrato sobre la soledad y el poder manipulador del relato oral.




Fraude (Orson Welles, 1973) - El testamento cinematográfico de Orson Welles supuso un brillante juego de manos en el que convergían el cine y la magia, sus dos mayores pasiones. Un collage tramposo y  experimental en el que nada es lo que parece y todo es mentira.


domingo, 31 de octubre de 2021

Halloween Kills


Título Original Halloween Kills (2021)
Director David Gordon Green
Guion David Gordon Green, Danny McBride, Scott Teems, basado en personajes de John Carpenter y Debra Hill
Reparto Jamie Lee Curtis, Judy Greer, Andi Matichak, Will Patton, Anthony Michael Hall, Thomas Mann, Nick Castle, James Jude Courtney, Kyle Richards, Robert Longstreet, Dylan Arnold, Omar Dorsey, Charles Cyphers



En 2018 Blumhouse Productions, Rough House Pictures y Trancas International Films se asociaron para resucitar a Michael Myers nueve años después de su última aparición en pantalla grande a manos de Rob Zombie con la rupturista e incomprendida Halloween II. Pero en esta ocasión Jason Bloom consiguió con Halloween, que así se tituló el proyecto, algo que a esas alturas parecía imposible, convencer a John Carpenter para que formara parte del equipo creativo de la obra, no habiendo ejercido este rol desde Halloween III: La Estación de la Bruja (Tommy Lee Wallace, 1983), y que Jamie Lee Curtis volviera a interpretar a Laurie Strode, papel al que había dado vida por última vez en la nefasta Halloween: Resurrección (Rick Rosenthal, 2002). Aquella secuela, con apuntes de retrocontinuidad, de la Halloween de 1978 funcionaba de manera harto eficiente gracias a la buena labor de su productor, co escritor y director, David Gordon Green, facturando una entrega ejemplar de la franquicia respetando su esencia y contando con la complicidad de una magnífica Jamie Lee Curtis como avejentada y obsesionada Laurie Strode. Junto a su exitoso estreno internacional la película venía acompañada de una noticia, la de formar parte de una trilogía que se completaría con Halloween Kills y Halloween Ends. Por desgracia la pandemia hizo que el estreno de la primera de estas secuelas se pospusiera un año, de octubre de 2020 al actual de 2021, por lo que el cierre de la trilogía no llegará hasta 2022. Una vez estrenada en nuestras carteleras, habiendo pasado previamente por festivales como Venecia o Sitges, en Transgresión Continua ya hemos podido ver Halloween Kills, este nuevo episodio de las correrías homicidas de Michael Myers en Haddonfield, y a continuación ofreceremos nuestra opinión sobre ella.



Halloween Kills cuenta con unos equipos técnico y artístico casi idénticos a los de la anterior entrega de la saga. El único cambio sustancial detrás de las cámaras es el de Jeff Fradley (Vice Principals) por Scott Teems (Rectify) como tercer guionista junto a el mismo David Gordon Green y su habitual colaborador, el actor Danny McBride (Prometheus). El reparto vuelve a contar con Jamie Lee Curtis, Judy Greer, Andi Matichak, Will Patton, Dylan Arnold, Omar J. Dorsey o James Jude Courtney en la piel de Michael Myers, a los que se suman Anthony Michael Hall (Eduardo Manostijeras), Robert Longstreet (Misa de Medianoche) e incluso algunos actores de la película primigenia que vuelven a interpretar sus papeles como Nancy Stephens, Kyle Richards o Charles Cyphers dando vida a Marion, Lindsay y Leigh Brackett respectivamente. De la soberbia banda sonora vuelven a encargarse John Carpenter, su hijo Cody Carpenter y Daniel A. Davies.




Aunque Halloween Kills empieza justo donde acababa Halloween hace tres años, David Gordon Green y sus colaboradores toman la feliz decisión de incluir en el arranque de la película un prólogo que a su vez sirve de epílogo a La Noche de Halloween. Jugando una vez más con la retrocontinuidad y tomando como epicentro argumental una versión rejuvenecida del personaje del agente Hawkins, interpretado en el presente por Will Patton y en el falso 1978 por Thomas Mann, el director de Undertow (2004) o Joe (2013) configura casi un facsímil audiovisual que ensambla fácilmente, salvando las enormes distancias, con el tono y el acabado formal de la obra maestra de John Carpenter incluyendo algunas rimas estilísticas de impecable ejecución, como ese plano de Michael Myers rodeado por la policía y el Dr. Samuel Loomis que emula al protagonizado por la versión infantil del personaje en el film original, creando conexiones muy interesantes entre pasado y presente.




Una vez volvemos al presente, que en el largometraje se desarrolla en 2018, Halloween Kills deriva en una especie de remake brutalizado de ¡Sanguinario! (Halloween II, Rick Rosenthal, 1981) ya que la estructura narrativa y la labor ejercida por los personajes de Michael Myers y Laurie Strode es muy parecida a la de aquella memorable primera secuela. En Halloween Kills David Gordon Green abandona en gran parte la metódica puesta en escena de su anterior trabajo, aquella que emulaba muchos de los parámetros estéticos de John Carpenter una vez la película mutaba al ponerse Michael Myers su famosa máscara por primer vez en 40 años, para entregarse sin miramientos a las señas de identidad del slasher más exploit y primario, aquel que proliferó en los 80 con el subgénero en el máximo apogeo de su popularidad.




Un afán por el homicidio indiscriminado que arranca con la memorable y controvertida matanza de los bomberos y posteriormente rige el devenir de acontecimientos de una secuela cuya única misión es masacrar a cuantos más habitantes de Haddonfield sea posible y mediante métodos cada vez más crueles para regocijo del espectador casual y sobre todo del fan sin ambages del subgénero slasher. De hecho en cuanto a truculencia Halloween Kills es tan explícita como las dos entregas rodadas por Rob Zombie en 2007 y 2009 respectivamente, que no es decir poco. Esta visceralidad perpetrada por el imponente Michael Myers de James Jude Courtney encuentra su reflejo en la turba enfervorecida, capitaneada por un Tommy Doyle de mediana edad interpretado por Anthony Michael Hall, formada por ciudadanos decididos a acabar con Myers mientras espetan soflamas con ecos trumpianos como si de una premonición del infame asalto al Capitolio del pasado mes de enero se tratara.




Halloween Kills acierta al mostrar a esa milicia cegada por el odio y la venganza como una fuerza descerebrada capaz de cometer actos tan inhumanos como el mismo Michael Myers, porque es un recurso narrativo que permite a David Gordon Green y sus guionistas cierta manga ancha a la hora de caer en el tópico de estereotipar a los personajes que ejercerán como carne de cañón del protagonista, ya que la intención última es retratar a los lugareños como estúpidos entregados a la violencia sin medida frente a una criatura sobrehumana cuya naturaleza legendaria se enfatiza más que en ninguna otra secuela, volviendo así a los orígenes de la franquicia. El problema es que esos comportamientos temerarios y poco inteligentes también son llevados a cabo por personajes que en la anterior entrega habían demostrado tener los pies en la tierra, siendo mostrados aquí de manera totalmente descaracterizada, como sucede con la Allyson de una insoportable Andi Matichack.



Porque es ineludible que más allá de su interesante trasfondo, aunque ciertamente abordado con una contrastada tosquedad, el trabajo de guion de David Gordon Green y su equipo deja que desear. Ya hemos mencionado cómo usa el cineasta los lugares comunes del subgénero en su propio beneficio, pero es inexcusable que los personajes estén pobremente perfilados, las situaciones inverosímiles se sucedan en sesión continua, los diálogos sonrojantes campen a sus anchas por las calles de Haddonfield y todo el fino hilo argumental gire en torneo a un Michael Myers convertido en un ángel del infierno que no deja títere con cabeza. Como ya hemos afirmado esta última es una característica indivisible a los slashers más underground que forjaron la leyenda del subgénero, pero en pleno 2021 y con una maquinaria tan grande detrás del proyecto es lógico que el fan habitual espere una historia un poco más elaborada que no sólo nos ofrezca como único aliciente el, por otra parte siempre agradecido, asesinato en masa.



Haloween Kills culmina dejando el terreno preparado para el clímax final que supondré Halloween Ends y en el que asistiremos al enfrentamiento final entre Michael Myers y una Laurie Strode que durante esta segunda parte se encuentra en un discreto segundo plano, siendo una pieza indispensable del entramado del relato, pero sin consumar el cara a cara con su némesis con la intención de que el reencuentro entre ambos que, si nada lo impide, podremos ver el mes de octubre de 2022 se convierta en todo un acontecimiento. Por ahora Halloween Ends se encuentra en preproducción, pero la buena noticia de la impresionante taquilla internacional de esta Halloween Kills servirá de acicate para que Jason Blum, John Carpenter y compañía se pongan manos a la obra lo antes posible. Celebrar Halloween viendo este desprejuiciado festival de hemoglobina, pólvora, humor negro y bilis es el plan perfecto para desconectar y pasar la noche de difuntos junto a uno de los iconos más grandes del terror contemporáneo.


jueves, 9 de septiembre de 2021

Entrevista a Víctor Clavijo

 


Después de un Encuentro Con Actores en el que tanto él como Javier Bódalo nos contaron mil y una anécdotas del rodaje de 30 Monedas, la serie de HBO escrita y dirigida por Álex de la Iglesia, pudimos entrevistar de manera distendida al actor español Víctor Clavijo (Algeciras, Cádiz, 28 de septiembre de 1973) con el que hicimos un repaso a toda su carrera interpretativa, centrándonos principalmente en su faceta televisiva. Desde su primer papel importante en la serie juvenil Al Salir de Clase hasta la actualidad con éxitos como El Ministerio del Tiempo o la ya citada 30 Monedas Clavijo ha hecho acto de presencia en numerosos proyectos audiovisuales y teatrales de los que vamos a hablaros un poco en la siguiente entrada.


Entrevista a Víctor Clavijo


Hoy nos acompaña el actor Víctor Clavijo. Víctor, muchísimas gracias por estar aquí con nosotros

A vosotros

Vamos a hacer un repaso por toda tu carrera, desde los inicios hasta el presente y tú ya nos vas aportando datos de los distintos proyectos. Como a todos los entrevistados te tengo que preguntar cómo nació tu pasión por la interpretación.

Uff, difícil resumirlo, pero vengo de una familia donde gustaba mucho el cine y gustaba mucho también el teatro. En mi casa se veía muchísimo cine, mi padre era amigo de unos actores de Algeciras que tenían una compañía de teatro y a veces les acompañábamos en sus en sus giras y en sus funciones, a mí me gustaba disfrazarme en casa y hacer el payaso, no lo identificaba en ese momento con que quería ser actor, pero yo creo que cuando descubrí las películas de Charlie Chaplin con, no sé si 10, 11 o 12 años, al mismo tiempo cayó en mis manos un libro de Stanislavski que tenía mi padre en casa llamado La Construcción del Personaje, al mismo tiempo descubrí las películas de James Dean. Pues toda esa amalgama y unos documentales que vi en la segunda cadena (La 2 de RTVE) sobre la historia del mimo y la historia del Actors Studio también. Pues toda esa amalgama hizo que quisiera probar esto y me enrolé en una compañía de teatro con 15 años cerca de Algeciras, en el Campo de Gibraltar, y ya cuando probé el teatro por primera vez y me subí a un escenario por primera vez, con esta compañía que se llamaba Mejorana, dije “Esto es lo que quiero hacer” o sea que, bueno, una serie de circunstancias que me fueron llevando a olfatear el mundillo, a vivirlo una manera un poco tangencial por el contacto de mis padres con esta gente, con estos actores, y luego estos libros, estas lecturas, esta películas que cayeron mis manos y el hecho de probarlo por primera vez, todo eso hizo que no tuviese otro remedio que dedicarme a esto.

Víctor, antes de llegar a Al Salir de Clase, tu papel de Raúl que se convirtió en icónico, tuviste también un trayecto también televisivo. Hasta llegar ahí ¿cómo fue dar el salto del teatro a la televisión siendo un actor tan joven? ¿cómo lo recuerdas?

Cuando decidí dedicarme a la interpretación, yo estaba estudiando derecho en Granada, yo soy de Algeciras, y ya había desechado la idea de convertirme en actor, porque, bueno, mis padres me dijeron “Estúdiate una carrera y ya harás teatro”. Yo quería seguir haciendo teatro porque lo había probado y me gustaba mucho y me dijeron “Ya harás teatro cuando salgas de trabajar, en la oficina o donde haga falta”. A los 20 años tome la decisión, tras ver una obra de teatro de Juan Diego en Granada dije “quiero dedicarme a esto” y me fui a Madrid a estudiar arte dramático e hice las pruebas de ingreso en la RESAD, la escuela oficial de Madrid, y estudié 4 años allí, digamos la especialidad de interpretación, más enfocada hacia el teatro, por supuesto. Al mismo tiempo también estudié doblaje en una academia y conseguí representante cuando estaba en tercero de la escuela de interpretación, que empezó a llevarme a algunos castings de televisión y me salió el primer trabajo en televisión, pues capitular en la serie El Super, otro en no sé dónde y me llegó mi primer trabajo televisivo con continuidad con la serie de Menudo es mi Padre a los 22, 23 años y cuando la acabé pues ya me cogieron para la serie de Al Salir de Clase y no había hecho teatro profesional en Madrid, lo que había hecho era teatro antes de llegar a Madrid y había estudiado la carrera de interpretación enfocada hacia el teatro en la escuela de interpretación, pero digamos que no pasé del salto profesional o del teatro profesional a la televisión, porque no había tocado todavía el teatro profesional, había hecho teatro amateur y tenía formación teatral en la escuela, pero no había hecho teatro profesional todavía.



Tu personaje de Raúl en Al salir de clase se volvió icónico, a mí era uno de los que más me gustaba de la serie y para que nos hables un poquito de la serie te voy a recordar dos momentos que para mí son míticos. Uno sería cuando fallece tu hermano, Sergio Peris Mencheta, en el que le diste un repaso a todos personajes durante el funeral, que no veía un repaso en un funeral así desde el de Laura Palmer (risas). Luego hay otro momento que también me divertía muchísimo porque Raúl es un personaje a lo mejor arisco, era más duro, casi villanesco, pero yo recuerdo la etapa en la que iba a la radio del instituto e imitaba a un sacerdote, no recuerdo el nombre, que usaba la coletilla de “Y digo yo…” o algo así, una coletilla muy divertida. ¿Ese contraste del personaje cómo lo llevabas?

Pues era lo que más me gustaba del personaje, que tuviera ese contraste. Cuándo empezaron a darle al personaje de Raúl ese carácter a veces entre cómico y patético que era capaz de ponerse en ridículo por conseguir la atención de una pija y era capaz de vender a sus padres y hacerse pasar por pijo cuando no lo era, a mí esto me parecía que completaba mucho al personaje porque le daba una dimensión más allá del tipo resentido y con ganas de vengarse de la gente que le había hecho daño, sino que le daba mucha más complejidad, era mucho más más poliédrico, más tridimensional ¿no?. Entonces para mi era estupendo que de repente el personaje tuviese estas situaciones de comedia y de repente tuviese, al mismo tiempo, una situación dramática como la muerte, por ejemplo, de mi hermano. Yo fue la época en la que más disfrute el personaje, en la segunda temporada, porque los guionistas habían descubierto este carácter patético/cómico del personaje y a mí me divertía mucho poder explorar ese terreno, entonces lo llevaba muy bien, para mí era perfecto porque no me quedaba en un solo color. El personaje era malvado, pero también era sensible, solo que lo ocultaba, se abría con ciertas personas, de repente se le giraba el melón o la cabeza y se cruzaba con alguien y… entonces sorprendía mucho, eso es lo que me parecía muy interesante, que no que no se mantenía en una línea continua, sino que era muy muy sorprendente y muy imprevisible y esto es lo que me gusta de los personajes

Para mí era uno de mis personajes favoritos y luego la química que tenías con Sergio Peris Mencheta, que ya nos has comentado en la conferencia que habéis dado que has trabajado con él en teatro y demás, había una química muy potente ¿Qué relación tienes actualmente con Sergio?

Muy buena, para mí es aparte de uno de los actores directores y personajes de la cultura los que más admiro por el talento que tiene y por la inteligencia que tiene, porque creo que es un genio, es un tío con con un coeficiente intelectual muy por encima de la media, como lo demuestra su talento de director y su talento actoral ¿no?. Yo aprendí muchísimo con él, yo venía de la formación de la RESAD quizás tenía formación un poco más metódica, más teatral y él venía de una escuela dónde jugaba mucho a buscar la organicidad y a sorprender al actor, a no ser quizás tan academicista, yo era más academicista, y él jugaba más a romper las situaciones a buscar la sorpresa, a buscar lo fresco y cuando entendí como trabajaba él dije “Me pego a tu barco, juego contigo”. Entonces Sergio hacía mucho esto conmigo y a mí me encantaba seguirle el rollo. Cuando él, de repente, en una situación, en una secuencia te sorprendía y hacía algo yo entendía que lo estaba haciendo para darle vuelo a la escena y me pegaba rápido a su propuesta, ya fuese que cambiaba el texto, ya fuese que hacía una acción que no habíamos ensayado ya fuese que me sorprendía haciendo algo, entonces a mí me enriqueció mucho la manera de trabajar de Sergio, muchísimo, como actor. Luego ya como director me parece que es un talento fuera de serie, no no hay más que ver los montajes que ha hecho los últimos 8 o 9 años y son para aplaudirle sin parar. Tengo una relación con el muy buena, no nos vemos de continuo, pero nos queremos mucho, me consta que nos queremos mucho y que nos respetamos mucho y que nos admiramos mucho. Entonces hablamos de vez en cuando por teléfono, algún mensaje o algún audio, algo en concreto o lo que sea. Le he visto hace un par de semanas en persona porque he ido a ver su último montaje y he salido maravillado. Y sí, hablamos, no te voy a decir de continuo, pero sí de vez en cuando.



Quería hablar de Raúl porque te he comentado el tono villanesco de ese personaje, pero es que luego participaste en una de mis series españolas favoritas, que era Policías, en el Corazón de la Calle y ese personaje era muy complicado, porque también era un villano total, ¿cómo fue trabajar en esa serie que, desde mi punto de vista, a nivel de puesta en escena yo creo que se adelantó a muchas serie españolas de ahora?

Sí, sí, sin duda, pues fue un personaje que era una oportunidad de interpretar, porque Raúl tenía más matices, este era un villano más “villano villano” y siempre es muy divertido interpretar al villano y cabrear al público ¿no?, que el público te odie un rato es muy divertido (risas) siempre y cuando el público entienda que es un trabajo, lógicamente. Bueno, pues era un personaje muy villano, un director de snuff movies que seducía a la protagonista y la llevaba, la introducía un poco en el mundo pornográfico a priori, pero luego con la excusa de secuestrarla o con la intención de secuestrarla y hacer que con ella una snuff movie. Bueno, fue un personaje que disfruté muchísimo, duró solamente no sé si fueron 3, 4 capítulos, pero fue un disfrute, sí, sí, y era, bueno, un poco un salto hacia delante de lo que venía haciendo hasta ahora que era un trabajo más de personajes juveniles. Ya por edad estaba un poco más adaptado a mi propia edad el personaje, por complejidad también un poco más a la edad que yo tenía, entonces bueno, fue un regalo y una oportunidad también que agradecí mucho. No fue el único, además, porque luego me llegó también un personaje capitular en Génesis que era un poco casi una continuación de este otro, porque también era otro director de snuff movies, en una serie de acción, también era policíaca, y me tocó interpretar a otro director de snuff movies con lo cual tengo un poco ya el master de directores de snuff movies (risas)

Te iba a comentar que, ya dando un salto grande en el tiempo, pasamos del personaje como dices villanesco al seductor, porque ya tu personaje de Lope de Venga en El Ministerio del Tiempo, un personaje recurrente ¿cómo lo afrontaste? porque la versión que diste de de López es maravillosa

Muchas gracias. Pues mira, yo creo que ahí tuvo que ver un poco, aparte de que el guion es maravilloso y era muy fácil jugarlo, o sea, ha sido de los personajes que menos me ha costado interpretar, lo pienso ahora. Yo hice cuando estaba en la escuela en la RESAD escribí una obra de teatro que era una versión del Don Juan Tenorio, una versión divertida, me traía al Don Juan de Tirso de Molina al siglo XX y lo despertaba en el siglo XX junto con Catalinón y este don Juan intentaba seducir a las mujeres y se encontraba que las cosas habían cambiado en el siglo XX, con que su modus operandi o su carácter seductor ya no servía. Entonces yo pienso que de esta manera este trabajo que yo había hecho en la escuela con este personaje, este Don Juan divertido que había escrito, que había mostrado en un trabajo de clase de alguna manera esa semilla a lo mejo estaba ahí para el personaje, a lo mejor, de Lope, lo pienso ahora a posteriori. Lope lo que me dio es la oportunidad de sacar ese lado divertido, seductor, canallesco que uno lleva dentro, pero que no se atreve a explorar y a sacar en su vida diaria porque uno no es así ¿no?. Entonces me dio la oportunidad de jugar a eso, jugar al “fucker” divertido que además seduce de una manera divertida y de una manera en la que uno dice “Joder, qué cabroncete, cómo las suelta” ¿no?. Entonces es muy divertido hacer eso, que te den la oportunidad de sacar eso con un personaje, eso que uno lleva dentro y que no se atreve a sacar porque yo soy más tímido y no soy nada seductor en mi vida privada, pues oye, fue una ocasión para volcar eso en ese personaje, pero me resultó muy fácil en contra de lo que pudiera parecer por ser Lope de Vega, pero en cuanto encontramos la clave y la clave era no interpretar a un escritor porque eso ya se suponía, eso era su oficio, sino interpretar un tío que lo que desea es amar y acostarse con mujeres y seducirlas con la labia o mintiéndoles, engañándolas pues bueno, ya el trabajo se convierte en algo mucho más divertido en el que no tienes que comerte la cabeza pensando cómo sería Lope de Vega cuántas obras escribió “Dios mío, me falta por leerme esta, entonces no puedo interpretarlo”, No, eso es otro tipo de trabajo, este Lope de Vega que se hizo en El Ministerio del tiempo era un tío más de tierra y por tanto para mí fue mucho más divertido



Víctor, voy a preguntarte por el que para mí es de tus personajes, por lo menos el que mejor rollo transmitía y es que recuerdo un capítulo de El Fin la Comedia, de Ignatius Farray, en el que hacías de de un instalador de Wi-Fi que al principio parecía que iba a ser un cara y luego le da un giro completo al personaje y es maravilloso ¿cómo fue esa experiencia de trabajar con Ignatius en la serie?

Pues fantástica. Fue un rodaje muy corto, yo ceo que fueron dos días, dos jornadas de grabación. Me sorprendió mucho Ignatius, porque no lo conocía personalmente y claro, la imagen que te llega de Ignatius es de un tío irreverente, loco y es un osito de peluche, es tímido, es callado, es reservado, es sensible, es todo lo contrario al personaje que saca y que todos conocemos. Entonces, bueno, fue un rodaje muy cómodo, muy divertido y un personaje que tampoco anticipaba ni sospechaba que iba a gustar tanto como luego me llegó la confirmación de mucha gente, no. Pero sí, la clave era un tío que a priori parece un caradura, un jeta al que no le apetece trabajar, que está ahí y que todo lo que haces es posponer el trabajo y luego te das cuenta de que es una especie de ángel de la guarda de Ignatius no. Sí, es un personaje que estaba construido de una manera muy bonita a nivel de guion.

Estaba genial, la verdad es que a mí me encantó

Muchas gracias

Víctor, la última pregunta para no alargarnos más. Te tengo que preguntar por 30 Monedas y antes de hablar de 30 Monedas me gustaría hablar del trolleo qué hiciste por Twitter, porque como yo te sigo, recuerdo que cuando empezaron a emitirse los primeros episodios y tú dijiste “He estado viendo la serie esta de 30 Monedas y está bien” y mucha gente todavía no sabía que tú ibas a participar.

Bueno, claro, es que no lo hice con la idea intencionada de hacer un trolleo, sino que no podía no podía adelantar, lógicamente. La productora pues había decidido lógicamente qué ciertos actores hicieran la promoción, los protagonistas, pues el resto del reparto no sé yo hasta que punto me estaba permitido o no anunciar que iba a estar en la serie, entonces me mantuve prudente en ese sentido y empecé a verla y es que de verdad que me estaba entusiasmando y hasta que salió mi capítulo, lógicamente, empecé a verla como consumidor, como cualquier otro espectador y estaba flipando con lo que estaba viendo, entonces compartía como otro espectador cualquiera lo que estaba disfrutando al mismo tiempo porque yo no había visto totalmente nada, de hecho no había leído el resto de la serie, a mí solamente me llegó el guion de mi capítulo y nada más. Entonces estaba viéndola completamente virgen y estaba disfrutando como un enano, sí, sí, no fue trolleo a conciencia, fue sencillamente prudencia de no anunciar que salía por si la productora no quería que lo anunciara, claro.

¿Y tu relación Megan Montaner, que es la actriz con la que más interactuaste?

Fantástica, o sea, no nos conocíamos personalmente, a lo mejor de la profesión en algún evento “hola, hola” como mucho, pero desde el primer momento en que llegué, yo me incorpore y ya estaban rodando, yo venía de rodar una serie, venía de rodar Hernán en México, cuando acabé de rodar Hernán vine a Madrid y a los 2, 3 día ya fui al rodaje a que me hiciesen pruebas de maquillaje, peluquería, tal y cual, vestuario, ellos ya estaban rodando y fue “Hola Megan, hola qué tal, cómo estás, dos besos”, vamos a hacernos unas fotos para los personajes, para la casa, para el rácord y tal, en los que tenemos que estar agarrados como si fuéramos pareja y con todo, claro, estas cosas que dices “¿y cómo rompo el hielo con una persona?”, pero es tan profesional Megan, que me lo puso tan fácil que en ningún momento me sentí cohibido no, de “Tengo que agarrarla de la cintura, tengo que darle un beso en la boca, tengo que parecer…” es tan profesional Megan y lo hace tan fácil que me resultó, vamos, como si la conociese de toda la vida, porque ella es muy, muy buena actriz y una gran profesional, sin duda.



Y ya por último ¿las hora de maquillaje…?

Uff, eso era, hostia fue… primero tuve que ir a hacer varias pruebas antes de que diesen el visto bueno, es decir tuve que ir como un día, dos días a que probasen conmigo y fueron como dos tres horas de maquillaje para que Álex lo viese y dijese “Ok me gusta”, y volver a repetirlo luego los días de grabación, entonces cada día de maquillaje era dos horas, tres horas fácilmente, sí, sí. Pero el problema ya no solamente era el maquillaje, sino quitarte ese maquillaje. Recuerdo que el primer día de grabación, cuando terminé rodar mi escena, que la primera escena que tuve en la serie era cuando iba andando por la calle que volvía al pueblo, era la primera toma que hacía, me dieron una habitación de hotel, del hotel en el que estaban los actores, para poder ducharme… no te quiero contar como puse la bañera, o sea, me ponían trozos de lana negra en barro, un montón, de un montón de porquería, y claro, pues imagínate como dejé la ducha. Lógicamente intenté quitarlo, intenté ponerlo… pero en principio cuando me duché fue: “Madre mía la que he liado aquí” y se lo intenté recoger lo máximo posible para que los limpiadores del hotel no sufrieran (risas) pero vamos o sea, sí, sí, era un proceso muy laborioso, pero con una gran maquilladora, con Lolita (Lola Gómez) que hacía un trabajo espectacular, la mitad del trabajo se lo debo a ella, claro, sí, sí.

Víctor, muchísimas gracias por esta entrevista que nos has concedido. Que todos tus proyectos vayan genial: teatro, televisión, cine… y muchísimas gracias por este rato que has pasado con nosotros.

A vosotros, muchas gracias, un placer.


lunes, 12 de julio de 2021

Viuda Negra



Título Original Black Widow (2021)
Dirección Cate Shortland
Guion Eric Pearson, Jac Schaeffer y Ned Benson basado en el personaje de Stan Lee, Don Rico y Don Heck
Reparto Scarlett Johansson, Florence Pugh, Rachel Weisz, David Harbour, William Hurt, Ray Winstone, O.T. Fagbenle, Michelle Lee, Olivier Richters, Nanna Blondell, Joakim Skarli, Obie Matthew, Paul O’Kelly´




El 1 de mayo del nefasto 2020 era la fecha elegida para que Disney y Marvel Studios estrenaran por todo lo alto Black Widow, la vigésimo cuarta película del Universo Cinematográfico Marvel (MCU), segunda protagonizada por una mujer y primera de la Fase 4. Pero la pandemia, el estado de emergencia sanitaria y el confinamiento trastocaron la puesta de largo internacional del largometraje protagonizado por Scarlett Johansson. Tan complicada situación hizo que Disney no sólo fuera posponiendo la llegada a las carteleras del film, sino sembrando la duda sobre si llegaría a pasar por las multisalas o si se estrenaría de manera exclusiva en el access premiere de Disney Plus, la plataforma de streaming de la todopoderosa compañía. Afortunadamente esta vez los sufridos cines no se han visto en la complicada tesitura de no contar entre sus proyecciones con la muy esperada cinta protagonizada por la famosa vengadora de la que ya conocemos su fatal destino después de los hechos acontecidos durante la descomunal Vengadores: Endgame, algo que también puede hacerse en el ya citado servicio de VOD. De la dirección del proyecto se encarga la australiana Cate Shortland (SMILF), del guión Eric Pearson (Thor Ragnarok) a partir de una idea de Jac Schaeffer (WandaVision) y Ned Benson (The Disappearance of Eleanor Rigby). En el reparto de secundarios encontramos a Florence Pugh (Midsommar), Rachel Weisz (La Momia), David Harbour (Stranger Things), William Hurt (El Increíble Hulk), Ray Winstone (Indiana Jones y la Calavera de Cristal) u Olga Kurylenko (Oblivion).




Durante su arranque Viuda Negra remite a ciertos lugares comunes sobre el cine de espionaje internacional de nacionalidad estadounidense que no supone la mejor de las cartas de presentación. Patriotismo yanqui, coletazos de la Guerra Fría a estas alturas parecía que ya superados, rusos malvados. Una sesión continua de tópicos que nos hacen arquear la ceja en más de un momento, pero que conforman un prólogo que sí funciona como primera toma de contacto con los personajes principales y la relación que mantienen los unos con los otros. Una vez terminada esa secuencia introductoria la línea temporal se traslada al periodo inmediatamente posterior a Capitán América: Civil War y los acuerdos de Sokovia con Natasha Romanoff como fugitiva del gobierno de Estados Unidos viéndose inmersa en una red criminal, controlada desde las sombras por Dreykov (Ray Winstone), estrechamente vinculada con su pasado y haciéndole reencontrarse con su familia formada por sus padres Alexei (David Harbour) y Melina (Rachel Weisz) o su hermana Yelena (Florence Pugh).




No es casualiad que en el ya citado prólogo veamos en un televisor la imponente figura del tristemente desaparecido Michael Lonsdale dando vida a Hugo Drax en Moonraker (Lewis Gilbert, 1979), una de las películas de James Bond más recordadas de la etapa en la que Roger Moore dio vida al agente al servicio de su majestad con licencia para matar. Porque Viuda Negra no es otra cosa que una derivación a lo “Marvel Studios Style” del espionaje internacional high tech de las adaptaciones cinematográficas de las novelas de Ian Fleming adheriéndola a la pátina superhéroica del Universo Cinematográfico Marvel que pudimos ver en las entregas del Centinela de la Libertad dirigidas por los hermanos Anthony y Joe Russo o su heredera natural, la irregular serie The Falcon and the Winter Soldier. A la hora de diseñar una cosmogonía audiovisual propia para el personaje creado en su origen por Stan Lee, Don Rico y Don Heck allá por el lejano año 1964 los responsables del film han decidido transitar por esta reconocible senda deudora de 007.




Como thriller de espionaje manistream Black Widow funciona a las mil maravillas, pero en ningún momento pude quitarme de la cabeza las declaraciones de la directora argentina Lucrecia Martel afirmando que al proponerle rodar el film ella se encontraba ilusionada por poder realizar unas escenas de acción que desde Disney le comunicaron llevarían a cabo una segunda unidad especializada en este tipo de pasajes y, todo hay que decirlo, con muy buenos resultados. Este secreto a voces que es indivisible al cine de Hollywood desde tiempos casi inmemoriales siempre viene a confirmar que los directores de este tipo de blockbusters la mayoría de las veces son asalariados que no pueden inyectar su propia impronta en lo que es una maquinaria bien engrasada en la que tienen poca voz y no mucho más voto. De manera que sí, los tiroteos, explosiones o persecuciones por tierra y aire están ahí y son tan efectivas como era de esperar, pero Cate Shortland ha tenido poco que ver con ellas.




Lo más curioso de Black Widow es que a pesar de imperar el fuego de artificio bien entendido y con un diseño a la altura de las circunstancias, cuando mejor funciona su propuesta es al revelarse como una “película de personajes”. Porque es un hecho ineludible que los tres intérpretes secundarios elegidos para dar la réplica a Scarlett Johansson son un acierto de casting mayúsculo. No sólo el encanto de una Florence Pugh como Yelena robando más de una escena a su compañera, la sorna y atolondrada personalidad de David Harbour en la gruesa piel de Alexei/Guardián Rojo enamorando al patio de butacas y la ambigüedad de una inteligente Rachel Weisz dando voz y físico a Melina despertando más de una sospecha entre los espectadores juegan totalmente a favor del proyecto. Es que al compartir plano los cuatro conforman una familia totalmente atípica y desestructurada alternando pasajes dramáticos con otros de un humor muy bien planteado (aquí son la protagonista de Mujercitas y el actor de Tyler Rake los que protagonizan las mejores situaciones) dando alma y corazón a la película.




Desgraciadamente el guion de Eric Pearson, desarrollado a partir de un argumento a cuatro manos entre Jac Schaeffer y Ned Besnson, no aprovecha todo el potencial de su interesante propuesta. Aunque al inicio de la reseña hemos mencionado los manidos estereotipos que maneja la historia también es cierto que juega muy bien sus cartas al utilizar a las viudas negras, la Sala Roja y Dreykov como una alegoría sobre la trata de blancas y el Polvo Rojo de la toma de conciencia que lleva a dichos personajes a la sororidad entre mujeres. Pero en el lado opuesto tenemos un libreto repleto de situaciones previsibles mil veces vistas que convierten Black Widow en una pieza adscrita al subgénero superheróico con poco de original y sí mucho de redundante. Por otro lado, más grave todavía, se suma a ese mal endémico del cine comercial actual en el que parece que se debe sobreexplicar la trama para dejar satisfechos a todos aquellos puntillosos que van a criticar la “inverosimilitud” de depende qué escena, como si Hollywood se adentrara en el peligroso terreno de querer dejar satisfecho a todo el fandom, algo imposible de llevar a cabo.




A estas alturas ya he leído declaraciones de compañeros, usuarios de redes sociales y miembros de la prensa especializada que o bien consideran Black Widow una película top dentro del Universo Cinematográfico Marvel o una de las peores ideadas por la Marvel Studios de Kevin Feige. Un servidor se queda a años luz de considerar película en solitario de Nastasha Romanoff una mala película, y más si tenemos en cuenta los infantiles argumentos que promulgan algunos de sus detractores, pero tampoco me sumo a los que la tildan de obra maestra obnubilados por el simple hecho de haber podido ver una nueva película del UCM en pantalla grande. El que esto firma se queda a medio camino, habiendo disfrutado de lo visto gracias a su hipérbole de acción, personajes entrañables y pasajes dinámicos con una versión de Taskmaster/Supervisor de imponente presencia física, pero siendo consciente de que esta estimable despedida del personaje de Scarlett Johansson podía haber sido mucho mejor de lo que es.





lunes, 12 de abril de 2021

Otra Ronda (Druk)

 


Título Original Druk (2020)
Director Thomas Vinterberg
Guión Tobias Lindholm, Thomas Vinterberg
Reparto Mads Mikkelsen, Thomas Bo Larsen, Magnus Millang, Lars Ranthe, Susse Wold, Maria Bonnevie, Dorte Højsted, Helene Reingaard Neumann, Martin Greis, Magnus Sjørup, Silas Cornelius Van, Albert Rudbeck Lindhardt, Frederik Winther Rasmussen, Aksel Vedsegaard, Aya Grann, Mercedes Claro Schelin




No formaba parte de mis planes dedicar una reseña a Otra Ronda, Druk en su título original, la nueva película del cineasta danés Thomas Vinterberg, pero como ya sucediera con aquella obra maestra llamada La Caza (Jagten, 2012) lo último del co fundador del movimiento Dogma 95 ha conseguido tocar las teclas precisas para dejar en mí un notoria huella gracias a una propuesta nada sencilla que ya ha sido premiada en no pocos certámenes internacionales y logrado dos nominaciones a los Oscar, que se celebrarán el próximo día 26 de abril, a mejor película de habla no inglesa y mejor director para el mismo Vinterberg. El sábado saliendo del cine me quedó claro que todos esos reconocimientos en distintos festivales son merecidos al encontrarnos ante uno de los largometrajes más estimulantes de la temporada.





"Qué es la juventud? Un sueño. ¿Qué es el amor? El contenido del sueño" es la cita del filósofo y teólogo danés, Søren Kierkegaard, que abre Otra Ronda y la misma será muy importante en lo referente a desentrañar la esencia de la obra. Según el psiquiatra y escritor noruego Finn Skardeurd, el ser humano nace con un déficit de alcohol en sangre del 0,05%, y cubrir ese porcentaje saca la mejor versión de nosotros mismos. A esta teoría se aferran cuatro profesores con crisis de mediana edad para comenzar un experimento sociológico en el que, durante horas de trabajo, ingerirán los vasos necesarios de bebidas espirituosas para cubrir esos números. En principio el resultado para todos ellos será beneficioso, pero no sucederá lo mismo cuando se dispongan a aumentar las cantidades ingeridas.




Tanto el experimento en el que Martin (Mads Mikkelsen), Tommy (Thomas Bo Larsen), Nikolaj (Magnus Millang) y Pete (Lars Ranthe) se embarcan como el mismo alcohol son una excusa, un simple MacGuffin, para que Otra Ronda nos hable de temas más universales y trascendentes que la adicción a la bebida. Con esto no queremos decir que el alcohol no sea uno de los pilares maestros sobre los que Tobias Lindholm y Thomas Vinterberg construyen su historia, exponiendo en pantalla todo lo bueno y lo malo que conlleva vivir en una fiesta etílica durante las 24 horas del día. Pero el mismo es más un catalizador para que el relato tome forma y podamos llegar a conocer en profundidad a estos cuatro amigos hastiados de una vida profesional y personal que los ha reducido al mínimo exponente de sus propias personalidades.




Porque de lo que realmente habla Druk es de la amistad, la soledad, la alienación y de cómo la rutina puede acomodarnos y reducirnos a una mera sombra de lo que una vez fuimos. Pero reflexiona sobre todo acerca de la fugacidad de la juventud, de consumir los mejores años de nuestra vida como si fueran un chupito que después de quemar la garganta deja un regusto agradable y ganas de pedir otra ronda. "La luz que brilla con el doble de intensidad dura la mitad de tiempo, y tu has brillado mucho" decía el Doctor Eldon Tyrell al replicante Roy Batty en la totémica Blade Runner (Ridley Scott, 1982) y a ello parece aferrarse Thomas Vinterberg para construir su último trabajo. Una elegía a la celebración, al carpe diem de cuatro hombres que encuentran en el exceso y la autodestrucción una vía de escape para volver a ser unos alumnos de instituto recién graduados bañándose en champán a ritmo de What a Life, de Scarlet Pleasure.




A mantener el delicado equilibrio entre la fina comedia que se apodera de la primera mitad del metraje y el drama elegante y nada sensacionalista que abarca la segunda ayudan un cuarteto de actores inmejorable. Cada uno de ellos da vida a un personaje que se enfrenta a su crisis existencial de distinta manera y es un gran acierto que no todos tengan la misma edad, siendo alguno de menor edad que el resto. Thomas Bo Larsen, Magnus Millang y Lars Ranthe basculan con pericia entre lo humorístico y lo trágico componiendo criaturas vulnerables, necesitadas de afecto para salir del hastío vital en el que se ven inmersos. Entre borracheras, resacas, clases de gimnasia o música y exámenes orales los tres amigos ofrecen de cara al espectador composiciones poliédricas que nunca caen el tópicos o los eluden con bastante pericia.




En cuanto al reparto Mads Mikkelsen, como era de esperar, supone una nota aparte. Aunque Otra Ronda es una obra coral Tobias Lindholm y Thomas Vinterberg dedican más tiempo al Martin del actor de Valhalla Rising (2009) o Polar (2019) que al resto de intérpretes y él lo aprovecha al máximo. Aunque siempre ejecuta trabajos remarcables no veíamos al Hannibal televisivo tan excelso desde, precisamente, La Caza y es que la mesura y contención con la que se mueve entre el carisma y el patetismo es digna de elogio. Su sapiencia a la hora de interactuar con el resto de actores, pasajes como el llanto durante la cena en el restaurante, la clase de historia con los tres candidatos políticos, la discusión final con su mujer o ese maravilloso baile final que cierra la obra configuran una labor superlativa en el que es uno de los mejores papeles de su ya dilatada carrera.




Haciendo complicados ejercicios de equilibrismo sobre la delgada línea que separa la glorificación descerebrada del moralismo sermoneador, sin caer nunca de un lado u otro, Thomas Vinterberg y sus colaboradores consiguen con Druk que el espectador salga de su proyección con ganas de exprimir la existencia hasta las últimas consecuencias. En tiempos de pandemia, confinamiento, restricciones y toques de queda la historia hedonista y dolorosa protagonizada por Martin, Tommy, Nikolaj y Pete pareciera hablarnos de un mundo, antojadamente lejano, en el que podíamos abrazarnos, besarnos y exaltar la amistad sin miedo a nada, porque éramos jóvenes y libres. Esperemos que algún día toda esta pesadilla acabe y ya sin ambages de ningún tipo, sin el terror de perjudicar a los que nos rodean, podamos celebrar la vida y todo lo maravilloso y terrible que la misma atesora. 


domingo, 14 de febrero de 2021

La Vida de Adele, l'important c'est d'aimer



Título Original La Vie d'Adele (2013)
Director Abdellatif Kechiche
Guión Abdellatif Kechiche y Ghalia Lacroix, basado en el cómic de Julie Maroh
Reparto Adèle Exarchopoulos, Léa Seydoux, Salim Kechiouche, Mona Walravens, Jeremie Laheurte, Alma Jodorowsky, Aurélien Recoing, Catherine Salée, Fanny Maurin, Benjamin Siksou, Sandor Funtek, Karim Saidi




Glénat Editions publicó en 2010 Le Bleu Est Une Couleur Chaude, la primera bande desinée escrita e ilustrada por la autora francesa Julie Maroh (Lens, 1985). Alabado por crítica y público El Azul Es Un Color Cálido, como fue titulado en España cuando lo editó Dibbuks en marzo del mismo año de su publicación, se convirtió en un cómic alabado por la crítica y respaldado por los lectores que llegó a ganar el premio del público en el Festival Internacional del Cómic de Angouleme. Su historia sigue los pasos de una adolescente llamada Clementine viendo cómo toda su existencia y sistema de valores se tambalean y convulsionan al enamorarse perdidamente de Emma, una chica de pelo azul que le descubre un nuevo mundo repleto de amor, pasión, desencanto, culpa y redención. El trabajo de Julie Maroh, de contrastadas reminiscencias autobiográficas, es un preciosista, tierno y desgarrador relato romántico entre dos mujeres que mantuvieron su relación sentimental casi en la clandestinidad durante diez años por culpa de una sociedad prejuiciosa, la francesa de mediados de los 90, que miraba con malos ojos a dos personas del mismos sexo amarse libremente. Mientras Clementine carga con la culpa de no sentirse atraída por los hombres, Emma le enseñará que no hay nada de malo en entregarse sin miramientos a alguien, independientemente de su sexo, y a reivindicar los derechos de las personas homosexuales. Una pequeña obra maestra repleta de verdad en su narración y candidez en su trazo.




Tres años después de la publicación de El Azul Es Un Color Cálido, concretamente el 27 de mayo de 2013, una película titulada La Vida de Adèle gana de manera unánime la palma de oro del Festival Internacional de Cannes después de haber dejado sin aliento a público y prensa especializada. El film, co escrito y dirigido por el cineasta francés de origen tunecino, Abdellatif Kechiche, y protagonizado por dos jóvenes actrices llamadas Adèle Exarchopoulos y Léa Seydoux, adaptaba el cómic de Julie Maroh. Tras su exitoso paso por la Croisette francesa su carrera internacional mantuvo una tónica parecida recibiendo nominaciones y galardones en todo tipo de certámenes cinematográficos que destacaban la enorme labor de su dúo protagonista, la naturalidad y explicitud con la que estaban rodadas las escenas de sexo y el desgarrador retrato que ofrecía sobre el amor. Aunque no todo fueron parabienes, ya que la obra también encontró el rechazo o la indiferencia de sectores del público, entre ellos la misma autora del cómic que siempre ha tenido una relación de amor odio con el largometraje, viéndolo como la fantasía de un cineasta heterosexual incapaz de comprender la perspectiva que ofrecía la historia en viñetas. A este tema volveremos un poco más tarde porque resulta harto interesante, controvertido y digno de debate.




Cuando La Vida de Adèle termina y los títulos de crédito finales comienzan a desfilar por la pantalla en los referidos al guión, escrito por el mismo Abdellatif Kechiche y su esposa, la multifacética Ghalya Lacroix, podemos leer un claro “inspirado libremente en la novela gráfica El Azul es Color Cálido“, afirmación nada baladí si tenemos en cuenta los notables cambios con respecto a la historia que Julie Maroh nos narró en viñetas. Para empezar es inevitable reparar en el detalle de que la protagonista del film tiene el nombre de la actriz que la interpreta, Adèle, no Clementine, toda una declaración de principios con respecto a la implicación de la intérprete con su papel. En cuanto a la estructura el cómic este estaba narrado a través de flashbacks por medio del diario personal de Clementine, que era leído por Emma, ejerciendo así como una voz en off. En la obra en papel también se reincidía en la negativa del personaje principal a admitir su sexualidad o al rechazo de sus padres cuando descubren su relación con Emma, algo abordado de manera superficial en la obra cinematográfica. También se elimina de la ecuación a Sabine, la pareja de Emma que en el film sólo tiene presencia cuando las dos chicas se conocen para más tarde no volver a aparecer, mientras en el relato de Julie Maroh tenía un rol bastante más relevante. Por último mencionar que el desenlace de El Azul Es Un Color Cálido no tiene nada que ver con el de La Vida de Adèle, siendo los dos tristes de distinta manera, pero más tremendista el del cómic.




Ya adentrándonos en una perspectiva puramente cinematográfica es inevitable destacar la enorme calidad de La Vida de Adèle en todos y cada uno de sus apartados. El largometraje de Abdellatif Kechiche se revela de cara al espectador como un retrato desnudo y despojado de cualquier artificio a la hora de abordar y diseccionar todas las etapas de una relación sentimental. Como ya hemos apuntado, la película, a diferencia del cómic, no centra su atención en el rechazo social que los personajes principales pudieran experimentar de cara a sus familiares y amigos, de manera que también elude algunos lugares comunes relacionados con el cine de temática LGTBIQ que, por otro lado, se ciñen a una terrible realidad que no podemos eludir. De esta manera Abdellatif Kechiche y Ghalya Lacroix usan como epicentro el desarrollo de la interacción emocional entra Adèle y Emma, sin necesidad de añadir más subtramas a modo de complemento que, eso sí, comienzan a hacer acto de presencia en la recta final del film de manera totalmente justificada. Lo bien estructurado que está el libreto consigue no sólo que las tres horas de metraje que componen los dos capítulos en los que se divide la película no se hagan en ningún momento plomizas, sino que el tiempo transcurrido a lo largo de la historia, abarcando varios años, se antoje realista y orgánico.




La puesta en escena de Abdellatif Kechiche se sustenta principalmente en el uso continuado del primer plano como recurso visual y emocional, permitiendo al espectador experimentar la sensación de atravesar la pantalla e implicarse de manera empática, sobre todo, con el personaje de Adèle al que da la sensación de que, al terminar la película, hemos llegado a conocer de manera íntima gracias a una cámara que llega incluso a invadir el espacio vital de la actriz. A este respecto es de recibo hacer una parada en las famosas secuencias de sexo, siendo la primera de ellas de ocho minutos de duración. Es ineludible que en algunos momentos la explicitud y la perspectiva realista de las situaciones íntimas compartidas por Adèle y Emma nos hacen pensar en una innecesaria delectación en sus cuerpos y actos de naturaleza sexual, delatando la mirada masculina que se sitúa detrás del objetivo. Pero no es menos cierto que estos pasajes y su localización estratégica a lo largo del metraje no sólo están justificados, sino que ayudan al espectador a adentrarse en la psique de los dos personajes que, por otra parte, exhalan pura magia en los momentos “post-coitales” en los que se acentúa la presencia de Ghalya Lacroix, la mirada femenina a la que seguramente debamos los más notables hallazgos en el guión y, posiblemente, la realización de La Vida de Adèle.




Más allá de todas las alabanzas a Abdellatif Kechiche y Ghalya Lacroix por su tratamiento narrativo y visual es ineludible o una verdad casi absoluta que La Vida de Adèle no alcanzaría ni el 40% de su eficiencia sin su pareja de actrices protagonistas. Posiblemente hasta el estreno de esta obra no se veía en pantalla una pareja con tanta química desde los tiempos de Brokeback Mountain (Ang Lee, 2005) en cuanto dramas románticos se refiere. Si por separado Adèle Exarchopoulos y Léa Seydoux ejecutan una labor superlativa a la hora de componer las criaturas en las que se transforman como actrices, cuando ambas comparten plano saltan chispas, y no sólo en las ya citadas secuencias sexuales, sino en los pasajes más calmados construídos mediante los diálogos, las miradas cómplices o la inclinación por el pequeño detalle encontrando la mejor versión de sí mismos cuando el amor empieza a desgastarse y los problemas de pareja a devorarlo todo. Si bien es cierto que la hija del productor Michel Seydoux enamora a la cámara dando vida a esa arrolladora fuerza de la naturaleza que responde al nombre de Emma, es la Adèle de la actriz homónima la que devora cada encuadre con un personaje complicado que ella insufla de matices, abriéndose en canal sin cargar las tintas en lo dramático, pero emocionando y acometiendo con una profesionalidad impropia de su edad la evolución de adolescente alienada a mujer adulta herida de amor que nunca podrá olvidar la calidez de ese azul que le cambió la vida para siempre.




Sin alcanzar ribetes de obra maestra o clásico intemporal sí podemos afirmar sin demasiada controversia que La Vie d’Adèle puede compartir podio con Camino a la Perdición (Sam Mendes, 2002), Una Historia de Violencia (David Cronenberg, 2005), Persépolis (Marjane Satrapi, Vincent Paronnaud, 2007) u Old Boy (Park Chan-wook, 2002), algunas de las mejores películas jamás rodadas inspiradas en cómics no adscritos al género superheróico. Desgraciadamente el buen recuerdo de una producción tan remarcable como esta se vio ensombrecida con el tiempo debido a su máximo resonsable. Poco después de su estreno internacional las actrices Adèle Exarchopoulos y Léa Seydoux afirmaron que Abdellatif Kechiche se había extralimitado en su labor como director presionando a ambas hasta crear en ellas un malestar psicológico y vulnerabilidad emocional que, según él, estaban justificados si quería sacar lo mejor de las dos intérpretes, las mismas que afirmaron nunca volver a trabajar bajo sus órdenes. Por otro lado la fama de lascivo del cineasta se acentuó notablemente con el estreno de su díptico Mektoub: My Love, acusado de ser un proyecto cuya única misión era cosificar hasta lo denunciable el cuerpo femenino durante siete interminables horas de metraje, y por una acusación de agresión sexual a una mujer de 29 años durante una fiesta. Otro caso más de abuso de poder a los que desgraciadamente nos estamos acostumbrando y no sólo en el medio cinematográfico.