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jueves, 9 de septiembre de 2021

Entrevista a Víctor Clavijo

 


Después de un Encuentro Con Actores en el que tanto él como Javier Bódalo nos contaron mil y una anécdotas del rodaje de 30 Monedas, la serie de HBO escrita y dirigida por Álex de la Iglesia, pudimos entrevistar de manera distendida al actor español Víctor Clavijo (Algeciras, Cádiz, 28 de septiembre de 1973) con el que hicimos un repaso a toda su carrera interpretativa, centrándonos principalmente en su faceta televisiva. Desde su primer papel importante en la serie juvenil Al Salir de Clase hasta la actualidad con éxitos como El Ministerio del Tiempo o la ya citada 30 Monedas Clavijo ha hecho acto de presencia en numerosos proyectos audiovisuales y teatrales de los que vamos a hablaros un poco en la siguiente entrada.


Entrevista a Víctor Clavijo


Hoy nos acompaña el actor Víctor Clavijo. Víctor, muchísimas gracias por estar aquí con nosotros

A vosotros

Vamos a hacer un repaso por toda tu carrera, desde los inicios hasta el presente y tú ya nos vas aportando datos de los distintos proyectos. Como a todos los entrevistados te tengo que preguntar cómo nació tu pasión por la interpretación.

Uff, difícil resumirlo, pero vengo de una familia donde gustaba mucho el cine y gustaba mucho también el teatro. En mi casa se veía muchísimo cine, mi padre era amigo de unos actores de Algeciras que tenían una compañía de teatro y a veces les acompañábamos en sus en sus giras y en sus funciones, a mí me gustaba disfrazarme en casa y hacer el payaso, no lo identificaba en ese momento con que quería ser actor, pero yo creo que cuando descubrí las películas de Charlie Chaplin con, no sé si 10, 11 o 12 años, al mismo tiempo cayó en mis manos un libro de Stanislavski que tenía mi padre en casa llamado La Construcción del Personaje, al mismo tiempo descubrí las películas de James Dean. Pues toda esa amalgama y unos documentales que vi en la segunda cadena (La 2 de RTVE) sobre la historia del mimo y la historia del Actors Studio también. Pues toda esa amalgama hizo que quisiera probar esto y me enrolé en una compañía de teatro con 15 años cerca de Algeciras, en el Campo de Gibraltar, y ya cuando probé el teatro por primera vez y me subí a un escenario por primera vez, con esta compañía que se llamaba Mejorana, dije “Esto es lo que quiero hacer” o sea que, bueno, una serie de circunstancias que me fueron llevando a olfatear el mundillo, a vivirlo una manera un poco tangencial por el contacto de mis padres con esta gente, con estos actores, y luego estos libros, estas lecturas, esta películas que cayeron mis manos y el hecho de probarlo por primera vez, todo eso hizo que no tuviese otro remedio que dedicarme a esto.

Víctor, antes de llegar a Al Salir de Clase, tu papel de Raúl que se convirtió en icónico, tuviste también un trayecto también televisivo. Hasta llegar ahí ¿cómo fue dar el salto del teatro a la televisión siendo un actor tan joven? ¿cómo lo recuerdas?

Cuando decidí dedicarme a la interpretación, yo estaba estudiando derecho en Granada, yo soy de Algeciras, y ya había desechado la idea de convertirme en actor, porque, bueno, mis padres me dijeron “Estúdiate una carrera y ya harás teatro”. Yo quería seguir haciendo teatro porque lo había probado y me gustaba mucho y me dijeron “Ya harás teatro cuando salgas de trabajar, en la oficina o donde haga falta”. A los 20 años tome la decisión, tras ver una obra de teatro de Juan Diego en Granada dije “quiero dedicarme a esto” y me fui a Madrid a estudiar arte dramático e hice las pruebas de ingreso en la RESAD, la escuela oficial de Madrid, y estudié 4 años allí, digamos la especialidad de interpretación, más enfocada hacia el teatro, por supuesto. Al mismo tiempo también estudié doblaje en una academia y conseguí representante cuando estaba en tercero de la escuela de interpretación, que empezó a llevarme a algunos castings de televisión y me salió el primer trabajo en televisión, pues capitular en la serie El Super, otro en no sé dónde y me llegó mi primer trabajo televisivo con continuidad con la serie de Menudo es mi Padre a los 22, 23 años y cuando la acabé pues ya me cogieron para la serie de Al Salir de Clase y no había hecho teatro profesional en Madrid, lo que había hecho era teatro antes de llegar a Madrid y había estudiado la carrera de interpretación enfocada hacia el teatro en la escuela de interpretación, pero digamos que no pasé del salto profesional o del teatro profesional a la televisión, porque no había tocado todavía el teatro profesional, había hecho teatro amateur y tenía formación teatral en la escuela, pero no había hecho teatro profesional todavía.



Tu personaje de Raúl en Al salir de clase se volvió icónico, a mí era uno de los que más me gustaba de la serie y para que nos hables un poquito de la serie te voy a recordar dos momentos que para mí son míticos. Uno sería cuando fallece tu hermano, Sergio Peris Mencheta, en el que le diste un repaso a todos personajes durante el funeral, que no veía un repaso en un funeral así desde el de Laura Palmer (risas). Luego hay otro momento que también me divertía muchísimo porque Raúl es un personaje a lo mejor arisco, era más duro, casi villanesco, pero yo recuerdo la etapa en la que iba a la radio del instituto e imitaba a un sacerdote, no recuerdo el nombre, que usaba la coletilla de “Y digo yo…” o algo así, una coletilla muy divertida. ¿Ese contraste del personaje cómo lo llevabas?

Pues era lo que más me gustaba del personaje, que tuviera ese contraste. Cuándo empezaron a darle al personaje de Raúl ese carácter a veces entre cómico y patético que era capaz de ponerse en ridículo por conseguir la atención de una pija y era capaz de vender a sus padres y hacerse pasar por pijo cuando no lo era, a mí esto me parecía que completaba mucho al personaje porque le daba una dimensión más allá del tipo resentido y con ganas de vengarse de la gente que le había hecho daño, sino que le daba mucha más complejidad, era mucho más más poliédrico, más tridimensional ¿no?. Entonces para mi era estupendo que de repente el personaje tuviese estas situaciones de comedia y de repente tuviese, al mismo tiempo, una situación dramática como la muerte, por ejemplo, de mi hermano. Yo fue la época en la que más disfrute el personaje, en la segunda temporada, porque los guionistas habían descubierto este carácter patético/cómico del personaje y a mí me divertía mucho poder explorar ese terreno, entonces lo llevaba muy bien, para mí era perfecto porque no me quedaba en un solo color. El personaje era malvado, pero también era sensible, solo que lo ocultaba, se abría con ciertas personas, de repente se le giraba el melón o la cabeza y se cruzaba con alguien y… entonces sorprendía mucho, eso es lo que me parecía muy interesante, que no que no se mantenía en una línea continua, sino que era muy muy sorprendente y muy imprevisible y esto es lo que me gusta de los personajes

Para mí era uno de mis personajes favoritos y luego la química que tenías con Sergio Peris Mencheta, que ya nos has comentado en la conferencia que habéis dado que has trabajado con él en teatro y demás, había una química muy potente ¿Qué relación tienes actualmente con Sergio?

Muy buena, para mí es aparte de uno de los actores directores y personajes de la cultura los que más admiro por el talento que tiene y por la inteligencia que tiene, porque creo que es un genio, es un tío con con un coeficiente intelectual muy por encima de la media, como lo demuestra su talento de director y su talento actoral ¿no?. Yo aprendí muchísimo con él, yo venía de la formación de la RESAD quizás tenía formación un poco más metódica, más teatral y él venía de una escuela dónde jugaba mucho a buscar la organicidad y a sorprender al actor, a no ser quizás tan academicista, yo era más academicista, y él jugaba más a romper las situaciones a buscar la sorpresa, a buscar lo fresco y cuando entendí como trabajaba él dije “Me pego a tu barco, juego contigo”. Entonces Sergio hacía mucho esto conmigo y a mí me encantaba seguirle el rollo. Cuando él, de repente, en una situación, en una secuencia te sorprendía y hacía algo yo entendía que lo estaba haciendo para darle vuelo a la escena y me pegaba rápido a su propuesta, ya fuese que cambiaba el texto, ya fuese que hacía una acción que no habíamos ensayado ya fuese que me sorprendía haciendo algo, entonces a mí me enriqueció mucho la manera de trabajar de Sergio, muchísimo, como actor. Luego ya como director me parece que es un talento fuera de serie, no no hay más que ver los montajes que ha hecho los últimos 8 o 9 años y son para aplaudirle sin parar. Tengo una relación con el muy buena, no nos vemos de continuo, pero nos queremos mucho, me consta que nos queremos mucho y que nos respetamos mucho y que nos admiramos mucho. Entonces hablamos de vez en cuando por teléfono, algún mensaje o algún audio, algo en concreto o lo que sea. Le he visto hace un par de semanas en persona porque he ido a ver su último montaje y he salido maravillado. Y sí, hablamos, no te voy a decir de continuo, pero sí de vez en cuando.



Quería hablar de Raúl porque te he comentado el tono villanesco de ese personaje, pero es que luego participaste en una de mis series españolas favoritas, que era Policías, en el Corazón de la Calle y ese personaje era muy complicado, porque también era un villano total, ¿cómo fue trabajar en esa serie que, desde mi punto de vista, a nivel de puesta en escena yo creo que se adelantó a muchas serie españolas de ahora?

Sí, sí, sin duda, pues fue un personaje que era una oportunidad de interpretar, porque Raúl tenía más matices, este era un villano más “villano villano” y siempre es muy divertido interpretar al villano y cabrear al público ¿no?, que el público te odie un rato es muy divertido (risas) siempre y cuando el público entienda que es un trabajo, lógicamente. Bueno, pues era un personaje muy villano, un director de snuff movies que seducía a la protagonista y la llevaba, la introducía un poco en el mundo pornográfico a priori, pero luego con la excusa de secuestrarla o con la intención de secuestrarla y hacer que con ella una snuff movie. Bueno, fue un personaje que disfruté muchísimo, duró solamente no sé si fueron 3, 4 capítulos, pero fue un disfrute, sí, sí, y era, bueno, un poco un salto hacia delante de lo que venía haciendo hasta ahora que era un trabajo más de personajes juveniles. Ya por edad estaba un poco más adaptado a mi propia edad el personaje, por complejidad también un poco más a la edad que yo tenía, entonces bueno, fue un regalo y una oportunidad también que agradecí mucho. No fue el único, además, porque luego me llegó también un personaje capitular en Génesis que era un poco casi una continuación de este otro, porque también era otro director de snuff movies, en una serie de acción, también era policíaca, y me tocó interpretar a otro director de snuff movies con lo cual tengo un poco ya el master de directores de snuff movies (risas)

Te iba a comentar que, ya dando un salto grande en el tiempo, pasamos del personaje como dices villanesco al seductor, porque ya tu personaje de Lope de Venga en El Ministerio del Tiempo, un personaje recurrente ¿cómo lo afrontaste? porque la versión que diste de de López es maravillosa

Muchas gracias. Pues mira, yo creo que ahí tuvo que ver un poco, aparte de que el guion es maravilloso y era muy fácil jugarlo, o sea, ha sido de los personajes que menos me ha costado interpretar, lo pienso ahora. Yo hice cuando estaba en la escuela en la RESAD escribí una obra de teatro que era una versión del Don Juan Tenorio, una versión divertida, me traía al Don Juan de Tirso de Molina al siglo XX y lo despertaba en el siglo XX junto con Catalinón y este don Juan intentaba seducir a las mujeres y se encontraba que las cosas habían cambiado en el siglo XX, con que su modus operandi o su carácter seductor ya no servía. Entonces yo pienso que de esta manera este trabajo que yo había hecho en la escuela con este personaje, este Don Juan divertido que había escrito, que había mostrado en un trabajo de clase de alguna manera esa semilla a lo mejo estaba ahí para el personaje, a lo mejor, de Lope, lo pienso ahora a posteriori. Lope lo que me dio es la oportunidad de sacar ese lado divertido, seductor, canallesco que uno lleva dentro, pero que no se atreve a explorar y a sacar en su vida diaria porque uno no es así ¿no?. Entonces me dio la oportunidad de jugar a eso, jugar al “fucker” divertido que además seduce de una manera divertida y de una manera en la que uno dice “Joder, qué cabroncete, cómo las suelta” ¿no?. Entonces es muy divertido hacer eso, que te den la oportunidad de sacar eso con un personaje, eso que uno lleva dentro y que no se atreve a sacar porque yo soy más tímido y no soy nada seductor en mi vida privada, pues oye, fue una ocasión para volcar eso en ese personaje, pero me resultó muy fácil en contra de lo que pudiera parecer por ser Lope de Vega, pero en cuanto encontramos la clave y la clave era no interpretar a un escritor porque eso ya se suponía, eso era su oficio, sino interpretar un tío que lo que desea es amar y acostarse con mujeres y seducirlas con la labia o mintiéndoles, engañándolas pues bueno, ya el trabajo se convierte en algo mucho más divertido en el que no tienes que comerte la cabeza pensando cómo sería Lope de Vega cuántas obras escribió “Dios mío, me falta por leerme esta, entonces no puedo interpretarlo”, No, eso es otro tipo de trabajo, este Lope de Vega que se hizo en El Ministerio del tiempo era un tío más de tierra y por tanto para mí fue mucho más divertido



Víctor, voy a preguntarte por el que para mí es de tus personajes, por lo menos el que mejor rollo transmitía y es que recuerdo un capítulo de El Fin la Comedia, de Ignatius Farray, en el que hacías de de un instalador de Wi-Fi que al principio parecía que iba a ser un cara y luego le da un giro completo al personaje y es maravilloso ¿cómo fue esa experiencia de trabajar con Ignatius en la serie?

Pues fantástica. Fue un rodaje muy corto, yo ceo que fueron dos días, dos jornadas de grabación. Me sorprendió mucho Ignatius, porque no lo conocía personalmente y claro, la imagen que te llega de Ignatius es de un tío irreverente, loco y es un osito de peluche, es tímido, es callado, es reservado, es sensible, es todo lo contrario al personaje que saca y que todos conocemos. Entonces, bueno, fue un rodaje muy cómodo, muy divertido y un personaje que tampoco anticipaba ni sospechaba que iba a gustar tanto como luego me llegó la confirmación de mucha gente, no. Pero sí, la clave era un tío que a priori parece un caradura, un jeta al que no le apetece trabajar, que está ahí y que todo lo que haces es posponer el trabajo y luego te das cuenta de que es una especie de ángel de la guarda de Ignatius no. Sí, es un personaje que estaba construido de una manera muy bonita a nivel de guion.

Estaba genial, la verdad es que a mí me encantó

Muchas gracias

Víctor, la última pregunta para no alargarnos más. Te tengo que preguntar por 30 Monedas y antes de hablar de 30 Monedas me gustaría hablar del trolleo qué hiciste por Twitter, porque como yo te sigo, recuerdo que cuando empezaron a emitirse los primeros episodios y tú dijiste “He estado viendo la serie esta de 30 Monedas y está bien” y mucha gente todavía no sabía que tú ibas a participar.

Bueno, claro, es que no lo hice con la idea intencionada de hacer un trolleo, sino que no podía no podía adelantar, lógicamente. La productora pues había decidido lógicamente qué ciertos actores hicieran la promoción, los protagonistas, pues el resto del reparto no sé yo hasta que punto me estaba permitido o no anunciar que iba a estar en la serie, entonces me mantuve prudente en ese sentido y empecé a verla y es que de verdad que me estaba entusiasmando y hasta que salió mi capítulo, lógicamente, empecé a verla como consumidor, como cualquier otro espectador y estaba flipando con lo que estaba viendo, entonces compartía como otro espectador cualquiera lo que estaba disfrutando al mismo tiempo porque yo no había visto totalmente nada, de hecho no había leído el resto de la serie, a mí solamente me llegó el guion de mi capítulo y nada más. Entonces estaba viéndola completamente virgen y estaba disfrutando como un enano, sí, sí, no fue trolleo a conciencia, fue sencillamente prudencia de no anunciar que salía por si la productora no quería que lo anunciara, claro.

¿Y tu relación Megan Montaner, que es la actriz con la que más interactuaste?

Fantástica, o sea, no nos conocíamos personalmente, a lo mejor de la profesión en algún evento “hola, hola” como mucho, pero desde el primer momento en que llegué, yo me incorpore y ya estaban rodando, yo venía de rodar una serie, venía de rodar Hernán en México, cuando acabé de rodar Hernán vine a Madrid y a los 2, 3 día ya fui al rodaje a que me hiciesen pruebas de maquillaje, peluquería, tal y cual, vestuario, ellos ya estaban rodando y fue “Hola Megan, hola qué tal, cómo estás, dos besos”, vamos a hacernos unas fotos para los personajes, para la casa, para el rácord y tal, en los que tenemos que estar agarrados como si fuéramos pareja y con todo, claro, estas cosas que dices “¿y cómo rompo el hielo con una persona?”, pero es tan profesional Megan, que me lo puso tan fácil que en ningún momento me sentí cohibido no, de “Tengo que agarrarla de la cintura, tengo que darle un beso en la boca, tengo que parecer…” es tan profesional Megan y lo hace tan fácil que me resultó, vamos, como si la conociese de toda la vida, porque ella es muy, muy buena actriz y una gran profesional, sin duda.



Y ya por último ¿las hora de maquillaje…?

Uff, eso era, hostia fue… primero tuve que ir a hacer varias pruebas antes de que diesen el visto bueno, es decir tuve que ir como un día, dos días a que probasen conmigo y fueron como dos tres horas de maquillaje para que Álex lo viese y dijese “Ok me gusta”, y volver a repetirlo luego los días de grabación, entonces cada día de maquillaje era dos horas, tres horas fácilmente, sí, sí. Pero el problema ya no solamente era el maquillaje, sino quitarte ese maquillaje. Recuerdo que el primer día de grabación, cuando terminé rodar mi escena, que la primera escena que tuve en la serie era cuando iba andando por la calle que volvía al pueblo, era la primera toma que hacía, me dieron una habitación de hotel, del hotel en el que estaban los actores, para poder ducharme… no te quiero contar como puse la bañera, o sea, me ponían trozos de lana negra en barro, un montón, de un montón de porquería, y claro, pues imagínate como dejé la ducha. Lógicamente intenté quitarlo, intenté ponerlo… pero en principio cuando me duché fue: “Madre mía la que he liado aquí” y se lo intenté recoger lo máximo posible para que los limpiadores del hotel no sufrieran (risas) pero vamos o sea, sí, sí, era un proceso muy laborioso, pero con una gran maquilladora, con Lolita (Lola Gómez) que hacía un trabajo espectacular, la mitad del trabajo se lo debo a ella, claro, sí, sí.

Víctor, muchísimas gracias por esta entrevista que nos has concedido. Que todos tus proyectos vayan genial: teatro, televisión, cine… y muchísimas gracias por este rato que has pasado con nosotros.

A vosotros, muchas gracias, un placer.


viernes, 19 de febrero de 2021

30 Monedas, memorias del ángel caído



"Quien reúna las 30 monedas tendrá en su poder un arma más poderosa que el mismo Arca de la Alianza. El sufrimiento de Dios, la más poderosa de las energías"





El pasado 29 de noviembre del nefasto 2020 un servidor se ocupó de reseñar para Transgresión Continua el episodio piloto de 30 Monedas, la serie de HBO producida, escrita y dirigida por el cineasta español Álex de la Iglesia del que también dejó su opinión en Zona Negativa mi compañero Sergio Fernández Atienza en su soberbia crónica al FANT: Festival de Cine Fantástico de Bilbao del año ya finiquitado. Habiendo sido recibido con parabienes en varios certámenes internacionales en los que fue proyectado, el primero de ellos uno tan prestigioso como el de Venecia, mis palabras hacia el producto fueron elogiosas, ya que esos primeros 70 minutos sintetizaban con impecable pericia lo que más tarde iban a ser las poco más de ocho horas desplegadas en el proyecto de la cadena por cable estadounidense, subido posteriormente al catálogo de su plataforma de pago por visión. Como a estas alturas todo el mundo sabe ya las 30 monedas a las que hace referencia el título de la serie son las que el apóstol Judas Iscariote cobró por traicionar a Cristo y las mismas se convierten en el MacGuffin central de la historia planteada por parte de Álex de la Iglesia y Jorge Guerricaechevarría.



Una de esas monedas aparece actualmente en España, situada en el pequeño y tranquilo pueblo segoviano de Pedraza en el que la llegada del padre Manuel Vergara (Eduard Fernández), un sacerdote de hábitos poco saludables y aficionado al boxeo, parece haber dado inicio a una serie de sucesos sobrenaturales encabezados por una vaca dando a parir inexplicablemente a un bebé humano. La avispada veterinaria Elena (Megan Montaner) y Paco (Miguel Ángel Silvestre), el ingenuo e indeciso alcalde de la localidad, siempre manipulado por su arribista esposa, Merche (Macarena Gómez), pedirán ayuda al peculiar párroco para que arroje luz sobre los inexplicables hechos acaecidos en la zona. Un episodio traumático de su pasado relacionado con un exorcismo resultante en tragedia y su actual escepticismo debido a una profunda crisis de fe harán que el padre Vergara niegue todo lo ocurrido en Pedraza buscando una explicación lógica que no tenga nada que ver con lo ocultista o satánico, siempre apelando a una lógica que cada vez se le escapa más de las manos. Finalmente el bebé, acogido por Carmen (Carmen Machi), otra veterinaria del pueblo, y su marido, Alonso (Antonio Durán), resultará no ser humano y su presencia hará que Vergara tenga que reconsiderar su opinión. El supuesto bebé tomará la forma de un monstruo arácnido que sólo supondrá el principio de una pesadilla de proporciones descomunales relacionada directamente con las 30 monedas.



Telarañas se titula el arranque de 30 Monedas y en él conviven el terror satánico y el gótico rural marcando las pautas de un proyecto construido sobre la teología, lo demoníaco y el thriller sobrenatural en un contexto, el pueblo segoviano de Pedraza, relativo a esa España vaciada que tan bien supieron retratar autores como el Fernando Fernán Gómez de la malditísima y siempre reivindicable El Extraño Viaje (1964), el Mario Camus de Los Santos Inocentes (1984), el José Luis Borau de Furtivos (1975) y hasta la Pilar Miró de El Crimen de Cuenca (1979), paradójicamente una realizadora enemiga acérrima de la ficción fantástica y de terror española. Historias Para No Dormir (1966-1982) de Chicho Ibáñez Serrador, La Cosa (1982) de John Carpenter, El Exorcista (1973) de William Friedkin y hasta productos más exploit como ¡Estoy Vivo! (1974) de Larry Cohen o Xtro (1982) de Harry Bromley Davenport sobrevolaban una primera toma de contacto que, si no fuera por su final abierto, podría funcionar fácilmente como una película autocontenida o un módulo en una partida de rol, algo que el mismo De la Iglesia ha mencionado como una de sus principales influencias a nivel de construcción narrativa considerando esta primera temporada como una campaña.



Presentación de personajes, primer hecho inusual en el pueblo con una vaca dando a parir un bebé humano y el despliegue de secuencias de acción y terror dando muestras de holgado presupuesto depositado en un producto que ya desde sus títulos de créditos, con una versión muy Zack Snyder de calvario de Cristo al ritmo semanasantero de la partitura de Roque Baños, denota la notable cantidad de dinero invertida por HBO Europa que el autor bilbaino ha sabido exprimer al máximo durante los ocho episodios. Del piloto es inevitable destacar el papel capitular de una aterradora Carmen Machi y ese bebé descomunal convertido posteriormente en una criatura arácnida de reminiscencias lovecraftianas, autor este que deja su impronta a lo largo de toda la temporada gracias a Jorge Guerricaechevarría y el mismo De la Iglesia, dos apasionados de su prosa. Situaciones como la del campanario con el personaje de Antonio, impresionante Javir Bódalo, o las dos visitas a la casa de Carmen y Alonso con las secuencias del dormitorio del bebé o la de las telarañas que rodean el ya mencionado inmueble dan buena muestra de la profesionalidad del cineasta a la hora de construir escenas de terror puro que nos retrotraen La Habitación del Niño (2005), su estimable aportación a la antología cinematográfica Películas Para No Dormir.



El segundo episodio, Ouija, abraza la estructura narrativa de casos sobrenaturales unitarios, pero vinculados con la trama central, que se extenderá a lo largo de varias entregas. El ritual espiritista en el cementerio, los flashbacks del exorcismo de Giacomo concomitante con el William Peter Blatty de la nunca suficientemente reivindicada El Exorcista III (1990) o las automutilaciones que se inflige Sole, deudoras de las de Isabelle Adjani en La Posesión (Andrzej Zulawski, 1981) no impiden que el producto tome aire para componer situaciones más calmadas con respecto al episodio piloto, aunque como evidenciamos no dejan de sucederse hechos interesantes desembocantes en un clímax final notablemente potente. En El Espejo Álex de la Iglesia vuelve a su admirado John Carpenter con un homenaje explícito a El Príncipe de las Tinieblas (1987) sin dejar de lado las referencias a El Más Allá (L’Aldilà, 1981) que también hace acto de presencia en todo lo relacionado con los reflejos y el “otro lado” al que transporta el espejo que da título el episodio. Una apisonadora de 64 minutos en los que Eduard Fernández vuelve a dar un recital interpretativo enfrentándose a su propio doppelgänger como salido de la Habitación Roja de Twin Peaks y con algunas secuencias de terror milimétricamente construidas.



Recuerdos, cuarto episodio y punto de inflexión conceptual en la serie. Se abre la aventura internacional, conocemos información vital del pasado de Vergara y las secuencias y diálogos memorables se suceden en cascada. Mediante una construcción sustentada en flashbacks relacionados con los años de aprendizaje del personaje protagonista se presenta un rol carismático y entrañable como el de Sandro, inmenso Leonardo Nigro, se comienza a perfilar el de Santoro y vemos por primera vez explícitamente al Angelo de Cosimo Fusco. Nos encontramos con uno de los capítulos más logrados, compactos y de mayor trasfondo de la temporada. Especial mención por un lado al uso magistral del Deep Fake para rejuvenecer los rostros de Eduard Fernández y Manolo Solo, cuyo resultado para sí lo hubiera querido el Martin Scorsese de El Irlandés (2019), y su original reformulación de la manera de enfrentarse a los exorcismos. Vergara afirma que dejar hablar a Satán, algo contraproducente según los expertos en posesiones demoníacas, podría permitirles conocer mejor su naturaleza e intencionalidad, idea brillante esta que más tarde desembocará en fracaso cuando los destinos de los dos roles antagónicos de la ficción separen sus caminos.



Con El Doble la subtrama de Pedraza se adentra en la brujería y el folclore propios de Las Brujas de Zagarramurdi con el supuesto regreso del desaparecido marido de Elena, un Víctor Clavijo espectacular, y la aparición de la anciana que en el cierre de la serie cobrará capital importancia. Mientras tanto Vergara se adentra en las profundidades de la organización secreta de los cainitas, dirigida por Santoro, desplegando aún más el abanico de referencias religiosas y mostrando el modus operandi del villano de la serie en lo que no deja de ser un homenaje explícito al cómic Predicador, escrito por Garth Ennis y Steve Dillon para el añorado sello Vertigo, consiguiendo Jorge Guerricaechevarría y Álex de la Iglesia ser más fieles a dicha obra que la serie de AMC que la adaptó oficialmente al medio televisivo. Las conspiraciones en la sombra, el color blanco de los trajes de los cainitas y sus intenciones maliciosas nos retrotraen directamente al Grial del que Herr Starr era su cabeza visible. A destacar el clímax final con la aparición de otra criatura que pareciera ideada por el director En la Boca del Miedo (In The Mouth Of Madness, 1995) y el escritor de La Sombra Sobre Insmouth en una noche de desenfreno etílico y psicotrópico.



Guerra Santa suponen los 59 minutos de 30 Monedas que acusan de una mayor dispersión narrativa. La incursión de Vergara en Siria tiene buenos momentos con ecos al prólogo de El Exorcista protagonizado por el padre Lankester Merrin de Max Von Sydow, pero después de su paso por Roma esta nueva andanza internacional resulta en cierta manera redundante. Algo parecido sucede con la nueva escapada, esta vez sí consumada, de Elena a París que aun desembocando en la localización de una de las monedas apela a cierto subrayado innecesario para el devenir de acontecimientos posterior. Este sexto episodio marca un desnivel entre la trama de Vergara y la de Pedraza, que si hasta ese momento habían mantenido cierta equidad en sus construcciones y paralelismos narrativos aquí la segunda queda en desventaja con respecto a la primera. En La Caja de Cristal la llegada de Angelo a Pedraza marca el encierro de los lugareños en el pueblo haciéndonos pensar en el Stephen King de La Cúpula (2009), el Luis Buñuel de El Ángel Exterminador (1962) e incluso el Michele Soavi de El Engendro del Diablo (La Chiesa, 1990). La antesala del potencial apocalipsis comienza a tomar forma y Vegara despide el episodio armándose hasta los dientes para enfrentarse a Santoro, Angelo y la organización secreta de los cainitas en una última secuencia ya icónica.



Sacrificio equivale al polémico clímax final, con cuerpo de cliffhanger, de la temporada. Antes de que los cainitas de Santoro lleguen a Pedraza Vergara se enfrenta a Angelo, que toma la forma del dios primordial Nyarlathotep, y una vez estos se establecen allí se procede a la coronación del personaje de Manolo Solo como el Antipapa mediante la reunión de las 30 monedas. Pareciera como si todo el pueblo segoviano hubiera ya caído totalmente bajo el embrujo demoníaco preparando rituales satánicos con un acabado estilístico imbuido por películas como La Montaña Sagrada (Alejandro Jodorowsky, 1973), cortometrajes como Un Perro Andaluz (Luis Buñuel, 1929) y hasta videojuegos en la línea de Silent Hill (1999). Finalmente Vergara y los suyos consiguen detener la llegada de una nueva era de oscuridad en la Tierra, pero entregando el sacerdote aparentemente su propia vida en el proceso y haciendo que las 30 monedas vuelvan a dispersarse cayendo en manos de varios de los cainitas que escapan con ellas. Este cierre de temporada, que dejó insatisfecho a cierto sector del público, sólo es un punto y aparte de lo que según Jorge Guerricachevarría y Álex de la Iglesia será una trilogía de cuya segunda parte o temporada ya tienen escritos los guiones a la espera del visto bueno de HBO para empezar el rodaje.



Dentro del espectacular reparto reunido por Álex de la Iglesia y en el que encontramos a secundarios de nivel como Javier Bódalo, Paco Tous, Pepón Nieto, Manuel Tallafé, Mariano Venancio, Nuria González, Greta Fernández, Beatriz Olivares, Secun de la Rosa o Francisco Reyes, entre otros, tenemos que hacer parada obligada en los principales personajes. Miguel Ángel Silvestre hace un esfuerzo hercúleo para que detrás de su porte apolineo y ese rostro dionisiaco anide un alcalde titubeante y escaso de carisma, pero es muy difícil aceptarlo en un principio, aunque a medida que pasan los episodios consigue mimetizarse por fin con su criatura. Una perfecta Megan Montaner da vida a una mujer de carácter y con mucha determinación, pero hacerla depender tanto de sus respectivos pretendientes menoscaba su perfil psicológico. Exultante resulta la labor de una Macarena Gómez repleta de claroscuros, con una versión actualizada de su protagónico en la brillante Musarañas (Juanfer Andrés, Esteban Roel, 2014) devorando el encuadre cada vez que la cámara repara en su presencia. Estos tres personajes, y el resto de los que conforman Pedraza, pasado el ecuador de la temporada parecen algo perdidos y desubicados cuando la trama de Vergara coge más fuerza que la del pueblo, pero aún así siempre forman parte de situaciones interesantes.



En el bando de los cainitas tenemos dos intérpretes que destacan sobremanera. Por un lado es de recibo mencionar la labor del gaditano Manolo Solo, al que habíamos visto alguna vez haciendo de personaje psicópata, como Garcés en El Laberinto del Fauno (Guillermo del Toro, 2006), pero nunca de una dimensión tan considerable como el Cardenal Santoro de 30 Monedas. Una labor inapelable de un actor ducho en el drama y la comedia, pero no en una ficción de género tan cercana al thriller o el terror como la serie de Álex de la Iglesia. El italiano Cosimo Fusco se corona como la revelación de la temporada con su papel del manipulador y metódico Angelo. El Paolo de Friends al que le habíamos perdido casi totalmente la pista, aunque alguno recordamos su papel en aquel inusual homenaje al giallo titulado Berberian Sound Studio (Peter Strickland, 2012), se ha convertido en uno de los actores más destacables del casting protagonizando pasajes inolvidables como el de su intento de exorcismo en Recuerdos o los que protagoniza en los dos episodios finales del proyecto. Ojalá volvamos a disfrutar de su amenazante y magnética presencia en la segunda temporada.



Pero si hay un actor del reparto al que debemos dedicar una nota aparte es al catalán Eduard Fernández a la hora de dar forma a su ya mítico padre Manuel Vergara. A nadie sorprenda la enorme labor del intérprete si tenemos en cuenta que desde los tiempos en los que era nominado al Goya al mejor actor revelación por Los Lobos de Washington (Mariano Barroso, 1999) hasta la actualidad ha demostrado sobradamente su valía en papeles como los de Son de Mar (Bigas Luna, 2001), Fausto 5.0 (Isidro Ortiz, Alex Ollé, Carlos Padrissa, 2001), Alatriste (Agustín Díaz Yanes, 2006), Mientras Dure la Guerra (Alejandro Amenábar, 2019) o Perfectos Desconocidos (Álex de la Iglesia, 2017), largometraje que supuso su primer contacto con el autor de La Chispa de la Vida (2011). Pero su composición del personaje protagonista de 30 Monedas escapa a cualquier apreciación elogiosa o halago, entregando su rostro, físico y voz rotunda a un antihéroe que no desentonaría dentro de la filmografía de John Carpenter o como protagonista de un spaghetti western. Meses de gimnasio tuvo que sufrir Fernández para ponerse en forma y alcanzar la musculatura exigida para incursionar en las no pocas secuencias de acción física en las que se ve envuelto este sacerdote fumador, descreído, y con hechuras de mártir al que esperamos volver a ver, como sea, en la segunda temporada de la serie.



30 Monedas es un compendio de todas las inquietudes de Álex de la Iglesia, una partida de La Llamada de Cthulhu o Las Mansiones de la Locura enriquecida con todo aquello que le apasiona dentro del cine, el cómic, la literatura o el mundo del videojuego. No es un proyecto perfecto, porque aunque su historia es rica en matices y se desarrolla con interés acusa cierto desnivel en cuanto a la equivalencia cualitativa de sus distintas subtramas. Pero como relato híbrido y producto audiovisual funciona como un tiro debido a su deuda conceptual con la clásica historia de la lucha entre el bien y el mal y a un acabado técnico de nota, algo a lo que nos tiene acostumbrados el director de El Bar (2017) o Muertos de Risa (1999), a que se suman la ya citada labor de un cast de profesionalidad inapelable. En el proceso nos encontramos por primera vez con una producción televisiva patria en la que desfilan monstruos, exorcismos, criaturas infernales y acción demente con la que Álex de la Iglesia ha sido libre para poner en pantalla casi todo lo que pasaba por su imaginación y la de su compañero de escritura. De esta manera 30 Monedas y su éxito tanto nacional como internacional posiblemente supongan la punta de lanza de una nueva ola de series españolas adscritas a la fantasía, el terror e incluso la ciencia ficción que pueda llegar a depararnos más de una agradable sorpresa.