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martes, 14 de enero de 2020

Star Wars Episodio IX: El Ascenso de Skywalker


Título Original Star Wars: Episode IX - The Rise of Skywalker (2019)
Director J.J. Abrams
Guión Chris Terrio, J.J. Abrams, Colin Trevorrow, Derek Connolly, basado en personajes creados por George Lucas
Reparto Daisy Ridley, Adam Driver, John Boyega, Oscar Isaac, Kelly Marie Tran, Joonas Suotamo, Domhnall Gleeson, Ian McDiarmid, Carrie Fisher, Anthony Daniels, Keri Russell, Billie Lourd, Lupita Nyong'o, Billy Dee Williams, Naomi Ackie, Richard E. Grant, Dominic Monaghan, Freddie Prinze Jr., Greg Grunberg, Jimmy Vee, Denis Lawson, Richard Bremmer, Amir El-Masry, Dave Chapman, Harrison Ford, Mark Hamill, Nasser Memarzia, Simon Paisley Day, Brian Herring, Philicia Saunders, Lin-Manuel Miranda, Jodie Comer, Billy Howle, Warwick Davis, Cailey Fleming, Ann Firbank, John Williams





Sólo tres años después de haber adquirido Lucasfilms por 4.000 millones de dólares Disney puso en funcionamiento una nueva trilogía que daría continuidad a la clásica ideada por George Lucas entre los años 70 y 80. Para iniciar tan complicada empresa, que hiciera olvidar el mal sabor de boca generalizado producido por las precuelas rodadas por el mismo Lucas, Kathleen Kennedy, presidenta de la productora desde 2012, solicitó los servicios del también productor, guionista y director J.J. Abrams, que venía de insuflar nueva vida a la otra franquicia galáctica, Star Trek. Con la ayuda de Lawrence Kasdan, viejo conocido de la saga, y Michael Arndt (Toy Story 3) el autor de Super 8 diseñó Star Wars Episodio VII: El Despertar de la Fuerza, un efectivo largometraje con muchos, puede que demasiados, puntos en común con Star Wars Episodio IV: Una Nueva Esperanza que a pesar de su conservadora conceptualidad funcionó a las mil maravillas arrasando en taquilla y agradando notablemente a la crítica.




Dos años más tarde, ya en 2017, Kathleen Kennedy y sus colaboradores dieron una vuelta de tuerca a la recién estrenada trilogía, como si quisieran acallar las voces de los que afirmaron que El Despertar de la Fuerza había sido más de lo mismo, y destituyeron a J.J. Abrams en favor de Rian Johnson, cineasta iniciado en el cine independiente con films como Brick y que poco antes había facturado una potente muestra de ciencia ficción titulada Looper protagonizada por Joseph Gordon Levitt y Bruce Willis. El autor de Puñales Por la Espalda (Knives Out) llegó para ofrecer una visión rompedora y controvertida no sólo de la nueva trilogía, sino también del lore adscrito a dicho microcosmos. Star Wars Epsodio VIII: Los Últimos Jedi se convirtió en una de las entregas más polémicas de la franquicia dividiendo al fandom entre furibundos detractores y apasionados seguidores.




Es más que probable que la polvareda levantada por el film escrito y dirigido por Rian Johnson fuera el catalizador de la recuperación de J.J. Abrams para cerrar la trilogía intentando contentar a aquellos que salieron airados de la proyección de Los Últimos Jedi y es ahí donde una propuesta como Star Wars Episodio IX El Ascenso de Skywalker comienza a edificarse sobre unos inadecuados cimientos a los que remitiremos un poco más tarde. J.J. Abrams volvía para ponerse a los mandos de la nave y al guión le acompañaba Chirs Terrio (Argo, Batman v. Superman: El Amanecer de a Justicia) sobre un argumento escrito por ellos mismos con la ayuda de Colin Trevorrow y Derek Connolly. En el reparto repetían los habituales Daisy Ridley, Adam Driver, Oscar Isaac, John Boyega, Joonas Suotamo o la fallecida Carrie Fisher, resucitada por obra y gracia del CGI.




Con Star Wars Episodio IX: El Ascenso de Skywalker sucede algo inaudito y es que el famoso y tradicional texto introductorio que contextualiza espaciotemporalmente el argumento de la película que vamos a ver ya da muestras de la inoperancia manifiesta del guión. La inexplicable, innecesaria e ilógica aparición de Palpatine no tiene ningún sentido y denota una alarmante intencionalidad por satisfacer a los fans molestos con el anterior film inyectándoles en vena inusitadas dosis de fanservice gratuito. Esta primera concesión de cara a la galería será la que bascule y vertebre la trama del largometraje con una reprobable y vergonzosa obsesión por contentar a todo el mundo, algo no sólo imposible de conseguir, sino un error garrafal que menoscaba cualquier posicionamiento de inquietud artística por parte de sus máximos responsables.




El ritmo vertiginoso, en el que no se da un respiro al espectador viéndose este asediado por escenas de acción a gran escala y pasajes dramáticos de notable trascendencia para los personajes principales, no consigue eludir que el guión esta construido a base de aleatoriedades casi insostenibles en las que una serie de McGuffins impulsan una trama que sale adelante por medio de la visceralidad y la conexión emocional con el espectador conocedor del microcosmos creado en su origen por George Lucas y no por una cohesión narrativa que ofrezca una solidez estructural al relato. Para un servidor es un hecho que el libreto de Star Wars Episodio IX: El Ascenso de Skywalker necesitaba una revisión a fondo antes de haberle dado el visto bueno y no sólo por las carencias mencionadas, sino también por la ya mencionada idea de satisfacer a todo el mundo, una entelequia inalcanzable en sí misma.




Casi todas las consecuencias resultantes del rupturismo y descreimiento adscritos a la mirada de Rian Johnson en Los Últimos Jedi son obviadas, revertidas o aceptadas de mala gana por parte de un J.J. Abrams, no sabemos si volviendo a las raíces de lo que iba a ser la trilogía cuando él se encargaba de ella o con la insidiosa idea de deshacer todo lo elaborado por aquel que ocupó su puesto detrás de las cámaras. Independientemente de si se trata de una u otra cosa El Ascenso de Skywalker apela de manera pueril y cuestionable a la nostalgia, a la referencia en sesión continua y a dar en bandeja de plata al fan todo aquello que echó en falta en el anterior episodio, abriendo así un peligroso camino dentro del cine comercial en el que en un futuro posiblemente se dé más importancia a lo que digan en redes sociales los seguidores de tal o cual producto antes que a lo planificado por productores, guionistas y directores.




Pero si hay un apartado en el que no se puede poner una sóla queja a Star Wars Episodio IX: El Ascenso de Skywalker en general y a J.J. Abrams en particular es en el técnico. La última entrega de La Guerra de las Galaxias es una space opera a escala descomunal con pasajes brillantes desde una perspectiva estilística y visual. En este aspecto el director de Misión Imposible 3 o Stark Trek: En La Oscuridad despliega todo su talento como artesano al servicio de Hollywood. Batallas intergalácticas con cientos de naves implicadas, persecuciones por tierra mar y aire o combates con sable láser perfectamente coreografiados. Podemos afirmar que esta mezcla de épica desencadenada y crepuscularidad de fin de ciclo están ahí para tapar las ya citadas carencias del guión, pero lo cierto es que se agradece que al menos en la realización Disney y Lucasfilm lo hayan dado todo.




En cuanto al trabajo de los actores es de recibo mencionar que J.J. Abrams y sus colaboradores son conscientes de que Rey y Kylo Ren son los dos roles capitales tanto de esta última entrega como de toda la trilogía y en ellos depositan todo el poso dramático y emocional. Por descontado Daisy Ridley y Adam Driver exprimen hasta el límite los últimos minutos de metraje que comparten juntos y la química que ya se vislumbraba en el Despertar de la Fuerza y se desarrollaba adecuadamente en Los Últimos Jedi encuentra en El Ascenso de os Skywalker una muy digna catarsis que sólo se ve ensombrecida por un mínimo detalle innecesario que cae en lo tópico y previsible. Para el que suscribe ambos intérpretes y personajes están entre lo mejor adscrito al universo Star Wars por bien tratados y perfilados aunque no se les ofrezca aquí la mejor de las conclusiones a ambos dos.




En lo referido a los secundarios volvemos sobre nuestros pasos para seguir hablando de la polémica con la toxicidad de cierto sector del fandom adherido a Star Wars. Partiendo de que a excepción de Kylo Ren y Rey todos los demás personajes han quedado reducidos a sidekicks llama la atención que tanto a Poe como a Finn les aparezcan interesas amorosos del sexo opuesto para acallar las voces que hablaban de una posible relación homosexual entre ambos. Más lejos se llega con el personaje de Rose Tico, de gran relevancia en Los Últimos Jedi y reducido aquí a dos escenas. Después de haber recibido Kelly Marie Tran amenazas de racistas y misóginos obligándola a abandonar sus redes sociales es un fallo monumental que Disney agache la cabeza y dé de lado a una actriz que hizo bien el trabajo que le fue encomendado. En esta caso trascendemos el tema sobre si un personaje nos gusta o no, porque nos referimos en la vida personal de una actriz a la que se agravió y a la que sus superiores deberían haber dado todo su apoyo.




Contrariamente a lo que pueda parecer por esta reseña disfruté notablemente con el visionado de Star Wars Episodio IX: El Ascenso de Skywalker. Pero siendo un moderado fan de la saga creada por George Lucas y un espectador con cierto nivel de objetividad y raciocinio no podía pasar por alto las carencias de un producto con tanta relevancia como el presente. A pesar de ello no fueron pocos los momentos en los que me emocioné viendo esta última entrega de La Guerra de las Galaxias, porque he conectado con varios de sus personajes y soy afín a bastante de lo planteado y desarrollado en esta nueva trilogía que estando a años luz de la clásica, como es lógico, también me parece muy superior, en cualquier aspecto, a la que nos narró las precuelas de este universo al que, para bien o para al, y aunque ahora parece que va a tomarse un descanso en pantalla grande, todavía le queda mucho por contarnos sobre aquello que sucedió hace mucho tiempo, en una galaxia muy, muy lejana.



jueves, 31 de mayo de 2018

Han Solo: Una Historia de Star Wars



Título Original Solo: A Star Wars Story (2018)
Director Ron Howard
Guión Lawrence Kasdan y Jonathan Kasdan
Reparto Alden Ehrenreich, Emilia Clarke, Woody Harrelson, Donald Glover, Thandie Newton, Paul Bettany, Phoebe Waller-Bridge, Warwick Davis, Clint Howard, Richard Dixon, Joonas Suotamo, Sarah-Stephanie, Deepak Anand, Slim Khezri, Ian Kenny, Douglas Robson, Omar Alboukharey, Sean Gislingham, Nathaniel Lonsdale




Cuando todavía no se ha cumplido medio año del estreno de la rupturista y muy polémica Star Wars Episodio VIII: Los Últimos Jedi llega a pantallas de todo el mundo una nueva entrega de la franquicia creada por George Lucas en 1977. En esta ocasión se trata del segundo spin off desde que Disney comprara los derechos de Lucasfilm y reactivara la saga de ciencia ficción más importante de la historia del séptimo arte. Después de la excelente Rogue One: Una Historia de Star Wars de 2016 que nos hizo testigos de la aventura emprendida por Jyn Erso y sus colaboradores para robar los planos de la Estrella de la Muerte llega la, posiblemente, apuesta más arriesgada y temeraria relacionada con el universo diseñado por el autor de American Graffiti. Han Solo: Una Historia de Star Wars sufrió una producción problemática desde su misma gestación, algo inherente en varios de los nuevos proyectos impulsados por Kathelyn Kennedy y sus socios dentro de este universo. Los directores encargados de llevar a imágenes el largometraje centrado en los años de juventud del mítico piloto del Halcón Milenario fueron en principio Chris Miller y Phil Lord ayudados por un guión de Lawrence Kasdan, habitual de la casa, y su hijo Jonathan Kasdan. A los cuatro meses de rodaje los autores de La LEGO Película e Infiltrados en Clase (21 Jump Street) de manera repentina fueron despedidos por los jefazos de Disney por importantes diferencias creativas y tomando el relevo de la pareja Ron Howard que desde ese mismo momento ocupó el lugar detrás de las cámaras. El reparto de actores del accidentado film está formado por Alden Ehrenreich en la piel del protagonista, Emilia Clarke, Woody Harrelson, Paul Bettany, Thandie Newton y Donald Glover dando vida a un rejuvenecido Lando Calrissian.




Han Solo: Una Historia de Star Wars es una película de aventuras clásica adscrita con fidelidad al canon impuesto por la franquicia y tan eficiente en todos sus aspectos como ligera en fondo y forma a pesar de la aparatosidad de su naturaleza cinematográfica. Este segundo spin off es una amalgama de space opera, western, relato de aventuras y a la hora de compactar estas diferentes influencias lo hace de manera notablemente competente y cohesionada. Después de una pieza tan arriesgada como Star Wars Episodio VIII: Los Últimos Jedi (que fue un gran éxito, pero también motivo de agria controversia para gran parte del fandom y el público generalista) los responsables de Lucasfilm han decidido volver a cierta zona de confort sin arriesgar demasiado en el proceso y más si tenemos en cuenta que nos referimos a un film en el que conocemos las primeras andanzas de uno de los personajes más queridos de la franquicia, ese Han Solo al que dio vida hasta en cuatro ocasiones un excelente Harrison Ford despidiéndose de su criatura en Star Wars Episodio VII: El Despertar de la Fuerza el pasado año 2015. En este sentido el largometraje de Ron Howard se muestra respetuoso hasta lo intachable a la hora de formularse como precuela de la primera trilogía ideada por George Lucas y de este modo se ve algo encorsetada y conservadora estructural y tonalmente, algo lógico por el origen complicado de una propuesta como esta que se adentraba en terrenos presumiblemente incómodos.




Para que Solo: A Star Wars Story funcionara a la hora de adherirse de manera adecuada al microcosmos ficcional al que pertenece los responsables del proyecto encomendaron la escritura del guión a un viejo conocido como Lawrence Kasdan, en esta ocasión acompañado de su hijo Jonathan Kasdan, que después de firmar hasta tres entregas es seguramente, después del mismo George Lucas, la persona que mejor conoce la idiosincrasia y el contexto en el que se desarrolla la franquicia que le dio fama como libretista que más tarde se adentraría en la dirección cinematográfica con piezas como Fuego en el Cuerpo, Silverado o Wyatt Earp entre otras. La mano de los Kasdan se percibe a la hora de retratar señas de identidad indivisibles a Star Wars en general y a la trilogía original en particular. Mercenarios, cazadores de recompensas, ladrones, la sombra del Imperio siempre sobrevolando una galaxia esclavizada por sus ínfulas dictatoriales e historias pequeñas que son las que realmente cimentan la esencia de un devenir de acontecimientos que se desarrolla de manera orgánica y a un ritmo más que adecuado en el que convergen los pasajes de acción a escala épica y los que tienen las interacciones de los personajes como núcleo central, apelando a una alternancia muy bien medida entre cierto drama no muy solemne y una tendencia al humor que encuentra en los personajes secundarios sus principales valedores. Un guión al que sólo se le puede achacar la previsibilidad de la que hace gala de principio a fin por culpa de tirar demasiado de manual para su construcción narrativa.




Con respecto a la labor de Ron Howard como director en Han Solo: Una Historia de Star Wars es de recibo mencionar que embarcarse en un proyecto de dimensiones tan bestiales al cuarto mes de rodaje cuando los responsables originales habían abandonado la nave debió suponer un quebradero de cabeza para el autor de Una Mente Maravillosa. Pero el oficio de un artesano curtido en mil batallas hace acto de presencia y aunque todos hemos hecho mofa con él en muchas ocasiones por ser un cineasta blando que normalmente se adentra sin miramientos en la sensiblería podemos afirmar que gracias a sus conocimientos de la maquinaría hollywoodiense y los engranajes que deben hacer funcionar adecuadamente blockbusters de todo pelaje su labor como jefe de orquesta en la última producción de Star Wars es adecuada y muy eficiente en todos sus aspectos. Howard es un perro viejo que lleva facturando superproducciones desde los años 80 y eso se deja notar en la soltura con la que compacta las escenas de acción a gran o pequeña escala, el cariño que profesa por unos personajes interpretados por unos actores que en todo momento se sienten protegidos por él y una puesta en escena, en líneas generales, que sabe aprovechar al máximo el material narrativo que tiene entre manos, así como un diseño de producción mastodóntico en el que se dan la mano efectos especiales prácticos con digitales, una dirección artística tan descomunal como fiel a la cronología a la que se adscribe dentro de la saga cinematográfica y un bestiario interminable de razas intergalácticas que nos retrotraen a la trilogía primigenia de los años 70 y 80 y con el que los equipos de maquillaje y vestuario hacen un trabajo remarcable.




Algo en lo que todo el mundo estaba de acuerdo antes del estreno Solo: A Star Wars Story es en la importancia de sus personajes y los actores que les iban a dar vida, haciendo especial hincapié en los que interpretarían a las versiones rejuvenecidas de los ya conocidos dentro de la creación de George Lucas. Después de alarmas, sudores fríos y ataques furibundos lanzados antes de ver una sola imagen del film contra Alden Ehrenreich podemos afirmar que su labor es encomiable y muy digna. El Hobie Doyle de la decepcionante ¡Ave César! acomete su versión de Han Solo con un dinamismo digno de elogio, aportando la sorna y la volatilidad que exige un rol tan icónico y aunque su composición queda a años luz de la de Harrison Ford aguanta el envite con profesionalidad y bastante solvencia. Emilia Clarke se esfuerza porque el papel de Qi’ra transmita elegancia y fuerza, pero la británica no consigue destacar en demasía cuando el encuadre repara en su presencia y su química con Ehrenreich es muy cuestionable. Mucho mejor abordan Donald Glover su canallesco y trilero Lando Calrissian o Woody Harrelson a un Tobias Beckett que da origen a los trucos de cazarrecompensas que Han aprendió de él con el paso de los años. Por otro lado mencionar para bien a Paul Bettany que a pesar de sus escasos minutos en pantalla y nimio desarrollo de su rol roba no pocos planos al resto de personajes como Dryden Vos y Joonas Suotamo enfundado en el traje de Chewbacca e interactuando de manera impecable con el protagonista. Pero lo más curioso con respecto a este apartado es que son dos creaciones digitales, L3-37 y Rio Durante, los que se ganan el corazón del espectador con pasajes, acciones y diálogos que los convierten en lo mejor de la velada.




Han Solo: Una Historia de Star Wars es un producto competente y agradable, que abraza la aventura clásica al estilo de la trilogía original o la saga de Indiana Jones sin buscar más aspiración que entretener al público en general y al fan de La Guerra de las Galaxias en particular. Con un ojo en la imaginería diseñada en su origen por George Lucas y otro en Firefly y Serenity (la influencia de la creación de Joss Whedon es más que notable, llegando a emularse en el film pasajes casi arrancados de algunos de sus episodios como la secuencia bélica inicial o el robo del cargamento de coaxium) Ron Howard, los Kasdan y el reparto de actores han conseguido salir airosos de un proyecto repleto de problemas, retrasos y mil y un obstáculos. Por desgracia esto no se ha visto reflejado en la taquilla durante un primer fin de semana en el que el largometraje ha quedado muy lejos de los cálculos que los productores habían realizado con respecto a la recaudación local e internacional convirtiendo su estreno en el peor de un film de la franquicia desde que Lucasfilm pertenece a Disney. Malas noticias para una cinta merecedora de una mejor acogida abriendo un abanico de posibilidades bastante amplio para haber sido explotado en unas futuras secuelas que desde ya penden de un fino hilo. No sabemos si estos malos resultados se deben a la decepción que supuso la anterior entrega para gran parte de los fans, a la sobreexplotación cinematográfica de la marca, dos películas en menos de seis meses puede que sea demasiado, a la dura competencia en cartelera (Vengadores: Infinity War todavía colea y Deadpool 2 se estrenó hace diez días) o a que no cubre los mínimos exigidos a un proyecto de su envergadura, pero el que esto suscribe sólo puede recomendarla como la estimable muestra de cine de entretenimiento y evasión que es.





viernes, 22 de diciembre de 2017

Star Wars Episodio VIII: Los Últimos Jedi



Título Original Star Wars: The Last Jedi (2017)
Director Rian Johnson
Guión Rian Johnson, basado en personajes de George Lucas
Reparto Daisy Ridley, John Boyega, Adam Driver, Oscar Isaac, Mark Hamill, Carrie Fisher, Domhnall Gleeson, Benicio del Toro, Laura Dern, Gwendoline Christie, Kelly Marie Tran, Lupita Nyong'o, Anthony Daniels, Andy Serkis, Warwick Davis





Después de siete años de silencio dentro del universo cinematográfico de Star Wars saltaba la noticia en 2012. Una Disney que comenzaba su lenta, pero inexorable, campaña de absorción de toda franquicia que pudiera serle rentable, por aquel entonces Pixar y Marvel ya habían caído en sus manos, compraba por una cantidad multimillonaria Lucasfilm, la productora ideada por el cineasta George Lucas y sobre la que había construido su mítica saga Star Wars u otras como Indiana Jones. Tres años después y tras muchas especulaciones y bailes tanto en el equipo técnico como el artístico llegaba a pantallas de todo el mundo Star Wars Episodio VII: El Despertar de la Fuerza, el primer paso de lo que sería una nueva trilogía de la franquicia escrita y dirigida por J.J. Abrams y ya bajo el total amparo de la productora creada por Walt Disney a principios del siglo XX. El resultado fue un éxito brutal y la propuesta una pieza cinematográfica tan efectiva como comprensiblemente conservadora.




Desde que los derechos de Lucasfilm cayeron en manos de Disney la idea de explotar al máximo la saga se tomó incluso antes de que comenzara la producción del ya citado largometraje rodado por el autor de Super 8 o Star Trek: En la Oscuridad. De modo que Katheleen Kennedy, actual presidenta de la antigua productora de George Lucas, puso en funcionamiento la maquinaria para que un proyecto titulado "Star Wars Anthology" también tomara forma y en el se pudieran narrar todo tipo de spin offs relacionados con el universo galáctico más famoso del mundo del séptimo arte, pudiendo desvincularse de la trilogía principal a la que acababan de dar pistoletazo de salida. Gracias a esta decisión en 2016 llegó la excelente Rogue One: Una Historia de Star Wars, una cinta cuya trama tenía lugar poco antes de Star Wars Episodio IV: Una Nueva Esperanza y que superó en varios aspectos al largometraje ideado pr J.J. Abrams un año antes.




Año 2017, todo está preparado para la llegada de la segunda parte de la nueva trilogía que se titulará Star Wars Episodio VIII: Los Últimos Jedi. El reparto artístico repite casi al completo con Daisy Ridley, Oscar Isaac, John Boyega, Adam Driver, Mark Hammill, la tristemente fallecida Carrie Fisher  y nuevas incorporaciones como Kelly Marie Tran, Benicio del Toro o Laura Dern entre otros. Del guión y la dirección se ocupa Rian Johnson, cineasta que se dio a conocer con la independiente y noir Brick y que se ganó el favor del público y la crítica dirigiendo esa excelente muestra de ciencia ficción que responde al nombre de Looper. Tras el estreno el largometraje recibe los parabienes de la mayor parte de la crítica especializada y su recaudación en la taquilla se antoja descomunal. Pero lo que pocos sabían es que con él íbamos a encontrarnos la entrega de Star Wars que más ha dividido moralmente a esa peculiar fauna de personajes llamada "fandom" y el terremoto mediático se ha dejado notar, principalmente, en todo la red.




Después de las numerosos espectadores que alzaron la voz contra Star Wars Episodio VII: El Despertar de la Fuerza por parecer un remake de la cinta primigenia de la saga rodada por George Lucas en 1977 Disney y Lucasfilm parecieron tomar nota de las quejas y con Star Wars Episodio VIII: Los Últimos Jedi han encargado a Rian Johnson, que se ha convertido en los últimos días en la cabeza de turco de los fans más furibundos, realizar una película de La Guerra de las Galaxias que fuera lo menos acomodaticia y condescendiente posible y a fe mía que lo ha conseguido. El problema reside en que la rama más dura de los fans de la creación del director de American Graffiti afirman que la segunda parte de esta nueva trilogía ha traspasado no pocas líneas prohibidas e intocables del canon de la franquicia. En la siguiente reseña un servidor va a intentar no sólo defender el film como una excelente pieza cinematográfica, sino también justificar algunas de esas polémicas decisiones que se han tomado con respecto a ella añadiendo en el proceso algunos spoilers de cierta importancia.




Durante sus primeros pasos Star Wars Episodio VIII: Los Últimos Jedi puede llegar a desconcertar al espectador en varios aspectos. Por un lado la inclusión del humor en un arranque de tanta tensión como la espectacular batalla espacial que copa la primera parte del film parece fuera de lugar hasta que se ensambla bien el con la historia y el tono de la misma. Por otro la construcción narrativa y el montaje que alterna las distintas subtramas que pueblan la obra tardan en tomar solidez y mostrarse como un todo compacto de cara a la platea, pero una vez presentados todos los personajes la nave es enderezada adecuadamente. Por último es lógico que el notable cambio de perspectiva que imprime Rian Johnson a su proyecto con respecto al de J.J Abrams coja al espectador desprevenido, pero por suerte el director de Breaking Bad o Terriers mantiene gran parte del tono del creador de Alias o Fringe, aunque llevándolo a un nivel superior de implicación y riesgo desde un punto de vista argumental.




Una de las mayores virtudes de esta última película de Star Wars es que después de la autocomplacencia del Episodio VII aquí por fin la nueva trilogía comienza a avanzar y tomar su propia senda. Pero Rian Johnson no es un estúpido o un iluso y lo hace de manera gradual y orgánica, o lo que es lo mismo, mira al futuro sin abandonar del todo un pasado que siempre sobrevolará las producciones venideras dentro de la franquicia. Por ello encontramos una trama en la que los veteranos, Luke o Leia, sirven de brújulas morales y figuras paternas de las nuevas generaciones, Rey o Poe, preparando a sus pupilos para una guerra que no ha hecho más que empezar y en la que tendrán que desenvolverse solos cuando ellos ya no formen parte de la ecuación. En ese sentido el guionista y director sabe aprovechar tanto a los personajes que tiene a su disposición como a los actores que les dan vida.




Pero donde Rian Johnson marca las distancias con respecto a cualquiera de las entregas anteriores de Star Wars es en su intención como guionista y director de profundizar en conceptos icónicos del canon de la saga como la Fuerza y el Lado Oscuro, por medio de Rey o Luke, y llegar a materializarlos audiovisualmente con éxito en pantalla. De este modo por primera vez podemos ver cómo funciona el equilibrio de la Fuerza y cómo el balance entre luz y oscuridad puede predisponer a que un jedi, dependiendo en gran parte de su personalidad y entereza, se incline por uno u otro lado. Por medio de esta visión rompedora de la Fuerza y toda la parafernalia que la complementa y enriquece conseguimos incidir en la personalidad de Rey como guerrera e intentar dilucidar si su enorme poder acabará haciéndola optar por el mal debido al peso moral que todavía carga a sus espaldas con respecto a la desaparición de sus progenitores.




Curiosamente esta dicotomía a la que se enfrenta Rey es el perfecto caldo de cultivo para que Rian Johnson construya la que es la mejor relación entre personajes de Star Wars Episodio VIII: Los Últimos Jedi y que ya dio sus primeros pasos en el Episodio VII. Rey y Kylo Ren, o en esta ocasión deberíamos decir Ben Solo, son la distinta cara de una misma moneda, la luchadora de la luz que poco a poco va siendo tentada por una oscuridad, que en sus propias palabras, siempre ha estado en su interior y el miembro de la Primera Orden que quedó destruido espiritualmente cuando mató a su padre con sus propias manos. La conexión que la Fuerza establece entre ellos, la batalla por parte de cada uno para llevar al otro a su propio territorio, la determinación del Kylo Ren de un Adam Driver que está ejecutando uno de los personajes más interesantes de la saga y la secuencia de ambos guerreros peleando codo con codo contra la guardia de Snoke dan forma a los mejores momentos de esta última entrega.




Como es lógico también debemos hacer una parada en la incorporación, esta vez total, del mítico protagonista de la saga original ideada por George Lucas. Luke Skywalker está de vuelta y en esta ocasión con un papel capital en la última entrega de la franquicia que él ayudó a construir. Mark Hammil está exultante en su rol de maestro jedi que ha perdido la fe tras la traumática experiencia que vivió con el que fue su último padawan. Su descreimiento, negativa a hacer uso de la Fuerza e intención de acabar con la estirpe a la que él pertenece nace de la desesperanza, la decepción y la tristeza. Hay quien afirma que este Luke que aquí vemos no es el que todos conocemos y un servidor niega a la mayor, esta encarnación del personaje es la evolución lógica del mismo después de tantos años de soledad, remordimientos y retiro autoimpuesto. La labor del actor de la trilogía original a la hora de darle vida es tan profesional como cabría esperar por su parte y su paso por esta etapa de la saga es uno de los momentos álgidos de la misma.




Si miramos su obra previa realizar secuencias memorables no es algo ajeno a la impronta de Rian Johnson y a lo largo de Star Wars Episodio VIII: Los Últimos Jedi tenemos un buen puñado de ellas salidas de su mano. Desde la ya citada primera batalla con el ataque rebelde al acorazado (con una pátina de redención que recupera el espíritu de Rogue One: A Star War Story) pasando por todo el pasaje en el planeta Cantónica o ese sacrificio a velocidad luz que deja la pantalla y la sala de proyección en silencio, todo el clímax final con su peculiar uso del cromatismo (la utilización del color rojo de la  sal en la batalla definitva es sencillamente brillante y ofrece una plasticidad a la imagen que engrandece la ya de por sí remarcable puesta en escena del director) y llegando al cierre de la trama principal que guarda un buen puñado de diálogos para el recuerdo y una preciosa despedida para Carrie Fisher a la altura de lo esperado, honrando así el legado de la inolvidable Leia Organa.




Es de recibo apuntar también que a pesar de que Rian Johnson se ha salido bastante del canon establecido en esta nueva trilogía lo ha hecho más en lo referido al fondo que a la forma, porque con respecto a esta última se ha mantenido bastante fiel a la estética que J.J. Abrams utilizó en Star Wars Episodio VII: El Despertar de la Fuerza. De este modo en el largometraje del director de Los Hermanos Bloom encontramos unos efectos digitales magníficos que se mimetizan sabiamente con el recurrente uso de figuras animatrónicas o elaborado maquillaje que ofrecen una personalidad mucho más epidérmica y palpable al conjunto del diseño de producción y personajes extraterrestres o por otro lado también recurriendo a la nostalgia dando uso a mucha de la maquinaria militar y bélica que nació en la trilogía original y había sido abandonada, pero dosificándola con mucha más inteligencia que el director de Misión Imposible 3 en su entrega en la que dio rienda suelta al fanservice sin hacer prisionero alguno.




Star Wars Episodio VIII: Los Últimos Jedi otea el horizonte de un nuevo futuro con valentía y cierta temeridad, arrastrando fallos (la escena espacial de Leia es el momento más cuestionable de toda la obra) y virtudes (tono, reparto, diseño de producción, efectos especiales, realización) que la convierten en una pieza cinematográfica remarcable. Rian Johnson se atreve a profanar algunas reliquias sagradas, pero siempre con lógica y amplitud de miras, honra a los caídos dentro y fuera de la pantalla y hace evolucionar a los recién llegados. En el proceso ofrece un producto con acción, humor, amor y ciencia ficción, pero dejando el camino abierto para que en un futuro cercano el cierre de la trilogía, que recaerá de nuevo en J.J Abrams, nos confirme si este nuevo tríptico ha merecido la pena como conjunto de la misma manera que sus hasta ahora dos entregas sí lo han hecho a modo individual. Hasta 2019 no sabremos a ciencia cierta el resultado, pero antes de ello tendremos que hacer parada en la juventud de Han Solo el próximo año y en Transgresión Continua también daremos constancia de ello.



lunes, 26 de diciembre de 2016

Rogue One: Una Historia de Star Wars



Título Original Rogue One: A Star Wars Story (2016)
Director Garteh Edwards
Guión Chris Weitz, Tony Gilroy, Gary Whitta, John Knoll, basado en personajes de George Lucas
Reparto Felicity Jones, Diego Luna, Ben Mendelsohn, Donnie Yen, Jiang Wen, Mads Mikkelsen, Forest Whitaker, Alan Tudyk, Riz Ahmed, Jonathan Aris, Jimmy Smits, Alistair Petrie, Genevieve O'Reilly, Valene Kane, Warwick Davis






Como comentábamos en la entrada inmediátamente anterior a esta dedicada a Star Wars Episodio VII: El Despertar de la Fuerza, desde que saltó en julio de 2012 la noticia de la compra de Lucasfilm por parte de Disney los mandamases de la productora creada en el año 1923, encabezados en la actualidad por su presidente Robert Iger, afirmaron que no sólo continuarían la saga original iniciada por George Lucas en 1977, sino que también se dedicarían a realizar algunos largometrajes a modo de spin off para extender el universo galáctico más famoso de la historia del cine. El primero de ellos es esta Rogue One: Una Historia de Star Wars que supone la segunda incursión cinematográfica de Disney en dicho microcosmos ficcional tras el exitoso Episodio VII ya mencionado, abordando en esta ocasión una nueva aventura protagonizada por personajes (en su mayoría) ajenos a los siete largometrajes originales de la franquicia y que con la cinta que nos ocupa se hacen un hueco en el imaginario adscrito a la misma.




Para llevar a buen puerto esta empresa la maquinaria de Disney se puso de nuevo en marcha para reclutar a los mejores profesionales del medio que se ocuparan de sacar adelante este primer spin off en pantalla grande. Para la dirección contaron con el británico Gareth Edwards que sorprendió con la indpendiente Monsters y deslumbró con su labor en el apartado técnico de la última superproducción americana con Godzilla como protagonista. Para el guión se contrató a dos expertos como Tony Gilroy (Michael Clayton) y Chris Weitz (La Brújula Dorada) basándose en una historia escrita por John Knoll y Gary Whitta y en el reparto encontramos a jóvenes talentos como Felicity Jones (Un Monstruo Viene a Verme), Diego Luna (Y Tu Mamá También) o Riz Ahmed (Nightcrawler) compartiendo plano con veteranos como Madds Mikelsen (Valhalla Rising) Ben Mendelsohn (El Caballero Oscuro: La Leyenda Renace) Forest Whitaker (El Último Rey de Escocia) o Alan Tudyk (Firefly) que ofrece su cuerpo para dar voz y movilidad digital al entrañable droide K-2SO.




Aunque como historia está desvinculada del núcleo central de la trilogía original de La Guerra de las Galaxias los hechos que en Rogue One: Una Historia de Star Wars acontecen tienen lugar entre Star Wars Episodio III: La Venganza de los Sith y Star Wars Episodio IV: Una Nueva Esperanza, conectando directamente con el inicio de esta última. La historia se centra en un grupo de rebeldes comandado por Jyn Erso (Felicity Jones) y Cassian Andor (Diego Luna) que tratarán de encontrar los planos de la Estrella de la Muerte, la letal estación espacial creada por el Imperio para la destrucción de planetas a lo largo y ancho de la galaxia. En el proceso deberán luchar contra las tropas imperiales comandadas por Orson Krennic (Ben Mendelsohn), un viejo conocido de la familia Erso que a su vez está bajo las órdenes de un Lord Sith llamado Darth Vader que se encuentra bajo la tutela de su maestro, el Emperador Palpatine, y que se convertirá en la mayor amenaza a la que deberán enfrentarse los rebeldes.




Si hace unos días afirmábamos que el mayor logro de Star Wars Episodio VII: El Despertar de la Fuerza era contar una historia localizada en el futuro de la franquicia creada por George Lucas pero respetando la esencia de la misma en fondo y forma lo de Rogue One: Una Historia de Star Wars es ir un paso más allá en todos los sentidos. El largometraje de Garteh Edwards tiene la misión de ser una pieza dentro del conglomerado galáctico más famoso de la historia del cine que pueda adherirse con facilidad a lo que vino a ser la primera trilogía de la saga en tono, estética o resoluciones argumentales, y a fe mía que sus responsables lo han conseguido. La última cinta de la factoría Lucasfilm no sólo es, al igual que su predecesora del año 2015, una película de aventuras casi intachable, también se revela como una de las mejores piezas dentro de este microcosmos nacido en 1977 y que gracias a sus dos últimas entregas en pantalla grande está dando muestras de estar en plena forma.




Rogue One: Una Historia de Star Wars consigue en casi todo momento tomar el rol de un peculiar facsimil cinematográfico. Por medio de una puesta en escena medida y nada hiperbólica entregada a un tono clasicista y atemporal el trabajo de Gareth Edwards y sus colaboradores podría pasar en no pocos momentos como otra cinta de Star Wars rodada a finales de los 70 o principios de los 80. Al contrario que  el George Lucas de la segunda trilogía que hizo desplegar en dichos films una tecnología desproporcionada y mastodóntica que cronológica y logísticamente no se correspondía con unos hechos que tenían lugar muchos años antes que la primera trilogía, la original, en esta ocasión los responsables de la obra se han entregado a la mesura narrativa, la construcción argumental coherente, los efectos especiales espectaculares pero nunca sobrecargados y al diseño de producción sensato con tal de que el espectador sintiera después de muchos años que se encontraba con unos personajes y unas hazañas que fácilmente podían haber tenido lugar en los Episodios IV, V, y VI.




Narrativa y estéticamente Rogue One es una entrega más de Star Wars, pero estructural y genéricamente es una película bélica en el sentido más clásico de la palabra, con reminiscencias a largometrajes como El Día Más Largo o Salvar al Soldado Ryan incluidas. Este contexto en el que priman las localizaciones epatantes, la maquinaria militar de distinta índole preparada para entrar en batalla y las secuencias de combate por tierra, mar y aire ejecutadas con la pericia técnica habitual propia de un Gareth Edwards que lo da todo como artesano al servicio de una superproducción de esta naturaleza permite no sólo convertir el largometraje en una pieza ejemplar de cine bélico, sino también que se recupere una de las tradiciones más clásicas de la franquicia, la del protagonismo coral, consolidado este por un grupo de personajes que si bien no eluden en ningún momento su naturaleza prototípica dentro de este género de celuloide tampoco caen nunca en el maniqueismo o la parodia mal entendida.




En lo referente a los personajes y el reparto encontramos el primero de los dos únicos fallos que podemos achacar a Rogue One: Una Historia de Star Wars. Aunque todos los personajes tienen entidad, son cercanos al espectador y están bien representados por actores como la pareja de cabezas visibles interpretados por Felicity Jones y Diego Luna se echa de menos en este grupo de rebeldes a un verdadero líder que destile carisma y fuerza al estilo, no ya del Han Solo de Harrison Ford, sino al del Poe Dameron de Oscar Isaac o la Rey de Daisy Ridley. Algo que sucede también en el lado contrario con un Ben Mendelsohn magnífico en la piel de Orson Krennic como villano de la velada, pero que al igual que el resto del casting se ve ensombrecido por los poco menos de diez minutos que tiene en pantalla un Darth Vader que eclipsa a todo ser viviente que comparte plano con él tanto en su primera aparición como en el clímax final cuando hace acto de presencia, dejando inevitablemente con ganas de más al espectador.




El otro fallo de Rogue One: Una Historia de Star Wars es que si bien Gareth Edwards y sus colaboradores saben administrar adecuadamente el copioso fanservice a lo largo del metraje para que el seguidor habitual de la creación de George Lucas experimente los solicitados momentos de nostalgia y complicidad también cabe mencionar que el largometraje carece de escenas que verdaderamente lleguen a emocionar o tocar la fibra sensible al fan clásico. Evidentemente en la cinta hay pasajes que hacen vibrar a la platea con referencias a la trilogía clásica o la presencia de personajes como Darth Vader o ese Morff Tarkin de Peter Cushing desafiando la realidad que se agradecen sobremanera, pero todo el material está abordado desde una gelidez y un distanciamiento innecesarios si tenemos en cuenta la naturaleza trágica del relato narrado y ese clímax final que debería encogernos el corazón cuando sólo nos transmite una modesta sensación agridulce 




Más compacta y efectiva en el plano cimatográfico que Star Wars Episodio VII: El Despertar de la Fuerza, pero menos emotiva y cercana que aquella Rogue One: Una Historia de Star Wars es la confirmación de que la compra de Lucasfilm por parte de Disney fue todo un acierto. El último trabajo detrás de las cámaras de Gareth Edwards contiene toda la épica, la acción, el humor, la aventura y la eterna lucha entre luz y oscuridad que se espera de un film de la franquicia y no sólo eso, ya que con la historia que narra consigue poner cara a aquellos rebeldes que lucharon por acabar con el Imperio y dar mayor entidad e importancia a lo que aconteció en Star Wars Episodio IV: Una Nueva Esperanza, aquella mítica obra cinematográfica que iba mereciendo desde hace décadas herederas como la que nos ocupa o su hermana inmediatamente anterior. Nuestra próxima cita en pantalla grande será en el 2017 con el Episodio VIII y una, esperemos, totalmente recuperada Carrie Fisher. Que la Fuerza os acompañe.



martes, 20 de diciembre de 2016

Star Wars Episodio VII: El Despertar de la Fuerza



Título Original Star Wars; The Force Awakens (2015)
Director J.J, Abrams
Guión Lawrence Kasdan, Michael Arndt y J,J. Abrams basado en personajes de George Lucas
Actores Daisy Ridley, John Boyega, Harrison Ford, Adam Driver, Oscar Isaac, Carrie Fisher, Peter Mayhew, Domhnall Gleeson, Max von Sydow, Gwendoline Christie, Lupita Nyong'o, Andy Serkis, Anthony Daniels, Mark Hamill, Greg Grunberg, Kenny Baker, Simon Pegg, Katie Jarvis, Christina Chong, Miltos Yerolemou, Thomas Brodie-Sangster, Ken Leung, Harriet Walter, Iko Uwais, Yayan Ruhian, Warwick Davis, Jessica Henwick, Daniel Craig, Billie Lourd, Judah Friedlander, Kevin Smith





El 31 de Octubre de 2012 saltaba la noticia. En su afán por extender su imperio de entretenimiento la compañía Disney compraba por una cifra millonaria Lucasfilm a su propietario, el productor, guionista y cineasta George Lucas. De esta manera la empresa del ratón Mickey y el Pato Donald (que años antes se había hecho también con los derechos de todo material salido de la editorial Marvel o la productora Pixar) se adueñó de, no sólo la saga Star Wars, sino también la de Indiana Jones o cualquier otra obra cinematográfica salida de la productora del autor de American Graffiti o THX 1138. Desde el mismo momento de la salida de la noticia, Robert Iger, presidente de Disney, anunció que dentro de la saga galáctica protagonizada por los caballeros jedi y sus enemigos los Sith se llevaría a cabo una nueva trilogía y otros films a modo de spin off situados en ese microcosmos cinematográfico nacido en 1977 y que más tarde se extendió a otros medios como la televisión, la literatura o los cómics convirtiéndose en un hito cinematográfico y cultural.




Lo cierto es que la noticia de la compra de la franquicia Star Wars por parte de Disney despertó una considerable división de opiniones. Por un lado alzaban la voz aquellos que afirmaban que era impensable una nueva saga de La Guerra de las Galaxias sin el respaldo de su creador, George Lucas, afirmación a la que se sumaba el recelo de no pocos fans que veían con malos ojos que la productora de El Rey León o La Bella y la Bestia estuviera detrás de las nuevas entregas que llegarían a la pantalla grande. Por el otro encontrábamos una amplia facción que sentenciaba tanto que el hecho de que Lucas abandonara su propia creación era lo mejor que podía pasarle a esta tras la decepcionante trilogía formada por los Episodios I, II y III como que el exito a nivel mundial de las producciones de Marvel Studios era síntoma claro de que la compañía de Robert Iger no tenía por qué infantilizar o descaracterizar una obra tan arraigada en la cultura popular a nivel mundial.




Tras una ardua producción para buscar a los profesionales más adecuados para relanzar una saga que tras la ya mencionada trilogía precuela formada por La Amenaza Fantasma, El Ataque de los Clones y La Venganza de los Sith había caído en un pozo de mediocridad y vacua grandilocuencia digital que poco tenía que ver con el inabarcable sense of wonder de la trilogía original el 15 de Diciembre de 2015 se estrenó Star Wars Epsidio VII: El Despertar de la Fuerza, largometraje dirigido por un J,J. Abrams que venía de rebootear con éxito la saga galáctica de "la competencia" con sus dos films sobre Star Trek, un guión escrito a seis manos por un viejo conocido de la franquicia como Lawrence Kasdan (El Imperio Contraataca, El Retorno del Jedi) y el talentoso Michael Ardnt (Pequeña Miss Sunshine, Toy Story 3) acompañados ambos por el mismo director y un enorme reparto formado por nuevos talentos como Daisy Ridley, John Boyega, Oscar Isaac o Adam Driver respaldados por veteranos duchos en la galaxia como Harrison Ford, Carrie Fisher, Anthony Daniels, Peter Mayhew o Mark Hammill.




El resultado es por todos conocido, Star Wars: The Force Awakens fue un enorme triunfo internacional que inyectó vida a la saga una vez esta se había independizado del manto de protección de su creador. La enorme taquilla a nivel mundial y los parabianes de una prensa especializada que en líneas generales se deshizo en elogios con la cinta sirvieron para confirmar que Disney, Lucasfilm y J.J, Abrams habían hecho perfectamente su trabajo. La clave del éxito de este Episodio VII se reveló cristalina cuando los espectadores, y sobre todo los fans de la saga original, se dieron cuenta de que esta última entrega había tomado la decisión que George Lucas desechó cuando realizó su segunda triliogía, ofrecer "más de lo mismo" en vez de tratar de hiperbolizar y fagocitar su propio microcosmos en un pueril intento de convertirlo en una enormidad sobreproducida, pobremente escrita y mediocremente rodada como sucedió con los Epsiodios I, II y III. Star Wars volvía en plena forma, con sus virtudes y defectos, pero lo hacía para quedarse y de ello vamos a hablar en esta entrada.




La historia de Star Wars Episodio VII: El Despertar de la Fuerza tiene lugar treinta años después de los hechos acaecidos en El Retorno del Jedi y tiene como protagonistas a Poe Dameron (Oscar Isaac) un piloto de la Alianza Rebelde que posee un robot BB8 que contiene información de vital importancia para dar con el paradero del desaparecido Luke Skywalker (Mark Hammill), Finn (John Boyega), un storm trooper desertor que decide ayudar a Poe a escapar de las garras de Kylo Ren (Adam Driver), siervo de la hermandad la Primera Orden regida por el misterioso Snoke (Andy Serkis) y Rey (Daisy Ridley), una chatarrera de talento desperdiciado originaria del planeta Jakku que decide unirse a la causa de Finn para derrocar al renovado Imperio. A este trío de nuevos héroes se unirán los míticos Han Solo (Harrison Ford) y Chewbacca (Peter Mayhew) y la antigua princesa Leia (Carrie Fisher), ahora general de la Rebelión, para intentar desbaratar los planes de la Primera Orden destruyendo su letal base de operaciones, la Starkiller.




Paradójicamente la mayor virtud de Star Wars Episodio VII: El Despertar de la Fuerza es también su más destacada flaqueza. La última entrega de la saga original creada por George Lucas es prácticamente un remake encubierto de la primera película de la misma, o lo que es lo mismo, el Episodio IV. Lo es no sólo por el reparto de roles, la presencia del Imperio controlado en la sombra por una siniestra organización (allí los Sith, aquí la Primera Orden) y la Alianza Rebelde haciéndole frente con sus mejores guerreros, lo es también por la estructuración del guión que sigue prácticamente todos los pasos de la cinta primigenia ya referenciada. En este sentido el film peca de conservador, no sólo por su carencia de originalidad, sino también por seguir de manera mimetica todos los preceptos impuestos por George Lucas en la Star Wars de 1977 y por efecto dominó de El Imperio Contraataca y El Retorno del Jedi, algo por otro lado nada reprobable si tenemos en cuenta que con esta primera toma de contacto Disney quería no sólo atraer al espectador casual, sino también recuperar la maltrecha fe del fan clásico de la franquicia.




Más allá de esa casi total ausencia de afán de inventiva y originalidad poco más se le puede achacar a una producción como la que nos ocupa. Star Wars Episodio VII: El Despertar de la Fuerza es lo que una entrega de la saga galáctica de creada por George Lucas debe ser, una cinta de aventuras de primer nivel repleta de localizaciones espectaculares, escenas de acción vibrantes, batallas espaciales imponentes y personajes carismáticos con los que todo tipo de espectador pueda sentirse identificado. J.J. Abrams y sus colaboradores tratan en la material con cuidadoso mimo, llenando el metraje de referencias a la trilogía original por medio de resoluciones visuales, localizaciones, notas musicales o personajes que nos retraotraen a la esencia de lo que en su momento fue un icono de la cultura popular como Star Wars. A que esta empresa llegue a buen puerto ayuda soberanamente el regreso a las labores de guión de Lawrence Kasdan, posiblemente el hombre que mejor conoce el microcosmos creado por George Lucas justo después de este último. El director de la deliciosa Mumford o la deficiente El Cazador de Sueños, con la ayuda de Michael Arndt y el mismo Abrams, consigue mantener el equilibrio entre epatante aventura para todos los públicos y dosis de fanservice bien dosificado por los fans de largo recorrido.




El creador de Alias o Fringe viste para esta ocasión el traje de artesano oficioso con considerables aptitudes para relanzar franquicias cinematográficas y se deja imbuir por el sabor añejo de la trilogía de los 70 y 80. El director de Super 8 recupera los efectos especiales artesanales, el delicioso uso recurrente de muppets y criaturas animatrónicas que transmiten ese realismo y cercanía que el frío pixel de los tres primeros episodios no llegaba ni a vislumbrar, administra adecuadamente unos excelentes efectos CGI que en todo momento están al servicio de la historia, abandona algunos de sus vicios estilísticos como los famosos lens flares o la sobreutilización de la cámara al hombro y se entrega a una puesta en escena más impersonal y academicista, pero no ausente de potencia, elegancia y dinamismo, enfatizando un tono más clásico y ligero que nos recuerda, una vez más, a la primera Star Wars de 1977. En este sentido el film tiene la batalla ganada y, como previamente hemos apuntado, encuentra la fórmula mágica que los Episodios I, II y III de Lucas eludieron o no supieron aprovechar.




El buen hacer de Disney para atraer nuevas generaciones de fans conservando por el camino a los clásicos también se deja ver en el reparto de viejas caras de la casa interactuando con nuevos talentos. Poco podemos añadir a estas alturas sobre Oscar Isaac, el británico ha demostrado sus sobradas dotes como enrome actor en productos como Ex_Machina, Ágora o A Propósito de Llewyn Davis, de modo que a nadie debe sorprender el carisma de su Poe Dameron que se revela como el digno heredero del Han Solo de Harrison Ford. En cambio si es agradable descubrir a un actor de talento y simpatía desbordante como John Boyega, que después de recibir con los primeros trailers del film duras críticas por su raza (¿ninguno de esos intolerantes recuerda a Billy Dee Williams y su enorme Lando Calrissian?) demostró estar a la altura para darle la réplica a una deliciosa, carismática y muy guerrera Daisy Ridley que consigue enfundarse el rol principal de la última entrega de una saga que pedía a gritos una protagonista femenina y que debe verse las caras con un torturado, sádico y acomplejado (la sombra de Darth Vader es alargada) Kylo Ren al que un magnífico Adam Driver ofrece su peculiar rostro, voz y fisionomía.




Por suerte si en un caso extremo el reparto de nuevas incorporaciones a la franquicia hubiese fallado la presencia de los "clásicos" de Star Wars que, por razones lógicas de cronología, no pudimos volver a ver en la segunda trilogía aquí hacen acto de presencia. Seamos sinceros, del mismo modo que la intervención de Han Solo y Chewbacca es clave para el devenir de la historia en la que están implicados el trío de actores jóvenes, la aparición de Carrie Fisher como Leia o Anthony Daniels como C3P0 es tan agradecida como prescindible en el relato, pero como es lógico el factor nostalgia en ocasiones tiene un poder inabarcable y volver a ver a estos amigos treinta años después de su despedida en El Retorno del Jedi es todo un lujo. Evidentemente la veteranía y profesionalidad de los actores ya mencionados son un seguro de vida a la hora de que su labor con respecto al casting sea de nivel y no todo quede en concesiones de cara a la galería con las que contentar al fandom permitiendo a todos y cada uno de los roles tener su momento de gloria en pantalla y dejándonos un sabor de boca tan agridulce (esa única defunción es muy dolorosa) como bien recibido.




Aunque evidentemente no fue plato del gusto de todos los espectadores o fans de la saga y que adolece de algunos fallos como su poca valentía a la hora de expandir el universo cinematográfico creado por George Lucas o que algunas ideas narrativas no estaban debidamente abordadas (el desenmascaramiento de Kylo Ren debería haber tenido lugar en la intensa escena en la que se enfrenta a su padre  y lo desdibujada que está la presencia de algunos secundarios) Star Wars Episodio VII: El Despertar de la Fuerza es una producción digna de la trilogía inicial y muy superior a las tres precuelas que vinieron después. Personajes inolvidables de ayer y hoy, bots que se ganan el corazón del respetable desde su primera aparición (el entrañable BB8 hace que no echemos demasiado de menos al R2-D2 del fallecido Kenny Baker) villanos genocidas pero con algo de humanidad y debilidades en su interior y todo el espectáculo de una space opera hecha con cariño y respeto es lo que tenemos en el film de J.J. Abrams y también es lo que espero encontrar en esa Rogue One: Una Historia de Star Wars que, si nada cambia, veré este próximo miércoles y reseñaré a no mucho tardar para continuar hablando de esta historia que comenzó en una galaxia muy, muy lejana y cambió para siempre el concepto de cine de entretenimiento.