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viernes, 19 de febrero de 2021

30 Monedas, memorias del ángel caído



"Quien reúna las 30 monedas tendrá en su poder un arma más poderosa que el mismo Arca de la Alianza. El sufrimiento de Dios, la más poderosa de las energías"





El pasado 29 de noviembre del nefasto 2020 un servidor se ocupó de reseñar para Transgresión Continua el episodio piloto de 30 Monedas, la serie de HBO producida, escrita y dirigida por el cineasta español Álex de la Iglesia del que también dejó su opinión en Zona Negativa mi compañero Sergio Fernández Atienza en su soberbia crónica al FANT: Festival de Cine Fantástico de Bilbao del año ya finiquitado. Habiendo sido recibido con parabienes en varios certámenes internacionales en los que fue proyectado, el primero de ellos uno tan prestigioso como el de Venecia, mis palabras hacia el producto fueron elogiosas, ya que esos primeros 70 minutos sintetizaban con impecable pericia lo que más tarde iban a ser las poco más de ocho horas desplegadas en el proyecto de la cadena por cable estadounidense, subido posteriormente al catálogo de su plataforma de pago por visión. Como a estas alturas todo el mundo sabe ya las 30 monedas a las que hace referencia el título de la serie son las que el apóstol Judas Iscariote cobró por traicionar a Cristo y las mismas se convierten en el MacGuffin central de la historia planteada por parte de Álex de la Iglesia y Jorge Guerricaechevarría.



Una de esas monedas aparece actualmente en España, situada en el pequeño y tranquilo pueblo segoviano de Pedraza en el que la llegada del padre Manuel Vergara (Eduard Fernández), un sacerdote de hábitos poco saludables y aficionado al boxeo, parece haber dado inicio a una serie de sucesos sobrenaturales encabezados por una vaca dando a parir inexplicablemente a un bebé humano. La avispada veterinaria Elena (Megan Montaner) y Paco (Miguel Ángel Silvestre), el ingenuo e indeciso alcalde de la localidad, siempre manipulado por su arribista esposa, Merche (Macarena Gómez), pedirán ayuda al peculiar párroco para que arroje luz sobre los inexplicables hechos acaecidos en la zona. Un episodio traumático de su pasado relacionado con un exorcismo resultante en tragedia y su actual escepticismo debido a una profunda crisis de fe harán que el padre Vergara niegue todo lo ocurrido en Pedraza buscando una explicación lógica que no tenga nada que ver con lo ocultista o satánico, siempre apelando a una lógica que cada vez se le escapa más de las manos. Finalmente el bebé, acogido por Carmen (Carmen Machi), otra veterinaria del pueblo, y su marido, Alonso (Antonio Durán), resultará no ser humano y su presencia hará que Vergara tenga que reconsiderar su opinión. El supuesto bebé tomará la forma de un monstruo arácnido que sólo supondrá el principio de una pesadilla de proporciones descomunales relacionada directamente con las 30 monedas.



Telarañas se titula el arranque de 30 Monedas y en él conviven el terror satánico y el gótico rural marcando las pautas de un proyecto construido sobre la teología, lo demoníaco y el thriller sobrenatural en un contexto, el pueblo segoviano de Pedraza, relativo a esa España vaciada que tan bien supieron retratar autores como el Fernando Fernán Gómez de la malditísima y siempre reivindicable El Extraño Viaje (1964), el Mario Camus de Los Santos Inocentes (1984), el José Luis Borau de Furtivos (1975) y hasta la Pilar Miró de El Crimen de Cuenca (1979), paradójicamente una realizadora enemiga acérrima de la ficción fantástica y de terror española. Historias Para No Dormir (1966-1982) de Chicho Ibáñez Serrador, La Cosa (1982) de John Carpenter, El Exorcista (1973) de William Friedkin y hasta productos más exploit como ¡Estoy Vivo! (1974) de Larry Cohen o Xtro (1982) de Harry Bromley Davenport sobrevolaban una primera toma de contacto que, si no fuera por su final abierto, podría funcionar fácilmente como una película autocontenida o un módulo en una partida de rol, algo que el mismo De la Iglesia ha mencionado como una de sus principales influencias a nivel de construcción narrativa considerando esta primera temporada como una campaña.



Presentación de personajes, primer hecho inusual en el pueblo con una vaca dando a parir un bebé humano y el despliegue de secuencias de acción y terror dando muestras de holgado presupuesto depositado en un producto que ya desde sus títulos de créditos, con una versión muy Zack Snyder de calvario de Cristo al ritmo semanasantero de la partitura de Roque Baños, denota la notable cantidad de dinero invertida por HBO Europa que el autor bilbaino ha sabido exprimer al máximo durante los ocho episodios. Del piloto es inevitable destacar el papel capitular de una aterradora Carmen Machi y ese bebé descomunal convertido posteriormente en una criatura arácnida de reminiscencias lovecraftianas, autor este que deja su impronta a lo largo de toda la temporada gracias a Jorge Guerricaechevarría y el mismo De la Iglesia, dos apasionados de su prosa. Situaciones como la del campanario con el personaje de Antonio, impresionante Javir Bódalo, o las dos visitas a la casa de Carmen y Alonso con las secuencias del dormitorio del bebé o la de las telarañas que rodean el ya mencionado inmueble dan buena muestra de la profesionalidad del cineasta a la hora de construir escenas de terror puro que nos retrotraen La Habitación del Niño (2005), su estimable aportación a la antología cinematográfica Películas Para No Dormir.



El segundo episodio, Ouija, abraza la estructura narrativa de casos sobrenaturales unitarios, pero vinculados con la trama central, que se extenderá a lo largo de varias entregas. El ritual espiritista en el cementerio, los flashbacks del exorcismo de Giacomo concomitante con el William Peter Blatty de la nunca suficientemente reivindicada El Exorcista III (1990) o las automutilaciones que se inflige Sole, deudoras de las de Isabelle Adjani en La Posesión (Andrzej Zulawski, 1981) no impiden que el producto tome aire para componer situaciones más calmadas con respecto al episodio piloto, aunque como evidenciamos no dejan de sucederse hechos interesantes desembocantes en un clímax final notablemente potente. En El Espejo Álex de la Iglesia vuelve a su admirado John Carpenter con un homenaje explícito a El Príncipe de las Tinieblas (1987) sin dejar de lado las referencias a El Más Allá (L’Aldilà, 1981) que también hace acto de presencia en todo lo relacionado con los reflejos y el “otro lado” al que transporta el espejo que da título el episodio. Una apisonadora de 64 minutos en los que Eduard Fernández vuelve a dar un recital interpretativo enfrentándose a su propio doppelgänger como salido de la Habitación Roja de Twin Peaks y con algunas secuencias de terror milimétricamente construidas.



Recuerdos, cuarto episodio y punto de inflexión conceptual en la serie. Se abre la aventura internacional, conocemos información vital del pasado de Vergara y las secuencias y diálogos memorables se suceden en cascada. Mediante una construcción sustentada en flashbacks relacionados con los años de aprendizaje del personaje protagonista se presenta un rol carismático y entrañable como el de Sandro, inmenso Leonardo Nigro, se comienza a perfilar el de Santoro y vemos por primera vez explícitamente al Angelo de Cosimo Fusco. Nos encontramos con uno de los capítulos más logrados, compactos y de mayor trasfondo de la temporada. Especial mención por un lado al uso magistral del Deep Fake para rejuvenecer los rostros de Eduard Fernández y Manolo Solo, cuyo resultado para sí lo hubiera querido el Martin Scorsese de El Irlandés (2019), y su original reformulación de la manera de enfrentarse a los exorcismos. Vergara afirma que dejar hablar a Satán, algo contraproducente según los expertos en posesiones demoníacas, podría permitirles conocer mejor su naturaleza e intencionalidad, idea brillante esta que más tarde desembocará en fracaso cuando los destinos de los dos roles antagónicos de la ficción separen sus caminos.



Con El Doble la subtrama de Pedraza se adentra en la brujería y el folclore propios de Las Brujas de Zagarramurdi con el supuesto regreso del desaparecido marido de Elena, un Víctor Clavijo espectacular, y la aparición de la anciana que en el cierre de la serie cobrará capital importancia. Mientras tanto Vergara se adentra en las profundidades de la organización secreta de los cainitas, dirigida por Santoro, desplegando aún más el abanico de referencias religiosas y mostrando el modus operandi del villano de la serie en lo que no deja de ser un homenaje explícito al cómic Predicador, escrito por Garth Ennis y Steve Dillon para el añorado sello Vertigo, consiguiendo Jorge Guerricaechevarría y Álex de la Iglesia ser más fieles a dicha obra que la serie de AMC que la adaptó oficialmente al medio televisivo. Las conspiraciones en la sombra, el color blanco de los trajes de los cainitas y sus intenciones maliciosas nos retrotraen directamente al Grial del que Herr Starr era su cabeza visible. A destacar el clímax final con la aparición de otra criatura que pareciera ideada por el director En la Boca del Miedo (In The Mouth Of Madness, 1995) y el escritor de La Sombra Sobre Insmouth en una noche de desenfreno etílico y psicotrópico.



Guerra Santa suponen los 59 minutos de 30 Monedas que acusan de una mayor dispersión narrativa. La incursión de Vergara en Siria tiene buenos momentos con ecos al prólogo de El Exorcista protagonizado por el padre Lankester Merrin de Max Von Sydow, pero después de su paso por Roma esta nueva andanza internacional resulta en cierta manera redundante. Algo parecido sucede con la nueva escapada, esta vez sí consumada, de Elena a París que aun desembocando en la localización de una de las monedas apela a cierto subrayado innecesario para el devenir de acontecimientos posterior. Este sexto episodio marca un desnivel entre la trama de Vergara y la de Pedraza, que si hasta ese momento habían mantenido cierta equidad en sus construcciones y paralelismos narrativos aquí la segunda queda en desventaja con respecto a la primera. En La Caja de Cristal la llegada de Angelo a Pedraza marca el encierro de los lugareños en el pueblo haciéndonos pensar en el Stephen King de La Cúpula (2009), el Luis Buñuel de El Ángel Exterminador (1962) e incluso el Michele Soavi de El Engendro del Diablo (La Chiesa, 1990). La antesala del potencial apocalipsis comienza a tomar forma y Vegara despide el episodio armándose hasta los dientes para enfrentarse a Santoro, Angelo y la organización secreta de los cainitas en una última secuencia ya icónica.



Sacrificio equivale al polémico clímax final, con cuerpo de cliffhanger, de la temporada. Antes de que los cainitas de Santoro lleguen a Pedraza Vergara se enfrenta a Angelo, que toma la forma del dios primordial Nyarlathotep, y una vez estos se establecen allí se procede a la coronación del personaje de Manolo Solo como el Antipapa mediante la reunión de las 30 monedas. Pareciera como si todo el pueblo segoviano hubiera ya caído totalmente bajo el embrujo demoníaco preparando rituales satánicos con un acabado estilístico imbuido por películas como La Montaña Sagrada (Alejandro Jodorowsky, 1973), cortometrajes como Un Perro Andaluz (Luis Buñuel, 1929) y hasta videojuegos en la línea de Silent Hill (1999). Finalmente Vergara y los suyos consiguen detener la llegada de una nueva era de oscuridad en la Tierra, pero entregando el sacerdote aparentemente su propia vida en el proceso y haciendo que las 30 monedas vuelvan a dispersarse cayendo en manos de varios de los cainitas que escapan con ellas. Este cierre de temporada, que dejó insatisfecho a cierto sector del público, sólo es un punto y aparte de lo que según Jorge Guerricachevarría y Álex de la Iglesia será una trilogía de cuya segunda parte o temporada ya tienen escritos los guiones a la espera del visto bueno de HBO para empezar el rodaje.



Dentro del espectacular reparto reunido por Álex de la Iglesia y en el que encontramos a secundarios de nivel como Javier Bódalo, Paco Tous, Pepón Nieto, Manuel Tallafé, Mariano Venancio, Nuria González, Greta Fernández, Beatriz Olivares, Secun de la Rosa o Francisco Reyes, entre otros, tenemos que hacer parada obligada en los principales personajes. Miguel Ángel Silvestre hace un esfuerzo hercúleo para que detrás de su porte apolineo y ese rostro dionisiaco anide un alcalde titubeante y escaso de carisma, pero es muy difícil aceptarlo en un principio, aunque a medida que pasan los episodios consigue mimetizarse por fin con su criatura. Una perfecta Megan Montaner da vida a una mujer de carácter y con mucha determinación, pero hacerla depender tanto de sus respectivos pretendientes menoscaba su perfil psicológico. Exultante resulta la labor de una Macarena Gómez repleta de claroscuros, con una versión actualizada de su protagónico en la brillante Musarañas (Juanfer Andrés, Esteban Roel, 2014) devorando el encuadre cada vez que la cámara repara en su presencia. Estos tres personajes, y el resto de los que conforman Pedraza, pasado el ecuador de la temporada parecen algo perdidos y desubicados cuando la trama de Vergara coge más fuerza que la del pueblo, pero aún así siempre forman parte de situaciones interesantes.



En el bando de los cainitas tenemos dos intérpretes que destacan sobremanera. Por un lado es de recibo mencionar la labor del gaditano Manolo Solo, al que habíamos visto alguna vez haciendo de personaje psicópata, como Garcés en El Laberinto del Fauno (Guillermo del Toro, 2006), pero nunca de una dimensión tan considerable como el Cardenal Santoro de 30 Monedas. Una labor inapelable de un actor ducho en el drama y la comedia, pero no en una ficción de género tan cercana al thriller o el terror como la serie de Álex de la Iglesia. El italiano Cosimo Fusco se corona como la revelación de la temporada con su papel del manipulador y metódico Angelo. El Paolo de Friends al que le habíamos perdido casi totalmente la pista, aunque alguno recordamos su papel en aquel inusual homenaje al giallo titulado Berberian Sound Studio (Peter Strickland, 2012), se ha convertido en uno de los actores más destacables del casting protagonizando pasajes inolvidables como el de su intento de exorcismo en Recuerdos o los que protagoniza en los dos episodios finales del proyecto. Ojalá volvamos a disfrutar de su amenazante y magnética presencia en la segunda temporada.



Pero si hay un actor del reparto al que debemos dedicar una nota aparte es al catalán Eduard Fernández a la hora de dar forma a su ya mítico padre Manuel Vergara. A nadie sorprenda la enorme labor del intérprete si tenemos en cuenta que desde los tiempos en los que era nominado al Goya al mejor actor revelación por Los Lobos de Washington (Mariano Barroso, 1999) hasta la actualidad ha demostrado sobradamente su valía en papeles como los de Son de Mar (Bigas Luna, 2001), Fausto 5.0 (Isidro Ortiz, Alex Ollé, Carlos Padrissa, 2001), Alatriste (Agustín Díaz Yanes, 2006), Mientras Dure la Guerra (Alejandro Amenábar, 2019) o Perfectos Desconocidos (Álex de la Iglesia, 2017), largometraje que supuso su primer contacto con el autor de La Chispa de la Vida (2011). Pero su composición del personaje protagonista de 30 Monedas escapa a cualquier apreciación elogiosa o halago, entregando su rostro, físico y voz rotunda a un antihéroe que no desentonaría dentro de la filmografía de John Carpenter o como protagonista de un spaghetti western. Meses de gimnasio tuvo que sufrir Fernández para ponerse en forma y alcanzar la musculatura exigida para incursionar en las no pocas secuencias de acción física en las que se ve envuelto este sacerdote fumador, descreído, y con hechuras de mártir al que esperamos volver a ver, como sea, en la segunda temporada de la serie.



30 Monedas es un compendio de todas las inquietudes de Álex de la Iglesia, una partida de La Llamada de Cthulhu o Las Mansiones de la Locura enriquecida con todo aquello que le apasiona dentro del cine, el cómic, la literatura o el mundo del videojuego. No es un proyecto perfecto, porque aunque su historia es rica en matices y se desarrolla con interés acusa cierto desnivel en cuanto a la equivalencia cualitativa de sus distintas subtramas. Pero como relato híbrido y producto audiovisual funciona como un tiro debido a su deuda conceptual con la clásica historia de la lucha entre el bien y el mal y a un acabado técnico de nota, algo a lo que nos tiene acostumbrados el director de El Bar (2017) o Muertos de Risa (1999), a que se suman la ya citada labor de un cast de profesionalidad inapelable. En el proceso nos encontramos por primera vez con una producción televisiva patria en la que desfilan monstruos, exorcismos, criaturas infernales y acción demente con la que Álex de la Iglesia ha sido libre para poner en pantalla casi todo lo que pasaba por su imaginación y la de su compañero de escritura. De esta manera 30 Monedas y su éxito tanto nacional como internacional posiblemente supongan la punta de lanza de una nueva ola de series españolas adscritas a la fantasía, el terror e incluso la ciencia ficción que pueda llegar a depararnos más de una agradable sorpresa.


miércoles, 2 de diciembre de 2020

30 Monedas Temporada 1 Episodio 1 - Telarañas

 


"Esto no se arregla con rezos, padre"



En un año tan nefasto como el 2020 una de las pocas alegrías que hemos recibido ha sido la consolidación de la calidad dentro de las serie de producción española. Antidisturbios o La Unidad desde Movistar +, Veneno desde ATRESmedia Player Premium o Patria desde HBO han confirmado que en nuestro país se puede facturar ficción de altísimo nivel con poco que envidiar a la de otros países. Precisamente de HBO viene la serie que nos ocupa y que después de despertar alabanzas en festivales como los de Venecia, Sitges o el de Cine Fantástico de Bilbao con la proyección de su episodio piloto era esperada con muchas ganas para dar colofón a una temporada inmejorable en lo referido a series producidas y rodadas dentro de nuestras fronteras. 30 Monedas es el proyecto más ambicioso en el que se ha embarcado el cineasta Álex de la Iglesia (Bilbao, 1965) director clave del cine español contemporáneo con películas como Acción Mutante, El Día de la Bestia, La Comunidad, Balada Triste de Trompeta o Las Brujas de Zugarramurdi. Aunque ya había coqueteado con la televisión con aquella Plutón BRB Nero enclavada en la space opera alocada, lo que plantea en esta ocasión el bilbaino no sólo es mucho más ambicioso, sino que no tiene precedentes dentro de la televisión facturada en España, aunque estemos hablando de un proyecto desarrollado para una plataforma de streaming. Con la ayuda de su habitual colaborador a los guiones, Jorge Guerricaechevarría, y un reparto espectacular en el que encontramos a Eduard Fernández, Megan Montaner, Miguel Ángel Silvestre, Carmen Macho o Pepón Nieto entre otros, en Transgresión Continua ya hemos podido ver el episodio piloto de 30 Monedas, del cual ya dio su opinión nuestro compañero Sergio Fernández Atienza en su magnífica crónica del FANT 2020 en Zona Negativa, y nuestras expectativas se han visto totalmente rebasadas.



Las 30 monedas a las que hace referencia el título de la serie son las que Judas cobró por traicionar a Cristo y las mismas se convierten en el MacGuffin central de la historia planteada por parte de Álex de la Iglesia y Jorge Guerricaechevarría. Una de esas monedas aparece en la actualidad situada en el pequeño pueblo de Pedraza (Segovia) en el que la llegada del padre Vergara (Eduard Fernández), un sacerdote de hábitos poco saludables y aficionado al boxeo, parece haber dado inicio a una serie de sucesos sobrenaturales encabezados por una vaca dando a parir un bebé humano. La avispada veterinaria Elena (Megan Montaner) y Paco (Miguel Ángel Silvestre), el ingenuo alcalde de la localidad, siempre manipulado por su esposa, Merche (Macarena Gómez), pedirán ayuda al peculiar párroco para que arroje luz sobre los inexplicables hechos acaecidos en la zona. Un episodio traumático de su pasado relacionado con un exorcismo y el actual escepticismo del padre Vergara debido a una profunda crisis de fe harán que niegue todo lo ocurrido buscando una explicación lógica que no tenga nada que ver con lo ocultista o satánico. Finalmente el bebé, acogido por Carmen (Carmen Machi), otra veterinaria del pueblo, y su marido, Alonso (Antonio Durán), resultará no ser humano y su presencia hará que Vergara tenga que reconsiderar su opinión.



El cold opening en el que se asienta la puesta en escena, el despliegue de medios y el tono brutal de la propuesta o esos títulos de crédito centrados en el calvario de Cristo, con una estética 100% Zack Snyder, son muestra cristalina de la ambiciosa naturaleza detrás de un proyecto como 30 Monedas. En una semana frenética de promoción Álex de la Iglesia ha afirmado en varias entrevistas que con HBO ha conseguido algo inusual en su carrera, como que los productores, después de leer los guiones de la serie, le dijeran que fuera más ambicioso y planteara el trabajo a mayor escala, algo que el director de Crimen Ferpecto y Jorgue Guerricaechevarría se tomaron al pie de la letra. De manera que el primer episodio de 30 Monedas, titulado Telarañas, no sólo coloca las piezas en el tablero, sino que ya ofrece las primeras muestras de qué nos encontramos con la producción más descomunal y megalómana de su autor. El guionista y director deja claros sus referentes foráneos ya que es imposible no pensar en El Exorcista (Willam Friedkin, 1973), En la Boca del Miedo (In the Mouth of Madness, John Carpenter, 1994), Estoy Vivo (Larry Cohen, 1974), Xtro (Harry Bromley Davenport, 1983) o el terror cósmico de H.P Lovecraft, y por efecto dominó Dagon: La Secta del Mar (Stuart Gordon 2001), pero focaliza estas influencias en un contexto profundamente español con ecos de El Extraño Viaje (Fernando Fernán Gómez, 1963) y una deuda clara con el fantaterror facturado en nuestro país durante los años 70.




Álex de la Iglesia lo conocemos como un director con un look visual muy potente y que su puesta en escena es un in crescendo continuado yendo a más en todas sus producciones, acabando en ocasiones en cierta desmesura. Por suerte el perfil alto al que aspira 30 Monedas justifica en todo momento que su máximo responsable quiera ir más allá de lo establecido y el diseño de producción del que hace gala gracias a HBO ciertamente se lo permite. Hay momentos de puro delirio estilístico en el primer episodio de 30 Monedas y un clímax final que si a un servidor le hubieran dicho hace cinco años que iba a presenciar en una serie española no me lo hubiera creído. Dicho esto que nadie piense que Telarañas es una oda al caos narrativo y al impacto gratuito en pos de perturbar al espectador. Todo está plenamente justificado desde la escritura y siempre siendo conscientes de que lo aquí expuesto por los dos guionistas no es más que la primera nota de toda una sinfonía que abandonará próximamente tierras españolas para adentrarse en terreno extranjero, ya que la amenaza cuya simiente es plantada aquí alcanza cotas internacionales cuando De la Iglesia y Guerricaechevarría amplían el tablero de esta partida de rol audiovisual.




Otra de las señas de identidad más características de Álex de la Iglesia como director es lo brutalmente exigente que es, sobre todo en el plano físico, con sus actores protagonizando estos secuencias de acción a gran escala. Ciertamente que sea tan riguroso con los intérpretes desemboca en que estos den lo mejor de sí mismos, algo que está a la orden del día en su filmografía en general y en el primer episodio de 30 Monedas en particular. Dentro de los secundarios despliega naturalidad Megan Montaner como Elena, algo más titubeante se ve a Miguel Ángel Silvestre como el manipulable alcalde, aunque cumple con un rol que seguro irá a más a lo largo de la temporada, y Javier Bódalo sorprende dando vida a Antonio. Veteranos como Paco Tous, Pepón Nieto, Antonio Durán o una magnífica Macarena Gómez ya tienen poco que demostrar a estas alturas, aunque cumplen sobradamente su labor. Pero si hay que destacar a dos actores dentro del casting de este primer episodio eso son una aterradora Carmen Machi, a años luz de sos roles habituales, y sobre todo un Eduard Fernández que después de llevar años mostrando ser un titán, con el padre Vergara empieza a dar muestras de estar construyendo el mejor papel de su carrera, un antihéroe johncarpenteriano con sus raíces ancladas en el la literatura tremendista española.



Como siempre afirmo después de escribir sobre un producto que todavía no ha sido consumido en su totalidad, habrá que esperar a ver los otros siete episodios de 30 Monedas para evaluarla globalmente como proyecto audiovisual, pero sería de necios negar que lo visto en este primer capítulo no es lo suficientemente brillante como para empezar a hacerse ilusiones con lo que está por llegar. El último trabajo de Álex de la Iglesia no sólo aspira a ser el mejor de toda su carrera, título que sigue poseyendo El Día de la Bestia, sino que podría llegar a sentar un precedente dentro de las series rodadas en España en lo referido a crear propuestas de género ambiciosas y sin prejuicio alguno. Después de ver este mefistofélico viaje a al terror rural y el gótico autóctono con esa secuencia final en la iglesia a un servidor sólo le queda preguntarse qué nos depararán las próximas semanas si tenemos en cuenta que todos aquellos que ya han visto la temporada completa consideran cada nuevo episodio mejor que el anterior. Por nuestra parte sólo podemos experimentar “fervor religioso” por las siete horas restantes y más sabiendo que todavía no han hecho acto de presencia los personajes de Secun de la Rosa, Manuel Tallafé, Nuria Fernández, Greta Fernández, Cosimo Fusco o ese Manolo Solo que ya en las pocas imágenes de los trailers apunta a robaescenas nato. Vienen con alegría, señor…


domingo, 31 de diciembre de 2017

Perfectos Desconocidos



Título Original Perfectos Desconocidos (2017)
Director Álex de la Iglesia
Guión Jorge Guerricaechevarría y Alex de la Iglesia, basado en el guión de Paolo Genovese, Filippo Bologna, Paolo Costella, Paola Mammini, Rolando Ravello
Reparto Belén Rueda, Eduard Fernández, Ernesto Alterio, Juana Acosta, Eduardo Noriega, Dafne Fernández, Pepón Nieto, Beatriz Olivares





Álex de la Iglesia es uno de nuestros directores más prolíficos y reconocidos, convirtiéndose en un pequeño acontecimiento cada estreno de una de sus nuevas obras. Este 2017 el cineasta bilbaíno ha realizado una jugada inusual en su filmografía ofreciendo dos películas en una misma temporada. El pasado mes de Marzo llevó a las carteleras El Bar, una típica muestra de su vertiente de humor negro y trasfondo de género que aunque se desvirtuaba en cierta manera en la recta final se engrandecía gracias a su realización y la destacable labor de un excelente reparto formado por Blanca Suárez, Mario Casas, Carmen Machi, Jaime Ordóñez, Secun de la Rosa, Joaquín Climent o la tristemente desaparecida Terele Pávez entre otros. Poco después de la puesta de largo del largometraje saltaba la noticia de que Álex de la Iglesia estaba implicado en otro proyecto, el primer remake de su carrera, que se estrenaría a finales de año. Lo que pocos sabían es que esa producción más modesta era con la que el autor de Mirindas Asesinas iba a triunfar en 2017.




A día de hoy y con más de un millón y medio de espectadores desde su estreno el pasado día 1 de diciembre Perfectos Desconocidos se ha convertido en uno de los éxitos más inesperados del celuloide patrio. El largometraje, como hemos apuntado brevemente, es un remake de la película italiana homónima que se estrenó en 2016 con gran repercusión de crítica y público y llevándose para casa el David di Donatello, equivalente italiano a  nuestros Goya o los César franceses, a la mejor película. Esta adaptación española cuenta con un excelente reparto en el que podemos ver caras como las de Belén Rueda, Eduard Fernández, Ernesto Alterio, Juana Acosta, Pepón Nieto, Dafne Fernández o Eduardo Noriega y cuenta con guión del mismo Álex de la Iglesia y su habitual colaborador Jorge Guerricaechevarría que trasladan el libreto a diez manos de Paolo Genovese, Filippo Bologna, Paolo Costella, Paola Mammini, Rolando Ravello a nuestro contexto patrio.




La historia es sencilla y está centrada en un grupo de siete viejos amigos, seis de ellos formando sus correspondientes matrimonios y uno más en soltería, que quedan para pasar una apacible noche cenando juntos. En un momento dado uno de los comensales tiene la idea de realizar un juego que consiste en dejar todos los teléfonos móviles encima de la mesa y cuando a cualquiera de los aparatos llegue un mensaje de WhatsApp o una llamada hacerlos públicos para el resto de invitados. Este juego supuestamente inofensivo y un extraño eclipse lunar que parece hacer caer a las personas bajo un extraño influjo se convertirán en el caldo de cultivo que sacará los instintos más bajos de este grupo de allegados descubriendo al final de la velada que no se conocen tan bien como pensaban guardando no pocos secretos de naturaleza bastante cuestionable.




Un servidor no ha visto la película italiana original, de modo que solo puedo hablar de la versión de Álex de la Iglesia sin saber hasta qué punto toma material prestado del film de Paolo Genovese, por el trailer de este último parece que no poco, pero lo que sí puedo afirmar es que esta Perfectos Desconocidos de 2017 es una de las propuestas más interesantes y atractivas de la cinematografía patria de esta temporada gracias a su excelente trabajo de escritura y dirección, pero sobre todo a la enorme labor de un reparto en estado de gracia que consigue sacar oro del material que Álex de la Iglesia y Jorge que Guerricaechevarría ponen en sus manos para que construyan todo un recital interpretativo convirtiendo la obra ineludiblemente en una película de actores. De esta manera el cineasta de El Día de la Bestia o Balada Triste de Trompeta aborda un tipo de cinta alejada de la aparatosidad de sus habituales producciones, teniendo que adaptarse a un entorno nuevo para él.




Perfectos Desconocidos es casi una pieza de naturaleza teatral, con una exigua localización como un apartamento y siete personajes interactuando en el mismo gracias a un guión repleto de diálogos brillantes que no sólo ofrecen momentos de humor intachables, sino un retrato de las bajezas morales más notables del ser humano, sin importar su género o condición social. Álex de la Iglesia y Jorge Guerricaechevarría utilizan como efectivo McGuffin un objeto tan en apariencia inofensivo como nuestro teléfono móvil a modo de contenedor de actividades impropias de personas civilizadas como ocultar relaciones adúlteras, escarnios hacia personas a las que consideramos amigos o allegados, mentiras familiares o secretos con respecto a nuestra vida sentimental que al ser sacados a la luz comienzan a menoscabar la supuesta relación ideal que sustentaba matrimonios de supuesta solidez o amistades construidas a lo largo de décadas.




Los autores del guión plantan bien pronto la semilla de la discordia, ya que desde el mismo arranque del film, en el que un montaje paralelo va presentando al grupo de personajes, se nos van ofreciendo pistas que confirman a todos y cada uno de ellos como portadores de algún secreto que irá descubriéndose gradualmente a lo largo del metraje ofreciendo más de una sorpresa a la platea cuando vayamos descubriendo lo que sospechábamos acabando por no corresponderse con la realidad. Ese in crescendo de tensión que comienza cuando el personaje de Blanca propone el juego de los teléfonos móviles aunado al discurrir de diálogos chispeantes cargados de ironía y un naturalismo con el que cualquier tipo de espectador puede identificarse da pie a momentos de humor hilarantes, unos pocos pasajes dramáticos muy bien llevados y situaciones de intriga remarcables conformando una mixtura genérica que engrandece el largometraje.




Aunque contiene su sarcástica mirada y el humor negro del que suele hacer gala en su filmografía podemos afirmar sin temor a equivocarnos que Perfectos Desconocidos es una película bastante alejada del sello autoral de Álex de la Iglesia, pero el bilbaíno afronta el reto y aprueba con nota. La habitual puesta en escena grandilocuente, con un apartado técnico más que notable, del autor de Muertos de Risa o La Comunidad se ve reducida esta vez al mínimo exponente con un control ferreo de la única localización en la que tiene lugar el grueso de la trama y una dirección de actores sobresaliente que tampoco le es ajena a lo largo de su carrera como hemos podido ver en ocasiones previas. En esta ocasión es el De la Iglesia director el que se adapta al material narrativo que tiene en las manos y el triunfo se antoja total, algo que no sucedió en un caso parecido como el de La Chispa de la Vida, un film de encargo en el que tuvo que trabajar con un guión ajeno ofreciendo una de sus producciones más descafeinadas e insatisfactorias.




Pero como es lógico, y sin querer desmerecer la labor de Álex de la Iglesia detrás de las cámaras, con un reparto como el de Perfectos Desconocidos, que ofrece la película prácticamente hecha a su responsable, era difícil que el proyecto saliera mal parado. Todos y cada uno de los siete actores principales, y hasta Beatriz Olivares que tiene un breve papel, realizan una magnífica labor interpretativa haciendo creíble en todo momento no sólo que funcionan como matrimonios o amigos, sino que se conocen desde hace años, algo que sucede en la vida real con algunos de los miembros del cast que son pareja o compañeros de trabajo desde hace años en cine o televisión, destilando una química que el espectador percibe a lo largo del metraje. De esta manera el pequeño microcosmos de personalidades que De la Iglesia y Guerricaechevarria han diseñado en el papel se ve potenciado hasta el límite gracias a la profesionalidad de este grupo de actores.




Desde el matrimonio formado por Eduard Fernández y Belén Rueda, pasando por la pareja de fogosos recién casados de Eduardo Noriega y Dafne Fernández o la de Ernesto Alterio y Juana Acosta que comienzan a lanzarse puñaladas verbales desde el mismo arranque del metraje llegando al susceptible y estrambotico Pepón Nieto todos tienen su momento de gloria, funcionan bien con sus partenaires asignados, pero también destilan soltura cuando interactúan con el resto del reparto. Los veteranos muestran oficio, los jóvenes voluntariosidad y a ninguno de ellos se le puedo hacer algún reproche, pero un servidor se queda con Ernesto Alterio, una especie de evolución de su personaje de El Método (2005), una tipo rastrero y cobarde bordeante la sociopatía que da lo mejor de sí mismo cuando embauca al personaje de Pepe con todo lo que conlleva el furtivo complot al que los dos dan forma a espaldas del resto de invitados a la cena.




Esta mezcla entre Diez Negritos, El Ángel Exterminador y Un Dios Salvaje que Álex de la Iglesia y Jorge Guerricaechevarría han extraído del film de Paolo Genovese es una de las mejores películas patrias del 2017, la demostración de que tenemos tanto la materia prima como los profesionales adecuados para que hasta una pieza tan modesta como la que nos ocupa pueda atraer a los espectadores para hacerlos pasar 97 minutos en los que la tensión entre intriga y humor construyan una producción por la que merezca la pena el desembolso de la entrada de cine. Como única mácula me queda esa resolución final, bastante previsible desde el mismo inicio del film, que rompe un poco el tono naturalista de la prepuesta, pero cuando la misma llega ya hemos disfrutado de una velada cargada de veneno e inquina que una vez se encienden las luces de la sala nos hacen mirar con desconfianza a nuestra pareja cando recibe en su móvil un mensaje de texto haciéndola sonreír entre dientes.


viernes, 31 de marzo de 2017

El Bar



Título Original El Bar (2017)
Director Álex de la Iglesia
Guión Jorge Guerricaechevarría y Álex de la Iglesia
Reparto Blanca Suárez,  Mario Casas,  Secun de la Rosa,  Carmen Machi,  Jaime Ordóñez, Terele Pávez,  Joaquín Climent,  Alejandro Awada,  Jordi Aguilar,  Diego Braguinsky, Mamen García




Sólo dos años después de aquel envenenado homenaje a la figura del cantante linarense Raphael, con la sana implicación de mi paisano en la producción, que supuso la simpática pero intrascendente Mi Gran Noche, el cineasta bilbaíno Álex de la Iglesia vuelve a ponerse detrás de la cámara para ofrecernos su último trabajo como productor, guionista y director. Con la compalía de su habitual colaborador Jorge Guerricaechevarría (Cien Años de Perdón) y un reparto de caras habituales en su filmografía como Blanca Suárez (La Piel Que Habito), Mario Casas (Grupo 7), Carmen Machi (Ocho Apellidos Vascos), Jaime Ordóñez (Torrente 3: El Protector), Terele Pávez (Los Santos Inocentes) Joaquín Climent (Los Lunes al Sol) o Secun de la Rosa (No Controles) a los que debemos sumar un debutante en su universo cinematográfico como el argentino Alejandro Awada (Nueve Reinas), el antiguo presidente de la academia de cine español nos ofrece en esta ocasión El Bar, un proyecto pequeño y humilde que ha sido gestado con un más que notable secretismo para de este modo no salir a la luz su verdadera naturaleza cinematográfica, idea que podía arruinar parte del encanto de la obra. El largometraje inauguró con todos los honores el reciente Festival de Malaga y fue recibido con disparidad de opiniones por público y crítica, algo que viene siendo habitual cuando De la Iglesia estrena una de sus nuevas propuestas como autor.




El punto de partida de El Bar es de una sencillez desarmante y narra la reclusión forzosa de un grupo de variopintos personajes dentro del local que da nombre al largometraje tras ser testigos de cómo las dos últimas personas que han intentado abandonar el emplazamiento han sido asesinadas a sangre fría con un disparo en la cabeza. Con esta única localización el cineasta vasco quiere utilizar un amplio abanico de personalidades diferenciadas y poco fiables para mostrar al ser humano y las reacciones que este puede llevar a cabo cuando se enfrenta a situaciones extremas. Su tono brutal y grandguiñolesco, su afán por reincidir en un cine físico y cortante que hunde sus raíces en autores tan dispares como el primer Jean Pierre Jeunet que colaboraba con su antaño compañero Marc Caró o Roman Polanksi encuentra en El Bar el perfecto caldo de cultivo para dar rienda suelta a sus peculiares y personales señas de identidad como narrador de historias, pero por desgracia el conjunto incide en las mismas carencias de la mayoría de sus últimos trabajos.




El Bar se antoja a una mezcla entre un episodio de Dimensión Desconocida (Twilight Zone) y una muestra bufa y cafre de survival. La obra da sus primeros pasos como una comedia negra repleta de golpes humorísticos haciendo mofa con los distintos tipos de clientes de bar típicamente españoles (el alcohólico, el indigente, la ludopata, la pija totalmente desubicada) para después del golpe de efecto que desemboca toda la trama vaya tornando en una muestra de cine de terror físico que acaba sacando a la luz el lado más egoísta y salvaje del ser humano, amparándose en aquello que afirmó Thomas Hobbes sobre que “el hombre es un lobo para el hombre”, especialmente cuando vemos que nuestro bienestar físico o psicológico es puesto en entredicho incitándonos a dejar caer la máscara de falsa sociabílidad para convertirnos en depredadores que no entienden de clases, géneros, o credos cuando nuestro único fin es la supervivencia personal anteponiéndola a la colectiva.




Después de varios proyectos en los que no trabajaron juntos Álex de la Iglesia y Jorge Guerricaechevarría comenzaron a colaborar juntos de nuevo en la escritura de los films del primero y eso se deja notar en cada nuevo proyecto del director de Las Brujas de Zugarramurdi. El guionista asturiano consigue domesticar el lado más caótico de su compañero y gracias a ello los últimos actos de los films de este último ya no se convierten en orgías de exceso que merman la coherencia narrativa del producto. El Bar muestra un desarrollo argumental sólido y potente, y hasta cuando los distintos cambios de tonalidad de la trama hacen acto de presencia en pantalla no se antojan caprichosos, artificales o impostados. El problema es que como venía sucediendo con otros trabajos de De la Iglesia, independientemente de si tenían o no a Guerricaechevarría al guión o no, tales como La Chispa de la Vida o Mi Gran Noche a El Bar, desde el punto de vista de la escritura, le falta algo de brillo para convertirse en un proyecto tan potente como la genial La Comunidad o la infravalorada Balada Triste de Trompeta.




Con El Bar también se cumple la ineludible tradición en el cine de Álex de la Iglesia de hacer sufrir hasta lo indecible físicamente a su reparto y en esta ocasión sus actores dan la talla más que nunca. Todo el reparto de la última cinta del autor de El Día de la Bestia realiza un trabajo de nota y cada uno de ellos aparenta haber nacido para dar vida a su rol, los mismos que en conjunto se mueven con inteligencia entre la caricatura y el exceso. Especial mención para la enorme Terele Pávez, un nunca suficientemente reivindicado Joaquín Climent, el argentino Alejandro Awada y sobre todo a al quinteto formado por Blanca Suárez, Carmen Machi, Secun de la Rosa, Jaime Ordóñez y Mario Casas que sustenta la trama sobre sus hombros entregados a escenas físicas muy complejas en realización y coreografía, especialmente si nos referimos a estos dos últimos que protagonizan algunos de los pasajes más brutales, esa primera escena con el desagüe, que haya rodado el autor de Perdita Durango en toda su carrera y que resuelven con una soltura fuera de toda duda.




Álex de la Iglesia ofrece con El Bar una pieza meritoria, aprovechando hasta el extremo la localización que tiene a su disposición con una puesta en escena mutante y epidérmica que consigue transmitir las necesarias dosis de claustrofobia, angustia e incomodidad exigidas a un producto de esta naturaleza y en ese sentido poco le podemos reprochar a él, a su equipo técnico o a su magnífico casting de actores. Pero como viene sucediendo con sus últimas producciones a su más reciente creación le falta algo para llegar a ser la pieza ineludible en su filmografía que no acaba siendo, quedándose en una buena comedia negra con apuntes de thriller de intriga y terror que se ve con agrado gracias a su mezcolanza de géneros y tonalidades, pero cuyo recuerdo no perdurará tanto como el de otros largometrajes del bilbaíno que son clásicos modernos del cine de nuestro país. Con todo, siempre es de agradecer la llegada de un nuevo estreno de uno de nuestros autores más personales y divertidos, ya que al enfrentarnos a uno de sus trabajos de reciente factura sabemos que, como mínimo. valdrá la pena la inversión en la entrada de cine.



sábado, 31 de octubre de 2015

Mi Gran Noche



Título Original Mi Gran Noche (2015)
Director Álex de la Iglesia
Guión Jorge Guerricaechevarría y Álex de la Iglesia
Actores Raphael, Mario Casas, Pepón Nieto, Blanca Suárez, Carlos Areces, Luis Callejo, Carmen Machi, Jaime Ordóñez, Santiago Segura, Enrique Villén, Hugo Silva, Carolina Bang, Terele Pávez, Carmen Ruiz, Marta Guerras, Marta Castellote, Tomás Pozzi, Ana Polvorosa, Toni Acosta, Luis Fernández, Alberto Chaves




Parece ser que al cineasta bilbaino Álex de la Iglesia no le bastó que mi paisano, el mítico y veterano cantante Raphael, inspirara con uno de sus mejores temas el título de su infravalorada y brutal Balada Triste de Trompeta, ni siquiera el hecho de que realizara un cameo en el largometraje interpretándose a sí mismo en la pantalla de un cine donde se proyectaba la película Sin Un Adiós, dirigida por Vicente Escrivá, y en la que el “Niño de Linares” interpretaba tan mítica canción ataviado con maquillaje de payaso aparentó saciar su apetito goloso. Por todo ello, y tras haber trabado amistad con él, el director de Acción Mutante o la más reciente Las Brujas de Zugarramurdi ha decidido regalarle su primer papel importante en una producción patria, rol este que no ejercía desde hace, nada más y nada menos, que casi 45 años cuando dijo adiós al celuloide con aquella ya lejana Volver a Nacer, de Javier Aguirre, suponiendo esta su séptima cinta como protagonista absoluto allá por 1971. Tras una agradable, que no efusiva, acogida en la pasada edición del Festival Internacional de San Sebastián, Mi Gran Noche, llegó a las carteleras españolas el pasado viernes recaudando unos nada desdeñables 800.000€ en su primer fin de semana, augurándole dicha cifra una estimable carrera comercial. La duodécima película de Álex de la Iglesia es, decididamente, una obra menor dentro de su filmografía que se encuentra relativamente lejos de la calidad de producciones mayúsculas nacidas de su impronta como El Día de la Bestia o La Comunidad, pero se revela de cara al público como una enorme broma llena de inquina y mala baba que recupera el lado más maquiavélico del realizador, ofreciendo un producto sencillo y directo repleto de actores en estado de gracia, un sentido muy perverso de lo que es el mundo del espectáculo en España y de las criaturas que lo pueblan, así como un humor políticamente incorrecto que funciona a su máxima potencia durante la mayor parte del metraje.




Mi Gran Noche es una parodia por partida doble. Por un lado es una incisiva crítica al subgénero de cine español que, sobre todo en su época dorada durante el régimen franquista, estaba protagonizado por estrellas de la canción, ya fueran folclóricas (Lola Flores, Imperio Argentina) cantaores de copla (Manolo Escobar, Juanito Valderrama) niños prodigio (Marisol, Joselito) o como en el caso de Raphael, intérpretes de baladas románticas o pop latino. Por otro, y más arriesgado, es una visión desmitificadora y hasta malintencionada de la imagen del cantante linarense como personaje y ahí entra en escena la implicación total de la veterana estrella de los escenarios que se ofrece sin medias tintas ni coartadas a dar vida a un reflejo retorcido y maligno de sí mismo, porque por mucho que en la cinta su personaje se llame Alphonso el hecho de que interprete temas como Escándalo o Mi Gran Noche no deja lugar a dudas de que De la Iglesia está hablándonos, no de un personaje totalmente adscrito a la ficción, sino de un “hermano perverso” del único poseedor español de un Disco De Uranio en la historia de la música de nuestro país. Pero el director de Perdita Durango o Los Crímenes de Oxford no se queda ahí y decide localizar su historia en la grabación de una de esas horteras y casposas galas de Nochevieja post campanadas de fin de año (precisamente como las que protagoniza el mismo Raphael desde hace años) cuya realización tiene, como muchos saben, lugar meses antes de la fecha de su emisión con una gran cantidad de figurantes contratados para dicho evento y convertir de este modo ese plató en un microcosmos en el que situar a todo tipo de personajes estrambóticos y descerebrados que, aunque apelando a la hipérbole y exageración, no dejan de ser el reflejo de los distintos tipos de ciudadanos que habitan nuestro país.




Lo último de Álex de la Iglesia vuelve a los terrenos de la reivindicable Muertos de Risa, a los de la televisión decadente y zombificadora, creando un grotesco vodevil, entregado al esperpento y el granguiñol, que pareciera mostrarse como una amalgama entre El Ángel Exterminador, de Luis Buñuel (esos personajes obligados a no abandonar una localización que los vampiriza y convierte en seres primarios) y Showgirls, de Paul Verhoeven (los números musicales cutres, luchas de egos que llegan a las manos y falsos oropeles que finalmente se muestran diseñados con hojalata) con un humor puramente De la Iglesia, aquel que había perdido en favor de cierta enfatización de crítica política, mediática y social (la de Balada Triste de Trompeta y La Chispa de la Vida) y que ha ido recuperando en sus últimos trabajos gracias al regreso de su colaborador en la escritura Jorge Guerricaechevarría (Celda 211, El Niño) como se pudo vislumbrar en Las Brujas de Zugarramurdi y confirmar en esta Mi Gran Noche que nos ocupa. El retorno de su antiguo co guionista también le ha servido al bilbaino para controlar ese caos que solía imperar en los terceros actos de sus últimos films, consiguiendo en este trabajo del que hablamos que ese desorden general lleno de ruido y furia no se desencadene nunca y se retroalimente a sí mismo para aportar coherencia y narración fluida a un producto que en principio podría dar pie a la más histérica de las anarquías. Gracias a un guión sabiamente estructurado (gran idea ir revelando poco a poco las intenciones y secretos de todos y cada uno de los personajes) una dirección muy potente en lo visual como viene siendo habitual en De la Iglesia y una magnífico montaje por parte de Cristina Laguna el largometraje se salda con nota en todos sus apartados y pocas carencias podemos achacarle en cuanto a su concepción y ejecución.




En Mi Gran Noche encontramos todas las dosis de veneno que le faltaban a la bienintencionada pero descafeinada La Chispa de la Vida, que ya hemos mencionado un par de veces en esta reseña. De la Iglesia no sólo se despacha a gusto con la televisión, sus directivos y profesionales, retratándolos a todos como despotas, explotadores o sociópatas en potencia, también lanza sus dardos contra una juventud asentada en la estupidez, la incultura y falta de valores, unas estrellas en decadencia que se resisten a aceptar su decrepitud física y psicológica o ídolos emergentes con pocas entendederas y demasiadas feromonas. Pero donde más acierta el director de 800 Balas o Mirindas Asesinas es a la hora de localizar su historia en la España de aquí y ahora con un acertadísimo contraste de en lo que se está convirtiendo nuestra sociedad cuando asistimos a que dentro del plató donde se graba la gala de marras los figurantes implicados parecen tener sorbido el cerebro por las cámaras y los focos, econtrándose ajenos a unos exteriores de los estudios en los que la gente de a pie se enfrenta a las fuerzas de la ley intentando reivindicar algo que les debería pertenecer y que no poseen. Una muestra de pan y circo en pleno siglo XXI en el que los reality shows, programas del corazón y demás tipos de telebasura adormecen a unas masas que no reaccionan ante una realidad en la que se están cercenando de manera brutal sus derechos como ciudadanos. Pero por suerte De la Iglesia no trata de adoctrinar o entragarse a la solemnidad, y mientras situa esa lectura social como trasfondo en ningún momento deja de recurrir a un humor incisivo, unas veces inteligente y otras zafio, que recae en personajes como un esquizofrénico que habla por medio de letras de canciones de Alphonso, una atractiva y desenfadada chica con fama de gafe, una pareja de presentadores que se odian a muerte, un hijo y asistente personal con problemas de ansiedad que somatizan en afecciones cutáneas o un representante argentino con muy malas pulgas capaz de lo que sea por su cliente.




A que estos personajes funcionen en pantalla ayuda un casting extensísimo que convierte Mi Gran Noche en una obra totalmente coral con un desfile de estrellas jóvenes y veteranas que deja en evidencia los repartos de cualquier entrega de las correrías de nuestro José Luis Torrente. Aunque hacen acto de presencia delante de las cámaras habituales de la casa como los indispensables Santiago Segura, Terele Pávez o Enrique Villén, nuevos intérpretes fetiche para De la Iglesia como Hugo Silva, Carolina Bang, Jaime Ordóñez, Pepón Nieto o Carlos Areces y debutantes en el mundo de ficción del bilbaino como Ana Polvorosa, Carmen Machi, Tomás Pozzi o Carmen Ruíz sería injusto intentar destacar a alguno de estos secundarios por encima del resto cuando todos hacen una labor más que notable a la hora de robarse planos los unos a los otros con sus desfases y salidas de tono. Pero si algo hay que destacar del apartado artístico de la obra es el sentido del humor y la autoparodia que destilan todos y cada uno de los implicados, haciendo especial hincapié en los dos personajes principales. Mario Casas borda esa amalgama de cantantes latinos (Chayanne, Carlos Baute, David Bisbal) que desembocan en Adanne, una máquina de hacer éxitos pegadizos y estúpidos que aparenta tener sus pocas neuronas localizadas en la entrepierna. El gallego una vez más demuestra que es capaz de reírse del fenómeno fan que le acompaña desde que dio sus primeros pasos como actor adolescente ofreciendo un papel al que le entrega todo lo que lleva dentro, algo que se le agradece. Por otro lado tenemos al Alphonso de Raphael, ese cantante de vuelta de todo obsesionado con su imagen, déspota con subordinados y competidores (qué gran acierto diseñar su camerino y vestuario como si fuera Darth Vader) y campeón olímpico de la mentira. Aunque con el meritorio papel (ciertamente casi podriamos decir que no está interpretando) del linarense nace el mayor fallo de Mi Gran Noche que no ha sido mencionado en la promoción de la película y es que el rol del veterano cantante, aunque el más importante del relato, es más bien secundario teniendo en pantalla no demasiados minutos de metraje, eso sí, sabiendo aprovecharlos al máximo en todo momento, véase cómo saltan chispas cuando comparte plano con Carlos Areces o Terele Pávez. Detalle importante este que se ha obviado equívocamente por parte de los autores y promotores del film y que puede despertar la ira, sobre todo, de los fans de la estrella de la canción




Como hemos mencionado al inicio de esta reseña Mi Gran Noche no será recordada como una de las grandes películas de Álex de la Iglesia, pero tiene los suficientes alicientes como para ser considerada una interesante y divertida opción para elegir en la actual cartelera nacional y con ello pasar 100 minutos de fruición en los que el productor de Musarañas o Los Héroes del Mal recupera gran parte de ese gamberrismo que se convirtió desde sus inicios con Acción Mutante en una de sus más destacadas y reconocidas señas de identidad. Rodeado por unos equipos técnico y artístico de nivel, ofreciendo un proyecto punzante, satírico y sanamente ofensivo que no deja títere con cabeza, el vasco, paradójicamente, rinde tributo a un artista, una música y una época a la que reverencia y recuerda con nostalgia por mucho que quiera envolverla en comedia física, humor negro y su impronta esperpéntica, brutalizada y de naturaleza salvaje. Si este es el último papel en cine (realmente nunca dio vida a grandes personajes porque no protagonizó buenas películas, sólo vehículos para el lucimiento de sus cuerdas bocales) Raphael puede quedarse tranquilo, porque Álex de la Iglesia le ha regalado su Jackie Brown (allí Quentin Tarantino homenajeaba a Pam Grier, aquí el bilbaino lo hace con el cantante andaluz) una cinta con la que decir adiós al mundo del séptimo arte con la cabeza alta y a lo grande. Además, sólo por ver en los multicines la cara de los fans del intérprete de Yo Soy Aquel o Qué Sabe Nadie adentrados en la tercera edad poner cara de estupefacción al asimilar que lo que han visto no era lo que esperaban (y doy fe que en mi sala ha sido así) cuando se encienden las luces y salen los títulos de crédito finales ya merece la pena ver este tratado sobre lo decadente, falsario y grotesco que puede ser el mundo del espectáculo en España.


domingo, 29 de septiembre de 2013

Las Brujas de Zugarramurdi



Título Original Las Brujas de Zugarramurdi (2013)
Director Álex de la Iglesia
Guión Jorge Guerricaechevarria y Álex de la Iglesia
Actores Hugo Silva, Mario Casas, Carmen Maura, Terele Pávez, Pepón Nieto, Secun de la Rosa, Jaime Ordoñez, Carolina Bang, Santiago Segura, Carlos Areces, Gabriel Delgado, Macarena Gómez, María Barranco, Javier Botet, Manuel Tallafé





Tras la brutal y muy personal Balada Triste de Trompeta y la decepcionante y monótona La Chispa de la Vida el bilbaino Álex de la Iglesia vuelve a las carteleras españolas con esta Las Brujas de Zugarramurdi que se estrenó el pasado viernes en nuestras pantallas. De ella se ha comentado ya de todo. Que si se recupera al mejor De la Iglesia desde La Comunidad, que si su final empaña el resto del metraje previo o que es una pieza bastante excesiva. Sin parecerme tan redonda como la mencionada cinta protagonizada por Carlos Areces y Antonio de la Torre la última obra del director de Crimen Ferpecto resulta un magnífico festival de cine bruto y divertido que se encuentra entre las piezas más recomendables del celuloide español de este 2013.




Un grupo de atracadores disfrazados asaltan una tienda de Compro Oro en plena Plaza del Sol. Uno de ellos va acompañado de su hijo pequeño con el que piensa fugarse a Francia después del golpe con el que consiguen sustraer una enorme cantidad de anillos de oro. Cuando los ladrones logran escapar con éxito de la policía, secuestrando un taxi, deciden huir y cruzar la frontera. Pero todos los planes de los criminales ocasionales se irán al traste cuando decidan hacer una parada en la localidad navarra de Zugarramurdi, famosa gracias a le leyenda que cuenta cómo un grupo de brujas de la zona fueron sacrificadas en la hoguera por la Santa Inquisición durante 1610.




Las Brujas de Zugarramurdi es un freakshow 100% De la Iglesia, con la mayoría de sus aciertos como narrador y alguno de sus fallos. Una comedia de terror llena de acción cruda, humor grotesco y todas las señas de identidad estilísticas y conceptuales del director de Los Crímenes de Oxford que en su sólido y potente arranque con el atraco nos trae a la mente la ya lejana e inigualable El Día de la Bestia. Las pintas de los protagonistas, la presencia de la fanática religiosa, el cameo del actor Javier Manrique, que era el que repartía panfletos a la llegada del padre Berriatua a Madrid, o el tiroteo en el que se ven implicados Bob Esponja o el Hombre Invisible y en el que hasta el hijo del personaje de Hugo Silva acaba disparando a diestro y siniestro nos recuerdan al mejor Álex de la Iglesia, el de aquella impagable Comedia de Acción Satánica.




Después De la Iglesia incluye una escena en el taxi con la que perfila la personalidad de los personajes principales, los masculinos en este caso, y que sirve como puente para llegar a Zugarramurdi así como para el giro que el proyecto realiza cuando alcanzan el municipio navarro que da título a la película. Allí la atmósfera enrarecida y amenazante de localidad aislada, esas cintas en VHS con grabaciones sobre la caída del Muro de Berlín o los programas de variedades de José Luis Moreno que ponen en la televisión del bar, el director bilbaíno comienza a poner las cartas sobre la mesa y a desplegar el tono que va a destilar la cinta desde la llegada a la taberna de Maritxu hasta lo que será el final del largometraje propiamente dicho.




Porque uno de los mayores aciertos del último proyecto de Álex de la Iglesia es el juego que se marca con todo lo referido a la historia y el folclore relacionado con la brujería en Euskadi, dejándose notar esos años en la Universidad de Deusto en los que el director devoró todo tipo de información sobre dicha temática y que tiene su culmen en un clímax en el que el aquelarre prepara el ritual de "el elegido" con la canción popular infantil Baga, Biga, Higa siendo interpretada por la personalísima voz de Mikel Laboa y la presencia de personajes mitológicos vascos como los Ttuntturros o los Ziripot. Pasaje que se revela como el mejor momento del largometraje  y uno de los más potentes y atmosféricos salidos de la filmografía del autor de Muertos de Risa o Perdita Durango.




Pero la visión de De la Iglesia desde el prólogo o los magníficos títulos de crédito, mis primeras risas tuvieron lugar en los mismos con lo de Ángela Merkel y Margaret Tatcher, es irónica, socarrona y muy deudora del humor que siempre ha destilado su cine, unas veces con más acierto que otras, pero en líneas generales muy notable. Diálogos ágiles, críticas a las fuerzas de la ley y la sanidad, referencias cinéfilas, de La Matanza de Texas de Tobe Hooper hasta Vacas de Julio Medem, y a la cultura pop, el crío disfrutando de la persecución en coche porque le recuerda al Grand Theft Auto: San Andreas, o la inclusión de ese señor que quiere ir a Badajoz interpretado por el habitual de la casa Manuel Tallafé,  para un servidor es el mayor acierto, en el plano humorístico, de toda la película.




Y es que aquí está el Álex de la Iglesia que todos conocemos y admiramos, aunque también tiene sus detractores, no iba a ser menos. El excesivo, el visualmente impactante, el grandguiñolesco, el amante del esperpento tan propio de aquí, el personalísimo autor que siempre pone la nota de originalidad en la cartelera del cine español. Personajes caricaturescos que nunca dejan de ser cercanos, una puesta en escena atronadora con escenas de acción magníficamente rodadas, un frenetismo desatado y un reparto que hace un, en líneas generales, notable trabajo bajo su batuta ofreciendo momentos remarcables, sórdidos, irónicos e impactantes sobre todo gracias a su inconfundible look visual marca de la casa.




Dentro del reparto femenino poco voy a decir de lo inmensas que están Carmen Maura, (el alma de la película, indudablemente) y una grandiosa Terele Pávez (de cajón que hiciera de bruja, si fue una Celestina soberbia en cine y teatro) o una breve María Barranco a la que se le debería de haber dado más metraje, incluso Macarena Gómez está muy divertida con esa cara de atractiva maldad que la naturaleza le ha dado. En cambio Carolina Bang por mucho que se esfuerza con un papel que De la Iglesia ha hecho a su medida la pobre chica no convence demasiado, aun así se le agradece la entrega. Por supuesto me veo en la necesidad de incluir entre las "actrices" a unos Cárlos Areces y Santiago Segura inolvidables como las dos señoras antropófagas que se unen al aquelarre y funcionando como pareja bastante mejor que la otra que paso a comentar a continuación.




Entre los hombres está muy resuelto Hugo Silva, demostrando carisma y solvencia, Mario Casas hace bien de bonachón tontorrón y despistado (su papel no deja de ser una parodia de los chulos que ha tenido que interpretar a lo largo de su carrera ¡y no se quita la camiseta en toda la película!) pero ha estado mejor en Carne de Neón o Grupo 7 y el pequeño Gabriel Delgado es jodidamente entrañable, aunque a veces no se entienda lo que dice. Pero la revelación son Jaime Órdoñez, que por fin explota en todo su esplendor esa vis cómica que se vislumbraba en sus breves apariciones en Aquí No Hay Quien Viva y Javier Botet, actor de peculiarísimo físico, el de la Niña Medeiros ni más ni menos, que brilla como Luismi. De los habituales de la casa impagable Enrique Villén con ese remedo del Igor, estrabismo incluido de serie, de El Jovencito Frankensetein de Mel Brooks y el ya mencionado Manuel Tallafé. En cambio el dúo de policías al que dan vida Pepón Nieto y Secun de la Rosa, a estos me refería en el párrafo anterior, no me acaba de convencer y eso que los intérpretes hacen bien su trabajo.




Pero Las Brujas de Zugarramurdi tiene el mismo fallo que Balada Triste de Trompeta, su excesiva entrega al caos y lo descontrolado. Un servidor pensaba que el regreso del habitual colaborador de De la Iglesia en los guiones, Jorge Guerricaechevarria, conseguiría atar en corto al director para que no se desbocara demasiado con la narración, pero no es así del todo. Desde la llegada Zugarramurdi la cinta se desata narrativamente, no tanto como para desestructurar la solidez del libreto, los autores de Acción Mutante o La Comunidad son perros viejos en esto, pero sí lo suficiente como para que se alternen momentos innecesariamente alargados (las persecuciones por la mansión, la ineficaz pelea aérea a lo Matrix entre madre e hija) con otros sobresalientes (esa Venus de Willendorf deudora del Peter Jackson de Brainded o el ritual que la precede) haciendo que el viaje finalmente valga la pena, aunque ese final ¿buenrollista? hubiera sido rematado, acertadamente, con más mala baba por el De la Iglesia de épocas pretéritas. Aunque es comprensible que el cineasta le coja cariño a sus criaturas.




La última obra cinematográfica de Álex de la Iglesia merece la pena. Es un trabajo solvente, divertido, personal y anárquico en el buen sentido de la palabra. El bilbaíno no profundiza en el machismo y tampoco el feminismo, sólo retrata a los dos géneros con sus virtudes y defectos y se ríe y hace mofa de las guerras de sexos, la peculiar discusión de "novios" entre Silva y Bang así lo atestigua, situando su historia en un contexto que conoce bien, sus raíces son de allí, pero hiperbolizándolo hasta llegar a la sátira. Nos encontramos con una pieza memorable, sobrecargada, carismática, imperfecta o lo que es lo mismo, con un microcosmos entre barroco y gótico de lo que es a día de hoy el universo de su autor y la película más puramente vasca de este desde sus dos inolvidables primeros largometrajes.