DirectorMatthew Vaughn GuionJane Goldman, Karl Gajdusek y Matthew Vaughn, basado en el cómic de Mark Millar y Dave Gibbons RepartoRalph Fiennes, Harris Dickinson, Djimon Hounsou, Gemma Arterton, Rhys Ifans, Charles Dance, Tom Hollander, Matthew Goode, Daniel Brühl, Aaron Taylor-Johnson, Stanley Tucci, David Kross, Alison Steadman
Después de haber visto pospuesta su fecha de estreno en numerosas ocasiones, algo a lo que nos estamos habituando por culpa de los estragos que la pandemia está haciendo en la taquilla internacional, por fin llegaba a la cartelera española The King’s Man, subtitulada en nuestro país como La Primera Misión, la tercera entrega de la franquicia cinematográfica inspirada en la serie de Icon Comics creada por el guionista escocés Mark Millar (The Ultimates) y el dibujante inglés Dave Gibbons (Watchmen) en 2012 y que cuenta ya con tres miniseries. Dos años después de la publicación del primer arco, The Secret Service, el cineasta Matthew Vaughn produjo, co escribió y dirigió una adaptación protagonizada por Colin Firth, Taron Egerton, Samuel L. Jackson, Mark Strong, Michael Caine o Sofia Boutella que contó con una continuación tres años después titulada Kingsman: The Golden Circle reclutando a Jeff Bridges, Halle Berry, Chaning Tatum o Pedro Pascal para su casting. Cuando todo apuntaba que se cerraría la trilogía de las aventuras en el mundo del espionaje de Gary «Eggsy» Unwin el autor de X-Men: First Class o Kick-Ass anunciaba una precuela en la que se narraría el origen de la agencia de espionaje que da nombre a la franquicia. The King’s Man está escrita por Jane Goldman, Karl Gajdusek y Matthew Vaughn además de dirigida por este último y cuenta en su reparto con los rostros de Ralph Fiennes, Harris Dickinson, Djimon Hounsou, Gemma Arterton, Rhys Ifans, Charles Dance, Tom Hollander, Matthew Goode, Daniel Brühl, Aaron Taylor-Johnson o Stanley Tucci entre otros.
La época y el contexto histórico elegidos para desarrollar la trama y lo que vendría a ser la génesis de Kingsman como organización es la Primera Guerra Mundial y todos los hechos que llevaron a dicha contienda son expuestos en pantalla, pero con la ficticia implicación de los personajes ideados por Matthew Vaughn y sus colaboradores comandados por Orlando, el Duque de Oxford, interpretado por Ralph Fiennes. Tomando este punto de partida el director de Layer Cake factura una nueva entrega de la saga que respeta la esencia de las anteriores películas de Kingsman, pero esta vez adentrándose de manera más o menos ortodoxa en otros géneros como el bélico, que cobra gran protagonismo a lo largo del metraje. De esta manera nos encontramos nuevamente con una versión hiperbólica y con sobredosis de anabolizantes del cine de James Bond con su acción desmesurada, dramatismo y un humor más dosificado que en los trabajos previos, pero funcionando al 100% cuando la obra apela a él.
El atentado contra el archiduque Francisco Fernando de Austria en Sarajevo, la mala influencia de Grigori Rasputín en el zar Nicolás de Rusia y su posterior asesinato mediante los medios más rocambolescos o los mismos combates en el frente durante la Gran Guerra sirven de material para que Matthew Vaughn construya una película profundamente británica en la que el patriotismo y el honor de morir en el cumplimiento del deber se convierten en el epicentro de un relato con tendencia al trazo grueso desde unas perspectiva política y el subrayado algo zafio con respecto a los distintos implicados en la Primera Guerra Mundial cayendo en tópicos manidos, pero siempre con la intencionalidad de dar empaque a una trama que no da un respiro al espectador mediante el habitual pulso del autor de Stardust que en esta ocasión no se revela tan desaforado como en Kingsman: El Círculo Dorado, que ya con su secuencia de apertura sobrepasaba cualquier pasaje exagerado de la primera entrega estrenada en 2014.
Como previamente hemos afirmado The King’s Man incide más en el drama que sus predecesoras y es que los estragos producidos por la guerra y la incursión de Conrad Oxford (Harris Dickinson) en el frente o la matanza encarnizada a la que allí asiste permiten a Vaughn jugar en un terrenos más predispuesto a la tragedia y la pérdida mientras configura secuencias de gran fuerza audiovisual como el enfrentamiento silencioso en tierra de nadie entre británicos y alemanes. Pero seguimos encontrándonos ante una película inspirada en el mundo secuencial creado por Mark Millar y Dave Gibbons, de manera que el humor negro y la violencia desaforada son de vital importancia en el discurrir de acontecimientos desarrollados a lo largo de la obra, llegando a su cénit con el enfrentamiento contra el Rasputín de un enorme Rhys Ifans que pedía a gritos, si no un spin off protagonizado por él mismo, al menos más metraje en pantalla.
Previsiblemente se ha renovado todo el reparto con respecto a las otras dos Kingsman, lógico si tenemos en cuenta que los hechos de aquellas ocurren 90 años después de los de la presente, pero en este sentido Matthew Vaughn y sus guionistas han pecado de conservadores y solo han sustituido a unos actores por otros para ejercer casi los mismos roles. Si el Orlando de Raplh Fiennes toma el relevo del Harry Hart de Colin Forth, el Harris Dickson el del Eggsy de Taron Egerton o Djimon Honsou hace lo propio con Mark Strong sería en el bando de los villanos donde no se respeta esa regla. Como era de esperar el actor de La Lista de Schindler o la saga Harry Potter sobresale por medio de carisma y elegancia, viéndose escoltado por sus ya citados aliados a los que se suman Gemma Arterton, Matthew Goode, Charles Dance, Daniel Brühl, Valerie Pachner o Tom Hollander, así como Aaron Taylor-Johnson o Stanley Tucci con intervenciones más breves conformando un casting imponente al que también pertenece el anteriormente citado y alabado Rhys Ifans.
Aunque mueva sus piezas con soltura y eficiencia en un tablero diferente al de Kingsman: Servicio Secreto o Kingsman: El Círculo Dorado esta precuela comete el fallo de ser demasiado continuista y poco original cuando podía haber explorado nuevas posibilidades para una franquicia que comienza a dar síntomas, puede que no de cansacio, pero sí de desgaste. The King’s Man es un proyecto 100% Matthew Vaughn, un divertimento frenético, violento y ligero que da lo que promete respetando las constantes planteadas por Mark Millar y Dave Gibbons en el cómic primigenio. Como la mayoría de blockbusters de este 2021 tampoco ha funcionado bien en taquilla, pero no dudamos que Disney y 20th Century Studios nos ofrecerán al menos una nueva película dentro de este microcosmos ficcional que cierre la trilogía de Eggsy en la actualidad antes de que su máximo responsable comience ese reboot de Kick-Ass ya anunciado que podría centrarse en los cómics protagonizados por Patience Lee, la sustituta de Dave Lizewski en la cabecera creada por Mark Millar y John Romita Jr.
GuionEric Pearson, Jac Schaeffer y Ned Benson basado en el personaje de Stan Lee, Don Rico y Don Heck
RepartoScarlett Johansson, Florence Pugh, Rachel Weisz, David Harbour, William Hurt, Ray Winstone, O.T. Fagbenle, Michelle Lee, Olivier Richters, Nanna Blondell, Joakim Skarli, Obie Matthew, Paul O’Kelly´
El 1 de mayo del nefasto 2020 era la fecha elegida para que Disney y Marvel Studios estrenaran por todo lo alto Black Widow, la vigésimo cuarta película del Universo Cinematográfico Marvel (MCU), segunda protagonizada por una mujer y primera de la Fase 4. Pero la pandemia, el estado de emergencia sanitaria y el confinamiento trastocaron la puesta de largo internacional del largometraje protagonizado por Scarlett Johansson. Tan complicada situación hizo que Disney no sólo fuera posponiendo la llegada a las carteleras del film, sino sembrando la duda sobre si llegaría a pasar por las multisalas o si se estrenaría de manera exclusiva en el access premiere de Disney Plus, la plataforma de streaming de la todopoderosa compañía. Afortunadamente esta vez los sufridos cines no se han visto en la complicada tesitura de no contar entre sus proyecciones con la muy esperada cinta protagonizada por la famosa vengadora de la que ya conocemos su fatal destino después de los hechos acontecidos durante la descomunal Vengadores: Endgame, algo que también puede hacerse en el ya citado servicio de VOD. De la dirección del proyecto se encarga la australiana Cate Shortland (SMILF), del guión Eric Pearson (Thor Ragnarok) a partir de una idea de Jac Schaeffer (WandaVision) y Ned Benson (The Disappearance of Eleanor Rigby). En el reparto de secundarios encontramos a Florence Pugh (Midsommar), Rachel Weisz (La Momia), David Harbour (Stranger Things), William Hurt (El Increíble Hulk), Ray Winstone (Indiana Jones y la Calavera de Cristal) u Olga Kurylenko (Oblivion).
Durante su arranque Viuda Negra remite a ciertos lugares comunes sobre el cine de espionaje internacional de nacionalidad estadounidense que no supone la mejor de las cartas de presentación. Patriotismo yanqui, coletazos de la Guerra Fría a estas alturas parecía que ya superados, rusos malvados. Una sesión continua de tópicos que nos hacen arquear la ceja en más de un momento, pero que conforman un prólogo que sí funciona como primera toma de contacto con los personajes principales y la relación que mantienen los unos con los otros. Una vez terminada esa secuencia introductoria la línea temporal se traslada al periodo inmediatamente posterior a Capitán América: Civil War y los acuerdos de Sokovia con Natasha Romanoff como fugitiva del gobierno de Estados Unidos viéndose inmersa en una red criminal, controlada desde las sombras por Dreykov (Ray Winstone), estrechamente vinculada con su pasado y haciéndole reencontrarse con su familia formada por sus padres Alexei (David Harbour) y Melina (Rachel Weisz) o su hermana Yelena (Florence Pugh).
No es casualiad que en el ya citado prólogo veamos en un televisor la imponente figura del tristemente desaparecido Michael Lonsdale dando vida a Hugo Drax en Moonraker (Lewis Gilbert, 1979), una de las películas de James Bond más recordadas de la etapa en la que Roger Moore dio vida al agente al servicio de su majestad con licencia para matar. Porque Viuda Negra no es otra cosa que una derivación a lo “Marvel Studios Style” del espionaje internacional high tech de las adaptaciones cinematográficas de las novelas de Ian Fleming adheriéndola a la pátina superhéroica del Universo Cinematográfico Marvel que pudimos ver en las entregas del Centinela de la Libertad dirigidas por los hermanos Anthony y Joe Russo o su heredera natural, la irregular serie The Falcon and the Winter Soldier. A la hora de diseñar una cosmogonía audiovisual propia para el personaje creado en su origen por Stan Lee, Don Rico y Don Heck allá por el lejano año 1964 los responsables del film han decidido transitar por esta reconocible senda deudora de 007.
Como thriller de espionaje manistream Black Widow funciona a las mil maravillas, pero en ningún momento pude quitarme de la cabeza las declaraciones de la directora argentina Lucrecia Martel afirmando que al proponerle rodar el film ella se encontraba ilusionada por poder realizar unas escenas de acción que desde Disney le comunicaron llevarían a cabo una segunda unidad especializada en este tipo de pasajes y, todo hay que decirlo, con muy buenos resultados. Este secreto a voces que es indivisible al cine de Hollywood desde tiempos casi inmemoriales siempre viene a confirmar que los directores de este tipo de blockbusters la mayoría de las veces son asalariados que no pueden inyectar su propia impronta en lo que es una maquinaria bien engrasada en la que tienen poca voz y no mucho más voto. De manera que sí, los tiroteos, explosiones o persecuciones por tierra y aire están ahí y son tan efectivas como era de esperar, pero Cate Shortland ha tenido poco que ver con ellas.
Lo más curioso de Black Widow es que a pesar de imperar el fuego de artificio bien entendido y con un diseño a la altura de las circunstancias, cuando mejor funciona su propuesta es al revelarse como una “película de personajes”. Porque es un hecho ineludible que los tres intérpretes secundarios elegidos para dar la réplica a Scarlett Johansson son un acierto de casting mayúsculo. No sólo el encanto de una Florence Pugh como Yelena robando más de una escena a su compañera, la sorna y atolondrada personalidad de David Harbour en la gruesa piel de Alexei/Guardián Rojo enamorando al patio de butacas y la ambigüedad de una inteligente Rachel Weisz dando voz y físico a Melina despertando más de una sospecha entre los espectadores juegan totalmente a favor del proyecto. Es que al compartir plano los cuatro conforman una familia totalmente atípica y desestructurada alternando pasajes dramáticos con otros de un humor muy bien planteado (aquí son la protagonista de Mujercitas y el actor de Tyler Rake los que protagonizan las mejores situaciones) dando alma y corazón a la película.
Desgraciadamente el guion de Eric Pearson, desarrollado a partir de un argumento a cuatro manos entre Jac Schaeffer y Ned Besnson, no aprovecha todo el potencial de su interesante propuesta. Aunque al inicio de la reseña hemos mencionado los manidos estereotipos que maneja la historia también es cierto que juega muy bien sus cartas al utilizar a las viudas negras, la Sala Roja y Dreykov como una alegoría sobre la trata de blancas y el Polvo Rojo de la toma de conciencia que lleva a dichos personajes a la sororidad entre mujeres. Pero en el lado opuesto tenemos un libreto repleto de situaciones previsibles mil veces vistas que convierten Black Widow en una pieza adscrita al subgénero superheróico con poco de original y sí mucho de redundante. Por otro lado, más grave todavía, se suma a ese mal endémico del cine comercial actual en el que parece que se debe sobreexplicar la trama para dejar satisfechos a todos aquellos puntillosos que van a criticar la “inverosimilitud” de depende qué escena, como si Hollywood se adentrara en el peligroso terreno de querer dejar satisfecho a todo el fandom, algo imposible de llevar a cabo.
A estas alturas ya he leído declaraciones de compañeros, usuarios de redes sociales y miembros de la prensa especializada que o bien consideran Black Widow una película top dentro del Universo Cinematográfico Marvel o una de las peores ideadas por la Marvel Studios de Kevin Feige. Un servidor se queda a años luz de considerar película en solitario de Nastasha Romanoff una mala película, y más si tenemos en cuenta los infantiles argumentos que promulgan algunos de sus detractores, pero tampoco me sumo a los que la tildan de obra maestra obnubilados por el simple hecho de haber podido ver una nueva película del UCM en pantalla grande. El que esto firma se queda a medio camino, habiendo disfrutado de lo visto gracias a su hipérbole de acción, personajes entrañables y pasajes dinámicos con una versión de Taskmaster/Supervisor de imponente presencia física, pero siendo consciente de que esta estimable despedida del personaje de Scarlett Johansson podía haber sido mucho mejor de lo que es.
"Precisamos nuevos héroes. Que sean adecuados para estos tiempos. Los símbolos no son nada sin las mujeres y los hombres que les dan sentido"
Sin mucho tiempo para haber digerido el impacto producido por la sobresaliente WandaVision y todavía con la resaca de la epatante y mastodóntica La Liga de la Justicia de Zack Snyder Disney + y Marvel Studios vuelven con el primer episodio de The Falcon and the Winter Soldier, la serie protagonizada por los alter egos superheróicos de Sam Wilson y James Buchanan “Bucky” Barnes a los que dan vida los actores Anthony Mackie y Sebastian Stan respectivamente. De la escritura y desarrollo de la miniserie se encarga Malcom Spellman (Empire, Hip Hop Uncovered), con el respaldo de Derek Kolstad (John Wick), y de dirigir todos los episodios se responsabiliza la canadiense Kari Skogland (Marvel’s The Punisher, The Walking Dead). El resultado de este episodio piloto es más o menos el esperado sin distanciarse demasiado, por ahora, de lo expuesto en los trailers con poco más de 45 minutos que toman el rol de primera toma de contacto con los espectadores.
Aunque era algo fácil de vaticinar y todo el material promocional apuntaba claramente a ello The Falcon and the Winter Soldier sigue la estela conceptual, visual y narrativa de las dos películas del Capitán América rodadas por los hermanos Anthony y Joe Russo. Esa primera y potente secuencia de acción centrada en el personaje de Anthony Mackie ya nos retrotrae de manera explícita al tono de cine de espionaje high tech de la impresionante Capitán América: El Soldado de Invierno (2014) y la remarcable Capitán América:Civil War, (2016) algo que se confirma con el pasaje dedicado al pasado de Bucky Burns en forma de ensoñación por parte del personaje de Sebastian Stan. Pero, como es lógico, no sólo de este tipo de situaciones vive la serie de Disney + y Marvel Studios, ya que ambos protagonistas comienzan a interactuar con los personajes secundarios que componen su entorno más cercano y de ello surgen situaciones cayendo un poco más en los tópicos dramáticos propios de estas ficciones, siendo los de Falcon bastante más obvios que los de Winter Soldier, posiblemente también porque Stan es un actor bastante más resuelto y versátil que Mackie sabiendo exprimir el material que los guionistas ponen en sus manos.
Un servidor estaba seguro de que después de la originalidad y atípica naturaleza de WandaVision, The Falcon and the Winter Soldier iba a resultar un producto más convencional que, en cierta manera, nos supiera a poco, al menos en sus primeros compases. Pocas quejas por mi parte, ya que el guión de Malcolm Spellman es tan procedimental como efectivo, la realización de Kari Skogland evidencia sus años de directora curtida en series de primer nivel sin mucho que envidiar técnicamente a lo que hicieron los hermanos Russo en las ya citadas El Soldado de Invierno y Civil War, aunque seguramente, y al igual que aquellos, recurriendo mucho a la segunda unidad para rodar las secuencias más dinámicas; mientras los actores cumplen sobradamente con roles que ya conocen perfectamente por llevar interpretándolos durante años. Sólo me deja un poco frío lo estereotipado de algunas subtramas, principalmente la de la hermana de Sam Wilson, que espero no desemboquen en el manido discurso lacrimógeno puramente estadounidense. Ojalá que la llegada del U.S. Agent, Sharon Cater o Zemo y esa amenaza terrorista enmascarada den empaque al proyecto y me hagan tragarme mis palabras en este sentido.
The Star-Spangled Man se titula el segundo episodio de The Falcon And The Winter Soldier y en gran parte se dedica a presentar y desarrollar la personalidad de John Walker aka U.S.Agent, que aquí ocupa el rol del nuevo Capitán América como se nos mostró en el cierre de la primera entrega de la serie. Los conocedores del personaje en los cómics sabemos de qué pie cojea y lo que probablemente acabará haciendo conforme vayan pasando los capítulos, por eso es interesante que en el arranque de este se incida en su psicología, para lo que pueda llegar a convertirse en un potencial villano y enemigo de los protagonistas no caiga en estereotipos manidos, dándole un tratamiento con cierta profundidad. Aunque el casco le queda bastante mal una vez vemos en acción a Wyatt Russell este se apodera del personaje y, aunque a años luz de distancia, es inevitable ver en sus facciones y gestos los ecos del gran Kurt Russell, junto a Goldie Hawn progenitor del actor de la potente Overlord (Julius Avery, 2018) .
Más allá de eso The Falcon and The Winter Soldier sigue la senda abierta por New World Order mamando argumental y técnicamente de las dos producciones de los hermanos Anthony y Joe Russo con el Capitán América de Chris Evans. En ese sentido se mantiene un adecuado equilibrio entre la acción propia del cine de espionaje ejecutado con tanta eficacia como impersonalidad y un drama con muy buenas intenciones, pero no siempre acertado debido a su tendencia al trazo grueso, los lugares comunes y la casi total ausencia de sutilidad. Por un lado el tratamiento de las situaciones de racismo vividas por Sam Wilson son reconocibles y muy cercanas a la realidad, pero están abordadas de manera demasiado obvia y simplista desde el guión. Por otro es el mismo trabajo de los escritores el que fuerza en ocasiones pasajes que bordean la incredulidad ya que Wilson y Barnes deberían darse cuenta de que preservar el legado de amistad y compromiso hacia Steve Rogers puede desembocar en una situación perjudicial para ese país por el que supuestamente darían sus vidas, algo que casi con toda seguridad será el catalizador de lo que pueda llegar a hacer John Walker en próximos episodios.
Por suerte no son pocos los aciertos de The Falcon And The Winter Soldier que la hacen merecedora de nuestra atención, aunque por ahora no sea un producto excelso dentro de su género. Ya hemos podido ver a los protagonistas compartir plano y desarrollar dinámicas en las que el equilibrio entre el drama y la comedia está muy bien medido. Malcolm Spellman y su equipo de guionistas también aciertan a la hora de de no acometer las acciones e intenciones de los “Flag Smashers” desde el maniqueísmo propio de este tipo de producciones estadounidenses, no exponiéndolos en pantalla como un grupo de terroristas descerebrados a los que derrotar y sí como un equipo con una causa que ellos consideran justa y de la que sabremos más dentro de poco. The Star-Spangled Man cierra con Barnes y Wilson preparados para ir a hablar con el Zemo de Daniel Brühl, que si bien fue un villano a la altura en Capitán América: Civil War poco tenía, para un servidor, de su contrapartida en viñetas. Esperemos que su intervención en la serie de Disney + y Marvel Studios me haga cambiar de opinión.
Con Power Broker llegamos al ecuador de esta corta temporada y con él y la aparición del Barón Zemo de Daniel Brühl, del que no sabíamos nada desde la excelente Capitán América: Civil War, se marca un cierto punto de inflexión tonal en el proyecto. Seguimos dentro de los preceptos clásicos del thriller político para todos los públicos, por ello no podemos esperara tampoco una visión arriesgada o verdaderamente militante en un producto propiedad de Disney, pero parece como si el villano creado en las páginas de Captain America #168 (diciembre 1973) por el guionista Tony Isabella y el dibujante Sal Buscema diera un vuelco a la miniserie diseñada por Malcolm Spellman y Kari Skogland. Con este tercer episodio viajamos a Madripoor y The Falcon And The Winter Soldier deriva más que nunca a la buddy movie de tono más ligero y sumando apuntes cómicos con los personajes introduciéndose en un submundo criminal en el que ponen en peligro sus vidas. Que Derek Kolstad, guionista de la saga John Wick, esté detrás del guión del episodio no debería pillarnos por sorpresa.
Como ya apunté al hablar del segundo episodio esperaba que la aparición de Helmut Zemo reparara el fallo cometido con la versión de Daniel Brühl, que aun siendo un villano interesante y coherente con su propia idiosincrasia poco tenía que ver con su contrapartida en las viñetas. Pero en este episodio de The Falcon And The Winter Soldier no sólo no encuentro lo que buscaba, sino que asistimos a cómo el personaje interpretado por el actor de Malditos Bastardos se aleja incluso de lo visto en la ya citada Capitán América: Civil War ofreciendo un rol mucho más liviano, alejado del trasfondo trágico que lo caracterizaba, convirtiéndose casi en una descarga cómica o una especie de forzado sidekick que sólo recuerda al letal villano de las viñetas durante los pocos segundos en los que porta su famosa máscara y entra en acción. Esperemos que en el resto de episodios en los que haga acto de presencia suponga una amenaza para los protagonistas, porque por ahora sabemos que algo trama, pero parece más un “colega por conveniencia” que otra cosa.
Con respecto al guión y el desarrollo de acontecimientos en este capítulo se notan bastantes carencias o ciertas derivas que apuntan malas maneras en cuanto al argumento. Si el plan de Wilson y Barnes de sacar a Zemo de la cárcel porque tiene una pista ya era bastante cuestionable que dejen al barón hacer lo que le plazca, incluyendo cometer delitos y matar personas, sin que haya una sola represalia y fiándose al 100% de sus acciones no tiene pies ni cabeza. Por otro lado lo que puntualmente aporta Sharon Carter a la trama, porque parece que va a tener menos relevancia en la serie de la que aparentaba en un principio, podría haberse resuelto sin su incursión en el proyecto y la pobre excusa de su exilio durante siete años no se sostiene por ninguna parte sabiendo que Steve Rogers, aún en la clandestinidad, no paró de cumplir con su deber. A eso sumemos el primer trazo grueso para que se pierda la, hasta ahora, ambigüedad de los Flags Smashers o por lo menos la de Karli Morgenthau, la insulsa resolución de la llamada de teléfono de la hermana de Sam o la nada creíble escena del chupito con los intestinos de serpiente. Pobre trabajo de escritura por parte de Derek Kolstad en el que es el libreto más pobre de la serie.
Desgraciadamente este giro hacia una vertiente del thriller más dinámica y ligera que pudiera haber hecho ganar enteros al show no se salda con éxito por culpa de un guión inestable, incongruente y con notables carencias referidas a la lógica narrativa más básica. The Falcon And The Winter Soldier sigue siendo un entretenimiento meritorio y por el que merece la pena desperdiciar entre 45 y 50 minutos semanales, pero no está a la altura de lo esperado y por ahora más que una continuación estilística y argumental de sus principales referentes, Capitán América: El Soldado de Invierno y Capitán América: Civil War, pareciera un apéndice o epílogo de los mismos que trata de imitarlos con resultado bastante desigual. Esperemos que esos John Walker y Lemar Hoskins, bastante arrinconados en esta entrega, comiencen a tornar en roles más activos, porque la temporada entre en su segunda mitad y lo que hemos visto hasta el momento no se aleja demasiado de un proyecto cumplidor para pasar el rato que esperemos mejore y no marque el tono a seguir para las próximas series de Disney + y Marvel Studios.
Con respecto al decepcionante episodio anterior este The Whole World is Watching supone una notable subida de calidad revelándose como uno de los mejores, posiblemente el mejor, de lo que llevamos de The Falcon And The Winter Soldier. Sólo el arranque con el flashback en Wakanda en el que Sebastian Stan por fin puede mostrar lo buen actor que es ya supera a todo lo que hemos podido ver hasta el momento de la serie ideada por Disney + y Marvel Studios. Esa secuencia no sólo brilla por su carga framática, derivada por todo lo que sabemos con respecto al personaje desarrollado en Capitán América: El Soldado de Invierno y Capitán América: Civil War, sino por cómo perfila con elegancia y sutilidad la relación previa entre Bucky y Ayo para dar contexto a lo que sucederá después cuando las Dora Milaje entren en acción para dar caza a Helmut Zemo.
Se deja de lado el tono de buddy movie insuflado artificialmente al episodio 3, llegando a adentrarse en terrenos de una comedia totalmente fuera de lugar, y volvemos al espionaje internacional y conspiranoico propio de las ya apeladas incursiones cinematográficas de los hermanos Anthony y Joe Russo protagonizadas por el alter ego superheróico de Steve Rogers. Otro acierto es la vuelta a los claroscuros ideológicos y morales con respecto a los Flags Smashers en general y a Karli Morgenthau después del trazo grueso con el que se trató su subtrama en la entrega previa. Aquí volvemos a encontrar a un grupo de revolucionarios que luchan por una causa noble, pero cuyos métodos expeditivos ponen en entredicho su lucha, como bien hace saber a la líder del grupo un Sam Wilson compartiendo la importancia de la misión en la que se han embarcado, pero no los medios que usan para llevarla a cabo.
Pero en cuanto a definir la psicología de los personajes en esta ocasión debemos destacar al John Walker de un cada vez más creible Wyatt Russell. Después de haber sido arrinconado a un par de escenas poco trascendentes en Power Broker el nuevo Capitán América se apodera del metraje del cuarto episodio gracias a un adecuado desarrollo de su personalidad desembocando en la magnífica recta final con el nacimiento del detestable rol de los cómics al que todos amamos odiar. El hijo de Goldie Hawn y Kurt Russell está siendo el blanco del odio de aquellos que no saben diferenciar la ficción de la realidad, pero por suerte vivir alejado de las redes sociales, su buen humor y ser sabedor de que está haciendo un trabajo notable con esta versión del USAgent son suficientes para que el actor de la recuperable Cold in July (Jim Mickle, 2014) pueda sentirse orgulloso de su labor delante de las cámaras, como nos deja ver ese remarcable clímax final repleto de simbología.
Aunque la remontada de este episodio, el más oscuro de la temporada, insufla nueva vida al proyecto también deja en evidencia la irregular labor de construcción narrativa adherida al proyecto a manos de Malcolm Spellman y Derek Kolstad que, a pesar de todo, sigue arrastrando aquí carencias como situaciones inverosímiles, actos estúpidos por parte de algunos personajes y tópicos manoseados hasta la extenuación propios de la ficción audiovisual protagonizadas por superhéroes. Pero no perdamos la esperanza, ya que tenemos a unos protagonistas que lucen bien en pantalla, un villano en ciernes que puede llegar a ofrecernos buenos momentos más allá de esta serie y un Barón Zemo que, por fin, empieza a comportarse como tal. Sólo dos episodios quedan para que termine The Falcon And The Winter Soldier y aunque siempre se muestra como un producto agradable de ver y con no pocos aciertos finalmente parece no salir del encorsetamiento de su punto de partida, quedándose a años luz de una WandaVision a la que no le llega ni a la suela de los zapatos.
Lamentablemente después de The Whole World Is Watching con Truth se vuelven a confirmar las mayores carencias de un producto como The Falcon And The Winter Solider. El quinto episodio arranca justo donde acabó el anterior, manteniendo la tensión acumulada por los actos homicidas de John Walker y con una espectacular pelea en la que este se enfrenta a los dos protagonistas de la serie. Esa secuencia, magníficamente rodada por una Kari Skogland siempre a la altura que no hubiera desentonado en las películas de los hermanos Anthony y Joe Russo con el Capitán América, pareciera ser el arranque de dos últimos episodios con los que el show experimentara una escalada de fuerza narrativa que supusiera la antesala de un clímax los suficientemente potente para que los espectadores que no estaban del todo convencidos con lo visto hasta ahora, entre los que me incluyo, recuperaran el interés perdido para encarrilar un cierre que nos hiciera olvidar los numerosos fallos del proyecto impulsado por Malcolm Spellman y la ya citada directora de origen canadiense.
Por desgracia todo es un espejismo. Después del prometedor arranque y secuencias interesantes como la de la presentación de Madame Hydra (grande Julia Louis-Dreyfus) o la conversación con Isaiah Bradley el episodio vira hacia un tono ligero e insustancial que muestra, una vez más, las muchas carencias estructurales, conceptuales y narrativas de The Falcon And The Winter Soldier. El coutis interruptus que supone empezar por todo lo alto un capítulo que pareciera volver a los terrenos de las mejores películas protagonizadas por el alter ego de Steve Rogers para acabar desembocando en un melodrama paupérrimo con reminiscencias de ¡Qué Bello es Vivir! ((It’s a Wonderful Life, Frank Capra, 1946) en el que Bucky y Sam conversan de todo lo que está sucediendo con los Flags Smashers y Karli Morgenthau mientras arreglan el barco como si comentaran el partido de fútbol del fin de semana no tiene pies ni cabeza. ¿Por qué son tan abruptas y poco creíbles las transiciones espaciales y temporales en esta serie? ¿Por qué Sarah no pidió ayuda a los vecinos años antes de que lo hiciera su hermano si tenían una deuda con su familia? ¿Por qué los guionistas caen en los tópicos de la forzada relación romántica con hermano celoso? ¿Por qué esta trama innecesaria de colegueo cuando a estas alturas la miniserie debería estar funcionando a todo trapo para darnos un final espectacular?
Y podríamos seguir con las preguntas a decisiones sin sentido. ¿Por qué Sam Wilson es tan estúpido como para no darse cuenta de que el racismo rodea a la gente como él, también en la actualidad, si lleva viéndolo desde el primer episodio? ¿Por qué los guionistas son tan manipuladores y vagos como para utilizar el recurso de que los padres de Lemar Hoskins repitan una y otra vez que se sienten felices debido a que John mató al asesino de su hijo sólo para subrayar de mala manera el sentimiento de culpa de este? ¿Por qué volvemos al trazo grueso a la hora de retratar a una Karli Morgenthau que ahora, de repente, se considera una criminal que manipula armamento a la luz del día y disfruta sometiendo la mente de personas inocentes como una villana de opereta? ¿¿Por qué si le estaban dando tanta importancia a Zemo hacen que se vaya casi sin ninguna repercusión y por la puerta de atrás?? ¿¿Dónde está Sharon Carter???. Si en cuanto al apartado técnico no tengo queja y en lo referido al artístico hay luces y sombras a nivel de escritura esta serie es un caos casi insalvable.
Lo que podía haber sido el arranque de una recta final capaz de reconciliar The Falcon And The Winter Soldier con les espectadores dudosos o desencantados queda en un episodio que aprueba raspado sólo por la primera mitad de sus 61 minutos de metraje. La segunda es la enésima confirmación de que Malcolm Spellman, Derek Kolstad y el resto de guionistas no saben mantener el equilibrio entre los distintos tonos que quieten insuflar a un proyecto que al mostrar un mínimo síntoma de solidez compactando su desarrollo seguidamente sale por la tangente con una cantidad de inverosimilutudes y tópicos manidos hasta la extenuación capaces de crispar a la audiencia más calmada. Después del que la semana pasada había sido el mejor episodio de la miniserie nos encontramos el peor y de esta manera es imposible que Disney + y Marvel Studios puedan ofrecer a sus fans y suscriptores una ficción cohesionada, ya que va dando palos de ciego hacia un final que, visto lo visto, será una lotería en la que casi con toda seguridad nos va a tocar un boleto no premiado.
El último episodio de The Falcon And The Winter Soldier, titulado One World One People supone tanto un digno cierre para la serie como la confirmación de todas las carencias que hemos ido viendo a lo largo de sus seis entregas semanales. Después de que The Whole World is Watching se revelara como el mejor capítulo y seguidamente Truth como el peor, asistimos a a este clímax final que se salva de manera unitaria, pero no rescata la globalidad del proyecto de una más que contrastada irregularidad. Aunque no de manera tan acentuada, una vez más la estructura narrativa, el perfil de los personajes y el simplismo del mensaje que quieren transmitir Malcolm Spellman, Derek Kolstad y compañía muestran notorias flaquezas viéndose subsanadas en cierta manera porque la serie, por fin, apoya explícitamente su discurso sociopolítico en boca de Sam Wilson y aunque este peca de cierto paternalismo es muy de agradecer que un producto diseñado en el seno de una multinacional como Disney se muestre mínimamente contestatario a la hora de incluso reflexionar sobre la causa y los actos de los Flash Smashers en general y Karli Mornganthau en particular.
Pero seamos exactos. Si un episodio como One World One People funciona es porque el único apartado intachable de la serie, el técnico, aquí luce mejor que nunca. La directora Kari Skogland culmina una labor encomiable detrás de las cámaras sin mucho que envidiar a los hermanos Anthony y Joe Russo de los films del Capitán América. Como con aquellos, y todos los productos audiovisuales de Marvel Studios, seguramente la segunda unidad tenga mucho que decir para que los tiroteos, persecuciones, combates cuerpo a cuerpo, explosiones y secuencias aéreas se muestran efectivas en pantalla, pero aun así la canadiense ha demostrado ser una profesional conocedora de su trabajo y de cómo ejecutarlo con la presteza exigida. En lo referido a esto las alabanzas hacia los nunca suficientemente valorados especialistas de escenas de riesgo están más que justificadas ya que, en gran parte, son ellos los artífices de que los pasajes más dinámicos de la producción sean rotundos desde una perspectiva visual con más mérito teniendo que medir muy bien las dosis de violencia explícita en una serie dirigida a todos los públicos.
Para ser sinceros muchas cosas han jugado en contra de The Falcon And The Winter Solider, algo que ha quedado patente visto el resultado final. La primera de ellas es haber llegado después de la pequeña revolución que supuso dentro del UCM WandaVision, una serie arriesgada alejada del tono procedimental del proyecto que nos ocupa, en origen el que iba a ser la primera producción serializada de Disney + en colaboración con Marvel Studios, algo que hubiera jugado a su favor porque las comparaciones han sido inevitables. La segunda es la casi confirmación de que muchas de las carencias argumentales vienen porque se desechó una trama con un virus mortal después de confirmarse la actual pandemia que recorre casi la totalidad del planeta. Y la tercera que la bisoñez de Malcolm Spellman en este tipo de ficción se deja notar, cuando Disney + debería haber contratado, de nuevo, los servicios de Stephen McFeely y Christopher Markus, los guionistas de Soldado de Invierno o Civil War y a su vez los autores que habían perfilado inicialmente las personalidades de los Sam Wilson y James Buchanan “Bucky” Barnes cinematográficos.
El resultado lo hemos ido viendo semana a semana con una ficción casi siempre digna y entretenida, pero convertida en una montaña rusa con preocupantes subidas de y bajadas de calidad por culpa de libretos endebles, inconsistentes y repleto de lugares comunes que en pocas ocasiones sus artífices han sabido eludir o utilizar a su favor. El cuestionable tratamiento de villanos y antihéroes, la poco aprovechada química entre los dos protagonistas y notorios problemas de base a la hora de construir las distintas subtramas hacen de The Falcon And The Winter Soldier un paso en falso con respecto a la ambiciosa Fase 4 del Universo Cinematográfico Marvel que, como ya sabemos, hará interactuar largometrajes con series para la pequeña pantalla. A la espera quedamos de esa Loki que llegará el 11 de junio a la plataforma de pago por visión con Tom Hiddleston recuperando su carismático papel del Dios de las Mentiras con un tono que, según apuntan los trailers, poco tendrá que ver con la presente producción o la protagonizada por Elizabeth Olsen y Paul Bettany. Aquí estaremos una vez más para reseñar semanalmente un proyecto que, al menos en lo referente a un servidor, le haga reconciliarse al 100% con la enorme maquinaria ideada por Kevin Feige y sus colaboradores.
Título OrginalJack Reacher: Never Go Back(2016) DirectorEdward Zwick GuiónRichard Wenk, Marshall Herskovitz, Edward Zwick, basado en la novela de Lee Child RepartoTom Cruise, Cobie Smulders, Danika Yarosh, Aldis Hodge, Sue-Lynn Ansari, Teri Wyble, Holt McCallany, Robert Knepper, Tilton Lipoma, Madalyn Horcher, Michael Papajohn, Patrick Heusinger
Segunda entrega cinematográfica de la saga protagonizada por Jack Reacher, el personaje literario creado por el escritor británico Lee Child y al que da vida en pantalla grande un Tom Cruise en labores de protagonista y productor principal. La primera entrega data del año 2012, contaba con la presencia del siempre eficiente Christopher McQuarrie en el guión y la dirección y sin ser un dechado de virtudes se reveló como un entretenimiento de primer orden, una thriller policíaco con apuntes de neonoir muy eficiente, con un ritmo y una puesta en escena adecuados y un Tom Cruise al que el papel del ex militar reconvertido en justiciero le sentaba como un guante. Secuencias de acción tan sencillas como bien ejecutadas, un villano interesante a manos del cineasta Werner Herzog y una historia escueta y eficaz convirtieron el film en un éxito de taquilla bien recibido por la crítica.
La secuela llegó en el año 2016 con Tom Cruise de nuevo como máximo artífice del proyecto y unos equipos técnico y artístico totalmente renovados. En esta ocasión Christopher McQuarrie ejercía únicamente como productor cediendo la silla de la dirección al veterano Edward Zwick, viejo conocido de Cruise de los tiempos de El Último Samurai, y también co guionista de la obra junto a Richard Wenk y Marshall Herskovitz. En el reparto el protagonista de Nacido el 4 de Julio cambiaba a Rosamund Pike, Robert Duvall, Richard Jenkins, Werner Herzog o Jai Courtney por Cobie Smulders, Danika Yarosh, Patrick Heusinger,Holt McCallany o Robert Knepper. El resultado es no sólo una segunda parte muy por debajo de su predecesora, sino un largometraje fallido en no pocos aspectos hiriendo de muerte una franquicia que comienza a dar sus primeros pasos con un segundo episodio repleto de carencias e incoherencias en las que la primera Jack Reacher nunca llegó a caer.
Inspirándose en la decimoctava novela homónima protagonizada por el personaje ideado por Lee Child y con una trama localizada cuatro años después de lo acontecido en el primer largometraje Jack Reacher: Nunca Vuelvas Atrás abandona la herencia noir y el tono medianamente austero de su predecesora para entregarse a una trama rudimentaria hasta lo indecente revelándose como una intriga militar descafeinada al más puro estilo Tom Clancy. El aguerrido Jack Reacher del film de 2012 sólo se deja ver aquí en el prometedor prólogo del film para más tarde ir desapareciendo poco a poco de la historia y convertirse en un sosias de sí mismo al que parecen ajenas las habilidades para la lucha cuerpo a cuerpo y el uso de armas de fuego de su anterior aventura, ni siquiera un siempre entregado Tom Cruise parece tomarse demasiado en serio su trabajo como protagonista en una secuela en la que no parece haber depositado demasiada confianza.
La trama es inane hasta el hastío, la hemos visto cientos de veces en otros trabajos localizados en un entorno castrense con mejores resultados y se entrega rápidamente a los giros tramposos de guión, la estructuración inadecuada y los diálogos bordeantes en el sonrojo. Los personajes secundarios están pobremente perfilados y los villanos ni siquiera llegan a estarlo. Mientras Cobie Smulders se esfuerza por ser un poco convincente alto mando militar con experiencia en combate y Danika Yarosh da vida a un rol tan prescindible como repelente cuya única misión es ralentizar la trama y descaracterizar con su presencia al protagonista de Tom Cruise lo de los villanos de la velada en cambio clama al cielo. Mientras el matón de Patrick Heusinger no deja de ser un intimidante secuaz undimensional más allá de su fuerza bruta lo de Robert Kneeper como jefe criminal con poco más de cinco tristes minutos en pantalla da buenas muestras de la desgana con la que ha sido abordada Jack Reacher: No Vuelvas Atrás.
El problema es que todos los fallos mencionados previamente no son los más graves del largometraje, el más destacado de ellos tiene que ver con su realización. No sólo echamos irremisiblemente de menos a Chistopher McQuarrie y su destreza para las escenas de acción y suspense (ese arranque del primer film con Jai Cortney ejerciendo de francotirador y una total ausencia de diálogos) también es de lamentar que un artesano tan cumplidor como Edward Zwick acometa su labor en Jack Reacher: Nunca Vuelvas Atrás con el piloto automático encendido y una impronta desangelada. Todos los pasajes dinámicos se ven ejecutados con una desidia y morosidad flagrantes acumulando el metraje una serie de peleas, tiroteos y persecuciones desfilando atropelladamente en pantalla de la manera más paupérrima posible. Para colmo un montaje muy deficiente termina por sepultar lo que en la anterior entrega de la franquicia se revelaba como su mayor virtud desde un apartado técnico aquí repleto de carencias y escasa resolutividad.
Jack Reacher: Nunca Vuelvas Atrás supone un paso en falso para una saga que necesitaba una secuela dispuesta a confirmar las virtudes del primer y muy eficiente largometraje. Por desgracia la renovación del reparto de actores y el equipo técnico ha jugado en contra de la producción de Tom Cruise, y es que lo adecuado para una franquicia como Misión Imposible no tiene por qué funcionar para el resto de proyectos en los que se vea involucrado. Con todo el film funcionó notablemente bien en taquilla en su época de estreno, por lo tanto no podemos dar por muertas las adaptaciones del personaje de Lee Child. Aunque ahora el mismo Cruise y su colaborador, Christopher McQuarrie, tienen su mirada en otro lado mientras saborean las mieles del éxito con la alabada sexta entrega de las correrías del espía Ethan Hunt esperaremos una tercera entrega de Jack Reacher por parte de ambos que haga recuperar el pulso a un microcosmos ficcional con potencial para darnos algunas satisfacciones.
Título OriginalKingsman: The Golden Circle(2017) DirectorMatthew Vaughn GuiónJane Goldman y Matthew Vaughn basado en el cómic de Mark Millar y Dave Gibbons RepartoTaron Egerton, Colin Firth, Julianne Moore, Mark Strong, Halle Berry, Pedro Pascal, Channing Tatum, Jeff Bridges, Elton John, Bruce Greenwood, Emily Watson, Edward Holcroft, Hanna Alström, Sophie Cookson, Michael Gambon, Poppy Delevingne, Björn Granath, Samantha Womack, Matt Letscher, Tom Benedict Knight, Alessandro De Marco
Además de uno de los guionistas más prolíficos del mundo del cómic el escocés Mark Millar es un tipo muy inteligente. Después de haber pasado por las dos editoriales más importantes de Estados Unidos dejando su impronta en obras tan conocidas como Superman: Hijo Rojo en DC o Civil War en Marvel decidió en 2013 crear su propia compañía, Millarworld, con la que realizar sus propias creaciones siempre acompañado de ilustradores de primera línea como John Romita Jr (Kick-Ass), Steve McNiven (Nemesis) o Frank Quitely (Jupiter's Legacy) y con la mirada continuamente puesta en un Hollywood que cada vez se interesaba más por adaptar su obra al celuloide. Uno de los directores que más veces ha llevado a la pantalla grande el trabajo de Millar es el británico Matthew Vaughn que ya lo hizo con Kick-Ass y Kingsman: Servicio Secreto, film de 2014 inspirado en el cómic que el autor de The Authority ideó junto al dibujante Dave Gibbons (Watchmen).
La cinta protagonizada por Colin Firth, Taron Egerton, Samuel L. Jackson, Michael Caine o Mark Strong no sólo superaba considerablemente a la obra original en viñetas que no pasaba de entretenimiento cumplidor, también se reveló como una pieza demencialmente divertida con la que el autor de Stardust o Layer Cake se mostraba como uno de los directores de cine de acción más resueltos del panorama cinematográfico actual, algo de lo que previamente ya había dado buenas muestras en Kick-Ass y X-Men: Primera Generación. La prensa especializada recibió considerablemente bien Kingsman: Servicio Secreto y la taquilla respondió en consecuencia ante la propuesta ideada por Vaughn y su habitual colaboradora, Jane Goldman, de modo que la idea de una secuela empezó a gestarse en las oficinas de 20th Century Fox y Marv Films, productora propiedad del mismo Vaughn, poco después del éxito a nivel mundial de la primera entrega.
Kingsman: El Circulo de Oro es la demostración y confirmación de que la obra secuencial de Mark Millar ha cobrado una dimensión tran grande que, al igual que le ha sucedido a otros autores como Frank Miller o George R.R. Martin ya dentro de la literatura, Hollywood ha llegado a fagocitarla. Esta secuela de 2017 no está basada en ningún cómic del guionista escocés, porque nunca llegó a publicar una secuela de Kingsman: Servicio Secreto en la que Matthew Vaughn y Jane Goldman pudieran inspirarse. Evidentemente esto no resultó un impedimento para que la maquinaria se pusiera en funcionamiento, con el beneplácito del mismo Millar, y la secuela fuera tomando forma con el reparto de la primera parte casi al completo y algunos nuevos fichajes como los de Julianne Moore, Halle Berry, Pedro Pascal, Channing Tatum, Jeff Bridges o el cantante Elton John.
Los hechos de Kingsman: Golden Circle acontecen un año después de los del primer largometraje y estos toman como inicio la destrucción de la sede central de la agencia secreta Kingsman por parte de Poppy Adams, una perturbada empresaria que es la cabeza visible de una organización terrorista llamada Círculo de Oro que se dedica a distribuir a nivel global narcóticos adulterados cuyos efectos son letales para aquellos que los consumen. Eggsy y Merlín, que son los únicos supervivientes de los Kigsman, deberán viajar a Estados Unidos y hacer parada en Kentucky para asociarse allí con los Stateman, otra organización norteamericana dedicada al espionaje que usa como tapadera una destileria de whisky y que pondrá a disposición de los dos agentes británicos algunos de sus mejores hombres para encontrar a Poppy y desarticular su imperio del crimen.
Matthew Vaughn y Jane Goldman juegan la carta de la sinceridad desde el primer momento en Kingsman: El Círculo Dorado. La secuencia del taxi que abre el largometraje es toda una declaración de principios por parte de la obra ya que en esos poco más de diez minutos se condensa toda la esencia de esta secuela que hace suya la ley del "más y mejor" pero con unos resultados considerablemente meritorios. Escenas de acción física imposibles, persecuciones automovilísticas inverosímiles (con el derrape más largo de la historia del cine), una resistencia a los golpes fuera de lo común por parte de los dos implicados y brazos mecánicos controlados a distancia que son capaces de hackear los sistemas de seguridad de la agencia secreta más poderosa de Gran Bretaña. Llegados a este punto sólo queda tomarlo o dejarlo y si el espectador decide dejarse llevar por la propuesta de los autores la recompensa merece la pena.
Esta secuela de Kingsman: Servicio Secreto es nuevamente una parodia hiperbólica y exagerada de las películas de James Bond, sobre todo de las más vitriólicas que podrían fácilmente ser las protagonizados por Roger Moore a lo largo de la segunda mitad de los 70 y la primera de los 80, tomando de ellas no pocas ideas narrativas, estilísticas y conceptuales. Esta seña de identidad que nacía en el cómic de Mark Millar y Dave Gibbons y de la que se alimentaba el primer film es aquí llevada a un nuevo nivel con un encadenado continuo de secuencias de acción frenética que aún llegando e ocasiones a adentrarse en el complicado e inestable terreno de lo granguiñolesco siempre salen airosas gracias a la excelente labor detrás de las cámaras de un Matthew Vaughn que hasta del exceso de CGI sabe sacar partido a lo largo de su último proyecto como realizador.
En este contexto volvemos a encontrarnos agentes secretos de una condición física sobrehumana, villanos casi indestructibles y carismáticamente unidimensionales, persecuciones, tiroteos, hemoglobina salpicando a la cámara, atronadora música pop acompañando las coreografías de destrucción y muerte protagonizadas por los personajes y situaciones tan disparatadas que sólo podrán ser disfrutadas si nos entregamos sin miramientos una suspensión de la credibilidad que nos permita meternos de lleno en la montaña rusa que nos propone Matthew Vaughn. En el proceso, y al igual que sucedía con la película primigenia Kingsman: El Círculo Dorado contiene no pocos pasajes memorables en los que la violencia explícita, la bravuconería, el potente acabado técnico y la estupidez se dan la mano para ofrecer algunos de los momentos más divertidos vistos delante de una pantalla este 2017.
Al bastante convincente trío de protagonistas de la primera entrega, Taron Egerton, Mark Strong y Colin Firth se unen nuevos fichajes como unos episódicos Channing Tatum y Jeff Bridges, una encantadora Halle Berry y unos divertidos Bruce Greenwood y Emily Watson. Pero son Juliane Moore y sobre todo Pedro Pascal los mejores fichajes de Kingsman: El Círculo de Oro. La primera por abordar desde la contención y una sempiterna sonrisa su deliciosa villana de opereta y el segundo por convertir a su agente Whiskey en el mejor personaje de todo el largometraje siendo el protagonista de algunas de las mejores secuencias de acción del film. Por último especial mención a Elton John cuyas penosas dotes interpretativas son proporcionales a su impagable sentido del humor y la autoparodía que le permiten formar parte de los mejores gags cómicos de la película, como el de la patada voladora o el del perro robot en la bolera.
Más alocada y divertida que su predecesora, también menos consistente narratívamente y algo pasada de rosca que aquella, Kingsman: El Círculo Dorado no sólo es consecuente con lo que pudimos ver en la primera película, también respeta la esencia del cómic de Mark Millar y Dave Gibbons, Matthew Vaughn, Jane Goldman y el resto de colaboradores implicados en el largometraje ofrecen ingentes cantidades de fruición, salvajismo, falsa incorrección política (su mensaje en contra del consumo de drogas es tan simplista como inesperado) y humor negro o escatológico (el impagable comentario del anciano del asilo después de la situación con el teleférico) son suficientes ingredientes agradables para que los 141 minutos que dura la cinta pasen en un suspiro, la propuesta haga disfrutar a los espectadores y estos la olviden inmediatamente después de salir de los multicines en los que la proyecten. Nadie le ha pedido más al director británico ni él se ha visto en la necesidad de ofrecerlo.